Opinión CIDOB nº 602

El fracaso del experimento “gradualista” en Argentina devuelve al peronismo al poder

Publication date:
11/2019
Author:
Matias Mongan, Universidad Autónoma de Madrid
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En solo dos años Mauricio Macri pasó de ser un dirigente supuestamente destinado a “modernizar” la economía argentina a convertirse en una figura políticamente desgastada por la profunda crisis socioeconómica que atraviesa el país. A pesar del respaldo brindado por la comunidad internacional a su gobierno, el macrismo nunca pudo responder a las expectativas de cambio generadas a su llegada al poder en 2015 y las elecciones del 27 de octubre confirmaron la victoria del candidato del Frente de Todos, Alberto Fernández. ¿Qué motivos explican el abrupto colapso del proyecto político macrista y el retorno al poder del peronismo? 

A nadie sorprendió que en los comicios del domingo 27de octubre, Alberto Fernández, candidato del Frente de Todos, se impusiera como nuevo presidente electo de Argentina, con el 48,10% de los votos. Todas las encuestas pronosticaban la victoria. Sin embargo, en los dos meses anteriores a las urnas, Mauricio Macri había logrado recortar distancias hasta acabar superando el 40 % de los votos en unas elecciones altamente polarizadas y confirmando la coalición Juntos por el Cambio como principal fuerza de oposición. El peronismo vuelve al poder cuatro años después de dejarlo. ¿Cómo se explica la caída del macrismo y el nuevo escenario político argentino? 

Solo dos años atrás, en las elecciones primarias (PASO) de agosto de 2017, la coalición oficialista Cambiemos (ahora Juntos por el Cambio) logró ratificar su posición como primera fuerza política en Argentina con un amplio triunfo sobre una oposición totalmente dividida. Envalentonado por una economía que parecía mostrar signos de mejoría (ese año el PIB creció un 2,9 %), en los festejos de su victoria, el presidente Macri dio por superada la crisis económica heredada de la administración anterior y prometió que el país iba a inaugurar los mejores veinte años de su historia. Sin embargo, el macrismo nunca pudo responder a las expectativas de cambio generadas a su llegada al poder en 2015 y quedó rehén de innumerables promesas incumplidas. Macri no pasará a la historia como el gran “modernizador” de Argentina, como le habría gustado, sino por ser el primer presidente no peronista en lograr terminar su mandato desde Marcelo T. Alvear en 1928. 

La derrota se explica en gran parte por el fracaso de su política económica “gradualista”, que contribuyó a profundizar la crisis y a aumentar los niveles de pobreza. Tras doce años de kirchnerismo, Macri consideraba necesario desarticular de forma gradual las nocivas prácticas clientelares institucionalizadas durante los sucesivos gobiernos peronistas. Un paso previo imprescindible –a su entender- para convertir Argentina en una democracia liberal moderna. Pero, esta postura heterodoxa llevó al presidente a impulsar un fuerte ajuste macroeconómico y una progresiva liberalización del aparato productivo, con ciertas salvedades. Mientras, por un lado, eliminó gran parte de los subsidios a las tarifas de servicios públicos y aumentó la carga tributaria con el fin de reducir el déficit fiscal, por el otro, incrementó de forma sostenida el gasto social para mitigar el impacto del ajuste sobre los sectores más precarizados y asegurar la gobernabilidad. El gasto social alcanzó el 76% del gasto primario en el presupuesto 2018, el índice más alto desde el año 2002 según datos del Ministerio de Hacienda. Pero éste se sustentó en un fuerte aumento del endeudamiento externo que, según el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC), incrementó el nivel de deuda en dólares del 30,4% del PIB en el segundo semestre del 2017 a un 58%  en junio de 2019, alcanzando un total de 283.500 millones de dólares

En un principio pareció un enfoque exitoso y dotó de estabilidad institucional al gobierno, pero el acceso al mercado de crédito internacional se cerró a mediados del 2018 producto de las crecientes tensiones globales dejando el “gradualismo” a mitad de camino. Las políticas expansivas paliativas impulsadas con el fin de sostener el consumo no lograron reactivar la economía y Macri tampoco realizó el ajuste estructural que le exigían los mercados como condición para aumentar las inversiones y fomentar una dinámica de crecimiento. La economía acabó sumergiéndose en una profunda espiral especulativa que el gobierno no pudo desactivar y se desató una crisis cambiaria que condujo a una devaluación del peso argentino de un 62 % en el transcurso del 2019,con una inflación interanual por encima del 50 %. Esto aumentó de forma exponencial la pobreza (según el INDEC durante el primer semestre alcanzó al 35,4 % de la población, con un crecimiento de 8,1 puntos porcentuales en relación al año anterior). 

A pesar de que la mayoría de las variables socioeconómicas evidenciaban el fracaso del modelo, Macri continuó insistiendo en su política económica y aplicando sus recetas “gradualistas” con el apoyo del Fondo Monetario Internacional. Obsesionado por mantenerse en el poder, el presidente desestimó toda posibilidad de dar a un paso al costado -como le reclamaba parte del establishment-  y apostar por otros posibles postulantes que parecían más competitivos electoralmente, como la gobernadora de la provincia de Buenos Aires, María Eugenia Vidal. Además, impidió que Vidal pudiera desdoblar las elecciones en la provincia ya que consideraba que así aumentaban sus chances de conseguir la reelección, una decisión que ha supuesto que el macrismo no sólo pierda la presidencia sino también la provincia más grande y poblada del país. 

La reunificación del peronismo 

La tozudez del presidente favoreció los intereses electorales del peronismo, que vio cómo aumentaban sus posibilidades de regresar al gobierno. Este partido burocrático y territorial siempre se las ha ingeniado para reinventarse y volver al primer plano de la política argentina. El liderazgo, en esta nueva etapa, correspondió a Alberto Fernández, un dirigente moderado que durante la mayor parte de su carrera ha preferido actuar en las bambalinas del poder, hasta el punto que solo ha desempeñado una vez un cargo electivo. Fue al inicio de la década del 2000 de la mano del ex ministro de Economía del menemismo Domingo Cavallo. La reunificación del peronismo y el nacimiento del Frente de Todos -una coalición que integra parte el Partido Justicialista, el kirchnerismo y el Frente Renovador, entre otros- se pudo lograr tras la decisión de la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner de no postularse a un nuevo mandato y presentarse a la vicepresidencia, ungiendo a su ex jefe de gabinete como candidato, a pesar que durante los últimos diez años fue un férreo detractor de su gobierno. Durante la mayor parte de la campaña, Fernández de Kirchner desempeñó un rol secundario y cedió la centralidad política a Alberto Fernández, desactivando la estrategia electoral del macrismo que intentó polarizar al electorado con el kirchnerismo y una “campaña del miedo” al pasado para aumentar sus posibilidades de permanecer en la Casa Rosada. 

El resultado registrado en las PASO representó un fuerte golpe. Durante los últimos dos meses los principales referentes de Juntos por el Cambio parecieron más interesados en ver cómo continuar su carrera política desde la oposición que en dar la batalla electoral. La “transición política” en el país se adelantaba a las urnas. El caso más paradigmático fue el de la gobernadora Vidal, que buscó despegarse del presidente para fortalecer su proyección a nivel nacional. El único que continuó creyendo en la victoria fue Macri, quien, aprovechando la complacencia de un peronismo que se sentía ganador, intensificó la campaña “Sí, se puede” visitando treinta ciudades en treinta días para volver a encontrarse con sus votantes, cosechando 2,3 millones de votos más que en las primarias del pasado agosto. Macri ha salvado su liderazgo y ha prometido llevar adelante una oposición “sana, constructiva y responsable”. Habrá que ver si esta nueva etapa permitirá superar la fuerte polarización que desde hace años padece Argentina, dividida por una grieta promovida por el kirchnerismo y el macrismo, y amenazada por la pobreza y la desesperanza que provocó.

Palabras Clave: Argentina, Macri, peronismo, kirchnerismo, macrismo

 

 

E-ISSN: 2013-4428
D.L.: B-8439-2012