Mike Pompeo

© American Conservative Union/Flickr

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Actualización: 27 abril 2018

Estados Unidos

Secretario de Estado (2018-); director de la CIA (2017-2018)

  • Michael Richard Pompeo
  • Mandato: 26 abril 2018 - En ejercicio
  • Nacimiento: Orange, California, 30 diciembre 1963
  • Partido político: Republicano
  • Profesión: Abogado y empresario
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Presentación

El 13 de marzo de 2018, tras un año largo fungiendo de director de la CIA, Mike Pompeo fue designado por Donald Trump para encabezar el Departamento de Estado en sustitución de Rex Tillerson. El relevo del jefe de la diplomacia estadounidense, al igual que el cambio del general McMaster por John Bolton en la Consejería de Seguridad Nacional, se enmarca en el deseo del presidente, con su volubilidad característica, de apartar de su equipo a personalidades moderadas que no casan con sus enfoques agresivos y rupturistas, y de apoyarse en halcones notorios que, lejos de actuar como contrapesos en aras del análisis equilibrado e imparcial, comparten y hasta jalean sus puntos de vista mal avenidos con la racionalidad y el pacto. En el caso de Pompeo, un antiguo soldado, abogado y empresario elegido congresista por Kansas en 2010, pertenece al ala derecha del republicanismo y en el Capitolio defendió los intereses del Tea Party. Tiene fama de hombre de carácter fuerte, y a lo largo de su carrera parlamentaria defendió sin reservas el ahogamiento simulado y otras técnicas "mejoradas" de interrogatorio de sospechosos de terrorismo, que según él no constituían tortura.

Como director de la CIA, Pompeo ha intensificado las operaciones encubiertas contra los talibán en Afganistán, ha procurado ganar autonomía del Pentágono en la misiones antiterroristas con drones de la Agencia y ha puesto fin al programa de suministro de armas a los rebeldes sirios que combaten a Damasco. Por otro lado, ha sabido preservar la confianza de un mandatario que llegó a la Casa Blanca mirando con sospecha a la comunidad de inteligencia de su mismo país y que insiste en minimizar la injerencia rusa a su favor en las elecciones de 2016, el descomunal escándalo Russiagate; aquí, Pompeo, exhibiendo un perfil más político que funcionarial, no cuestionó el hacking ruso en contra de los demócratas, pero alegó que el mismo no había afectado al resultado de las elecciones, conclusión que fue cuestionada por la propia CIA.

El reemplazo de Tillerson por Pompeo acontece en un momento delicado, al poco del sorprendente anuncio de Trump, por su cuenta y riesgo, de que acepta reunirse con el dictador norcoreano, Kim Jong Un, para abordar la superación del conflicto armamentístico prebélico que vienen arrastrando las dos potencias nucleares. Esta por ver el impacto que la llegada a la Secretaría de Estado de Pompeo, hasta ahora partidario de la acción militar contundente contra Pyongyang para liquidar sus amenazadores arsenales atómicos e incluso derrocar a Kim, tendrá en una cumbre, tan histórica como impredecible en sus resultados, prevista para mayo en Panmunjom.

Una consecuencia rápida de la promoción de Pompeo podría ser el anuncio por Washington de que reniega del plan de acción suscrito en 2015 en Viena sobre el programa nuclear de Irán, cuyo régimen tanto Trump como Pompeo consideran despótico y terrorista, indigno de tratos de este calibre. No encaran mejores perspectivas las relaciones con Cuba, que Trump ha vuelto a meter en el congelador. En cuanto al conflicto de Oriente Próximo centrado en Palestina, puede decirse que la diplomacia norteamericana, con su alineamiento incondicional con Israel y el reconocimiento de la capitalidad en Jerusalén, ha desaparecido del mismo. Y por si fuera poco, Trump acaba de abrir sendas guerras comerciales con la UE y China, y se ve obligado a redoblar las sanciones diplomáticas a Rusia.

Ahora, Pompeo deberá conducir la política exterior de Estados Unidos, sumida en el unilateralismo radical, en la medida que lo permitan el humor errático del presidente y su capacidad para ponerlo todo patas arriba a golpe de mensaje intempestivo, con frecuencia insultante, vía Twitter. Podría tratarse de uno de los más conservadores y nacionalistas secretarios de Estado en la historia del país, marcando el contraste con muchos predecesores tanto republicanos como demócratas. La caótica Administración Trump es capaz de configurar escenarios extraños como el presente: el de un secretario de Estado, Pompeo, que toma el papel de duro y neocon partidario de la acción expeditiva y un secretario de Defensa, el general James Mattis, que encarna la reflexión.


(Texto actualizado hasta marzo 2018)

Biografía

Con antepasados italianos por parte del padre, Michael Richard Pompeo nació en Orange, ciudad del condado californiano homónimo, y realizó la High School en la cercana población de Fountain Valley. En 1982 ingresó como cadete en la Academia Militar de West Point, donde se especializó en Ingeniería Mecánica. En 1986 obtuvo la graduación como el primero de su clase y, en vez de incorporarse a alguna unidad de zapadores, fue destinado al cuerpo de Caballería, es decir, al mando de tanques. En los cinco años siguientes, el joven oficial sirvió primero en Europa, destacado en las patrullas de vigilancia del Telón de Acero en la frontera entre las dos Alemanias, hasta la caída del Muro de Berlín en 1989. Posteriormente, como capitán del 7º Regimiento de Caballería y la 4ª División de Infantería, estuvo movilizado durante la guerra del Golfo, si bien no llegó a entrar en combate. Aquel mismo año, 1991, su esposa, Susan, dio a luz al hijo único del matrimonio, Nick.

Una vez licenciado del servicio de armas, Pompeo encaminó sus pasos hacia un presumiblemente boyante futuro profesional en el mundo de la abogacía. En 1994 adquirió el título de Juris Doctor por la Harvard Law School, de cuya revista Law Review fue editor, y firmó un contrato con Williams & Connolly, uno de los más prominentes despachos de Washington. Sin embargo, la experiencia de litigante en la elitista capital federal no debió resultarle muy estimulante a este hombre de acción venido del oeste y al cabo de un tiempo Pompeo empezó a estudiar unos planes empresariales junto con tres amigos que habían sido sus camaradas de graduación en West Point.

Así, en 1998 Pompeo se instaló en Wichita, Kansas, para abrir con sus socios un negocio de inversiones en el ramo de la industria aeronáutica. La joint venture montada por el ex militar adquirió cuatro pequeños fabricantes locales de componentes de aviación que atravesaban dificultades económicas, Precision Profiling, B&B Machine, Aero Machine y Advance Tool & Die, y procedió a fusionarlos para constituir la compañía Thayer Aerospace. Con él de presidente ejecutivo, Thayer Aerospace prosperó en el mercado del suministro de piezas de aviones a clientes del calibre de Boeing, Cessna, Lockheed Martin y Gulfstream Aerospace, y atrajo para el capital societario a las firmas Koch Industries, Bain Capital y Cardinal Investment, entre otras.

En 2006 Pompeo renunció al puesto de CEO y vendió sus acciones en Thayer Aerospace para convertirse en presidente de Sentry International, una importante compañía de servicios de perforación petrolera con sede en Wichita también y socia igualmente de las Koch Industries. Con todo, se aseguró un fuerte ascendiente en la empresa aeronáutica por él fundada, en adelante llamada Nex-Tech Aerospace, desde el nuevo puesto de jefe de operaciones comerciales.

Tras haber sido sucesivamente soldado, abogado y empresario privado, Pompeo se propuso saltar a la política representativa federal en las filas del Partido Republicano, concretamente desde su ala más derechista. Sus estrechas relaciones capitalistas con los hermanos Charles y David Koch, dueños de un imperio industrial surgido en Kansas y expandido a todo Estados Unidos, y mecenas generosos de las más diversas causas conservadoras, iban a resultar providenciales para cubrir los gastos, inevitablemente elevados, de postularse a representante por Kansas en el Capitolio de Washington.

La cita con las urnas la marcaban las elecciones federales de noviembre de 2010 y el escaño apetecido era el del 4º Distrito Congresional de Kansas, del que se retiraba Todd Tiahrt, su ocupante desde 1995. En las primarias republicanas el neófito en estas lides derrotó a todo un senador en ejercicio, Jean Schodorf, y a dos contrincantes más que, como él, eran hombres de negocios, Wink Hartman y Jim Anderson. Luego, en la elección general del 2 de noviembre, Pompeo se impuso a su rival del Partido Demócrata, Raj Goyle, en la actual legislatura congresista por el 87º Distrito, con un contundente 58,8% de los votos. En esta su primera campaña electoral, el empresario dejó muy claras sus posiciones ideológicas vertiendo fuertes críticas a la Administración demócrata del presidente Barack Obama y la secretaria de Estado Hillary Clinton. El 3 de enero de 2011 Pompeo tomó posesión de su escaño.

Una vez en el Capitolio, el legislador debutante se adhirió al Tea Party, el poderoso movimiento derechista radical paralelo -que no supeditado- al Partido Republicano y furibundo opositor a Obama. Pompeo se superó en sus siguientes envites electorales, los comicios de 2012, 2014 y 2016, consiguiendo la reelección con el 62,2%, el 66,7% y el 60,7% de los votos, respectivamente. En su etapa de congresista, Pompeo sirvió en varios comités y subcomités de la Cámara de Representantes, entre ellos el Permanente Selecto sobre Inteligencia, el de Inteligencia sobre la CIA y el Selecto sobre Bengasi.

Este último Comité fue la comisión parlamentaria especial puesta en marcha en mayo de 2014 a instancias de la mayoría republicana de la Cámara para investigar las circunstancias que rodearon el atentado perpetrado en septiembre de 2012 por turbas islamistas contra la legación diplomática de Estados Unidos en la ciudad libia y que se saldó con las muertes del embajador Christopher Stevens, un funcionario del Departamento de Estado y dos contratistas de la CIA. El trágico ataque terrorista de Bengasi, adjudicado por Washington a la organización Ansar Al Sharia, dejó en una situación muy comprometida a Clinton, obligada a dar cuentas de la estrategia seguida por su departamento en el caótico escenario abierto en Libia a raíz del derrocamiento del régimen de Gaddafi en la revolución, apoyada militarmente por Estados Unidos, de 2011.

Precisamente, Pompeo fue uno de los miembros republicanos del Comité más inquisitivos y pugnaces mientras duraron las audiencias de testificación, que Clinton no pudo eludir. A su entender, la ex secretaria de Estado y su equipo habían descuidado clamorosamente los riesgos para la seguridad del personal diplomático destacado en Bengasi, fallos de análisis y gestión que el congresista por Kansas hacía extensibles al Departamento de Defensa y a la CIA. Más todavía, según Pompeo, Clinton había encubierto deliberadamente la gravedad del incidente para proteger a su jefe, Obama, que dos meses después se presentaba a la reelección. Estas censuras fueron hechas constar en un anexo particular al informe de conclusiones publicado por los siete miembros republicanos del Comité en junio de 2016.

El 18 de noviembre de 2016 el presidente electo de Estados Unidos, Donald Trump, anunció su intención de nominar a Pompeo para el cargo de director de la CIA en sustitución de John Brennan, colocado por Obama en 2013.

El republicano Trump, resuelto a trastocar con ansias rupturistas muchas líneas de acción y paradigmas de toda la arquitectura de seguridad, defensa y política exterior de Estados Unidos, encontraba atractivo a Pompeo, otro desembarcado en la política desde el mundo de los negocios con alarde de energías y discurso vehemente, para dirigir la Agencia Central de Inteligencia, por muchas razones: abominaba el legado de los demócratas en el Gobierno Federal, no quería ni oír hablar de cerrar el centro de detención de Guantánamo (que pudo visitar en 2013), era marcadamente hostil al "desastroso" acuerdo con Irán sobre su programa nuclear, aplaudía los programas de vigilancia intensiva a gran escala de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) y, al menos así lo había manifestado hasta ahora, estaba a favor de que la CIA recuperara los brutales métodos de interrogatorio de sospechosos de terrorismo aplicados en los años de la Administración Bush, como el waterboarding o ahogamiento simulado, los cuales, argüía, ni podían considerarse tortura ni se colocaban fuera de la ley.

De las declaraciones de Pompeo se desprendía también un tono antimusulmán, tenía palabras de elogio y admiración para Israel, no ocultaba su escepticismo con la tesis del calentamiento global y rechazaba el estímulo público de las energías renovables en detrimento de los combustibles fósiles. Todo esto sintonizaba plenamente con los planteamientos del próximo inquilino de la Casa Blanca, pero el conservadurismo de Pompeo, un diácono y lector de la Iglesia Presbiteriana Evangélica, se advertía con una intensidad no menor en su rechazo al aborto y al matrimonio de parejas del mismo sexo. En añadidura, era miembro de la Asociación Nacional del Rifle (NRA).

En su audiencia de confirmación ante el Comité de Inteligencia del Senado, Pompeo se pronunció con habilidad, procurando equilibrar su presumible sintonía con las nociones radicales de Trump, que tomaba posesión el 20 de enero, y, de otra parte, la responsabilidad y la objetividad analítica exigibles a todo un director de la CIA. Así, por un lado, preguntado por los senadores sobre si estaría dispuesto a reactivar las "técnicas mejoradas de interrogación" a petición del presidente, Pompeo respondió que "absolutamente no", manifestación que contradecía su anterior postura bien conocida sobre el tema.

Al igual que el nominado para la Secretaría de Defensa, el general retirado Jim Mattis, el congresista por Kansas afirmó que desde su puesto sería imparcial, por lo que antepondría los intereses nacionales a los del presidente, y no dejó de valorar como una "acción agresiva" la injerencia de los servicios de información y propaganda rusos en las pasadas elecciones presidenciales para perjudicar a Clinton y favorecer a Trump. De esta manera, el aspirante a dirigir la CIA avalaba la conclusión de la comunidad de inteligencia estadounidense sobre que el Kremlin había, entre otras intromisiones ilegales, ordenado el robo de correos electrónicos del Partido Demócrata para tratar de ayudar a los republicanos. En estos momentos, Trump se debatía entre reconocer el papel ruso en el pirateo informático que había afectado al cuartel demócrata durante la campaña presidencial y arremeter contra los servicios de inteligencia y los espías de su propio país por filtrar informaciones sobre supuestos tratos clandestinos de su entorno de colaboradores con los rusos.

El 23 de enero de 2017, tres días después de la inauguración oficial de la Administración Trump, el Senado confirmó a Pompeo para dirigir la CIA con 66 votos contra 32. Su segunda en la agencia iba a ser Gina Haspel, una ejecutiva de contraterrorismo y acciones encubiertas perseguida por la polémica desde su etapa al frente de una cárcel clandestina abierta en 2002 por la CIA en Tailandia donde los prisioneros, sospechosos de pertenecer a Al Qaeda, fueron sometidos a tortura.

(Cobertura informativa hasta 1/3/2017)

Más información

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