Helmut Kohl

© Comunidades Europeas (1996)

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Actualización: 15 noviembre 2016

Alemania

Canciller federal (1982-1998) y presidente de la CDU (1973-1998)

  • Helmut Josef Michael Kohl
  • Mandato: 1 octubre 1982 - 27 octubre 1998
  • Nacimiento: Ludwigshafen, Renania-Palatinado, 3 abril 1930
  • Partido político: Unión Cristiano Demócrata (CDU)
  • Profesión: Historiador
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Biografía

1. Del liderazgo de la CDU a la Cancillería Federal
2. Enre los euromisiles y la construcción europea
3. Papel central en la reunificación de Alemania
4. La resaca de la reunificación y nuevas incertidumbres
5. Definidor de la nueva política exterior alemana
6. Dificultades para entrar en la moneda común europea
7. Desgaste final y derrota en las urnas
8. El escándalo de la financiación ilegal de la CDU


1. Del liderazgo de la CDU a la Cancillería Federal

Hijo de un funcionario de finanzas profundamente católico sin ningún vínculo con el nazismo, como niño vivió el drama de la guerra y los estertores del III Reich. Su hermano mayor, Walter, murió en el frente en otoño de 1944 y él, junto con otros niños de su edad, fue evacuado a un campamento de instrucción en Austria. La rendición alemana en mayo de 1945 le salvó por poco de ser movilizado en el Ejército (en las últimas semana de la guerra los muchachos de 16 años fueron llamados a filas) y desde Austria regresó a pie a Ludwigshafen, que halló ocupada por las tropas norteamericanas. En 1950 terminó el bachillerato e inició estudios de Derecho, Historia, Sociología y Ciencias Políticas en la Universidad de Frankfurt y, desde 1954, en la de Heidelberg. En 1958 obtuvo el doctorado en Historia y al año siguiente entró de director de sección en la Asociación de la Industria Química de Ludwigshafen, labor que desarrolló hasta 1969.

Militante de la Unión Cristiano Demócrata (CDU) desde los 17 años, en 1953 fue elegido miembro de la Junta Directiva de la Asociación regional de la CDU en el Palatinado, puesto que desempeñó durante las dos décadas siguientes pese a los cometidos más elevados que fue adquiriendo, y al año siguiente vicepresidente de la Joven Unión democristiana de Renania-Palatinado, labor que realizó hasta 1961. En este land o estado federado, Kohl hizo toda su carrera política antes de alcanzar posiciones de responsabilidad federal en Bonn. Sirvió como miembro de la Ejecutiva estatal de la CDU (1955-1966), diputado en el Landtag o Asamblea Estatal (1959-1967), presidente de la fracción de la CDU en el ayuntamiento de Ludwigshafen (1960-1967), vicepresidente (1961-1963) y presidente (1963-1969) de la fracción de la CDU en el Landtag, vicepresidente del partido en el Palatinado (1962), presidente del mismo en todo el estado (1966-1973) y, finalmente, ministro-presidente del land de Renania-Palatinado entre 1969 y 1976.

Miembro del Comité Ejecutivo o Presidium de la CDU desde 1964 y vicepresidente del mismo desde 1969, el 12 de junio de 1973 fue elegido presidente en sustitución de Rainer Barzel por 520 votos sobre 600. El Gigante de Maguncia, como se le conocía por su envergadura corporal (mide 1,90 metros de estatura), aportó una visión más pragmática y liberal en una CDU necesitada de renovar sus esquemas de política exterior, todavía presididos por el anticomunismo, en un momento en que la Ostpolitik de Willy Brandt estaba obteniendo éxitos diplomáticos en la Europa del Este. Ello le enfrentó inevitablemente con el derechista Franz-Josef Strauss, líder del ala bávara del Partido, la Unión Social Cristiana (CSU).

Kohl obtuvo la nominación a canciller federal para las elecciones legislativas del 3 de octubre de 1976. Aunque la CDU/CSU ascendió del 44,9% de los votos obtenido en las elecciones del 19 de noviembre de 1972 al 48,6% y recuperó la condición de primer partido del país, la coalición de socialdemócratas (SPD) y liberales (FDP) liderada por Helmut Schmidt mantuvo la mayoría absoluta. Kohl, no obstante, obtuvo el escaño en el Bundestag y la presidencia del grupo parlamentario democristiano. En los comicios del 5 de octubre de 1980 el cabeza de lista fue Strauss y la CDU/CSU perdió 17 escaños y un 4,1% de los votos.

La posición del canciller Schmidt parecía sólida, pero el 27 de septiembre de 1982 Kohl llegó a un acuerdo con Hans-Dietrich Genscher, líder del FDP, para votar conjuntamente en una moción de censura constructiva (con propuesta de un candidato a canciller alternativo) en el Bundestag y formar un gobierno de coalición. La sesión se desarrolló sin sorpresas el 1 de octubre y Kohl fue investido canciller con 256 votos, siete más de los necesarios, el primero democristiano desde la dimisión de Kurt Kiesinger en 1969. El día 4 presentó su gabinete, en el que Genscher continuaba en el Ministerio de Exteriores que venía ocupando desde 1974 con sus anteriores socios, los socialdemócratas.


2. Enre los euromisiles y la construcción europea

Dos fueron las áreas que centraron la atención de Kohl como canciller en los años ochenta: la construcción europea en su faceta económica y las cuestiones de seguridad y de defensa, siempre vitales para un Estado cuya fundación en 1949 simbolizó la división del continente en dos bloques antagónicos. En el primer campo, la excepcional relación, prolongada a la amistad personal, que entabló con el presidente francés François Mitterrand (en cuyo funeral en París, el 11 de enero de 1996, lloró a la vista de todos) dinamizó decisivamente a una Comunidad Europea bastante decaída desde la crisis económica de finales de los años setenta. A este dúo, continuador del Eje Franco-Alemán inaugurado por Konrad Adenauer y Charles de Gaulle, se debió la idea de convocar una conferencia intergubernamental para una Unión Política complementaria a la Unión Económica y Monetaria (UEM), de cuya confluencia surgió, en 1991, el Tratado de la Unión Europea (TUE).

En el segundo campo, Kohl prosiguió los planes iniciados por Schmidt, en asunción de la célebre doble decisión adoptada por la OTAN en diciembre de 1979, para la instalación en territorio alemán de un centenar de misiles nucleares de alcance intermedio Pershing II, los popularmente llamados euromisiles, con el objeto de contrarrestar los misiles SS-20 soviéticos desplegados en Europa Oriental. La operación fue aprobada por el Bundestag el 22 de noviembre de 1983 y los primeros componentes de estos ingenios balísticos construidos por Estados Unidos llegaron días después. En los meses siguientes quedaron operativas las rampas de Pershing II en las bases de Schwäbisch-Gmünd (Baden-Württemberg), Waldheide-Neckarsulm (Baden-Württemberg) y Neu Ulm (Baviera), a las que sumó la dotación de Misiles de Crucero Lanzados desde Tierra (GLCM) en la facilidad de Wüschheim (Renania-Palatinado).

Aún y todo, Kohl temía que este despliegue, en la primera línea del frente de un potencial conflicto con el Pacto de Varsovia, dañase la distensión con la RDA y la URSS, pero cuando este país y Estados Unidos decidieron en 1987 eliminar esta categoría de armas nucleares sus desasosiegos provinieron precisamente por el desguarnecimiento del territorio alemán, que hasta ese momento había compensado la inferioridad de la OTAN en armamento convencional con la cortina de protección que brindaban estos misiles balísticos. En 1988 y 1989 se opuso abiertamente a la renovación de los misiles nucleares tácticos (de corto alcance) Lance, que estimaba inapropiada ante la avalancha de propuestas de desarme planteadas por el dirigente soviético Mijaíl Gorbachov.

Objeto en todo momento de numerosas protestas y presiones (del poderoso movimiento pacifista por la instalación de los euromisiles, de los sindicatos obreros por las medidas de austeridad económica), Kohl ganó para la CDU/CSU las elecciones del 6 de marzo de 1983 y, con descenso de votos y escaños, las del 25 de enero de 1987, formando sucesivamente gobierno, siempre en coalición con los liberales, el 29 de marzo de 1983 y el 11 de marzo de 1987.


3. Papel central en la reunificación de Alemania

Cuando el final de su vida como canciller -a tenor de las encuestas de opinión e incluso de los indicios de rebelión contra su liderazgo dentro del partido- parecía cercano, las circunstancias internacionales le situaron en el primer plano, restaurando el caudal político perdido y proyectando su figura a la condición de gran estadista. El 9 de noviembre de 1989 cayó el Muro de Berlín ante el empuje de las protestas democráticas y de repente se abrió la posibilidad de una reunificación con el otro Estado alemán, que, liquidado el orden político que sustentó su nacimiento, entró en una crisis total de legitimidad. Kohl tomó al vuelo esta oportunidad histórica de ser el canciller de la superación definitiva de los estigmas de la Guerra Fría, aunque hasta entonces, como el resto de la clase política alemana, se había guardado de exteriorizar simpatías por cualquier movimiento de disidencia en el Este, tanto fuera el movimiento sindical polaco como los grupos cívicos de protesta de la propia RDA.

Al principio (28 de noviembre), presentó un plan de diez puntos para la consecución de la unidad alemana en el marco de "estructuras confederales" que, al cabo de tres o cuatro años, debería culminar en una "federación". Este modelo de unificación lenta fue en parte asumido por el primer ministro germanooriental, Hans Modrow, que se reunió con Kohl en Dresden en su primera visita a la RDA el 20 de diciembre. No obstante, en febrero de 1990 logró imponer un modelo de unificación económica y monetaria rápida a los tres gobiernos directamente concernidos, el germanooriental, el soviético y el estadounidense, a cuyos dirigentes persuadió individualmente con su inveterada capacidad para establecer relaciones personales y ganarse la confianza de sus interlocutores. Tras muchas resistencias, obtuvo también el beneplácito de Gorbachov (Moscú, 16 de julio de 1990) a la permanencia de la futura Alemania unida en la OTAN, una transigencia decisiva para la conclusión del orden de posguerra en el continente. El presidente George Bush recibió garantías en este sentido en Washington el 25 de febrero de 1990.

Los impedimentos jurídicos internacionales a la reunificación fueron removidos con celeridad: el 12 de septiembre los ministros de Asuntos Exteriores de las cuatro potencias tutelares renunciaron en Moscú a sus últimos derechos sobre Alemania y Berlín (el denominado "Acuerdo Final con respecto a Alemania", a falta de un tratado de paz formal al que renunció la URSS); el 13 de septiembre la RFA y la URSS firmaron un Tratado de Amistad, Cooperación y Buena Vecindad (concebido como la renovación, ante las nuevas circunstancias, del Tratado de Amistad y No Agresión de 1970), y el 1 de octubre los cuatro ministros de Exteriores firmaron en Nueva York un documento que abrogaba el Tratado de Potsdam de 1945. Paralelamente y en sucesivos encuentros se acordaron las fechas y modalidades para la salida de las tropas soviéticas de Alemania Oriental.

En la noche del 2 al 3 de octubre de 1990, un exultante Kohl en el cenit de su carrera presidió en Berlín la solemne ceremonia de la reunificación (en la práctica, una absorción) de las dos Alemanias, y el 2 de diciembre la CDU/CSU, masivamente apoyada por los nuevos votantes del este, obtuvo una gran victoria con el 43,8% de los votos y 319 escaños. El electorado castigó al SPD y a su candidato Oskar Lafontaine por considerar que no se habían expresado contundentemente a favor de la unidad alemana. El 18 de enero de 1991 Kohl inauguró su cuarto mandato como canciller.


4. La resaca de la reunificación y nuevas incertidumbres

La euforia por la reunificación se disipó muy pronto al revelarse los costes de la reconversión y asimilación del obsoleto aparato industrial germano oriental más dolorosos, económica y humanamente, de lo previsto. Kohl tuvo que aplicar una política de elevados tipos de interés y de fortaleza del marco para atraer los capitales que necesitaban las transformaciones en el este, aún a riesgo de desequilibrar la balanza comercial y de cercenar el crecimiento económico, sin olvidar las inquietantes perturbaciones en la balanza de paridades del Sistema Monetario Europeo y en las economías de los socios comunitarios. La desilusión de los ciudadanos del este, que esperaban alcanzar con prontitud el nivel de vida de sus paisanos occidentales, se tornó en gran animosidad hacia el canciller, mientras que las medidas de rigor para contener el déficit y la inflación, aplicadas con tesón por el ministro de Finanzas Theo Waigel (CSU), generaron descontento en todo el país.

Los años noventa, con el nuevo orden internacional en gestación, exigieron una reordenación total del pensamiento exterior alemán. En efecto, según las limitaciones impuestas en su día por las potencias vencedoras de la Segunda Guerra Mundial, Alemania estaba eximida de contribuir a las operaciones multinacionales de paz y a cambio se le pedía una diplomacia de talonario que no halló difícil ejercer. Este desequilibrio quedó de manifiesto durante la crisis y posterior guerra del Golfo en 1990-1991, de la que la poderosa Alemania unificada se inhibió completamente. Kohl tuvo presente que la pérdida de los -en el fondo confortables- corsés de la Guerra Fría obligaba al país a asumir sus responsabilidades internacionales y a adoptar una postura más activa en las crisis que pudieran surgir, un conjunto de derechos y deberes que debían corregir el tópico cierto de Alemania como gigante económico pero enano político.

Kohl expresó en numerosas ocasiones su deseo de que Alemania tuviera un asiento permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU, pero fue consciente de que semejante privilegio llevaba implícito el redoblar las participaciones alemanas en el exterior, algo que no terminaba de gustar en la sociedad alemana y que él mismo acometió con notable cautela. La misma prudencia diplomática se advirtió en los primeros momentos de la fallida involución comunista en Moscú en agosto de 1991, cuando no salió en defensa del depuesto Gorbachov y, antes bien, tendió a contemporizar con el Comité golpista. En ese sentido, 1993 fue un año de ruptura de tabús. El envío de 1.500 cascos azules a la operación de paz de la ONU en Somalia y de pilotos para pilotar los aviones-radar AWACS de la OTAN que patrullaban los cielos de Bosnia, supusieron las primeras intervenciones del Bundeswehr allende las fronteras nacionales. El 12 de julio de 1994 el Tribunal Constitucional falló que no iba contra la pacifista Ley Fundamental el envío de tropas al extranjero en misiones exclusivamente de paz o humanitarias.

En segundo lugar, se produjeron ataques terroristas de grupos neonazis contra residentes y ciudadanos de origen extranjero, lo que creó un clima de inseguridad y crispación social (potencialmente explosivo en un país en el que sólo los turcos constituyen más del 2% de la población) de siniestras reminiscencias. Vinculado con este fenómeno, el 26 de mayo el Bundestag aprobó la introducción de restricciones a la legislación sobre el asilo, suscitando todo ello entre muchos la convicción del final de la tradición de Alemania como país de acogida y como paraíso del orden público. En vigor desde el 1 de julio, la nueva ley negaba la concesión de ese derecho a los solicitantes provenientes de o llegados a través de países declarados políticamente "seguros" por Alemania. 1993 fue, finalmente, el año de la recesión económica (-2,1% del PIB), la peor desde el final de la guerra, que puso en cuestión también el mito de la locomotora alemana.

En el segundo semestre de 1994 Kohl, empero, aguantó la impopularidad de su Gobierno, en añadidura pasto de los escándalos políticos, gracias a la recuperación económica, a la incapacidad de los socialdemócratas para sacar beneficio de los errores de sus adversarios y al propio peso de su figura, tan voluminosa en lo físico como en lo político, que se antojaba imbatible. En las elecciones del 16 de octubre la CDU/CSU se mantuvo como partido más votado pese a descender a los 294 escaños y al 41,5% del voto. Kohl inició su quinta Cancillería el 17 de noviembre.


5. Definidor de la nueva política exterior alemana

El 1 de septiembre de 1995 la Luftwaffe (Fuerza Aérea) realizó en Sarajevo su primera acción militar desde la Segunda Guerra Mundial y el 6 de diciembre siguiente el Bundestag aprobó el envío de 3.000 soldados a Bosnia y Croacia en el seno de la Fuerza de Implementación de la paz liderada por la OTAN (IFOR), participación que por su fuerte significación (Yugoslavia, invadida por el III Reich en 1941, fue uno de los países que más sufrió por la ocupación nazi) puso punto final a la abstención alemana frente a los asuntos internacionales más candentes. De hecho, el escenario balcánico fue el primero en el que Alemania ejerció su nuevo liderazgo, al imponer literalmente a sus socios comunitarios, el 15 de enero de 1992, el reconocimiento de las independencias de Eslovenia y Croacia, apuesta exterior (pronto seguida, de mala gana, por Estados Unidos) en la que algunos observadores han situado el desencadenante de las sucesivas guerras nacionalistas (1991-1998) en la ex Yugoslavia.

En cualquier caso, la desaparición del bloque soviético y la restauración de la plena soberanía alemana permitió a Kohl explorar la recuperación de históricos influencias y lazos con los países de Europa Central y Oriental. La hipotética tentación pangermanista de una nueva Mitleuropa a espaldas del Oeste y a costa del Este fue alejada por Kohl, que eliminó los temores occidentales sobre un resurgir del imperialismo alemán comprometiendo las principales energías de la nación en la empresa de la construcción europea. Por otro lado, Polonia y Checoslovaquia, dos naciones en las que pesaban malos recuerdos y nuevas aprensiones hacia una Alemania unida, recibieron garantías del no cuestionamiento de las fronteras salidas de la segunda guerra mundial. Así, Kohl firmó el 17 de junio de 1991 en Bonn con el primer ministro polaco Jan Krzysztof Bielecki un Tratado de Cooperación y Buena Vecindad, y el 27 de febrero de 1992 suscribió en Praga con el presidente checoslovaco Václav Havel un Tratado de Amistad.

Ante Rusia, el canciller se reveló como un socio comprensivo en lo diplomático y muy generoso en lo económico, posición sobre la que probablemente pesaron el recuerdo de los horrores de la guerra e incluso un cierto sentimentalismo hacia los actuales padecimientos de un país al que, era su absoluta convicción, había que ayudar siempre para tenerlo del lado de los amigos. Kohl mantuvo una relación especial con el presidente Borís Yeltsin, huésped y anfitrión de numerosos encuentros bilaterales. El 31 de agosto de 1994 ambos dirigentes despidieron en Berlín a las tropas rusas y el 8 de septiembre siguiente repitió la escena con Mitterrand y el primer ministro John Major con respecto a los últimos efectivos de franceses y británicos de ocupación.


6. Dificultades para entrar en la moneda común europea

En junio de 1997 Kohl había batido el récord de Adenauer (1949-1963) en la Cancillería, se aprestaba a superar el de Otto von Bismarck (1871-1890) y era, con diferencia, el estadista no monarca más veterano de Europa, luego de haber desaparecido por diversas circunstancias todos los gobernantes que habían llegado al poder por el tiempo o poco después de él. Justamente entonces su Gobierno afrontaba la, quizás, peor crisis de popularidad desde 1982, debido al imparable crecimiento del desempleo y a las prisas para hacer posible lo que hasta hacía poco nadie se habría atrevido a dudar: el acceso de Alemania a la moneda única europea.

Kohl, que el 12 de octubre de 1993 había ganado la batalla final de la ratificación del TUE (Alemania fue el último país en hacerlo) con su declaración de constitucionalidad por el Tribunal de Karlsruhe, se había convertido dentro de la UE en el más celoso paladín y censor de las voces que solicitaban una extensión de los plazos de convergencia o la flexibilización de los criterios. Pues bien, ante la embarazosa tesitura de un incumplimiento de sus deberes económicos por Alemania, sin cuya participación la UEM parecía poco menos que una entelequia, tuvo que recurrir a apaños de ingeniería contable y a la subida de los impuestos indirectos para enjuagar la deuda pública y situarla por debajo del 60% del PIB prescrito. La subida de los impuestos encolerizó al FDP, defensor del libre mercado y ajeno a la tradición social de la CDU, que amenazó con abandonar la coalición, la ortodoxia financiera generó hostilidad en importantes figuras de la CSU -aun siendo su impulsor, Waigel, un dirigente del partido- y los intentos del Ministerio de Finanzas de limitar las atribuciones del Bundesbank en materia monetaria provocaron la severa advertencia de la institución contra el menoscabo de la credibilidad financiera de Alemania.

Además, surgieron diferencias con Francia por la insistencia de su recién formado Gobierno socialista de introducir en el nuevo TUE la comunitarización del empleo, cuando para Kohl la definición de esa política debía seguir incumbiendo exclusivamente a los estados miembros, y de establecer un "gobierno económico" que contrapesase al futuro Banco Central Europeo, visto como un verdadero poder ejecutivo en materia económica cuando el euro entrase en servicio. Por lo demás, desde la llegada del gaullista Jacques Chirac a la Presidencia francesa en 1995 las diferentes visiones de la construcción europea, esto es, el federalismo y el atlantismo de Kohl, y la preeminencia de la soberanía nacional y los intereses franceses frente a Estados Unidos en materia de defensa sostenida por Chirac, afectaron a ojos vista al Eje Franco-Alemán y al ritmo de la construcción europea.

Es un hecho que, sin menoscabo de su vocación europeísta y su apego hacia Rusia, Kohl siempre se distinguió como el más importante y fiable aliado de Estados Unidos en el continente. Durante los actos conmemorativos, en mayo de 1998, del 50º aniversario del puente aéreo occidental de Berlín, que aprovisionó de víveres a la ciudad mientras duró el bloqueo soviético, el presidente estadounidense Bill Clinton arrancó la emotividad de Kohl recordándole su condición de niño de la guerra y de testigo del compromiso de Estados Unidos con su país.


7. Desgaste final y derrota en las urnas

La CDU acudió a las elecciones de 1998 con un sentimiento de pesimismo, no ignorante de la extensión en la opinión pública de una sensación de cansancio y de que se imponía el relevo luego de 16 años de gobiernos democristianos. El 18 de mayo, en el Congreso de Bremen, Kohl trató de animar a sus desmoralizados compañeros con un discurso fogoso que discurrió por tres directrices: recuperar el centro político que el SPD pretendía adjudicarse, reafirmar los valores democristianos luego de unos años de preeminencia de los criterios macroeconómicos y desacreditar a los socialdemócratas como proclives a pactar con los poscomunistas de la RDA, reconvertidos en el Partido del Socialismo Democrático (PDS).

El programa de la CDU contemplaba una reforma tributaria con la reducción del impuesto sobre la renta, la creación de empleo y el establecimiento de nuevos frenos a la inmigración, considerando que Alemania ya había sido generosa con creces en la recepción de refugiados, la última oleada procedente de la ex Yugoslavia. También incidía en la respetabilidad internacional de Alemania durante la era Kohl, proyección que supuestamente decaería con los socialdemócratas en el poder. No obstante, el compromiso alcanzado con Francia días atrás en el Consejo Europeo de Bruselas sobre la presidencia del Banco Central Europeo, fue leído por algunos responsables del partido como una merma en el prestigio de un Kohl que durante años acostumbró a imponer sus criterios en los consejos comunitarios gracias a su autoridad reconocida y a la práctica de la persuasión individual.

Tal como indicaban los sondeos de opinión, el partido de Kohl no superó su quinta convocatoria electoral. En la jornada del 27 de septiembre de 1998 el SPD y su candidato Gerhard Schröder se alzaron con la victoria y el CDU/CSU sufrió, con el 35,1% de los votos y 245 escaños, su peor resultado desde las elecciones de 1949. La misma noche de las elecciones, al conocerse la debacle, Kohl anunció la dimisión como presidente de la CDU en asunción de su responsabilidad personal por la derrota. El 27 de octubre Schröder le sustituyó en la Cancillería y el 7 de noviembre Wolfgang Schäuble, jefe del grupo parlamentario y delfín político en la última década, fue elegido en el congreso extraordinario celebrado en Bonn para sucederle al frente de la CDU. Schaüble se encontraba postrado en una silla de ruedas desde octubre de 1990, cuando, siendo ministro del Interior, un esquizofrénico toxicómano efectuó varios disparos contra él y le dejó paralítico de cintura para abajo.


8. El escándalo de la financiación ilegal de la CDU

Tras 16 años de canciller y 25 de líder del partido, Kohl quedó como simple diputado, si bien recibió el cargo de presidente de honor de la CDU. En el Consejo Europeo de Viena, el 11 de diciembre de 1998, recibió, con sus habituales muestras de emotividad, el tributo de los dirigentes comunitarios, que le nombraron ciudadano de honor de Europa, un galardón que hasta entonces sólo había sido concedido a Jean Monnet. Los meses siguientes registraron nuevos reconocimientos, como la concesión por el presidente Clinton, el 20 de abril de 1999 en la Casa Blanca, de la Medalla de la Libertad, la más alta condecoración civil de Estados Unidos, y el homenaje, en Berlín el 9 de noviembre siguiente y compartido con Bush y Gorbachov, como protagonista de la caída del Muro de Berlín en el 10º aniversario del acontecimiento.

Sin embargo, se hizo notar que Kohl se había recluido en una privacidad, sólo interrumpida por los honores públicos, que dejaba traslucir su desencanto, cuando no su depresión, por una derrota electoral mal encajada. En este sentido, algunos observadores apuntaron que el entonces canciller había cometido el gran error de su carrera al presentarse a una nueva reelección cuando las encuestas reflejaban sin lugar a dudas la existencia de un amplio descontento popular por el estancamiento y la falta de proyectos gubernamentales. Este no saber retirarse a tiempo, añadían, había arrastrado a su partido a unos resultados funestos.

En noviembre de 1999 la CDU fue sacudida por las ramificaciones que estaba adquiriendo una investigación parlamentaria sobre la donación, de alrededor de un millón de marcos, realizada al partido en 1991 por un fabricante de armas, transferencia que presumiblemente no había sido declarada al fisco y que ahora fue relacionada con la aprobación por el Gobierno de Kohl, aquel mismo año, de una operación de venta de 36 carros de combate a Arabia Saudí. Responsables democristianos revelaron que la CDU había usado durante años una red de cuentas secretas para ocultar donaciones ilegales y exhortaron a Kohl a que aclarase el asunto para salvaguardar la imagen del partido.

El ex canciller se resistió al principio, pero el 30 de noviembre, ante el peso de las evidencias, asumió su responsabilidad política por la existencia de una contabilidad paralela y confesó la recepción por la CDU en el período comprendido de 1993 a 1998 de entre millón y medio y dos millones de marcos en concepto de donativos y comisiones ilegales, dinero que nunca llegó a las cajas oficiales del partido. Admitió haber cometido un error, pero justificó la irregularidad por la acuciante situación financiera de las secciones de la CDU en los estados del Este.

El escándalo dañó irremisiblemente el mito Kohl, al que, si bien se le conocía su estilo de mando patriarcal y autoritario, que nunca toleró cábalas sobre su sucesor o críticas a su gestión dentro del partido, siempre se le supuso una honradez a toda prueba, mientras que la CDU se hundió en la peor crisis de su historia, llegándose a temer por su propia integridad. El 19 de diciembre los miembros socialdemócratas de la comisión parlamentaria de investigación exigieron a Kohl que revelase los nombres de los donantes -las donaciones anónimas a partidos son un delito en Alemania- para poder determinar si sus ayudas se dirigían a influenciar las decisiones del Gobierno. La negativa de Kohl a dar nota de esas identidades, alegando razones de lealtad y honor personales, provocó un motín en la propia CDU, que se desmarcó ostensiblemente de su antiguo líder. La secretaria general, Angela Merkel, antigua protegida del ex canciller, declaró que la era Kohl estaba "terminada sin remedio". Más moderado, el fiel Schäuble marcó no obstante las distancias de una persona cuyas revelaciones podían arrastrarle también a él.

El 29 de diciembre la Fiscalía de Bonn abrió un sumario contra Kohl para investigar si delinquió cuando aceptó donaciones anónimas, lo que abría la senda del procesamiento por el delito de malversación. El Bundestag confirmó que, llegado el caso, votaría a favor de levantarle la inmunidad parlamentaria en respuesta al suplicatorio del fiscal. El 7 de enero de 2000 Schäuble, en la cuerda floja por sus propias imputaciones de corrupción (terminaría dimitiendo el 16 de febrero, abriendo el camino a su sucesión por Merkel), rompió con Kohl y el día 18 éste fue literalmente obligado a dimitir como presidente honorario de la CDU, si bien insistió en que no renunciaría a su escaño en el Bundestag.

En agosto Kohl desmintió la declaración de un antiguo tesorero del partido de que estaba al tanto de la liquidación en 1992 de millón y medio de francos suizos depositados en una cuenta bancaria secreta en este país. Aunque el 27 de septiembre escenificó una reconciliación con Merkel durante el primero de una serie de actos conmemorativos del décimo aniversario de la unificación, en noviembre la publicación de su diario político, Helmut Kohl. Mein Tagebuch, 1998-2000, volvió a remover los ánimos. Con tono vitriólico, en su libro el ex canciller arremetía implacablemente contra Merkel y Schäuble, a los que acusaba de intentar desacreditarle y destruirle políticamente. Kohl se tomó la vindicta el 8 de febrero de 2001 cuando la Fiscalía de Bonn cerró el caso a cambio del pago de una multa de 300.000 marcos. No obstante, el Bundestag anunció que proseguiría su investigación.

Entre los galardones que le han sido otorgados a Kohl figuran el prestigioso Premio Carlomagno (Alemania, 1988, compartido con Mitterrand), el Premio Príncipe de Asturias a la Cooperación Internacional (España, 1996), la Medalla Presidencial de la Paz (Estados Unidos, 1998), la Orden del Águila Blanca (Polonia, 1998), la ya citada Medalla de la Libertad (Estados Unidos, 1999), la Orden del León Blanco (República Checa, 1999) y la Medalla de Oro del Milenio (Hungría, 2000). En añadidura, pertenece al Directorio Internacional del Centro Shimon Peres por la Paz y al Club de Madrid, y es presidente honorífico del Consejo del Instituto Este-Oeste (EWI) de Nueva York.

(Cobertura informativa hasta 1/4/2001)