Reseña de libros | La contienda por pensar lo internacional desde China

Revista CIDOB d'Afers Internacionals_141
Data de publicació: 12/2025
Autor:
Enrique Mora Roás, investigador predoctoral, Facultad de Humanidades y Comunicación, Universitat Oberta de Catalunya
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Pérez Mena, Ferran. Contender states and modern Chinese international thought. From the republican era until the «Chinese School of International Relations» . Palgrave Macmillan, 2024, 206 págs. 

El auge de China y su posición actual en el orden internacional han despertado la necesidad de entender cómo el «país del centro» ha generado pensamiento sobre la esfera internacional en su historia. Sin embargo, por lo general, los estudios normativos de la disciplina giran en torno a una idea mitificada pos-1978, el inicio de la política de Reforma y Apertura, vertebrados por la primacía del orden liberal y del cientifismo de la disciplina de las relaciones internacionales. Así, la literatura actual ha pasado por alto las aportaciones de las eras republicanas y maoísta, creando un «adanismo teórico» basado en la concepción errónea de un vacío intelectual previo a la formalización disciplinar una vez China se abre a Occidente. Para abordar esta problemática y evitar una ruptura histórica manufacturada, Ferran Pérez Mena, profesor de la Universidad de Durham, nos ofrece un recorrido histórico en Contender states and modern Chinese international thought sobre la ligazón entre las condiciones estructurales del «Estado contendiente» y el desarrollo del pensamiento internacional chino en conversación con sus desarrollos nacionales y su posición internacional. 

La pregunta que cimienta la investigación establece cuáles fueron y son las dinámicas geopolíticas en el proceso de creación y defensa del Estado-nación chino que enmarcan y determinan la generación y cambios de un pensamiento internacional desde 1912 hasta 2022. Pérez Mena emplea el concepto «pensamiento internacional» como estrategia para descentralizar la disciplina de las relaciones internacionales, cuestionando la dicotomía doméstica/internacional y el predominio anglosajón que ha relegado la producción intelectual china previa a 1978. 

Teóricamente, la obra se apoya en dos pilares: la teoría sobre el desarrollo desigual y combinado de Trotsky, por un lado, y el concepto de «Estado contendiente» de Van der Pijl, por el otro. En este sentido, el autor sostiene que las presiones imperiales derivadas del desarrollo desigual entre el centro imperial y los estados coloniales y semicoloniales, entre los cuales se encontraría China, configuraron un marco donde la defensa estatal de la soberanía converge con ideologías revolucionarias movilizadoras. En la obra, esta condición de «Estado contendiente» emerge como hilo conductor del pensamiento internacional chino al considerar las esferas internacional y nacional como (co)dependientes en la generación de conocimiento entre sus élites. Así, este marco teórico consigue descentralizar el análisis pero también lo hace replicable al poner en conversación lo universal y lo local, fundamental en un enfoque global y no occidental de las relaciones internacionales. 

El análisis comienza con el período republicano (1912-1949, capítulo 3) revelando cómo los contactos con el Japón imperial, las revoluciones rusas (1905 y 1917) y el imperialismo occidental contextualizaron la posición contendiente temprana de China. El autor examina figuras clave para ilustrar la diversidad de respuestas a la posición de China en el mundo y su interrelación con la búsqueda de soberanía. Yuan Shikai desarrolla una realpolitik sintetizando confucianismo y pragmatismo modernizador; Sun Yat-sen articula un panasianismo culturalista, privilegiando el liderazgo japonés sin confrontar las raíces materiales del imperialismo. En contraposición, comunistas como Li Dazhao critican la postura de Sun como reproductora del imperialismo, proponiendo en cambio una federación de «naciones proletarias» que reinterpreta la «Gran Armonía» confuciana; mientras Chen Duxiu teoriza las causas materiales de la semicolonización defendiendo un Estado socialista federativo. Finalmente, el autor reflexiona sobre Chiang Kai-shek, quien buscaba la integración china en la «familia de las naciones» fusionando confucianismo y catolicismo bajo la «hermandad universal». Pese a la variedad de soluciones ideadas en el período republicano, se mantiene que todas son una manifestación de la construcción del pensamiento internacional fundamentada en la situación de China en un período temprano de construcción de un Estado-nación moderno. 

El capítulo 4 versa sobre las primeras décadas de la República Popular China (RPC) (1949-1978), demostrando cómo la condición de Estado contendiente continuó determinando el pensamiento internacional en el contexto triangular con la Unión Soviética y Estados Unidos durante la Guerra Fría en clave marxista. Pérez Mena traza la evolución desde la «teoría de los dos campos» maoísta que enfrentaba a los grandes poderes de Occidente contra el bloque socialista, pasando por el «internacionalismo proletario» federativo de Liu Shaoqi y los «cinco principios de coexistencia pacífica» de Zhou Enlai, en una primera etapa significada por la alianza con la Unión Soviética. Sin embargo, la ruptura sino-soviética de los años sesenta cataliza un giro, posicionando a China como centro revolucionario alternativo. La teoría de los «Tres Mundos» cristaliza esta ambición, unificando al Tercer Mundo como bloque contendiente antihegemonista. Así, el autor confirma que la coyuntura internacional da cabida a lecturas y conceptos flexibles pero fundamentados por el interés de garantizar la soberanía del país frente a las amenazas percibidas, lo que justifica el acercamiento primero a la Unión Soviética y más tarde a Estados Unidos. Crucialmente, refuta la caracterización de «desierto teórico» asociada a la era maoísta, argumentando su importancia en sí misma y el establecimiento de bases para desarrollos posteriores.

Frente a una etapa eminentemente marxista, el período de Reforma y Apertura (1978-2008, capítulo 5) aparece como un momento de «angloamericanización» disciplinar. Sin embargo, Pérez Mena enfatiza la continuidad de premisas centrales que lo caracterizan como Estado contendiente. Es decir, pese a señalar este punto de inflexión, la producción intelectual sobre lo internacional se construye como una fase más de adaptación en la que (co)dependen las esferas nacional e internacional. La estrategia de «viaje hacia Occidente» buscaba, por tanto, formar a jóvenes en los principios de teorías occidentales para navegar la integración al orden capitalista. El autor propone que el realismo fue asimilado como despolitización  «científica»; mientras que el liberalismo legitimó la integración económica global mediante un «nuevo internacionalismo chino» no revolucionario, que articulaba la globalización desde premisas nacionalistas desarrollistas. Por su parte, el constructivismo facilitó posteriormente un «giro cultural» que movilizó conceptos confucianos despolitizando y borrando el legado marxista. Complementariamente, la Escuela Inglesa propició un «giro historiográfico» que recuperaba marcos premodernos como el sistema tributario para movilizar imaginarios que dieran cabida a una posición regional más prominente y el establecimiento de un marco de desigualdad pacífica. 

El capítulo final examina la emergente escuela china de relaciones internacionales (2008-2022) como proyecto de autonomía teórica frente al modelo euroamericano, aunque arraigado en la experiencia histórica de China. Pérez Mena analiza críticamente las principales contribuciones: el realismo moral de Yan Xuetong, que mediante discurso confuciano nacionalista-conservador legitima el liderazgo tecnocrático del Partido desvinculándolo de la retórica marxista; la teoría relacional de Qin Yaqing, que propone coexistencia armoniosa confuciana enfatizando una autonomía dialógica; la Escuela de Shanghai, que desarrolla un liberalismo pluralista fundamentado en los conceptos de simbiosis e interdependencia; y las relaciones internacionales globales, cuyas aspiraciones universalistas han generado paradójicamente discursos civilizatorios esencialistas vinculados al nacionalismo contemporáneo. El autor señala los posibles problemas teóricos que emanan de concepciones ahistóricas y del nacionalismo teórico para la construcción de la disciplina, enfatizando que también son una respuesta actualizada a una historia en posición contendiente.

En conclusión, el libro se alza como una doble labor encomiable: la creación de un manual de referencia sobre el desarrollo de la disciplina de relaciones internacionales en China junto con una visión crítica que ahonda en los problemas reproducidos por la ruptura artificial pos-big bang de 1978. El eje central de la obra muestra de forma convincente que la posición de Estado contendiente genera continuidades desde 1912 hasta hoy, demostradas en factores como la primacía ontológica del Estado, el nacionalismo, una visión cercana al realpolitik y la misión primordial de salvaguardar la soberanía nacional. Este hilo conductor se sustenta en un análisis sustancial de fuentes primarias que abarcan desde tratados políticos hasta textos de las relaciones internacionales chinas en su desarrollo como disciplina académica.  Pero, más allá de la especificidad china, la contribución de Pérez Mena nos confronta con las consecuencias de tendencias actuales en el desarrollo teórico de la disciplina que apoyan nociones ahistóricas y esencialistas, así como el nacionalismo metodológico, defendiendo un acercamiento materialista que afronte los problemas que acucian a la disciplina.

Revista CIDOB d’Afers Internacionals, nº 141; pp: 185-188
Cuatrimestral (septiembre-diciembre 2025)
ISSN:1133-6595 | E-ISSN:2013-035X