La gestión aventajada de Hong Kong ante el nuevo coronavirus

Data de publicació:
06/2020
Autor:
Mee Kam Ng, directora del Programa de Estudios Urbanos y subdirectora del Departamento de Geografía y Gestión de Recursos, Chinese University of Hong Kong
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Hong Kong, una de las ciudades más densamente pobladas del mundo, ha demostrado ser muy resiliente con las medidas de contención de la COVID-19. Las trágicas experiencias obtenidas durante la epidemia del SARS en 2003 han permitido a la ciudad salir con ventaja para hacer frente al nuevo coronavirus. Su enfoque «que involucra a todo el gobierno y a toda la sociedad», concebido a raíz de una elaboración de políticas informadas y un marcado sentido de la responsabilidad de la ciudadanía, puede arrojar información importante para ciudades europeas y otras ciudades occidentales gravemente afectadas por la pandemia.

Como cualquier otra ciudad global, Hong Kong está expuesta a las enfermedades infecciosas. Su ubicación al sur de China y sus múltiples y prácticas conexiones transfronterizas con China continental, origen de la COVID-19, han hecho que los habitantes de la ciudad estén todavía más expuestos. En algunas zonas del Hong Kong urbano la densidad de población llega a los 48 500 habitantes por km2, una densidad más de cuatro veces superior a la de Nueva York. Unos 210 000 habitantes de una población total de 7,5 millones viven en cerca de 92 700 pisos subdivididos. La mitad de ellos son personas mayores, niños y personas con enfermedades crónicas (CSD, 2016). El espacio habitable per cápita en los pisos subdivididos es de tan solo 5,3 m2 (ibid.) y no todos disponen de inodoros propios. La configuración de la ciudad, densamente poblada, es idónea para el efecto chimenea o acumulativo en la transmisión de enfermedades. Y, aun así, Hong Kong ha demostrado ser una de las ciudades más resilientes en la contención del nuevo coronavirus. El 13 de mayo, casi cuatro meses después de identificarse el primer paciente con COVID-19, la ciudad registró 1 051 casos confirmados y cuatro muertes. En cambio, la ciudad de Nueva York, donde el primer caso no se detectó hasta el 1 de marzo de 2020, registró en la misma fecha 2 193 casos confirmados y 115 fallecimientos. La disparidad en la evolución de la pandemia en ambas ciudades desmonta un argumento muy popular últimamente que apunta a la causalidad directa entre la densidad urbana y la incidencia de la COVID-19.

¿A qué se debe, entonces, el «éxito» de Hong Kong a la hora de enfrentarse a la pandemia, teniendo en cuenta que hace 17 años la ciudad lamentó la pérdida de 299 habitantes víctimas del síndrome respiratorio agudo severo (SARS), un coronavirus más mortífero que el actual? Hong Kong ha aprendido mucho del brote de SARS de 2003, que puso de manifiesto graves carencias de la gobernanza sanitaria municipal y resaltó la importancia de contar con modalidades locales de gobernanza sanitaria para contener una epidemia o una pandemia (Ng, 2008). Desde el SARS, el Gobierno municipal ha elaborado unas directrices detalladas para consolidar un enfoque «que involucre a todo el gobierno y a toda la sociedad» con el fin de prepararse ante enfermedades, monitorizar su avance y combatirlas. Se han redactado unas pautas integrales para actuaciones médicas, pero dirigidas también a escuelas y centros de enseñanza pública, puestos de trabajo, residencias de mayores y personas con discapacidad, servicios sociales, vivienda pública y privada, transporte público, aviación, turismo, hoteles, restaurantes y mercados.

El SARS y la escasa información inicialmente disponible sobre la neumonía atípica también enseñaron a Hong Kong la enorme importancia de colaborar con las autoridades sanitarias nacionales y provinciales de China continental para controlar enfermedades. En los últimos 20 años, el Gobierno de Hong Kong ha estado en contacto periódico con el Ministerio Chino de Salud y las autoridades sanitarias de la provincia de Guangdong y la región de Macao (ambas desempeñaron un papel esencial en la gestión de la epidemia del SARS), y ha sido un miembro activo de redes de salud internacionales para compartir información. Asimismo, a consecuencia del SARS la comunidad médica hongkonesa ha podido acumular experiencia en el tratamiento de coronavirus. Los médicos y científicos de la ciudad desempeñaron un papel crucial a la hora de identificar el SARS como un coronavirus; el «antihéroe del SARS» hongkonés, un profesor de la University of Hong Kong, se integró posteriormente en el Comité Nacional Chino de Saneamiento y Sanidad. En las últimas semanas, parte de los mismos expertos que libraron la batalla contra el SARS han formado parte del comité asesor del Gobierno en COVID-19, responsable de informar las políticas municipales. Con el objetivo de ayudar a los hongkoneses a entender el nuevo virus y combatir la infodemia, el Gobierno organiza ruedas de prensa a diario dirigidas por un médico que usa un tono agradable. También ha creado un sitio web específico donde se ofrece información en directo de los avances de la COVID-19.

El Gobierno de Hong Kong ha llevado a cabo una meticulosa labor de rastreo de la fuente y los contactos de personas contagiadas y alertó pronto a la población de los peligros de mantener encuentros sociales. No obstante, el Gobierno ha contado con la ayuda de una población disciplinada. El «fantasma» del SARS y las terribles historias no confirmadas procedentes de China continental sobre «el nuevo SARS» llevó a muchos hongkoneses a autoimponerse medidas de distanciamiento social prácticamente desde el primer día. De hecho, muchos empezaron a usar mascarillas cuando la OMS y el Gobierno local insistían en que solo eran necesarias para personas enfermas (antes de que la Chinese University of Hong Kong cerrara para el Año Nuevo chino el 24 de enero de 2020, la mitad de mis estudiantes ya llevaban mascarilla en clase).

La situación cambió a comienzos de febrero, coincidiendo con el final de las vacaciones del Año Nuevo chino, cuando las mascarillas se convirtieron en un bien escaso y el Gobierno anunció las primeras medidas de emergencia. Para garantizar el distanciamiento social, se cerraron las escuelas hasta nuevo aviso y se ordenó a todo el personal de la Administración pública que trabajara desde casa (salvo los trabajadores esenciales). A finales de marzo, cuando el número de casos de la COVID-19 aumentó debido a la llegada de viajeros, se prohibieron los encuentros públicos de más de cuatro personas, cifra que se relajó hasta ocho antes del Día de la Madre. Conscientes del gran número de hongkoneses que trabajan o estudian en el extranjero, el Gobierno introdujo una serie de medidas para impedir nuevos casos importados de COVID-19 a principios de marzo, antes de que el virus fuera declarado pandemia por la OMS. Asia Expo, recinto situado en las inmediaciones del aeropuerto internacional de la ciudad, se transformó en un centro de realización de test y, desde el 19 de marzo, todas las llegadas procedentes del extranjero han tenido que guardar cuarentena. El Gobierno utiliza una aplicación móvil con tecnología geocerca, en lugar de GPS, para garantizar que estas personas permanecen en el lugar de cuarentena, al mismo tiempo que se protege su privacidad. El 25 de marzo se endurecieron las medidas. Se cerró la frontera a la población no hongkonesa y los repatriados tenían que guardar una cuarentena de 14 días. Desde el mes de abril, los repatriados hongkoneses, aunque no presenten síntomas, deben someterse a un test de saliva. Los que presentan síntomas se envían a centros de triaje y test en hospitales.

Con el aumento de casos confirmados, el Gobierno movilizó fondos importantes para adaptar la infraestructura médica de la ciudad y apoyar económicamente a su ciudadanía. Además de reacondicionar hoteles, complejos turísticos y nuevas viviendas sociales, el Gobierno destinó 1 100 millones de dólares hongkoneses (1 410 millones de dólares estadounidenses) procedentes del Fondo de Loterías a la construcción de instalaciones provisionales de cuarentena. Asimismo, destinó 290 000 millones de dólares hongkoneses (37 200 millones de dólares estadounidenses) al subsidio de salarios e, igual que el Gobierno federal de Estados Unidos, efectuó pagos directos por importe de 10 000 dólares hongkoneses (1 282 dólares estadounidenses) por habitante. Se trata de medidas sin precedentes que ponen de manifiesto hasta qué punto la economía de Hong Kong, que prioriza el valor de cambio por encima del valor de uso, se ha visto afectada por la pandemia. En comparación con 2019, el PIB ha caído en un 8,9 %, la exportación de servicios se ha hundido en un 37,8 % y el consumo se ha reducido en un 10,2 % (Choi, 2020). A fin de mitigar el impacto para los pequeños comercios y empresas, el Gobierno ha reducido los alquileres a empresas ubicadas en edificios propiedad del Gobierno y algunos propietarios privados han seguido con el ejemplo. Pero también se aprecian esfuerzos emergentes para convertir la crisis económica en una oportunidad para el cambio y la innovación. Algunas empresas start-up de la ciudad ya trabajan en soluciones innovadoras y orientadas al futuro para hacer negocios en tiempos marcados por el distanciamiento social y el confinamiento. Por otra parte, varias ONG se han adherido al movimiento internacional para repensar los méritos del crecimiento económico e impulsar una agenda urbana más progresista que dibuje un futuro sostenible, respetuoso con el clima, ecológico y humano.

En términos generales, la sociedad civil hongkonesa se ha mostrado muy implicada en cubrir las carencias de la actuación gubernamental para paliar la COVID-19 y sus consecuencias socioeconómicas. El SARS dejó una impronta perenne en la sociedad civil de la ciudad: la gente sabe de primera mano que debe ayudarse a sí misma y apoyar a las personas pobres y marginadas. Existe una férrea creencia colectiva de que «aquellos que tienen» obedecen a la obligación moral de ayudar a «aquellos que no tienen». Entre las acciones de la sociedad civil podemos citar, a modo de ejemplo, la movilización de recursos por parte de ONG, estrellas del pop, cristianos evangélicos y organizaciones benéficas para suministrar mascarillas al personal de limpieza de calles, las personas mayores, los residentes de pisos subdivididos, las personas sin hogar y los estudiantes que tenían que presentarse a exámenes públicos. Otros ejemplos son una fundación privada que financió la desinfección de 1 000 pisos subdivididos con soluciones antibacterianas y antivirales con una protección de hasta nueve meses; las donaciones de empresas privadas para comprar equipamientos de protección para personas pobres y subsidiar los ingresos de familias residentes en pisos subdivididos, y la donación por parte de miembros prominentes del Gobierno y rectores de universidad de sus salarios para destinarlos a la lucha contra la COVID-19. Para paliar la ansiedad de la población y la sensación de desesperación, varias organizaciones ofrecen apoyo psicológico y en especie a través de Internet o plataformas de WhatsApp. Otras comparten recetas antivirales propias de la medicina tradicional china o de comidas asequibles y nutritivas para las personas pobres o que han perdido el empleo. Se trata de una proeza nada desdeñable si tenemos en cuenta que la ciudad llevaba meses profundamente dividida a raíz de las protestas urbanas desencadenadas por la aprobación de la Ley de extradición en febrero de 2019 (Ng, pendiente de publicación). A pesar de ello, en la cultura tradicional china, los intereses colectivos (en este caso, la salud pública) prevalecen por encima de los derechos y las libertades individuales.

La trágica experiencia del SARS han permitido a Hong Kong salir con ventaja para hacer frente al nuevo coronavirus. Gracias a las acciones bien coordinadas por el Gobierno y un importante sentido de la responsabilidad entre la población, la ciudad ha podido frenar el avance de la pandemia y de algunas de sus repercusiones socioeconómicas.

Referencias bibliográficas

Choi, W.H. «Analysis of COVID-19’s economic impacts on Hong Kong». BOC Economic Review Monthly, febrero de 2020.

Departamento del Censo y Estadística. 2016 Population By-census, (en línea). [Fecha de consulta: 14.05.2020] https://www.bycensus2016.gov.hk/en/.Ng, M.K. «The making of ‘violent’ Hong Kong: A centennial dream? A fight for democracy? A challenge to humanity?». Planning Theory and Practice (pendiente de publicación).

Ng, M.K. «Globalisation of SARS and health governance in Hong Kong under ‘One Country, Two Systems’». En H. Ali y R. Keil (eds.), Networked Disease: Emerging Infectious Disease in the Global City (pág.70-85). Oxford: Wiley-Blackwell,2008.