Sergio Mattarella

© UN Photo/Eskinder Debebe

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Actualización: 5 julio 2017

Italia

Presidente de la República (2015-)

  • Mandato: 3 febrero 2015 - En ejercicio
  • Nacimiento: Palermo, región de Sicilia, 23 julio 1941
  • Partido político: sin filiación (anteriormente, del Partido Democrático, PD)
  • Profesión: Abogado, profesor de Derecho y juez
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Presentación

Sergio Mattarella, antiguo responsable político de posiciones centro-reformistas y últimamente magistrado del Tribunal Constitucional, fue elegido presidente de la República Italiana el 31 de enero de 2015 a instancias del Gobierno de Matteo Renzi y en sucesión de Giorgio Napolitano. Mattarella, retratado como un servidor público sobrio, íntegro y sin afanes de protagonismo, militó en cuatro partidos (la Democracia Cristiana, el PPI, La Margarita y el PD de Renzi) antes de convertirse en independiente y fue otras tantas veces ministro entre 1987 y 2001, primero en los años postreros del Pentapartito andreottiano y luego en los gobiernos centro-izquierdistas de El Olivo. En el perfil del estadista siciliano tres rasgos destacan: su intenso compromiso en la lucha contra la Mafia, de cuya capacidad para corromper la política republicana tiene un preciso conocimiento, a raíz del asesinato de su hermano en 1980 por la Cosa Nostra; su condición de jurista puntilloso con el respeto a la legalidad; y su pésima opinión de Silvio Berlusconi.

En su discurso inaugural, el nuevo presidente, con un mandato de siete años, ya ha dejado claro que respalda el ambicioso programa de reformas políticas del primer ministro Renzi y ha recordado sus roles institucionales de representante de la unidad nacional y garante de la Carta Magna, texto que afronta este año enmiendas en profundidad. Tras la actuación arbitral y tutelar del prestigiado Napolitano, quien fue mucho más que un presidente protocolario en la accidentada vida parlamentaria, Mattarella podría dejar también un sello propio en el Quirinal, empleando sus limitadas prerrogativas como un factor dinamizador de la política en Italia.


(Texto actualizado hasta febrero 2015)

Biografía

1. Un democristiano siciliano enfrentado a la Mafia
2. Ministro en los gobiernos de El Olivo y miembro del PD
3. Candidato del primer ministro Renzi para presidir la República Italiana


1. Un democristiano siciliano enfrentado a la Mafia

El duodécimo presidente de la República Italiana, proclamada en 1948 cuando el futuro estadista tenía seis años, nació en el hogar palermitano formado por Bernardo Mattarella (1905-1971), un jurisperito católico y antifascista que figuró entre los fundadores de la Democracia Cristiana (DC) junto con Alcide De Gasperi en vísperas del desembarco aliado en Sicilia en 1943. Mientras su padre se abría camino en la política nacional de la Italia de la posguerra, donde llegó a ocupar diversas carteras ministeriales hasta la década de los sesenta, el joven Sergio, al igual que su hermano mayor, Piersanti, estuvo activo en la asociación de seglares Azione Cattolica y cursó la educación secundaria en Roma, en el liceo clásico San Leone Magno, regido por los maristas. Posteriormente realizó la carrera de Jurisprudencia en la Universidad La Sapienza y tras licenciarse ejerció una temporada la abogacía. Finalmente consiguió una plaza en la plantilla docente de la Universidad de Palermo, donde dio clases de Derecho Público y Derecho Constitucional.

Aunque militante de la DC, donde estaba adscrito a la corriente progresista de Aldo Moro, valedora del Compromiso Histórico con el PCI de Enrique Berlinguer, Mattarella no parecía inclinado a seguir los pasos de su padre y su hermano para labrar la tercera carrera política en la familia. Tal vez habría seguido siendo por muchos años un plácido profesor de universidad con apellido famoso de no haberle golpeado la tragedia del asesinato de Piersanti en Palermo en enero de 1980, cuando llevaba dos años como presidente de la Región de Sicilia. El magnicidio, al principio atribuido al terrorismo neofascista, fue cometido por pistoleros de la Mafia, para la que el mayor de los Mattarella, considerado por la opinión pública un político valiente y honesto, suponía una seria molestia, si no una amenaza, por sus denodados esfuerzos para acabar con la maraña de complicidades entre la todopoderosa organización criminal y muchos cuadros democristianos locales. Esta conchabanza clandestina se remontaba a la creación de la DC y en la inmediata posguerra había resultado muy útil para la represión del Partido Comunista.

Piersanti había emprendido una cruzada de regeneración moral de los democristianos sicilianos, celo que en parte obedecía a su deseo de limpiar el buen nombre de su padre, quien en vida había sido objeto de graves acusaciones de tener tratos inconfesables con la Cosa Nostra e incluso de ser él mismo un capo mafioso. Aunque Bernardo Mattarella había sido exculpado de cualquier conducta ilícita por los tribunales, las sospechas de su implicación en las actividades delictivas de la Mafia seguían muy vigentes en la isla.

Aleccionado por la empresa ética de su hermano y decidido a preservar su memoria así como la honorabilidad de su padre, Mattarella, que hubo de vencer, siendo un hombre de carácter reservado, su escasa querencia por la exposición pública, se involucró a fondo en las actividades internas de la DC, donde empezó integrando el comité disciplinario que expulsó a los militantes captados por la logia masónica P2. En los tres años siguientes, compaginó los nuevos compromisos políticos y la impartición de clases en la Universidad de Palermo. Su proximidad al nuevo secretario de los democristianos, Ciriaco De Mita, quien apreciaba sus inquietudes reformistas y su intensa preocupación por la presencia de conmilitones en los ambientes mafiosos, rasgos personales, por cierto, mal casados con el conservadurismo y las turbiedades del sector andreottiano, permitió a Mattarella ser incluido en la lista de candidatos a la Cámara de Diputados por la circunscripción de Palermo-Trapani-Agrigento-Caltanissetta en las elecciones generales de 1983.

Una vez convertido en parlamentario en Roma, Mattarella, en calidad de comisionado del partido, acentuó su colaboración con De Mita para la renovación de la política democristiana en Sicilia, lo que pasaba por purgar a caciques de la DC de la talla de Salvo Lima y Vito Ciancimino, lugartenientes de Giulio Andreotti y señalados por todo el mundo como verdaderos testaferros de la Cosa Nostra. Elemento clave de esta campaña de "limpieza" política fue la promoción al cargo de alcalde de Palermo en 1985 de Leoluca Orlando, al igual que el diputado comisionado un abogado del ala izquierda de la DC y duro fustigador de la Mafia, quien además había sido consejero del malogrado Piersanti Mattarella.

En julio de 1987, tras ser reelegido en los comicios de junio, Mattarella debutó en el Gobierno italiano, a las órdenes del presidente del Consejo y compañero del partido Giovanni Goria, como ministro de Relaciones con el Parlamento. A la dimisión de Goria en 1988 continuó en el puesto bajo el nuevo primer ministro, su amigo De Mita. En julio de 1989 Mattarella pasó al frente del Ministerio de Instrucción Pública en el sexto Gobierno Andreotti. Transcurrido un año, el ministro presentó la dimisión en protesta por la aprobación, a instancias de los grupos parlamentarios socialista y republicano, de la llamada Ley Mammì, norma reguladora del sector audiovisual que concedía tres canales de televisión a Mediaset, el emporio mediático de Silvio Berlusconi, el cual consagró así su monopolio de hecho de la cuota privada del mercado televisivo, teniendo como única competencia a la RAI, es decir, el Estado.

En los ocho años siguientes, Mattarella estuvo fuera del Ejecutivo italiano, pero siguió muy activo en las políticas partidista y parlamentaria. Durante un bienio fue vicesecretario de una DC en crisis terminal a causa de Tangentopoli, el descomunal escándalo de corrupción que terminó por hundir las viejas siglas y a muchos nombres famosos de la clase política italiana, y desde noviembre de 1992 dirigió el periódico oficial del partido, Il Popolo. Tras el referéndum de abril de 1993 que dio luz verde a la reforma electoral, el diputado siciliano fue el principal redactor de la ley que introdujo el sistema mixto, mayoritario en un 75% y proporcional en la asignación del 25% de escaños restante, para los comicios a las dos cámaras del Parlamento. La norma, que iba a regir las elecciones generales de 1994, 1996 y 2001, es decir, desde la Legislatura XII a la Legislatura XIV, pasó a la historia del derecho político italiano como la Ley Mattarella o Mattarellum, en expresión acuñada por el politólogo Giovanni Sartori.

La avalancha de citaciones y procesos judiciales de la operación Mani pulite, desatada por los jueces anticorrupción contra Tangentopoli, no esquivó a Mattarella, que en este convulso 1993 fue uno de los muchísimo políticos en activo, de diferentes partidos, que recibió el ominoso avviso, o notificación de apertura de investigación preliminar, en su caso tras haberle involucrado un constructor en una presunta trama de sobornos y licitaciones fraudulentas de obras. Mientras aguardaba a que la justicia esclareciera su inocencia, como finalmente así fue, Mattarella renunció a sus puestos en la Dirección Nacional y el Consejo Nacional de la DC.


2. Ministro en los gobiernos de El Olivo y miembro del PD

Cuando la DC sucumbió a la implosión interna en enero de 1994, Mattarella figuró en el grupo de dirigentes democristianos del ala izquierda que, liderados por Mino Martinazzoli, último secretario de la difunta formación, puso en marcha el Partido Popular Italiano (PPI), en tanto que los sectores conservadores, animados por Pier Ferdinando Casini, constituyeron el Centro Cristiano Democrático (CCD). Con el PPI, el profesor ganó sus reelecciones tercera y cuarta en la Cámara de Diputados, pero entre medio entró en conflicto con el sucesor de Martinazzoli en el liderazgo de los populares, Rocco Buttiglione, por la intención de este de maridar al PPI en una alianza de derechas con el partido Forza Italia de Berlusconi. De nuevo, se manifestó la hostilidad de Mattarella al polémico magnate de la comunicación, ahora metido a político. En señal de repudio, dimitió como director de Il Popolo, si bien meses después, en julio de 1995, la pugna se solventó con la escisión de Buttiglione y su facción, que se organizaron como Cristianos Demócratas Unidos (CDU).

Lo que quedó del PPI, que era el sector mayoritario, con Gerardo Bianco de secretario, apostó por la candidatura a primer ministro de Romano Prodi, convertido en el candidato unitario de El Olivo, nueva coalición del centro-izquierda que vinculaba a los populares con los ex comunistas del PDS. Mattarella apoyó con entusiasmo esta empresa electoral, coronada con éxito en las votaciones de abril de 1996. Prodi conquistó el Gobierno y él siguió en la Cámara baja como el cabeza del grupo parlamentario de Demócratas y Populares, así miembro de la comisión parlamentaria para la reforma constitucional de 1997.

Fue Massimo D'Alema, el secretario nacional de los Demócratas de Izquierda (DS, ex PDS) y reemplazo del dimitido Prodi en octubre de 1998, quien trajo a Mattarella de vuelta al Gobierno tras un largo paréntesis nombrándole vicepresidente del Consejo. Relevando en el puesto a Walter Veltroni, quien salía del Ejecutivo para sustituir a D'Alema en el mando orgánico de los DS, Mattarella no se hizo cargo de ninguna área ministerial en concreto, aunque sí adquirió competencias sobre los servicios secretos. Al formar D'Alema su segundo Gabinete de amplia coalición centroizquierdista el 22 de diciembre de 1999, Mattarella vio perfilada su posición en el Gobierno como el sucesor de Carlo Scognamiglio en el Ministerio de Defensa, donde permaneció tras el relevo de D'Alema por el socialista independiente Giuliano Amato en abril de 2000.

En el año y medio que fungió como ministro de Defensa, Mattarella dirigió la participación del Ejército italiano en la misión de ocupación de Kosovo, la KFOR, por las tropas de la OTAN y ejecutó la nueva legislación para la supresión gradual del servicio militar obligatorio. Cuando en junio de 2001 el centro-derecha de Berlusconi retornó al Gobierno como resultado de las votaciones generales de mayo, Mattarella era un recién electo diputado, esta vez por el Trentino-Alto Adigio y del grupo de La Margartita, coalición centrista que incorporaba, además del PPI, desde 1999 liderado por Pier Luigi Castagnetti y antes de él por Franco Marini, a la Renovación Italiana (RI) del ex primer ministro Lamberto Dini, a la Unión de Demócratas por Europa (UDEUR) de Clemente Mastella y a Los Demócratas prodistas.

Salvo la UDEUR, los integrantes de La Margarita, que en las pasadas elecciones habían presentado como cabeza de lista a Francesco Rutelli, a su vez aspirante a primer ministro de El Olivo, dieron el paso de fusionarse en un partido unitario, llamado Democracia es Libertad-La Margarita (DL-La Margherita), el cual inició su andadura en marzo de 2002. Mattarella fue reelegido en la Cámara de Diputados por sexta y última vez, y de nuevo en representación de Sicilia, en abril de 2006, comicios que trajeron de regreso al Ejecutivo a los partidos del reconstituido Olivo. Al iniciarse la XV Legislatura, Mattarella se mantuvo al margen del Gobierno y su único cometido relevante fue presidir la Comisión Judicial de Servicios del hemiciclo. Desde octubre de 2007 pasó a ser militante del Partido Democrático (PD), fuerza mayoritaria del centro-izquierda italiano, entonces columna vertebral del segundo Gobierno Prodi y con Veltroni de secretario nacional, surgida de la fusión de los DS y DL-La Margherita.

Con 66 años, el veterano representante político y experto constitucionalista ya no se presentó a las elecciones del 13 y el 14 de abril de 2008, anticipadas por la caída del Gobierno Prodi al perder una moción de confianza en el Senado. Ni El Olivo ni La Unión, la vasta coalición del centro-izquierda ganadora en 2006, llegaron con vida a las votaciones de 2008, que reinstalaron en el Gobierno al centro-derecha de Berlusconi. A finales de abril, al constituirse el nuevo Parlamento, Mattarella cesó en su escaño y al año siguiente se dio de baja también en el PD.


3. Candidato del primer ministro Renzi para presidir la República Italiana

Su adiós en 2009 a la política activa, en la que ya llevaba ocho años, desde que cesó como ministro de Defensa, relegado a un discreto segundo plano, dejó a Mattarella listo para convertirse en magistrado del Tribunal Constitucional, puesto emérito, muy adecuado a su perfil de jurista sobrio y puntilloso con el cumplimiento estricto de las leyes, que el Parlamento le confió el 5 de octubre de 2011. El acceso de Mattarella a la alta judicatura del Estado coincidió con la sumersión de Italia en una crisis económica y política de amplios vuelos.

Entre noviembre de 2011 y febrero de 2014, un trienio pródigo en rupturas, marasmos y empresas políticas frustradas, la república cisalpina iba a conocer sucesivamente la dramática caída del Gobierno Berlusconi, su sustitución por el equipo técnico de Mario Monti, unas elecciones generales (en febrero de 2013) que fueron ganadas pírricamente por el PD, el doble fracaso del líder demócrata Pier Luigi Bersani en su intento de encabezar el Gobierno y de colocar a Prodi en la jefatura del Estado, la fractura y ocaso del berlusconismo, y el efímero Gabinete demócrata de Enrico Letta, descabalgado con menos de un año de vida por el propio PD. En febrero de 2014 el nuevo secretario del partido, Matteo Renzi, adalid de un ambicioso programa de reformas, fue investido primer ministro.

Por otro lado, en marzo de 2012 Mattarella enviudó de Marisa Chiazzese, madre de sus tres hijos, Laura, Francesco y Bernardo Giorgio, así como hermana de la esposa de su difunto hermano Piersanti, de manera que los cuatro cónyuges habían sido concuñados. La parálisis parlamentaria de 2013, cuando muchos diputados demócratas se negaron a apoyar a Prodi y luego fue imposible encontrar a otro candidato válido, forzó la renovación del mandato en la Presidencia de la República del veteranísimo Giorgio Napolitano, antiguo dirigente del PCI y luego del PDS/DS, al que el Parlamento había elegido en 2006 por el período constitucional de siete años.

Entonces, Napolitano, camino de la novena década de vida y prestigiado por su actuación clave a la hora de encauzar las sucesivas crisis de gobernabilidad que sacudían Italia, aceptó el ruego de los principales grupos parlamentarios para que siguiera en el Quirinal, pero dando a entender que no tenía intención, aun permitiéndoselo su avanzada edad y su salud, de terminar este segundo septenio. El 14 de enero de 2015, confirmando los rumores aventados por la prensa en noviembre del año anterior, Napolitano anunció su dimisión con carácter inmediato. De manera interina, la jefatura del Estado en funciones recayó en el presidente del Senado, Pietro Grasso, del PD.

El procedimiento institucional para la elección del nuevo jefe el Estado se activó al punto, si bien el proceso electoral estuvo envuelto de intrigas y confusión. De acuerdo con la Carta Magna, el colegio electoral especial formado por los 630 diputados, los 321 senadores y un colectivo de 58 representantes de las regiones, hasta sumar los 1.009 "grandes electores", disponía de tres oportunidades para elegir al presidente por mayoría de dos tercios, es decir, como mínimo 673 votos; a partir del cuarto intento, bastaba con la mayoría absoluta, 505 votos. Renzi, en lo que contó con el respaldo unánime del PD y de otro de los cuatro partidos que integraban su Gabinete de coalición, Elección Cívica (SC, centristas liberales ligados a Monti), destapó la candidatura de Mattarella, al que elogió como "un hombre de instituciones y de legalidad", escasas horas antes de celebrarse el primer intento electoral el 29 de enero.

Sin embargo, con el fin de asegurar la elección del aspirante oficialista, el primer ministro se decantó por una estrategia un tanto extravagante pero perfectamente legal: el PD votaría en blanco en las tres primeras tentativas, lo que forzaría su resultado inconcluso, y solo presentaría a Mattarella y votaría por él en la cuarta ronda. Los dos socios gubernamentales escorados a la derecha, el Nuevo Centro Derecha (NCD) del ministro del Interior Angelino Alfano (el antiguo número dos de Berlusconi en su Pueblo de la Libertad) y la Unión de Centro (UdC) de Lorenzo Cesa, que formaban la llamada Área Popular, anunciaron, junto con la Forza Italia de Berlusconi, que su opción era la del ex ministro Antonio Martino

Así las cosas, las tres votaciones consecutivas del 29 y el 30 de enero no pasaron de ser meros trámites a la espera de la ronda que valía. Obtuvieron al menos un voto varias decenas de candidatos que en su gran mayoría no eran tales sino meras preferencias particulares de uno o más electores, algunos de ellos nombres tan conocidos como Prodi, Bersani, Emma Bonino, Pier Ferdinando Casini o Franco Frattini. Ninguno de los votados se acercó ni de lejos a la mayoría de los dos tercios. El más votado en las tres rondas fue el candidato del opositor Movimiento Cinco Estrellas (M5S) de Beppe Grillo, Ferdinando Imposimato, quien no pasó de 126 apoyos en la tercera votación. El 31 de enero tuvo lugar la cuarta votación y esta vez concurrió Mattarella, quien resultó elegido con 665 votos, entre ellos los de todos los parlamentarios del PD, la SC, el Área Popular y el partido Izquierda, Ecología y Libertad (SEL). Por detrás quedaron Imposimato con 127 votos, Vittorio Feltri (46) y Stefano Rodotà (17). Hubo 105 electores, de Forza Italia, que votaron en blanco.

El 3 de febrero el presidente electo tomó posesión de su despacho en el Palacio del Quirinal con mandato hasta 2022. En su discurso posterior a la jura del cargo, el nuevo jefe del Estado recordó que su máximo cometido constitucional era representar la unidad nacional y expresó su preocupación por las "heridas", en forma de injusticias, pobreza, paro y excusión, que la larga crisis económica había infligido al tejido social de Italia, por lo que urgía recobrar la senda del crecimiento. Asimismo, abogó por la reforma política y de la Constitución (que precisamente el Gobierno Renzi tenía entre manos), texto del que él era garante, por priorizar la lucha del Estado contra la Mafia y la corrupción, y porque Europa enfrentara con "solidaridad" la "emergencia humanitaria", presentada en sus fronteras en forma de olas de refugiados, que causaban "las guerras, los atentados, las persecuciones políticas, étnicas y religiosas, la miseria y la carestía".

(Cobertura informativa hasta 10/2/2015)

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