Jonhy Blaze "Misformordor"Flickr

En Europa Oriental, cambio e inmovilismo y, siempre, la centralidad de Rusia

Data de publicació:
06/2019
Autor:
Carmen Claudin, investigadora sénior asociada, CIDOB
Descàrrega

“La corrupción florece en la región, mientras que la calidad de la democracia sigue flaqueando o estancándose”, este es el resumen del capítulo dedicado a la región del informe 2018 de Transparency International (1). Mientras, Ucrania hace balance de cinco años después del Euromaidán, el 2018 ha sido un año de elecciones para tres países de la zona –Armenia, Azerbaiyán y Rusia– pero solo en Armenia los comicios fueron competidos y han supuesto un cambio real. Y, por muchos años que hayan transcurrido, Rusia sigue siendo uno de los principales factores condicionantes del destino de sus antiguas repúblicas, hoy estados independientes, al menos sobre papel. La zona ha pasado en el 2018 por varias turbulencias políticas en dos estados caucásicos, Armenia y Georgia, y con tensiones en Moldova entre el Ejecutivo y el presidente. Belarús sigue jugando a dos bandas y Azerbaiyán prosigue con el inmovilismo que le permiten las rentas del petróleo y el gas. Para todos, la falta de tradición democrática es terreno abonado para las malas prácticas. Los procesos internos de cuatro estados han dominado la evolución de 2018, en dos de ellos dinámica –Armenia y Ucrania– y en los otros dos inmovilista –Belarús y, por supuesto, Rusia.

Armenia en movimiento

En abril y mayo del 2018, el país es sacudido por una ola de protestas en contra del Gobierno de Serzh Sargsyan, recién nombrado primer ministro tras haber ostentado   el cargo de presidente durante diez años. Una consigna une a la multitud: #merzhirserzhin (#RechazaSerzh). A la cabeza de las protestas, apoyadas por diversos grupos políticos y de la sociedad civil, se encuentra el periodista Nikol Pashinyan, líder del partido Contrato Civil. Según él, Armenia estaba llevando a cabo una “Revolución de Terciopelo”.

Esta revolución estalla por la pretensión de Sargsyan de convertirse en primer ministro, toda vez que la Constitución armenia, modificada en el 2015, ha cambiado el sistema presidencial a un sistema parlamentario. Ello permitiría a Sargsyan mantenerse en el poder sin necesidad de someterse a elecciones directas. Esta misma razón lleva a Nikol Pashinyan, que el 8 de mayo del 2018 había sido elegido presidente por el Parlamento, a dimitir y a convocar elecciones generales anticipadas para aprovechar el tirón del movimiento popular y recortar el poder del Partido Republicano, la formación del presidente dimitido. Este, en efecto, con su dominio de la asamblea nacional, se había convertido rápidamente en un lastre para el impulso de reforma de Pashinyan, comprometido en erradicar la corrupción y luchar contra la pobreza. Según el centro sociológico Yereván Sociometer, un 45% de la población armenia es pobre (2) y la corrupción es endémica y generalizada, en particular en la administración pública.

El resultado de los comicios da una victoria aplastante para la Alianza de Pashinyan, “Mi Paso”, que recibe el 70% de los votos, mientras el Partido Republicano, con un 4,7%, ni siquiera consigue entrar en el Parlamento. Nada hasta entonces hacía prever que Sargsyan quedaría barrido en menos de dos meses y que, en las elecciones generales anticipadas de diciembre del 2018, su partido no ganaría ni un solo escaño, a pesar de haber gozado de la mayoría durante años.

Una característica de la llamada revolución armenia es que el movimiento popular se limitó a temas estrictamente domésticos, sin ninguna alusión a cuestiones internacionales, en particular las relaciones con Rusia, por un lado, y con la Unión Europea, por otro. Armenia, en línea con otros países exsoviéticos como Belarús o Kazajstán, ha optado por la llamada “política exterior multivectorial”. Pero con el tiempo y debido al conflicto congelado de Nagorno-Karabaj con el vecino Azerbaiyán, Yereván ha dado prioridad a la cuestión de la seguridad y ha inclinado la balanza hacia Moscú.

El nuevo Gobierno parece dispuesto a seguir en la línea del equilibrio en política exterior, pero pone el énfasis en la defensa de la soberanía del país (en una clara alusión a Rusia) y en el deseo de desarrollar las relaciones con Occidente, después de los cuatro años perdidos tras el inesperado rechazo de Armenia en el 2013 de suscribir un Acuerdo de Asociación con la Unión Europea. La novedad, de momento, ha venido dada por el hecho de que el primer viaje oficial de Pashinyan fuera a Tbilisi y no a Moscú. “No es una coincidencia que mi primera visita oficial sea a Georgia; esto refleja tanto la actitud de mi gente como mi actitud personal hacia la gente de Georgia y Georgia” (3) declaró el primer ministro Pashinyan. Y cuando añade que su Gobierno “quiere ver una Georgia fuerte y sostenible” está mandando sin duda un mensaje a Moscú.

Nagorno-Karabaj, uno de los conflictos congelados más antiguos de la ex Unión Soviética y que enfrenta a Armenia con Azerbaiyán, será una primera piedra de toque para el nuevo equipo en el poder. La cuestión de Nagorno-Karabaj ha estado como nunca en el centro de la campaña electoral y de los debates públicos para dirimir la opción de futuro que los partidos contrincantes defendían: integración de Nagorno-Karabaj a Armenia o reconocimiento del enclave como Estado independiente. La tesitura paradójica en la que se encuentra Yereván es que Rusia se presenta como el garante de su seguridad en este conflicto pero, a la vez, es el mayor proveedor de armas para Azerbaiyán desde hace años: según un informe de SIPRI de marzo de 2018 (Wezeman et al. 2018), Rusia ha sido, entre el 2013 y el 2017, el origen del 65% del armamento de Bakú.

Queda por ver si los nuevos líderes sabrán estar a la altura de las expectativas de la Revolución de Terciopelo que, como observa el historiador Pietro Shakarian (2018), no solo fue un cambio político sino también “un cambio psicológico para el pueblo armenio. Ya no existe un sentimiento predominante de pesimismo y derrotismo, sino de esperanza y empoderamiento.”

Belarús, presión rusa en aumento

Los encuentros entre Belarús y Rusia se han multiplicado en el 2018 pero no por ello indican una buena salud en las relaciones entre ambos países. La irritación de Minsk ha ido creciendo porque Moscú ha revisado al alza los precios del petróleo y del gas, dejando claro que no estaba dispuesta a seguir subvencionando la economía bielorrusa. Según algunas estimaciones (Biernat, 2018), el presupuesto bielorruso puede llegar a perder hasta un 20% de sus ingresos anuales debido a esos aumentos.

Rusia se ofreció, tal como dijo el primer ministro, Dmitri Medvédev, a resolver estas disputas económicas si Minsk accedía a una integración política más profunda, con la creación de nuevas instituciones estatales con-juntas, una moneda única y, sobre todo, la adopción de una Constitución, como prevé el Tratado constitutivo del Estado de la Unión, firmado en diciembre de 1999 por ambos países (4). A lo cual, según la agencia de noticias Interfax, el presidente bielorruso, Aliaksandr Lukashenka, llegó a decir (5) en una conferencia de prensa a finales de año “yo entiendo esos consejos: aquí tienes tu petróleo, pero tienes que liquidar tu país y unirte a Rusia”.

La tensión fue creciendo hasta llegar a un encontronazo diplomático inédito a principios del 2019 por el nombramiento del ruso Mijaíl Babich, un notorio exagente del KGB y del FSB para el puesto del embajador ruso en Minsk. Según el analista bielorruso Arseny Sivitsky (6), esta iniciativa sugiere que el Kremlin se pone manos a la obra y pretende en serio poner la situación en Belarús bajo su control. O, siguiendo el paralelismo que establece un periodista bielorruso (Shraibman, 2019),“sus viajes regulares por las regiones bielorrusas y sus visitas a las fábricas más importantes evocan a un terrateniente (o su administrador) que hace inventario de sus dominios”.

Lukashenka no da señales de encontrar la manera de afianzar una estrategia de supervivencia del régimen. Parece de momento incapaz de reforzar el vector occidental de su diplomacia, algo que se suponía una prioridad. Por otro lado, sus discursos y declaraciones apelan más a las emociones que a argumentos razonados. En un país tan rusificado como Belarús, su recurso al sentimiento nacional en defensa de la soberanía e independencia puede funcionar mientras la estabilidad económica se mantenga, pero no deja de ser débil por la enorme dependencia económica de Rusia y la falta de libertades públicas.

En cuanto a este asunto, la Asociación Bielorrusa de Periodistas describe (7) el año 2018 como uno de los peores en mucho tiempo para los medios independientes. Un ejemplo es el conocido como caso BelTA, el juicio contra editores y periodistas de varios medios independientes acusados de acceso no autorizado a la sección de pago de la agencia estatal de noticias, BelTA.Al menos quince periodistas fueron detenidos y sus casas registradas. El país tampoco se salva de la corrupción. En agosto del 2018, Lukashenka destituye al primer ministro y a varios miembros del Gobierno bajo sospecha de corrupción. En declaraciones del politólogo Valery Karbalevich (8), esta muestra de corrupción masiva sugiere que “los funcionarios han dejado de temer al líder y, en las condiciones de un régimen autoritario, esta es una señal muy mala para el Gobierno”.

Ucrania cinco años después: balance agridulce y, ¿al borde de un gran cambio?

El año 2018 se ha visto claramente dominado por la perspectiva de elecciones presidenciales y generales al año siguiente. A medida que transcurría el año, los temas de debate más candentes aparecían en declaraciones y propuestas.

Las reformas se han producido pero no han avanzado al ritmo que el país necesita; mientras, la corrupción salpica a todos los responsables políticos, incluidos el presidente Poroshenko y su entorno. Por ello las reformas democratizadoras y los mecanismos para llevarlas a cabo –tribunales independientes y economía competitiva– han alimentado las promesas electorales.Y siempre, como telón de fondo, la guerra continúa en la zona del Donbás bajo control del Kremlin. Como señala acertadamente la periodista ucraniana, Anna Korbut (2019), “un elemento central en el ambiente político actual es el conflicto entre las expectativas y frustraciones de los votantes y su situación real y la necesidad para Ucrania de convertirse en un país resiliente y próspero. La resistencia que opone una mezcla de poderosos grupos de interés, así como la postura agresiva de Rusia y su intromisión en las elecciones, agravan este choque”.

A pesar de que existen y se han presentado organizaciones y caras muy nuevas, solo los políticos ya conocidos destacaban como futuros candidatos. La excepción, como ya es sabido, fueVolodymyr Zelenskiy, el popular actor de una serie de televisión en la que interpreta a un humilde profesor que se convierte en presidente de la nación. Si bien Zelenskiy funda en marzo del 2018 un nuevo partido, Servidor del Pueblo, título de su exitosa serie, no anuncia su candidatura hasta el 31 de diciembre del 2018, aunque algunos sondeos indican ya entonces que tiene posibilidades. Más allá de su gran popularidad mediática y a pesar de rumores sobre sus vínculos con un conocido oligarca, Ihor Kolomoisky, es precisamente su ausencia hasta ahora en la arena política la que le permite presumir de ser íntegro y próximo a la gente. El hecho de que sea judío y rusófono obliga también a revisar varios estereotipos sobre los ucranianos y refuta las acusaciones del Kremlin que acusa al Gobierno de Kíev de ser fascista y de perseguir la lengua rusa.

Aparte de la campaña electoral apenas solapada que se desarrolló durante el 2018, los dos acontecimientos notables del año que dieron protagonismo a Rusia fueron: la concesión de la autocefalía a la Iglesia ortodoxa de Ucrania y el choque militar en el mar de Azov. El 11 de octubre, el Santo Sínodo del Patriarcado Ecuménico de Constantinopla aprobó la concesión de la autocefalía a la Iglesia ortodoxa de Ucrania, que habían requerido los obispos de la Iglesia ortodoxa ucraniana del Patriarcado de Kíev y de la Iglesia Ortodoxa Autocéfala Ucraniana. Poco después, el 25 de noviembre, el servicio de guardacostas ruso abrió fuego contra una flotilla ucraniana, que en el estrecho de Kerch se dirigía desde el puerto de Odessa en el mar Negro hasta el de Mariúpol, en el mar de Azov (9). En este último, desde que Rusia anexionara a Crimea, Moscú ha ido instalando unos diez buques de guerra y cuarenta embarcaciones patrulla que tenía antes en el mar Caspio y que ahora navegan entre el mar de Azov y el mar Negro. El incidente se saldó con más de veinte soldados ucranianos capturados y al menos tres heridos.

En este contexto, no es de extrañar que el 6 de diciembre la Rada, el Parlamento ucraniano, votara a favor (por 277 votos contra 20) de poner fin al Tratado de Amistad con Rusia. Firmado en 1997 y vigente hasta el 31 de marzo del 2019, el documento estipulaba que Ucrania y Rusia “respetan la integridad territorial de cada uno y confirman la inviolabilidad de las fronteras comunes” (10). El año 2018 se cierra pues en Ucrania con dos incógnitas mayúsculas: qué va a representar Volodymyr Zelenskiy para el futuro de su país y hasta dónde pueden empeorar aún las relaciones con Rusia. La importancia de estas es lo que nos recuerda muy acertadamente el conocido analista ruso, Dmitri Trenin (2018),“el incidente naval en el estrecho de Kerch envía un mensaje claro: la situación entre Rusia y Ucrania está intrínsecamente cargada de un verdadero peligro de guerra”.

Rusia o cómo moverse sin avanzar

Ningún país del espacio postsoviético puede dar pasos decisivos tanto en su política exterior como en la doméstica sin tener en cuenta la posible reacción del Kremlin. Pero ¿se corresponde la centralidad de este papel de Rusia con la fuerza interna real del régimen de Putin? La cuestión no concierne su salud democrática –cuya ausencia no deja lugar a la duda– sino a la eficiencia de su política social, elemento vital para la longevidad del régimen.

El hecho es que todos los planes y todas las discusiones sobre innovación y modernización del sistema económico y social quedaron atrás cuando en el 2012 Putin volvió al cargo de presidente que Medvédev había tenido a resguardo para él durante cuatro años. Ahora uno no puede dejar de preguntarse qué pasa en Rusia para que un 41% de sus jóvenes de entre 18 y 24 años quiera emigrar de forma permanente… Es lo que indica claramente una encuesta del centro independiente Levada (11), realizada a mediados de diciembre del 2018, sobre una muestra representativa de población urbana y rural de 1.600 personas de 18 años y más, en 136 localidades y 52 regiones de Rusia.

En marzo del 2018, la victoria de Putin en las elecciones presidenciales no fue ninguna sorpresa. Pero, en septiembre, cuatro regiones de Rusia, en particular en el Extremo Oriente, tumbaron a los candidatos a gobernador del Kremlin, tras años en los que los resultados de las elecciones regionales, estrictamente controladas por Moscú, siempre seguían el guion previsto. Si bien de momento ello puede ser visto como un incidente aislado, también puede ser interpretado como una señal de advertencia al régimen de un incipiente descontento de la población. Como señala la economista rusa Natalya Zubárevich (2018), “los recursos del régimen están desapareciendo y el apoyo popular está disminuyendo”. Según el diario Vedomosti (12), otra encuesta muestra que, en el 2018, solo el 47% de los encuestados se considera parte integrante de la clase media, cuando tan solo hace cuatro años, en el 2014, era un 60%. El mismo rotativo recoge (13) los cálculos realizados por expertos del Instituto de Análisis y Predicción Social de la Academia Presidencial Rusa de Economía Nacional y Administración Pública (INSAP RANEPA por sus siglas en inglés): en el 2018, los ingresos de población disminuyeron un 10,8% y las pensiones un 5,2%. A su vez, una estimación revisada por Rosstat (el Servicio Federal de Estadísticas Estatales) muestra que los ingresos reales de la población aumentaron un 0,1%.

A medida que la eufórica movilización patriótica post-Crimea ha ido desvaneciéndose, y sin que la intervención rusa en Siria consiguiera el mismo efecto, la gente ha empezado a fijar su atención en el declive de su nivel de vida. Aprobada por el Parlamento en septiembre, la reforma del sistema de pensiones, que ha elevado la edad de jubilación de las mujeres a 60 años y la de los hombres a 65 a partir del 2019, ha sido el hito del año si se tiene en cuenta que la mayoría de los rusos lo consideraba como un derecho intocable. Muchos analistas rusos lo han tachado de ruptura del pacto social del Estado con sus ciudadanos.

Un indicador de la importancia que las cuestiones sociales están adquiriendo radica en el hecho que incluso medios de comunicación afines al régimen dedican mucho espacio a los temas sociales a lo largo y ancho de la geografía rusa. El politólogo ruso, Andréi Kolesnikov (2018), considera que ahora la gente quiere un cambio pero que este nuevo anhelo “no aparece claramente articulado. Carece de líder, organización y color ideológico. Pero resulta difícil etiquetar de ‘populistas’ a las personas que solo exigen un grado mínimo de justicia a un sistema político que, en el mejor de los casos, funciona de manera ineficiente y con frecuencia actúa para enriquecerse a sí mismo, gastando el dinero que recauda de la gente simplemente para recomprar su lealtad. Un sistema político de este tipo es internamente redundante”.

Reflexiones de conclusión

Este repaso de los principales momentos del año 2018 dibuja una situación inquietante para Rusia, a pesar de las apariencias de ser una gran potencia. El Kremlin debería tal vez analizar con mayor detenimiento lo que está ocurriendo a su alrededor. Entre sus vecinos europeos postsoviéticos, ya no puede contar ciegamente como antes con la lealtad de la fiel Belarús o la dócil Armenia. Georgia y Ucrania están perdidas, probablemente para siempre. Moldova no se aclara sobre el camino a tomar y Azerbaiyán es, incluso para Putin y al menos por las formas, un mal ejemplo.Tampoco refuerzan su imagen el intento de asesinato por envenenamiento de un exespía ruso y su hija en el Reino Unido en marzo o el informe final sobre el derribo del vuelo MH17 de Malaysia Airlines, en mayo, declarando Rusia responsable de la tragedia. Pero es que, además, Rusia ya no detenta toda la voz cantante si bien su peso sigue dominando la región: allí han llegado otras potencias, como China o Irán, que tienen propuestas de cooperación e de inversiones muy competitivas frente a las de Moscú. Estos “terceros poderes” (Popescu & Secrieru eds., 2018) ofrecen una oportunidad de diversificación de alianzas económicas y/o de seguridad que mermarán inevitablemente la capacidad de Rusia de imponer su influencia. Una conclusión cabal de este análisis es que, tal vez, lo que ocurre es que Rusia está viviendo una estabilidad ilusoria.

 

NOTAS

1. Transparency International. Eastern Europe & Central Asia: weak checks and balances threaten anti-corruption efforts. 29/01/2019. https://www.transparency.org/news/feature/weak_checks_and_balances_threaten_anti_corruption_efforts_across_eastern_eu

2. About 45 percent of Armenia’s population is poor. Arka News Agency, 17/10/2017. http://arka.am/en/news/society/about_45_percent_of_armenia_s_population_is_poor/

3. Armenian PM Nikol Pashinyan visits Georgia. OC Media, 30 mayo 2018. https://oc-media.org/armenian-pm-nikol-pashinyan-visits-georgia/

4. Moscow ready for further steps in building Union State with Belarus, says Medvedev.TASS. 13/12/2018. http://tass.com/politics/1035910

5. Interfax-Zapad. Лукашенко подозревает Москву в попытках инкорпорировать Беларусь в Россию. 14/12/2018. https://www.interfax.by/news/belar- us/1251941

6. Кремль переходит в режим активной работы по белорусскому направлению. (Kremlin se pone en marcha respecto a Belarús) Gaztaby, 13/07/2018. https://gazetaby.com/post/analitik-kreml-perexodit-v-rezhim-aktivnoj-raboty-po-belorusskomu-napravleniyu/140100/

7. Belarusian Association of Journalists. BAJ Representatives Discuss Main Problems of Media Freedom in Belarus with OSCE. 11/12/2018. https://baj.by/en/content/baj-representatives-discuss-main-problems-media-freedom-belarus-osce

8. International Anticorruption Media. Lukashenko dismissed the entire government after corruption scandals. 23/08/2018. http://anticorr.media/en/lukashenko-otpravil-v-otstavku-vse-pravitelstvo-posle-korrupcionnyx-skandalov/

9. Ukraine-Russia sea clash:Who controls the territorial waters around Crimea? BBC News, 27 noviembre 2018. https://www.bbc.com/news/world-46345317

10. Ukraine-Russia Friendship Treaty expires. UNIAN, 1 abril 2019. https://www.unian.info/politics/10500060-ukraine-russia-friendship-treaty-expires.html

11. Эмиграционные настроения (Actitudes ante la emigración). LEVADA Center, 13-19 de diciembre de 2018. https://www.levada.ru/2019/02/04/emigratsionnye-nastroeniya-3/

12. “Менее половины россиян считают себя средним классом”. (Menos de la mitad de los habitantes de Rusia se considera de clase media). Vedomosti, 18.04.2019. https://www.vedomosti.ru/economics/articles/2019/04/17/799444-rossiyan-sberbank

13. “В год выборов россияне получили пятую часть доходов напрямую от государства” (“Durante el año electoral, los rusos recibieron una quinta parte de sus ingresos directamente del Estado”). Vedomosti, 26 de febrero de 2018.

https://www.vedomosti.ru/economics/articles/2019/02/26/795216-chast-dohodov-ot-gosudarstva

 

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

Biernat, Jakub. “Russia no longer wants to subsidize Belarus”. Central Eu- ropean Financial Observer, 27/11/2018. https://financialobserver.eu/cse-and-cis/russia-no-longer-wants-to- subsidize-belarus/

Kolesnikov, Andrei. “No Left Turn in Russia”. Carnegie Moscow Center, Commentary, 9/11/2018. https://carnegie.ru/commentary/77683 Korbut, Anna. “Ukraine’s Presidential Election: Key Candidates and Key

Questions”. Chatham House, Expert Comment, 7 de marzo 2019. https://www.chathamhouse.org/expert/comment/ukraine-s-presidential-election-key-candidates-and-key-questions

Popescu, Nicu and Secrieru, Stanislav (eds). “Third powers in Europe’s east”. Chaillot Paper Nº 144. Marzo de 2018. https://www.iss.europa.eu/content/third-powers-europes-east

Shakarian, Pietro A. “The Significance of Armenia’s ‘April Revolution’”. The Nation, 30 de abril, 2018. https://www.thenation.com/article/the-significance-of-armenias- april-revolution/

Shraibman, Artyom. “War of Words Pushes Belarus-Russia Relations to the Brink”. Carnegie Moscow Center, Commentary 26/03/2019. https://carnegie.ru/commentary/78682

Wezeman, Pieter D.; Fleurant, Aude; Kuimova, Alexandra; Nan Tian and Wezeman, Siemon T. Trends in International Arms Transfers, 2017. SIPRI Fact Sheet, marzo 2018. https://www.sipri.org/sites/default/files/2018-03/fssipri_at2017_0.pdf

Trenin, Dmitri. Containing the Kerch Crisis. Carnegie Moscow Center, Commentary 28/11/2018. https://carnegie.ru/commentary/77813

Zubarevich, Natalya. Far East Defeat: How the Kremlin Lost an Election. 8/10/2018. https://carnegie.ru/commentary/77435