Isabel II del Reino Unido

© Office of the Governor-General of New Zealand

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Actualización: 24 junio 2020

Reino Unido

Reina (1952-)

  • Elizabeth Alexandra Mary Windsor
  • Mandato: 6 febrero 1952 - En ejercicio
  • Nacimiento: Londres, Inglaterra, 21 abril 1926
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Presentación

En abril de 2020 Isabel II de Inglaterra cumplió 94 años de edad y 68 de reinado confinada en el Castillo de Windsor por la pandemia del COVID-19, crisis que su pueblo puede y debe superar, afirma la soberana, con "resolución" y "autodisciplina". La imperturbabilidad, entre mayestática y estoica, el acusado sentido del deber, la fría serenidad y una reserva solo interrumpida por las desventuras familiares son los rasgos que el público más asocia al carácter de esta monarca constitucional que reina pero no gobierna, y que cumple al milímetro con unas obligaciones heredadas y asumidas: ser la continuadora de un linaje real, los Windsor-Mountbatten, la cabeza de una institución multisecular y la máxima representante de las cuatro naciones que componen el Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda del Norte.

La hija de Jorge VI, quien solo fue rey por la abdicación de su hermano Eduardo VIII, es probablemente -exceptuando quizá algunas celebridades de la cultura popular de masas- la personalidad viva más conocida por las cuatro o cinco generaciones de habitantes adultos del planeta. Para estos, la reina de Inglaterra es una figura incombustible desde su ya lejana sucesión en el trono en 1952, seguida de su coronación en 1953, con una pompa y una solemnidad que esta gran tradicionalista ha procurado preservar todo lo que los nuevos tiempos permitan.

La singularidad de Isabel II se expresa asimismo en su irrepetible colección de records. Es la jefa de Estado de otros 15 países de la Commonwealth que han mantenido la forma monárquica de Gobierno y donde funciona la democracia parlamentaria, aunque en uno u otro momento de su reinado lo fue también de otros 17 territorios postcoloniales devenidos repúblicas, entre ellos India, Pakistán, Sudáfrica y un Estado miembro de la Unión Europea, Malta. Además, desde el fallecimiento en 2016 del rey de Tailandia, Isabel lidera la relación de los jefes de Estado o de Gobierno más duraderos (el siguiente en la lista es el sultán de Brunei, entronizado 15 años después que ella). Se trata también de la mujer jefe de Estado con más años de ejercicio en cualquier país y el cualquier momento de la historia conocida.

El 9 de septiembre de 2015 su reinado superó al de su tatarabuela, la reina Victoria, como el más prolongado de las islas británicas desde que hay registros y el 6 de febrero de 2017 se convirtió en el primer monarca británico en celebrar el jubileo de zafiro o los 65 años en el trono. Atrás quedaron los hitos de los jubileos de plata (1977), rubí (1992), oro (2002) y diamante (2012). El 20 de noviembre de 2017 llegaron las bodas nupciales de platino, el septuagésimo aniversario de su matrimonio con el príncipe Felipe, duque de Edimburgo, quien en junio de 2020 cumplió 99 años.

Isabel ha sido testigo de excepción de los profundos cambios experimentados por el Reino Unido y el mundo en su larguísimo reinado: la recuperación de la posguerra, el establecimiento del estado del bienestar, los ciclos de prosperidad y crisis económica, la revolución tecnológica, la transición postindustrial, conflictos armados como la intervención en Suez, la guerra de las Malvinas y la invasión de Irak, el surgimiento, auge y final de la Guerra Fría, y el ingreso y salida de la Unión Europea. Y, por supuesto, la descolonización, no siempre pacífica, que supuso la paulatina disolución en la Commonwealth del viejo Imperio Británico, cuyos capítulos postreros fueron la independencia de Brunei en 1984 -la 47 colonia, protectorado o territorio administrado en emanciparse desde 1956- y la retrocesión de Hong Kong a la República Popular China en 1997. Unas décadas en las que el Reino Unido, inevitablemente, vio acelerarse la pérdida del poderío económico, comercial y militar disfrutado durante siglos ante el surgimiento de nuevas potencias y las transformaciones geopolíticas, al tiempo, empero, que preservaba una influencia importante en la cultura popular de masas.

En casa, la reina, quien es también la gobernante suprema de la Iglesia de Inglaterra (Anglicana), ha conocido 14 primeros ministros, desde Winston Churchill hasta Boris Johnson, pasando por Harold Wilson y Margaret Thatcher, y ha tramitado protocolariamente la constitución de 26 gabinetes de conservadores y laboristas. La estricta neutralidad de Isabel con respecto a las decisiones del Gobierno y el Parlamento ha sido puesta a prueba en los últimos tiempos por el tumulto instalado en la política británica de resultas del Brexit. Cuando el referéndum de 2016, Buckingham salió a desmentir que la soberana hubiera expresado en privado su simpatía por la salida de la UE, pero más recientemente se ha especulado con que Isabel contemplaría con espanto la posibilidad, nada peregrina a estas alturas, de que las tensiones generadas por el Brexit terminen por desmembrar el Reino Unido, existente desde las Actas de Unión de 1707 y 1801. Eso, si Escocia llegara a decantarse por la independencia, rechazada en el referéndum de 2014, e Irlanda del Norte por la unión con la República de Irlanda.

Dicho sea de paso, el amargo conflicto armado del Ulster alcanzó de lleno a la familia real en 1979 cuando el IRA asesinó en un atentado con bomba a Lord Louis Mountbatten, tío carnal de Felipe y tío en grado lejano de Isabel. En 1998 llegó la paz de Viernes Santo, y en 2011 y 2012 la reina realizó sendas visitas, cargadas de simbolismo y detalles históricos, a Dublín y a Belfast; en la capital norirlandesa, Isabel visitó por primera vez un templo católico y le estrechó la mano a Martin McGuinness, viceministro principal del Gobierno autónomo, dirigente del Sinn Féin y antiguo comandante de la banda terrorista.

Sin embargo, han sido los avatares puramente familiares, envueltos en escándalo y golpeados por la tragedia, los asuntos que desde hace tres décadas con más frecuencia han arrastrado a los titulares de prensa a los Windsor, para consternación de su testa coronada. La primera andanada de disgustos llegó en 1992, año en que se encadenaron la separación conyugal del segundo hijo varón de la reina, el príncipe Andrés, el divorcio de su única hija, la princesa Ana, el anuncio de la separación también de su primogénito y heredero al trono, el príncipe Carlos, y, como funesto remate, el incendio del Castillo de Windsor. Isabel, en un raro paréntesis a su inveterada impasibilidad, calificó aquel 1992 como el "annus horríbilis" de la monarquía británica.

En 1996 los príncipes de Gales y los duques de York firmaron los papeles del divorcio, y solo un año después se produjo la muerte en un accidente de circulación en París de Diana, la archipopular Lady Di. Entonces, Isabel, siempre gustosa de posar con sus queridos caballos y perros, fue duramente criticada por no deshacer su hermetismo y no mostrarse compungida por la trágica desaparición de su nuera, mitificada como la princesa del pueblo; es más, vio cómo el republicanismo, sentimiento muy minoritario hasta entonces, cobraba empuje en la opinión pública y su popularidad personal, antes enorme, disminuía. En la década de los noventa, Isabel buscó congraciarse con sus súbditos renunciando a cualquier exención del pago de impuestos y abriendo el Palacio de Buckingham a las visitas turísticas, pero siguió manteniendo en secreto el volumen de sus ingresos y patrimonio privados, sin duda muy cresos. Más tarde, en 2002, Isabel perdió a su anciana madre, la reina emérita de su mismo nombre, fallecida a los 101 años, y a su única hermana, la princesa Margarita, cuatro años más joven que ella y fallecida a los 71.

A partir de 2015, los quebraderos de cabeza familiares para Isabel regresaron con fuerza por las polémicas que envolvían al príncipe Andrés, peligrosamente amistado con el millonario y traficante de menores estadounidense Jeffrey Epstein, y acusado de haber mantenido relaciones sexuales con chicas obligadas a prostituirse, amén de su supuesta implicación en negocios corruptos. A los escándalos del duque de York les siguió la aparición en 2017 de los nombres del príncipe de Gales y de la propia reina en los Paradise Papers, una vasta nómina filtrada de inversores en sociedades offshore para evadir el fisco.

Después, en enero de 2019, el príncipe Felipe, retirado de los compromisos oficiales en 2017, sufrió un aparatoso accidente de tráfico del que salió milagrosamente ileso. Y al iniciarse 2020, a renglón seguido de una desastrosa entrevista televisada en la que Andrés, obligado a retirarse de la vida pública, no consiguió esclarecer sus vínculos con Epstein, la soberana volvió a sobresaltarse por la decisión unilateral de su nieto Harry y su esposa Meghan Markle, duques de Sussex, de "dar un paso atrás" como altezas de la familia real, ser independientes económicamente y seguir adelante como ciudadanos privados. Por si fuera poco, circulaban noticias sobre unas relaciones tensas de la pareja con su hermano mayor y su cuñada, el príncipe Guillermo y Kate Middleton, duques de Cambridge.

Estos acontecimientos han llevado a algunos medios a hablar de un "segundo annus horríbilis" para la veterana monarca, quien sin embargo goza ahora mismo de unos niveles de popularidad máximos. Al igual que parece disfrutar de una salud excelente también, con un vigor físico y mental sorprendentes para una nonagenaria. Desde que en 2015 realizara, a Malta, el último de sus 266 viajes oficiales al extranjero, donde ha visitado 116 países, Isabel ha ido reduciendo discretamente sus actividades públicas y ha ido transmitiendo al príncipe Carlos, casado en 2005 con Camilla Parker Bowles y septuagenario ya, una parte de protagonismo y competencias. Regularmente, Buckingham desmiente que la reina tenga intención de abdicar, y conocedores de las intimidades de Palacio aseguran que su deseo es morir en el trono. No obstante, el escenario de la abdicación es una creencia persistente, que la actual emergencia del coronavirus ha venido a intensificar. El jubileo de platino, los 70 años de reinado, toca en 2022. En cualquier caso, la continuidad sucesoria está más que asegurada con los eslabones principescos del hijo Carlos, el nieto Guillermo y el bisnieto Jorge, alumbrado por la duquesa de Cambridge en 2013.

(Texto actualizado hasta junio 2020)

Biografía

Primogénita del rey Jorge VI de Windsor (1895-1952) y de Isabel Bowes-Lyon (1900-2002), hija del 14º conde de Strathmore y Kinghorne, en el momento de su nacimiento en 1926 sus padres, desposados tres años atrás, ostentaban la condición de duques de York y no estaban llamados a reinar algún día. Ese destino se alteró cuando en diciembre de 1936 el recién entronizado rey Eduardo VIII, sucesor de su fallecido padre Jorge V, abdicó para poder contraer matrimonio con la norteamericana divorciada Wallis Simpson, convirtiendo a su hermano menor Alberto en el nuevo monarca con el nombre de Jorge VI y a su sobrina Isabel en princesa heredera al trono.

La joven princesa, llamada familiarmente Lilibet, recibió una instrucción en historia, derecho constitucional, literatura, arte y música en el Palacio de Buckingham y en el Castillo de Windsor a cargo de preceptores privados, entre los que figuraba su abuela paterna, la reina consorte María de Teck. En 1942 recibió el nombramiento de coronel en jefe de la Guardia de Granaderos y en 1944 sustituyó a su padre en el Consejo de Estado, que supervisaba la conducción de la guerra contra Alemania, mientras aquel se hallaba de gira de inspección en el frente de Italia.

Pese a algunas demandas en tal sentido, ni Isabel ni su hermana menor, la princesa Margarita (1930-2002), fueron expatriadas como medida de seguridad por los bombardeos de la Luftwaffe durante el Blitz de 1940-1941 y después durante los ataques con los cohetes V-1 y V-2 en 1944-1945, que causaron mucha destrucción en Londres y mataron a miles de personas cuando los aliados ya estaban ganando la contienda. Previamente a su mayoría de edad en el penúltimo año de la Segunda Guerra Mundial, Isabel fue adquiriendo algunas responsabilidades públicas, como las presidencias del Hospital Infantil de Hackney y de la Sociedad Nacional para la Prevención de la Crueldad Infantil. En febrero de 1945 la princesa entró de subalterna en el Servicio de Auxilio Territorial (ATS), la sección femenina del Ejército, donde fue adiestrada como conductora y mecánica de vehículos, y en 1947 realizó en Sudáfrica su primer viaje oficial al exterior, acompañando a sus padres.

Matrimonio, ascenso al trono y descendencia
El 20 de noviembre de 1947, tras cuatro meses de noviazgo oficial, Isabel contrajo matrimonio en la Abadía de Westminster con el teniente de la Royal Navy Felipe Mountbatten, un pariente lejano, nacido en 1921 en la isla de Corfú pero criado en el Reino Unido desde la infancia.

El padre del novio era el príncipe Andrés de Grecia y Dinamarca (1882-1944), miembro destacado de la Casa de Schleswig-Holstein-Sonderburg-Glücksburg en tanto que retoño del que fuera rey griego Jorge I, y en consecuencia hermano y tío de sus sucesores en el trono heleno Constantino I, Alejandro II, Jorge II y Pablo I (el padre de la futura reina Sofía de España), cercanos parientes todos del joven, mientras que su madre era la princesa Alicia de Battenberg (1885-1969), hija del príncipe Luis Alejandro de Battenberg y prima de la reina consorte de España Victoria Eugenia de Battenberg. Hermano de Alicia y tío de Felipe era el almirante lord Louis Mountbatten, primer conde Mountbatten de Birmania, y virrey y gobernador general de la India.

Tanto Isabel como Felipe eran tataranietos de la reina Victoria y su parentesco era el de primos en tercer grado. Él, quien de hecho no hablaba el idioma de su país natal, ya había renunciado a sus derechos sobre el trono griego en 1944, cuando servía en el frente naval, y en febrero de 1947, meses antes de la boda, se había desprendido además de todos sus títulos de las realezas griega y danesa, así como convertido de la ortodoxia griega al anglicanismo. Fue entonces cuando Felipe se naturalizó plenamente británico y adoptó el apellido de su familia materna, Mountbatten, forma anglicizada del alemán Battenberg acuñada por su abuelo, el príncipe Luis, en 1917; igualmente, debido al sentimiento antigermano en la Primera Guerra Mundial, el rey Jorge V había decidido entonces que Windsor fuera el nuevo nombre de la Casa Real británica, una rama de la Casa de Sajonia-Coburgo y Gotha, reinante en las islas desde Eduardo VII por herencia patrilineal del príncipe alemán Alberto de Sajonia-Coburgo y Gotha, consorte de la reina Victoria.

Isabel y Felipe, que tomaron el título de duques de Edimburgo, con dignidad de pares del Reino, y recibieron la Orden de la Jarretera, tuvieron cuatro hijos. El 14 de noviembre de 1948 nació el príncipe Carlos (de nombre completo, Charles Philip Arthur George), duque de Cornualles y de Rothesay, conde de Chester y de Carrick, barón de Renfrew, señor de las Islas y, desde el 26 de julio de 1958, príncipe de Gales o heredero al trono, condición en la que fue investido por su madre el 1 de julio de 1969. El 29 de julio de 1981 Carlos iba a contraer matrimonio con la aristócrata inglesa Diana Spencer, hija del 8º conde de Spencer, nacida en 1961. El 21 de junio de 1982 la princesa de Gales daría a luz a su primer hijo, el príncipe Guillermo (William Arthur Philip Louis), y el 15 de septiembre de 1984 alumbraría a su segundo vástago, el príncipe Enrique (Henry Charles Albert David, llamado familiarmente Harry).

El 15 de agosto de 1950 la aún duquesa de Edimburgo tuvo con su marido a Ana (Anne Elizabeth Alice Louise), princesa real desde 1987. El 14 de noviembre 1973 la princesa Ana iba a contraer matrimonio con el entonces teniente de los Queen's Dragoon Guards Mark Phillips. La pareja daría a Isabel sus primeros nietos, Peter, nacido en 1977 (el año del Jubileo de Plata de la reina), y Zara, nacida en 1981.

Con 25 años de edad, Isabel fue proclamada reina del Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda del Norte a continuación de la muerte de su padre, el rey Jorge VI, el 6 de febrero de 1952. La luctuosa noticia les llegó a los príncipes de viaje oficial en Kenya. Año y medio después, el 2 de junio de 1953, la joven monarca fue solemnemente coronada en la Abadía de Westminster como el quinto soberano de la casa de Windsor. Tres meses atrás había fallecido su abuela paterna, la reina María. En aquellos momentos, como cabeza de la Commonwealth, Isabel era la jefa de siete estados independientes cuyo sistema de gobierno era el monárquico: además del Reino Unido, Australia, Canadá, Ceylán (actual Sri Lanka), Pakistán, Nueva Zelanda y Sudáfrica. Amén de la cabeza de un imperio nominal, llamado a desvanecerse en las siguientes décadas, formado por numerosas colonias, protectorados y territorios de ultramar en África, América, Asia y Oceanía.

En febrero de 1957 Felipe de Edimburgo recibió de su esposa la dignidad de príncipe del Reino Unido. Aunque con su matrimonio Isabel había adquirido el apellido de su esposo, Mountbatten, luego de convertirse en reina, por consejo del primer ministro Winston Churchill, recobró a efectos legales su apellido de soltera. De esta manera, la Casa Real británica no pasó a llamarse Mountbatten y siguió siendo Windsor.

El tercer hijo de Isabel y Felipe fue Andrés (Andrew Albert Christian Edward), príncipe del Reino Unido, nacido el 19 de febrero de 1960, una semana antes de anunciarse los esponsales de su tía, la princesa Margarita, con Antony Armstrong-Jones, futuros condes de Snowdon. Piloto de helicóptero de combate a bordo del portaaviones HMS Invincible durante la guerra de las Malvinas contra Argentina en 1982, el príncipe Andrés iba a contraer matrimonio con Sarah Ferguson el 23 de julio de 1986. Desde ese momento, Andrés pasó a ser duque de York, conde de Inverness y barón Killyleagh. Los duques de York tendrían dos hijas, las princesas Beatriz (Beatrice Elizabeth Mary) de York en 1988 y Eugenia (Eugenie Victoria Helena) de York en 1990. Por último, el benjamín de Isabel y Felipe, Eduardo (Edward Anthony Richard Louis), príncipe del Reino Unido, nació el 10 de marzo de 1964. El 19 de junio de 1999 Eduardo iba a contraer matrimonio con Sophie Rhys-Jones. Los en adelante condes de Wessex serían padres de dos chicas, Lady Luisa (Lady Louise Alice Elizabeth Mary) Mountbatten-Windsor, en 2003, y Jaime (James Alexander Philip Theo) Mountbatten-Windsor, en 2007.

Isabel vio cómo los matrimonios de sus tres hijos mayores naufragaban, uno detrás de otro, después de dar descendencia. En agosto de 1989 la princesa Ana y Mark Phillips anunciaron su intención de separarse y tres años después, el 23 de abril de 1992, firmaron los papeles del divorcio. El 12 de diciembre del mismo año la única hija de la reina se casó por segunda vez con el comandante de la Royal Navy, posteriormente ascendido a capitán y vicealmirante, Timothy Laurence. Apenas unas semanas antes del divorcio de Ana, el 19 de marzo de 1992, el Palacio de Buckingham comunicó que el príncipe Andrés y Sarah Ferguson habían decidido separarse. La duquesa de York conservaría el título nobiliario, pero dejaría de participar en actos públicos en nombre de la reina. Por si fuera poco, la prensa sensacionalista llevaba tiempo hablando de las dificultades insolubles que habían hecho malograr también la relación conyugal de los príncipes de Gales, los cuales ya solo guardaban las apariencias por sus obligaciones oficiales y por sus hijos.

El 20 de noviembre de 1992, en mitad de esta racha de disgustos familiares para la reina, se produjo el incendio accidental del Castillo de Windsor, una de las más emblemáticas residencias reales, el cual sufrió graves daños y cuya costosa restauración generó una considerable polémica política y social. Dos días después del siniestro, una apesadumbrada Isabel, en el banquete en su honor en el Guildhall de Londres con ocasión del cuadragésimo aniversario de su ascenso al trono, describió 1992 como un "annus horribilis" para la monarquía británica. La popularidad de la institución se estaba resintiendo fuertemente, según indicaban los sondeos.

Al poco de este impactante discurso, el 9 de diciembre de 1992, el primer ministro John Major anunció en la Cámara de los Comunes la separación "amistosa" de los príncipes de Gales. La noticia de la ruptura entre el príncipe heredero y la popular Lady Di no sorprendió a la opinión pública, en plena tromba de chismorreos sobre la prolongada infidelidad de él con Camilla Rosemary Parker Bowles, esposa del brigadier Andrew Parker Bowles, con el que había tenido dos hijos. Camilla, apellidada de soltera Shand, era una vieja amiga íntima de Carlos y su relación de amantes, al parecer, era tan antigua como conocida en Palacio. Las especulaciones y rumores sobre las crisis anímicas de Diana y sus propias aventuras extraconyugales venían siendo portada recurrente también de los tabloides y la prensa del corazón. En junio de 1994 Carlos, en una entrevista televisada, reconoció su relación extramarital con Camilla, quien como él todavía estaba casada, y el 28 de agosto de 1996 los príncipes de Gales completaron su proceso de divorcio; los duques de York ya habían dado ese paso el 30 de mayo anterior.

Casi exactamente un año después, el 31 de agosto de 1997, Diana de Gales y su compañero sentimental, el productor cinematográfico egipcio Dodi al-Fayed, hijo del magnate empresarial Mohamed al-Fayed, fallecieron en un aparatoso accidente de tráfico en París. La tragedia conmovió al mundo y elevó a la categoría de mito la figura de la querida princesa del pueblo, que solo tenía 36 años. Carlos de Gales y Camilla, conscientes de que un sector importante de la opinión pública y de la ciudadanía adicta a la monarquía no simpatizaba con su relación amorosa, demoraron su largamente deseada boda hasta el 9 de abril de 2005; para entonces, ambos estaban en la cincuentena de edad y se acercaban a los 60. En ese momento, Camilla, que ya llevaba diez años divorciada de su primer marido, pasó a ser miembro de la familia real con los títulos de duquesa de Cornualles y Rothesay, y condesa de Chester.

El primogénito de Carlos y Diana y segundo en la línea de sucesión al trono, el príncipe Guillermo, recibió, al igual que su padre y su tío Andrés, una profusa formación militar en las principales ramas de las Fuerzas Armadas Británicas (Ejército, Royal Air Force, Royal Navy y Royal Marines). En noviembre de 2010, Guillermo, siendo capitán del Ejército, teniente de navío de la Armada y teniente de vuelo de la RAF, y su novia, Catherine Elizabeth Middleton, una plebeya de clase media-alta y de su misma edad, anunciaron a los medios su compromiso nupcial. La pareja pasó por el altar de la Abadía de Westminster el 29 de abril de 2011, días antes de la histórica visita de la reina a Irlanda, y entonces adquirió la condición de duques de Cambridge, un título de Inglaterra que había permanecido extinto desde 1904. Guillermo, además, fue hecho conde de Strathearn en Escocia y barón Carrickfergus en Irlanda del Norte.

Guillermo y Catalina de Cambridge, destinados a ser un día reyes del Reino Unido y los otros 15 reinos de la Commonwealth, han dado tres bisnietos a la reina Isabel. El mayor, Jorge (George Alexander Louis), nació el 22 de julio de 2013; el príncipe Jorge de Cambridge es desde el momento de su nacimiento el tercero en la línea de sucesión al trono. Posteriormente, Catalina alumbró a la princesa Carlota (Charlotte Elizabeth Diana) de Cambridge el 2 de mayo de 2015 y al príncipe Luis (Louis Arthur Charles) de Cambridge el 23 de abril de 2018.

El hermano menor de Guillermo, Enrique, mayor del Ejército, teniente comandante de la Royal Navy y líder de escuadrón de la RAF (los mismos rangos alcanzados por el duque de Cambridge, con la salvedad de que él estuvo desplegado con las tropas de su unidad en zonas de combate en Afganistán en 2008 y de nuevo en 2012-2013, en la segunda misión como copiloto y artillero de helicópteros de ataque Apache), contrajo matrimonio con la actriz estadounidense Meghan Markle el 19 de mayo de 2018. El príncipe adquirió entonces los títulos de duque de Sussex, condición nobiliaria extensiva a su esposa, conde de Dumbarton y barón Kilkeel. El 6 de mayo de 2019 los duques de Sussex estrenaron la paternidad con el nacimiento de su hijo Archie Harrison, apellidado Mountbatten-Windsor, al igual que los demás descendientes de los hijos varones de la reina y el duque de Edimburgo a los que Palacio no ha concedido títulos de realeza. En total, hasta enero de 2020, sus cuatro hijos le habían dado a la reina ocho nietos y ocho bisnietos, la mitad con títulos reales y los demás plebeyos.

Isabel II apadrina o preside con carácter honorífico alrededor de 700 organizaciones de todo tipo. Sus funciones ceremoniales incluyen la inauguración del Parlamento tras las elecciones con la lectura del programa del partido vencedor (el llamado Discurso de la Reina), el asentimiento real a la legislación adoptada por la Cámara de los Comunes, el nombramiento formal del primer ministro, el despacho con él una vez por semana, la recepción de dignatarios extranjeros y la aprobación de las órdenes y proclamaciones del Privy Council o Consejo Privado, un órgano asesor que, como otras instituciones tradicionales vinculadas a la Corona, ha sido salvaguardado, aunque despojado de cualquier autonomía de las líneas marcadas por el Gobierno. La conocida como prerrogativa real, la iniciativa discrecional del monarca para pronunciarse sobre cuestiones de legislación, justicia, política exterior o defensa aun contra el criterio del Gobierno o el partido mayoritario del Parlamento, es un cuerpo de autoridad consuetudinaria que conserva su validez legal, si bien en la práctica este privilegio del titular del trono ya hace un siglo que no se ejercita.

La reina, además, concede las órdenes, condecoraciones y medallas del sistema de honores británico, y nombra a los caballeros. Es asimismo cabeza de la Iglesia de Inglaterra y comandante en jefe del Ejército, la Royal Navy y la RAF, además de ostentar las condiciones de coronel en jefe de todos los regimientos de la Guardia Real y del cuerpo de Ingenieros Reales, y de capitán general del Regimiento de Artillería Real.

(Cobertura informativa hasta 1/1/2020)

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