Boris Johnson

© Unión Europea (2011)

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Actualización: 10 julio 2018

Reino Unido

Secretario de Asuntos Exteriores (2016-2018)

  • Alexander Boris de Pfeffel Johnson
  • Mandato: 13 julio 2016 - 9 julio 2018
  • Nacimiento: Nueva York, Estados Unidos, 19 junio 1964
  • Partido político: Partido Conservador
  • Profesión: Periodista
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Presentación

En la trepidante política británica de la segunda década del siglo XXI viene brillando con luz propia el polémico Boris Johnson, uno de los más destacados miembros del gobernante Partido Conservador y erigido en 2016 en paladín del abandono por el Reino Unido de la Unión Europea, postura que le coloca en rebelión abierta contra el primer ministro David Cameron. Primero periodista influyente que contribuyó a dar alas al movimiento euroescéptico británico, luego alcalde de Londres organizador de unas Olimpiadas montado en bicicleta y desde 2015, por segunda vez, miembro de la Cámara de los Comunes, Johnson es un político tory alejado de convencionalismos y marcadamente informal que durante años ha ofrecido un perfil conceptual complejo.

De verbo espontáneo y mordaz, con salidas extravagantes rayanas en lo bizarro, amigo de las humoradas y poseedor de un físico peculiar -pelo blondo alborotado y una eterna expresión de pillo en el rostro-, Boris, como familiarmente le llaman sus paisanos, igual ha dejado aflorar enfoques elitistas de ex alumno de Eton y despectivos con las minorías que se ha proclamado favorable a la inmigración y defensor del orgullo gay. Durante años expuso un euroescepticismo ambiguo y desprovisto de carga emocional, tanto que algunos veían en él un oportunista y no un euroescéptico genuino. Él suele describirse como un "libertario" contrario a las regulaciones del mercado que tiene como héroe a Churchill y que, lejos de abrazar el derechismo thatcherista, comulga con el concepto One-Nation Tory, tradición de pensamiento de los conservadores que aúna pragmatismo y compromiso social con el estado del bienestar.

Aunque hace tiempo que supera de largo a Cameron en carisma y popularidad, son muchos, inclusive desde su propia formación, los que opinan que, con su historial de anécdotas estrafalarias, sus meteduras de pata seguidas de excusas y sus episodios marrulleros, está "incapacitado" para ser primer ministro, cargo del que ya en 2013 dijo que "le gustaría" alcanzar, aunque por el momento no ha planteado un envite oficial al mismo. A esto se añade lo dicho por Cameron en vísperas de las elecciones de 2015 sobre que no buscaría un tercer mandato en 2020, anuncio que abrió las puertas a su sucesión en el liderazgo del partido.

En febrero de 2016, tras años animando la escena nacional con su pintoresquismo de "bufón" mujeriego y su rivalidad apenas maquillada con Cameron, Johnson puso patas arriba el curso político al anunciar su adhesión al Vote Leave, la campaña de los contrarios a la permanencia en la UE para el trascendental referéndum in-out del 23 de junio convocado por el primer ministro, quien luego de obtener de las instituciones de Bruselas una serie de concesiones soberanistas reclamó a los electores que votaran por el Remain. Considerando insuficientes las "reformas concretas" arrancadas por Cameron en las áreas de gobernanza económica, competitividad y libre circulación de trabajadores comunitarios, y navegando en el mismo barco que otros importantes exponentes del ala más nacionalista del campo tory y el UKIP de Nigel Farage, Johnson pasó a enarbolar con brío la bandera del Brexit.

Ahora, dejando atrás cualquier reserva o moderación sobre el tema, Johnson despliega una retórica de ecos eurófobos y chovinistas, y toca a rebato contra la "colonización" y la "absorción" del Reino Unido por una UE embarcada en un proyecto de integración "auténticamente federal" que ha llegado a comparar con el imperio nazi de Hitler. Al mismo tiempo, tacha de "exageradas" las advertencias por Cameron de ruina económica para las Islas si al final se impone la salida de la UE, y se muestra convencido de que al país le iría mejor "asociándose" a sus vecinos del continente con una "área de libre comercio" y una "cooperación política". Es decir, nada de estructuras supranacionales y solo relaciones intergubernamentales. Más allá de la incidencia del factor Boris en el referéndum del 23-J, que tiene en vilo a toda Europa por las consecuencias económicas impredecibles, pero seguramente muy negativas, de una eventual victoria del Brexit, e independientemente del propio resultado de la consulta, parece claro que Johnson va a seguir siendo un candidato serio a tomarle el relevo a Cameron antes o después. Una ambición en la que tiene como rivales a George Osborne, el canciller del Exchequer, y a Theresa May, la secretaria de la Home Office.


(Texto actualizado hasta junio 2016)

Biografía

1. De las redacciones de prensa a la Cámara de los Comunes
2. Un alcalde de Londres extravagante y popular
3. Aspirante oficioso al liderazgo tory, presiones euroescépticas a Cameron y el escenario Brexit


1. De las redacciones de prensa a la Cámara de los Comunes

Hijo de un matrimonio inglés de clase media-alta, fue alumbrado por su madre, Charlotte Fawcett Wahl, en 1964 en Nueva York, en cuya Universidad de Columbia el padre, Stanley Johnson, tomaba entonces clases de Economía. En el niño, que obtuvo la doble nacionalidad, británica y estadounidense (conservada hasta el día de hoy), convergían ancestros de lo más variados: además de ingleses, tenía antepasados turcos, suizos, alemanes, franceses, norteamericanos y ruso-judíos. Los Johnson regresaron a Gran Bretaña cuando Boris tenía tres meses de vida, pero en 1966 volvieron a Estados Unidos y se instalaron en Washington D.C., donde a Stanley le había salido un contrato de operario del Banco Mundial. Posteriormente, movieron su residencia a Connecticut. El trasiego transatlántico de la familia, incrementada con el nacimiento de dos hermanos, Rachel y Leo, concluyó en 1969, fecha en que sus cinco miembros se mudaron a una casa de campo en el condado de Cheshire, hogar temporal antes de establecerse en el distrito londinense de Maida Vale.

Boris cursó la educación primaria en el Primrose Hill Primary School y en 1973 prosiguió sus estudios en la European School de Bruselas, pues el padre ahora se ganaba la vida como funcionario de la Comisión Europea en la capital belga. En 1975 continuó las clases en la Ashdown House de East Sussex, una estricta escuela preuniversitaria aislada en la campiña inglesa y que mantenía a pies juntillas la tradición del castigo corporal a los alumnos díscolos. De allí pasó, con la ayuda de una beca, al célebre y elitista Eton College, donde tuvo de compañeros de aula a muchachos de extracción social elevada. Lejos de quedar arrinconado por tratarse de un middle-class, Johnson fue un alumno popular en Eton debido a su personalidad expansiva y a su comportamiento "extravagante", rasgos de conducta que años después tanta notoriedad iban a reportarle como político. Brillante en Letras y muy flojo en Ciencias, el futuro alcalde de Londres dejó Eton en 1981 haciendo sus pinitos periodísticos en el órgano de prensa del colegio, The Chronicle. Para entonces, sus progenitores ya estaban divorciados, al parecer a causa de las constantes infidelidades maritales de Stanley Johnson, quien ahora mismo servía como eurodiputado del Partido Conservador en el Parlamento de Estrasburgo.

En 1983, al cabo de un año de práctica profesional como docente de Literatura Inglesa y Latín en una escuela privada de Australia, Johnson, de nuevo gracias a una beca, emprendió en el Balliol College de la Universidad de Oxford la carrera Literae Humaniores, una titulación de cuatro años de duración centrada en el estudio de los Clásicos de Grecia y Roma. Una vez en Oxford, Johnson, luciendo un peculiar físico de enfant terrible que al cumplir su quinta década de vida iba a mantener sorprendentemente intacto -rostro rubicundo, abundante pelo amarillo claro, casi blanco, lacio y alborotado, expresión pícara en sus poses fotográficas- no tardó en hacerse notar como jugador de rugby, editor de la revista satírica Tributary, y, sobre todo, secretario y presidente de la sociedad de debate académico Oxford Union.

Asimismo, fue admitido en el Bullingdon Club, un club de estudiantes tan exclusivo como dado a cometer actos de vandalismo; dirigido por antiguos alumnos de Eton, los llamados Old Etonians, el Bullingdon era (y es) famoso por los escandalosos banquetes alcohólicos y jaranas extraescolares de sus miembros, que tenían por costumbre destrozar los restaurantes donde cenaban para luego abonar al contado los desperfectos al dueño del local. Del Bullingdon Club pasaron a ser miembros otros dos estudiantes de Oxford unos años más jóvenes que Johnson y que también serían famosos así como colegas de generación en el Partido Conservador, David Cameron y George Osborne. Muchos años después, Johnson iba a abominar de tan "vergonzoso" club estudiantil.

En 1987 Johnson terminó los estudios de Literae Humaniores con buena nota, pero, para su disgusto, no recibió la máxima calificación, los first-class honours. Ese mismo año contrajo matrimonio con Allegra Mostyn-Owen una joven de clase aristocrática a la que había empezado a cortejar en Oxford. La pareja no iba a alumbrar descendencia y la relación conyugal acabaría yéndose a pique en 1993. Por el momento, recién casado e instalado con su esposa en Londres, Johnson empezó a trabajar en una firma de consultoría de gestión, pero a los pocos días le dijo a su jefe que se marchaba porque no era esa la actividad que quería desarrollar.

Su vocación era el periodismo, y antes de terminar 1987 consiguió un contrato de reportero en prácticas en la plantilla del diario de línea conservadora The Times. No mucho después, el periodista neófito publicó un reportaje sobre un hallazgo arqueológico que podía corresponder a la residencia palaciega del rey Eduardo II de Inglaterra, al que añadió una cita textual inventada que atribuyó al historiador Colin Lucas, docente en el Balliol College y a la sazón su padrino. Los vínculos personales con Johnson no prevalecieron sobre el rigor académico de Lucas, que protestó por la falsa atribución. Comprensiblemente enfadado, el gerente de The Times despidió sin contemplaciones a Johnson, el cual iba a revelar este episodio de juventud en una entrevista concedida en 2002; según él, esta había sido su "mayor cagada" ("my biggest cock-up").

Su siguiente incursión periodística, en The Daily Telegraph, tuvo mucho más recorrido. Desarrollando un estilo de redacción propio, lleno de licencias retóricas y toques informales, Johnson se especializó en política europea y en 1989 fue asignado a la corresponsalía del periódico en Bruselas, donde se encargó de cubrir la actualidad informativa de la Comisión Europea, que entonces presidía Jacques Delors. Corrían los últimos días del liderazgo de Margaret Thatcher y el corresponsal británico no disimulaba sus ideas euroescépticas, que exponía en sus artículos con vehemencia y sarcasmo, a veces hirientes con las figuras de Delors y otros líderes identificados con la corriente europeísta federalista.

La labor de prensa del veinteañero alcanzó una gran repercusión en el Reino Unido y hasta mediatizó la pelea instalada en el Partido Conservador desde antes del golpe interno que descabalgó a Thatcher y colocó en su lugar a John Major en 1990, con las facciones tories eurófila y euroecéptica aireando sus diferencias irreconciliables en demérito de sus opciones electorales frente al Partido Laborista de Tony Blair. En cuanto a su vida privada, esta tomó un nuevo rumbo en 1993 con el divorcio de Allegra y las segundas nupcias con la abogada Marina Wheeler, una amiga de la infancia. Con Marina, Johnson iba a tener hasta 1999 cinco hijos, dos chicas y tres chicos.

En 1994 Johnson dejó su puesto en Bruselas y regresó a las redacciones centrales del Telegraph en Londres para realizar funciones de editor adjunto y columnista político. En el lustro siguiente, Johnson adquirió una reputación de francotirador de la pluma que no barría claramente para ningún partido y que podía criticar mordazmente a cualquiera haciendo gala de un escaso sentido de la corrección política, a veces teñido de insinuaciones racistas y homófobas.

A pesar de su autonomía opinadora, Johnson se situaba en la órbita del Partido Conservador, donde sus crónicas y columnas eran muy leídas y ejercían una considerable influencia, y ya en su etapa de corresponsal en Bruselas se consideró preparado para emprender una carrera política en sus filas. En 1993, al filo de la treintena, hizo saber que le encantaría ser candidato al Parlamento Europeo en las elecciones de 1994. La apuesta fue acogida por la dirección tory con frialdad, si no con rechazo, este bien patente en el caso del primer ministro Major, quien encontraba irritante la fuerte carga euroescéptica que el periodista imprimía a sus textos, pero luego Johnson se las arregló para que le permitieran representar a los conservadores en la elección parlamentaria por Clwyd South, una circunscripción galesa de nuevo cuño que estaba considerada un baluarte inexpugnable de los laboristas.

De entrada, muchos aspirantes tories considerarían Clwyd South un distrito bien poco atractivo, pero Johnson concibió esta empresa perdida de antemano como un buen entrenamiento político. Su derrota apabullante por 35 puntos de diferencia a manos de su adversario laborista en las elecciones de mayo de 1997 fue un dato irrelevante que debía enmarcarse en la derrota nacional del Partido Conservador tras 18 años en el Gobierno y la llegada al 10 de Downing Street de Blair y su New Labour.

En 1999 Johnson fichó por The Spectator, la revista semanal con más solera del país, próxima al Partido Conservador y editada también por el Telegraph Media Group, donde entró como redactor jefe y con una columna regular propia. El comentarista siguió llamando la atención por su estilo vivaz y sus enfoques variados, que tanto podían virar al nacionalismo conservador y coquetear con el populismo, como mostrarse liberales y progresistas en determinados temas. Temporalmente, aparcó sus ambiciones de convertirse en miembro de la Cámara de los Comunes, aunque reforzó su personalidad mediática con una serie de participaciones en shows televisivos, de las que no le faltaban ofertas por su presencia un tanto estrafalaria y su verbo suelto. Para un sector del público y no pocos miembros del Partido Conservador, Johnson era un periodista poco riguroso tendente a la demagogia y la frivolidad.

El redactor jefe de The Spectator, sin embargo, estaba decidido a hacerse un hueco en la política de Westminster. La oportunidad le llegó en las elecciones de junio de 2001, ostentando el liderazgo tory William Hague, otro oxfordiano. Johnson fue seleccionado para defender la circunscripción de Henley, Oxfordshire, hasta ahora representada en los Comunes por el famoso Michael Heseltine, icono del ala más liberal del partido, quien se jubilaba tras 27 años de mandato. Se trataba de un escaño seguro (safe seat) y Johnson no tuvo problemas en retenerlo para el partido con el 46% de los votos. Una vez en los Comunes, el periodista hábil con la pluma, que no dejó de serlo porque continuó escribiendo para The Spectator, The Daily Telegraph y el semanario neoyorkino GQ, y locuaz en los platós de la televisión demostró estar bastante verde como orador parlamentario en la bancada opositora al Gobierno Blair.

El sucesor del dimitido Hague como líder del partido, el thatcherista Iain Duncan Smith, no obstante tratarse de uno de los más preclaros voceros del euroescepticismo tory, mantuvo marginado a Johnson de su Shadow Cabinet en los Comunes porque el parlamentario por Henley, de manera sorprendente para muchos, había apoyado la candidatura rival del europeísta Kenneth Clarke para tomarle el relevo a Hague, y porque ahora se dedicó a lanzar dardos contra su jefe de filas desde su columna en The Spectator . En noviembre de 2003, meses después de realizar Johnson un viaje al Bagdad ocupado del que tres años después, a la luz de la desastrosa situación que vivía Irak, iba a declararse arrepentido ("fue un error colosal y una fatalidad", diría entonces, en otra de sus llamativas palinodias), Duncan Smith fue obligado a marcharse al perder una moción de censura interna.

El nuevo líder del partido, Michael Howard, se apresuró a promocionar a Johnson, cuya popularidad tirando a heterodoxa consideraba valiosa para los tories en tiempos de travesía del desierto en la oposición, nombrándole vicepresidente orgánico con la misión de supervisar la campaña electoral para las próximas elecciones legislativas. Al poco, en mayo de 2004, Howard reorganizó su Shadow Cabinet y Johnson fue vinculado al mismo como portavoz de Arte, un puesto de todas maneras menor. Sin embargo, Johnson no perdió su capacidad para meterse en líos y crearles situaciones comprometidas a sus superiores. En octubre de 2004 Howard le obligó a ir a Liverpool y emitir una disculpa pública por haber publicado en The Spectator un artículo de otro periodista en el que el autor, empleando pseudónimo, hacía responsables de la mortal avalancha humana de 1989 en el estadio de fútbol de Sheffield a los propios forofos víctimas de la tragedia, hinchas del Liverpool, y añadir, sin venir a cuento, que los ciudadanos de Liverpool confiaban demasiado en el estado del bienestar.

A las pocas semanas, varios tabloides británicos publicaron que Johnson, padre con Marina Wheeler de una prole de cinco niños, mantenía desde hacía cuatro años un idilio extramarital con una articulista de su revista, Petronella Wyatt, a la que había dejado embarazada, antes de decidir ella abortar. La reacción inicial de Johnson fue refutar la revelación, tachándola de "pirámide invertida de bobadas", pero una serie de testimonios familiares -la madre de Wyatt- terminaron por corroborar los hechos. Johnson no tuvo más remedio que admitir que había mentido. Irritado por cómo había llevado este escándalo, explotado con regocijo por caricaturistas y satíricos sociales, Howard castigó a Johnson destituyéndole como vicepresidente del partido y shadow minister de Artes.

Las elecciones parlamentarias de mayo de 2005 fueron como un borrón y cuenta nueva para Johnson. Reelegido en Henley con el 53,2% de los votos al tiempo que su partido arañaba unos pocos sufragios y seguía sin poder doblegar al laborismo, pese a su desgaste, de Blair, a finales de aquel año retornó al front bench conservador de la mano del nuevo líder en lugar de Howard, David Cameron, su antiguo compañero en Eton y en el Bullingdon Club, el cual le otorgó el puesto de shadow minister de Educación Superior, que él mismo había desempeñado hasta entonces. Fuera del Parlamento, dejó sus labores editoriales en The Spectator por decisión de su nuevo director, pero siguió escribiendo para The Daily Telegraph, que le pagaba unas 5.000 libras por columna. También, continuó cultivando su faceta de personalidad televisiva. Por otra parte, intentó, infructuosamente, ser elegido rector de la Universidad de Edimburgo.

Incapaz de mantenerse fuera de los titulares por mucho tiempo por un motivo u otro, pero invariablemente por algo ajeno a la política, en 2006 el parlamentario no desmintió la información de que tenía un affair con la periodista Anna Fazackerley y de paso generó una protesta de las autoridades de Papúa-Nueva Guinea al trazar, desde su columna del Telegraph, una gráfica analogía entre la rapidez con que se cambiaba de líder en su partido y la práctica por las tribus aborígenes de la isla austral de "orgías de canibalismo y matanza de jefes". Aquel mismo año, su anterior amante, Petronella Wyatt, arremetió contra él presentándole como un adicto al sexo que padecía "satiriasis" y que era "bien capaz de pasar de una mujer a otra en el espacio de una tarde". Posteriormente, en abril de 2007, Johnson indignó al Ayuntamiento de Portsmouth al describir en un artículo para GQ a la ciudad portuaria como "una de las más deprimidas del sur de Inglaterra, un lugar que podría decirse que está lleno de drogas, obesidad, bajo rendimiento y parlamentarios laboristas".


2. Un alcalde de Londres extravagante y popular

En julio de 2007 Johnson, previa aceptación del envite por Cameron y, de manera resignada, por otros dirigentes tories que tendían a verle como un personaje bufonesco y no le tomaban en serio como político, lanzó su precandidatura al puesto de alcalde de Londres, oficina que desde su creación en 2000 por el Gobierno Blair titularizaba el laborista Ken Livingstone, apodado Red Ken por sus ideas muy orilladas a la izquierda. En la primaria celebrada en septiembre siguiente, los afiliados conservadores del Gran Londres le otorgaron la candidatura por una abrumadora mayoría frente a tres competidores internos. A continuación, Johnson pasó a contender con Livingstone en una campaña electoral donde no tuvo inconveniente en admitir que en sus años de estudiante había consumido cannabis y cocaína. Las salidas frívolas, las formas excesivamente informales, las constantes humoradas y las meteduras de pata, involuntarias o teatrales, del melenudo aspirante conservador no hicieron mella, antes al contrario, en su considerable popularidad. Livingstone le consideraba un adversario peligroso y el 1 de mayo de 2008, en efecto, Johnson derrotó al alcalde reeleccionista con el 53,2% de los votos.

En su primer mandato municipal de cuatro años, inaugurado el 4 de mayo de 2008, Johnson no dejó una impronta de realizaciones destacada, aunque su fama personal ganó muchos puntos. Como ya venía siendo habitual en él, generó más noticias por sus chascarrillos, lapsus y arranques de informalidad (amén de nuevos chismorreos sobre sus líos de faldas, hijo secreto incluido) que por sus medidas como edil, que en la práctica se revelaron bastante continuistas del sistema de gobierno instaurado por Livingstone. Su innovación más comentada fue el ambicioso servicio municipal de préstamo de bicicletas, en realidad ya concebido por Livingstone, que generó mucha publicidad, con el alcalde moviéndose pintorescamente de un lado para otro a dos ruedas sobre el sillín.

También, procuró remover los estigmas endilgados sobre que era un elitista y un intolerante con las minorías, apoyando sin reservas el salario vital para los londinenses con ingresos insuficientes instituido por Livingstone, declarándose favorable a que las autoridades hicieran la vista gorda con los inmigrantes indocumentados y dejándose ver en los desfiles del Orgullo Gay. Una de sus decisiones más aplaudidas fue encabezar personalmente, entre 2008 y 2010, la Autoridad Policial Metropolitana para mejor supervisar la lucha contra la delincuencia común y el crimen organizado.

La proyección política nacional de Johnson no podía sino aumentar desde el momento en que Cameron batió al laborista Gordon Brown en las elecciones parlamentarias del 6 de mayo de 2010. Cameron trajo de vuelta a los conservadores al Gobierno británico tras un largo paréntesis opositor de 13 años y su triunfo, si bien incompleto, pues el partido no alcanzó la mayoría absoluta en los Comunes y hubo de coaligarse con los liberaldemócratas de Nick Clegg, debía mucho al éxito logrado dos años atrás en el Gran Londres por Johnson, quien de esta manera había actuado como heraldo.

De entrada, Johnson, siempre atento a no perder su conexión espontánea con el ciudadano de a pie y su vecindario, guardó las distancias del programa de recortes y austeridad diseñado por Cameron y el canciller del Exchequer, George Osborne, para embridar el desorbitado déficit público y avanzar hacia el equilibrio presupuestario, plan que concitó un fuerte rechazo social. Johnson ya había tenido que lidiar con los disturbios callejeros de abril de 2009 cuando la Cumbre del G20 y ahora, a lo largo de 2010 y 2011, se topó con varias olas de protestas protagonizadas sucesivamente por los estudiantes, los movimientos sociales antiausteridad y finalmente por partidas de jóvenes violentos de los distritos londinenses de clase trabajadora, donde los residentes convivían a diario con la precariedad económica, la delincuencia y las tensiones raciales.

En agosto de 2011 el Ayuntamiento de la capital británica fue puesto en jaque por la caótica espiral de enfrentamientos, incendios y saqueos desatada en el barrio norteño de Tottenham, perteneciente al municipio de Haringey, a raíz de la muerte de un disparo del joven Mark Duggan cuando agentes de la Policía Metropolitana intentaban detenerle como sospechoso de la comisión de un delito. La escalada de violencia descontrolada, que incluyó por parte de los alborotadores algunos episodios de vandalismo y brutalidad especialmente abominables, se propagó a otras ciudades de Inglaterra y en total hubo que lamentar cinco muertos y cientos de heridos.

Por otro lado, Johnson, aunque por el momento mantenía bajo sordina sus opiniones sobre esta sensible materia, estaba adherido al ala euroescéptica, siempre potente y ahora mismo en pleno auge, del Partido Conservador, al que desde la derecha nacionalista y populista azuzaba el Partido de la Independencia del Reino Unido (UKIP) de Nigel Farage, cuyo mantra era el abandono de la UE, unilateralmente y sin demora. Si bien el alcalde no entró en polémicas personales con su superior partidista salvo cuando los disturbios de 2011, aprovechados por el primero para criticar los recortes aplicados por el segundo en la Home Office, y de hecho podían obsequiarse mutuamente con elogios, Cameron y Johnson, pese a compartir almae matres y militancia partidista, tenían poco en común. No solo no sintonizaban en la manera de entender la política, sino que se veían a sí mismos como rivales. Para la opinión pública británica, no cabía ninguna duda de que el edil albergaba las más altas ambiciones.

Cameron, además de hacer frente a las dificultades que entrañaba aplicar el paquete de ajustes económicos y entenderse con su reacio socio liberaldemócrata del Gobierno, el viceprimer ministro Clegg, acusó la falta de apoyó por parte del influyente Johnson a la hora de encajar varapalos como el escándalo de las escuchas telefónicas del News of the World, la rebeldía abierta de numerosos parlamentarios tories que le desairaban votando en contra de varias de sus iniciativas en Westminster, y el baldío intento de bloquear el Pacto Fiscal Europeo impuesto a la Eurozona por la canciller alemana Angela Merkel.

Johnson se presentó a la reelección como regidor de Londres en las votaciones municipales del 3 de mayo de 2012 envuelto en la nube de anécdotas personales, extravagancias y declaraciones chuscas con la que sus paisanos ya estaban acostumbrados. Nuevamente se midió con Livingstone, al que acusó de evadir impuestos, y nuevamente le batió, aunque el veterano político laborista no se lo puso fácil: con el 51,5% de los votos, le superó por solo tres puntos. Johnson estrenó su segundo mandato del alcalde reiterando las promesas de desplegar más policías en las calles y, esta de difícil cumplimiento al encontrarse la economía nacional en recesión, crear 200.000 puestos de trabajo en los próximos cuatro años.

Pero el gran examen y la ocasión para lucirse los pusieron los XXX Juegos Olímpicos, que Londres iba a acoger del 27 de julio al 12 de agosto de 2012. El magno evento deportivo, que seguía la estela de los Juegos londinenses de 1908 y 1948, tuvo un desarrollo impecable y fue un escaparate inmejorable del modelo urbano del que Johnson se mostraba tan orgulloso, el de una megápolis moderna ajustada a los más exigentes criterios de sostenibilidad y habitabilidad, y que conducía con eficacia los procesos naturales de transformación y regeneración, como el que estaba afectando al East End. Los distritos comerciales y financieros bullían de nuevas y sofisticadas construcciones ultramodernas, aunque algunas de las siluetas del progresivamente americanizadoskyline de la City y los barrios circundantes no eran del gusto de todos; fue, por ejemplo, el caso de The Shard, el imponente rascacielos de 300 metros de altura y estilo neofuturista inaugurado en 2013.

El 1 de agosto, con los Juegos ya iniciados, Johnson protagonizó una situación bizarra e hilarante que gracias a su invencible sentido del humor no le resultó desagradable o embarazosa: colgado de la tirolina del Victoria Park para promocionar un festival de conciertos y actividades deportivas, el alcalde, trajeado y con un casco azul, empezó a deslizarse por el cable agitando un par de banderitas británicas hasta que, a pocos metros del final, la polea se atascó, dejándole suspendido en el aire metido en su arnés, con las banderas en las manos y con los calcetines blancos asomados bajo la pernera del pantalón; al cabo de unos minutos, Johnson pudo tomar suelo sin dejar de hacer comentarios graciosos ("traedme una cuerda o una escalera", pidió) y entre los vítores de la regocijada concurrencia, que inmortalizó el momento con sus cámaras.


3. Aspirante oficioso al liderazgo tory, presiones euroescépticas a Cameron y el escenario Brexit

El peso específico de Boris, como familiarmente tendían a llamarle los comentaristas y colegas de Westminster, en la política británica y sus peculiares relaciones con Cameron adquirieron una nueva dimensión en 2013. En marzo de aquel año, Johnson, por vez primera, admitió que "le gustaría" ser primer ministro "algún día", por más que considerase esa ocupación "muy, muy dura". En la misma entrevista, concedida a la BBC 2 para un reportaje sobre su persona titulado Boris Johnson: The Irresistible Rise, el alcalde puntualizaba que ese escenario, de todas maneras, "no iba a poder ser". En la víspera de la emisión del documento, Johnson fue al plató del programa televisivo The Andrew Marr Show, de la BBC 1, con la intención de darse más autobombo, pero su incisivo entrevistador, el periodista Eddie Mair, le dejó en evidencia sacando a relucir dos sonadas "mentiras" de su pasado, la cita inventada cuando escribía para The Times en los ochenta y el mentís de su lío extraconyugal con Petronella Wyatt en 2004.

Antes de todo esto, en enero, Cameron había colocado el curso político en una suerte de zafarrancho al anunciar su intención de convocar para antes de finales de 2017 un referéndum no vinculante en el que el pueblo británico podría pronunciarse sobre su deseo de que el Reino Unido permaneciera en la UE o por el contrario la abandonase, poniendo entonces fin a la experiencia comunitaria iniciada en 1973 por voluntad del primer ministro conservador de entonces, Edward Heath. Al formular tan trascendental consulta, el primer ministro salía al paso de las fortísimas presiones del ala más radicalmente euroescéptica de su partido, argumentando que él no era "un aislacionista británico" y que solo pretendía obtener de las instituciones de Bruselas "un mejor trato para Gran Bretaña".

Eso sí, su anuncio lo envolvió de duras críticas a la UE, a la que atribuyó perniciosas rigideces a la hora de responder a los desafíos del mundo globalizado. Competitividad y desregulación en el mercado interior único, restricciones a la movilidad de los trabajadores comunitarios, gobernanza económica y preservación de la soberanía nacional frente a una mayor integración política eran los ejes de la negociación que Cameron pensaba arrancar a Bruselas antes de celebrar el referéndum en casa y solicitar el a la permanencia.

En esta ocasión, Johnson, experto en causar sorpresa, se permitió adoptar un tono algo más sutil que Cameron con respecto a Europa. Si bien apoyaba la intención del primer ministro de basar la relación del Reino Unido con la UE fundamentalmente en "el libre comercio y la cooperación política", sin transferencias de soberanía a construcciones supranacionales y estructuras federalistas, él no creía que el portazo a la UE "sirviera para resolver los problemas del Reino Unido". Ambiguo, el alcalde no dijo claramente por qué se decantaba, si por el in o por el out.

Más de un año después, en agosto de 2014, Johnson se desdijo de sus anteriores declaraciones sobre que no buscaría el retorno a los Comunes mientras fuera alcalde con el anuncio de que pensaba optar al escaño seguro de Uxbridge y South Ruislip, correspondiente al Gran Londres, en las elecciones generales de 2015. En abril de ese año, tras comunicar su intención -que luego no materializó- de renunciar a su ciudadanía estadounidense y calificar a los jihadistas británicos reclutados por el Estado Islámico de "hombres jóvenes torturados por llevar tan mal sus relaciones con las mujeres" convertidos en "pajeros literales", "onanistas severos" y "mirones de porno", el edil desembarcó en la campaña nacional haciendo un toque a rebato de ecos churchillianos contra el Partido Laborista y su líder, el "socialista teórico" Ed Miliband, al que el alicaído Partido Conservador, para el que las encuestas no pintaban nada bien, debía derrotar como si se tratara de una nueva "Batalla de Inglaterra", batalla que "el país no podía permitirse perder". Tal fue el tono de su alegato electoral publicado por The Mail on Sunday. En cuanto a Cameron, llegó a las urnas dejando entreabierta la puerta de su sucesión en el mando de los conservadores, pues en marzo anterior había dicho que, si resultaba reelegido ahora, luego ya no competiría por un tercer mandato.

Lo que sucedió en la jornada electoral del 7 de mayo de 2015 fue que Cameron, contra todo pronóstico, llevó a su partido a una segunda y brillante victoria, esta vez por mayoría absoluta, y que Johnson ganó el billete de vuelta a los Comunes con el 50,2% de los votos, el doble que su contrincante laborista, Chris Summers. Por cierto que, en la Cámara baja del Parlamento, iba a compartir bancada con el menor de sus tres hermanos, Jo, común por Orpington desde 2010. Jo Johnson venía siendo además ministro de Estado para el Cabinet Office desde 2014 y ahora, al alinear Cameron su segundo Gobierno sin necesitar a los vapuleados liberaldemócratas de Clegg, fue ascendido a ministro de Estado para Universidades y Ciencia. Una vez convertido en parlamentario, mandato que decidió, puesto que se lo permitía la ley, simultanear con el de alcalde, que no vencía hasta un año después, Johnson viró rápidamente su postura de cara al referéndum europeo, finalmente fijado por Cameron para el 23 de junio de 2016, hacia el Brexit, es decir, la salida del Reino Unido de la UE.

El abrazo por Johnson del euroescepticismo radical empezó a manifestarse a las claras en su primer discurso en los Comunes, el 1 de junio de 2015, donde afirmó que si el Gobierno iba a entablar unas "difíciles negociaciones internacionales" sobre el estatus del Reino Unido en la UE, entonces tendría que "estar listo para marcharse" en caso de no obtener los resultados apetecidos. "Si no conseguimos el trato que va en el interés tanto del país como de Europa, debemos estar preparados para borrarnos y forjar un futuro alternativo que podría ser igual de glorioso y próspero con un acuerdo de libre comercio". Unos días más tarde, el alcalde brindó por enésima vez la comidilla del día a las redes sociales a costa de una enganchada verbal tenida en plena calle, en el borough de Islington, con un taxista que le recriminó su apoyo a la aplicación informática Uber; sin contenerse, Johnson, que circulaba en su inseparable bicicleta, le espetó al taxista: ¿Por qué no te jodes y te mueres?, y no necesariamente en ese orden".

Johnson dio su hachazo definitivo sobre Europa, que suponía rebelarse abiertamente contra Cameron, el 21 de febrero de 2016, justo al día siguiente de confirmar el primer ministro que sus negociaciones en Bruselas con los presidentes del Consejo y la Comisión europeos, Donald Tusk y Jean-Claude Juncker, habían desembocado en un arreglo satisfactorio y que el 23 de junio tendría lugar el referéndum in-out, en el cual, puesto que la UE había hecho las concesiones reclamadas por Londres, él haría campaña a favor de la permanencia, el llamado Bremain.

Nada impresionado por el triunfalista parte de resultados de sus negociaciones con Bruselas facilitado por Cameron, que se refería a "reformas concretas" en las áreas clave de gobernanza económica, competitividad, soberanía, beneficios sociales y libre circulación (ahora, el Reino Unido, por ejemplo, podría imponer exigencias especiales al resto de trabajadores comunitarios instalados en las islas para disponer del mismo nivel de cobertura social de sus colegas británicos, y tendría derecho a exponer sus objeciones a cualquier disposición relativa a la Unión Económica y Monetaria pese a no formar parte de la Eurozona), Johnson filtró a la BBC su adhesión a la campaña Vote Leave, que ya contaba con numerosos abanderados del Partido Conservador y el Partido Laborista, amén, por supuesto, de Farage y el UKIP, estridentes con su plataforma Leave.eu.

En la víspera, nada menos que seis miembros del Gobierno habían comunicado su público apoyo a la campaña en favor del Brexit: el lord canciller y secretario de Estado para la Justicia, Michael Gove; el líder de la Cámara de los Comunes, Chris Grayling; el secretario de Estado para el Trabajo y las Pensiones, Iain Duncan Smith (quien terminó dimitiendo al cabo de un mes); el secretario de Estado para la Cultura, los Medios y el Deporte, John Whittingdale; la secretaria de Estado para Irlanda del Norte, Theresa Villiers; y la ministra de Estado para el Empleo, Priti Patel. En cuanto al grupo parlamentario, casi la mitad de los 330 diputados conservadores apoyaban el Brexit. En otras palabras, el Partido Conservador se mostraba dividido en dos bloques y estaba por ver si el ambiente de "guerra civil" interna no terminaría dando lugar a una fractura en toda regla.

En breves declaraciones realizadas a una nube de periodistas a las puertas de su casa en Londres, Johnson aseguró que su decisión de unirse a la campaña por la salida del Reino Unido de la UE había sido "agónicamente difícil" y le había provocado "una enorme angustia". "Lo último que quiero es ir contra David Cameron o contra el Gobierno", señaló, para añadir: "Me gustaría ver una nueva relación [con Europa] basada más en el comercio y en la cooperación, y mucho menos en el elemento supranacional (...) Deseo un mejor acuerdo para la gente de este país, para ahorrarles dinero y para asumir el control".

En su esperadísima columna semanal de The Daily Telegraph, titulada There is only one way to get the change we want – vote to leave the EU, el autor explicaba su postura con una batería de argumentos que rezumaban orgullo nacional.

Aclarando de antemano que él era "un europeo" que había vivido durante muchos años en Bruselas y que "amaba" ese "viejo lugar", Johnson pedía que se dejara de "confundir a Europa y el proyecto político de la Unión Europea", así que en votar Leave el 23 de junio no había "nada necesariamente antieuropeo y xenófobo". Según el diputado, muchos eran los motivos de peso por los que el Reino Unido debía marcharse de la UE: porque el país venía siendo víctima de un "lento e invisible proceso de colonización legal" por parte de una Unión "infiltrada en virtualmente todas las áreas de políticas públicas"; por la "pérdida de soberanía" que entrañaba "la incapacidad de la gente para echar, vía elecciones, a los hombres y mujeres que controlan sus vidas"; porque las instituciones de Bruselas, con el pretexto de "salvar el euro", estaban planeando aumentar la integración a través de "una unión social, una unión política y una unión monetaria"; y porque aquellas, en definitiva, pretendían "crear una unión auténticamente federal, cuando la mayoría del pueblo británico no la desea". Ahora bien, si el Leave ganaba la partida, entonces, asumía, "sería necesario negociar un gran número de acuerdos comerciales a gran velocidad".

El 9 de mayo Johnson se despidió como alcalde de Londres al expirar su segundo mandato de cuatro años. En el consistorio capitalino dejó paso al laborista Sadiq Khan, ganador sobre el conservador Zac Goldsmith de las elecciones locales celebradas cuatro días atrás. En las semanas previas al histórico referéndum del 23 de junio, que generó en Europa una enorme expectación trufada de inquietud por las consecuencias negativas incalculables (de entrada, en el plazo inmediato, en el mercado cambiario de la libra y los parqués bursátiles) de un eventual triunfo del Brexit, escenario que los sondeos empezaron a pintar como probable más que como meramente posible, el miembro de la Cámara de los Comunes se distinguió como el principal portaestandarte de la campaña Vote Leave y se afanó en contrarrestar el catastrofismo con que el cada vez más nervioso Cameron empezó a barnizar sus mensajes.

Pisando el acelerador de la retórica patriotera y populista, Boris, al que sus detractores no dudaron en comparar con el estadounidense Donald Trump, llegó a comparar el proyecto de la Unión Europea con los planes de "Napoleón, Hitler y otros" de "crear un superestado europeo", intentos que siempre habían "terminado de un modo trágico". La UE perseguía el mismo objetivo de unificación autoritaria del viejo continente que el dictador nazi, solo que "con diferentes métodos".

Sin dejarse arredrar por el diluvio de catilinarias que le estaba cayendo, Johnson afirmó que "el derecho automático de los europeos a vivir y trabajar en el Reino Unido se iba a acabar", y que el país se disponía a "asumir el control de aspectos vitales" como la seguridad social y la política de inmigración, en la cual, por ejemplo, se impondría la limitación de 100.000 inmigrantes netos anuales. Mientras que Cameron advertía que el Brexit sumiría al Reino Unido en la "recesión", Johnson sostenía que el Bremain, por el que por cierto hacía campaña su padre, Stanley Johnson, podría suponer para el erario británico una factura extra de "3.000 millones de euros" para "rescatar" a los países de la Eurozona en dificultades.

Boris Johnson es autor de los siguientes libros: Friends, Voters, Countrymen: Jottings on the Stump, de 2002, donde cuenta su experiencia electoral a los Comunes en 2001; Lend Me Your Ears, una selección de columnas y artículos publicada en 2004; la novela en clave de comedia Seventy-Two Virgins , de 2005; The Dream of Rome, de 2007, donde hace gala de sus conocimientos sobre la Roma clásica; Have I Got Views For You, otra antología, publicada en 2008, de artículos de temas políticos y sociales expuestos con su característico tono irónico; Johnson's Life of London: The People Who Made the City That Made the World, un ensayo de 2011 con pretensiones de fresco histórico; The Spirit of London, de 2012, en el que vuelve a ensalzar la vitalidad y la diversidad culturales de la capital británica; y el más reciente (2015) The Churchill Factor: How One Man Made History, obra con la que aborda la figura de uno de los más importantes estadistas del siglo XXI.

(Cobertura informativa hasta 15/6/2016)

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