Un análisis de la COVID-19 más allá de la dimensión sanitaria

Fecha de publicación:
12/2021
Autor:
Alfredo Crespo Alcázar, profesor, Universidad Antonio de Nebrija y Universidad Internacional de Valencia
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Reseña de libro:

Innerarity, Daniel. Pandemocracia. Una filosofía de la crisis del coronavirus. Galaxia Gutemberg, 2020. 156 págs.

Daniel Inneratity nos presenta un sugerente ensayo sobre el acontecimiento que ha monopolizado la agenda de instituciones internacionales, gobiernos y ciudadanos desde los primeros meses de 2020: la COVID-19. No se trata en ningún caso de un trabajo catastrofista, plagado de cifras sobre contagios y muertes, sino una colección de artículos bien ordenados en los que combina aspectos relacionados con las cuestiones sanitarias con otros en los que aborda las controversias políticas derivadas de la respuesta ofrecida a la pandemia, siempre partiendo de la base de que esta ha acontecido en un escenario de «crisis estructural permanente».

A través del realismo que permea por toda la obra, el autor se centra en dimensiones que exigen una reflexión pausada. En este sentido, pone en valor determinados argumentos que, en el frenesí de la inmediatez, quizás hayan ocupado un lugar marginal. Al respecto, uno de los principales es el déficit de instituciones de gobernanza global, un fenómeno de larga tradición pero que la COVID-19 ha retratado de forma tangible. En efecto, los actuales instrumentos de gobierno están hechos para gestionar epidemias, no pandemias, ya que contamos con instituciones locales, no globales, sentencia Innerarity.

En consecuencia, nos hallamos ante una anomalía cuya obligatoria subsanación exige adoptar medidas en el corto plazo. Sin embargo, acerca de tal posibilidad, el autor se muestra escéptico y motivos no le faltan: «la conciencia de los bienes y las amenazas que compartimos pone nuevamente de manifiesto que esos bienes y males colectivos sobrepasan la capacidad de los estados. Cada vez estamos menos en un mundo de estados soberanos yuxtapuestos y más en uno de espacios superpuestos, conectados e interdependientes» (p. 154).

A pesar de la veracidad de la anterior afirmación, la pandemia también ha refrendado que determinadas conductas y ciertos patrones podrían abrirse hueco en los próximos tiempos. Con relación a las primeras, Innerarity alude a la posibilidad de que algunas tendencias iliberales que se habían constatado antes de marzo de 2020 se multipliquen. En este apartado sobresale el mantra que defiende el recorte de libertades para ganar eficacia o un utópico retorno al Estado-nación, elevado a la categoría de único actor capacitado para aportar certidumbres.

Esta advertencia no es solo retórica, sino que viene avalada por los hechos. En efecto, basta recordar que el cierre de fronteras constituyó una de las medidas estrella adoptadas por los estados miembros de la Unión Europea: «las situaciones de alarma no suspenden el pluralismo, solo su dimensión competitiva (…) Las democracias no fueron creadas para el estado de excepción, sino para la normalidad. Una sociedad democrática no soportaría ni siquiera la sospecha de que los derechos no van a volver» (p. 77).

En lo que atañe a posibles patrones de comportamiento que podrían asentarse, el profesor Innerarity nos previene sobre los riesgos de considerar a China como prototipo de gestión y de respuesta a la COVID-19, puesto que lo que realmente hizo el Gobierno de Beijing consistió en globalizar el virus y nacionalizar la información: «la autoridad del Gobierno chino no es un modelo de nada. Otros países y localidades han realizado confinamientos sin sacrificar valores democráticos (…) Tal vez tardemos mucho en saber la crueldad que tuvo lugar en aquel espacio cerrado de Wuhan y, en general, en conocer los datos reales de la pandemia en China» (p. 79).

Con todo ello, ¿qué «mundo» nos espera en la pospandemia? Como respuesta a este interrogante de enjundia, el autor prefiere centrarse en aquello que no va a suceder, por ejemplo, el final del capitalismo y al advenimiento de un nuevo comunismo, aunque no por la vía de la revolución, como proclama por ejemplo Slavoj Žižek. Dicho con otras palabras, la globalización proseguirá su camino, lo que implica que amenazas de naturaleza similar a esta última pandemia podrían repetirse en un futuro nada lejano, provocando consecuencias imposibles de vaticinar en la actualidad.

En íntima relación con la idea anterior, no debe incurrirse en el error de sobrevalorar la capacidad de la ciencia, tan denostada por el populismo, para ofrecer soluciones infalibles: «se da la paradoja de que esta crisis revaloriza el saber de los expertos, pero pone de manifiesto hasta qué punto es insuficiente este saber en relación con el tipo de decisiones que hemos de tomar, decisiones que por muy informadas que estén siguen teniendo una dimensión de apuesta» (p. 47). En este sentido, Daniel Innerarity otorga a las actitudes ciudadanas una jerarquía similar a la de los científicos, refiriéndose de esta manera a la (egoísta) conducta repetida en innumerables ocasiones consistente en afirmar (sin bases sólidas, cabe insistir) que un contagio no provocaba nada.

Esta puerilidad simplemente plasmaba la tendencia de la humanidad a pensar de manera lineal y no sistémica: «me atrevo a decir que si Kant viviera actualmente habría formulado así el imperativo categórico, ligeramente adaptado a la situación de la pandemia: actúa de tal manera que tu comportamiento no contribuya a aumentar la posibilidad de que se produzca esa catástrofe que no es evidente a tu percepción sistémica» (p. 115).

En definitiva, una obra pedagógica en la que, partiendo de la explicación de la pandemia de la COVID-19, el autor ofrece un análisis riguroso en el que conecta corto, medio y largo plazo, manejando para ello principalmente dimensiones políticas e institucionales.

Alfredo Crespo Alcázar. Profesor, Universidad Antonio de Nebrija y Universidad Internacional de Valencia

DOI: doi.org/10.24241/rcai.2021.129.3.236