Anuario Internacional CIDOB, 2023

Viaje al futuro de la gobernanza

Fecha de publicación:
11/2023
Autor:
Judith Ferrando y Puig; Yves Mathieu y Antoine Vergne
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Judith Ferrando y Puig, codirectora de Missions Publiques 

Yves Mathieu, fundador y Codirector de Missions Publiques 

Antoine Vergne, codirector y Director de Asociaciones Internacionales, Missions Publiques

La gobernanza actual no está adaptada a los retos del mañana

Nuestros modelos de decisión y, más globalmente, la organización de nuestras sociedades, están siendo profundamente cuestionados por los retos del siglo XXI y, sobre todo, por el cambio climático.

A pesar de las primeras advertencias del Club de Roma (incluidas en el Informe Meadows de 1972) sobre los límites del crecimiento, a pesar de la Cumbre de Río de 1992 y de las COP sobre el clima y los compromisos nacionales, a pesar de los Objetivos de Desarrollo Sostenible propuestos por la ONU, nuestras emisiones de gases de efecto invernadero siguen siendo demasiado elevadas para evitar un aumento drástico de la temperatura de la Tierra, y los límites planetarios están a punto de alcanzarse o ya han sido alcanzados.

La lucha contra el cambio climático está en el centro de muchos de los discursos y hojas de ruta, pero sin la efectividad esperada. Nuestros modelos de gobernanza en todos los niveles se han quedado obsoletos.

¿Por qué? Porque estos modelos de gobernanza y estas instituciones, al menos en los países occidentales, son el resultado de procesos históricos y se han desarrollado en paralelo a la Revolución Industrial y a la sociedad de consumo. Nuestras políticas públicas, nuestras instituciones y nuestras infraestructuras mentales están orientadas al crecimiento. Nuestras relaciones sociales se basan en un «contrato social» que organiza la economía, el trabajo y el tiempo libre en torno a la producción y el consumo de masas, y vinculado a una promesa de abundancia material de la que todos podrían beneficiarse. Esta promesa ha demostrado ser perjudicial para el planeta, insostenible a escala mundial y socialmente injusta.

Al reconocer la naturaleza limitada de los recursos y los retos de la justicia climática e intergeneracional, es un reto importante para nuestros sistemas políticos y económicos pasar del horizonte de la prosperidad material al horizonte de un buen vivir para todos, orientado hacia la suficiencia más que hacia la abundancia.

Pero el cambio climático no es lo único que está en juego: la Inteligencia Artificial y las tecnologías emergentes están transformando profundamente nuestra relación con el conocimiento, con el cuerpo y con la mente; los flujos migratorios se intensifican y las poblaciones del hemisferio norte envejecen; nuestra relación con el tiempo, con el trabajo y con los demás está cambiando. Pero también son muchos los recursos con potencial para hacer un mundo deseable y sostenible que están saliendo a la luz. Mad Max o Minority Report no son los únicos futuros posibles.

¿Qué gobernanza deseamos para el futuro?

El futuro puede dar miedo. Nos obliga a observar los cambios que están teniendo lugar sin negarlos, aceptar la gravedad del cambio climático, aceptar que tendremos que cambiar nuestros modos de vida y que los avances tecnológicos no serán suficientes, como nos recuerdan los sucesivos informes del IPCC; sin embargo es un primer paso indispensable. Para ello es necesario encontrar los medios que permitan compartir una observación (científica y social) con el fin de debatir soluciones y esfuerzos que deberán ser asumidas por todo el mundo. A fin de superar la conflictividad de la sociedad, exacerbada por las redes sociales, es necesario crear espacios pacíficos de diálogo, en los que se puedan compartir y debatir percepciones para explorar desacuerdos y ampliar los ámbitos de acuerdo. La democracia representativa aún tiene legitimidad para arbitrar y decidir, pero los procesos de toma de decisiones con el pueblo y la sociedad civil ‒y ante todo, el debate sobre el mundo común‒ son ahora más necesarios que nunca.

La organización de deliberaciones colectivas, ciudadanas y de stakeholders a todos los niveles

Los mecanismos de deliberación ciudadana se han extendido a lo largo de las últimas dos décadas (a este respecto véase el «Catching Deliberative Wave, 2020», de la OCDE). De este hecho caben varias observaciones positivas: en primer lugar, las metodologías deliberativas están maduras, y son muchos los profesionales, tanto públicos como privados, que tienen experiencia en este campo (entre ellos Graham Smith, con su libro Democratic innovations: Designing institutions for Citizen participation de 2009). En segundo lugar, el ciudadano común, cuando es elegido por sorteo, como ocurre en las asambleas ciudadanas cada vez más en boga, demuestra pasión por un tema que antes consideraba demasiado complejo, atrevido y de excesiva responsabilidad para él. En este punto, los ejemplos de las propuestas de la Convención Ciudadana para el Cambio Climático en Francia, o los Paneles Ciudadanos Europeos de la Conferencia sobre el Futuro de Europa, han hecho hincapié en la importancia de una sociedad guiada por los valores de la solidaridad y la inclusividad.

Sin embargo, el impacto de estas iniciativas en los procesos de toma de decisiones tiene ciertas limitaciones. Los responsables de las decisiones aún perciben como escaso el valor o la rendición de cuentas respecto a estas iniciativas, y no incorporan suficientemente las recomendaciones de los ciudadanos para transformar las políticas públicas. En cuanto a los stakeholders, estos siguen mirando con recelo esta participación ciudadana que en ocasiones puede hacerlos prescindibles (actuando sin su concurso) o que no tiene en consideración sus posiciones y sus legítimas reivindicaciones. El reto es por tanto, integrar estos tres espacios de poder político y que se comuniquen entre ellos, ya que en realidad, lo que sucede con mayor frecuencia es que la deliberación ciudadana participativa, las relaciones de poder en el mundo social y la democracia representativa ‒clásica y vertical‒ operan a la vez, pero en tres «metaversos» diferentes.

Por todo ello, nuestras propuestas para revitalizar la gobernanza del futuro son las siguientes:

1- Abordemos los temas que irritan a la gente (suficiencia, modelos de negocio en una sociedad de sobreconsumo, bienes comunes, las necesarias renuncias o aceleraciones) en deliberaciones que reúnan a ciudadanos y stakeholders y que realmente tengan una incidencia en la decisión a nivel institucional.

2- Atrevámonos a una gobernanza abierta, con ciudadanos elegidos por sorteo, en todos los niveles del territorio, no para reemplazar a los cargos electos ni a los sindicatos, sino para oxigenar los diálogos con las herramientas de la inteligencia colectiva y no con debates agonísticos. Dar el poder de actuar y experimentar a los territorios, basándose en los resultados de una gobernanza ampliada, es el camino que debemos emprender. Las experiencias locales de transición ecológica en el Norte y en el Sur son numerosas, pero tienen dificultades en federarse y establecer conexiones entre sí. En este sentido los nuevos enfoques de la cooperación, como blockchain o Web 3, están resultando de gran inspiración para el mundo físico.

3- Ampliemos nuestros criterios de justicia y nuestra forma de percibirnos en el mundo e integremos en nuestras deliberaciones colectivas, no sólo a los ciudadanos de hoy en su diversidad (para luchar así contra la injusticia epistémica), sino también a las generaciones futuras, para garantizar que nuestras decisiones de hoy no reduzcan la capacidad de acción y la calidad de vida de las generaciones venideras; y no nos olvidemos de los seres vivos, considerados con demasiada frecuencia como un adorno, un mero consumible y no un socio indispensable para nuestra propia supervivencia.

4-Cambiemos de perspectiva: démonos el espacio para imaginar otro mundo que tenga en cuenta los límites planetarios,1 superando así la idea de que el modo de vida occidental, que es finalmente algo muy reciente, es una panacea insuperable. La imaginación precede a la acción, así que aprendamos a soñar juntos de nuevo, como nos anima a hacer Rob Hopkins (en su libro From what is to what if. Unleashing the Power of Imagination to Create the Future We Want, publicado en 2019).

El futuro de la gobernanza es el reto clave en nuestro camino hacia un futuro deseable, ya que es el cuello de botella y al mismo tiempo la palanca de nuestra capacidad colectiva para acoger y gestionar lo que está por venir. Con las innovaciones sociales y tecnológicas, integradas en nuestro entorno, lo más probable es que consigamos materializar «El cambio», o, al menos, a esto dedicamos nuestro trabajo. Esperemos que no sea demasiado tarde. 

Nota:

1- A este respecto, la «economía del donut» fue una propuesta por Kate Raworth, que ubica el espacio de desarrollo humano entre dos límites: de un lado, las necesidades sociales y, del otro, los límites ecológicos.