La estrategia de Japón en el Indopacífico: ¿seguridad económica o alineamiento geopolítico?

Revista CIDOB d'Afers Internacionals, 141
Data de publicació: 12/2025
Autor:
Tony Tai-ting Liu
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Tony Tai-ting Liu, profesor ayudante doctor, Instituto de Posgrado de Política Internacional, Universidad Nacional de Chung Hsing. ttliu@dragon.nchu.edu.tw. ORCID: http://orcid.org/0000-0002-3328-3903  

Este artículo examina el desarrollo de la estrategia japonesa conocida como «Indopacífico libre y abierto» (FOIP, por sus siglas en inglés), situándola dentro del contexto de la competencia entre grandes potencias, específicamente entre Estados Unidos y China. Para ello, destaca las limitaciones de la teoría de la gaiatsu (presión externa) y argumenta que debe interpretarse como una estrategia basada en intereses económicos pragmáticos. Así lo demuestran el liderazgo de Tokio en la supervivencia del Tratado Integral y Progresista de Asociación Transpacífico (CPTPP), su adhesión a la Asociación Económica Integral Regional (RCEP) y la creciente importancia del Sur Global en la política exterior de Japón desde la segunda Administración de Shinzo Abe (2012-2020). La FOIP de Japón muestra la autonomía y la decisión del país nipón de priorizar su agenda económica y estratégica, sin alinearse con Estados Unidos ni ceder a presiones de China    

En 2017, ante el aumento de las tensiones en el Mar de China Meridional y el estrecho de Taiwán, el presidente estadounidense Donald Trump propuso por primera vez su visión de la estrategia para un «Indopacífico libre y abierto» (FOIP, por sus siglas en inglés), durante un discurso en la cumbre de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC, por sus siglas en inglés) celebrada en Vietnam. La Estrategia de Seguridad Nacional, publicada solo un mes más tarde, también adoptaba por primera vez el término «Indopacífico», y contextualizaba la región como una zona marcada por la competencia geopolítica entre Estados Unidos y China. Este diagnóstico se convertiría en la base de la estrategia estadounidense de un «Indopacífico libre y abierto», destinada a fortalecer las relaciones de Estados Unidos con sus socios en la región mediante una mayor cooperación en materia económica y de seguridad (Departamento de Estado de Estados Unidos, 2019). Posteriormente, bajo la Administración de Joe Biden, se renombró como «Estrategia para el Indopacífico», sin dejar de lado el compromiso con la idea de que fuera «libre y abierto» (The White House, 2022).

Japón ya había presentado su política en agosto de 2016, un año antes de que el presidente Trump hiciera referencia por primera vez al concepto de «Indopacífico». El entonces primer ministro japonés, Shinzo Abe, dio a conocer su estrategia para un «Indopacífico libre y abierto», la FOIP, durante la Conferencia Internacional de Tokio sobre el Desarrollo de África (TICAD, por sus siglas en inglés) celebrada en Kenya. Sin embargo, debido a que la atención mundial se centraba en la nueva estrategia estadounidense y sus implicaciones para las relaciones entre Estados Unidos y China, la propuesta japonesa fue percibida erróneamente como alineada y basada en las mismas prioridades que las de Estados Unidos, lo que pasaba por alto el propio posicionamiento de Tokio, distinto del de Washington (Yoshimata, 2025). Este malentendido se debió a dos razones principales: en primer lugar, al papel de Japón como uno de los aliados más importantes de Estados Unidos en Asia y, en segundo lugar, al hecho de que los intereses de Tokio y Washington suelen converger en múltiples cuestiones, entre ellas dar respuesta al creciente poder de China en la región y en el mundo. Dada su estrecha colaboración en materia de seguridad y economía, estos factores parecen intuir la dificultad de distinguir los intereses independientes de ambos, particularmente en el caso de Japón.

En este contexto, este artículo analiza la FOIP de Japón. Examina si la estrategia japonesa debe entenderse como una reacción a la gaiatsu –presión externa– de Estados Unidos y la creciente asertividad de China, o bien refleja intereses japoneses propios y distintos que divergen de los de la potencia norteamericana, configurando de forma independiente una política exterior nipona en el Indopacífico. El estudio del desarrollo de la FOIP japonesa se realiza a partir de un análisis cualitativo de fuentes primarias –discursos de líderes y documentos oficiales–, así como de literatura académica relevante. Al examinar la longeva presencia de Japón en el Sur Global –en especial en el Sudeste asiático, Asia Meridional y África– y la priorización de la economía durante el segundo mandato del primer ministro Abe (2012-2020), este artículo cuestiona la idea general de que Japón es solo un país reactivo con poca capacidad autónoma en medio de la competencia entre Estados Unidos y China. Por el contrario, se sostiene que el papel de liderazgo de Japón en la firma final del Tratado Integral y Progresista de Asociación Transpacífico (CPTPP, por sus siglas en inglés), su participación en la Asociación Económica Integral Regional (RCEP, por sus siglas en inglés) y su compromiso con el Sur Global como parte de la FOIP sugieren un pragmatismo basado en intereses económicos independientes. Por tanto, la estrategia japonesa para el Indopacífico debe entenderse no como una respuesta reactiva a la creciente competencia entre Estados Unidos y China, sino como una estrategia bien definida que refleja el pragmatismo y la priorización de los intereses (económicos) de Japón. 

El análisis se estructura en cuatro apartados. En primer lugar, se examinan las respuestas de Japón a la gaiatsu, situando la política exterior japonesa en el contexto de la competencia entre las grandes potencias de Washington y Beijing. En segundo lugar, se analiza el surgimiento y la evolución de la estrategia FOIP de Japón, tanto durante el segundo mandato de Shinzo Abe (2012-2020) como en la Administración de Fumio Kishida (2022-2024), y se identifican los diversos intereses que esta encarna. En tercer lugar, se destaca el énfasis que pone la FOIP en el Sur Global y sus esfuerzos por fortalecer las relaciones con los países en desarrollo. Por último, se concluye con unas reflexiones finales sobre la FOIP de Japón y sus posibles perspectivas.

La gaiatsu y la búsqueda de autonomía de Japón  

Durante mucho tiempo, el concepto de gaiatsu, traducido como «presión externa», se ha utilizado para estudiar la política exterior japonesa (Schoppa, 1993; Pempel, 1999). En esencia, esta noción describe cómo la influencia de la presión externa, en particular la de Estados Unidos, ha sido el catalizador de múltiples cambios en la política japonesa, en lugar de la influencia de factores domésticos (Miyashita, 1999). Por ejemplo, para reducir el superávit comercial que mantenía Japón con Estados Unidos en la década de 1980, Washington presionó a Tokio en 1985 para la firma del Acuerdo del Hotel Plaza (Plaza Accord), que causó la depreciación del dólar y la consiguiente apreciación del yen, debilitando la competitividad japonesa. Esta acción se considera la precursora del colapso económico japonés a principios de los años noventa. Más recientemente, la presión de Estados Unidos para que Japón incremente su gasto en defensa y asuma un papel más relevante en la alianza militar bilateral también puede verse como otro ejemplo de gaiatsu. En 2022, como resultado de presiones estadounidenses y un rápido cambio en el contexto de seguridad en Asia tras la invasión rusa de Ucrania y la interconexión entre ambos escenarios en materia de seguridad, Japón declaró su intención de aumentar su presupuesto de defensa hasta un 2% del PIB antes de 2027. Ello supuso una ruptura de su compromiso previo de limitar el gasto en defensa al 1% del PIB (Yuan, 2023). 

De hecho, la capacidad de agencia de Japón se ha considerado a menudo limitada por el artículo 9 de su Constitución de 1947, resultado de la ocupación estadounidense del país tras la Segunda Guerra Mundial. Esta disposición le prohíbe el derecho a la beligerancia y a mantener un ejército formal, posicionándolo en una grave desventaja ante los retos de seguridad planteados por China y Corea del Norte. Además, refuerza la imagen de Japón como un Estado reactivo que depende en gran medida de la alianza militar con Washington si su seguridad está en juego (Calder, 2023). Las limitaciones militares de Japón reducen su capacidad para equilibrar las relaciones entre potencias, lo que respalda la afirmación de Go Ito (2004) de que Japón únicamente puede seguir una estrategia de alineamiento completo integrando sus políticas con las de Washington. 

Sin embargo, este estudio sostiene que el concepto de gaiatsu no permite comprender plenamente la FOIP de Japón. Si bien la teoría de la gaiatsu indica la tendencia de Japón de ser un actor pasivo y reactivo en las relaciones internacionales, así como de desempeñar un papel en el que pocas veces toma decisiones basadas en sus propios intereses, se sostiene que dicha interpretación no reconoce el hecho de que Japón se ha convertido en un actor más proactivo y pragmático en la formulación de su política exterior en las últimas décadas. Además, se argumenta que, pese a la presión externa (gaiatsu) ejercida sobre Japón por parte de China y Estados Unidos, las apreciaciones económicas realizadas por Tokio han primado sobre la reacción a dichas presiones. Esto ha dado como resultado que la adopción de la FOIP sea una decisión cuidadosamente calculada.

Expansión de Japón pese a la gaiatsu de Washington

Los estudios anteriores sobre la gaiatsu se han centrado principalmente en la presión ejercida por Estados Unidos sobre Japón para generar cambios políticos, tanto en el ámbito nacional como en el internacional. Desde la firma del Tratado de Seguridad y Cooperación Mutua entre Japón y Estados Unidos en 1951, que marca el inicio de la larga alianza entre Washington y Tokio, la política de defensa y seguridad de Japón ha dependido en gran parte del apoyo y las garantías estadounidenses (Satake y Sahashi, 2021). Por consiguiente, la suposición de que Japón comparte el mismo objetivo estratégico que Estados Unidos en materia de seguridad se ha ido consolidando con el tiempo. De hecho, ante los retos geopolíticos que plantean China y Corea del Norte, los intereses de Japón y Estados Unidos suelen coincidir en la mayoría de los casos.

Esta misma lógica se extiende a las políticas de la FOIP. Tras la adopción de la primera política para el Indopacífico por parte de Estados Unidos durante el primer mandato del presidente Donald Trump, existe una opinión generalizada de que Japón adoptó la FOIP como resultado del alineamiento de sus intereses con los de Washington; es decir, con el objetivo contrarrestar y hacer frente al desafío del auge de China (Smith, 2022). Sin embargo, aunque reducir y reequilibrar la creciente influencia de Beijing pueda ser beneficioso tanto para Japón como para Estados Unidos, difícilmente se puede afirmar que esta es la única razón para la adopción de esta estrategia si se tienen en cuenta otros factores.

En primer lugar, si bien el presidente Trump popularizó el concepto de «Indopacífico» en 2017, fue el primer ministro Abe quien ya lo había anunciado y adoptado un año antes. En segundo lugar, analizar la política exterior japonesa desde una perspectiva centrada únicamente en su alineación con Estados Unidos, es ignorar que se produjeron tensiones en las relaciones bilaterales tras la llegada del presidente Trump a la Casa Blanca en 2016, especialmente en el ámbito de la cooperación económica (Urata, 2020). En concreto, en enero de 2017 se produjo una significativa escisión cuando, tras la toma de posesión del presidente Trump, Estados Unidos se retiró de las negociaciones en curso sobre el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP, por sus siglas en inglés). Este acuerdo económico y zona de libre comercio incluía a Japón, Australia, Canadá, México, Perú, Chile, Malasia, Vietnam, Nueva Zelanda, Singapur y Brunei, además de Estados Unidos, representando alrededor del 40% de la economía mundial (USTR, s. f.). La retirada de Washington del TPP supuso un duro golpe para las negociaciones, ya que el Gobierno de Estados Unidos había tomado la iniciativa de concluir el acuerdo bajo la Presidencia de Barack Obama tras casi una década de negociaciones. Como señala Terada (2019), la decisión de Trump conmocionó a Tokio y obligó a Japón a realizar un cambio drástico en su política exterior y comercial.

Dado que el TPP era fundamental para el «Abenomics»1, los intereses económicos nacionales llevaron a Japón a asumir el liderazgo en la reanudación de las negociaciones comerciales frente la nueva realidad. Para contextualizar el momento, cabe destacar que, después de perder el país la carrera económica frente a China en 2010 –cuando Beijing superó a Tokio como segunda economía mundial–, el primer ministro Abe asumió el cargo en un contexto convulso tras los desastres ocurridos en 2011: el terremoto de Tohoku, el tsunami y el desastre nuclear de Fukushima, que devastaron Japón y frenaron el crecimiento económico del país. Un año después de la llamada triple catástrofe, en 2012, Japón alcanzó una tasa de pobreza relativa del 16,1%, lo que supuso un récord histórico para el país (Smil, 2012). Por ello, Shinzo Abe basó su campaña electoral en la promesa de reactivar el crecimiento económico, del que dependían en gran medida su partido y el apoyo popular. En este impulso por revitalizar la economía japonesa, la segunda Administración Abe se centró intensamente en resucitar el acuerdo. En noviembre de 2017, junto con Canadá, Australia, Nueva Zelanda, Singapur, Vietnam, México, Perú, Malasia, Chile y Brunei, Japón concluyó las negociaciones iniciales del TPP suspendiendo algunas de sus disposiciones. Menos de seis meses después, en marzo de 2018, los 11 países mencionados firmaron el CPTPP, que entró en vigor en enero de 2019.

Aunque en este caso la gaiatsu funcionó de manera diferente, ya que Estados Unidos no ejerció presión de forma proactiva sobre Tokio para salvar el acuerdo, la retirada de Estados Unidos y los problemas económicos internos sirvieron de catalizador para impulsar el liderazgo de Japón en el establecimiento del CPTPP. Es decir, tras la decisión de Washington de abandonar el TPP, Tokio se vio obligado a decidir qué era lo que más le convenía y si debía alinear sus políticas con las de Washington. En este caso, Japón consideró que el CPTPP era crucial para su economía nacional y, como ejemplo de su compromiso con una asociación económica libre y justa, que debía ser uno de los pilares que después pasarían a formar parte de la FOIP.

Del mismo modo, al dar prioridad a la economía, la FOIP de Japón ha adoptado un enfoque muy diferente a la visión indopacífica de Estados Unidos, que ha buscado contener a China (Nishino, 2023). Así, a pesar de que Tokio se ha alineado con Washington en considerar a China como un desafío para su seguridad, se ha abstenido de desvincularse económicamente de China al mismo nivel. Un ejemplo que pone de relieve su pragmatismo es su participación simultánea en el CPTPP y la RCEP. En 2012, mientras participaba en las negociaciones del TPP, Japón también se había sumado a las negociaciones del acuerdo de la RCEP (Oba, 2022). La decisión de Japón contrasta con la de Estados Unidos, que tenía dudas sobre si participar en las negociaciones de la RCEP debido a la membresía de China en las negociaciones. Aunque muchos analistas adoptan el marco de la competencia entre Estados Unidos y China, y consideran que el TPP y la RCEP son iniciativas rivales (Hung y Liu, 2012), Japón ha roto con esa dicotomía y participa actualmente en ambas propuestas. Es más, la a priori centralidad de la RCEP como una iniciativa de harmonización de los diferentes tratados de libre comercio que había firmado ASEAN con sus socios prioritarios, también evidencia la relevancia del Sudeste Asiático para Japón más allá de la competición entre China y Estados Unidos, además de visibilizar la existencia de dinámicas endógenas asiáticas hacia una mayor integración. Asimismo, cuando China presentó su solicitud de adhesión al CPTPP en 2021, Japón no se opuso, lo que demuestra su consideración pragmática de los intereses autónomos incluso hacia un rival estratégico –si bien Beijing todavía no ha sido admitido–. Ello demuestra el pragmatismo de Japón, que reconoce el poder económico de China y la necesidad de adaptarse y hacer crecer su economía a partir de la nueva situación (Ramírez, 2021).

Expansión de Japón a pesar de la gaiatsu de Beijing

Como se ha señalado, el año 2010 fue crucial para Tokio, ya que China se convirtió en la segunda economía más grande del mundo, superando a Japón. Desde entonces, según varios analistas, Japón ha entrado en un lento declive, mientras que China le ha superado como potencia líder en la región del Indopacífico (Yuan, 2018). El auge de China generó presiones económicas y de seguridad para Japón. En el ámbito de la seguridad, China se volvió más firme en sus reivindicaciones territoriales en el Mar de China Meridional, el Mar de China Oriental –especialmente en torno a las disputadas islas Senkaku/Diaoyu– y Taiwán. En el ámbito económico, el gigante asiático anunció el lanzamiento de la Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI, por sus siglas en inglés) en 2013, una estrategia descrita por Suisheng Zhao (2019: 319) como «el emblema de la diplomacia de Xi Jinping». Además de su enorme potencial económico, se considera que la BRI tiene un importante impacto geopolítico en el mundo, al aumentar la importancia del Sur Global (Liu, 2022).

A la luz de la expansión de China, un argumento común es que, bajo el segundo mandato de Shinzo Abe, Japón reaccionó y adoptó muchas contramedidas (Heginbotham y Samuels, 2018). Podría argumentarse que la FOIP es una respuesta estratégica a la BRI y al auge de China, una medida que forzó a Japón a oponerse a China mediante nuevas estrategias y políticas. Sin embargo, este argumento pasa por alto el hecho de que Japón ya tenía una fuerte presencia en el Sur Global antes de la llegada al poder del presidente Xi Jinping, o de la puesta en marcha de la BRI. Por lo tanto, el creciente interés mostrado por el Sur Global en el marco de la FOIP –que hace hincapié en Asia Meridional, el Sudeste Asiático y África– no es algo nuevo, sino más bien una intensificación de la postura anterior.

En el caso de Japón, pese a la inclusión aparentemente única del Sur Global en la FOIP, históricamente Tokio ha hecho muchas incursiones en el mundo en desarrollo desde finales del siglo xix. El hecho de que gran parte de la región de Asia-Pacífico estuviera subdesarrollada y bajo ocupación occidental a finales del siglo xix y principios del xx, sugiere que la región puede considerarse parte del Sur Global. Así, a partir de la colonización de la isla de Formosa –la actual Taiwán– en 1895, Japón comenzó a extender su influencia hacia el sur. La lógica imperialista animó al país nipón a buscar nuevos mercados para el comercio en el Sudeste Asiático, lo que gradualmente se convirtió en la adquisición de materias primas como el caucho, el carbón y el petróleo para apoyar la maquinaria bélica japonesa cuando estalló la Guerra del Pacífico en 1941. Impulsado por la ideología colonial e imperial de establecer la «Esfera de Coprosperidad de la Gran Asia Oriental», la huella del Imperio japonés se extendió por el Sudeste Asiático, como lo demuestra la colonización u ocupación militar de Singapur (1942-1945), Malasia (1941-1945), Indonesia (1942-1945), Birmania [actual Myanmar] (1942-1945), Filipinas (1942-1945), Vietnam (1940-1945), Laos (1945) y Camboya (1941-1945) (Tarling, 2001). Si bien Japón fue forzado a retirarse de estos territorios tras rendirse en 1945, terminada la Segunda Guerra Mundial, el Sudeste Asiático volvería a ser una región prioritaria en la búsqueda de nuevos mercados y materias primas para los objetivos desarrollistas de los diferentes gobiernos de posguerra en colaboración con Washington. A finales de la década de 1970, con la retirada de Estados Unidos de Vietnam, Japón se convertiría en el hegemón económico de la región (Nester, 1989). 

A medida que el auge de China (y el correspondiente declive de Japón), así como la ampliación de las relaciones de China con el Sudeste Asiático han atraído la atención mundial durante las últimas dos décadas, la huella de Japón en el Sudeste Asiático en el pasado parecía haberse convertido en una historia olvidada. Por tanto, tras la puesta en marcha de la BRI, que hace hincapié en el fortalecimiento de las conexiones con el Sudeste Asiático, las medidas adoptadas por Japón para reconsolidar sus relaciones con esta región parecen reactivas (Sudo, 2009). Sin embargo, si se tiene en cuenta la historia expansionista de Japón durante el siglo xx, se obtiene una interpretación diferente de las políticas actuales del país. Aunque quizá ya no estén impulsadas por la ambición imperialista o la internacionalización, las iniciativas de Japón para fortalecer las relaciones con el Sudeste Asiático pueden estar motivadas simplemente por el hecho de que el crecimiento económico de la región en los últimos años la convierte en un mercado lucrativo para el comercio y la inversión. Según datos del ASEAN-Japan Centre (2025), Japón es el cuarto socio comercial y el segundo inversor de los países ASEAN, mientras que la asociación regional representa el tercer socio comercial de Tokio, con un 15% del comercio total japonés en 2022.

Para demostrar la progresiva relevancia que el Sudeste Asiático iba teniendo para Japón, el primer ministro Shinzo Abe decidió visitar Vietnam, Tailandia e Indonesia en su primer viaje al extranjero tras el inicio de su segundo mandato en 2013 (Malitz, 2022). Durante el viaje, Abe anunció por primera vez los Cinco Principios de la Diplomacia de Japón en la ASEAN, en Yakarta (Indonesia), que incluyen valores compartidos como la libertad y la democracia, la promoción de mares libres y abiertos, la asociación económica, el patrimonio cultural y el intercambio juvenil (Ministry of Foreign Affairs Japan, 2013). Estos Principios siguen siendo la piedra angular de la política exterior de Japón hacia el Sudeste Asiático en la era post-Abe, todos ellos codificados en la FOIP. Además, dentro de su visión de conectar Asia y África, así como los océanos Pacífico e Índico, Japón destaca el papel de la ASEAN como «bisagra de dos océanos» (Ministry of Foreign Affairs Japan, 2025a). De tal designación se desprende claramente que el Sudeste Asiático y el Sur Global desempeñan un papel mucho más importante en la FOIP de Japón de lo que se podría creer (Hosoya, 2023), y que las políticas de Japón pueden ser algo más que meras reacciones con respecto a China.

Desarrollo y evolución de la visión japonesa de un «Indopacífico libre y abierto» 

El origen del concepto japonés de «Indopacífico» se remonta a 2007, cuando el primer ministro Abe visitó India durante su primer mandato (2006-2007) y pronunció un discurso ante el Parlamento de ese país. Durante su intervención, Abe destacó la «confluencia de los dos mares» –el océano Índico y el océano Pacífico– como base para la asociación entre Japón e India (Ministry of Foreign Affairs Japan, 2007). Los académicos japoneses han identificado este discurso como el origen de la FOIP (Isozaki, 2023). Aunque el breve primer mandato de Abe y la estrategia estadounidense de «giro hacia Asia» eclipsaron el nacimiento del concepto de «Indopacífico», este resurgió poco después del regreso de Abe al poder en 2012. Su propuesta de un «diamante de seguridad democrática», que abogaba por una cooperación más estrecha entre los gobiernos democráticos de Estados Unidos, Japón, India y Australia, hizo que el imaginario regional del Indopacífico volviera a ser objeto de atención (Abe, 2012) y, más tarde, se convertiría en la base para el restablecimiento del Diálogo Cuadrilateral de Seguridad (Quadrilateral Security Dialogue [QUAD], por sus siglas en inglés) en 2017.

En agosto de 2016, en la sesión inaugural de la vi Conferencia Internacional de Tokio sobre el Desarrollo de África (TICAD vi) celebrada en Kenya, Shinzo Abe anunció por primera vez la estrategia japonesa para un «Indopacífico libre y abierto», pero el término «estrategia» se abandonó posteriormente debido a su asociación con el poder militar, lo que suscitó escepticismo en la región (Hosoda, 2022). La visión FOIP de Japón se basa en tres pilares: en primer lugar, difundir y afianzar el Estado de derecho, la libertad de navegación y el libre comercio; en segundo lugar, perseguir la prosperidad económica mediante vínculos comerciales y de conectividad con el Sudeste Asiático, el Sudoeste de Asia, Oriente Medio y el Sudeste Africano –como ejemplifica la participación de Tokio en el CPTPP y la RCEP–; y, en tercer lugar, garantizar la paz y la estabilidad mediante el desarrollo de la capacidad de aplicación de la ley marítima, la asistencia humanitaria y el socorro en casos de desastre, entre otros (Isozaki, 2023).

Antes de dimitir en septiembre de 2020 por motivos de salud, el primer ministro Abe dedicó muchos esfuerzos a hacer realidad la FOIP y a sentar unas bases sólidas para esta estrategia. Aunque en la primera propuesta no se mencionaban específicamente los países socios clave, la actuación de su política exterior puso de manifiesto que el Sudeste Asiático era uno de los socios principales. De hecho, entre 2013 y 2020, Abe asistió personalmente a cada una de las cumbres anuales de la ASEAN. A pesar del escepticismo inicial de los países del Sudeste Asiático hacia el concepto del Indopacífico, la organización regional adoptó en 2019 una Perspectiva de la ASEAN sobre el Indopacífico (AOIP, por sus siglas en inglés), que fue respaldada por Abe durante la Cumbre de Asia Oriental de 2019 celebrada en Bangkok, un foro regional en el que participan los países de la ASEAN, Rusia, China, Japón, Corea del Sur, India, Australia, Nueva Zelanda y Estados Unidos (Ministry of Foreign Affairs Japan, 2019). La FOIP de Japón y la AOIP coinciden en muchos aspectos, entre ellos el apoyo a una región libre y abierta y la búsqueda de la prosperidad económica conjunta.

Siguiendo el legado de Shinzo Abe, en marzo de 2023 el entonces primer ministro Fumio Kishida (2022-2024) anunció el nuevo plan de Japón para la FOIP durante su visita de Estado a India (Ministry of Foreign Affairs Japan, 2023). En su discurso ante el think tank Indian Council of World Affairs, titulado «El futuro del Indopacífico: el nuevo plan de Japón para un “Indopacífico libre y abierto”»considerando a India, como socio indispensable, Kishida expuso los cuatro pilares actualizados de la FOIP: 1) principios para la paz y normas para la prosperidad; 2) abordar los retos desde una perspectiva indopacífica; 3) conectividad en múltiples niveles; y 4) ampliar los esfuerzos para la seguridad y el uso seguro del mar y el aire. Asimismo, destacó repetidamente la cooperación continuada entre Japón y el Sur Global que, además de India, comprende la ASEAN y los países insulares del Pacífico, Oriente Medio, África, América Latina y el Caribe (ibídem). La visión de Kishida sobre la FOIP coincide en gran medida con el alcance geográfico de la BRI, lo que hace que la competencia entre Japón y China por la influencia en diferentes partes del Sur Global parezca inevitable. Tanto Tokio como Beijing tratan de aumentar su respectivo estatus en las regiones buscando abrir o reforzar las relaciones comerciales con los países o proporcionando ayuda al desarrollo.

El énfasis de la FOIP japonesa en el Sur Global

Aunque ni en la primera propuesta política de la FOIP ni en los discursos del primer ministro Abe se utilizó el término «Sur Global», la política exterior de Japón durante la década de 2010 y sus continuas interacciones con la región pusieron de manifiesto la importancia que Japón otorgaba al Sur Global y, más concretamente, la centralidad del Sudeste Asiático en la FOIP. Sin embargo, la política exterior japonesa bajo el mandato del primer ministro Kishida sí que adoptó este término de forma más explícita, al declarar su interés en «promover las relaciones de Japón con el Sur Global», durante un discurso en enero de 2023 (Kishida citado en Hosoya, 2023). Más allá de señalar la sólida relación entre Japón e India, los diplomáticos japoneses han identificado desde entonces Asia Meridional como un puente o punto clave para conectar Asia Oriental con el Sudeste Asiático y África. Dado que la región del Indopacífico incluye países situados entre el océano Pacífico y las costas orientales de África, la India, el Sudeste Asiático y África son los principales beneficiarios del Sur Global en la FOIP de Japón.

Giro hacia India

El papel fundamental de India en la FOIP de Japón resulta evidente a partir de la decisión del primer ministro Abe de pronunciar en ese país su histórico discurso «Confluencia de los dos mares»2 en 2007. Desde entonces, India ha estado presente en casi todas las iniciativas de Japón para promover la FOIP, desde la propuesta del «diamante de seguridad democrática» hasta la creación del QUAD. La ubicación estratégica de India, que limita con China y se extiende entre el Sudeste Asiático y África, así como su voluntad de actuar como líder del Sur Global, suponen una ventaja para Japón a la hora de conectar con regiones situadas en este grupo de países.

La realidad geográfica de Japón como archipiélago explica la importancia que tiene la seguridad marítima en sus relaciones con otros países, entre ellos India. Incluso antes del lanzamiento oficial de la FOIP, Tokio y Delhi habían reforzado significativamente su coordinación en materia de seguridad marítima, un ámbito que desde entonces se ha fortalecido en el marco del QUAD, ampliándose esta coordinación con Australia y Estados Unidos. En primer lugar, en 2012, Japón e India llevaron a cabo el Ejercicio Marítimo Japón-India (JIMEX). Desde este primer ejercicio conjunto realizado frente a las costas de Japón, las maniobras militares se han celebrado alternativamente en ambos países, haciendo realidad la confluencia del océano Pacífico y el océano Índico. En segundo lugar, en 2013, Japón e India pusieron en marcha el Diálogo sobre Asuntos Marítimos, que sigue celebrándose entre los dos gobiernos (Ministry of Foreign Affairs Japan, 2025d) y que actúa como una interfaz para reforzar la cooperación marítima en cuestiones de seguridad, construcción de navíos o la promoción de rutas marítimas seguras y abiertas. En tercer lugar, en 2014, Japón e India potenciaron sus relaciones bilaterales hasta convertirlas en una Asociación Estratégica y Global Especial y reconocieron los «amplios intereses comunes en materia de seguridad marítima y cibernética» (Ministry of External Affairs India, 2014). Esta mejora permitió a Japón unirse al ejercicio naval Malabar –un ejercicio militar conjunto entre los cuatro países del QUAD– como miembro permanente junto con Estados Unidos e India en 2014, al que más tarde, en 2020, se unió Australia.

Desde el lanzamiento de la FOIP, una segunda área de interés ha unido a Delhi y Tokio: la conectividad. En 2016, Japón acordó invertir en el desarrollo de infraestructuras en las islas Andamán y Nicobar, un archipiélago indio que se extiende entre el golfo de Bengala y el Mar de Andamán y que se encuentra frente a la costa sudoeste de Myanmar. Como señala Yoshimatsu (2021), la inversión japonesa se adoptó como una medida estratégica para contrarrestar la Ruta Marítima de la Seda liderada por China, lo que tranquilizó en cierta medida a India respecto a la creciente presencia de Beijing en su vecindad, y amplió la influencia japonesa en las aguas de Asia Meridional para supervisar y participar en la seguridad y la estabilidad de importantes líneas de comunicación marítima estratégicas, que son fundamentales para el transporte marítimo internacional. 

Más allá de reforzar la colaboración interna, Delhi y Japón decidieron poner en marcha conjuntamente el Corredor de Crecimiento Asia-África (AAGC, por sus siglas en inglés), un proyecto estratégico que hace hincapié en la conexión entre los «dos océanos» y los «dos continentes» (Asia y África) y que cuenta con 17 estados miembros3. El proyecto se anunció en mayo de 2017, apenas unos días después del primer Foro para la Cooperación de la Franja y la Ruta (BRF, por sus siglas en inglés), lo que llevó a algunos observadores a especular que el AAGC era la respuesta conjunta de Japón e India a la BRI china y a la expansión del gigante asiático en la región (Ehteshami, 2022; Anwar, 2019). Este proyecto tiene como objetivo desarrollar infraestructuras de calidad en Asia y África –con un énfasis en la conectividad digital–, promover proyectos de cooperación al desarrollo, crear acciones de capacitación conjunta y desarrollar los intercambios personales. Sin embargo, el AAGC no tiene un tramo continental, lo que hace que el proyecto sea menos ambicioso que la BRI.

Desde la perspectiva de Tokio, cooperar con India puede servir para que Japón cuente con un socio fiable en su agenda para el Sur Global y el Indopacífico. Por un lado, la política «Mirar hacia el Este» de India (posteriormente denominada «Actuar hacia el Este»), cuyo objetivo es cultivar amplias relaciones económicas y estratégicas con el Sudeste Asiático, complementa los propios esfuerzos de Japón a través de la política de vinculación con el Sur. Aunque Japón e India no cooperan abiertamente en el Sudeste Asiático, Tokio considera que la presencia de India en la región es un contrapeso frente a Beijing, que se ha convertido en la potencia dominante en el Sudeste Asiático en las últimas dos décadas. Por otro lado, como señala Nantulya (2023), India y África comparten una relación histórica especial. Desde la década de 1960, dicha relación se ha caracterizado por 76 visitas a África de los primeros ministros de India, un nivel de compromiso sin parangón entre los demás socios externos de África. Por el contrario, Japón ha mantenido un contacto mínimo con África, ya que tanto las importaciones como las exportaciones representan poco más del 1% o 2% del comercio de Japón con el continente en las últimas décadas (Iwata, 2025). Por tanto, mediante la colaboración con India, Japón consigue la oportunidad de ampliar potencialmente su influencia en el Sur Global y más allá de Asia, un paso importante si Japón pretende elevar su estatus global.

Conectando el Sudeste Asiático y África

En comparación con los esfuerzos de China por expandir su influencia en el Sudeste Asiático y África a través de la BRI y otras instituciones y políticas, los esfuerzos similares de Japón por promover sus propios intereses estratégicos son más discretos, aunque no por ello inexistentes. Si bien una perspectiva estructural sugiere que las relaciones entre Estados Unidos y China son la dinámica dominante en el Indopacífico, es importante señalar que, desde 2016, la posición de Estados Unidos hacia el Sudeste Asiático y África se ha mostrado incierta. Aunque Estados Unidos ha seguido de cerca las disputas en el Mar de China Meridional, la irrupción de la primera Administración  Trump alejó una participación significativa de Estados Unidos en el Sudeste Asiático, una evolución que se hizo evidente después de que, a partir de 2018, el presidente se ausentara de las sucesivas cumbres de la ASEAN y de que no ofreciera incentivos económicos (Southgate, 2021). A pesar de los esfuerzos por fortalecer las relaciones con el Sudeste Asiático bajo la Administración Biden desde 2021 –marcados por visitas de alto nivel, el establecimiento de la Asociación Estratégica Integral entre Estados Unidos y la ASEAN en 2022 o el lanzamiento del Marco Económico Indo-Pacífico (IPEF, por sus siglas en inglés)–, el compromiso de Washington con la región seguía siendo limitado, especialmente teniendo en cuenta el contexto internacional marcado por la COVID-19, la invasión rusa de Ucrania o la guerra de Gaza, que monopolizaron sus recursos. En África, por ejemplo, la participación de Estados Unidos ha sido aún menos notable, y los críticos describen la política estadounidense hacia África desde 2016 como una «negligencia benigna» o, en otras palabras, como una política basada en el mantenimiento de las relaciones comerciales existentes sin intención de aumentar aún más la participación estratégica o diplomática (Magu, 2018).

Así, la retirada de Estados Unidos del Sudeste Asiático y África creó varios vacíos estratégicos que otras potencias han intentado llenar y explotar en su propio beneficio. A través de la FOIP, Japón ha tomado la iniciativa de promover sus propios intereses en el Sur Global y proyectar su influencia más allá de Asia Oriental tras la retirada de la potencia norteamericana.

a) Japón y Sudeste Asiático

Para Japón, el Sudeste Asiático reviste una importancia estratégica debido a la presencia en la región de importantes líneas de comunicación marítima estratégicas –entre ellas, el estrecho de Malaca– que son esenciales para el transporte de recursos energéticos desde Oriente Medio. Este área es también un mercado importante para los negocios japoneses y la inversión extranjera, siendo la ASEAN el cuarto socio comercial más importante después de Estados Unidos, China y la Unión Europea, y el destino más importante para la inversión japonesa en Asia (JETRO, 2024). Actualmente, Japón cuenta con un Acuerdo de Asociación Económica Integral (CEPA, por sus siglas en inglés) con la ASEAN y acuerdos de asociación económica separados con Indonesia, Malasia, Filipinas, Singapur, Tailandia y Vietnam.

Aunque Japón no es un Estado parte en la disputa del Mar de China Meridional, las tensiones entre China y Estados Unidos sobre la libertad de navegación y entre China y otros estados reclamantes de la región tienen importantes implicaciones geopolíticas para Japón, incluyendo en propia disputa con Beijing sobre las islas Senkaku/Diaoyu. A medida que China se ha vuelto cada vez más beligerante en el Mar de China Meridional durante la última década –una evolución que se hace evidente en los proyectos de expansión territorial de Beijing y en el empleo de tácticas de zona gris en la región–, Japón ha tomado medidas para promover la cooperación en materia de seguridad marítima con sus socios del Sudeste Asiático, lo que se hace eco del esfuerzo más amplio por contrarrestar a China a través de la FOIP. Aunque Japón sigue estando limitado por su Constitución en lo que respecta al uso activo de la fuerza, desde 2012 ha apoyado a los países del Sudeste Asiático en la cooperación para el desarrollo de capacidades en materia de recursos humanos y asistencia técnica en ámbitos relacionados con la defensa (Shoji, 2024: 26). Además, durante la pandemia de COVID-19, por ejemplo, Japón llevó a cabo la denominada «diplomacia de las vacunas» y donó vacunas a Taiwán, Vietnam, Tailandia, Malasia, Indonesia y Filipinas, entre otros países. 

Estos esfuerzos son especialmente evidentes con Filipinas y Vietnam. En el caso de Filipinas, Japón ha llevado a cabo programas de formación sobre el mantenimiento de buques, mientras que en Vietnam ha realizado una serie de programas relacionados con la seguridad marítima, entre los que se incluyen la eliminación de municiones subacuáticas sin detonar y la medicina subacuática (Shoji, 2024: 26-27). Tanto en el caso de Filipinas como en el de Vietnam, el país nipón también ha ampliado la cooperación en materia de desarrollo de capacidades en la formación y el intercambio de guardacostas. Asimismo, Filipinas ha sido elegido como el primer país receptor de Ayuda Oficial a la Seguridad (OSA, por sus siglas en inglés), un nuevo programa japonés iniciado en 2024 bajo la Administración Kishida. En diciembre 2024, Japón y Filipinas firmaron un acuerdo de más de 9,5 millones de dólares para mejorar las habilidades de Manila en el ámbito de la seguridad marítima, concretamente con el desarrollo de sistemas de monitoreo y vigilancia de mar y tierra (Embassy of Japan in Philippines, 2024), con el objetivo de mejorar el posicionamiento de Filipinas frente a las tensiones con China. 

b) Japón y África

Como señaló el primer ministro Abe en su discurso en la vi Conferencia Internacional de Tokio sobre el Desarrollo de África (TICAD vi), África Oriental, concretamente Kenya, juega un papel importante en la FOIP. En el Corredor de Crecimiento Asia-África (AAGC), Japón e India consideran Mombasa como un punto de conexión entre Asia y África, lo que coincide con la visión de China en la Ruta Marítima de la Seda. Entre los países del África Subsahariana, Kenya es el mayor receptor de ayuda oficial al desarrollo (AOD) de Japón y alberga la mayor comunidad de expatriados japoneses en África. En 2022, Kenya recibió de Japón una ayuda por valor de 244 millones de dólares, cifra solo superada por Egipto, y dirigida al desarrollo humano, agricultura, infraestructuras, salud, educación y medio ambiente (Ministry of Foreign Affairs Japan, 2024). En cuanto al desarrollo de infraestructuras, la Agencia de Cooperación Internacional de Japón (JICA, por sus siglas en inglés) ha colaborado con el Gobierno de Kenya en la mejora de las carreteras de Nairobi, la generación de energía y el acceso a la electricidad, así como en el desarrollo de las carreteras y la ampliación de la terminal de contenedores en Mombasa. En enero de 2024, en la Conferencia sobre Infraestructuras de Calidad entre Kenya y Japón, ambas partes acordaron la construcción de un puente de 1,4 km en Mombasa, que será el más largo del continente (Ministry of Roads and Transport Kenya, 2024). Como señala Anam (2022), Japón fue en 2022, por segundo año consecutivo, el principal prestamista bilateral de Kenya, por delante de China.

El impulso de Japón en África llega en un momento en el que China está haciendo incursiones en este continente a través de la BRI. Haciéndose eco del objetivo de establecer la conectividad en el marco de la BRI, desde 2014 China ha ayudado a Kenya a construir la línea ferroviaria de ancho estándar (SGR) Mombasa-Nairobi, que conecta la mayor ciudad portuaria de África Oriental con la capital de Kenya (Huaxia, 2023). La SGR se completó y entró en funcionamiento en 2017. Además del ferrocarril, China también ha invertido en la construcción de la autopista de Nairobi y en varios proyectos de carreteras que conectan Kenya y Sudán del Sur. Y es actualmente el mayor socio importador de Kenya, siendo los equipos eléctricos y electrónicos, la maquinaria, el hierro y el acero, y el plástico los principales productos importados. En 2017, China y Kenya mejoraron sus relaciones bilaterales, pasando de la cooperación mutua a una Asociación Estratégica Integral (Cao et al., 2024). En resumen, está claro que tanto Japón como China están avanzando en Kenya, y que Japón está desempeñando un papel importante en la zona, aunque a menudo ignorado. La presencia en Kenya proporciona a Japón una base para ampliar sus relaciones con África, al tiempo que aumenta la conexión de Tokio con el Sur Global.

Reflexiones finales

A raíz de la renuncia del primer ministro Shinzo Abe en septiembre de 2020, surgieron numerosas interrogantes respecto al futuro de la estrategia japonesa denominada «Indopacífico libre y abierto» (FOIP). Siendo el primer ministro con más años de servicio en la historia de Japón, Abe es quien puso en marcha la FOIP y permaneció en el cargo para supervisar la implementación de esta estrategia. Ante los nuevos acontecimientos del período posterior a su mandato, entre los que destacan la pandemia de la COVID-19 y la guerra entre Rusia y Ucrania, cabe plantearse si Japón debería ajustar su FOIP para hacer frente a los nuevos retos. Hasta ahora, en el período posterior a Abe, Japón aún no ha abandonado ni revisado significativamente dicha iniciativa. Como se mencionó, el sucesor de Abe, el primer ministro Kishida, renovó el énfasis en el Sur Global e incluyó la retórica en la FOIP en su programa. Pero en octubre de 2024, Kishida tuvo que dimitir como primer ministro tras un escándalo de corrupción dentro del Partido Liberal Democrático (PLD) y el descontento general de la población. Shigeru Ishiba, exministro de Defensa bajo el mandato del primer ministro Yasuo Fukuda (2007-2008), le sucedió como nuevo primer ministro. Aunque este no proclamó el Sur Global como eje de su política exterior, sus acciones hablaron por sí mismas. Poco después de asumir el cargo, en octubre de 2024, Ishiba asistió a la cumbre de la ASEAN en Laos y realizó visitas de Estado a Malasia e Indonesia en enero de 2025, así como a Vietnam y Filipinas en abril de 2025 (Ministry of Foreign Affairs Japan, 2025c). Las visitas sugieren que el Sudeste Asiático sigue siendo una prioridad para el Gobierno japonés.

El 21 de octubre de 2025, Sanae Takaichi sucedió a Ishiba Shigeru como nueva primera ministra de Japón, tras derrotar a Shinjiro Koizumi en las elecciones a la Presidencia del PLD y obtener el apoyo mayoritario de la Dieta (Parlamento nacional). Ha sido un acontecimiento histórico, ya que es la primera mujer que ocupa el cargo de primera ministra en Japón. Teniendo en cuenta sus antecedentes como estrecha colaboradora del exprimer ministro Shinzo Abe, algunos observadores esperan que retome el trabajo de su predecesor y dirija a Japón hacia la misma dirección (Suzuki, 2025). En términos de política exterior, esa orientación podría consistir en volver a hacer hincapié en la FOIP y la centralidad de la ASEAN. El hecho de que el primer viaje oficial al extranjero de Takaichi haya sido a Malasia, para asistir a la Cumbre de la ASEAN de 2025, da una pista sobre la posible dirección de la política exterior de Japón en un futuro próximo. En concreto, cabe destacar que, en una declaración tras la reunión, la primera ministra Takaichi afirmó que Japón defiende la FOIP y apoya de forma coherente la Perspectiva de la ASEAN sobre el Indopacífico (AOIP, por sus siglas en inglés), lo que confirma la voluntad de promover una mayor cooperación entre Japón y la ASEAN (Ministry of Foreign Affairs Japan, 2025a). En cualquier caso, aún está por ver si Japón seguirá impulsando la FOIP y la conectividad con el Sur Global bajo el mandato de la nueva primera ministra. 

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Notas: 

1- El «Abenomics» hace referencia a una serie de políticas económicas y fiscales emprendidas por el primer ministro Abe tras asumir el cargo en 2013 a fin de reactivar la estancada economía japonesa. Estas políticas se conceptualizaron en torno a tres flechas: a) una política monetaria hiperexpansionista, b) el aumento de la inversión pública en obra pública e infraestructuras, y c) reformas estructurales, entre las que se encontraba la adhesión al TPP o la desregulación del mercado laboral. 

2- Véase el discurso entero en: https://www.mofa.go.jp/region/asia-paci/pmv0708/speech-2.html 

3- Además de Japón e India, participan en esta iniciativa Bangladesh, Myanmar, Irán, Kenya, Madagascar, las Maldivas, Mauricio, Mongolia, las Seychelles, Singapur, Sri Lanka, Tailandia, Tanzania, Zambia y Zimbabwe.

Palabras clave: Japón, Indopacífico, FOIP, Sur Global, gaiatsu, Tratado Integral y Progresista de Asociación Transpacífico (CPTPP), Asociación Económica Integral Regional (RCEP) 

Cómo citar este artículo: Liu, Tony Tai-ting. «La estrategia de Japón en el Indopacífico: ¿seguridad económica o alineamiento geopolítico?». Revista CIDOB d’Afers Internacionals, n.º 141 (diciembre de 2025), p. 43-64. DOI: doi.org/10.24241/rcai.2025.141.3.43

Revista CIDOB d’Afers Internacionals, nº 141
Cuatrimestral (septiembre-diciembre 2025)
ISSN:1133-6595 | E-ISSN:2013-035X
DOI: https://doi.org/10.24241/rcai.2025.141.3.43

Fecha de recepción: 08.05.25 ; Fecha de aceptación: 03.11.25

 Traducción del original en inglés: Camino Villanueva, Massimo Paolini y redacción CIDOB.