Klaus Iohannis

© UN Photo/Eskinder Debebe

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Actualización: 5 julio 2017

Rumanía

Presidente de la República (2014-)

  • Klaus Werner Iohannis
  • Mandato: 21 diciembre 2014 - En ejercicio
  • Nacimiento: Sibiu, condado de Sibiu, 13 junio 1959
  • Partido político: sin filiación (anteriormente, del Partido Nacional Liberal, PNL)
  • Profesión: Profesor de escuela
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Presentación

El primer presidente de Rumanía miembro de una minoría étnica, la diminuta comunidad alemana, y de religión protestante es Klaus Iohannis, inesperado ganador de las elecciones a doble vuelta de noviembre de 2014. Este antiguo maestro de escuela dirigió la organización que representa a la comunidad germanófona rumana y hasta ahora ha sido el alcalde de la ciudad medieval transilvana de Sibiu, labor que le reportó una fama de gestor eficiente y de político serio y responsable, así como honesto y dialogante, ajeno a las élites y sus endémicos chanchullos. En junio de 2014, esta identificación con los valores del buen hacer y la ética en el servicio público le impulsó al liderazgo del conservador Partido Nacional Liberal (PNL), que acababa de romper su alianza de Gobierno con el Partido Social Demócrata (PSD).

Cinco meses después, Iohannis, contra todo pronóstico, batió en las urnas al polémico primer ministro Victor Ponta, al cabo de una campaña electoral en la que sus mensajes contra la corrupción y por la construcción de un moderno Estado de derecho convencieron más que la publicidad por su adversario de los logros económicos del Gobierno del PSD, cuya incidencia en la calidad de vida de la población es limitada. El 21 de diciembre Iohannis ha tomado posesión de la Presidencia en sucesión de Traian Basescu (protagonista con Ponta de una cruda batalla política en 2012, clímax que fue de un período de escándalos, inestabilidad y forcejeos por el poder), con un mandato de cinco años y dispuesto a hacer de ella un "modelo de comportamiento público", donde el titular sea "mediador" y "garante" del funcionamiento fluido de las instituciones del Estado. Su diagnóstico es que Rumanía "no puede ser por más tiempo el país de las grandes esperanzas y los magros resultados, el país del tiempo dilapidado y las oportunidades perdidas".

Aunque promete "equidistancia" en el ejercicio la jefatura del Estado, Iohannis, que dentro del peculiar sistema de Gobierno rumano, de tipo mixto, entre parlamentario y semipresidencial, goza de prerrogativas constitucionales con poder ejecutivo (nombramiento del primer ministro con cierta discrecionalidad, competencias en las políticas exterior y de defensa), también ha dejado clara su confianza en que las próximas elecciones legislativas, en principio previstas en 2016 aunque sin descartar su adelanto a 2015, den la victoria al PNL, reforzado ahora con la absorción del Partido Democrático Liberal, y jubilen el Gobierno Ponta; hasta entonces, presidente y primer ministro deberán entenderse en una cohabitación que les resulta incómoda.

(Texto actualizado hasta diciembre 2014)

Biografía

1. Dirigente de la minoría alemana de Rumanía y alcalde de Sibiu
2. Personalidad de referencia en la política nacional
3. Líder del PNL e inesperado ganador de las elecciones presidenciales frente al primer ministro Ponta


1. Dirigente de la minoría alemana de Rumanía y alcalde de Sibiu

El cuarto presidente rumano desde la restauración democrática en 1990 pertenece a una familia de sajones luteranos de Transilvania, cuyos antepasados se radicaron en esta región del país en la Edad Media. Los sajones transilvanos constituyen la más importante de las comunidades alemanas de Rumanía, minoría étnica que llegó a contar con casi 800.000 miembros en vísperas de la Segunda Guerra Mundial y que en la actualidad no pasa de los 37.000 ciudadanos, diseminados por todos los condados del país aunque en mayor medida en Transilvania. En la posguerra que siguió a 1945, los rumanos alemanes, acusados de colaboracionismo con la dictadura del mariscal Antonescu y sus aliados nazis, sufrieron los estragos de las deportaciones en masa y los traslados forzosos a campos de trabajo bajo el régimen de ocupación soviético. La mayoría fue expulsada a Alemania y varios miles perecieron en circunstancias violentas hasta el final de la década de los cuarenta.

En su biografía oficial, el político destaca que en 1992, tras la caída de la dictadura comunista, sus padres, Gustav Heinz y Susanne Johannis (este es el apellido original de la familia, siendo Iohannis su grafía rumanizada), y su hermana pequeña, como otros muchos paisanos de su condición étnica, emigraron a Alemania, concretamente a la ciudad bávara de Würzburg, para establecerse allí acogidos a la nacionalidad que les ofrecía el Gobierno de Helmut Kohl, pero que él, treintañero joven, optó por quedarse en su Sibiu natal, realizando su vocación docente en varias escuelas de la ciudad, entre ellas el Colegio Nacional Samuel von Brukenthal, casa de estudios germanófona de mucha solera. A día de hoy, los familiares del estadista siguen viviendo en Würzburg como alemanes de pleno derecho.

Iohannis ejerció la profesión de maestro de la asignatura de Física durante 14 años, a partir de su licenciatura en 1983 por la Facultad de Física de la Universidad Babes-Bolyai de Cluj-Napoca y hasta 1997, cuando fue nombrado subinspector general de Educación en el condado. Dos años después asumió la condición de inspector. En 1989 contrajo matrimonio con Carmen Lazurca, rumana étnica y profesora de inglés. La pareja no tuvo hijos.

Ya en 1990 Iohannis comenzó su activismo en el Foro Democrático de los Alemanes de Rumanía (FDGR), organización portavoz de los intereses de las menguadas comunidades germanófonas (sajones de Transilvania, suabos del Banato, alemanes de Bucovina y otras) del país balcánico pero que se articuló como un partido político de corte centrista y abierto a la adhesión de cualquier ciudadano rumano. Iohannis tomó el relevo a Wolfgang Wittstock como presidente deL FDGR en 2002, cuando llevaba dos años siendo, desde junio de 2000, el alcalde de Sibiu. Entonces, produjo sensación que un oscuro profesor de secundaria resultara elegido para regir una ciudad de 150.000 habitantes con casi el 70% de los votos cuando los alemanes étnicos de allí, antaño muy numerosos, ya no pasaban del 2%. Iohannis sucedió en el Ayuntamiento a Dan Condurat, miembro del partido nacionalista de extrema derecha Gran Rumanía (PRM) y cuyo líder, Corneliu Vadim Tudor, campeón del racismo antigitano y antisemita, gozaba de una gran influencia nacional en aquellos años.

El éxito de Iohannis en las elecciones locales de 2000 fue el mejor botón de muestra del respeto y el aprecio ganados por la exigua pero laboriosa y competente minoría alemana, lo que sin embargo no se traducía en un destaque del FDGR como partido de dimensión nacional, aunque desde los comicios de 2004 el Foro tuvo asegurado por ley un escaño en la Cámara de Diputados, al igual que el resto de formaciones representativas de las diversas minorías étnicas y lingüísticas.

En sus 14 años como alcalde de Sibiu, Iohannis, quien tampoco era miembro de la Iglesia Ortodoxa sino de la Iglesia Evangélica de Confesión Augusta en Rumanía (una diminuta congregación luterana, integrada por sajones de Transilvania, que era la más pequeña del ya minoritario conjunto, con un 6% de fieles en todo el país, de iglesias protestantes rumanas), hizo honor a la fama de los alemanes rumanos como personas responsables, serias y eficientes en sus desempeños profesionales o públicos. Su gestión municipal estuvo orientada a mejorar la administración y los servicios de una ciudad, antigua capital del Principado de Transilvania, conocida por su rico patrimonio artístico y cultural, a restaurar varios de los edificios emblemáticos de su barrio viejo y a promocionarla en el extranjero. Ello se tradujo en el reconocimiento de Sibiu en 2007 como Capital Europea de la Cultura -junto con Luxemburgo- y en un aumento de las visitas turísticas, que tenían como atractivo añadido la cercana estación invernal de Paltinis, en las estribaciones de los Cárpatos Meridionales. La bonanza económica se instaló en Sibiu, cuyos habitantes se beneficiaron de una situación de pleno empleo.

No faltaron, sin embargo, las críticas, como las vertidas por el PRM, siempre susceptible con el dinamismo de que hacían gala los miembros de las comunidades magiares, alemanas y de otras minorías étnicas, que acusó a Iohannis de gastar a manos llenas en la conservación de monumentos históricos asociados a la pasada preponderancia germana de la ciudad. Lo cierto fue que Iohannis, que decía haber llegado a la política "por accidente", disfrutó de una amplísima popularidad local, siendo reelegido en 2004 y en 2008 con casi el 90% de los votos, mientras que su agrupación, el FDGR, que en 2000 fue la segunda del consistorio por detrás del Partido Social Demócrata (PSD, en el Gobierno nacional entonces), pasó a disfrutar de abultadas mayorías a partir del segundo mandato del edil.


2. Personalidad de referencia en la política nacional

La excelente reputación de Iohannis sobrepasó con creces los límites de su jurisdicción municipal. El alcalde de Sibiu construyó unas buenas relaciones con otras formaciones de diverso signo, en particular el Partido Nacional Liberal (PNL), pero también el PSD y la Unión Democrática de Magiares de Rumanía (UDMR). En octubre de 2009 estas tres fuerzas, en la oposición al Ejecutivo del Partido Democrático Liberal (PD-L), liderado hasta su elección en 2004 por el actual presidente de la República, Traian Basescu, propusieron a Iohannis para suceder en la jefatura del Gobierno a Emil Boc, el primer ministro y jefe del PD-L, el cual acababa de perder una moción de censura parlamentaria de resultas de la ruptura de la coalición que los socialdemócratas habían suscrito con los demoliberales tras las elecciones legislativas de 2008.

Iohannis, quien aceptó gustoso la oferta de postulación, aportaba como gran virtud una capacidad para tender puentes de diálogo sin el estilo marrullero y desconfiado que con tanta frecuencia podía observarse en la clase política rumana. Los sondeos indicaban a las claras que con "El Alemán" simpatizaba el grueso de los ciudadanos. Sin embargo, Basescu, que tenía la prerrogativa constitucional de designar al primer ministro con bastante discreción, optó por una elección puramente personal, la del economista independiente Lucian Croitoru, es decir, un tecnócrata sin caché político, luego susceptible de dejarse manipular por Basescu, aunque este aseguraba apostar por un Gabinete de unidad nacional.

El líder del PNL, Crin Antonescu, criticó duramente la decisión del jefe del Estado y afirmó que si en las elecciones presidenciales de noviembre el vencedor fuera él (las urnas iban a sonreír de nuevo a Basescu), lo primero que haría tras tomar posesión sería nombrar primer ministro a Iohannis. Lo que sucedió a continuación fue que Croitoru no obtuvo la confianza del Parlamento (igual suerte corrió un designado presidencial alternativo, Liviu Negoita), y que Boc pudo seguir gobernando con el fichaje de ministros de la UDMR. Finalmente, Iohannis no fue primer ministro de Rumanía, pero tras esta experiencia su mirada se redirigió a la Presidencia de la República.

En 2012 el político de etnia sajona fue un testigo silencioso de la gran crisis política que se instaló en Rumanía, sucesivamente convulsionada por la caída del Gobierno Boc bajo la presión de la calle, airada por sus dolorosos recortes anticrisis, el colapso también, vía moción de censura, de su efímero sucesor, el Gabinete de Mihai Razvan Ungureanu, y la subida al poder de la alianza del PSD y el PNL, la Unión Social Liberal (USL), cuyo colíder y nuevo primer ministro, el socialdemócrata Victor Ponta, se dedicó a socavar el fundamento democrático de la separación de poderes y a guerrear sin cuartel contra Basescu, al que intentó defenestrar, infructuosamente, mediante un procedimiento de destitución parlamentaria. El turbulento 2012 terminó con el triunfo apabullante de la USL en las elecciones legislativas.

Al comenzar 2013, los estrechos vínculos cultivados con el PNL desde hacía años cristalizaron con el cambio de militancia política del alcalde. El 20 de febrero, en respuesta a una invitación personal de Antonescu, Iohannis firmó como miembro del PNL. De inmediato, los liberales, en su Congreso extraordinario, le confirieron el puesto de vicepresidente primero del partido en lugar de Ludovic Orban, un dirigente conocido por sus declaraciones provocadoras, sus salidas de tono sexistas y su animadversión manifiesta hacia las principales figuras del PD-L y el PSD, es decir, la antítesis del estilo calmado y respetuoso de Iohannis. Por otro lado, la despedida de Iohannis del FDGR, su única familia política en los últimos 23 años, se produjo de manera amistosa y con muestras de gratitud de sus paisanos y colegas, que el 5 de marzo nombraron a Paul-Jürgen Porr nuevo presidente de la organización.

El liderazgo político de Iohannis cobró más relieve en enero de 2014 cuando Ponta le designó para cubrir la baja ministerial de su conmilitión liberal Radu Stroe, dimitido al frente del departamento de Interior por la negligente operación de rescate de los pasajeros de un avión accidentado. Entonces, la cúpula del PNL exigió que Iohannis obtuviera además el rango de viceprimer ministro, para suplir en esa posición a Dan Chitoiu, el hasta ahora el ministro de Finanzas, quien había renunciado también, en su caso aduciendo motivos personales. Toda vez que Ponta no accedió al requerimiento de Antonescu, la designación de Iohannis como ministro del Interior se quedó en agua de borrajas; más aún, este encontronazo fue el detonante de la ruptura de la USL, que ya venía zozobrando desde el año anterior. A partir del 25 de febrero de 2014 Iohannis y sus colegas de formación se situaron fuera del oficialismo, el cual rehizo sus filas con la incorporación de la UDMR, y en la oposición parlamentaria al Gobierno Ponta.


3. Líder del PNL e inesperado ganador de las elecciones presidenciales frente al primer ministro Ponta

La voladura de la USL, la anterior disolución también, en noviembre de 2013, de su pacto particular con el pequeño Partido Conservador (PC, que permaneció fiel a Ponta), el cual se había denominado Alianza de Centro Derecha (ACD), y la escisión, prolongando una tradición de defecciones, del sector pro-PSD encabezado por el ex primer ministro (2004-2008) Calin Popescu-Tariceanu, quien luego articuló el Partido Liberal Reformador (PLR), dejaron en una situación comprometida al PNL y a su líder, Antonescu, despojado de paso de la presidencia del Senado.

Antonescu se resignó a ceder la presidencia del partido, aunque como antesala de su candidatura en las elecciones presidenciales de noviembre, de las que debía salir el sucesor de Basescu. El 2 de junio de 2014 Antonescu cesó oficialmente como líder del PNL y Iohannis, en tanto que vicepresidente primero, asumió el cargo de manera interina, hasta un Congreso extraordinario que tendría lugar los días 28 y 29 del mismo mes. De cara a este cónclave, Iohannis se postuló tanto como presidente titular de la agrupación y como su candidato presidencial. En la primera apuesta, encontró como contrincante a Ioan Ghise, antiguo alcalde de Brasov, mientras que en la segunda, luego de haber asegurado que cambiaba de idea y que ya no aspiraba al cargo, a Antonescu.

El 28 de junio el alcalde de Sibiu fue elegido presidente del PNL con 1.334 de los 1.519 votos efectuados en el Congreso; solo 144 delegados se decantaron por Ghise. Pese a tamaño volumen de adhesión a Iohannis, la nominación del candidato presidencial del PNL no fue dirimida por el momento. A cambio, los liberales dieron luz verde a dos importantes mudanzas estratégicas: su ingreso en el Partido Popular Europeo (PPE), dejando de pertenecer por tanto a la Alianza de los Demócratas y Liberales por Europa (ADLE), y su aproximación, con vistas a una futura fusión orgánica, al PD-L, con el que ya habían estado coaligados en 2003-2007, dirigido desde 2012 por Vasile Blaga.

En el Congreso del PNL, Iohannis pronunció un discurso de corte electoralista en el que proclamó la necesidad de dar a Rumanía "una década liberal" que sería para el país "un período de consolidación del imperio de la ley y la prosperidad económica", hasta alcanzar "el nivel de otros estados europeos". Este programa hacía inviable, puntualizó el dirigente, cualquier acuerdo de coalición con el PSD.

El nuevo líder del PNL, un partido histórico fundado en 1875, prohibido por los comunistas en 1947 y renacido en 1990, comunicó a las claras sus ambiciones políticas, que eran de lo más exigentes: él pretendía ser el presidente de la República por dos períodos consecutivos, hasta 2024, lo máximo que permitía la Constitución, y quería que su formación gobernara el país desde 2016 como muy tarde y al menos por dos legislaturas completas, es decir, hasta 2024 también. Su visión del jefe del Estado era la de una persona "equidistante" y "mediadora", un presidente que fuera "garante del correcto funcionamiento de las instituciones" y a la vez un "modelo de comportamiento público". También, un presidente que fuera "promotor de la asociación estratégica con Estados Unidos, que comprenda el papel de Rumanía en la OTAN, que quiera poner una voz fuerte y sana en el seno de la UE, un presidente preocupado por solidarizarse con la [vecina y rumanófona] República de Moldova y con los rumanos expatriados".

Sin sorpresas, Iohannis se hizo con la candidatura presidencial del PNL en una votación interna el 21 de julio. La elección correspondió a la Delegación Permanente, que se decantó por su presidente por 111 votos frente a los 55 reunidos por Antonescu. Al día siguiente, el PNL y el PD-L presentaron la Alianza Cristiana Liberal (ACL), con Iohannis y Blaga de copresidentes. La candidatura presidencial de Iohannis por la ACL fue proclamada el 11 de agosto, imponiéndose sin dificultad a la fórmula del otro precandidato, Catalin Predoiu, miembro del PD-L y quien fuera primer ministro interino por unos días en febrero de 2012, cuando la caída de Emil Boc. Una tercera agrupación, la Fuerza Cívica (FC), partido de corte democristiano liderado por el ex primer ministro Ungureanu y que precisamente ahora fue absorbido por el PD-L, pidió también el voto para el alcalde de Sibiu.

El pretendiente liberal lanzó su campaña electoral a remolque del gran favorito, el primer ministro Ponta, quien contaba con las ventajas de su experiencia en la política de altos vuelos, el soporte de la maquinaria del PSD, los recursos del Gobierno y, pese a su censurado proceder durante la crisis institucional de 2012, un balance económico positivo, pues el país crecía con más vigor que la mayoría de los socios europeos, el paro oficial era muy bajo (la tasa estaba estabilizada en el 7%), el déficit público estaba en franco retroceso (ya era inferior al 3% del PIB) y los trabajadores habían visto remontar al alza sus salarios.

Para contrarrestar el discurso triunfalista de Ponta, Iohannis, sin apartarse un milímetro de sus formas mesuradas y serias pero capaz de transmitir mensajes contundentes con pocas palabras, puso énfasis en la descentralización administrativa y regional, la lucha contra la corrupción, la moralización de la vida pública, el respeto estricto al principio constitucional de la separación de poderes y el arraigo de las buenas prácticas del Estado de derecho. Hasta que no se hicieran avances resolutivos en las reformas administrativas y judiciales en curso, Rumanía seguiría estando fiscalizada por el mecanismo de cooperación y verificación de la Comisión Europea, el cual, por ejemplo, había dado pie en julio de 2012 al severo rapapolvo de Bruselas al Gobierno de Bucarest por sus intentos de controlar la judicatura.

El postulante opositor no dejó, tampoco, de pasar revista a sus logros en la transformación de Sibiu, imaginado escaparate urbano de lo que podría llegar a ser la rezagada Rumanía si el país tuviera unos gobernantes más identificados con la ética, el rigor y la eficacia. Iohannis exponía este punto en su web de campaña con claridad meridiana: "Para mí, Sibiu es un universo a pequeña escala, un espejo de lo que quiero para Rumanía. Es una ciudad limpia, próspera y atractiva, el ejemplo palpable y la prueba de lo que se puede". Otras de sus propuestas, a pesar de que esto no entraba en la esfera de competencias del presidente de la Republica, centradas en las áreas de política exterior, seguridad y defensa, eran una bajada de los impuestos y un aumento de las inversiones públicas en educación y sanidad. Como lema de su campaña, el candidato, que mostró con orgullo una carta de la canciller Angela Merkel deseándole la victoria, escogió Rumania, trabajo bien hecho (Romania, lucrului bine facut).

El 2 de noviembre Iohannis, con el 30,4% de los sufragios, consiguió pasar a la segunda vuelta junto con Ponta, primero con el 40,4% de los votos. El opositor se puso en cabeza en casi todos los condados de las regiones carpáticas de Transilvania, Crisana, Maramures y el Banato, aunque en Harghita y Covasna, donde los húngaros étnicos constituían la gran mayoría de la población, el más votado fue el candidato y líder de la UDMR, Hunor Kelemen. En Sibiu, el porcentaje sacado por Iohannis rozó el 70%. En cambio, en Valaquia, Moldavia, Bucovina y Dobruja Ponta se impuso sin excepciones.

La primera vuelta de las presidenciales dejó en la estacada a 13 aspirantes. Los más destacados eran: el ex primer ministro Tariceanu, que concurría como independiente aunque "apoyado" por su flamante partido, el PLR, y quien se apresuró a respaldar a Ponta frente a Iohannis; Elena Udrea, política muy próxima a Basescu y candidata conjunta del Partido del Movimiento Popular (PMP) y el Partido Nacional Campesino-Cristiano Demócrata (PNTCD); la antigua ministra de Justicia e independiente Monica Macovei; el excéntrico y populista multimillonario Dan Diaconescu, por su Partido Popular; el magiar Hunor Kelemen; y el veterano y trasnochado caudillo de la extrema derecha rumana, Corneliu Vadim Tudor.

Según los observadores, en el desenlace de la segunda vuelta, que de acuerdo con los sondeos seguía teniendo a Ponta de favorito, debía jugar un papel fundamental el voto de los más de cuatro millones de ciudadanos residentes en el extranjero, fundamentalmente en los países de la UE, con Italia y España a la cabeza, aunque también había comunidades de emigrantes numerosas en Estados Unidos, Israel y Ucrania. Las orientaciones electorales de la nutrida diáspora rumana se estimaban mucho más favorables a Iohannis, pero esta circunstancia podría no tener incidencia en el resultado de la segunda vuelta si se repetía el desbarajuste organizativo de los colegios electorales en las embajadas y consulados de Rumanía durante la primera vuelta, situación que había provocado enormes colas e imposibilitado el ejercicio del derecho al voto a cientos de miles de expatriados. Este escándalo, que enfureció a la opinión pública, costó su puesto al ministro de Exteriores, Titus Corlatean, y dañó sin duda las perspectivas de Ponta.

El 16 de noviembre, al final, saltó la sorpresa, sorpresa disminuida, empero, desde que se conoció la envergadura del caos del proceso electoral en el extranjero: alcanzada una participación del 64,1%, cota sin precedentes desde las elecciones de 1996, Iohannis se convirtió en presidente electo con el 54,4% de los votos. Ponta, que durante la campaña se había dedicado a zaherir a su adversario poniendo en solfa su patriotismo y su propia rumanidad, tuvo una reacción de deportividad. En la jornada siguiente, el PNL y el PD-L aprovecharon la euforia desatada en sus filas para rematar el proceso de fusión que tenían entre manos: el partido resultante, que suponía el primer verdadero gran polo del centro-derecha rumano, más cohesionado que la Convención Democrática de Rumanía (CDR) existente entre 1991 y 2000 bajo el impulso del ex presidente Emil Constantinescu, conservó el nombre de PNL.

Iohannis tomó posesión de la Presidencia, con un mandato inicial de cinco años, ante el pleno bicameral del Parlamento rumano el 21 de diciembre de 2014, días después de despedirse de la alcaldía de Sibiu tras 14 años de ejercicio y de cesar también, el 18, por prescripción constitucional, como presidente del nuevo PNL, donde con su beneplácito tomó las riendas la diputada Alina Gorghiu. Entre tanto, el derrotado Ponta, cuyo personal diplomático continuaba en la picota porque el voto de los rumanos en el exterior había vuelto a plantear multitud de problemas, hasta el punto de que el oficialismo era acusado de haberlos creado deliberadamente para perjudicar el previsible caudal de papeletas dirigidas a Iohannis, se veía obligado a constituir un nuevo Gabinete, el cuarto desde su llegada al poder en 2012 y también cuatripartito y mayoritario, donde el hueco dejado por la UDMR fue cubierto por el PLR.

En su discurso inaugural ante los diputados y senadores, Iohannis reiteró su consigna cardinal, que la lucha del Estado contra la corrupción debía proseguir hasta la extirpación de la patología, y que era hora de dar un gran impulso a la nación: "Rumanía no puede ser por más tiempo el país de las grandes esperanzas y los magros resultados, el país del tiempo dilapidado y las oportunidades perdidas".

Los comentaristas de la política rumana han destacado el hecho de que Iohannis sea el primer presidente rumano perteneciente a una minoría etno-lingüística y el cuarto de origen alemán del centro y el este de Europa (excepciones hechas, lógicamente, de Alemania y Austria) desde la desaparición del bloque soviético, siendo los anteriores el eslovaco Rudolf Schuster (1999-2004) y los húngaros Ferenc Mádl (2000-2005) y Pál Schmitt (2010-2012). Sin salir de Rumanía, resulta paradójico, aunque solo hasta cierto punto, considerando los históricos recelos instalados en las relaciones entre húngaros y rumanos, que dicho registro no haya correspondido a un magiar, pues en el país viven 1,2 millones de húngaros étnicos, el 6,5% de la población, es decir, una comunidad que es 33 veces mayor que la alemana.

(Cobertura informativa hasta 21/12/2014)

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