Opinión CIDOB nº 664

Al Qaeda después de Bin Laden: descentralización y adaptación

Publication date:
05/2021
Author:
Moussa Bourekba, investigador, CIDOB
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Al Qaeda ha sobrevivido a la llamada guerra contra el terror. Una década después del asesinato de Osama Bin Laden y dos décadas después del 11-S, la organización sigue activa y operando como una red global descentralizada. 

¿Es Osama Bin Laden el vencedor póstumo de la mal llamada “Guerra contra el Terror”? Una década después de la operación de las fuerzas especiales estadounidenses para secuestrar y asesinar al líder ideológico de los atentados del 11-S, plantearse esta cuestión es un ejercicio tan incómodo como inevitable. A primera vista, la respuesta es negativa: el 11-S no provocó la retirada estadounidense de los países musulmanes como exigía Al Qaeda. Sucedió más bien lo contrario: estos ataques justificaron varias intervenciones militares occidentales en países musulmanes (Afganistán, Irak, Mali, etc.). A su vez, la idea de una “amenaza terrorista” también ha servido de excusa a ciertos regímenes árabes autoritarios para reprimir cualquier forma de oposición política aparecida en estos años.

Sin embargo, esto no significa que la llamada guerra contra el terror haya logrado su principal objetivo que era la erradicación Al Qaeda (AQ). Ni las invasiones en Afganistán y en Irak, ni el asesinato de Osama Bin Laden supusieron el fin de la organización yihadista. En las dos décadas posteriores al 11-S, el número de yihadistas en el mundo se ha doblado o incluso triplicado. Es más: AQ ha sobrevivido a la muerte de su fundador, a las llamadas primaveras árabes y al auge de Estado Islámico. ¿Cómo explicarlo? En buena parte, la resiliencia de AQ se debe a dos cambios estratégicos iniciados por su fundador y meticulosamente implementados por su sucesor, Ayman al Zawahiri: la conversión de la organización en una red global descentralizada y, como consecuencia de ello, la proliferación de frentes distintos donde las diferentes ramas del grupo pueden librar una "yihad" local.

El primer cambio estratégico tiene que ver con la estructura de la organización: AQ pasó de ser una organización jerárquica y centralizada a una red global descentralizada. Tras el 11-S de 2001, una sorprendente combinación de factores condujo a este cambio gradual: por una parte, los esfuerzos antiterroristas para acabar con Al Qaeda restringieron considerablemente las capacidades de actuación y comunicación de los altos mandos de la organización terrorista. Por otra parte, se consolidó la “marca” Al Qaeda como principal organización yihadista a nivel mundial. De ahí que se tejieran alianzas entre la organización de Bin Laden – convertida en Al Qaeda central – y otras organizaciones yihadistas para dar luz a franquicias locales. Así, se constituyeron Al Qaeda en Irak (AQI) a partir del grupo liderado por Abu Musab al Zarqawi (2004), Al Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI) a partir del Grupo Salafista para la Predicación y el Combate (2007) y Al Qaeda en la Península Arábiga (AQPA) a partir de la fusión entre las ramas saudí y yemení de la organización (2009). De este modo, la organización madre pudo disponer de relevos eficaces en África, Oriente Medio y Asia mientras varios grupos locales ganaban en visibilidad, prestigio y finanzas gracias al sello “Al Qaeda".

Implementada pocos años antes de la muerte de Bin Laden, la estrategia de descentralización se convirtió también en una prioridad para Ayman al Zawahiri, su sucesor. En un contexto marcado por la retirada estadounidense de Irak, las primaveras árabes y los posteriores conflictos en Libia, Siria, Mali, Irak y Yemen, se trataba de dar suficiente autonomía estratégica a las franquicias locales para que pudieran reaccionar con cierta agilidad y beneficiarse de estas situaciones de inestabilidad. Así, en 2012 AQMI, junto con Ansar Eddine, tomó el control del Norte de Mali. Un mes más tarde, el movimiento yihadista somalí Al Shabaab juró lealtad a Al Qaeda. En 2013, el Frente al Nusra – en plena lucha contra el régimen sirio - oficializó su afiliación a Al Qaeda mientras que, en 2014, el propio Al Zawahiri anunció la creación de Al Qaeda en el Subcontinente Indio.

El segundo cambio, que resulta de esta dinámica de descentralización, está relacionado con la propia estrategia de Al Qaeda: en la última década, la organización se centró más en expandirse a nivel local y menos en el terrorismo transnacional. En los años 1990s, y con más intensidad en los 2000s, el terrorismo transnacional era prioritario para la organización de Bin Laden: los ataques de Nairobi y Dar es Salaam (1998), de Nueva York (2001), de Madrid (2004) y de Londres (2005) son ejemplos de la larga serie de ataques a gran escala planificados o inspirados por Al Qaeda y dirigidos contra países e intereses occidentales. El objetivo era la retirada del "enemigo lejano" (Estados Unidos y sus aliados) de las tierras musulmanas. En cambio, en la última década, el grupo liderado por Al Zawahiri se ha dedicado más a expandirse en determinadas zonas de conflicto; el objetivo es ahora luchar contra el "enemigo cercano", es decir contra los regímenes "falsamente musulmanes".

Mediante alianzas con líderes locales y grupos yihadistas – como los talibán en Afganistán, Ansar Dine y grupos locales en Mali, o Al Shabaab en Somalia – AQ persigue distintos objetivos estratégicos como el control territorial (Siria y Yemen), la instauración de un proto-califato (Mali) o la planificación de atentados terroristas (Somalia y Kenia). Su estrategia consiste menos en exportar la violencia hacia Occidente y más en establecer sus franquicias a nivel local, ganarse la confianza de líderes y poblaciones locales e, in fine, administrar territorios. Hemos visto incluso casos, como Siria, donde el líder del Frente al Nusra declaró que no tenía la intención de atacar Occidente y priorizó su estrategia de expansión territorial. De este modo, y a pesar de que AQ perdiera a decenas de altos mandos de la organización en los últimos años, el grupo cuenta con más de diez franquicias locales en África, en Oriente Medio y en Asia, y dispone de decenas de miles de yihadistas con importantes capacidades de desestabilización.

Cabe subrayar, sin embargo, que este enfoque local no implica que Al Qaeda haya dejado de perpetrar ataques contra países e intereses occidentales: los atentados de Charlie Hebdo (2015), de Ouagadougou (2018) y de Pensacola (2019) así como la reciente promesa de continuar la guerra contra Estados Unidos en "todos los frentes" lo recuerdan claramente.

Así, diez años después de la muerte de Osama Bin Laden, Al Qaeda demuestra su resiliencia y capacidad de adaptación. Mediante una red global descentralizada y una multitud de franquicias locales, el grupo sigue más activo que nunca. Ante este panorama, y en un contexto marcado la voluntad estadounidense de cerrar la “guerra contra el terror”, la erradicación de la organización se asemeja cada vez más a un sueño imposible.  

Palabras clave: Al Qaeda, Bin Laden, guerra contra el terror, 11-S, Afganistan, Irak, Mali, Yemen, Siria, Zawahiri, AQMI, AQPA, AQI, Al Shabaab, Ansar Dine

E-ISSN: 2014-0843

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