La(s) derecha(s): ¿ayer, hoy y siempre?

Fecha de publicación:
12/2020
Autor:
Elías Chavarría-Mora, investigador predoctoral, Departamento de Ciencias Políticas, Universidad de Pittsburgh
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Elías Chavarría-Mora, Investigador predoctoral, Departamento de Ciencias Políticas, Universidad de Pittsburgh

DOI: doi.org/10.24241/rcai.2020.126.3.261

Reseña de libros:

Mudde, Cas. The Far Right Today. Polity, 2019. 205 págs.

Robin, Corey. La mente reaccionaria. Capitán Swing, 2019. 320 págs. 

 

Escribo esta reseña a un mes de la posible reelección de Donald Trump como presidente de Estados Unidos, luego de leer dos libros cuyas portadas son evocativas de su persona. No hay duda de que, si hay un tema resulta llamativo en la política internacional contemporánea, este es el fortalecimiento de movimientos a la derecha del espectro político, particularmente en su forma más extrema. Los dos libros aquí reseñados presentan diferentes, pero igualmente valiosas miradas a este resurgimiento de la derecha, especialmente por su atención al desarrollo histórico de este movimiento y por su negativa a tomar una visión simplista.

The Far Right Today de Mudde ofrece justo lo que su título promete: un estado de la cuestión de la derecha extrema fácil de digerir para cualquier interesado en el tema, no solo académicos. Su enfoque principal es la normalización de lo que denomina la cuarta ola de la extrema derecha. A lo largo de los 10 capítulos, Mudde ofrece detalles de la historia, ideología, organización, membresía y otros detalles de la mencionada ola. Parte del atractivo es que no solo ofrece un estado actual, sino que regresa hasta su génesis y pasa por el neofascismo de los cuarenta y cincuenta, el populismo derechista agrario y anti-Estado de bienestar que lo siguió, y por la tercera ola de derecha radical en los ochenta. A lo largo del recuento, Mudde describe muy claramente qué es (y qué no es) fascismo, así como menciona importantes influencias intelectuales a veces ignoradas sobre la extrema derecha, particularmente la Nouvelle Droite de Alain de Benoist y otros gramscianos de derecha, con su estrategia de hegemonía cultural y etnopopulismo, como predecesores de lo que hoy vemos.  

Una fortaleza, y un punto fundamental de su enfoque, es la claridad conceptual a la hora de diferenciar entre tipos dentro de la extrema derecha. Mudde parte de la idea de que la extrema derecha (far right) no solo es cualitativamente diferente de la derecha conservadora tradicional, sino que también tiene sus diferencias internas, mientras que la derecha extremista (extreme right) es antidemocrática y continúa teniendo solo una influencia pequeña en la sociedad. La derecha radical (radical right), por su parte, abraza la democracia y ha cosechado éxitos electorales y apoyo popular precisamente porque los fundamentos de su ideología, el nativismo (nacionalismo junto con xenofobia), el autoritarismo como rasgo de personalidad y el populismo sí tienen aceptación en amplios sectores de la población de muchos países, aunque, como su nombre indica, en la ideología de estos grupos su nativismo, autoritarismo y populismo están más radicalizados que en el grueso de la población.

Al hablar de la organización, partidarios y activistas, así como de temas electorales relevantes para la derecha, lo que queda patente en la descripción de Mudde es la diversificación estratégica, ligada a la normalización de la derecha radical, que define la cuarta ola. La derecha radical no solo se organiza ya en corpúsculos o partidos políticos de nicho, sino que abraza la tecnología mediante revistas digitales y redes sociales, se comporta como movimientos sociales de izquierda e incluso llega a incluir líderes mujeres o sexualmente diversos y tiene seguidores que van más allá del hombre blanco, joven y sin educación universitaria que tradicionalmente apoyaba a la derecha radical.

Parte de la relevancia del texto es, por supuesto, el éxito electoral actual de esta derecha radical. Al respecto, Mudde ofrece un rápido resumen de lo que hemos aprendido sobre los casos de partidos de esta corriente que han tenido éxito en las urnas: tanto motivos económicos como culturales explican el apoyo de los votantes; sin embargo, la reacción contra los cambios culturales producto de la globalización y el multiculturalismo es mucho más potente como explicación. Una vez en el poder, la marca de estos movimientos ha sido mover el sistema político hacia democracias iliberales, es decir, hacia regímenes híbridos, siendo el caso paradigmático el Gobierno de Viktor Orbán en Hungría. Finalmente, las estrategias para debilitar el campo de acción de partidos de derecha radical tendrán diferente efectividad dependiendo del contexto de cada país y los objetivos, aunque entre las principales recomendaciones está la demarcación, el famoso cordon sanitaire belga de excluir a la derecha radical como un socio político legítimo para cualquier otro partido, así como fortalecer las instituciones de la democracia liberal de cada país.

A diferencia del caso de Mudde, La mente reaccionaria de Robin hasta cierto punto rechaza la heterogeneidad y más bien abraza la idea de una sola derecha –llamada conservadurismo como es habitual en Estados Unidos– y considera que los diferentes rasgos de la derecha radical moderna siempre han sido parte de ese conservadurismo. El conservadurismo, para él, es la teoría de tener el poder, ver ese poder amenazado e intentar recuperarlo. Siguiendo una larga primera sección donde expone sus tesis sobre la esencia del conservadurismo a pesar de sus diversas variaciones en el tiempo, Robin ofrece una interesante colección de ensayos sobre algunos de los pensadores más importantes del pensamiento conservador, incluyendo Thomas Hobbes, Edmund Burke, Adam Smith, Friedrich Nietzsche, Friedrich Hayek, Joseph Schumpeter, Ludwig von Mises y Ayn Rand. Seguidamente hace un recuento del fortalecimiento del movimiento conservador en los Estados Unidos enfocándose en los políticos que lo han hecho avanzar, como Barry Goldwater, George W. Bush, el juez de la Suprema Corte Antonin Scalia y finalmente, Donald Trump.

Los diversos ensayos de Robin, en algunos casos con un emparejamiento un poco extraño en sus temas (Nietzsche y la Escuela Austriaca; Ayn Rand y el chicle; Scalia, el drama televisivo 24 y el golf), buscan demostrar que existe una esencia del conservadurismo. Más específicamente, esa teoría de tener y defender el poder tiene elementos como el elitismo aristocrático que, sin embargo, usa el populismo, el romanticismo rebelde, la exaltación del conflicto (la destrucción creativa de Schumpeter), copias de estrategias de la izquierda y una defensa, en especial en la esfera privada, de la libertad siempre como un medio para mantener el orden natural, jerárquico y desigual del mundo, nunca un bien en sí mismo.

A la hora de tomar en conjunto ambos libros, a mi parecer hay complementariedades valiosas, así como cierta incompatibilidad en sus enfoques. Comenzando por la forma en que se complementan, el enfoque histórico y centrado en estudiar a las figuras que han tenido importancia en el desarrollo del pensamiento de las corrientes modernas de derecha es sumamente valioso. No creo que haya error teórico más grande al abordar el tema de las derechas en la actualidad que resumirlas a un simple «son todos fascistas», ignorando la diversidad de pensamiento, creencias, movimientos sociales que ha producido la derecha, así como la rigurosidad, o incluso falta de rigurosidad, de algunos de sus pensadores, como muy bien retrata Robin al hablar del capitalismo de telenovela de Rand.

A diferencia del caso de Mudde, La mente reaccionaria de Robin hasta cierto punto rechaza la heterogeneidad y más bien abraza la idea de una sola derecha –llamada conservadurismo como es habitual en Estados Unidos– y considera que los diferentes rasgos de la derecha radical moderna siempre han sido parte de ese conservadurismo. El conservadurismo, para él, es la teoría de tener el poder, ver ese poder amenazado e intentar recuperarlo. Siguiendo una larga primera sección donde expone sus tesis sobre la esencia del conservadurismo a pesar de sus diversas variaciones en el tiempo, Robin ofrece una interesante colección de ensayos sobre algunos de los pensadores más importantes del pensamiento conservador, incluyendo Thomas Hobbes, Edmund Burke, Adam Smith, Friedrich Nietzsche, Friedrich Hayek, Joseph Schumpeter, Ludwig von Mises y Ayn Rand. Seguidamente hace un recuento del fortalecimiento del movimiento conservador en los Estados Unidos enfocándose en los políticos que lo han hecho avanzar, como Barry Goldwater, George W. Bush, el juez de la Suprema Corte Antonin Scalia y finalmente, Donald Trump.

Los diversos ensayos de Robin, en algunos casos con un emparejamiento un poco extraño en sus temas (Nietzsche y la Escuela Austriaca; Ayn Rand y el chicle; Scalia, el drama televisivo 24 y el golf), buscan demostrar que existe una esencia del conservadurismo. Más específicamente, esa teoría de tener y defender el poder tiene elementos como el elitismo aristocrático que, sin embargo, usa el populismo, el romanticismo rebelde, la exaltación del conflicto (la destrucción creativa de Schumpeter), copias de estrategias de la izquierda y una defensa, en especial en la esfera privada, de la libertad siempre como un medio para mantener el orden natural, jerárquico y desigual del mundo, nunca un bien en sí mismo.

A la hora de tomar en conjunto ambos libros, a mi parecer hay complementariedades valiosas, así como cierta incompatibilidad en sus enfoques. Comenzando por la forma en que se complementan, el enfoque histórico y centrado en estudiar a las figuras que han tenido importancia en el desarrollo del pensamiento de las corrientes modernas de derecha es sumamente valioso. No creo que haya error teórico más grande al abordar el tema de las derechas en la actualidad que resumirlas a un simple «son todos fascistas», ignorando la diversidad de pensamiento, creencias, movimientos sociales que ha producido la derecha, así como la rigurosidad, o incluso falta de rigurosidad, de algunos de sus pensadores, como muy bien retrata Robin al hablar del capitalismo de telenovela de Rand.