España cumple 40 años en la UE manteniendo fuerte su europeísmo pero con discrepancias sobre Defensa, Gaza y China
España entró a formar parte de la UE oficialmente el 1 de enero de 1986, hace 40 años. "La doctrina española hacia la Unión Europea se basa en dos pilares: el primero es el europeísmo (es un socio fiable de la construcción europea) y eso le da credibilidad cuando se discuten reformas e integración", dice a EL PERIÓDICO Pol Morillas, director del centro de análisis CIDOB. "El segundo pilar es que España entiende el contexto de multipolaridad en el que se mueve la Unión. Eso explica que busque reforzar canales con actores como China, con la idea de ganar margen y capacidad de influencia dentro del debate europeo sobre Pekín. Esto puede salir bien si España consigue convertir esa relación en una ventaja de negociación para la UE; pero también puede generar críticas, porque hay países que lo ven como un riesgo estratégico y lo vinculan a la relación China-Rusia en la guerra de Ucrania". El tercer elemento, apunta Morillas, hay que leerlo en clave de política interna europea y de juego de mayorías. España capitaliza la idea de que la coalición que permitió reelegir a Ursula von der Leyen como presidenta de la Comisión Europea (socialistas y populares) puede funcionar para hacer avanzar parte de la agenda de integración en el Parlamento Europeo. "Ahí España es relevante porque el grupo socialdemócrata es imprescindible para articular mayorías con el Partido Popular Europeo y el centro liberal, y en ocasiones con los verdes", añade Morillas, también autor de 'En el patio de los mayores: Europa ante un mundo hostil'. "Pero esa centralidad de España depende de algo incierto: que esa mayoría prointegración siga siendo la mayoría operativa."