1. Un joven y prometedor político de derechas
2. Jefe del Gobierno de Carintia
3. Asalto al poder federal en Viena
4. El rédito político de las sanciones de la UE
1. Un joven y prometedor político de derechas
El joven Haider, que se crió por tanto en un entorno intensamente pangermanista, recibió estudios secundarios en Bad Ischl y entre 1968 y 1973 cursó la carrera de Derecho en la Universidad de Viena. Desde 1970 hasta 1974 presidió el Anillo de Jóvenes Liberales (
Ring Freiheitlicher Jugend), una asociación de estudiantes con ideas derechistas que funcionaba como la rama joven del Partido de la Libertad (o Liberal) de Austria (FPÖ), fuerza fundada el 7 de abril de 1956 por Anton Reinthaller a partir de la Asociación de Independientes (VdU) y que entonces pugnaba, aunque con discretos resultados, por hacerse con un hueco en el espacio político de posguerra, dominado por el Partido Socialista de Austria (SPÖ, socialdemócrata) y el Partido Popular Austríaco (ÖVP, conservador).
El
tercer campo liberal atrajo desde el principio a importantes sectores de la clase media tradicional y a profesionales autónomos, muchos de los cuales en su momento militaron o simpatizaron con el nazismo (el propio Reinthaller había sido ministro de Agricultura en el Gobierno anexionista de 1938), de manera que dos tendencias diferentes, la liberal-conservadora y la nacionalista de derechas, frecuentemente nostálgica del nacionalsocialismo, coexistieron en los años siguientes.
En 1971 Haider, que siendo adolescente ganó un concurso de retórica convocado por la Federación Gimnástica Austríaca, una organización de extrema derecha, por la argumentación
¿Somos los austríacos alemanes? (el texto luego fue publicado por el diario derechista alemán
Deutsche Nationalzeitung), entró a formar parte del Comité Ejecutivo del FPÖ, y tras licenciarse en 1973 encontró trabajo como profesor asociado en el Instituto de Derecho Administrativo y del Estado de su universidad.
El talento político de Haider fue descubierto por el entonces presidente del partido, Friedrich Peter, un antiguo oficial de las SS y que se convirtió en su promotor. En 1976, al poco de conseguir el doctorado, cesó en su ocupación docente cuando el partido le nombró su secretario en Carintia, estado federado (bundesland) donde desarrolló una carrera política pródiga en ambición y en éxitos.
El 5 de junio de 1979 entró como diputado en el Nationalrat o cámara baja del Parlamento federal, donde actuó como portavoz liberal para asuntos sociales. Exactamente cuatro años después fue elegido presidente del FPÖ en Carintia y se integró en el Gobierno estatal de coalición, presidido por el socialdemócrata Leopold Wagner, como ministro de Comercio, Turismo y Comunicaciones, con lo que abandonó su escaño en Viena.
En aquellos años el FPÖ, bajo el impulso de sus presidentes Alexander Götz (desde 1978) y Norbert Steger (desde 1980), había adquirido un perfil más moderado que respondía más ajustadamente a la etiqueta de partido liberal, en la línea, por ejemplo, del FDP de Alemania Occidental. Desde 1979 el FPÖ formaba parte de la Internacional Liberal y el mismo 1983, el 24 de mayo, entró por primera vez en el Gobierno de Viena, como socio del canciller socialdemócrata Fred Sinowatz.
Estas decisiones, propias de un partido bisagra con aspiraciones de respetabilidad y de acomodo en el juego político, no gustaron al sector más derechista del FPÖ, y particularmente en el bastión carintio de Haider. Notoriamente impopular, las encuestas de opinión revelaban que con Steger al frente el partido se exponía a un derrumbe total en las próximas elecciones.
Con la ayuda de estos elementos radicales, Haider, considerado un candidato idóneo por su juventud y la falta de estigmas nazis que pudieran retraer a potenciales simpatizantes, fue aclamado para desplazar a Steger de la presidencia en la 18ª Convención del partido, celebrada en Innsbruck, el 14 de septiembre de 1986. Este hecho fue determinante para que el nuevo canciller del SPÖ, Franz Vranitzky, declarara roto el Gobierno federal de coalición y convocara elecciones anticipadas.
Los comicios del 23 de noviembre respaldaron el cambio de liderazgo en el FPÖ, marcando un punto de inflexión en su historia. Haider, centrando su campaña en la demanda de menor control estatal de la economía, mayores incentivos para la iniciativa privada, el final de los privilegios de funcionarios y oficiales de partido, más democracia directa y medidas de protección del medio ambiente, logró para los liberales el 9,7% de los votos y 18 escaños en el Nationalrat, duplicando casi los resultados de abril de 1983.
El SPÖ y el ÖVP, por su parte, experimentaron unas pérdidas igualmente sorprendentes, y aunque el partido de Vranitzky había conservado la mayoría absoluta, accedió a formar un Gobierno de gran coalición con los populares a partir de enero de 1987. Coronando un año de triunfos, Haider se convirtió además en millonario al heredar de su tío-abuelo, un ex militante nazi y acaudalado hombre de negocios que le había apadrinado, unas propiedades rústicas en Barëntal, Carintia, las cuales, a su veza, aquel las había recibido del Gobierno nazi tras ser expropiadas a sus propietarios judíos.
2. Jefe del Gobierno de Carintia
El éxito en 1986 de Haider, que el 17 de diciembre regresó como diputado al Nationalrat y líder del grupo parlamentario, permitió imponerse a los partidarios de retornar al ideario nacionalista de derechas anterior al manifiesto aprobado en la Convención del 5 y 6 de septiembre de 1973, que había inaugurado 13 años de predominio de la definición liberal-democrática clásica en su sentido de preeminencia de la libertad del individuo. Justamente, la cuestión sobre los límites de la misma y los deberes para con la sociedad y sus instituciones tradicionales de la familia, el matrimonio y el pueblo (
Volk, entendido como comunidad natural de personas con mismos ancestros, idioma y cultura), había marcado, diferencias personales aparte, el fondo de las disputas doctrinales.
Progresivamente configurado en torno a su persona, en 1989 el FPÖ presentó a Haider como cabeza de lista para las elecciones del 12 de marzo al Landtag (asamblea regional) de Carintia y, por primera vez, se convirtió en el segundo partido más votado, a costa de los socialdemócratas, que perdieron la mayoría absoluta. El 30 de mayo, luego de pactar el 24 de abril una coalición con el ÖVP, Haider se convirtió en el primer jefe de Gobierno (landeshauptmann) liberal de un bundesland, que en el caso de Carintia había estado en manos del SPÖ desde 1945.
No obstante, el 13 de junio de 1991 unas declaraciones suyas en el Landtag de elogio a la “competente política laboral” del III Reich levantaron tal polvareda que se vio forzado, el día 21, a presentar la dimisión. En la reorganización del ejecutivo, cuatro días después, Haider tomó la vicepresidencia y el popular Christof Zernatto la presidencia. El 11 de marzo de 1992 regresó a la jefatura de los diputados liberales en el Nationalrat, prefigurándose como uno de los políticos con más futuro del país.
Con una mezcla de populismo social, xenofobia más o menos explícita, nacionalismo y virulento antieuropeísmo, el carismático liderazgo de Haider comenzó a generar preocupación en el
establishment socialista-conservador que desde 1945 había gobernado en Viena conforme a un riguroso, casi apacible, modelo parlamentario.
Telegénico y de porte atlético, con un aspecto moderno y juvenil, muy estudiado todo con criterios de
marketing electoral, Haider conquistó miles de simpatizantes que nunca antes habían votado por los liberales mediante un hábil discurso populista, antiliberal con los poderes políticos y económicos y de rechazo a lo extranjero, capaz de explotar los miedos de una parte de la sociedad fiel a unas formas tradicionales de vida ante la mundialización en ciernes, en todos sus aspectos, cuyo prólogo sería la entrada de Austria en la Unión Europea.
Elección tras elección, el FPÖ consiguió articular una batería de soluciones para todo tipo de problemas y ansiedades y se erigió como el único defensor de los débiles y excluidos frente a los ricos y poderosos (representados por las elites del SPÖ y, en menor medida, del ÖVP), añadiendo a sus votantes de siempre desde jóvenes filonazis antisistema y marginados sociales hasta obreros socialistas y empresarios emprendedores, pasando por ecologistas y conservacionistas tradicionales. Haider estaba convirtiendo al FPÖ en un partido de los llamados
catch-all (
atrapalotodo), pero de características únicas por no tener siquiera que pugnar por el centro del espacio político.
Así, en las legislativas del 7 de octubre de 1990 el FPÖ ascendió al 16,6% de los votos y a los 33 escaños, y en las del 9 de octubre de 1994 subió hasta el 22,6% y los 42, forzando un sistema tripartidista tendente al equilibrio. En las elecciones anticipadas del 17 de diciembre de 1995, al tiempo que los dos partidos principales experimentaron sensibles recuperaciones, el FPÖ pareció frenar su ascenso con el 21,9% de los votos y 40 escaños.
Pero en los comicios al Parlamento Europeo del 13 de octubre de 1996 los resultados fueron espectaculares y encendieron todas las alarmas entre los sectores del país que se declaraban antifascistas: el 27,6% de los sufragios a nivel federal y la segunda posición, con el 28%, en la elección de la asamblea estatal de Viena, superando al ÖVP y mientras los socialdemócratas sufrían el histórico varapalo de la pérdida de la mayoría absoluta que retenían desde 1920. Más aún, en Graz, segunda ciudad del país, el partido de Haider barrió con un 30,8%.
3. Asalto al poder federal en Viena
Desde el escándalo de 1991 en Carintia, Haider se cuidó de no caer en los excesos verbales filonazis, y cuando sus declaraciones volvieron a levantar ampollas no tuvo inconvenientes en pedir disculpas. Así, en diciembre de 1995 describió los campos de concentración de la Segunda Guerra Mundial como “campos de castigo” y definió a las Waffen-SS (tropas de combate) como una parte del Ejército alemán “merecedora de todo el honor y el respeto”.
Asimismo, en un debate televisivo comparó la deportación de los judíos con la expulsión de los alemanes de la región checoslovaca de los Sudetes por los comunistas después de la guerra, y en 1996 participó en una reunión en la localidad de Krumpendorf de antiguos camaradas de las SS, a los que alabó como “gente decente” y “modelos” para los jóvenes.
Haider, que siempre negó ser un neonazi -de hecho él se ha identificado con el laborista británico
Tony Blair, quien a su vez se define como un reformista radical-, sólo hizo que acrecentar su popularidad a medida que sus manifestaciones, entre ambiguas y provocadoras, multiplicaban los llamamientos a parar la “amenaza parda”. Ahora bien, según los que le conocían bien, y entre ellos figuraba Heide Schmidt, la candidata del FPÖ en las presidenciales de 1992 y que en febrero de 1993 encabezó la escisión de los elementos descontentos para formar un partido más acorde con los principios liberales clásicos, el Foro Liberal (LIF), Haider era menos ideólogo de lo que parecía.
En opinión de Schmidt, todos los esfuerzos de Haider se encaminaban a alcanzar el poder en el Gobierno federal en Viena, sin menosprecio de los medios que fueran necesarios, con lo que se trataría más de un político demagogo y populista -aunque sumamente eficaz- que de un extremista de derechas o un ultranacionalista convencido.
Una de las razones que precipitaron la salida del grupo de Schmidt fue la campaña de recogida de firmas promovida por Haider, en enero de 1993, para la celebración de un referéndum sobre la inmigración. El líder del FPÖ fue acusado de “envenenar el ambiente” con su iniciativa, ilustrada por el eslogan "Austria primero". Aunque Haider
sólo recogió algo más de 400.000 firmas -la mitad de sus votantes en 1990-, marcó otra vez la pauta en el debate político y obtuvo nuevos réditos publicitarios en un período entre elecciones.
Confiado en sus expectativas, Haider reactivó sus mensajes radicales en la campaña para las legislativas del 3 de octubre de 1999, que se anticipaban con ser las más decisivas de la posguerra: propuso expulsar de Austria, uno de los países europeos más generosos en la acogida de refugiados de las guerras de Croacia y Bosnia, a todos los residentes ilegales y detener la entrada de nuevos inmigrantes, amenazó de llegar al poder con frenar la ampliación de la UE y con convocar un referéndum sobre la pertenencia a la Unión Económica y Monetaria.
Como anticipación de lo que podría suceder a nivel federal, el 7 de marzo de 1999 el FPÖ ganó las elecciones en Carintia con el 42% de los votos, casi 10 puntos más que el SPÖ y justo el doble que el ÖVP. No sólo se trataba de la primera mayoría liberal en un bundesland, sino que se hacía a costa de un predominio socialdemócrata ininterrumpido desde 1945.
No queriendo convertirle en un mártir, los dos partidos desistieron de bloquear el acceso de Haider a la presidencia del estado que había tenido que abandonar ignominiosamente ocho años atrás, aun sabiendo que su retorno al poder en Klagenfurt le aproximaba, lenta e inexorablemente, a Viena. El 8 de abril Haider tomó posesión del puesto al frente de un Gobierno monocolor y minoritario, pues carecía de mayoría absoluta en la asamblea. Por incompatibilidad institucional, en la víspera cesó como diputado en el Nationalrat.
Las elecciones al Nationalrat del 3 de octubre de 1999 fueron un hito en el imparable ascenso de Haider: el FPÖ, con el 26,9% de los votos y 52 escaños, obtuvo exactamente los mismos resultados que su rival por la derecha, pero en puridad, con 415 votos más, logró un histórico y particular
sorpasso austríaco. Haider reclamaba su derecho a formar parte de un Gobierno de coalición en Viena, pero
Viktor Klima, el canciller saliente y presidente del SPÖ, instó al ÖVP a reeditar otra vez el Gobierno de gran coalición que, entre éxitos y desencuentros varios, había durado desde 1987.
La palabra la tenía
Wolfgang Schüssel, presidente del ÖVP, vicecanciller y ministro de Asuntos Exteriores del Gobierno. Las negociaciones en esa dirección empezaron con buen pie, pero el 27 de enero de 2000 terminaron en fracaso. Schüssel, cansado en el papel de segundón de unos gobiernos cada vez más parecidos a frentes de contención funcionando al ritmo que marcaba el oleaje del FPÖ, optó por desvincularse del aislamiento del líder liberal y por ofrecerle la entrada en un Gobierno de coalición, a pesar de una opinión internacional masivamente hostil a la fórmula
azul-negro.
Con indisimulada mala gana, el presidente federal
Thomas Klestil (procedente del ÖVP, a quien Haider había prestado decisivamente su apoyo en la segunda vuelta de las presidenciales de 1992) encargó el 3 de febrero a Schüssel la formación del Ejecutivo, al tiempo que éste y Haider, por exigencia de Klestil, escenificaron un acto de fe democrática destinado a remitir los temores suscitados. Ante las cámaras firmaron un documento por el que se comprometían a respetar los valores democráticos y a aceptar el proceso de integración europea, así como la “responsabilidad de Austria en la funesta historia del siglo XX y en los terribles crímenes del régimen nacionalsocialista”, pasado que someterían a un "examen autocrítico".
Más aún, Klestil vetó de la lista de ministros a dos dirigentes del FPÖ: el desabrido y lenguaraz Thomas Prinzhorn, que había amenazado con “romperle las narices” al presidente e iba para la cartera de Finanzas, y Hilmar Kabas, considerado un xenófobo exaltado, para Defensa. El 4 de febrero tomó posesión el gabinete, que por lo demás era el primero sin presencia del SPÖ desde 1970.
Los liberales, además de la vicecancillería en la persona de Susanne Riess-Passer, recibieron seis de los once ministerios, entre ellos Finanzas, Defensa y Justicia. Aunque no participaba en el Gobierno, había la creencia general de que Haider era, de hecho, el hombre más poderoso del momento, con cuatro posiciones importantes para su partido en el gabinete y reservándose la tutela del mismo desde fuera. Calificado por la prensa como “el ultraderechista más eficaz de Europa”, “oportunista flexible” o “camaleón político extremadamente ambicioso”, Haider se situaba, por tanto, en inmejorables condiciones, sin riesgo de desgaste personal en Viena y sólidamente instalado en Klagenfurt, para culminar su no declarado anhelo: la Cancillería federal.
A la hora de comparar, se señaló que el líder austríaco había capitalizado el hastío por cuatro décadas de reparto de poder entre los dos grandes partidos, captando miles de votos con la imagen de un partido disciplinado, responsable y con un mensaje articulado, no limitado a la retórica de la derecha nacionalista o al chovinismo primario. La mayoría de los analistas han coincidido en que, en puridad, Haider no es un neonazi, tal como él asegura, pero si bien se ha distanciado con gestos del nazismo o del nacionalismo de extrema derecha, no ha tenido inconvenientes en explotar sus emociones y en beneficiarse de sus votos. Se ha llegado a decir que en Austria no preocupan tanto los principios de Haider como justamente la falta de ellos.
4. El rédito político de las sanciones de la UE
En los días previos y posteriores a la formación del Gobierno, Haider jugó calculadamente con el despertar de aprensiones y la autocontención disculpatoria, de la que dio buena muestra en diciembre de 1999 cuando declaró: “en el pasado, se me han atribuido ciertas manifestaciones en relación con el nazismo que, ciertamente, eran inapropiadas o susceptibles de mala interpretación”. El 31 de enero, horas después de que Haider llamara “fracasado” al presidente francés
Jacques Chirac y “corruptos” a los gobernantes belgas, el Consejo de Ministros de la UE, en una contundente e insólita decisión, advirtió a Austria que impondría sanciones de entrar el FPÖ en el Gobierno, como así fue.
Tras la toma de posesión del Gobierno, Haider acusó de "alta traición" a Klestil y Klima por "movilizar a la opinión pública internacional contra el cambio en Austria". Más tarde, el 19 de abril, volvería a conmocionar al observar que Austria podría abandonar la UE si ésta insistía en castigar una decisión política inobjetable en una democracia.
Por otro lado, el 28 de febrero causó gran sorpresa con su anuncio de que abandonaba la presidencia del FPÖ en favor de Riess-Passer, lo que fue interpretado como un golpe de efecto para disminuir su presencia formal (que no real) en la política a nivel federal. El 1 de mayo se produjo el traspaso en el Congreso del partido en Klagenfurt entre nuevas arremetidas contra los otros estados de la UE, a los que acusó de practicar un “exorcismo medieval” contra Austria, cuya paciencia, advirtió, se estaba probando hasta el límite.
Explotando con victimismo una oportunidad que le ofrecían en bandeja, Haider añadió: “poco a poco se está viendo que somos el único país decente de la UE. Se premia a los corruptos y se castiga a la decente Austria”. Por si hubiera alguna duda sobre la verdadera dimensión de este relevo, la propia Riess-Passer afirmó ante los presentes que el FPÖ “seguía siendo el partido de Haider”.
El 4 de julio Haider y Schüssel acordaron plantear un referéndum sobre la permanencia en la UE si no eran levantadas las sanciones antes del 14 de octubre de 2000, fecha del Consejo Europeo en Biarritz, consagrado a la reforma de las instituciones comunitarias. La Presidencia francesa les advirtió que se abstuvieran de perturbar las delicadas negociaciones sobre la cuestión que estaba conduciendo la Conferencia Intergubernamental.
No obstante, en septiembre el
comité de sabios encargado por el Tribunal Europeo de Derechos Humanos de analizar el comportamiento del Gobierno austríaco y la naturaleza del FPÖ, preconizó la conveniencia de levantar las medidas adoptadas por la UE, ya que mantenerlas sería “contraproducente”. Sobre el FPÖ, el informe eludió definirlo como partido ultraderechista y prefirió calificarlo de “partido populista de derechas con elementos radicales”, algunos de cuyos dirigentes habían realizado “expresiones fuertemente ambiguas”, susceptibles de ser interpretadas como “xenófobas e incluso racistas”.
El 12 de septiembre los Catorce anularon las sanciones contra Austria, pero advirtieron que mantendrían su “vigilancia” y una “especial alerta” frente al partido de Haider, quien se apresuró a atribuirse la decisión como otro éxito personal.
Jörg Haider es autor de tres libros,
Die Freiheit, die ich meine (1994),
Friede durch Sicherheit (1996) y
Befreite Zukunft jenseits von links und rechts (1998).
(Cobertura informativa hasta 20/3/2001)