Introducción: (contra) tendencias en la ciudad global tras la primera gran crisis del siglo XXI

Fecha de publicación:
07/2019
Autor:
Eva Garcia-Chueca, investigadora sénior y coordinadora científica, Programa Ciudades Globales y Lorenzo Vidal, investigador, Programa Ciudades Globales, CIDOB
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El concepto «ciudades globales» se popularizó en la última década del siglo pasado para explicar el papel estratégico de los principales centros urbanos en la articulación de la efervescente globalización neoliberal del capitalismo. En los «felices noventa», como Joseph Stiglitz (2003) caracterizó la década de aparente optimismo y bonanza del libre mercado, algunas ciudades surgieron como unidades espaciales clave para territorializar los procesos globales. Estas ciudades adquirieron capacidades de operación, coordinación y control global de los flujos de capital y de una fuerza de trabajo transnacionalizada, como muy bien analizó Saskia Sassen en The Global City (1991). 

Al cabo de más de dos décadas, el espacio transnacional anclado en las ciudades globales ha cambiado sustancialmente. La población urbana ha aumentado en más de un 25% y ahora incluye a la mayoría de la población mundial; una crisis global ha barrido el espejismo de una continua expansión económica financiarizada y ha generado una reacción y sospecha popular hacia las promesas de la globalización. Al mismo tiempo, las perspectivas de una catástrofe ecológica generalizada se han vuelto más reales.

Este escenario invita a interrogarnos nuevamente sobre la noción de «ciudades globales» y, en particular, sobre sus modelos asociados de gobernanza, producción de la ciudad y regulación urbana. El patrón predominante de desarrollo urbano ha forjado “marcas ciudad” e impulsado la competencia interurbana (atrayendo el rentismo inmobiliario-financiero y los talentos insuficientemente problematizados de las clases creativas globales). También ha generado un proceso de gentrificación planetaria y ha profundizado el desarraigo de las ciudades respecto a sus entornos.

La transformación en las condiciones glocales encarnadas en las ciudades globales plantea nuevos retos para sus habitantes y para las autoridades públicas. Las reestructuraciones escalares del sistema de gobernanza global empujan hacia el reposicionamiento de las ciudades a diferentes niveles. El reclamo del derecho a la ciudad subraya, al mismo tiempo, las disputas existentes en torno a la apropiación del espacio  urbano y su producción. En los intersticios de estos procesos, nuevos modelos de desarrollo, dentro y más allá de los sistemas de valores y de los paradigmas de digitalización predominantes, requieren una consideración especial. 

Este volumen surge de una conferencia sobre «Los nuevos retos de las ciudades globales» celebrada en CIDOB – Barcelona Centre for International Affairs el 28 de septiembre de 2018. El encuentro reunió a expertos, profesionales y responsable políticos para deliberar sobre algunas de las principales cuestiones urbanas contemporáneas desde una perspectiva internacional. El objetivo de la conferencia fue poner sobre la mesa y discutir algunos de los elementos centrales que iban a estructurar la agenda de investigación del Programa Ciudades Globales, recientemente lanzado por el CIDOB con el apoyo del Ayuntamiento de Barcelona. A lo largo del seminario se desarrollaron discusiones entre los conferenciantes, así como con el público asistente, que abordaban las complejas especificidades de cada temática expuesta, a la vez que tejían relaciones, con  continuidades y discontinuidades, entre ellas.

El resultado del seminario fue un heterogéneo, pero interrelacionado, intercambio sobre desafíos y propuestas para encarar los procesos de urbanización en marcha, en sus dimensiones políticas, económicas y sociales clave. Se subrayó la creciente relevancia de las ciudades en  la configuración de las agendas globales, pero a la vez el carácter fuertemente disputado del espacio urbano en sí. También se constató el efecto acumulado de algunos procesos globalizadores, a la vez que la multiplicidad de respuestas y transformaciones experimentadas en el ámbito local. En otras palabras, se radiografiaron algunas de las principales tendencias y contratendencias, dinámicas centrípetas y centrífugas, que caracterizan el creciente y cambiante paisaje urbano contemporáneo. Este resultado ha quedado plasmado, en gran medida, en la estructura y el contenido de la siguiente monografía

I. Estructura de la monografía

La monografía se estructura en torno a las tres sesiones temáticas de la conferencia internacional «Los nuevos retos de las ciudades globales»: (1) Las ciudades en la gobernanza global, (2) El derecho a la ciudad: hacia un nuevo paradigma urbano y (3) Nuevos modelos urbanos de desarrollo.

La primera sección analiza el pujante rol de las ciudades en el sistema de gobernanza global, caracterizado por su creciente centralidad en las geografías económicas, pero su persistente ausencia en las estructuras políticas formales de carácter interestatal. En este contexto, se exploran las distintas institucionalidades políticas que sí que han ido tejiendo las ciudades en la escena internacional.

Sheila R. Foster y Chrystie Flournoy Swiney, de la Universidad de Georgetown (Estados Unidos), arguyen que las ciudades ejercen un soft power a través de las redes que las representan, fundamentalmente mediante campañas de presión y acciones colectivas. A pesar de que las ciudades se hallan relativamente carentes de poder frente a los gobiernos nacionales y las instituciones internacionales, están logrando influenciar de manera creciente las agendas globales sobre materias como el cambio climático y la migración. Para las autoras, el peso de las ciudades en la gobernanza global sigue siendo limitado, pero su emergencia en los últimos años supone un fenómeno sin precedentes que está desestabilizando los pilares del sistema estatal westfaliano.

Para Enrique Gallichio, de la Universidad Claeh (Uruguay), las ciudades pueden mejorar su capacidad de gobernanza local si la gestión del territorio es fruto de un diálogo multinivel, de la participación del conjunto de actores del territorio en la configuración de las políticas y de una mayor incidencia en las agendas globales, especialmente la Agenda 2030. Para ello, es importante pasar de una lógica de territorialización de las políticas, en la que los gobiernos locales asumen la gestión de decisiones tomadas a otras escalas, a una lógica de construcción de políticas territoriales, en la que el territorio se erige como sujeto a través de la articulación multiactor y de la construcción de alianzas y redes, tanto a nivel territorial como global.

La segunda sección explora el derecho a la ciudad como reclamo y práctica que ha (re)emergido en contraposición a los procesos de urbanización neoliberal y su despliegue desigual tanto en el Norte como en el Sur global.

Precisamente sobre la noción de Sur global y sobre cómo se expresa lo urbano en él reflexiona AbdouMaliq Simone, profesor visitante de la Universidad de Sheffield (Reino Unido), que defiende que el Sur urbano es una ficción normativa impuesta desde una sensibilidad blanca. Más bien existen mayorías urbanas en las que se mezclan diferentes procedencias, medios de vida, capacidades, pasiones y situaciones que fluyen y refluyen. Zonas urbanas habitadas por cuerpos que luchan para mantener abierta la posibilidad de cambiar continuamente de medios de vida y atravesadas por proximidades de elevada densidad e interacciones imprevistas. Las adaptaciones y ajustes constantes de las mayorías urbanas a entornos urbanos volátiles constituyen el principal motor producción de la ciudad en el denominado «Sur global».

Betânia Alfonsin, profesora de la Fundación Escuela Superior del Ministerio Público de Rio Grande do Sur (Brasil), realiza un repaso histórico del proceso social y político que ha tenido lugar en Brasil desde la década de los ochenta para convertir el derecho a la ciudad en un principio inspirador de nuevas políticas urbanas y de nuevos desarrollos jurídicos y legislativos. Pionero mundialmente en este campo, Brasil ha jugado también un papel decisivo en la gobernanza global trabajando para el reconocimiento del derecho a la ciudad en las agendas globales. Sin embargo, el país está actualmente inmerso en un contexto de retroceso democrático que está haciendo peligrar los logros políticos cosechados después de más de tres décadas de lucha política, no solo en el ámbito de la reforma urbana, sino también de la reforma laboral, o de las políticas sociales y de educación.

Katrin Schmidberger, miembro de la Cámara de Representantes de Berlín, analiza los cambios profundos en materia de acceso a la vivienda que se han producido en la ciudad alemana a partir de la crisis financiera de 2007-2008 y del establecimiento de una dinámica económica basada en la financiarización del mercado inmobiliario. En un contexto en que  el 85% de los habitantes vive en régimen de alquiler, la crecida exponencial del precio medio entre 2007 y 2016 en un 80% ha causado importantes problemas sociales. Frente a ello, el Gobierno de la ciudad ha adoptado varios tipos de medidas, como la regulación del alquiler, del uso comercial de inmuebles residenciales (Airbnb) o de las viviendas vacías, la identificación de «zonas protegidas» en la ciudad o la promoción del cooperativismo de vivienda, entre otras.

Anselmo Lee, profesor de la Universidad Kyung Hee (Corea del Sur), cierra este bloque temático con una reflexión sobre las distintas interpretaciones y prácticas existentes en su país y en Asia en general para avanzar hacia la construcción de «ciudades de derechos humanos».
La experiencia de la ciudad metropolitana de Gwangju ha sido pionera en este sentido desarrollando un marco normativo y político que le ha permitido transversalizar e institucionalizar los derechos humanos en el ámbito local, así como proyectarse internacionalmente a través de la organización del Foro Mundial de Ciudades de Derechos Humanos. Buscar fórmulas para articular este proceso con otras agendas globales, como la Agenda 2030 o la Nueva Agenda Urbana, forma también parte de los debates que están teniendo lugar en la región.

La tercera sección aborda nuevas tendencias en la gestión de recursos y actividades económicas que conforman la base material de la ciudad y sobre la cual interactúan los procesos glocales que la caracterizan. Daniel Chavez, investigador del Transnational Institute (Países Bajos), analiza la corriente mundial de remunicipalización de los suministros energéticos que está incidiendo en las políticas públicas, iniciativas socio-económicas y debates de cada vez más ciudades. Sitúa esta corriente en el marco de procesos democratizadores y desprivatizadores en marcha y, en particular, de la necesaria transición energética que el mercado es incapaz de impulsar. A su vez, subraya los límites de las aproximaciones parciales y localistas a la materia y apuesta por una reestructuración integral del sistema eléctrico bajo tutela pública.

Francesca Bria, comisionada de Tecnología e Innovación Digital del Ayuntamiento de Barcelona (España), cuestiona el paradigma de la smart city patrocinado por las grandes empresas digitales y describe las iniciativas llevadas a cabo por el consistorio barcelonés para impulsar la soberanía digital y construir un procomún de datos. Para Bria, las innovaciones tecnológicas deben alinearse con la agenda social y no al revés, y los municipios deben promover un New Deal sobre datos como alternativa al capitalismo de vigilancia de Silicon Valley, por un lado, y al distópico sistema de crédito social chino, por otro.

Marty Chen, cofundadora de la red WIEGO y profesora de la Universidad de Harvard (Estados Unidos), apunta al creciente peso de la economía informal en las zonas urbanas del planeta, ocupando actualmente a cerca de la mitad de su población trabajadora. Para que las ciudades sean más equitativas y reduzcan la pobreza, Chen argumenta que deberán ser más inclusivas respecto a los trabajadores en el sector informal, así como proteger y mejorar sus medios de subsistencia. El artículo propone una serie de principios y medidas en este sentido, que deberán disputarse entre las políticas de control desde el poder y las políticas de supervivencia desde abajo.

Para finalizar, Frances Northrop, Rachel Laurence y Adrian Bua, de la New Economics Foundation (Reino Unido), cuestionan que el modelo de desarrollo económico de Londres como ciudad global sea exportable al resto de ciudades del Reino Unido y deseable en sí mismo. Con el proceso de devolución de competencias a los gobiernos locales como punto de entrada para la discusión, argumentan que una estrategia de desarrollo local basada en la especialización competitiva y la atracción de inversión externa empeorarían las desigualdades territoriales en el Reino Unido. En su lugar, abogan por seguir el principio de subsidiariedad y considerar cuál es la escala más adecuada para cada elemento de una estrategia de desarrollo que redistribuya recursos entre regiones y empodere a cada una para perseguir objetivos sociales, medioambientales y de bienestar.

II. Dentro, contra y más allá de la ciudad global

En su conjunto, la monografía apunta a la continuada relevancia del concepto de la «ciudad global», a la vez que lo problematiza e invita a trascenderlo para poder realmente vislumbrar los principales desafíos urbanos contemporáneos y sus posibles soluciones. Es decir, invita a desarrollar líneas de investigación que conecten con, pero sobrepasen el ámbito de, la ciudad global, tal y como ha sido interpretada de forma predominante en los debates académicos y de políticas públicas.

Para ello, en primer lugar, se propone trazar la dimensión global de la ciudad también a través de las articulaciones políticas del municipalismo internacional y de los esfuerzos (no siempre exitosos) de introducir diálogos multinivel en los espacios de gobernanza global. En segundo lugar, se analizan estrategias que dan forma al derecho a la ciudad (ya sea a través de la acción política institucional o de las prácticas sociales de las mayorías urbanas) como alternativa al modelo urbano que predomina en las actuales ciudades globales y ha primado la competitividad, la conectividad y una noción excluyente de cosmopolitismo. Finalmente, se exploran formas emergentes de desarrollo urbano que buscan reequilibrar las desigualdades socio-territoriales y recomponer lo público y lo común tras décadas neoliberalismo.

Efectivamente, el concepto de la «ciudad global» sigue siendo relevante para dar cuenta de su continuado peso económico en el escenario mundial. Ciertos espacios urbanos centrales siguen asumiendo un rol estratégico en la articulación de los procesos económicos que estructuran la globalización, a pesar de la sacudida de la última crisis mundial y el reciente repliegue estatalista. Estos espacios, además, comparten realidades y problemáticas comunes relacionadas con su proximidad a los procesos de internacionalización del capital y de recepción de una fuerza de trabajo transnacional. La financiarización del sector inmobiliario, la gentrificación o la coexistencia de diversidades culturales y de origen, por poner algunos ejemplos, se significan aquí con especial intensidad como denominadores comunes de las ciudades globales.

Sin embargo, casi tres décadas después de que fuera acuñado el concepto, los desarrollos que han tenido lugar en el marco de las relaciones internacionales permiten resignificarlo para dar cuenta del creciente rol político de las ciudades a nivel internacional a través de la diplomacia de las ciudades y de una creciente incidencia política en la gobernanza global (aunque sea a modo de soft power) como consecuencia de la existencia de un nutrido ecosistema de redes de ciudades que trata de  influenciar las agendas globales. Dicho de otra forma, en la actualidad las ciudades adquieren una dimensión global no solo por su inserción en flujos financieros transnacionales, sino también por su participación en los procesos y estructuras políticas de la gobernanza global.

A su vez, el concepto de la «ciudad global» resulta problemático por diversas razones. En primer lugar, por el valor normativo que ha adquirido. Todas las ciudades ahora aspiran de una forma u otra a convertirse en una «ciudad global», sinónimo de dinamismo, atractividad e influencia. Este imaginario despolitiza las formas de gobernanza urbana neoliberal asociadas con una estrategia de internacionalización protagonizada por las fuerzas de mercado y con importantes efectos sociales y medioambientales negativos.

En segundo lugar, el valor analítico y explicativo del concepto también tiene importantes limitaciones. Este concepto dibuja un escenario mundial compuesto principalmente por una serie de grandes ciudades interconectadas entre sí, con apenas mediaciones de otras escalas y niveles de gobierno. Procesos glocales parecen territorializarse y desterritorializarse en estas ciudades, apartando del foco lo que pasa afuera y entremedio.
Así, se minimiza, por un lado, la importancia del Estado y del sistema inter-estatal, y, por otro, lo que ocurre en el territorio más amplio en el que estas ciudades están insertas. Un territorio que se expresa a menudo a escala metropolitana y que está compuesto por un sistema urbano complejo con múltiples interdependencias que es necesario gestionar, tanto con las periferias metropolitanas como con el entorno periurbano compuesto por ciudades intermedias, pequeñas o incluso núcleos rurales.
Trascender el ámbito de la ciudad global implica también pensar en los procesos de desarrollo territorial desigual entre zonas urbanas y entre lo rural y lo urbano, donde subyacen algunas de las principales problemáticas sociales y medioambientales de nuestra época.

Por consiguiente, centrar el foco de análisis en una comprensión estrecha de la «ciudad global» deja fuera a algunos de los procesos y realidades espacio-temporales clave para una comprensión profunda de la urbanización contemporánea, de la economía política mundial y de los principales retos y oportunidades que augura. Una agenda de investigación urbana e internacional renovada debe trascender este foco para incorporar de forma más integral la dimensión multiescalar y multinivel de los procesos estudiados, así como otras formas de producción de ciudad, de gobernanza y regulación urbana. Descentrar la «ciudad global», ampliar el foco y revertir la mirada transformará el objeto de estudio y nuestra aproximación a él. De celebrar la creatividad o un cosmopolitismo de clase a preocuparse por la gentrificación. De centrarse en las ventajas competitivas de una proyección internacional que ignore las externalidades negativas a explorar la gestión de los bienes comunes y el sostenimiento equitativo y sostenible de la vida urbana. De ensalzar la figura del emprendedor a valorizar la del trabajador de la economía informal.

En vez de una agenda centrada en la potenciación de la ciudad global, se abre una agenda preocupada por el reequilibrio territorial y la justicia social. Una agenda que trascienda la comprensión predominante de ciudad global y que permita pensar el mundo urbano de hoy desde la complejidad que lo caracteriza y desde la necesidad de articular los cambios y las transiciones sistémicas que requiere.

Referencias bibliográficas

Sassen, S. The Global City. New York, London, Tokyo. Princeton-New Jersey: Princeton University Press, 1991.

Stiglitz, J. Los felices 90: la semilla de la destrucción. Madrid: Taurus, 2003.