Petro Poroshenko

© Unión Europea (2012)

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Actualización: 22 abril 2016

Ucrania

Presidente de la República (2014-)

  • Petro Oleksiyovych Poroshenko
  • Mandato: 7 junio 2014 - En ejercicio
  • Nacimiento: Bolhrad, óblast de Odessa, 26 de septiembre de 1965
  • Partido político: Bloque Petro Poroshenko-Solidaridad (BPP-Solydarnist)
  • Profesión: Empresario
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Presentación

"Paz, seguridad y unidad". En esa divisa de emergencia resume su programa para Ucrania, desgarrada por la insurrección separatista y una virtual guerra civil en las regiones prorrusas del Este, el presidente salido de las votaciones del 25 de mayo de 2014. El rico empresario Petro Poroshenko, convertido en candidato-providencia y derrotando sin necesidad de una segunda vuelta a la ex primera ministra Yuliya Tymoshenko, es el inesperado beneficiario en las urnas de la situación interina abierta por el triunfo en febrero del Euromaidán, la revuelta popular de los sectores liberales, proeuropeos y ultranacionalistas de la sociedad ucraniana opuestos al autoritarismo y al viraje geopolítico, con portazo a la UE y aproximación a Moscú, del presidente Víktor Yanukóvych.

Llamado el Rey del Chocolate por su emporio confitero y etiquetado en ocasiones de oligarca, Poroshenko es un personaje pragmático y habilidoso que desde su irrupción en la política se las ha arreglado para prestar servicios a sus tres predecesores en el cargo, en particular a Víktor Yúshchenko, en cuyo bloque militó, a pesar de sus planteamientos contrapuestos. Financió desde la sombra la Revolución Naranja de 2004 contra el régimen de Leonid Kuchma y una década después ha hecho lo mismo con el Euromaidán contra Yanukóvych, en cuyas movilizaciones apenas fue visto. Es decididamente proeuropeo, pero mantiene contactos con las élites de Rusia, asume la necesidad de conversar con Moscú para recomponer las relaciones bilaterales y consigue trascender las dicotomías culturales e ideológicas que invitan a hablar del conflicto entre "las dos Ucranias". Por otro lado, aunque ha ganado las elecciones como independiente, mantiene un partido fantasma, Solidaridad.

En su toma de posesión el 7 de junio, y con más precisión el día 20, Poroshenko ha expuesto las líneas maestras de un plan de paz de 14 puntos para extinguir los focos de secesionismo en los oblasts rebeldes de Donetsk y Luhansk después de dos meses de combates, con pocos logros tangibles para las tropas gubernamentales, que han dejado cientos de muertos en los dos bandos y que justamente se han recrudecido en estos días. El plan incluye un alto el fuego unilateral, una amnistía para los milicianos prorrusos que se desarmen, una franja desmilitarizada en la frontera y reformas constitucionales para una descentralización administrativa en favor de los consejos locales del Este. Ahora bien, Poroshenko descarta de raíz negociar nada con los "terroristas", así como la federalización de Ucrania y el estatus oficial para la lengua rusa. El presidente ruso, Putin, quien reconoce a Poroshenko como colega legítimo, dice dar su visto bueno matizado a este plan, pero no así los rebeldes rusófonos que reciben asistencia de su poderoso vecino. Además, el asentimiento del Kremlin a los planes de Poroshenko sigue al cierre del grifo del gas, justificado por Gazprom ante el impago de los recibos por Kíev, que exige unas tarifas más baratas.

Dentro de esta línea de defensa firme de la integridad territorial y la soberanía nacional de Ucrania, el nuevo presidente se niega a aceptar como irreversible la amputación de Crimea por Rusia, perpetrada en marzo al margen del derecho internacional, y se dispone a firmar el capítulo pendiente, el económico, del Acuerdo de Asociación con la UE. Poroshenko apuesta fuerte por el futuro ingreso de Ucrania en la UE, pero, con el fin de no empeorar las cosas con Moscú, descarta la entrada en la OTAN. Los urgentes imperativos de la seguridad concentran los esfuerzos del mandatario debutante, quien deberá tomar decisiones contundentes también en el apartado económico, donde el panorama es desastroso, así como en el frente de la corrupción.

(Texto actualizado hasta junio 2014)

Biografía

1. Un magnate confitero metido a político
2. Servicios sucesivos a los presidentes Kuchma, Yúshchenko y Yanukóvych
3. Soporte económico del Euromaidán y candidatura presidencial en 2014
4. Presidente de un país en estado de guerra por la rebelión separatista del Este prorruso


1. Un magnate confitero metido a político

Aunque oriundo del óblast meridional de Odessa, Petro Poroshenko creció y se educó a caballo entre Bendery, en la vecina Moldavia, y Vinnytsia, más al norte, en la parte centro-occidental de la entonces República Socialista Soviética Ucraniana, dos ciudades donde estuvo destinado su padre, agrónomo de profesión. Practicante con altas graduaciones estatales del judo y el sambo, el arte marcial reconocido como deporte nacional de la URSS, el joven realizó el servicio militar obligatorio en Kazajstán y en 1989 se tituló en Economía en el Instituto de Relaciones Internacionales y Derecho Internacional de la Universidad Estatal de Kíev, hoy Universidad Nacional Taras Shevchenko.

En 1984, en mitad de la carrera, el futuro empresario y estadista contrajo matrimonio con una alumna de Medicina a la que había conocido en la residencia de estudiantes, Maryna Perevedentseva. Entre 1985 y 2001 la pareja iba a tener cuatro hijos, Oleksiy, las gemelas Yevheniya y Oleksandra, y Myjaylo. Una vez graduado, Poroshenko siguió vinculado durante un tiempo a la Universidad Taras Shevchenko como ayudante de docencia en el Instituto de Relaciones Internacionales. Sin embargo, el colapso de la URSS en 1991 le animó a probar fortuna en un terreno profesional completamente diferente y que entonces, como para otros muchos miles de jóvenes licenciados con talento y audacia, se le mostraba casi virgen y lleno de oportunidades: el del emprendimiento privado.

Partiendo de un minúsculo despacho de asesoría legal a firmas de comercio exterior que había montado siendo aún estudiante, Poroshenko se involucró directamente en los negocios de importación y exportación de materias primas; concretamente, se convirtió en proveedor de granos de cacao africano para las industrias chocolateras de Ucrania y Rusia, en adelante estados independientes. El negocio del cacao creció de manera vertiginosa y Poroshenko, prácticamente de la noche a la mañana, se convirtió en un empresario creso, dedicado a comprar fábricas de chocolate en Ucrania, Rusia y otros países del este y el centro de Europa, y a dirigir asociaciones patronales.

En 1993, junto con un grupo de socios entre los que figuraba su propio padre, Oleksiy Poroshenko, el próspero empresario fundó en Kíev la compañía de inversiones UkrPromInvest, dedicada principalmente a la confitería, pero interesada también en otros productos de consumo agroindustriales así como en actividades tan diversas como la automoción, la fabricación de barcos, la construcción y los medios de comunicación. Con Poroshenko de presidente ejecutivo, UkrPromInvest fue quedándose con varias plantas estatales de dulces sacadas a privatización por el Gobierno ucraniano. En 1996 reunió todas estas fábricas en el grupo Roshen, con diferencia el mayor del país en el ramo de la confitería y que con los años terminó metiéndose entre las 20 primeras firmas mundiales por volumen de ventas. El imperio industrial del magnate abarcaba además los astilleros Leninska Kuznya, especializados en la construcción de embarcaciones fluviales para surcar el Dniéper.

En 1998 el ya conocido como Rey del Chocolate dio un paso frecuente en el selectivo club de los patrones industriales y los empresarios privados enriquecidos a toda velocidad en la desordenada Ucrania postsoviética, varios de los cuales adquirían tal poder que recibían la condición de oligarcas. Se trataba de entrar en la política, mejor a la sombra del aparato oficialista organizado por Leonid Kuchma, el presidente de la República desde 1994. Poroshenko escogió militar en el Partido Social Demócrata de Ucrania-Unido (SDPU-o), la agrupación progubernamental liderada por Víktor Medvedchuk, potentado financiero y cabeza de un grupo de influencia conocido como el clan de Kíev. En las elecciones legislativas de marzo de 1998 el empresario obtuvo el escaño en el Consejo Supremo o Rada y con la obtención de este mandato parlamentario comenzó a apartarse de la gestión directa de sus compañías para atender sus nuevas responsabilidades políticas y estatales.

En 1999, además, tomó asiento en la junta directiva del Banco Nacional de Ucrania (NBU). El presidente de la entidad, que dejó a últimos de año al ser nombrado primer ministro por Kuchma, era Víktor Yúshchenko, con quien Poroshenko estableció una cordial y estrecha relación.


2. Servicios sucesivos a los presidentes Kuchma, Yúshchenko y Yanukóvych

En 2000 Poroshenko articuló en el SDPU-o una facción refractaria a Medvedchuk, Solidaridad, que se apresuró a declarar su más firme respaldo a Kuchma. Los disidentes no tardaron en escindirse para dar lugar al Partido de la Solidaridad de Ucrania (PSU), del que Poroshenko se valió como instrumento para la puesta en marcha, en marzo de 2001 y en compañía de otras cuatro formaciones, del Partido de las Regiones (PR). La nueva colectividad nacía con la vocación de dar el más amplio soporte parlamentario a Kuchma y de paso hacer valer en los centros de decisión de Kíev los intereses políticos y económicos de los grupos de poder afincados en los oblasts meridionales y orientales, en cercanos tratos con Moscú y donde la mayoría de la población era rusófona y rusófila. A pesar de ser uno de los artífices del PR, Poroshenko procuró mantener la autonomía política de su PSU.

En diciembre de 2001 Poroshenko, etiquetado como "mini oligarca" por algunos, rompió con Kuchma y se pasó al bando de Yúshchenko, declarado en la oposición al régimen tras su defenestración por la Rada en abril y desde junio líder del Bloque Nuestra Ucrania (BNU), coalición multipartita donde predominaban las sensibilidades de centro-derecha, liberales y proeuropeas. El BNU ganó por mayoría simple los comicios de marzo de 2002, en los que Poroshenko fue reelegido. Su segundo mandato en la Rada resultó accidentado, pues como jefe del comité parlamentario del Presupuesto fue acusado de desviar 47 millones de hryvnias e investigado por el fisco. Ese mismo año, Poroshenko completó unos estudios doctorales en su alma máter, el Instituto de Relaciones Internacionales de la Taras Shevchenko.

El empresario y diputado no jugó un papel descollante, por lo menos a primera vista, en la Revolución Naranja de 2004, el gran movimiento de protesta popular convocado por Yúshchenko y su principal aliada política, Yuliya Tymoshenko, al constatar el masivo fraude cometido por el régimen de Kuchma en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales en perjuicio del primero y en favor del candidato del oficialismo, el primer ministro Viktor Yanukóvych. La contribución del adinerado Poroshenko a la causa de Yúshchenko, quien le tenía por un hombre de su entera confianza y que de hecho era el padrino de sus gemelas, fue esencialmente económica, corriendo con los gastos de la campaña de movilizaciones, y mediática, a través de la televisión de la que era propietario, el 5 Kanal, en antena desde septiembre de 2003. Las críticas a Yanukóvych vertidas por este medio con un alto nivel de audiencia irritaron a las autoridades, que bloquearon sus cuentas bancarias y amagaron con echarle el cierre, lo que provocó una huelga de hambre de sus trabajadores.

Tras la superación de la crisis electoral con el triunfo de la oposición y la llegada de Yúshchenko a la Presidencia, Poroshenko recibió un puesto de postín, el de secretario del Comité de Seguridad Nacional y Defensa (RNBO). Se trató, empero, de un premio de consolación, ya que el empresario iba detrás del más sustancioso puesto de primer ministro. Sin embargo, la jefatura del nuevo Gobierno de coalición estaba reservada para Tymoshenko. El leal colaborador de Yúshchenko sólo permaneció en la Secretaría del RNBO siete meses, entre febrero y septiembre de 2005. El 8 de ese mes, acosado por las denuncias, acompañadas de sendas dimisiones, de Oleksandr Zinchenko, secretario de Estado al frente del Gabinete Presidencial, y Mykola Tomenko, el viceprimer ministro para asuntos sociales y culturales, quienes le acusaban de integrar una camarilla de oficiales corruptos, el alto funcionario puso su cargo a disposición del presidente.

Yúshchenko aceptó esta renuncia, pero de paso destituyó al Gobierno en pleno, con Tymoshenko a la cabeza. Se saldó, por tanto, en una doble defenestración la intensa rivalidad que desde principios de año venían sosteniendo Poroshenko y la carismática Princesa del Gas, con mutuas imputaciones de chanchullos ilícitos en los años de las privatizaciones estatales. El empresario confitero fue acusado en particular de defender los intereses corporativos de Víktor Pinchuk, el yerno del ex presidente Kuchma y uno de los más notorios oligarcas de Ucrania. Poroshenko siguió vinculado al bloque yushchenkista, en cuyas listas fue reelegido por segunda vez en las votaciones de marzo de 2006. Al constituirse la nueva Rada, el diputado pasó a encabezar el comité parlamentario de Finanzas y Banca. Durante unas semanas, además, sonó como el próximo presidente de la Cámara en sustitución del centrista Volodymyr Lytvyn.

Fue gracias al principio de acuerdo alcanzado por Yúshchenko, Tymoshenko y el socialista Oleksandr Moroz, es decir, los tres principales líderes de la antigua coalición naranja, con el fin de bloquear el regreso al Gobierno del PR de Yanukóvych, que había sido el partido más votado, y repartirse entre ellos las parcelas de los poderes Ejecutivo y Legislativo. Sin embargo, en julio, Poroshenko vio frustrada su ambición parlamentaria al optar Moroz por el pacto con regionalistas y comunistas. La traición del líder socialista puso en sus manos la presidencia de la Rada y de paso birló a Tymoshenko la jefatura del Gobierno, que regresó a Yanukóvych.

Tras este fiasco, Poroshenko redujo durante una temporada su actividad política para centrarse en su emporio empresarial encabezado por Roshen, la gran factoría de bombones y dulces que hacía de su dueño, proclamaban algunos medios haciendo un guiño cinematográfico, el Willy Wonka de Ucrania, si bien la brutal recesión económica parecida por el país en 2009, inevitablemente, causó enormes pérdidas al negocio chocolatero. No se libró de la crisis el otro gran grupo fabril del conglomerado UkrPromInvest, Bogdan, la marca de coches y autobuses líder en Ucrania, marejada que obligó a Poroshenko a deshacerse de su cuota mayoritaria de capital en la compañía.

El magnate se implicó en los trabajos organizativos del partido de Yúshchenko, la Unión Popular Nuestra Ucrania (NSNU), aunque no se presentó a las elecciones legislativas de septiembre de 2007. Tampoco lo hizo el PSU, metido por su jefe, por ignotas razones, en lo más parecido a una hibernación política. Aquellos fueron unos comicios anticipados de resultas del forcejeo institucional mantenido por Yúshchenko con Yanukóvych y sus aliados. Poroshenko continuó su hoja de servicios al Estado como presidente del Consejo Supervisor del NBU, órgano encargado de elaborar la política monetaria y cuyos 14 miembros eran elegidos a partes iguales por la Rada y el presidente de la República. El empresario adquirió este puesto bancario en febrero de 2007.

El 7 de octubre de 2009 Yúshchenko nominó a su partidario ministro de Asuntos Exteriores para suceder a Volodymyr Ohryzko, destituido por la Rada en marzo anterior en medio del enésimo rifirrafe entre el presidente y Tymoshenko, primera ministra de nuevo desde las elecciones de 2007. En las mismas, los bloques de ambos habían obtenido unas cuotas de escaños que sumados daban mayoría absoluta, lo que les animó a recomponer su antigua alianza. Dos días después, con el voto también de los diputados tymoshenkistas, salió adelante la designación ministerial de Poroshenko, quien retuvo la condición de presidente del Consejo del NBU y de paso volvió a sentarse en el RNBO.

Poroshenko tomó las riendas de la diplomacia ucraniana en un momento en que el país intentaba recobrar el sosiego en las sinuosas relaciones con Rusia tras las recientes disputas sobre los suministros del gas y las tarifas de cobro del hidrocarburo, del que Ucrania, sin recursos energéticos propios, dependía vitalmente. Aunque se mostraba convencido de que Ucrania debía y podía ingresar en la OTAN en un futuro cercano, el ministro apeló a Moscú para establecer con Kíev unas relaciones "pragmáticas, mutuamente beneficiosas y basadas en el respeto a la soberanía".

Apenas tuvo tiempo Poroshenko de demostrar sus habilidades diplomáticas, pues en las elecciones presidenciales de enero y febrero de 2010 Yanukóvych se impuso a Tymoshenko –y vapuleó a Yúshchenko, desahuciado aspirante a la reelección-, y acto seguido, a principio de marzo, el Gobierno Tymoshenko perdió un voto de censura en la Rada. La nueva coalición oficialista quedó conformada por el PR de Yanukóvych, el Bloque de Lytvyn y los comunistas, con el dirigente regionalista Mykola Azárov de primer ministro. Lejos de instalarse, como Tymoshenko, en la oposición radical a Yanukóvych, Poroshenko se apresuró a estar a bien con el nuevo presidente, quien aceptó la oferta de cordialidad de uno de los hombres más ricos del país, con un patrimonio neto de 1.300 millones de dólares, según la revista Forbes. El acercamiento cristalizó el 23 de marzo de 2012 con el nombramiento de Poroshenko por Yanukóvych como ministro de Comercio Exterior y Desarrollo Económico en el Gobierno Azárov.

Al regresar al Ejecutivo, el empresario abandonó el Consejo del NBU y poco después, acuciado por las inspecciones fiscales abiertas a la compañía -lo que al parecer era un aviso de Yanukóvych a Poroshenko para que mostrara la máxima docilidad política-, procedió a liquidar UkrPromInvest, de la que fueron segmentados el grupo Roshen, el grupo Bogdad, los astilleros Leninska Kuznya y el 5 Kanal.

Antes de terminar 2012, Poroshenko provocó su salida del Gobierno al presentarse y salir elegido diputado en los comicios del 28 de octubre, mandato legislativo que generaba una incompatibilidad con las responsabilidades ministeriales. El empresario volvía a la Rada tras un paréntesis de cinco años, recostado en un 70% de apoyos en la circunscripción uninominal de Vinnytsia y en calidad de independiente, no como candidato del PSU, su partido, que seguía sumido en una especie de limbo. El 24 de diciembre de 2012 Poroshenko cesó como ministro y al cabo de dos meses hizo el anuncio de que consideraba presentarse a la próxima elección a la Alcaldía de Kíev, prevista inicialmente para mediados 2013 pero que más tarde el Tribunal Constitucional pospuso hasta 2015.


3. Soporte económico del Euromaidán y candidatura presidencial en 2014

En 2013, el diletantismo estratégico de Yanukóvych, quien se debatía entre suscribir el Acuerdo de Asociación que le ofrecía la Unión Europea o bien echarse en el regazo comercial de Rusia –las dos alternativas eran mutuamente excluyentes, advertían tanto Bruselas como Moscú-, tuvo un alto coste para los negocios comerciales de Poroshenko. Así, en julio el industrial vio cómo las autoridades rusas, con el pretexto de unos controles sanitarios sobre unos productos de confitería que nunca habían dado problemas y que gozaban de una justa fama de calidad en los mercados de Europa Oriental y Asia Central (la firma también exportaba a países como Alemania, Estados Unidos, Canadá e Israel), boicoteaban las importaciones y la distribución de chocolate ucraniano como parte de sus medidas de presión a Yanukóvych para que se olvidara del Acuerdo de Asociación con la UE.

Perder de golpe el 40% de las ventas de Roshen, que tenía en el país vecino su mejor clientela amén de una gran planta fabril -en Lipetsk, la cual vio paralizada su producción-, era un golpe devastador a la facturación de la compañía, que se topó con dificultades también en las aduanas de Kazajstán, Bielarús y Kirguizistán, todos ellos países de la Comunidad de Estados Independientes (CEI) en buenas relaciones con Moscú; los dos primeros, además, formaban una unión aduanera con Rusia, la misma en la que al Kremlin le gustaría ver metida a Ucrania.

En estas circunstancias, a Poroshenko debió embargarle una profunda animosidad hacia el Gobierno ruso y Yanukóvych. A últimos de noviembre, el presidente ucraniano sucumbió a los argumentos rusos y desistió de firmar el Acuerdo de Asociación, que estaba listo para su rúbrica con los responsables europeos, en la cumbre en Vilna. La súbita marcha atrás del mandatario encolerizó a un potente frente opositor que reunió a los sectores liberales y proeuropeos, encabezados por los leales a la encarcelada Tymoshenko, y los agresivos partidos y organizaciones de extrema derecha, que bullían de sentimientos ultranacionalistas, fascistoides y antirrusos. Fue el estallido de la revuelta popular conocida como el Euromaidán, dirigida a expulsar a Yanukóvych del poder, y cuyo curso adquirió unos tintes abiertamente insurreccionales y crudamente violentos en enero y febrero de 2014.

Poroshenko no dudó en adherirse a la protesta y, como en la Revolución Naranja de una década atrás aunque quizá de una manera más discreta, puso su faltriquera al servicio de los manifestantes acampados y atrincherados en la Plaza de la Independencia de Kíev. Además, el 5 Kanal cubrió profusamente la algarada, retransmitida a la población con un claro sesgo de simpatía. El señalado como el principal financiador del Euromaidán, que respondió a la decisión de las autoridades, el 31 de diciembre, de declarar extinto su PSU por no dar señales de vida (si bien contaba con un presidente formal, y que no era Poroshenko, sino el diputado Yuriy Stets) con el establecimiento de la Unión Panucraniana Solidaridad (BOS, un partido fantasma, como pudo comprobarse de inmediato), permaneció en un segundo plano a lo largo de las protestas ciudadanas.

Sobre el terreno, los líderes opositores más activos, formando un virtual triunvirato dirigente pero con todo incapaces de controlar a los manifestantes más radicales y al final superados por los acontecimientos, eran Arseniy Yatsenyuk, lugarteniente de Tymoshenko y jefe parlamentario del partido Batkivshchyna, el ex campeón de boxeo Vitaliy Klychkó, líder de la Alianza Democrática Ucraniana por la Reforma (UDAR), y el nacional-populista Oleh Tyahnybok, de la Unión Panucraniana Svoboda. Con menos protagonismo se desenvolvieron el número dos de Tymoshenko, Oleksandr Turchynov, y el socialista Yuriy Lutsenko. A pesar de su limitada visibilidad en la calle, Poroshenko aportaba a la revuelta, además de recursos económicos, una reputación diplomática y una agenda de contactos exteriores privilegiada. Así que integró, junto con Yatsenyuk y Klychkó, la comitiva de jefes opositores que el 1 de febrero y en busca de apoyos se entrevistó con el secretario de Estado de Estados Unidos, John Kerry, en el marco de la Conferencia de Seguridad de Múnich. Por otro lado, el empresario no participó en las negociaciones políticas de alto nivel, a la postre infructuosas, de Yatsenyuk, Klychkó y Tyahnybok con el acosado Yanukóvych.

El 22 febrero de 2014, con el centro de Kíev convertido en un humeante campo de batalla donde ya habían muerto varias decenas de personas entre manifestantes y fuerzas de seguridad leales al Gobierno, Yanukóvych huyó de Kíev y los opositores se hicieron con el poder. La Rada invistió a Turchynov presidente de la Cámara con los poderes del jefe del Estado, pues la Presidencia fue declarada vacante, y a Yatsenyuk primer ministro de un Gobierno de coalición. Poroshenko declinó formar parte del Gobierno Yatsenyuk, si bien colocó en el mismo, asegurándole un puesto de viceprimer ministro, a un hombre de su círculo, Volodymyr Groysman, el alcalde de Vinnytsia, y se reafirmó como diputado independiente. En realidad, ya tenía la mirada puesta en las próximas elecciones presidenciales, convocadas por la Rada para el 25 de mayo.

Sibilinamente, aunque con riesgos ciertos para su seguridad personal, el empresario empezó a hacer campaña el 12 de marzo en Simferópol, la capital de la República Autónoma de Crimea, donde el 27 de febrero anterior los prorrusos, como reacción al abrupto cambio de guardia en Kíev (considerado por ellos un "golpe de Estado fascista"), se habían declarado en rebelión secesionista con el apoyo de Rusia, que tenía desplegados en la península a miles de soldados sin insignias identificativas para disimular levemente lo que en verdad era una ocupación ilegal de territorio extranjero. Dirigiéndose a los paisanos concentrados frente al edificio de la Rada regional, que en la víspera había aprobado una declaración de independencia de Crimea y reiterado su aspiración de meter a la República en la Federación Rusa, Poroshenko instó a los crimeanos a encontrar un "compromiso" que evitara el trauma de la separación, pero el único eco que halló fueron abucheos y gritos favorables a Rusia, donde Vladímir Putin ultimaba los detalles de una anexión exprés.

Como era de esperar, el político ucraniano regresó a Kíev con las manos vacías. El resultado de su audaz viaje a Simferópol estaba cantado de antemano, pero Poroshenko buscaba ante todo promocionarse en Kíev y los oblasts occidentales. Nueve días después, Crimea ya estaba anexada a Rusia a todos los efectos. El 29 de marzo, galvanizado por unos sondeos preelectorales ampliamente favorables que le convertían en un claro favorito, Poroshenko destapó por fin su candidatura presidencial. De inmediato, Vitaliy Klychkó, tercero en las preferencias de los encuestados, anunció que se retiraba de la carrera por la Presidencia y pidió el voto para Poroshenko, al que definió como el "único candidato de las fuerzas democráticas unidas". Con la marcha de Klychkó, el único aspirante en liza capaz de hacerle algo de sombra a Poroshenko era Tymoshenko, quien no ocultaba la pésima opinión que le merecía el empresario y confiaba en capitalizar el espíritu de la revuelta democrática y proeuropea del Maidán, culminada con su triunfal salida de prisión, aunque saltaba a la vista que sus mejores tiempos políticos, tras pasarse varios años fuera de juego privada de libertad, ya habían pasado.

Combinando sus ventajas televisivas, su aureola de empresario de éxito injustamente perjudicado por las represalias comerciales rusas y el discurso mitinero contundente, el candidato presidencial pregonó un programa atractivo para una población exhausta tras meses de disturbios, violencia política y calamidad económica agravada. Así, explicó, un Gobierno suyo perseguiría sin desmayo la corrupción, elevaría los estándares de vida de los ucranianos, crearía puestos de trabajo y apostaría resueltamente por la integración en la UE; para empezar, se activaría el componente económico del Acuerdo de Asociación, cuya parte política acababa de ser firmada por el primer ministro Yatsenyuk. En cuanto a la noción del ingreso en la OTAN, seguía contando con todas sus simpatías, aunque reconocía que la misma no gozaba del apoyo mayoritario de la población, así que lo mejor sería aparcarla por un buen tiempo.

La cuestión, muy delicada, de las relaciones con Rusia luego del arrebatamiento de Crimea (no reconocido por la comunidad internacional y causa de unos paquetes de sanciones a Moscú, por el momento simbólicos, de Estados Unidos y la UE), adquirió un tinte más sombrío a partir del 6 de abril, cuando se activo una turbadora secuencia de desafíos separatistas en cascada en los oblasts orientales de Donetsk, Luhansk y Járkiv, así como en la sureña Odessa, de siempre los graneros electorales de Yanukóvych y el PR. Las fuerzas prorrusas locales, inspiradas por el ejemplo de los crimeanos, tomaron edificios oficiales, desconocieron la autoridad de Kíev, proclamaron sendas "Repúblicas Populares" con intenciones independentistas y convocaron referendos de soberanía y adhesión a Rusia.

El poder interino de Kíev emprendió contra los separatistas una "operación antiterrorista" que comenzó a generar un goteo de víctimas mortales pero que no se tradujo en logros tangibles para las fuerzas gubernamentales, las cuales de hecho sufrieron serios y humillantes reveses frente a los milicianos rebeldes. Los peores enfrentamientos tenían lugar en la región industrial y minera de Donbass, en el extremo oriental del país lindero con Rusia, y concretamente en el óblast de Donetsk. El 2 de mayo el Ejército ucraniano, cuyas limitaciones materiales y de personal constituían un serio hándicap, lanzó una ofensiva en toda regla para recuperar Slavianks y Kramatorsk, ciudades de Donetsk convertidas por los prorrusos en bastiones de su rebelión. Días después, las autoproclamadas Repúblicas Populares de Donetsk (RPD) y Luhansk (RPL), basándose en el resultado masivamente afirmativo de sus referendos sobre la autodeterminación, se declararon independientes de Ucrania; la RPD, además, solicitó su incorporación a la Federación Rusa siguiendo los pasos de Crimea.

El dramático curso de los acontecimientos en el Este, que amagaba con degenerar en una guerra civil –si es que el país no estaba ya sumido en un conflicto de estas características- e incluso en un choque bélico con Rusia, obligó a Poroshenko a perfilar sus propuestas en torno a esta gravísima crisis de seguridad. Por un lado, con lo que no se apartaba un milímetro de la postura de firmeza exhibida por Yatsenyuk y Turchynov, subrayó la defensa de la integridad territorial y la soberanía nacional de Ucrania, la necesidad de sofocar los focos de secesionismo regional y la negativa a aceptar, nunca, la anexión rusa de Crimea. La batalla por la recuperación de la península donde fondeaba la Flota del Mar Negro, que ya sólo podía ser política y diplomática porque sobre el terreno el Kremlin se había encargado de que fuera irreversible, debía librarla Ucrania con todos los medios lícitos a su alcance, recurriendo incluso a los tribunales internacionales.

Sin embargo, y aquí asomaba un pragmatismo apenas atisbado en el campo de los liberales proeuropeos que ostentaban el poder y que sólo podía irritar a los poderosos sectores nacionalistas de derechas que habían sido la punta de lanza del Euromaidán, Poroshenko propugnaba la apertura de un diálogo franco con Moscú, mejor con mediadores internacionales, para intentar resolver las diferencias bilaterales y normalizar las relaciones en un plazo más bien breve. El 6 de mayo, en un giro inesperado que parecía dar respuesta positiva al posibilismo alumbrado por Poroshenko, Putin manifestó que apoyaba la celebración de las elecciones presidenciales en Ucrania y de paso pidió a la RPD y la RPL que aplazaran sus referendos independentistas, llamamiento que sin embargo no fue escuchado por los rebeldes. Poco después, el 12 de mayo, la empresa estatal rusa Gazprom dio un nuevo giro de tuerca en el otro gran frente de preocupaciones para Kíev, el energético, con la advertencia de que si para el 3 de junio el Estado ucraniano no saldaba los más de 3.500 millones de dólares que le adeudaba, procedería a cerrar el grifo del gas.

Además de las cuestiones acuciantes sobre la seguridad interna y la estrategia a adoptar frente al poder ruso, que, tal como el despojamiento de Crimea acababa de ilustrar, exhibía apetitos imperialistas y de revisionismo histórico, Poroshenko prometió que, en caso de llegar a la Presidencia, convocaría elecciones parlamentarias a finales de año para poner término a la interinidad del Gobierno formado tras la caída de Yanukóvych, y que, con el fin de ser "honesto", se desharía de sus propiedades en Roshen y el 5 Kanal.

Por otro lado, el empresario fue blanco constante de las invectivas de Tymoshenko, muy a remolque de él en los sondeos. La ex primera ministra presentó a su contrincante como un oligarca de la vieja escuela propenso a las intrigas y los chanchullos, y como parte de la "quinta columna" de Rusia en Ucrania. En concreto, le acusó de haber recibido sustanciosas sumas de dinero por orden de Putin para el astillero que Leninska Kuznya tenía en la urbe portuaria crimeana de Sebastopol, la base principal de la Flota del Mar Negro. Más aún, Tymoshenko le auguró a Poroshenko una "tercera ola revolucionaria" si conseguía subir al poder. Poroshenko no quiso enzarzarse en polémicas personales con la anterior adalid de la Revolución Naranja e intentó aplacar a su adversaria con la sugerencia de que podría ofrecerle la jefatura del Gobierno tras una victoria electoral. Tymoshenko insistió en el tono de acritud, aunque, inquirida en la televisión, se vio obligada a admitir que compraba chocolates de la marca Roshen para su familia.


4. Presidente de un país en estado de guerra por la rebelión separatista del Este prorruso

El 25 de mayo de 2014 los ucranianos acudieron a las urnas con una única duda: si Poroshenko se proclamaría vencedor en la primera vuelta o si bien necesitaría una segunda que tendría que disputarse el 15 de junio. La participación fue aceptable o elevada en los oblasts del centro y el oeste, y bastante escasa, aunque significativa dados el virtual estado de guerra y las enérgicas consignas de boicot de los rebeldes prorrusos, en Donetsk y Luhansk. En el conjunto del Donbass sólo abrieron una quinta parte de los colegios electorales por las amenazas de los separatistas. La Comisión Electoral Central (CEC) avanzó que la participación en todo el país, excluyendo las zonas sustraídas a la autoridad del Gobierno central, había alcanzado el 60%.

El 29 de mayo, mientras el Ejército ucraniano afianzaba su control del aeropuerto de Donetsk, recuperado tras una cruenta batalla, y lanzaba otro ataque contra Slaviansk con empleo de artillería pesada y aviación, la CEC anunció los resultados electorales con el 100% escrutado: Poroshenko era el ganador definitivo con el 54,7% de los votos, dejando muy atrás a una veintena de contrincantes. Tymoshenko, quien reconoció al punto su derrota, recibió un mediocre 12,8% de los votos, y por detrás de ella quedaron candidatos, algunos políticos muy conocidos y de gran solera, como Oleh Lyashko, Anatoliy Hrytsenko, Serhiy Tihipko, Petro Symonenko y Oleh Tyahnybok, el líder de la ultranacionalista Svoboda, que no cosechó más que el 1,2%. No lo hizo mucho mejor el postulante del PR, Myjaylo Dobkin, receptor de un 3% mientras su formación se sumergía en un proceso de descomposición.

Ya en la misma tarde-noche electoral, nada más cerrarse las urnas y sabiéndose vencedor, Poroshenko anunció que su primer viaje iba a ser al Donbass. Al día siguiente afirmó que la operación antiterrorista en curso no podía durar "dos o tres meses", sino que tenía que concluir "en horas", y reiteró su promesa de recuperar Crimea. La puerta del diálogo permanecería cerrada con los rebeldes prorrusos ("ningún país civilizado mantendría negociaciones con terroristas, y nosotros somos un país civilizado", adujo), que no eran más que "simples bandidos, terroristas y asesinos" únicamente interesados, "al igual que los milicianos somalíes", en "conservar la ilegalidad", y, en cambio, se abriría con Rusia, pues se trataba de "nuestro mayor vecino". "Parar la guerra, llevar la paz a todo el país y la estabilidad al Este sería imposible sin la participación de Rusia. Putin y yo nos conocemos muy bien", razonó el mandatario electo en conferencia de prensa.

Poroshenko tuvo la oportunidad de verse con Putin a los pocos días, el 6 de junio. Fue en París, al abrigo de los encuentros bilaterales de líderes que facilitaba su coincidencia, como invitados por el anfitrión, François Hollande, en los actos del septuagésimo aniversario de los Desembarcos de Normandía, y dos días después de sostener una reunión con Barack Obama en Varsovia, donde los dos asistieron a la conmemoración de vigesimoquinto aniversario de las primeras elecciones semilibres en Polonia. En la capital francesa, y en compañía de la canciller alemana Angela Merkel, los dirigentes ucraniano y ruso intercambiaron unas breves palabras en las que contrastaron sus puntos de vista sobre el conflicto de la Ucrania oriental, pero en apariencia no acordaron medida alguna.

Luego, Putin se refirió al "plan" que Poroshenko tenía para resolver la crisis, plan sobre el que el líder ruso no dio detalles, y elogió el "pensamiento positivo" hallado en su interlocutor, quien se mostraba decidido a "parar el baño de sangre". Sin embargo, Putin recalcó que Rusia (a pesar de la innegable participación en los combates de fuerzas especiales procedentes de la Federación Rusa) no era "parte del conflicto doméstico" instalado en Ucrania y que las negociaciones tenían que ser entre el Gobierno central y los oblasts orientales, donde debía cesar de inmediato la "operación punitiva" de Kíev.

Al día siguiente, 7 de junio, Poroshenko juró el cargo de presidente de Ucrania con un mandato de cinco años y ante una nutrida representación internacional, que incluía a altas personalidades como el estadounidense Joe Biden, el polaco Bronislaw Komorowski, el francés Laurent Fabius, el alemán Joachim Gauck y Herman Van Rompuy, el presidente del Consejo Europeo. En su discurso inaugural en la Rada, el mandatario, tras rendir homenaje a la "victoriosa revolución de la dignidad" que había puesto fin a la "dictadura" de Yanukóvych, enfatizó que la Crimea ocupada "fue, es y será tierra ucraniana", y anunció la próxima presentación de un "plan de paz" para el arreglo del conflicto en el Este. Los rebeldes ucranianos y los "mercenarios rusos" que luchaban a su lado debían desarmarse y desmovilizarse, y para ello dispondrían de un corredor de retirada seguro (los segundos) y podrían acogerse a una amnistía (los primeros), siempre que no tuvieran "sangre de soldados y civiles ucranianos en sus manos".

El presidente anunció también la celebración de elecciones regionales en los oblasts escenario de la revuelta, un programa de inversiones económicas en el Donbass, un "proyecto de descentralización del gobierno" basado en la transferencia de nuevas competencias a los consejos locales y plenas garantías para el uso de la lengua rusa en las regiones donde se hablara. Pero descartó la conversión del país en un Estado federal ("Ucrania fue, es y será un Estado unitario, los sueños de federalización no tienen fundamento", zanjó) y, no obstante pronunciar partes de su discurso en ruso, recordó que la Constitución, en su artículo 10, definía al ucraniano como "la única lengua del Estado". En cuanto al apartado económico del Acuerdo de Asociación con la UE, su intención era firmarlo en el plazo más breve. Y por lo que respectaba al Gobierno, Yatsenyuk seguiría a su frente.

(Cobertura informativa hasta 7/6/2014)

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Opinión CIDOB: "New president and a fragile progress towards a cease-fire in Ukraine" (Agnieszka Nimark, 12/6/2014)