El populismo en Francia: ¿Hacia la normalización?

Data de publicació:
04/2017
Autor:
Moussa Bourekba, investigador, CIDOB
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Según el nuevo Índice de Riesgo Político de Coface, publicado en marzo del 2017, Francia es el segundo país más populista de Europa, con una puntuación del 70%, justo detrás del Reino Unido (73%). El discurso sobre el orden público, la identidad nacional y la desconfianza en el multiculturalismo se cuentan entre las razones principales de la calificación del país. 

Tras la elección de Donald Trump en 2016, muchos observadores consideran a Francia como el próximo voto crucial. Las elecciones presidenciales de Francia son vistas como una prueba que confirmará (o no) la teoría según la cual la victoria de Trump dará un impulso a la retórica antinmigración, a la xenofobia y a los partidos populistas en Europa. Aunque las condiciones son diferentes en ambos países, la actual campaña presidencial de Marine Le Pen y su Frente Nacional (FN) muestra paralelismos interesantes con el populismo derechista estadounidense: el discurso antiélite contra los candidatos de los partidos políticos mayoritarios, la agitación anticentralista contra Washington y Bruselas, respectivamente, y el rechazo a la Unión Europea. Tanto Trump como Le Pen también culparon a sus respectivos estados del insuficiente control fronterizo, considerado como responsable del dumping social, de la pérdida de la identidad nacional y del terrorismo. 

El programa de Le Pen gira esencialmente en torno a estas dimensiones con el fin de ayudar a Francia a garantizar lo que el Frente Nacional llama el «retorno de las cuatro soberanías»: monetaria, legislativa, presupuestaria y territorial. Lograrlo implicaría renegociar las clausulas por las que Francia pertenece a la Unión Europea u organizar un referéndum sobre el Frexit para que este país sea de nuevo «libre»: es decir, sacar a Francia de la eurozona, limitar drásticamente la inmigración a las necesidades del mercado de trabajo, reafirmar el modelo republicano y sus valores mediante una lucha contra el multiculturalismo y el islam radical, y promover la «prioridad nacional», consistente en una serie de medidas proteccionistas favorables a bienes,  empresas y personas franceses. 

Como Francia es uno de los dos pilares principales de la UE, junto con Alemania, el resultado de la próxima elección presidencial podría tener grandes repercusiones para la Unión, como el colapso del euro o incluso una crisis financiera. Más aún, podría poner fin al debate en curso sobre la «Europa abierta» —los estados europeos post-Muro de Berlín, abiertos al mundo y abiertos unos a otros—, frente a la «Europa cerrada», en favor de la segunda. En el ámbito global, la diplomacia francesa —incluso los esfuerzos antiterrorismo en Siria, Irak y la región MENA (Oriente Medio y Norte de África), en general— podría salir perjudicada, como insinuaron recientemente diplomáticos franceses. 

Más allá del caso de Marine Le Pen, varios indicadores tienden a mostrar que el populismo no es exclusivo de la extrema derecha en Francia. Recientemente, el candidato presidencial de Los Republicanos (LR) en 2017, François Fillon —investigado oficialmente por un escándalo de uso indebido de fondos públicos—, acusó repetidamente al Gobierno y al poder judicial de haber organizado un complot contra él. Recurrió pues a una herramienta clásica del populismo, al usar el argumento de la soberanía popular en contra de la soberanía de las instituciones. Su retórica sobre la identidad francesa y los inmigrantes es igualmente extrema y ha mostrado gran apertura hacia Rusia, exactamente como el Frente Nacional—que ha recibido financiación de Rusia y ha pedido el fin de las sanciones contra este país—. 

Europa ha entrado en una nueva fase en la que el concepto de «populismo» es activamente reivindicado por los partidos de izquierda y de derecha, tal como subraya el sociólogo Éric Fassin en su libro Populisme: le Grand Ressentiment (2017). En Francia, el Frente de Izquierda, liderado por Jean-Luc Mélenchon, encarna la tendencia populista en la izquierda, en la misma línea que el Syriza griego, el Podemos español o el Movimiento 5 Estrellas italiano.  

A la derecha, los movimientos populistas y los partidos políticos también pretenden hablar en nombre del «pueblo», jugando con otro registro de emociones. Mientras que François Fillon y Marine Le Pen aluden sobre todo a los temores (migración, fronteras, terrorismo), Jean-Luc Mélenchon insiste en la urgente necesidad de deshacerse de las élites, a quienes acusa de concentrar la riqueza del país y de monopolizar el poder. Pide una «revuelta controlada» —de ahí su lema, «la Francia desobediente»— rechazando la globalización y la integración europea. Al igual que Marine Le Pen, Mélenchon también promete celebrar un referéndum para abandonar la UE en caso de que no pueda negociar nuevas condiciones con Bruselas.  

La escena política francesa parece estar atrapada entre visiones populistas en ambos lados del espectro político. Por un lado, el Frente Nacional de extrema derecha está preparado para obtener el mayor número de votos en la primera vuelta de las elecciones presidenciales. Por otro lado, una plétora de partidos políticos, sindicatos y movimientos como el Frente de Izquierda, Lucha Obrera, la Liga Comunista Revolucionaria , el Nuevo Partido Anticapitalista, Les Indignés (Los indignados) o Nuit Debout (Noche en vela), no logran respaldar a un candidato único por muchas razones (el rechazo a ser instrumentalizados por un partido político, disputas internas, el método de votación legislativa, una presencia débil en los medios de comunicación, etc.).  

En contraste con la desunión de la izquierda, el Frente Nacional se ha centrado en ganar las elecciones (locales y europeas) para tratar de asegurarse una victoria en las elecciones presidenciales. Sin embargo, según las encuestas, resulta poco probable que Marine Le Pen tenga éxito en las eliminatorias de la segunda ronda de las elecciones, donde lo más probable es que pierda contra el candidato independiente Emmanuel Macron, o contra Fillon si este consigue superar las turbulencias de su escándalo. No obstante, de manera indirecta, el discurso populista de extrema derecha todavía puede dar frutos, ya que su retórica se muestra cada vez más presente en el partido republicano y en grandes segmentos de la población.  

Francia sigue en estado de emergencia: el riesgo de ataques terroristas es todavía elevado y la crisis de refugiados sigue en el centro del debate público, si bien su punto culminante fue en 2015. Es poco probable que las tendencias populistas desaparezcan después de las elecciones presidenciales, si bien es probable la derrota de Marine Le Pen en la segunda vuelta. Dada la distribución desigual de los discursos populistas en todo el espectro político y la incertidumbre sobre el resultado de las próximas elecciones legislativas, existe un riesgo elevado de una mayor polarización política.