Werner Faymann

© Unión Europea (2015)

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Actualización: 1 diciembre 2016

Austria

Canciller federal y presidente del SPÖ (2008-2016)

  • Mandato: 2 diciembre 2008 - 9 mayo 2016
  • Nacimiento: Viena, 4 mayo 1960
  • Partido político: Partido Socialdemócrata de Austria (SPÖ)
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Presentación

 

Las elecciones federales celebradas en Austria en septiembre de 2008 alumbraron en diciembre siguiente un nuevo Gobierno de Gran Coalición presidido por el socialdemócrata Werner Faymann, un político con una discreta trayectoria en el servicio público y que sólo en agosto se convirtió en el líder del SPÖ, sucediendo a Alfred Gusenbauer, canciller saliente de breve mandato. Las buenas relaciones de Faymann con el también nuevo jefe del conservador Partido Popular (ÖVP), Josef Pröll, ahora vicecanciller, han facilitado la reedición de la tradicional fórmula roji-negra, pese a ser castigada en las urnas, en aras de la mayoría parlamentaria y con la mirada puesta en la crisis económica y su impacto social, que Viena intentará remontar bajando los impuestos y aumentando el gasto público.

(Texto actualizado hasta diciembre 2008)

Biografía

1. Un socialdemócrata ejercitado en la política vienesa
2. Ascenso al liderazgo del SPÖ y a la Cancillería Federal


1. Un socialdemócrata ejercitado en la política vienesa

Nacido, crecido y formado en Viena, su compromiso político con el Partido Socialdemócrata de Austria (SPÖ), entonces denominado Socialista (desde 1991, Socialdemócrata), arranca en sus años de alumno de la escuela de secundaria del Distrito 15 de la capital danubiana, cuando ingresó en la Juventud Socialista de Austria (SJÖ), el frente juvenil de la formación. En 1981, tras terminar el bachillerato y prestar el servicio militar, se convirtió en presidente de la SJÖ vienesa; como tal, condujo campañas de movilización para exigir el desmantelamiento de la nunca activada central nuclear de Zwentendorf y en 1983 organizó una manifestación contra la visita del Papa Juan Pablo II, posturas que contrariaron a los líderes del SPÖ y cancilleres federales en estos años, Bruno Kreisky y Fred Sinowatz.

En 1985, con 25 años, debutó en la política representativa como miembro del Landtag o Asamblea del estado federado de Viena, bastión por excelencia del SPÖ, donde era el más joven parlamentario. Simultáneamente, empezó a trabajar de consultor para la caja de ahorros Zentralsparkasse. Con el currículum universitario en blanco, entre 1985 y 1988 cursó cuatro semestres en la Facultad de Derecho de la Universidad de Viena, pero no completó estos estudios y no recibió ninguna titulación. En 1988, sin abandonar sus funciones en la política local, asumió la presidencia directiva de la Asociación de Inquilinos de Viena, que reunía a más de 100.000 miembros.

En 1994 terminó esta actividad en la defensa de los consumidores fuera de las instituciones para convertirse en el concejal capitalino de Vivienda y Renovación Urbana en el consistorio encabezado por el alcalde Michael Häupl, así como presidente del Fondo Vienés para la Provisión de Propiedad y la Renovación Urbana (WBSF) y vicepresidente de la Agencia Comercial de Viena (WWFF). Desde estos puestos, Faymann adoptó medidas resolutivas para la construcción y rehabilitación de viviendas, la promoción del transporte urbano, la reducción de los niveles de contaminación ambiental y la instalación de innovadores sistemas de calefacción domésticos de gran eficiencia energética.

En 2006 Faymann no pasaba de ser un concejal vienés poco conocido en la capital y menos aún fuera de ella, así como un político de segundo rango en el SPÖ, donde no era miembro del Presidium y ni siquiera de la Ejecutiva Federal (Bundesparteivorstand) de 70 miembros, a cuyo frente estaba Alfred Gusenbauer, presidente de la formación desde 2000 y con el que tenía unas excelentes relaciones. Tampoco era miembro del Nationalrat o Consejo Nacional, la Cámara baja del Parlamento Federal, que fue renovado en los comicios del 1 de octubre de 2006 con un resultado de victoria por mayoría simple, con el 35,3% de los votos y 68 asientos, para el SPÖ.

El 11 de enero de 2007 Faymann debutó en la política representativa federal como titular de una cartera ministerial que le venía al dedo, la de Transportes, Innovación y Tecnología. Fue en el Gobierno de gran coalición pactado por Gusenbauer y el nuevo líder del conservador Partido Popular Austríaco (ÖVP), Wilhelm Molterer, que regresó a la vieja fórmula roji-negra al cabo de siete agitados años en los que los populares, conducidos por el canciller Wolfgang Schüssel, gobernaron en compañía de las formaciones de ultraderecha Partido de la Libertad de Austria (FPÖ) y Alianza por el Futuro de Austria (BZÖ, escindida del anterior), acaudilladas ambas por el polémico gobernador carintio Jörg Haider. Una vez en la Cancillería, Gusenbauer nombró a Faymann también coordinador de la coalición.

Transcurrido un año desde su inauguración, el Gabinete de Gusenbauer ya daba signos de agotamiento en un tiempo récord. Las causas de este prematuro desgaste había que buscarlas en la incapacidad del canciller para perfilarse como un dirigente sólido y obtener el favor de la opinión pública, y en su patente falta de sintonía personal con el vicecanciller Molterer, quien tampoco entusiasmaba en los sondeos de valoración de líderes. De fondo, se hacía notar el auge de los sentimientos euroescépticos en Austria, inmediatamente capitalizados por el FPÖ y la BZÖ, a la sazón ferozmente rivales.


2. Ascenso al liderazgo del SPÖ y a la Cancillería Federal

La hora del gran salto político, realmente vertiginoso, de Faymann sonó el 16 de junio de 2008, cuando el Presidium del SPÖ, en un cónclave revuelto, nombró al ministro presidente ejecutivo (Geschäftsführender Vorsitzender) de la formación, un cargo creado para la circunstancia. Aunque Gusenbauer continuaba siendo el presidente federal (Bundesparteivorsitzender), Faymann empezó a ejercer como una especie de co-líder del partido antes de su conversión en el número uno formal, mudanza que, se prevía entonces, podría tener lugar en octubre.

A los pocos días, el 26 de junio, Faymann y Gusenbauer levantaron una polvareda política al publicar en el diario Kronen Zeitung, el diario sensacionalista de más tirada del país, notorio por su línea editorial hostil a la Unión Europea (y con cuyo propietario, Hans Dichand, el primero mantenía una prolongada amistad), una carta abierta en la que exponían su intención de promover una reforma legal para someter a referéndum popular cualquier futuro tratado de la UE que "afectara a los intereses fundamentales de Austria", ya que "mucha gente tiene la impresión de que la UE no se implica en sus problemas cotidianos". Los firmantes manifestaban también su "seria preocupación" por el déficit democrático de la organización europea y su insuficiente interés en los problemas sociales.

La misiva, difundida dos semanas después de rechazar los irlandeses en referéndum la ratificación del Tratado de Lisboa para la reforma de las instituciones de la Unión (el cual había superado el examen del Parlamento austríaco el 24 abril), cogió por sorpresa a Molterer y los populares, que vocearon indignados comentarios sobre el "grave error", el "populismo", el "cortocircuito intelectual y político", y el "ataque de pánico" de los socialdemócratas, sobrevenido aparentemente tras sufrir tres severas derrotas electorales este año, en las estatales de Baja Austria y Tirol, y en las municipales de Graz. Más sorprendente aún fue el hecho de que los dos presidentes, al parecer, tampoco avisaran a la ejecutiva del partido de su iniciativa. No sin escucharse algunas críticas, la nueva plataforma europea fue adoptada por el Presidium del SPÖ.

La gran coalición quedó herida de muerte y el 7 de julio Molterer anunciaba su ruptura con la explicación de que los socialdemócratas estaban "sin orientación ni liderazgo" y habían quebrado el consenso básico con el ÖVP en la política europea. En consecuencia, el país centroeuropeo tendría que celebrar sus cuartas elecciones al Nationalrat en menos de una década. Al punto, Gusenbauer notificó que no sería el cabeza de lista y candidato a canciller, y señaló a Faymann como su sucesor. El 8 de agosto, la 40ª Conferencia Federal (Bundesparteitag) del partido reunida en Linz eligió a Faymann presidente federal con el 98,3% de los votos. De cara a las elecciones generales del 28 de septiembre, Faymann manifestó que su partido descartaba de plano formar coalición con la BZÖ o el FPÖ, y que su vocación era reeditar la alianza con el ÖVP, mejor si éste cambiaba de liderazgo, para el que se permitió sugerir al ministro de Agricultura y Medio Ambiente, Josef Pröll, un responsable popular conocido por sus opiniones críticas con el anterior entendimiento entre Schüssel y Haider.

En su programa electoral, el candidato socialdemócrata planteó un plan de choque para proteger a las clases medias y bajas de la pérdida de poder adquisitivo derivado del rápido encarecimiento de los precios, con traslación inmediata al proceso legislativo –de hecho, el paquete, salvo el primer punto, fue aprobado por el Nationalrat el 24 de septiembre-, consistente en cinco actuaciones: la reducción a la mitad del IVA sobre los alimentos; la concesión de un subsidio mensual extra a las familias con hijos; el incremento de la cobertura de la prestación sanitaria a los hogares y de las ayudas a las familias con miembros dependientes; la extensión del sistema especial de jubilaciones anticipadas para los trabajadores manuales del sector industrial (Hacklerregelung) hasta 2013; y la derogación de las tasas de las matrículas universitarias.

Faymann, al presentarse como un defensor de las políticas activas de empleo, de una racionalización del sistema de salud que consolidara su calidad y carácter universal, del no recorte de las pensiones –reforma que ya había sido acometida por los gobiernos de Schüssel- y del parón en la venta de activos del Estado –en tanto que Molterer era partidario de reanudar las privatizaciones para obtener unos ingresos con que contener el déficit presupuestario-, parecía querer añadir una profesión de fe categóricamente socialdemócrata a su lista de rasgos distintivos, hasta ahora básicamente limitados a unas formas joviales y telegénicas, divulgadas con fruición por el periódico Kronen Zeitung y que marcaban el contrapunto con el perfil intelectual y nada carismático de Gusenbauer. Para la mayoría de los observadores, sin embargo, Faymann era sobre todo un pragmático que no hacía ascos a las concesiones populistas y cuyas verdaderas dotes en la alta política estaban por demostrar.

El 28 de septiembre el SPÖ conservó la condición, disfrutada desde 1970 hasta 2002 y recobrada en 2006, de primera fuerza electoral, pero su cuota del 29,3% de los votos, que se tradujo en 57 escaños, fue la más baja de su historia. Peor le fue al ÖVP, que batió su propio récord de mínimo electoral con el 26% de los sufragios y 51 escaños. El castigo del electorado a los integrantes de la fallida gran coalición era claro y contundente. La triunfadora moral de la jornada fue la derecha radical dividida en el FPÖ de Heinz-Christian Strache y la BZÖ de Haider: entre los dos, sumaban el 28,2% de los votos y 55 diputados. Los comentaristas indicaron que muchos de los 233.000 votos perdidos por los socialdemócratas fueron a parar al FPÖ, mientras que la sangría sufrida por los populares de, 346.000 votos, benefició sobre todo a la BZÖ.

La fulminante dimisión de Molterer en asunción de su responsabilidad por el varapalo electoral y su reemplazo por Pröll como líder del ÖVP en funciones facilitó el inicio con buenas perspectivas de las conversaciones entre socialdemócratas y populares para formar el nuevo Gobierno, las cuales tomaron un cariz de dique de contención de las pujantes formaciones ultraderechistas: Faymann y Pröll, de entrada, rechazaron los ofrecimientos de Haider, que decía estar abierto a todo tipo de combinaciones, y de Strache, que lanzó guiños a los dos partidos mayoritarios. La aritmética electoral, que no permitía otras alternativas para construir una mayoría parlamentaria, y el acuerdo sobre la necesidad de mantener a la derecha nacionalista y xenófoba alejada del poder parecían pesar más que los desencuentros acumulados durante los 18 meses de la última legislatura.

El 8 de octubre, Faymann, diputado electo por Viena, recibió del presidente de la República, Heinz Fischer, el mandato de formar gobierno. Tres días después, el país se conmocionaba con la muerte de Haider en un aparatoso accidente de tráfico. El 13 de octubre, Pröll, tras mencionar sin mucho entusiasmo la posibilidad de un improbable tripartito formado por el ÖVP, la BZÖ y los Verdes, instó a los suyos a dar luz verde al arranque formal de las negociaciones con el SPÖ.

La primera reunión tuvo lugar el 20 de octubre, cuando arreciaba el vendaval de noticias negativas relacionadas con la crisis financiera global, que empujó al Gobierno saliente, al hilo de las decisiones tomadas en la eurozona, a elevar de 20.000 a 100.000 euros la garantía mínima sobre los depósitos bancarios y a ofrecer a los bancos privados con problemas de liquidez un paquete de ayudas financieras por valor de 100.000 millones de euros, de los que 85.000 se destinarían a respaldar créditos y los 15.000 restantes a inyecciones directas de capital. El 3 de noviembre el Estado austríaco decidió adquirir por el valor simbólico de dos euros a sus propietarios, el Österreichischen Volksbank AG (ÖVAG) y el grupo franco-belga Dexia, el 99,8% de las participaciones de Kommunalkredit, la octava entidad financiera del país y situada al borde de la quiebra, lo que supuso su nacionalización de hecho.

El 23 de noviembre concluyeron las negociaciones bipartitas con sendos acuerdos sobre el reparto de carteras y el programa gubernamental. Como principales puntos en común del decimoséptimo gobierno de gran coalición desde 1947, Faymann y Pröll se comprometieron a consensuar cualquier iniciativa de consulta popular relacionada con la UE, luego el SPÖ renunciaba a promover referendos de manera unilateral, a lanzar en 2009 una rebaja fiscal de 2.700 millones de euros para las rentas medias y bajas, y a gastar otros 1.900 millones hasta 2010 para incentivar las inversiones empresariales.

Los firmantes manifestaron su fe en que los estímulos fiscales, el mayor gasto social y el fondo de rescate bancario creado por el ejecutivo saliente no elevarían el déficit público más allá del tope del 3% fijado por la UE e impedirían que la economía nacional, muy dependiente de las exportaciones y desfallecida en los últimos meses –el tercer trimestre había cerrado con un crecimiento del 0,1%, frente al 0,5% del primer trimestre y el 0,3% registrado entre abril y junio-, entrara en una etapa recesiva, ya presentada en otros países del entorno y en el conjunto de la eurozona.

El 2 de diciembre tomó posesión el nuevo Gobierno. Flanqueando a Faymann en la Cancillería y a Pröll en la Vicecancillería y el Ministerio de Finanzas se sentaron en el Gabinete doce ministros con cartera y cuatro secretarios de estado, pertenecientes al SPÖ y el ÖVP a partes iguales. De los ministerios de peso, los socialdemócratas obtuvieron Defensa, para Norbert Darabos, Asuntos Sociales y Trabajo, para Rudolf Hundstorfer, y Sanidad, para Alois Stöger. Los populares, además de Finanzas, se quedaron con Asuntos Exteriores, para Michael Spindelegger, Interior, para Maria Fekter, y Economía, para Reinhold Mitterlehner. Algunos de los titulares repetían en sus puestos. Spindelegger se hizo cargo de la diplomacia en sustitución de Ursula Plassnik, responsable muy vinculada a Schüssel, quien rehusó continuar en el nuevo Gobierno al entender que el acuerdo de su jefe de filas con Faymann dejaba abierta la puerta a la convocatoria de referendos en el ámbito de la UE.

El canciller austríaco está casado con Martina Ludwig-Faymann y es padre de dos hijas.

(Cobertura informativa hasta 2/12/2008)