17-A: Una reflexión colectiva más necesaria que nunca

El Periódico - 16/2/2018

Medio año después, parece que solo quede un vago recuerdo de los atentados de Barcelona y Cambrils.

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Medio año después, parece que solo quede un vago recuerdo de los atentados de Barcelona y Cambrils. A primera vista, esta rápida vuelta a la normalidad indica que se ha conseguido mantener la cohesión social que los autores del 17-A y sus apoyos querían hacer volar. Pero, ¿podemos afirmar que una sociedad puede volver a la normalidad sin haber reflexionado antes sobre los interrogantes del 17-A? 

La brevedad del duelo, así como la ausencia de debates de fondo, nos colocan ante una evidencia: a diferencia de otros países europeos, estos atentados no dieron lugar a cuestiones relacionadas con algo más que la descoordinación policial cuando todo apuntaba a que otras preguntas deberían haber surgido. Si bien es cierto que el 17-A se produjo en un momento de especial tensión política marcado por las reivindicaciones independentistas, esto no constituye la única explicación a la falta de debates. En este sentido, tanto la narrativa inclusiva que se desplegó a nivel político y de la sociedad civil como los discursos sobre la convivencia y la pluralidad no fueron seguidos de un cuestionamiento como sociedad ante esta tragedia: ¿Qué ha significado el 17-A? ¿En qué hemos fallado?

Dos posturas se enfrentaron para explicar el porqué: por una parte, se hizo hincapié en las supuestas causas ajenas a nuestro marco de convivencia (como el origen y/o la religión), por la otra, se insistió en los posibles fallos de índole social a raíz de los procesos de radicalización.

Respecto a la primera lectura, es primordial recordar que, además de ser marroquís y de confesión musulmana, los chavales de Ripoll se radicalizaron en Catalunya. Esto implica que la reflexión sobre los motivos que les empujaron a abrazar una forma de extremismo violento también ha de abordar tanto su recorrido biográfico como el entorno en el que han crecido. En este sentido, parece que la segunda lectura no cuadra con que los autores del 17-A estaban aparentemente integrados. ¿A partir de qué momento se considera una persona integrada sin hacer referencia a su sentimiento de pertenencia? Este elemento ha sido el gran ausente del debate, quizá porque se considera que una integración legal (permiso de residencia) y socioeconómica (educación y trabajo) da necesariamente lugar a una integración sociocultural; quizá porque los indicadores que tenemos a disposición no permiten capturar una realidad tan compleja y tan íntima.

Esto revela que, atrapada en discursos inclusivos y positivos, la sociedad no está preparada para abordar una problemática tan sensible, ya que cuestiona su propio modelo de integración social. 
El 17-A nos recuerda que la respuesta securitaria, aunque necesaria, no es suficiente. Los motivos por los cuales un individuo abraza un proyecto extremista y violento son también de índole personal, e influidos por su entorno. Por tanto, una reflexión colectiva es más necesaria que nunca.