La COVID-19: Espejo de las contradicciones del mundo urbano

Data de publicació:
06/2020
Autor:
Octavi de la Varga Mas, secretario general de Metropolis
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Se suponía que el siglo XXI iba a ser el siglo urbano. En este sentido, decir que el siglo XIX fue el siglo de los imperios, el siglo XX el de los estados nación y el siglo XXI el de las ciudades, se había convertido en un lugar común en los diferentes foros de intercambio y reflexión sobre el impacto de las urbes. Durante las últimas décadas hemos sido espectadores de un proceso único de urbanización que nunca antes se había dado en la historia de la humanidad, tanto por su intensidad y rapidez como por haberse dado a escala mundial (ninguna región del mundo ha quedado al margen). Las aglomeraciones urbanas se han consolidado como centros de innovación, empleo y desarrollo económico cuyo impacto desborda sus propias fronteras administrativas y territoriales.

Sin embargo, la pandemia del coronavirus nos pone frente al espejo de los retos, contradicciones, fragilidades y vulnerabilidades de nuestra sociedad global y urbana. Las dramáticas consecuencias de la COVID-19 en los ámbitos sanitarios, económicos y sociales no plantean nuevas problemáticas. Todo lo contrario, han exacerbado las desigualdades y tensiones que ya existían. Muchas de las heridas causadas por la crisis económica, social y financiera de 2008 en nuestras sociedades se han vuelto a abrir bruscamente, en un contexto además de desmantelamiento de servicios públicos, recentralización y falta de financiación de los gobiernos locales.

Es más, la actual emergencia ha agravado la vulnerabilidad de aquellas personas empobrecidas. Pensemos, por ejemplo, en las aglomeraciones de las villas miseria o tugurios en los conurbanos de África o ciertas partes de Asia donde es imposible acceder a las medidas mínimas de higiene o de distanciamiento social. Pero también está abocando a la exclusión a nuevos sectores de la población en las ciudades del norte global (nótese como está aflorando todo un sector de la sociedad que dependía de la informalidad y que estaba invisibilizado). Sin olvidar, cómo se está acentuando la fractura de género y la violencia machista a causa del confinamiento.

Parecería que de repente hemos descubierto, en palabras de Claudia López (actual alcaldesa de Bogotá) que las grandes urbes no son solo lugares de producción y consumo. En los procesos de globalización, del logro de la competitividad, de situarse en los rankings de todo tipo y en el diseño de las grandes infraestructuras y ciudades del futuro, parecería que nos hemos olvidado de lo que da sentido a una ciudad: su ciudadanía, las personas que la habitan. Son, por tanto, espacios donde millones de hombres y mujeres buscan oportunidades y una vida mejor.

Ante esta realidad, las ciudades están realizando un gran esfuerzo para adaptarse rápidamente a la nueva situación y poder dar respuesta a las nuevas necesidades. Nadie puede negar que los gobiernos locales están en primera línea en la lucha contra la COVID-19 y sus efectos negativos en todos los ámbitos. Más allá, de las respuestas sanitarias y la adaptación de todos los servicios de atención médica, constatamos toda una serie de cambios que se están generando a varios niveles:

El replanteamiento de las estructuras de gobierno tanto políticas como técnicas (por ejemplo, la generación de sistemas integrados y transversales), así como la interacción entre, el liderazgo político y el personal técnico. Además de la incorporación acelerada del teletrabajo entre los trabajadores y trabajadoras del sector público.

  • Los cambios en el modelo de prestación de servicios públicos y la necesidad de nuevos datos e indicadores de los que no todas las ciudades disponen.
  • La determinación de qué entendemos por servicios no solo básicos sino también esenciales.
  • La consolidación de modelos de autogestión ciudadana y comunitaria para llegar aquellos grupos a los que no llega el gobierno local.
  • El cuestionamiento de la forma de relacionarse con la ciudadanía y, a su vez, las formas de control ciudadano.
  • El relacionamiento y trabajo conjunto con los diferentes niveles de gobierno.

Asimismo, los gobiernos locales están sufriendo la presión de las altas inversiones en recursos humanos y financieros que deben realizar y las carencias a causa de una falta crónica de financiación.

En otro orden de cosas, el confinamiento nos ha mostrado imágenes de nuestras urbes que nos obligan a pensar seriamente sobre temas básicos como son el futuro del espacio público, la movilidad, las densidades, los negocios locales, la vivienda adecuada y asequible, las infraestructuras clave, o los límites de la llamada smart-city y la fractura digital.

Mientras se están gestionando los servicios y las inversiones para hacer frente a la pandemia, los gobiernos locales tienen que pensar ya y diseñar los planes de recuperación y adaptación de la denominada «nueva normalidad». Aunque, como estamos defendiendo desde algunas redes de gobiernos locales, como Metropolis (la asociación mundial de las grandes ciudades y áreas metropolitanas con 138 miembros repartidos por todas las regiones), no se trata de adaptarse a la nueva normalidad sino de generar las transformaciones necesarias. Estamos ante un momento único para proponer soluciones que transformen los espacios urbanos para las futuras generaciones.

Los líderes locales y sus equipos técnicos, así como las redes de gobiernos locales, tenemos la responsabilidad de repensar nuestras ciudades, identificando nuevos modelos de movilidad, facilitando la transición a modelos económicos más sociales, inclusivos y sostenibles, situando los cuidados en el centro de nuestras políticas públicas, rediseñando el espacio público, implementando soluciones basadas en la naturaleza, redescubriendo la biodiversidad, asegurando enfoques transversales de género y respetando los derechos de la ciudadanía. En definitiva, apostando por una nueva y creativa planificación urbana que integre a los especialistas de todos los ámbitos y a todos los actores de los territorios.

Este contexto, ha puesto de manifiesto que más que nunca es importante reforzar los lazos entre ciudades, impulsar los intercambios y el aprendizaje entre pares y la cooperación. De hecho, desde el minuto cero, la movilización de los gobiernos locales en su propio territorio ha ido acompañada de una movilización y cooperación entre ciudades y sus redes a escala internacional. Seguramente, esto no hubiera sido posible si no existiera un bagaje previo en cooperación descentralizada y acción internacional.

Es interesante ver cómo todas las redes han sido capaces de reaccionar y generar instrumentos para apoyar a su membresía en la búsqueda de soluciones. No hay una red importante que no haya lanzado una iniciativa para apoyar a sus miembros. Aquí cabe destacar iniciativas como la plataforma «Cities for Global Health» lanzada por Metropolis junto con AL-LAS (Alianza Eurolatinoamericana de Cooperación entre Ciudades) con el apoyo de CGLU (Ciudades y Gobiernos Locales Unidos). Esta plataforma busca facilitar que las personas responsables de la toma de decisiones tengan acceso tras formas de hacer frente a situaciones similares en espacios urbanos de todo el mundo. En ella, se invita a gobiernos locales y regionales –independientemente de su tamaño– a compartir, tanto iniciativas diseñadas específicamente en relación con la COVID-19 (por ejemplo, estrategias, políticas específicas, protocolos o planes de acción) como medidas adoptadas para hacer frente a otras emergencias sanitarias. Cabe mencionar también el Global Mayors COVID-19 Recovery Task Force de C40 y la colaboración del Global Resilient Cities Network (GRNC) en temas de reconstrucción post
COVID-19, así como los recursos de COVID-19 que ICLEI proporciona en su página web.

Curiosamente, si bien en un principio todas las redes se lanzaron a una carrera por ver quién proponía antes una iniciativa o lideraba un proceso, con el transcurso del tiempo se ha ido generado una nueva conciencia de cooperación y apoyo entre redes en relación con sus diversos instrumentos. Un proceso que, de mantenerse, va a redundar en un fortalecimiento del movimiento municipalista y, en definitiva, en un mayor apoyo a las ciudades de todo el mundo. Hoy más que nunca, desde las ciudades lo que importa es no dejar a nadie atrás y ser capaces de construir espacios urbanos que sean resilientes (social, económica y medioambientalmente), seguros y sostenibles.