Afganistán, Pakistán y Estados Unidos

Data de publicació:
10/2016
Autor:
Emma Hooper, investigadora sénior asociada, CIDOB
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La perspectiva de que Trump sea presidente de Estados Unidos tras el 8 de noviembre debe de estremecer —y llenar de incredulidad— a los líderes de Afganistán y Pakistán. Pero la situación en la región es tal que tampoco será fácil con Clinton de presidenta. Sea cual sea el resultado, probablemente la región pasará por tiempos difíciles. Pero, indudablemente, uno de los candidatos sería peor que el otro.

Afganistán

En Afganistán, el Gobierno y la supervivencia del Estado dependen del apoyo presupuestario de los donantes. La conferencia sobre Afganistán en Bruselas el 4 y 5 de octubre de 2016 quería servir de plataforma para que el Gobierno de Afganistán presentara su punto de vista e historial en materia de reformas. Para la comunidad internacional, tenía que ser la oportunidad de reflejar el apoyo económico y político continuado a la paz en Afganistán, la construcción del Estado y el desarrollo. Parece que Europa sigue estando comprometida a preservar el Estado afgano, institucional y militarmente debilitado, pero con un acuerdo de repatriación a costa de los refugiados afganos como contrapartida a la ayuda. Los Estados Unidos reafirmaron su compromiso de seguir ofreciendo el mismo nivel de financiación a los programas civiles (unos 1.500 millones de dólares en 2016). Sin embargo, si Trump se convierte en presidente, es probable que este compromiso esté en peligro y, ciertamente, en particular, el apoyo de Estados Unidos en el ámbito de la seguridad. La enorme imprevisibilidad del candidato, su racismo intolerante, el sentimiento antimusulmán y las declaraciones sobre retirar el apoyo de la OTAN, están creando una reacción en cadena en la región. Y probablemente Afganistán quedaría afectado directamente.

El objetivo de la cumbre de la OTAN en Varsovia, el 8 de julio de 2016, fue que Estados Unido y sus aliados recaudaran 15.000 millones de dólares para financiar las fuerzas de seguridad afganas hasta 2020. En la cumbre –que mostró el firme compromiso de la OTAN con Afganistán– el presidente Obama (que ha solicitado 3.450 millones de dólares para Afganistán en el presupuesto nacional de 2017) prometió mantener a 8.400 soldados más allá de 2016 y que recomendaría a su sucesor que los Estados Unidos sigan buscando financiación para las fuerzas de Seguridad y Defensa Nacional de Afganistán al mismo nivel (o un nivel similar) hasta 2020. Se puede esperar que la futura presidenta Clinton cumpla estas promesas. Si el futuro presidente es Trump, no lo hará.

Las declaraciones de Trump –cambiantes y a veces contradictorias– incluyen la de afirmar que si es elegido el 8 de noviembre exigirá que los miembros de la OTAN paguen sus contribuciones a la defensa al equivalente del 2% de su PIB o que, en caso contrario, tengan que financiar su propia seguridad. Esto ha inquietado en gran medida tanto a los aliados de la OTAN como a muchos expertos en seguridad nacional estadounidenses (y al Gobierno de Afganistán). El presidente Ghani, bajo la amenaza muy real de que vuelvan los talibanes, recientemente ha recurrido a un polémico pacto de paz mutuo con el conocido señor de la guerra de Afganistán, Gulbuddin Hekmatyar (conocido como el «carnicero de Kabul»), quizás como estrategia de cobertura. La paz será difícil de conseguir y, sin duda, la dependencia que tiene Afganistán de los Estados Unidos probablemente aumentará en lugar de disminuir, especialmente en los ámbitos de defensa y diplomacia. Estas áreas son imprescindibles para hacer frente a la continua amenaza del terrorismo y para protegerse de sus vecinos después de la fecha de retirada de las tropas en 2017. Existe un peligro real de que el Ejército afgano se hunda sin la ayuda militar y el compromiso de Estados Unidos. Por lo tanto, si se retirara el apoyo estadounidense a la economía y la seguridad –que, siendo realistas, probablemente ambos apoyos serán necesarios durante años– no es difícil imaginar las posibles consecuencias para la paz en Afganistán.

La presidencia de Clinton o Trump verá a Afganistán enfrentarse al reto de cómo depender menos de la ayuda externa mientras se ve confrontado, a la vez, a una mayor amenaza para la paz y la estabilidad y a la falta de mecanismos institucionales para resolver el problema. Probablemente Clinton mantendrá (o incluso podría aumentar) el compromiso de Obama con Afganistán, al reconocer el peligro de las consecuencias de echarse atrás. En cualquier caso, van a ser unos tiempos difíciles, pero mucho más con Trump de presidente. Este ha declarado abiertamente que retirará las tropas estadounidenses de Afganistán y, en su lugar, «reconstruirá los Estados Unidos».

Pakistán

El grito de guerra de Trump «Estados Unidos primero» no presagia nada bueno para gran parte del mundo. Su política exterior es poco clara, se centra en frases vacías con gancho, en la intolerancia (hasta el fanatismo) y en la incitación del sentimiento antimusulmán. Ha afirmado que «podría buscar la ayuda de India en relación con la inestable capacidad nuclear de Pakistán». En un momento en que Pakistán está cada vez más aislado diplomática y regionalmente, a causa de su actitud ambivalente en materia de terrorismo y de los contactos proactivos de la India con países de la región, dicha actitud podría provocar en Pakistán una reacción exagerada ante la situación cada vez más tensa con India. Sin embargo, Trump —fiel a sí mismo— también ha declarado lo siguiente: «Pero Pakistán es medio inestable. No queremos ver una inestabilidad total. No es tanta, en términos relativos. Tenemos un poco de buena relación. Creo que intentaría mantenerla».

La otra promesa electoral de Trump –recuperar para los Estados Unidos un número considerable de empleos que se han perdido en el sector manufacturero– solo podría conseguirse compensando la ventaja del coste laboral de Asia (especialmente, de China) en dicho sector con una combinación de barreras arancelarias y no arancelarias. En el «gran juego» de suma cero de las potencias asiáticas, cuando China pierde, India gana. Y China puede perder mucho con Trump de presidente. Pakistán (aliado clave de China y principal enemigo de India) no lo verá con buenos ojos, y China tampoco.

Es más, el Gobierno de Pakistán se ha visto incitado recientemente a reaccionar ante Trump con su petición de liberar a Shakil Afridi, el médico que aparentemente ayudó a la CIA a atrapar a Osama Bin Laden: el ministro del Interior acusó a Trump de «ignorante». Las relaciones entre Estados Unidos y Pakistán han mejorado recientemente y no es habitual que Pakistán haga comentarios sobre la política interna estadounidense. Indudablemente, Trump ha tocado una fibra sensible.

A pesar de que Hillary Clinton ha expresado el temor a otro golpe (militar) en Pakistán y a que los terroristas se hagan con el control de las armas nucleares del país, es probable que siga con las políticas de Kerry hacia Pakistán. Sin embargo, ha advertido públicamente de las consecuencias de una nueva carrera armamentística nuclear y ha mencionado a Rusia y China así como a Pakistán e India. Probablemente será más dura con el terrorismo que surja de suelo pakistaní y emprendería acciones para intentar sosegar las crecientes tensiones entre Pakistán e India, habida cuenta de la capacidad nuclear de Pakistán (que, según se afirma, está aumentando de forma acelerada). 

A principios de septiembre, antes del atentado contra la base de Uri en Cachemira, John Kerry afirmó que «repercusiones bastante graves» ponían las cosas difíciles a Pakistán a la hora de actuar contra los grupos terroristas. Pero también criticó a Pakistán por no diferenciar entre terroristas «buenos» y «malos». Después del atentado contra la base de Uri, y con el aumento de las tensiones entre India y Pakistán, el Departamento de Estado estadounidense envió un mensaje directo a las autoridades de Pakistán para comunicarles que tienen una clara responsabilidad de imponer restricciones sobre las armas nucleares y las capacidades en materia de misiles.

Futuros escenarios

Trump presidente: perturba el equilibrio de poder en Asia y lo inclina a favor de India; declara a Pakistán Estado terrorista; suspende la ayuda estadounidense; Pakistán pide ayuda a China; aumentan las probabilidades de un conflicto nuclear con India; retira el apoyo económico y militar de Estados Unidos a Afganistán; Afganistán se ve inmerso en la anarquía y la violencia, y se convierte en un Estado fallido; los talibanes vuelven con fuerza; aumenta la presencia de Dáesh en ambos países.

Clinton presidenta: «más de lo mismo» que con Obama/Kerry; sigue el apoyo a la OTAN y Afganistán para evitar el colapso del Estado y que los talibanes vuelvan a hacerse con el control; pero es más dura con la actitud de Pakistán en relación con el terrorismo; hace de mediadora entre India y Pakistán para evitar un conflicto nuclear.

Traducción: Aïda Cunill