Donald Tusk

© Unión Europea (2017)

© Unión Europea (2017)

Actualización: 27 octubre 2017

Polonia

Presidente del Consejo Europeo (2014-); primer ministro (2007-2014)

  • Donald Franciszek Tusk
  • Mandato: 1 diciembre 2014 - En ejercicio
  • Nacimiento: Gdansk, voivodato de Pomorze (Pomerania), 22 abril 1957
  • Partido político: Plataforma Cívica (PO)
  • Profesión: Historiador y publicista
Descarga

Presentación

Tras siete años como primer ministro de Polonia, el liberal Donald Tusk fue elegido en agosto de 2014 por sus pares de la UE presidente del Consejo Europeo, puesto que asume el 1 de diciembre en sustitución del belga Herman Van Rompuy. Con esta designación, Tusk, poseedor del prestigioso Premio Carlomagno, ve coronada su trayectoria de europeísta constructivo cimentada a la par de una de las gestiones gubernamentales mejor valoradas de Europa. Este dirigente con ideas moderadas de centro-derecha y estilo tranquilo y razonable pero asertivo toma las riendas del cargo institucional creado por el Tratado de Lisboa en 2009 cuando más falta hace subrayar el liderazgo político, de cara a los ciudadanos y ante el mundo, de una Unión Europea en horas bajas. Además de la interminable anemia económica, rayana en una tercera recesión, la UE es sensible a peligrosas turbulencias periféricas como la crisis Kíev-Moscú derivada del separatismo armado de los rebeldes rusófonos del este de Ucrania, todo un conflicto bélico a sus puertas, y la amenaza que entraña, desde Oriente Próximo, el sanguinario Estado Islámico.

Como presidente del Consejo Europeo, Tusk tiene la responsabilidad de dar continuidad y cohesión a los trabajos y conclusiones de las cumbres periódicas de jefes de Estado y de Gobierno, decisorias de la dirección global de la Unión, y representa a la UE en las áreas de política exterior y seguridad común, labor esta que comparte con la jefa de la diplomacia, la italiana Federica Mogherini, nueva Alta Representante para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad. Su principal tarea, ha dicho Tusk, del que se destacan como puntos flacos su pobre conocimiento del idioma inglés y su nulo francés (a cambio, domina el alemán), va a ser "construir compromisos".

Donald Tusk, que ha dejado la dirección política doméstica en manos de Ewa Kopacz, lugarteniente de confianza, militó en el sindicato Solidaridad y animó dos agrupaciones liberales antes de fundar en 2001 la Plataforma Cívica (PO), empresa partidista que consiguió aglutinar a casi todo el centro-derecha polaco. Tras encabezar la oposición parlamentaria durante dos legislaturas, primero a los socialdemócratas y luego a la derecha radical de los hermanos Kaczynski, la PO se hizo con la victoria en los comicios de 2007 y Tusk formó un Gobierno de mayoría en coalición con el Partido Campesino. Cuatro años después, los cívicos hicieron historia al imponerse de nuevo en las urnas, lo que convirtió a Tusk en el más duradero primer ministro en 25 años de democracia polaca.


En su primer mandato, pródigo en éxitos, Tusk cumplió su promesa de devolver a Polonia al corazón de la integración europea, sacándola de la periferia a la que la había arrastrado el tradicionalismo reaccionario y casi euroescéptico de los gemelos Kaczynski, propensos a las estridencias nacionalistas, recobrando con ello la credibilidad y la influencia del país más grande de los ingresados en la UE desde 2004. Consiguió que Lech Kaczynski, el presidente de la República, con quien había contendido sin éxito en las elecciones de 2005, ratificara el Tratado de Lisboa antes de perecer en la catástrofe aérea de Smolenks en 2010. Este trágico accidente, en concreto las interpretaciones que del mismo hizo el Kremlin, puso a prueba el deshielo iniciado con la Rusia de Putin, que fue simultáneo a la superación de resquemores con la Alemania de Merkel.

Además de procurar cancelar polémicas estériles, Tusk, atlantista sin reservas, aceptó la configuración revisada del escudo antimisiles de Estados Unidos, pese a que renunciaba a instalar en Polonia el componente de intercepción, y dejó atónitos a los socios europeos con la fortaleza excepcional de la economía polaca, única de la UE que capeó, y sin problemas, las dos recesiones registradas entre 2008 y 2013. El gobernante hizo un uso eficaz de los fondos comunitarios, destinándolos a modernizar las infraestructuras de transportes con la consiguiente creación de empleo, y con sus reformas estructurales, más bien cautelosas, y su compromiso con la consolidación fiscal se ganó el favoritismo del FMI y la confianza de los mercados. Sin embargo, el llamado "milagro polaco" no llegó al punto de hacer realidad el plan de Tusk de meter a Polonia en la Eurozona en 2012: la suma de la tormenta de las deudas soberanas del euro, el incumplimiento de los criterios de convergencia y las dudas de la opinión pública frustró las expectativas de jubilar el zloty a corto o medio plazo.

En su segundo mandato, Tusk hubo de afrontar una serie de controversias y escándalos ministeriales, que ensombrecieron su legado de estabilidad política, y las manifestaciones de descontento social por las medidas de austeridad y ajuste, con regusto de ortodoxia germana, para podar el déficit y la deuda públicos, tarea muy complicada en plena deceleración del crecimiento económico. Irónicamente, quien fuera paladín de un inviable flat tax del 15% para el impuesto sobre la renta, el impuesto de sociedades y el IVA tendió a subir la presión fiscal más que a reducirla. Desde principios de 2014 fue inexorable el deterioro de las relaciones con Rusia por sus agresiones a la vecina Ucrania (injerencia militar en apoyo de los separatistas del Dónbás, despojo territorial de Crimea). Esta situación elevó el tono de firmeza de Tusk, nunca identificado con la retórica antirrusa, y de su incisivo ministro de Exteriores, Radoslaw Sikorski, y empujó a Varsovia, súbitamente insegura en su condición de frontera oriental de la OTAN, a aceptar de buena gana el despliegue en territorio polaco, como medida "disuasoria", de la nueva unidad de reacción muy rápida o "punta de lanza", la cual fue aprobada por la Alanza Atlántica en su cumbre de Gales en septiembre.

(Texto actualizado hasta diciembre 2014)

Biografía

1. Un estudiante de historia activo en el sindicato Solidaridad
2. Artífice de dos partidos liberales en la primera década de la democracia polaca
3. El proyecto centroderechista de la Plataforma Cívica: segunda fuerza del Sejm y la candidatura presidencial de Tusk en 2005
4. Triunfo electoral en 2007 sobre el oficialismo de los hermanos Kaczynski
5. El primer Gobierno Tusk (2007-2011): regreso al núcleo de la UE, deshielo con Rusia, aceptación del escudo antimisiles y sorteo de la Gran Recesión
6. El segundo Gobierno Tusk (2011-2014): escándalos en el poder, descontento social y reacción defensiva frente a Moscú


1. Un estudiante de historia activo en el sindicato Solidaridad

Los padres de Donald Tusk, carpintero él y enfermera ella, al igual que millones de polacos supervivientes de la Segunda Guerra Mundial, sufrieron el yugo alemán entre deportaciones forzosas y campos de trabajo. Tío del muchacho era el famoso escultor y ceramista Bronislaw Buni Tusk (1935-2000). Su abuelo paterno, Józef Tusk, ferroviario de profesión, estuvo movilizado como soldado en la Wehrmacht en los últimos días de la guerra antes de desertar al frente occidental, donde se unió a las Fuerzas Armadas Polacas que combatían junto con los aliados. Este último dato fue revelado por los adversarios políticos de Tusk en la campaña de las elecciones presidenciales de 2005, y los divulgadores subrayaron entonces el supuesto matiz de un alistamiento voluntario de Józef Tusk en las tropas de la potencia ocupante al que indagaciones posteriores restaron toda credibilidad; en realidad, el abuelo del político se encontraba en un campo de prisioneros cuando le obligaron a ponerse el uniforme de soldado del Ejército alemán.

Hasta la invasión por Hitler en 1939, los Tusk fueron ciudadanos de la Ciudad Libre de Danzig, donde la población era mayoritariamente alemana y pronazi, aunque ellos pertenecían a la minoría eslava local de los casubios, muchos de los cuales fueron enviados al cercano campo de concentración de Stutthof o ejecutados en el bosque de Piasnica. La anexión al Tercer Reich de un territorio, dominando la salida al Báltico de la antigua provincia imperial de Prusia Occidental y la región histórica de Pomerania oriental o Pomerelia, que los ocupantes consideraban culturalmente alemana, conllevó una limpieza étnica de la que los padres del muchacho consiguieron salir con vida.

En la rebautizada ciudad de Gdansk de la República Popular de Polonia recibió Tusk, nacido aquí en 1957, toda su formación académica. Cursó la educación secundaria en el liceo Mikolaj Kopernik y tras completar el bachillerato en 1976 emprendió estudios de Historia en la Universidad local. La materia que más le gustaba era la Arqueología. En la urbe portuaria el futuro primer ministro se empapó del conflictivo ambiente que atizaban las reivindicaciones estudiantiles y obreras por un lado, y la represión del Gobierno comunista de obediencia soviética por el otro. Tusk explica que su atracción por el activismo político le surgió a los 13 años cuando las protestas antigubernamentales de diciembre de 1970 en las ciudades bálticas; en Gdansk, el muchacho fue testigo de cómo el Ejército abría fuego contra los trabajadores de los astilleros en huelga.

Relacionado con el Comité de Solidaridad de los Estudiantes (SKS), organización que en 1977 rompió el monopolio que ejercían las juventudes del Partido Obrero Unificado Polaco (PZPR), al comenzar la década de los ochenta Tusk tomó parte en la fundación de la Unión Independiente de Estudiantes (NZS) y cooperó con la Unión de Sindicatos de la Región Costera (WZZW), para la que organizó grupos de estudio y publicó prensa clandestina. En 1980, como tantos jóvenes trabajadores, estudiantes, economistas e intelectuales que en el futuro iban a desempeñar cargos de responsabilidad política en la Polonia democrática, Tusk se unió al movimiento sindical de Solidaridad, cuyo líder más carismático era Lech Walesa, y participó en las luchas reivindicativas de los obreros de las fábricas y los astilleros, lo que no le impidió terminar sus estudios en la Facultad de Historia con una tesina sobre el mariscal Jozef Pilsudski, fundador y primer presidente de la II República Polaca tras la Primera Guerra Mundial.

Durante unos meses, el joven hizo de enlace de Solidaridad en la Wydawnictwo Morskie (Casa de Publicaciones Marítimas), una reputada editorial de Gdansk, y ejerció el periodismo y la publicidad en el semanario que el sindicato imprimía en la ciudad, Samorzadnosc. Pero en diciembre de 1981, la declaración de la ley marcial y la prohibición de Solidaridad por el general Wojciech Jaruzelski, primer ministro y primer secretario del PZPR con poderes reforzados al frente de una junta militar, pusieron término a estas actividades. Expulsado al paro por su militancia política, el historiador de formación hubo de ganarse la vida como obrero de la construcción antes de fundar con otros socios una cooperativa –una de las pocas formas de empresa privada toleradas por aquel entonces- en el ramo de la pintura. Durante siete años, Tusk se dedicó a pintar chimeneas, puentes e instalaciones industriales para los clientes que le contrataban, una experiencia que le convenció de las virtudes de la economía de libre mercado y la iniciativa privada.


2. Artífice de dos partidos liberales en la primera década de la democracia polaca

1989 marcó el comienzo de una nueva era política en la historia de Polonia con la legalización pactada de Solidaridad y la celebración de unas elecciones semidemocráticas que llevaron a los representantes del sindicato al Gobierno, con el católico progresista Tadeusz Mazowiecki a su frente, poniendo término a la dictadura del partido único comunista. El vasto campo de Solidaridad comenzó a disgregarse en una pléyade de agrupaciones y protopartidos que iban desde la socialdemocracia reformista y proeuropea hasta la derecha conservadora, clerical y proteccionista. Tusk se zambulló en la efervescencia política del momento y tiró por un camino intermedio, el centroderecha liberal, que sin embargo tenía más puntos en común con la plataforma progresista y reformista de Mazowiecki.

La experiencia del KLD (1990-1994)
Así, en compañía de los economistas Jan Krzysztof Bielecki, Janusz Lewandowski y Jacek Merkel, Tusk organizó el Congreso Liberal Democrático (Kongres Liberalno-Demokratyczny, KLD). Los cuatro creadores del KLD compartían formación universitaria en Gdansk y familiaridad con el emergente sector privado, al que estaban vinculados profesionalmente como empresarios o consultores; Bielecki, además, había ejercido también de cooperativista durante la férula de Jaruzelski y ahora ganó el acta de diputado en el Sejm o Cámara baja de la Asamblea Nacional. Constituido formalmente en partido el 30 de junio de 1990 y con Tusk al frente de su Consejo Ejecutivo, el KLD esgrimía un "liberalismo pragmático" que en realidad se inspiraba en las reformas liberales radicales emprendidas años atrás por Margaret Thatcher en el Reino Unido y por Ronald Reagan en Estados Unidos. El programa partidario defendía una resuelta transición a la economía de mercado mediante la privatización general del sector público e incorporaba los principios del rigor presupuestario, la liberalización de los precios, la descentralización del Gobierno y la Administración, y la inserción de Polonia en las estructuras euro-atlánticas, en particular en la Comunidad Económica Europea.

Tusk y sus compañeros no pudieron menos que respaldar la puesta en marcha por el Gobierno Mazowiecki, en enero de 1990, del polémico Plan Balcerowicz, un paquete de medidas de choque diseñado por el viceprimer ministro y ministro de Finanzas Leszek Balcerowicz y que perseguía yugular la hiperinflación, sanear las cuentas públicas, desestatalizar y desregular la economía, convertir el zloty y, en definitiva, meter a Polonia en el capitalismo de mercado por la vía rápida. El apoyo dado por el KLD a la candidatura presidencial de Walesa en las elecciones de noviembre de 1990 fue premiado por el antiguo líder sindical, luego de alcanzar en diciembre la jefatura del Estado, con el nombramiento de Bielecki para el puesto de primer ministro. En enero de 1991 Bielecki formó un gobierno de coalición que integró como socios a la Unión Democrática (UD) de Mazowiecki, el Acuerdo de Centro (PC) de los hermanos gemelos Jaroslaw y Lech Kaczynski, la Unión Nacional Cristiana (ZChN) de Wieslaw Chrzanowski y el pequeño Partido Social Demócrata (SD) de Jan Janowski.

Además de Bielecki, el KLD colocó a tres ministros en el nuevo Gobierno –incluido Lewandowski, que tomó la sensible cartera de Transformación de la Propiedad, es decir, las privatizaciones-, pero entre ellos no figuró Tusk, quien prefirió reservarse para la dirección orgánica del partido y el encabezamiento de la lista liberal en las próximas elecciones legislativas, que esta vez serían enteramente competitivas, sin escaños reservados. Celebrados el 27 de octubre de 1991 en un contexto partidista en extremo fragmentado, los comicios depararon al KLD un discreto séptimo lugar con el 7,4% de los votos, cuota que, en virtud del sistema electoral proporcional entonces vigente, le dio derecho a 37 diputados, Tusk entre ellos. Los liberales, y en menor medida los demócratas de Mazowiecki y Bronislaw Geremek, fueron penalizados por el electorado por su insistencia en priorizar el ajuste estructural y la lucha contra la inflación sobre la creación de empleo y el gasto social.

La incapacidad de los partidos del Gabinete saliente para renovar la coalición dio lugar en diciembre siguiente a un Gobierno de minoría encabezado por el centrista Jan Olszewski. Desde la oposición, Tusk se dedicó a fustigar a Olszewski por su abandono de la ortodoxia monetaria, ya que proponía imprimir dinero fresco para estimular el crecimiento económico, y por su campaña demagógica de desenmascaramiento de supuestos confidentes de la policía política de la dictadura. A principios de junio de 1992 el KLD se unió a otros partidos opositores para, haciéndole el juego al presidente Walesa, que quería defenestrar a Olszewski por haberse atrevido su ministro de Justicia a acusarle de ser un antiguo chivato de los comunistas, presentar una moción de censura en el Sejm que precipitó la dimisión del gobernante.

En julio de 1992 Tusk pactó el regreso de su partido al Ejecutivo en asociación con la UD, la ZChN, la Alianza Campesina (PL), el Partido Cristiano Demócrata (PChD), el Partido Cristiano Campesino (SLCh) y el Programa Democrático Polaco (PPG), bajo la jefatura de Hanna Suchocka, de la UD. Los liberales obtuvieron cuatro ministros, entre ellos Bielecki y Lewandowski. KLD, UD y PPG, únicos partidos que propugnaban abiertamente el reformismo liberal en economía, formaban la llamada "pequeña coalición", cuya capacidad de consenso con las otras cuatro formaciones del Gobierno, representativas de la derecha católica y rural, se reveló sumamente escasa.

El Gobierno Suchocka, minado por las disputas ideológicas, se sostuvo precariamente hasta las elecciones generales del 19 de septiembre de 1993. Entonces, la coincidencia de un sistema electoral que reducía la proporcionalidad y el enfado del electorado con los partidos herederos de Solidaridad debido a sus políticas económicas liberales y sus constantes peleas se tradujo en una ruda sanción para el KLD, que se quedó a 1,1 puntos del umbral del 5% de los votos y por lo tanto no obtuvo representación parlamentaria. De hecho, la formación de Tusk quedó en una remota décima posición. Los comicios de 1993 fueron ganados por la oposición de centroizquierda que conformaban la Alianza de la Izquierda Democrática (SLD, ex comunistas reconvertidos en socialdemócratas) y el Partido Campesino Polaco (PSL), los cuales formaron Gobierno a finales de octubre con la adición de la Unión del Trabajo (UP).

La experiencia de la UW (1994-2001)
La lección que Tusk, por un lado, y los demócratas –los cuales habían preservado su condición de partido parlamentario con 74 diputados-, por el otro, extrajeron de las votaciones de 1993 fue que debían sumar sus menguadas fuerzas para garantizar la presencia de la opción liberal reformista y proeuropea entre el bloque socialdemócrata-campesino ahora dominante y los sectores de la derecha con diferentes acentos nacionalistas, religiosos y sociales que ahora mismo estaban fuera del Parlamento y completamente dispersos, pero que se aprestaban a reorganizarse. Meses de negociaciones para una fusión orgánica culminaron con la celebración el 23 y el 24 de abril de 1994 del congreso fundacional de la Unión de la Libertad (Unia Wolnosci, UW), que aunaba el liberalismo clásico del KLD y los enfoques social liberales de la UD. A la elección por el millar de delegados constituyentes del presidente del nuevo partido se presentaron los jefes de las dos formaciones fundadoras, Tusk y Mazowiecki.

El ex primer ministro se llevó el puesto cimero por la mínima, pero a cambio Tusk fue nombrado vicepresidente de la UW. Para el cargo de secretario general fue escogido Bronislaw Komorowski, quien ya venía desempeñando esa función en la UD. La UW inició su andadura en 1994 con el fichaje de una personalidad del prestigio de Balcerowicz, enriqueciendo una plana mayor donde destacaban otros políticos de talla como Geremek y Jacek Kuron, dos historiadores y antiguos animadores de la intelligentsia fundadora de Solidaridad. Posteriormente iba a sumárseles Zbigniew Bujak, otro de los grandes nombres de Solidaridad, que abandonó la UP y aportó a la UW sus credenciales socialdemócratas. Hasta el final de la legislatura, la UW, presidida por Balcerowicz desde abril de 1995, planteó una oposición enérgica a los gobiernos de la SLD y el PSL, a los que reprochaba el exceso de gasto público, y alardeó de tener el único programa económico solvente, capaz de conciliar crecimiento económico y cuentas saneadas.

En las elecciones generales del 21 de septiembre de 1997 la UW vio frustradas sus expectativas de crecimiento ante la briosa irrupción de la Acción Electoral de Solidaridad (AWS), conglomerado de más de 30 partidos del centro y la derecha procedentes del semillero de Solidaridad, que tenía como líder al también mandamás del ala sindical, Marian Krzaklewski. Mientras que la AWS ganó las elecciones con una mayoría simple de 201 diputados, los liberales debieron conformarse con el 13,3% de los votos, 60 diputados y ocho senadores, entre ellos Tusk, que regresó al Parlamento como miembro de su Cámara alta. Cuando el hemiciclo se constituyó el 21 de octubre, el anterior pintor de brocha gorda y publicista fue elegido vicemariscal, o vicepresidente, del mismo.

Tusk y Balcerowicz dirigían una fuerza política con vocación de partido bisagra, así que aceptaron formar con la AWS un Gobierno de coalición sustentando en el bagaje común de las raíces históricas del sindicato Solidaridad y la vieja lucha contra el poder comunista. Entonces, se creyó que las marcadas diferencias ideológicas entre los de Tusk y los de Krzaklewski eran salvables. Como resultado, el 31 de octubre de 1997, los liberales volvieron a sentarse en el Ejecutivo, a cuyo frente se puso un hombre de la AWS, Jerzy Buzek. La pretensión inicial de la UW, a todas luces osada a la luz de los resultados electorales, de confiar a Balcerowicz la jefatura del Gobierno no fue aceptada por la AWS, pero a cambio los liberales recibieron cuatro ministerios de peso vinculados a la doble apuesta de ingresar en la Unión Europea y la OTAN: los de Finanzas, Exteriores, Justicia y Defensa, que fueron respectivamente para el propio Balcerowicz –también viceprimer ministro-, Geremek, Suchocka y Janusz Onyszkiewicz.


3. El proyecto centroderechista de la Plataforma Cívica: segunda fuerza del Sejm y la candidatura presidencial de Tusk en 2005

La experiencia de la alianza con la AWS resultó profundamente decepcionante para Tusk, que consideraba insuficientes las reformas estructurales (liberalización del sobreprotegido sector agrícola, reconversión de los astilleros y la minería), socialmente dolorosas y lanzadas por Buzek en aras de la homologación con las normas comunitarias, si no iban acompañadas de una decidida lucha contra el déficit presupuestario, del levantamiento generalizado de los subsidios y de la aplicación de un tipo fiscal único sobre las rentas.

Al senador le desagradaba también la constante injerencia de Krzaklewski y otros políticos derechistas de la AWS a la hora de fijar las políticas del Gobierno, al que por ejemplo presionaban para que priorizara las desnacionalizaciones (es decir, la restitución de propiedades expropiadas a sus titulares originales, medida que tenía un regusto de revanchismo anticomunista) frente a las privatizaciones con venta al mejor postor. Las desavenencias se hicieron insuperables y el 6 de junio de 2000 la UW dio portazo al Gobierno, dejando a la AWS en franca minoría. Tusk estaba frustrado con el, a su entender, poco nervio del reformismo liberal de Buzek, pero también lo estaba con su limitada influencia personal en la ejecutiva de la UW. Sus ambiciones políticas trascendieron públicamente a últimos de 2000 con motivo de la baja en la presidencia del partido por Balcerowicz, quien se marchaba para asumir el cargo de gobernador del Banco Nacional de Polonia. El vicepresidente del Senado lanzó su candidatura a la sucesión, pero en el congreso celebrado el 16 de diciembre, con 261 votos, fue derrotado por el veterano Geremek, quien mereció el apoyo de 338 delegados.

Tusk encajó mal esta derrota, pero no únicamente porque echara por tierra sus ambiciones de liderazgo, pues creía que con Geremek al timón la UW giraría hacia el centroizquierda y podría incluso coaligarse con los socialdemócratas después de las elecciones legislativas. Los contrastes doctrinales, nunca superados del todo, entre el liberalismo clásico aportado por los antiguos miembros del KLD, quienes estaban instruidos en las teorías económicas de Friedrich von Hayek y Milton Friedman, y las preocupaciones sociales de ex dirigentes de la UD que, como el propio Geremek, habían sido miembros del PZPR, afloraron con fuerza inesperada. Además, ahora mismo, los sondeos de intención de voto no concedían más que el 10% de los sufragios a la UW, al que marcharse del Gobierno con antelación no iba a ahorrarle su parte del castigo que el electorado tenía reservado para todo el arco del centro-derecha.

Puesta en marcha de la PO
Por todo ello, el 11 de enero de 2001, Tusk, secundado por el independiente Andrzej Olechowski, ex ministro de Exteriores con la SLD, hombre del círculo de Walesa y segundo en las elecciones presidenciales de octubre de 2000 que habían otorgado la reelección al socialdemócrata Aleksander Kwasniewski, y por su amigo Maciej Plazynski, presidente del Sejm y desertor de la AWS, anunció el lanzamiento de una "iniciativa política" capaz de formar una "amplia plataforma de centro" que podría dar pie tanto a una agrupación electoral como a un partido político permanente. El manifiesto de los Tres Tenores, como empezó a llamarles la prensa polaca, arrancó las adhesiones inmediatas de otros altos cuadros de la UW, sin faltar los viejos compañeros de Tusk en la fundación del KLD, Bielecki, Lewandowski y Merkel, así como el alcalde de Varsovia, Pawel Piskorski. También cambiaron de bando Jan Maria Rokita, antiguo miembro de la UW y que hasta ahora presidía el Partido Popular Conservador (SKL), uno de los integrantes de la AWS, y su conmilitón Bronislaw Komorowski, ministro de Defensa en el Gobierno de Buzek tras marcharse de la UW.

En las semanas siguientes, cientos de cargos públicos y cuadros medios de la UW y la AWS engrosaron las filas del proyecto Tusk-Olechowski-Plazynski, unas deserciones masivas que llegaron a amenazar la supervivencia del primer partido y que aceleraron la desbandada general ya en curso en el segundo. La convención fundacional de la Plataforma Cívica (Platforma Obywatelska, PO), que así se llamó la iniciativa política de Tusk, tuvo lugar el 24 de enero de 2001 en la emblemática Gdansk. En una atmósfera de exultación, el liderazgo colectivo fue formalmente instituido como triunvirato y se dio aprobación al manifiesto doctrinal, que era nítidamente liberal, conservador en materia fiscal y partidario de suprimir todas las "leyes estúpidas", en expresión de Olechowski, que estorbaban a la libre empresa. En particular, la PO proponía introducir un tipo de impuesto directo de tipo único (flat tax) del 15%, exonerar de la declaración fiscal a las rentas más bajas y desmantelar el proteccionismo agrícola, sin olvidar las metas de un crecimiento económico robusto, la creación de empleo y el desmoche de la frondosa corrupción. Los dirigentes cívicos descartaron cualquier colaboración con la AWS antes de las elecciones y únicamente se mostraron abiertos a pactar con la UW y el SKL.

A la zaga de los socialdemócratas en los comicios de 2001
Tusk y sus compañeros afrontaron las legislativas del 23 de septiembre de 2001 con un razonable optimismo; confiaban en sacar hasta un 20% de los votos y en frustrar el auge de los socialdemócratas, que intentarían regresar al Gobierno sin tener que coaligarse con los campesinos. Se decidió que el aspirante a primer ministro de la PO fuera Plazynski. Sin duda, la crisis terminal que vivía la AWS del primer ministro Buzek, reducida a una federación de tres partidos, iba a liberar un cuantioso botín de votos centristas y moderados que tenía a la PO por lógica destinataria, pero por la derecha surgió un duro competidor: el nuevo partido formado por los hermanos Kaczynski luego de romper con la AWS, Ley y Justicia (PiS), que presentaba un discurso polemista, a ratos demagógico y radical. El PiS alzó las banderas del Estado fuerte y protector, el esclarecimiento del colaboracionismo con la dictadura comunista y la defensa de los valores tradicionales de familia, moralidad católica, patria y orden.

Tusk recuperó el escaño en el Sejm, representando a la circunscripción de Gdynia-Slupsk, en unas elecciones que convirtieron a su formación primeriza en la segunda fuerza del país. Sin embargo, el 12,7% de los votos y los 65 diputados ganados por la PO no satisficieron las expectativas de su presidencia colectiva. Y es que del colapso cantado de la AWS sacaron réditos también el igualmente debutante PiS y otras dos formaciones situadas aún más a la derecha y decididamente antieuropeas: la sección partidista del sindicato agrario Autodefensa de la República Polaca (Samoobrona), liderado por el carismático Andrzej Lepper y exponente de un conservadurismo rural anarquizante, populista y con asomos xenófobos –un cóctel ideológico que igual admitía la etiqueta de izquierdista-, y la muy reaccionaria Liga de las Familias Polacas (LPR) de Marek Kotlinowski, de corte ultranacionalista y clerical. En cuanto a la UW, solo sacó el 3,1% de los votos y como la AWS quedó excluida del Sejm. El partido del que Tusk había sido cofundador se sumió en una profunda crisis de identidad cuya primera víctima fue Geremek, quien presentó su dimisión irrevocable.

Los cívicos descartaron participar en el nuevo Gobierno que los ganadores de las elecciones sin mayoría absoluta, la SLD y su adlátere habitual, la UP, se propusieron formar con o sin socios –finalmente recurrieron al PSL, pese a las malas experiencias comunes- y con el presidente socialdemócrata Leszek Miller de primer ministro, aunque no la prestación de apoyo parlamentario a determinados proyectos de ley sobre cuestiones críticas como los presupuestos generales o las reformas necesarias para el ingreso de Polonia en la UE, si bien se reservaban la libertad de hacerlo caso por caso, sin el compromiso que conllevaba un pacto de legislatura.

El 19 de octubre de 2001 Tusk fue investido como uno de los cuatro vicemariscales del Sejm y semanas después encajó la negativa del grupo de diputados del SKL, que habían sido elegidos en las listas de la PO, a materializar la fusión parlamentaria de las dos agrupaciones, lo que sustrajo siete escaños al grupo cívico. Al principio de la cuarta legislatura de la III República Polaca, Tusk forjó su reputación de político razonable y dialogante en la relación dialéctica, habitualmente áspera, de Gobierno y oposición. En noviembre de 2002, a diferencia de los dirigentes del PiS (y del PSL, pese a sentarse en el Ejecutivo, aunque por poco tiempo), Tusk accedió a firmar con Miller un pacto de colaboración parlamentaria para ayudar al Ejecutivo en todas las tareas relacionadas con la integración de Polonia en la UE.

A continuación, la PO realizó la más vehemente campaña de todos los partidos polacos a favor del en el referéndum nacional del 8 de junio de 2003 sobre el Tratado de Adhesión, firmado en Atenas el 17 de abril, y cuyo resultado afirmativo allanó el camino a la culminación de la histórica aspiración polaca el 1 de mayo de 2004. Por otro lado, Tusk entabló un duro enfrentamiento parlamentario con el agrario Lepper, quien era otro de los vicepresidentes del Sejm, cuyos procedimientos de agitador y su radical euroescepticismo le parecían propios de un "bárbaro de la política". En realidad, Tusk temía el crecimiento electoral del Samoobrona que anunciaban las encuestas.

La conversión de Tusk en uno de los más conspicuos dirigentes políticos del país tuvo su reflejo dentro del partido, donde la fórmula del liderazgo compartido, útil en la fase fundacional, se tornó insostenible desde el momento en que se planteó la posibilidad de conquistar el Gobierno a través de las urnas. Plazynski, que ejercía como único presidente orgánico desde el 5 de marzo de 2002, fecha del registro de la PO como un partido político propiamente dicho, renunció el 9 de abril de 2003 tanto a dicha presidencia como a la jefatura del grupo parlamentario, tras lo cual anunció su baja en la agrupación. El aparato del partido designó inmediatamente a Tusk para la segunda función, que según los estatutos era inseparable de la primera. En consecuencia, el 1 de junio siguiente un congreso celebrado en Varsovia elegía a Tusk presidente ejecutivo y líder indiscutible de la PO.

A partir de entonces, y ya con la mirada puesta en la doble cita electoral, legislativa y presidencial, del otoño de 2005, Tusk elevó el tono de sus exigencias a Miller, quien se encontraba enfrascado batallando en Bruselas para asegurar las cuotas de poder institucional que el Tratado de Niza concedía a Polonia pero que el borrador del Tratado de la Constitución Europea rebajaba sustancialmente, a cambio de su respaldo parlamentario. Los cívicos llegaron a reclamar a Miller que dimitiera si no era capaz de poner orden en sus propias filas, donde un sector izquierdista se declaró en rebeldía contra el retroceso de la inversión social del Gobierno y donde la corrupción, según revelaba el reguero de escándalos, campaba por sus respetos. Tusk conminó también al primer ministro a que sometiera al Parlamento un riguroso paquete de austeridad financiera que combinara los recortes en las pensiones, las jubilaciones anticipadas y las ayudas al campo con una bajada de los impuestos, invirtiendo un esfuerzo supremo para podar el abultado déficit público y hacer viable la futura adopción del euro.

Doble fracaso frente al PiS y Lech Kaczynski en las votaciones de 2005
En las elecciones al Parlamento Europeo del 13 de junio de 2004, celebradas poco después de arrojar la toalla Miller y de traspasar la jefatura del Gobierno a Marek Belka, la PO saboreó un éxito resonante al convertirse en el primer partido del país con el 24,1% de los votos y 15 eurodiputados, aventajando en nueve puntos a su competidor más adelantado, la LPR, y más que duplicando las cuotas obtenidas por el PiS, el Samoobrona y la SLD, esta hundida al 9,3%. Tamaña victoria desató la euforia en la PO, que vio el Gobierno y la Presidencia de la República al alcance de la mano. Tusk presentó su candidatura presidencial confiado en su imagen atractiva de político pragmático y honesto, con un discurso moderno y libre de miradas rencorosas al pasado, que gustaba mucho a las clases medias urbanas.

Sus posibilidades de convertirse en jefe del Estado se vieron reforzadas al recibir el respaldo del ex presidente Walesa, y de hecho una serie de encuestas le situaban como favorito. Sin embargo, desde marzo de 2005 esta primacía fue seriamente disputada por el alcalde de Varsovia, Lech Kaczynski, quien supo canalizar a su favor la proliferación de sentimientos euroescépticos y en general el corrimiento de la mayoría del electorado hacia posiciones derechistas y tradicionalistas. Las elecciones presidenciales se le complicaron a Tusk con las subidas también en las encuestas del candidato de la SLD, Wlodzimierz Cimoszewicz, antiguo primer ministro y actualmente presidente del Sejm, y del cardiólogo Zbigniew Religa, presidente honorario del Partido de Centro (PC).

Para contrarrestar estas dificultades, Tusk, con abundantes dosis de oportunismo y llevando cierta incoherencia a su programa, hasta entonces bastante homogéneo, derechizó el discurso, que adquirió semejanzas con el manifiesto nacionalista del PiS. Así, el opositor puso límites a su europeísmo con el rechazo a la ratificación por Polonia del Tratado Constitucional Europeo, entre otras razones porque el texto recortaba poder decisorio del país en el Consejo de la UE y porque no hacía referencia a los fundamentos cristianos de Europa. Además, apeló a la creación de "una nueva Polonia con cimientos reforzados y raíces preservadas".

Otras de sus proclamas electorales se enmarcaban en el conocido repertorio de la PO: reducción "radical" del peso del Estado en la economía; unificación de las cargas tributarias sobre las rentas (donde el tipo máximo era del 40%), las actividades empresariales (impuesto de sociedades del 19%) y el consumo (IVA del 22%) en el tipo de retención reducido del 15%, el llamado "impuesto del 3x15"; supresión de los "privilegios del poder" que conllevaba el ejercicio de la alta política; y rechazo total del "fundamentalismo" político y religioso del que hacían gala el Samoobrona y la LPR, lo que no obstaba al "desacuerdo" de los cívicos con la liberalización de la legislación sobre el aborto, la eutanasia y el matrimonio homosexual. Precisamente, Tusk decidió que era un buen momento para volver a casarse con la que era su esposa desde 1987, Malgorzata, madre de sus dos hijos, Michal y Katarzyna, pero esta vez por la Iglesia, como gesto de aproximación a la fe que profesaban más del 90% de sus paisanos.

El candidato presidencial se esforzó en explicar que su rechazo al proceso constituyente europeo era más de forma –un texto que no le convencía- que de fondo, y que no tenía nada que ver con el expuesto por el PiS, el cual traslucía un euroescepticismo congénito. Él, puntualizó, era un entusiasta de la transición monetaria al euro en el más corto plazo posible. El líder de la PO sistematizó su credo político y sus propuestas de gobierno en el libro Solidarnosc i duma (Solidaridad y orgullo), que fue lanzado al mercado en el mes de junio y que se sumó a tres ensayos publicados anteriormente, Dawny Sopot (1998), Gdansk 1945 y Byl sobie Gdansk (2003). Las retiradas de la contienda presidencial de Religa, quien llamó a votar por el candidato de la PO, y Cimoszewicz, que representaba a un votante progresista y laico susceptible de decantarse por la opción liberal solo para frenar el avance de la derecha tradicionalista, no fueron sin embargo suficientes para relanzar decisivamente la aspiración de Tusk, quien perdió ante los Kaczynski en los dos envites electorales.

Primero, el 25 de septiembre, contradiciendo las últimas encuestas, la PO cayó derrotada ante el PiS en las legislativas: los cívicos fueron la segunda fuerza más votada con el 24,1% y 133 diputados, siendo superados por los justicialistas en tres puntos y 22 escaños. El partido de Tusk se había estancado en relación con las europeas de 2004, cuando obtuvo exactamente la misma cuota de votos. Jan Maria Rokita podía despedirse de la jefatura del Gobierno para la que Tusk le había reservado. El PiS, galvanizado por su cruzada anticorrupción, basó en buena medida su sensacional rebote en la succión del voto previamente destinado a la LPR, que ahora dirigía Roman Giertych (notorio antiabortista y homófobo), y a la UW, cuyo sucesor, el Partido Democrático (PD, puesto en marcha en mayo por Wladyslaw Frasyniuk), siguió fuera del Parlamento y vio arruinada su efímera reviviscencia.

A continuación, el 9 de octubre, tuvo lugar la primera vuelta de las presidenciales. Tusk, recién electo en el Sejm como diputado por Gdansk, se puso en cabeza con el 36,3% de los votos y pasó a disputar la segunda vuelta en un duelo final con Lech Kaczynski. En la estacada quedaron Lepper, el socialdemócrata escindido de la SLD Marek Borowski, el campesino Jaroslaw Kalinowski y otros siete aspirantes. Tusk y Kaczynski se convirtieron entonces en protagonistas de una situación harto extraña: mientras sus partidos entraban en conversaciones para formar un gobierno de coalición presidido por el justicialista Kazimierz Marcinkiewicz (en sustitución de Jaroslaw Kaczynski, quien prefirió limitar su cometido a la dirección del PiS para no perjudicar las posibilidades de su hermano en las presidenciales), ellos se dedicaron a embestirse verbalmente, sobre todo por parte del segundo, quien no dudó en echar mano del muestrario más acerbo de la retórica de derechas.

Los guiños populistas de Kaczynski a los seguidores del Samoobrona y la LPR no cayeron en saco roto, y los virulentos ataques contra Tusk por parte de la emisora ultracatólica Radio Maryja, animada por el padre Tadeusz Rydzyk y con un alto nivel de audiencia en Polonia, hicieron el resto. En consecuencia, el 23 de octubre el candidato liberal perdió la Presidencia con el 45,9% de los votos. El último acto de este desencuentro entre dos formaciones que tenían en común menos cosas de las que los separaban no se hizo esperar: las negociaciones para la formación del Gobierno fracasaron por la incapacidad de las partes para consensuar el programa económico, siendo la reforma fiscal el obstáculo más rocoso, y el reparto de los puestos clave del Gabinete y el Parlamento.

Tusk creó una situación insoluble cuando exigió que el primer ministro fuera Jaroslaw Kaczynski, pero éste respondió que su decisión en el sentido contrario era irrevocable, máxime desde el momento en que su hermano era presidente electo de la República. El PiS contribuyó a la ruptura al imponer a uno de los suyos, Marek Jurek, para presidir el Sejm. Así que el 31 de octubre, al filo del plazo legal superado el cual el presidente saliente, Kwasniewski, tendría que convocar nuevas elecciones, Marcinkiewicz formó un Gobierno de minoría integrado solo por miembros del PiS; días después, el nuevo Ejecutivo la confianza del Sejm gracias al respaldo de la LPR, el Samoobrona y el PSL.


4. Triunfo electoral en 2007 sobre el oficialismo de los hermanos Kaczynski

Tusk, que abandonó la vicepresidencia del Sejm al arrancar la legislatura, y su partido continuaron en la oposición, pero en una situación confortable y con promesas de futuro. En los meses que siguieron, los cívicos fueron testigos del caótico desarrollo del Gobierno del PiS, que terminó naufragando prematura y estrepitosamente debido a las políticas sectarias impulsadas por los Kaczynski, a su tormentosa relación con el Samoobrona y la LPR, y a su nacionalismo obstruccionista en el seno de la UE. En enero de 2006, unas conversaciones entre la PO y el PiS con vistas a probar una gran coalición de centroderecha tropezaron en las mismas piedras que habían frustrado el acuerdo tres meses atrás.

En tan solo año y medio, entre mayo de 2006 y septiembre de 2007, el curso político polaco se sobresaltó sucesivamente con las entradas de Lepper y Giertych en el Gobierno de Jaroslaw Kaczynski; la defenestración de Marcinkiewicz y el nombramiento por el presidente Lech Kaczynski de su propio hermano como nuevo primer ministro; una primera crisis con el Samoobrona, el veto a las negociaciones comerciales y energéticas entre la UE y Rusia, que el PiS consiguió subsanar; el rechazo también (hasta que los hermanos transigieron en el Consejo Europeo de Bruselas de junio de 2007, a cambio del retraso hasta 2014-2017 de la entrada en vigor del nuevo sistema de votación por mayoría cualificada) al borrador del Tratado de Reforma de las instituciones de la UE que sustituía al fracasado Tratado Constitucional; y, por último, en agosto de 2007, la ruptura definitiva del PiS con sus díscolos socios extremistas, sumiendo al Gobierno en la minoría y forzando a Kaczynski a convocar elecciones generales anticipadas para el 21 de octubre.

Todo ello, además, entreverado de dimisiones ministeriales, escándalos de corrupción y de espionaje telefónico, palabras subidas de tono con Alemania y Rusia, y picos de crispación por los efectos de la nueva ley de lustración, que facilitaba las purgas de funcionarios y representantes políticos involucrados en la vigilancia social de la antigua policía comunista, así como las acusaciones sensacionalistas. La caza de brujas anticomunista, la "revolución moral" y la negatividad sistemática emprendidas por los Kaczynski en casa y en la UE, donde cayó en picado la credibilidad e influencia de Polonia, fueron percibidas por Tusk como un inmenso error político de los estadistas gemelos, los cuales, con su gusto por la confrontación y la estridencia, estaban sirviendo a los cívicos, decididos a dar carpetazo al revisionismo histórico y al ajuste ideológico de cuentas con el pasado, un triunfo electoral en bandeja de plata.

Reelegido el 21 de mayo de 2006 en la presidencia de la PO, en un congreso donde se refirió al Gobierno de Kaczynski como la "coalición de la vergüenza", Tusk torpedeó en el Sejm una moción presentada por el oficialismo para disolver la Cámara y acudir a elecciones anticipadas. Pero luego, en septiembre, con Lepper y Giertych convertidos en viceprimeros ministros, el líder cívico, harto de la "incompetencia" del Ejecutivo, cambió de parecer y presentó su propia moción reclamando precisamente aquel desenlace.

En las elecciones municipales del 12 y el 26 de noviembre de 2006 la PO se impuso ampliamente al PiS en las grandes ciudades; en Varsovia, su candidata, Hanna Gronkiewicz-Waltz, antigua gobernadora del Banco Nacional, batió a Marcinkiewicz en la batalla por la alcaldía. Semanas más tarde, Tusk ofreció al PiS sostén parlamentario a un Gobierno de minoría a condición de que despidiera del Gabinete a agrarios y católicos. Cuando este divorcio se consumó en agosto del año siguiente, ya no fue necesario reeditar la oferta, pues Kaczynski, con el aplauso del jefe opositor, se decantó por las elecciones anticipadas.

El programa elaborado por la PO para los comicios adelantados del 21 de octubre de 2007 no presentaba grandes novedades. Los ejes de la propuesta económica, en una coyuntura positiva por el fuerte crecimiento del PIB, por encima del 6% anual, la creación de empleo y el control de la inflación, en torno al 2%, siguieron siendo las privatizaciones masivas, la simplificación de las normas, la desburocratización del Estado, la adopción del euro –para la que Polonia podría estar lista en 2012 o 2013, estimaba Tusk, si hacía bien sus deberes en relación con el déficit y la deuda públicas- y la bajada de los impuestos, aunque en esta ocasión se retiró el IVA, actualmente del 22%, una tasa muy alta, del paquete fiscal del 3x15.

En política exterior, un Gobierno de la PO recompondría las relaciones con los socios comunitarios y acudiría a los Consejos Europeos con un talante más constructivo, pero sin dejar de velar por los intereses nacionales. También, mejoraría las relaciones con Alemania y Rusia, manejadas de manera negligente por el PiS. En cuanto a las relaciones con Estados Unidos, aliado en el seno de la OTAN, estas mantendrían su excelencia. En la confianza transatlántica se fundaba la deseada participación por Polonia en el programa del escudo antimisiles balísticos de largo alcance (National Missile Defence, NMD) diseñado por Washington para ser instalado en el flanco centro-oriental de Europa, proyecto de seguridad global que sin embargo concitaba las iras de Moscú, al presentir el Kremlin que este ambicioso sistema defensivo estaba dirigido contra él.

Ahora bien, de las palabras de los dirigentes cívicos se desprendía que las tareas en la UE, por la necesidad que había de adherirse a la Carta de los Derechos Fundamentales y de ratificar el Tratado de Reforma que el Consejo Europeo se disponía a aprobar en Lisboa, recibirían prioridad sobre la instalación en suelo polaco de interceptores del sistemas antimisiles, que no se haría a espaldas de los aliados europeos y sin un cuidadoso análisis de los pros y los contras que una apuesta estratégica de esta naturaleza entrañaba. Además, Tusk prometió repatriar a los 900 soldados polacos que servían en Irak "porque su misión allí ya ha sido realizada".

Tusk libró una campaña más agresiva que en 2005. Esta vez fue él quien llevó la iniciativa en los ataques y críticas al PiS, denunciando sus promesas incumplidas y obligando a Kaczynski a ponerse a la defensiva. La actitud pugnaz del líder opositor no podía flojear desde el momento en que las encuestas indicaban que los justicialistas llegaban a las urnas mucho menos desgastados de lo que se había pensado en un principio, creándose una situación de virtual empate. En la recta final de la campaña, Tusk, sin que los sondeos lo reflejaran, consiguió romper este impasse, de manera que el 21 de octubre la PO se adjudicó una victoria nítida con el 41,5% de los votos y 209 diputados, a falta, sin embargo, de 22 para la mayoría absoluta. Tusk ganó su cuarto mandato en el Sejm, esta vez en representación de Varsovia. El PiS, con el 32,1% de los votos y 166 escaños, aunque derrotado, aguantó el tipo y de hecho mejoró notablemente sus resultados de 2005.

Los platos rotos del fracaso del Gobierno Kaczynski los pagaron el Samoobrona y la LPR, que vieron evaporarse la práctica totalidad de sus votos y se quedaron fuera del Parlamento. Tercera, con 53 escaños, fue la coalición cuatripartita Izquierda y Demócratas (LiD, formada por la SLD, la UP, el PD y la escisión de Marek Borowski, la Social Democracia de Polonia, SdPL) del ex presidente Kwasniewski, y cuarto, con 31 actas, el PSL del ex primer ministro Waldemar Pawlak. Como había sucedido en todas las elecciones desde 1991, los polacos negaron la reválida al gobierno saliente y forzaron su relevo por la oposición. Con este reparto de fuerzas, los únicos socios gubernamentales factibles para los cívicos eran los campesinos, que en los últimos años habían aligerado su discurso de carga clasista agraria y ya no planteaban objeciones insuperables al reformismo liberal y proeuropeo. El nuevo gobierno iba a devolver a Polonia a la corriente mayoritaria de la UE; lo reiteraron Tusk y su número dos en el partido, Komorowski, presidente en ciernes del Sejm, quien aseguró gráficamente: "Queremos movernos decididamente de la periferia al corazón de la integración europea".

Las negociaciones entre Tusk y Pawlak para articular una coalición que en el pasado habría parecido contra natura se desarrollaron con presteza gracias a que los campesinos asumieron todas las metas económicas, financieras y de política exterior planteadas por los cívicos. El PSL obtuvo tres de los 18 puestos ministeriales, Agricultura, Trabajo y Economía, cartera esta última que fue para Pawlak, convertido de paso en viceprimer ministro, rango compartido con el cívico Grzegorz Schetyna, puesto al frente de Interior. El crucial Ministerio de Exteriores fue para Radoslaw Sikorski, un proatlantista preclaro que a principios de año había cesado como ministro de Defensa y miembro del PiS por desavenencias con el primer ministro Kaczynski.

La elección de Sikorski por Tusk elevó alguna ceja en el flanco europeo occidental, donde no se olvidaban sus ásperas palabras, pronunciadas en 2006, comparando el acuerdo germano-ruso para la construcción de un gasoducto submarino en el mar Báltico, el proyecto conocido como Nord Stream, con el Pacto Ribbentrop-Molotov que permitió la invasión y el reparto de Polonia en 1939. El nombramiento de Sikorski fue acogido con patente desagrado por el presidente de la República. Kaczynski estaba resuelto a preservar su cota de potestad en política exterior y poco después iba a mostrar su rechazo a la disposición de Tusk a levantar el veto polaco a las negociaciones para el ingreso de Rusia en la OCDE, aplicado en paralelo al bloqueo de la renovación del Acuerdo de Asociación y Cooperación suscrito por el vecino eslavo con la UE y que se remontaba 1997, siempre que Moscú hiciera lo mismo con el boicot a las importaciones de carne polaca impuesto en noviembre de 2005.

El 5 de noviembre Jaroslaw Kaczynski presentó la dimisión a su hermano presidente, quien cuatro días después encargó el mandato institucional a Tusk. El Gobierno de la PO y el PSL tomó posesión el 16 de noviembre y el 24 de ese mes obtuvo la preceptiva confianza del Sejm con 238 votos a favor, 204 en contra y dos abstenciones. En su discurso de investidura, Tusk oficializó su decisión de retirar a las tropas de Irak a lo largo de 2008 y expresó su determinación de jubilar el zloty en 2012. En la víspera, el primer ministro, en una decisión que parecía destinada a apaciguar al presidente Kaczynski, anunció que, por el momento, Polonia renunciaba a firmar la Carta de los Derechos Fundamentales de la UE, pareja aunque no parte del Tratado de Lisboa.


5. El primer Gobierno Tusk (2007-2011): regreso al núcleo de la UE, deshielo con Rusia, aceptación del escudo antimisiles y sorteo de la Gran Recesión

El nuevo gobernante polaco se puso manos a la obra con su cargada agenda exterior sin perder un minuto.

Superando tiranteces con Moscú
El 27 de noviembre Tusk indicó que su Gobierno estaba abierto a incorporar a Rusia a las conversaciones con Estados Unidos y los aliados de la OTAN relativas al componente europeo del NMD, cuyas dos patas eran las baterías de misiles interceptores, a instalar en Polonia, y una base de radar, a instalar en Chequia. Indirectamente, el líder polaco reconocía la legitimidad de los temores de Rusia, a la que Estados Unidos no terminaba de convencer de que su escudo europeo estaba concebido para proteger a los miembros de la Alianza Atlántica de eventuales amenazas nucleares procedentes de Irán o Corea del Norte. Pero Tusk le tenía reservada otra grata sorpresa a Moscú: le comunicó que Varsovia levantaba su veto a las negociaciones para el ingreso de Rusia en la OCDE. Los gestos encaminados, según Tusk, a producir "un impacto para la mejora de las relaciones ruso-polacas" hallaron un rápido eco positivo y el 12 de diciembre el ministro de Agricultura ruso, Aléksei Gordéyev, de visita en Varsovia, anunciaba la próxima anulación por su país de las severas restricciones impuestas hacía dos años a las importaciones cárnicas polacas debido a sus presuntas deficiencias sanitarias.

El nuevo clima bilateral de deshielo, alimentado con sus encuentros por los ministros Sikorski y Serguéi Lavrov, prometía ser de lo más fructífero. En febrero de 2008 Tusk, en la primera visita de estas características desde 2001, fue recibido en Moscú por el presidente Vladímir Putin y el primer ministro Víktor Zubkov, con quienes abordó el finiquito de la "era glacial" que había llegado a adueñarse de las relaciones bilaterales. A continuación, en marzo, puesto que las exportaciones agropecuarias volvían a afluir sin trabas aduaneras al mercado ruso, Polonia canceló la medida de retorsión aplicada en noviembre de 2006, el bloqueo de la negociación del nuevo marco jurídico UE-Rusia.

Los obstáculos a la ratificación del Tratado de Lisboa y las vicisitudes del escudo antimisiles
Simultáneamente, Tusk dialogaba con Bruselas y Washington. En diciembre de 2007, coincidiendo con la aprobación por el Consejo de la UE del ingreso de Polonia (y de otros ocho países) en el espacio de Schengen sobre la libre circulación de personas, lo que convertía al Estado eslavo en el principal guardián de la frontera oriental de la UE, el primer ministro realizó una visita de trabajo a las instituciones comunitarias y a la sede de la OTAN. Su deseo, expresado en su reunión con el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durão Barroso, de que Polonia volviera a "jugar un papel responsable en las acciones creativas y positivas de la Unión" tuvo confirmación inmediata el día 13 en Lisboa, en la cumbre especial de los jefes de Estado y de Gobierno de los 27 para la firma del Tratado de Reforma.

Ahora bien, ahora había por delante un complicado proceso de ratificación país por país, y en Varsovia, los Kaczynski, molestos por los gestos de apertura y colaboración que el Gobierno estaba dirigiendo a Bruselas y a Moscú, se mostraban dispuestos a bloquear los satisfécit del Parlamento y la Presidencia al Tratado de Lisboa a menos que la UE reconociera ciertos derechos de soberanía específicos de Polonia. El gobernante tuvo que emplearse a fondo para que los hermanos, en realidad ya solo Jaroslaw, más intransigente que Lech, quien cedió antes a la componenda ofrecida por Tusk, dieran su brazo a torcer. Al final, los Kaczynski aceptaron ratificar el Tratado a condición de que el documento fuera tramitado junto con una resolución que declaraba la supremacía de la Constitución polaca frente a la Carta de los Derechos Fundamentales de la UE.

Además, Polonia aceptaba la propia Carta, que entraría plenamente en vigor junto con el Tratado de Lisboa, pero con la adenda de un Protocolo de clarificación, en cierta medida una cláusula opt-out, que condicionaba la aplicación aquí de los derechos y principios recogidos por la Carta a su reconocimiento expreso por el derecho nacional. La llamada "cláusula de moralidad" era una imposición del anterior Gobierno del PiS, temeroso de que la UE, a través de la Carta, forzara la equiparación legal de las parejas hetero y homosexuales. Removidos estos obstáculos, el 1 de abril de 2008, el Sejm, con los votos del PiS, imprescindibles para alcanzar la mayoría requerida de dos tercios, dio luz verde al Tratado de Lisboa, el Senado hizo lo propio en la jornada siguiente y el jefe del Estado validó en ley la ratificación parlamentaria el 9 de abril. Ya solo restaba la firma de puño y letra por Kaczynski del instrumento de ratificación específico de la Presidencia de la República, estipulado por la Constitución.

Mientras se iba despejando el panorama europeo, Tusk negociaba con Estados Unidos la participación polaca en el escudo antimisiles, con la dificultad que entrañaba la toma en consideración de las aprensiones rusas. A principios de febrero, tras varias expresiones públicas de dudas y titubeos, Sikorski anunciaba un "principio de acuerdo" para la instalación en Polonia de una decena de vectores de intercepción de misiles largo alcance a cambio de asistencia estadounidense para reforzar el sistema de defensa del espacio aéreo polaco. El pacto fue confirmado por Tusk en marzo en su visita de trabajo en Washington y en abril siguiente el Consejo Atlántico, reunido al nivel de jefes de Estado y de Gobierno en Bucarest, aprobó de manera oficial la instalación en Polonia y Chequia de dispositivos del escudo antimisiles.

A mediados de 2008, sin embargo, dos acontecimientos externos inesperados vinieron a enturbiar los progresos hechos por la Polonia de Tusk en las relaciones con los socios europeos y con Rusia. Primero, el 12 de junio, los electores irlandeses se pronunciaron en contra de la ratificación del Tratado de Lisboa por Dublín. Este inesperado revés a nivel europeo hizo resurgir en el presidente Kaczynski sus nunca superados recelos con el Tratado y el 1 de julio, para consternación de Tusk, el mandatario anunció que no tenía la intención de estampar su rúbrica a un texto que tras el rechazo irlandés "ya no tenía sentido". El primer ministro pidió al presidente que reconsiderara su posición, pero Kaczynski iba a mantenerse firme durante más de un año, tiempo en el cual Tusk puso sobre la mesa la necesidad de eliminar de la Constitución la prerrogativa del jefe del Estado de aplicar el veto suspensivo a las leyes aprobadas por el Sejm.

Al poco, en agosto, sobrevino la invasión rusa de Georgia, Estado ex soviético transcaucásico y demandante del ingreso en la OTAN, al que Moscú quiso dar un escarmiento por reprimir el separatismo de la República de Osetia del Sur. A lo largo de esta crisis, Tusk acomodó su tono a las comedidas expresiones de rechazo de la UE, que apostó por el diálogo con el Kremlin, mientras que Kaczynski elevó duras denuncias de la "agresión" rusa así como críticas a la "blandura" de que hacían gala Bruselas y el eje franco-alemán. Por otra parte, la crisis de Georgia tuvo el efecto de agilizar los planes para el despliegue del componente principal del escudo antimisiles en Polonia, luego de las reticencias resurgidas en Varsovia, que consideraba insuficiente las compensaciones estadounidenses dirigidas a modernizar la capacidad defensiva del Ejército polaco.

La nueva premura del Gobierno Tusk, compartida por la Administración Bush, que aceptó situar en Polonia una batería de misiles Patriot para la defensa antiaérea, soliviantó al Gobierno de Moscú, el cual, en respuesta, amenazó con desplegar misiles en el enclave báltico de Kaliningrado. Este trajín acontecía cuando Polonia ultimaba la repatriación del contingente militar que desde 2003 había servido en Irak (la retirada concluyó el 4 de octubre con la entrega al Ejército de Estados Unidos del control de la seguridad en el área de Diwaniyah) y se planteaba incrementar sustancialmente el número de tropas, en estos momentos 1.200, asignadas a la ISAF de la OTAN en Afganistán.

En mayo de 2009 Tusk asistió puntualmente a la I Cumbre, en Praga, de la Asociación Oriental (Eastern Partnership, EaP), un nuevo foro de consultas institucionalizado entre los 27 países de la UE y las repúblicas ex soviéticas de Armenia, Azerbaidzhán, Bielarús, Georgia, Moldova y Ucrania. Complementaria de la Unión por el Mediterráneo y de la Dimensión Septentrional, la EaP había surgido en 2008 como una iniciativa diplomática polaca a la que luego se sumó Suecia, dando lugar a una propuesta formal al Consejo de la UE. Dos años después, en septiembre de 2011, Tusk iba a orquestar en Varsovia la II Cumbre de la EaP.

El primero de septiembre de 2009 Tusk y Kaczynski, quien seguía sin ratificar el Tratado de Lisboa, encabezaron en el puerto de Gdansk la conmemoración del septuagésimo aniversario de la invasión de Polonia por Alemania y el inicio de la Segunda Guerra Mundial. Entre la veintena de estadistas asistentes a la ceremonia estaban la canciller Angela Merkel y Putin, quien decepcionó a sus anfitriones porque, aunque condenó como "moralmente inaceptable" el Pacto nazi-soviético de 1939 y calificó de "crimen" la matanza en 1940 en Katyn, por orden de Stalin, de 22.000 oficiales polacos prisioneros de guerra, no pidió perdón por tales hechos como representante del principal heredero estatal de la URSS.

A los pocos días, el 17 de septiembre, Tusk se encontró con un escenario desagradable que la diplomacia polaca ya había previsto antes de las elecciones presidenciales de noviembre de 2008 en Estados Unidos si el ganador de las mismas era el demócrata Barack Obama. Alegando que su coste económico era desmedido aunque buscando ante todo sosegar a Rusia, Obama anunció la cancelación del proyecto de extender a Polonia y Chequia el NMD, que respondía a la estrategia clásica de la defensa estática avanzada, y su sustitución por una alternativa más modesta pero más versátil enfocada a repeler ataques de misiles no de largo alcance, sino de medio y corto, categoría de armas de destrucción masiva que ahora mismo sí nutrían los arsenales operativos de países bajo sospecha como Irán y Corea del Norte. La nueva arquitectura de la NMD, denominada Sistema de Defensa Antimisiles Balísticos Aegis (Aegis BMD), iba a consistir en componentes móviles de rastreo e intercepción montados en buques de la Armada y en países costeros del sur de Europa como Turquía y Rumanía.

El drástico cambio de estrategia de Obama hizo saltar como un resorte al Gobierno ruso, que se apresuró a ofrecer su participación en el nuevo sistema antimisiles a fin de hacerlo más efectivo y global, pero generó vivos desconcierto y malestar en los países de la antigua Europa del Este y en particular en Polonia, que se tenía por uno de los más leales aliados de la OTAN y que ahora se sentía repentinamente desnudo y abandonado. Sin embargo, el Departamento de Defensa estadounidense salió a aclarar que Polonia y Chequia no quedarían desguarnecidas. Tusk, con su prudencia habitual, se cuidó de entonar lamentaciones en público a la espera de conocer los detalles de los nuevos planes de Washington.

El 7 de octubre de 2009 Tusk aceptó las dimisiones del viceprimer ministro y ministro del Interior, Grzegorz Schetyna, el ministro de Justicia y fiscal general, Andrzej Czuma, y el titular de Deportes y Turismo, Miroslaw Drzewiecki, en relación con un escándalo de presunta colusión de intereses entre la PO y un grupo de hombres de negocios interesados en que el Gobierno cancelara su plan de subirle los impuestos a la industria del juego. Schetyna pasó a liderar el grupo de diputados cívicos en el Sejm en sustitución de Zbigniew Chlebowski, quien había renunciado previamente por el mismo asunto. También fue cesado por Tusk, resuelto a hacer una demostración contundente de autoridad para disipar las sospechas de que el Ejecutivo toleraba las prácticas irregulares, el jefe de la Oficina Central Anticorrupción (CBA), Mariusz Kaminski. Simultáneamente, Tusk celebró la decisión del presidente Kaczynski de firmar el instrumento de ratificación del Tratado de Lisboa luego de la victoria del , el 2 de octubre, en el segundo referéndum irlandés.

El 10 de octubre Kaczynski puso su firma sobre el pie del documento en Varsovia, teniendo a sus espaldas a Tusk, al presidente de la Comisión Europea, Durão Barroso, al primer ministro sueco y presidente de turno del Consejo Europeo, Fredrik Reinfeldt, y al presidente del Parlamento Europeo, el ex primer ministro Buzek. La resolución por fin del largo embrollo que había supuesto la ratificación del Tratado de Lisboa precedió en unos días la respuesta oficial positiva de Tusk a la reformulación por Estados Unidos del escudo antimisiles. Así se lo comunicó el gobernante polaco al vicepresidente Joseph Biden, de visita en Varsovia, el 21 de octubre. Polonia consideraba "muy interesante y necesaria" la nueva configuración, por de pronto basada en buques, de la defensa antimisiles y seguía dispuesta a acoger en su territorio elementos de la misma. En cualquier caso, Estados Unidos estaba dispuesto a instalar en breve una batería de misiles tierra-aire (SAM) del tipo Patriot en la base de Morag, al este de Gdansk, en la región de los Lagos Masurianos, a unas decenas de kilómetros de la frontera rusa de Kaliningrado.

Polonia se ahorra los estragos de la Gran Recesión
Paralelamente a todos estos movimientos estratégicos, el Gobierno Tusk pilotaba con tino la navegación por las aguas embravecidas de la economía europea, desde 2008 golpeada sucesivamente por la crisis bancaria, la recesión y la tormenta de las deudas soberanas de la Eurozona. Con un aguante excepcional que el análisis retrospectivo iba a valorar en toda su dimensión, la economía polaca eludió la Gran Recesión de 2008-2009, desastrosa para los restantes socios comunitarios, al anotar su PIB en 2009 un crecimiento positivo del 1,6%, frente al retroceso del -4,5% sufrido por el conjunto de la UE. De hecho, en aquel año infausto, salvo la polaca, no creció ninguna economía nacional de la UE, ni las de los países europeos no miembros con los que más estrechas relaciones tenía aquella, ni por supuesto las grandes economías desarrolladas de Estados Unidos y Japón. En la OCDE, que experimentó una recesión media del -3,5% en esos doce meses, solo Australia, Israel y Corea del Sur ofrecieron cifras positivas al igual que Polonia. En 2008 la tasa de crecimiento en el país europeo había sido del 5,1% y en 2007 del 6,8%.

El desempleo, que en el momento de subir la PO al poder marcaba el 8,1%, uno de los índices más altos de la UE, iba a aumentar, según los datos de la Oficina de Estadística Europea (Eurostat), no más de dos puntos al término de la legislatura a finales de 2011, situándose ahora entre las medias de la UE de 27 miembros (el 9,8%) y de la Eurozona de 17 (el 10,3%). Sin embargo, el paro juvenil, de los menores de 25 años, rozaba el 28% y excedía con creces los promedios europeos.

Aunque no estaba agobiado por la necesidad de acudir al rescate de una banca insolvente o de lanzar masivos programas de estímulo económico, el Gobierno polaco se acogió a la Línea de Crédito Flexible del FMI, siendo el segundo país tras México en hacerlo, para proteger al zloty de la fuerte depreciación que estaba sufriendo en los mercados de cambio. En mayo de 2009 el FMI aprobó para Polonia una línea de crédito de 20.580 millones de dólares válido por un año. Transcurrido este período, en julio de 2010, Varsovia se acogió a un segundo programa crediticio de 20.430 millones. En enero de 2011 el FMI abrió una tercera línea de crédito, esta vez por dos años, que ascendía en total a los 30.000 millones de dólares.

La naturaleza de esta copiosa asistencia era precautoria, para enviar a los mercados el mensaje de que las finanzas polacas gozaban del sólido respaldo y aval del FMI, que premiaba así las reformas macroeconómicas emprendidas aquí, no teniendo el Gobierno polaco la intención de acceder realmente a dichos fondos. De haber sido así, la deuda pública, que avanzó de 45% del PIB al 55% en 2011, se habría disparado, y la calificación crediticia A2 (obligaciones de deuda en grado de inversión y nivel de riesgo bajo) de la agencia Moody's, adjudicada en 2002, habría quedado en entredicho. Aunque Polonia proyectaba una imagen de solvencia, no puedo evitar, por un efecto de contagio europeo, la escalada del riesgo país, que de los 86 puntos básicos de junio de 2007 saltó a los 442 de septiembre de 2011.

En este sentido, se daba por sentado que el fuerte aumento del déficit público, desde el 1,9% en 2007 hasta el 7,6% en 2010, era una tendencia coyuntural que las medidas de austeridad adoptadas por el Gobierno conseguirían recortar paulatinamente. Instituciones y mercados coincidían en el análisis de que, pese a las dinámicas negativas, la "consolidación fiscal" de Polonia estaba en marcha. Si algo lamentaba Tusk del ciclo económico adverso iniciado en la UE en 2008 era la imposibilidad, en estas circunstancias, de realizar el plan de ingresar en la Eurozona en 2012, culminando así la meta ya cruzada por Eslovenia en 2007, Chipre y Malta en 2008, y Eslovaquia en 2009 (a los que iban a sumárseles Estonia en 2011 y Letonia en 2014).

Además de la satisfacción de los criterios de convergencia económica, por el momento impedida fundamentalmente a causa del déficit (en julio de 2009, luego de cerrar el anterior expediente en julio de 2008, el Consejo de la UE le abrió a Polonia procedimiento sancionador por déficit excesivo, un baldón nada llamativo porque la mayoría de los socios comunitarios se encontraban en las mismas, incluida Alemania), la mudanza monetaria tenía también cuesta arriba la senda política porque topaba con el rechazo frontal del PiS desde la oposición. Como había sucedido con la ratificación del Tratado de Lisboa, Tusk necesitaba el voto parlamentario del partido derechista de Jaroslaw Kaczynski porque cambiar al zloty por el euro requería una enmienda constitucional. Así, el artículo 227 de la Carta Magna establecía que el Banco Nacional de Polonia tenía "el derecho exclusivo de emitir moneda así como de formular e implementar la política monetaria", y hacía a la entidad "responsable del valor de la moneda polaca". Eran unos atributos clásicos de soberanía nacional en materia económica que desaparecerían en el momento en que el país hiciera circular el euro.

A partir de 2009, autoridades del Gobierno y del Banco Nacional fueron alargando los plazos para la posible entrada de Polonia en la Eurozona, que como muy pronto podría producirse en 2016, aunque lo más probable era que aconteciera más tarde. Incluso el horizonte de 2020 dejó de parecer inaceptablemente lejano. Además, las encuestas indicaban que cada vez más polacos eran reacios o radicalmente contrarios a decir adiós al zloty. Aunque la adopción del euro era perseguida por el Gobierno con genuina determinación política, además de porque Polonia estaba jurídicamente obligada a ello desde el momento en que firmó, en 2003, el Tratado de Adhesión a la UE, lo cierto era que, en el ínterin, continuar con el zloty ofrecía indudables ventajas coyunturales; la principal, que la depreciación de la divisa nacional hacía ganar competitividad a la economía por el flanco comercial, más que por el lado de las reformas estructurales.

Tragedia nacional por la muerte accidental del presidente Kaczynski; la elección de Komorowski
El 7 de abril de 2010 Tusk, acogiéndose a la invitación cursada por el Kremlin, acudió al bosque ruso de Katyn, cerca de Smolensk, para recordar junto con Putin el septuagésimo aniversario de la tristemente célebre masacre de oficiales del Ejército polaco a manos de la NKVD soviética, autoría negada por Moscú durante medio siglo. En un gesto sin precedentes que el primer ministro agradeció, el presidente ruso rindió tributo a las víctimas polacas de 1940. "Los ojos de los que fueron asesinatos aquí por un disparo en la cabeza nos miran hoy y esperan ver si estamos preparados para transformar la mentira en reconciliación", manifestó Tusk.

La participación en los actos conmemorativos por el presidente Kaczynski al frente de una nutrida delegación nacional estaba programada para el 10 de abril. Ese día, Kaczynski, su séquito institucional, un elenco de altas autoridades estatales, civiles y militares, y diversos representantes de la sociedad civil partieron de Varsovia a bordo del avión presidencial, un Tupolev modelo Tu-154M. Sorprendido por una densa niebla, el piloto intentó aterrizar en el Aeropuerto Norte de Smolensk, pero, en medio de una visibilidad del terreno casi nula, perdió el control del aparato y lo estrelló en una zona boscosa. En el accidente perecieron todos los ocupantes del avión, 96, entre ellos el presidente Kaczynski, su esposa, el presidente del Banco Nacional, el jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas, los comandantes en jefe del Ejército de Tierra, la Fuerza Aérea y la Armada, tres viceministros del Gobierno, varios ex ministros y 18 diputados y senadores. En la lista de fallecidos figuraba Maciej Plazynski, el viejo colega de Tusk, antiguo mariscal del Sejm y primer líder de la PO.

La tragedia aérea de Smolensk, que había eliminado de golpe a una parte de las clases dirigente e intelectual del país, provocó una inmensa conmoción en Polonia. Visiblemente afectado, Tusk, antes de trasladarse de urgencia a Smolensk, a la par que un desolado Jaroslaw Kaczynski, para ser informado por las autoridades rusas de las tareas de identificación y repatriación de los cuerpos, y para hacer junto con Putin una ofrenda floral a las víctimas en el lugar del siniestro, afirmó que "el mundo moderno no ha visto nunca un drama como este" y que el país vivía "el acontecimiento más trágico desde la Segunda Guerra Mundial". En las jornadas siguientes, pudo verse a un Tusk afligido pero digno llevando firmemente las riendas de la conmovida Polonia, mientras el país celebraba los funerales de Estado y encontraba la solidaridad de Rusia y de los gobiernos socios y aliados.

El 13 de mayo, días antes de recibir en Varsovia a Obama, el primer ministro recogió en la ciudad alemana de Aquisgrán la edición de 2010 del prestigioso Premio Carlomagno, reservado a los grandes difusores de los ideales europeos. A Tusk se le concedía el galardón "en tributo a una vida impresionante dedicada a la causa de la libertad y la democracia, y en reconocimiento a sus servicios sobresalientes, especialmente en nombre del entendimiento y la cooperación de la República de Polonia con sus socios europeos". Tusk era el tercer polaco premiado con el Carlomagno, luego del ministro de Exteriores Bronislaw Geremek en 1998 y del papa Juan Pablo II en 2004.

2010, un año imborrable en la memoria de Polonia, terminó para Tusk con la satisfacción de ver instalado en la Presidencia de la República a su correligionario Bronislaw Komorowski, el mariscal del Sejm desde el comienzo de la legislatura y jefe del Estado en funciones a raíz de la muerte de Kaczynski. Komorowski, quien antes del accidente aéreo ya era el candidato designado por la PO y gozaba de la primacía en los sondeos, disputó unas elecciones presidenciales que la tragedia del 10 abril había obligado a celebrar con cuatro meses de adelanto. Komorowski, un político conservador moderado perfectamente identificado con el discurso de los liberales polacos, se impuso a Jaroslaw Kaczynski en las dos rondas electorales del 20 de junio y el 4 de julio. Su victoria prácticamente garantizaba que en lo sucesivo los dos cabezas del poder ejecutivo hablarían sin cacofonías en todo lo relacionado con las políticas europea y exterior.


6. El segundo Gobierno Tusk (2011-2014): escándalos en el poder, descontento social y reacción defensiva frente a Moscú

En el otoño de 2011 tocaban las elecciones legislativas y a ellas Tusk acudía con el bagaje positivo de la preservación del crecimiento económico en medio de tanta adversidad europea. Tras el 3,9% de crecimiento registrado en 2010, el PIB polaco iba a trepar un sobresaliente 4,5% en 2011, tasa que casi triplicaba la media de la UE y la Eurozona (el 1,6%), y que únicamente mejoraban el 8,7% de Estonia, el 6% de Lituania y el 5,3% de Letonia, tres economías pequeñas. Polonia, la octava economía de la UE, no había tenido ni un solo trimestre de retroceso productivo.

Pero Tusk inició la campaña electoral también con el nuevo sinsabor provocado por Rusia, que había remitido a Varsovia un informe pericial sobre el accidente de Smolenks cuyas conclusiones fueron valoradas como "inaceptables" e "incompletas" por el primer ministro, al haberse detectado en la documentación facilitada errores en la identificación de los fallecidos y los análisis forenses. La versión rusa, aparentemente respaldada por los hechos, de que el Tupolev presidencial se había estrellado a causa de las maniobras temerarias de la tripulación, contrarias a las recomendaciones radiadas por los controladores aéreos de Smolensk, no fue aceptada por el PiS y la derecha radical polaca, que agitaron el fantasma de una conspiración criminal al señalar la "responsabilidad inmediata y exclusiva" de los rusos. Jaroslaw Kaczynski endosó además la "responsabilidad política y moral" al Gobierno de Tusk por su "gestión catastrófica" del accidente que había costado la vida a su hermano y a otros 95 compatriotas.

El 29 de julio de 2011 se pronunció la comisión polaca encargada de conducir la investigación nacional del accidente aéreo. El panel de expertos atribuyó el siniestro tanto a la impericia de los pilotos como a las deficiencias estructurales del aeródromo de Smolensk y a errores por parte de la torre de control local. Nada más hacerse públicas estas conclusiones, el ministro de Defensa, Bogdan Klich, miembro de la PO, presentó su dimisión irrevocable. Tusk reemplazó a la primera víctima política del desastre aéreo de 2010 por el también cívico Tomasz Siemoniak.

El semestre europeo de Polonia
Por otra parte, Tusk libró su primera campaña electoral siendo primer ministro mientras Polonia, por primera vez desde su ingreso en la Unión en 2004, llevaba la presidencia nacional rotatoria del Consejo de la UE. La presidencia polaca del segundo semestre de 2011, formando troika con Dinamarca y Chipre, se planteó tres prioridades fundamentales, cuyos títulos temáticos eran la integración europea como fuente de crecimiento, una Europa segura y una Europa capaz de sacar provecho de su apertura. En estos seis meses, Tusk y Sikorski organizaron tres importantes citas. El 29 y el 30 de septiembre Varsovia acogió la II Cumbre de la EaP, que terminó en fiasco diplomático al negarse Ucrania, Moldova, Georgia, Armenia y Azerbaidzhán a firmar una declaración que criticaba la deplorable situación de los Derechos Humanos, el sistema democrático y el imperio de la ley en la vecina Bielarús. Su autoritario presidente, Alyaksandr Lukashenko, no había sido invitado al encuentro y desde Minsk acusó a la UE de querer "humillar" a su país.

El 26 de octubre, con los comicios ya celebrados en Polonia, tuvo lugar en Bruselas una reunión informal de los miembros del Consejo Europeo y una cumbre de seguimiento de la Eurozona. Los gobernantes decidieron elevar la dotación de la Facilidad Europea de Estabilidad Financiera (FEEF) al billón de euros, aumentar el paquete del segundo rescate de Grecia con la inclusión de una quita de deuda soberana del 50% y realizar una nueva recapitalización de la banca privada europea. Finalmente, el 9 de diciembre la capital belga registró el Consejo Europeo que aprobó la propuesta franco-alemana de avanzar hacia una unión económica con armonización fiscal, supervisión de los presupuestos nacionales, fijación constitucional de un tope de déficit muy exigente y aplicación de sanciones automáticas a los incumplidores de los criterios de estabilidad del euro si presentasen balances de cuentas con más de un 3% de déficit.

La nueva "arquitectura reforzada para la Unión Económica y Monetaria" (UEM), concebida por la canciller Merkel para consagrar sus directrices de austeridad presupuestaria, de la que se descolgaban el Reino Unido y Chequia pero que Tusk y otros dirigentes acogían de manera favorable, iba a plasmarse meses después en el Tratado de Estabilidad, Coordinación y Gobernanza en la UEM, más conocido como el Pacto Fiscal Europeo. El Consejo Europeo de Bruselas de diciembre de 2011 acordó también adelantar a 2012 la puesta en funcionamiento del Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE) y transferir al Banco Central Europeo (BCE) la gestión del MEDE y el FEEF, al que aquel iba a sustituir. Asimismo, fue firmado el Tratado de Adhesión de Croacia a la UE, ingreso que iba a tener lugar el primero de julio de 2013.

Nueva victoria liberal en la elecciones parlamentarias y formación del segundo Gobierno Tusk
Sin sorpresas, la PO revalidó su mayoría simple en las elecciones legislativas del 9 de octubre de 2011. Con el 39,2% de los votos y 207 diputados, los liberales, votados de manera rotunda en los voivodatos del oeste y el norte, y preferidos por las clases medias urbanas con ideología de centro y derecha moderada, repitieron prácticamente sus resultados de 2007 y protagonizaron un hito tras dos décadas de democracia al asegurarse su permanencia en el poder: hasta ahora, ningún gobierno había conseguido superar la prueba de las urnas al final de la legislatura. La sencilla aritmética poselectoral permitió a Tusk reeditar su coalición mayoritaria con los campesinos de Pawlak. El 8 de noviembre Komorowski aceptó la dimisión protocolaria del Gobierno y encargó a Tusk la formación del Ejecutivo entrante.

El 18 de noviembre prestó juramento el nuevo Gabinete bipartito, que presentaba pocas novedades. Además del líder del PSL en la posición de viceprimer ministro y ministro de Economía, continuaron los titulares de Exteriores, Sikorski, de Defensa, Siemoniak, y de Finanzas, Jacek Rostowski. Sí hubo cambio de titulares en Interior (Jacek Cichocki por Jerzy Miller) y Justicia (Jaroslaw Gowin por Krzysztof Kwiatkowski). Al día siguiente el Sejm expresó su confianza en este Ejecutivo por 234 votos contra 211, más dos abstenciones.

Para esta legislatura, Tusk desgranó una serie de propósitos de ajuste y reforma que significarían un énfasis del rigor liberal. Así, el Gobierno redoblaría sus esfuerzos para recortar el déficit y la deuda públicos con más austeridad, suprimiría exenciones tributarias a las rentas de trabajo superiores a los 85.000 zlotys (19.000 euros) anuales y terminaría con ciertos privilegios fiscales y laborales de colectivos profesionales como los mineros, los agricultores y los policías. De paso, retrasaría, de manera progresiva a partir de 2013, la edad de jubilación hasta los 67 años para hombres y mujeres, cuando ahora los primeros podían retirarse a los 65 y las segundas a los 60. Lograr la disciplina fiscal imponía al Ejecutivo, explicó Tusk a los diputados, la adopción de "pasos impopulares que requerirán sacrificios y comprensión de todos, sin excepciones". "Solo los jugadores fuertes sobrevivirán a la crisis, y necesitamos ser fuertes para jugar un papel en Europa", afirmó el primer ministro en el Sejm.

Enfriamiento económico, protestas en las calles y marejada en el oficialismo
El segundo período de Gobierno de Donald Tusk, un gobernante que había sido capaz de ejercer un liderazgo consistente en casa y en la escena europea pero de manera tranquila y básicamente amable, sin palabras chirriantes (algo a lo que sí podía ser propenso, con su estilo incisivo y directo, el jefe de la diplomacia polaca, Sikorski) ni enganchadas personales, fue bastante más desapacible que el primero.

Por un lado, el giro de tuerca en la austeridad para constreñir el déficit por debajo del 3% del PIB, como obligaba el Pacto de Estabilidad y Crecimiento de la UE, y la deuda a niveles del 52% en 2012 y del 47% en 2015, con su capítulo de mayor presión tributaria directa e indirecta, unido a la persistente mala coyuntura europea (la economía de la UE volvió a declararse en recesión en el tercer trimestre de 2012 y tras salir del bache en el segundo trimestre de 2013 se quedó empantanada en unos valores positivos mínimos), repercutieron necesariamente en el crecimiento nacional, hasta entonces brioso.

El PIB polaco avanzó el 2% en 2012 y cuatro décimas menos en 2013. Además, esta deceleración se produjo en paralelo al incumplimiento de los objetivos gubernamentales de reducción de déficit y deuda: el primero retrocedió del 4,9% de 2011 al 3,7% de 2012 para luego aumentar de nuevo, hasta el 4%, lo que volvía a alejar el horizonte del euro, mientras que la segunda no bajó del 54% del PIB. De la vieja promesa electoral de la PO de aplicar la tasa única del 3x15, un proyecto inviable, fruto del entusiasmo liberal de Tusk cuando lideraba la oposición a los gobiernos de la izquierda y de los Kaczynski, no quedaba ni rastro: el tipo superior del IRPF había bajado del 40% al 32% para quedarse ahí, el IVA había subido un punto, del 22% al 23%, y el impuesto de sociedades permanecía congelado en el 19%.

El ralentí económico, las nuevas cargas fiscales, la reforma de las pensiones, los bajos salarios y el aumento del paro produjeron un descontento social que cristalizó con bastante intensidad en la primavera y el verano de 2013, cuando Polonia vivió una profusión de huelgas fabriles y manifestaciones callejeras. En septiembre de 2013 Varsovia conoció la mayor marcha de protesta en varios años, varias decenas de miles de personas que, respondiendo a la llamada de los sindicatos, salieron a invocar una mejor protección laboral y alzas salariales. El malestar social afloraba con fuerza cuando el poder intentaba no quedarse atrapado en el marasmo de una serie de polémicas y escándalos políticos de innegable gravedad. En julio de 2012 a Tusk le estalló el caso de las revelaciones de prácticas nepotistas por parte del ministro de Agricultura y Desarrollo Rural, Marek Sawicki, y otros responsables de su partido, el PSL, que habían colocado a familiares y amigos a discreción en un organismo del Estado, la Agencia del Mercado Agrícola (ARR).

Tusk tuvo que dejar caer a Sawicki (meses después, en noviembre de 2012, se marchó también su jefe de filas, Pawlak, que cedió su puesto de viceprimer ministro y la cartera de Economía al nuevo líder del PSL, Janusz Piechocinski) y prometió combatir este tipo de irregularidades en las sociedades públicas, de las que sin embargo no era ni muchos inmune su partido, la PO, como parecía reflejar el caso de Anna Budzanowska, esposa del ministro del Tesoro, Mikolaj Budzanowski, la cual había sido nombrada en 2011 directora de la Oficina de Cooperación Institucional, encargada de las relaciones entre el presidente de la República, el Gabinete y el Parlamento.

En abril de 2013 Tusk cesó a Budzanowski pero por un motivo completamente diferente, las informaciones sobre la firma inminente de un acuerdo con la compañía estatal rusa Gazprom para la construcción de un tramo de gasoducto en Polonia, asunto del que el primer ministro dijo no tener la menor idea. En septiembre de 2012 las corruptelas salpicaron al entorno más cercano de Tusk al revelar la prensa que su hijo varón, Michal, trabajaba para un conocido empresario de inversiones especulativas que arrastraba múltiples condenas por fraude y malversación de fondos.

Al poco, mientras el PiS barajaba presentar una moción de censura contra el Gobierno por estar arrastrando al país, con su "ultraliberalismo perverso" y su "anticatolicismo", al "abismo político y económico", se conoció el arresto en Cracovia de un investigador de laboratorio químico de ideas xenófobas y antisemitas que, según la Policía, planeaba hacer volar el Parlamento con cuatro toneladas de explosivos, aprovechando alguna sesión que reuniera en el hemiciclo a Komorowski, Tusk y los ministros. Tusk se tomó muy en serio la amenaza abortada, en apariencia urdida por un lobo solitario de la extrema derecha nacionalista, e instó a sus oponentes parlamentarios a "abandonar el lenguaje de la violencia y el odio en el debate público".

La siguiente controversia que dañó la cohesión del Gabinete polaco fue a propósito de la decisión por Tusk de cubrir el vacío legal que había en Polonia sobre la regulación de la fecundación in vitro, práctica realizada de manera habitual en numerosos centros médicos privados. En contra de la nueva normativa se posicionó el ministro de Justicia, Jaroslaw Gowin, miembro del ala más conservadora de la PO y sensible al discurso social y moral de la Iglesia Católica. Gowin llevaba meses enfrentado a Tusk y a las corrientes laicas de la PO en relación con otro asunto candente, el reconocimiento de las uniones civiles gays, alternativas al matrimonio, que desde 1997 estaba prohibido en la misma Constitución si no era entre un hombre y una mujer. Este conflicto interno había impedido la aprobación por el Sejm en enero, cuando Gowin capitaneó un grupo de 46 diputados liberales rebeldes, del proyecto de ley sobre el registro de parejas de hecho, del mismo o de distinto sexo, elaborado por la PO.

La gota que colmó el vaso de la paciencia de Tusk fueron unas declaraciones de Gowin por la televisión en las que comentó la existencia de un presunto tráfico de embriones humanos entre Polonia y Alemania, destinados a la experimentación médica en laboratorios germanos: el 6 de mayo de 2003 el primer ministro relevó al lenguaraz titular de Justicia y nombró en su lugar a Marek Biernacki, ex ministro del Interior. Tras esta cadena de polémicas, el Ejecutivo quedó tan desgastado que Tusk decidió hacerle un buen lavado de cara. La remodelación ministerial se produjo el 27 de noviembre de 2013 y supuso el cambio de seis titulares, entre ellos el ministro de Finanzas y –desde febrero- viceprimer ministro, Jacek Rostowski, miembro de la PO. En el primer puesto Rostowski dejó paso al economista independiente Mateusz Szczurek y en el segundo a la cívica Elzbieta Bienkowska, hasta ahora ministra de Desarrollo Regional y en adelante de Infraestructuras y Desarrollo.

(Cobertura informativa hasta 1/1/2014)

Más información

Web del Presidente del Consejo Europeo

Web del Primer ministro de Polonia

Donald Tusk en Twitter

Donald Tusk en YouTube

Web del partido Plataforma Cívica (PO)

Comentario Real Instituto Elcano: "Tusk y Mogherini: ¿una nueva ambición para Europa?" (Andrés Ortega, 5/9/2014)

Nota Internacional CIDOB - "Polonia, ¿un jugador de primera división en la UE?" (Agnieszka Nimark, 2/2012)