Robert Habeck

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Actualización: 7 enero 2022

Alemania

Vicecanciller federal y ministro de Economía (2021-); copresidente de Los Verdes (2018-)

  • Mandato: 8 diciembre 2021 - En ejercicio
  • Nacimiento: Lübeck, Schleswig-Holstein, 2 septiembre 1969
  • Partido político: Bündnis 90/Die Grünen (Alianza 90/Los Verdes)
  • Profesión: Filósofo, escritor y traductor
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Biografía

El primer Gobierno Federal alemán de coalición semáforo entre socialdemócratas, verdes y liberales, constituido el 8 de diciembre de 2021, tiene como número dos a Robert Habeck, copresidente de la segunda colectividad. Desde los puestos de vicecanciller y superministro de Economía y Protección del Clima, Habeck toma como responsabilidad implementar el paquete de acción climática y transición energética, más ambicioso que el aprobado por la UE y que Los Verdes han consensuado con el SPD de Olaf Scholz, nuevo canciller (y a quien Habeck sucede en la Vicecancillería), y el FDP Christian Lindner, nuevo ministro de Finanzas.

En el Gabinete Scholz, Habeck, un intelectual perteneciente a una generación posterior a las luchas históricas de su movimiento, entusiasta del patriotismo constitucional de Habermas y que hizo de su estado, Schleswig-Holstein, el líder de las energías renovables en Alemania, comparte asiento con Annalena Baerbock, la otra copresidenta de Alianza 90/Los Verdes y su candidata a la Cancillería en las elecciones federales del 26 de septiembre, quien ahora porta la cartera de Exteriores. Los resultados electorales de la formación ecologista distaron de ser los esperados meses atrás, cuando Die Grünen, disparados en los sondeos, se ilusionaron con hacerles a socialdemócratas y democristianos un doble y espectacular adelantamiento que finalmente no se materializó; con todo, el 14.8% de los votos y los 118 diputados obtenidos suponen con creces su mejor marca en el Bundestag, donde dejan de ser sextos y recuperan la tercera posición disfrutada entre 1994 y 2005, y mejoran sustancialmente el peso que el partido tenía en la época en que estuvo liderado por Joschka Fischer, vicecanciller con el SPD en los gobiernos roji-verdes de 1998-2005.


(Texto actualizado hasta enero 2022)


ENTRE EL ECOLOGISMO Y LA LITERATURA
Robert Habeck nació en 1969 en la portuaria Lübeck y desde entonces, salvo ahora en que sus nuevas responsabilidades de gobierno le obligan a instarse en Berlín, ha vivido y trabajado casi siempre en Schleswig-Holstein, Land lindero con Dinamarca. Sustituyó el servicio militar por la prestación civil comunitaria y en 1991 empezó en la Universidad de Friburgo un grado de estudios superiores que incluía contenidos de Filosofía, Filología y Literatura Alemana. En 1996 obtuvo la licenciatura en Filosofía y Letras por la Universidad de Hamburgo y siguió estudiando allí hasta completar el Doctorado en 2000. Un curso lo realizó en el país vecino, en la Universidad de Roskilde, donde perfeccionó su conocimiento del idioma danés.

Su cualificación en Humanidades y su pasión por el lenguaje literario permitieron a Habeck establecerse profesionalmente como autor de libros para niños, novelista y traductor de poesía inglesa, prolífica actividad de escritor freelance que de manera habitual ha firmado conjuntamente con su esposa desde 1996, Andrea Paluch, madre de sus cuatro hijos. Posteriormente, en paralelo a su carrera política, Habeck publicó también una serie de libros de no ficción, los ensayos-manifiestos Patriotismus: Ein linkes Plädoyer (Patriotismo: Un alegato de izquierda, 2010), Wer wagt, beginnt: Die Politick und ich (Quien se atreve, comienza: La política y yo, 2016), Wer wir sein könnten: Warum unsere Demokratie eine offene und vielfältige Sprache braucht (Quiénes podríamos ser: Por qué nuestra democracia necesita un lenguaje abierto y diverso, 2018) y Von hier an anders: Eine politische Skizze (Diferente de aquí: Un bosquejo político, 2021).

En 2002, cuando Los Verdes de Fischer en el ámbito nacional y su capítulo estatal de Schleswig-Holstein, conducido por Karl-Martin Hentschel y Annemarie Lütkes, gobernaban en coalición con los socialdemócratas en Berlín y en Kiel, Habeck se hizo miembro del partido, en el cual no tardó en adquirir posiciones directivas, primero como responsable de la sección en el distrito de Schleswig-Flensburg. En 2004 el escritor alcanzó el mando de Los Verdes en el Land norteño, si bien no fue por el momento su cabeza de cartel electoral. En las votaciones regionales de 2005 este cometido recayó en Annemarie Lütkes, viceministra-presidenta del Gobierno rojo-verde mandado por la socialdemócrata Heide Simonis y que ahora, al constituirse el Gabinete de gran coalición entre la CDU y el SPD, perdió el puesto.

En 2008 Habeck pasó a encabezar a los concejales verdes de Schleswig-Flensburg y en 2009 cesó como presidente del partido en Schleswig-Holstein; a cambio, en octubre, asumió el liderazgo de la docena de diputados verdes en el Landtag de Kiel. Su primer mandato en esta asamblea legislativa fue en virtud de las elecciones estatales del 27 de septiembre de 2009, en las que Los Verdes, llevándole a él y a Monika Heinold de cabezas de lista, cosecharon sus mejores resultados hasta la fecha, el 12,4% de los votos. El tándem Habeck-Heinold volvió a liderar a Los Verdes en las estatales del 6 de mayo de 2012, saldadas para el partido con un avance suave en votos, hasta el 13,2%, pero con un retroceso en escaños, dos menos. A continuación, Habeck y Heinold se pusieron de acuerdo con el SPD para formar un Gabinete regional de coalición donde el primero debutaba como viceministro-presidente y ministro de Transición Energética, Medio Ambiente, Agricultura y Mundo Rural. Este Gobierno rojo-verde, instalado el 12 de junio de 2012 bajo la jefatura del socialdemócrata Torsten Albig, no sobrevivió a las elecciones del 7 de mayo de 2017, que para el SPD supusieron un revés y para los ecologistas, llevando a Heinold de principal abanderada, una repetición de sus anteriores resultados.

El desenlace fue la formación en Schleswig-Holstein el 28 de junio de 2017 de un Gobierno tripartito entre la CDU, Los Verdes y el FDP, con Habeck repitiendo como viceministro-presidente primero y ministro de Energía, Agricultura, Medio Ambiente, Naturaleza y Digital, esta vez a la diestra de un ministro-presidente cristianodemócrata, Daniel Günther. El estreno en Kiel de una coalición del tipo Jamaica (negro-verde-amarillo), cromatismo inusual en la política alemana y anteriormente solo probado en Sarre en el nivel de gobierno de los Länder, vino a confirmar el pragmatismo de Los Verdes en general y de Habeck en particular, bien dispuestos a hacer de bisagras y brindar gobernabilidad siempre que el socio mayoritario, ya sea del centro-izquierda o del centro-derecha, acceda a unas determinadas metas en la protección del medio ambiente y la lucha contra el calentamiento global.

Su exitoso impulso a la agricultura ecológica y la generación energética no carbónica, de manera que en 2014 Schleswig-Holstein llegó a ser el primer estado de la RFA en cubrir el 100% de su demanda eléctrica a partir de fuentes renovables (principalmente la eólica y con aportes menores de la solar y la biomasa), puso a Habeck en el radar de los observadores de la política germana y le catapultó al estrellato entre sus correligionarios. Su potencial como figura verde de dimensión nacional quedó bien perfilado ya en el ecuador de su primer ejercicio gubernamental en Kiel.

En 2016 Habeck disputó a Cem Özdemir, desde 2008 copresidente federal de Los Verdes junto con Claudia Roth y luego con Simone Peter, la candidatura masculina en la cabecera dual de lista, acompañando a Katrin Göring-Eckardt, para las elecciones al Bundestag de septiembre 2017. Por tan solo dos décimas de voto, el viceministro-presidente de Schleswig-Holstein fue derrotado en el proceso de primarias internas por Özdemir, quien luego encajó los paradójicos resultados electorales de Los Verdes: pese a ganar escaños, de 63 a 67, con el 8,9% de los votos, el partido fue desplazado del quinto al sexto puesto por la fuerte irrupción de la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD). Por los demás, aquellas elecciones federales depararon el cuarto Gobierno, tercero de Große Koalition CDU/CSU-SPD, de la canciller Angela Merkel. Antes de volver a entenderse con los socialdemócratas de Martin Schulz y Olaf Scholz, Merkel sondeó con Los Verdes y el FDP la posibilidad de formar una coalición Jamaica, inédita en el plano federal. Fue a través de unas conversaciones exploratorias en las que Habeck tomó parte y que acabaron naufragando por el rechazo tajante de los liberales a la reclamación de los ecologistas de que se clausuraran a corto plazo todas las centrales eléctricas de carbón que seguían funcionando en Alemania.

El encumbramiento de Habeck llegó el 27 de enero de 2018, la jornada en que la Asamblea Federal (Bundesversammlung) de Los Verdes, celebrada en Hannover con carácter extraordinario, le eligió copresidente del partido con el 83% de los votos y a la par que Annalena Baerbock, colega de la Ejecutiva Federal (Bundesvorstands) 11 años más joven que él y diputada del Bundestag por Brandeburgo. La nueva dirección bicéfala tomaba el relevo al tándem formado por Cem Özdemir y Simone Peter. En cumplimiento del régimen de incompatibilidades marcado por los Estatutos del partido, Habeck cesó como viceministro-presidente de Schleswig-Holstein el 6 de febrero, posición que recayó en Monika Heinold, y como ministro regional de Energía, Agricultura, Medio Ambiente, Naturaleza y Digital el 31 de agosto.

La briosa racha de avances electorales de Alianza 90/Los Verdes a lo largo de 2018 y 2019 puso a Habeck bajo foco redoblado de atención, hasta el punto de ser visto como un futuro canciller de Alemania. En las federales de 2017 el partido ya había recobrado el impulso perdido y con su nuevo liderazgo esta tendencia se aceleró en las distintas votaciones que siguieron. En particular las regionales bávaras de octubre de 2018 y las europeas de mayo de 2019, comicios estos últimos en los que Los Verdes, encabezados por Ska Keller, dieron la campanada con el 20,5% de los votos y le hicieron su particular sorpasso al SPD, convirtiéndose por primera vez en la segunda opción más votada a nivel nacional. La euforia llegó a su clímax en el ecuador de 2019, momento en que los sondeos federales daban cuenta de un virtual empate con la CDU/CSU en torno al 26-27%%. Para entonces, Die Grünen gobernaban en 11 de los 16 Länder, como socios menores de coalición salvo en Baden-Württemberg, su gran bastión; allí, el veterano Winfried Kretschmann, al igual que Habeck referido a veces por la prensa como "el nuevo Joschka Fischer", era ministro-presidente desde 2011.

En diciembre de 2019, Habeck, recién elegido copresidente con Baerbock por la Asamblea Federal partidaria de Bielefeld, hacía un balance animoso y pragmático del escenario político con la aseveración de que Los Verdes ya no eran meramente "la segunda línea de defensa", sino que su intención era convertirse "en los nuevos creadores del juego". Es decir, que aspiraban a relevar al desfallecido SPD, en su punto más bajo desde 1949, como socio potencial de la CDU en el Gobierno Federal, o incluso a mandar una hipotética coalición verde-roja-roja con la adición de Die Linke, esto es, la extrema izquierda. En cuanto al multimillonario paquete del Gobierno de Gran Coalición (klimaplan) para reducir las emisiones invernadero, el dirigente verde lo criticó por "poco ambicioso" y le contrapuso el diseñado por su grupo, que sí era "radicalmente realista". Previamente, en enero de 2019, Habeck comunicó que cerraba sus cuentas de Twitter y Facebook tras un incidente de robo de datos personales y porque había llegado a la conclusión de que comunicarse a través de las redes sociales le inducía a comportarse de manera "agresiva, ruidosa y polémica", cosas que él, un hombre amante de los libros y el sosiego, en absoluto era.


EL PROGRAMA ELECTORAL DE LOS VERDES
Por tirón personal y experiencia de gobierno, Habeck parecía el candidato idóneo de Los Verdes a la Cancillería en las elecciones federales de 2021. El partido se presentaba a las mismas con las más optimistas expectativas, convencido de poder seducir a muchos electores progresistas cansados de la era Merkel y el Gobierno de Gran Coalición, en especial los jóvenes. Ahora bien, tras su golpe de efecto de junio de 2019, cuando algunas encuestas les situaron por delante de la CDU/CSU, Los Verdes cayeron de manera notable, aunque no tanto como para volver a situarse terceros a la zaga del SPD, que seguía sin levantar cabeza. El diferencial con los cristianodemócratas se ensanchó mucho tras declararse la pandemia de la COVID-19 en febrero de 2020.

Finalmente, la cúpula verde se decantó por una candidatura única, no dual (la fórmula escogida para las elecciones de 2009, 2013 y 2017) a canciller, y que esa persona fuera Baerbock, quien a pesar de su menor experiencia política –ninguna ejecutiva, aunque sí bastante legislativa- aportaba la condición de género, tema básico para el partido. Las deliberaciones internas sobre este punto crucial transcurrieron sin peleas a la vista y Habeck, de cuya ambición de ser el próximo canciller de Alemania nadie dudaba, se avino, no sin algunas señales de decepción, a hacerse a un lado en favor de su compañera de Brandeburgo. Así, el 19 de abril de 2021 Baerbock fue anunciada como la candidata única a canciller por la Ejecutiva Federal de Los Verdes y el 12 de junio siguiente la 46ª Asamblea Federal del partido, celebrada en Berlín, la confirmó prácticamente por aclamación. A posteriori, Habeck le confesaría al diario Die Zeit hasta qué punto la selección de Baerbock, preferida por los compañeros, le había producido frustración: el día del anuncio de la candidatura de Baerbock fue de hecho "el día más doloroso en mi carrera política, o, digamos, el más duro", comentó.

La 46ª Asamblea aprobó también el programa electoral, con el que Los Verdes hacían hincapié en sus leitmotivs ambientalistas de siempre, bien conocidos por los electores pero que en los últimos tiempos hallaban un eco más favorable, en un público sensibilizado por las amenazas visibles del cambio climático y el calentamiento global antropogénico, y también menos afín a los partidos predominantes.

El eje fundamental del programa, expuesto en clave de emergencia, era la insatisfacción con la agenda federal para la transición energética y la neutralidad climática, cuyos plazos Los Verdes querían acortar drásticamente. Solo así, aseguraban, podría Alemania cumplir con las metas del Acuerdo de París de 2015, sobre mantener la subida de la temperatura media del planeta por debajo de los 2 °C por encima de los niveles preindustriales y limitar preferentemente ese incremento a los 1,5 °C. Un programa, añadían Habeck y sus colegas, que era coherente con el fallo dictado el 29 de abril de 2021 por el Tribunal Constitucional y que ordenaba actualizar en un sentido más exigente la Ley Federal de Protección del Clima (Bundes-Klimaschutzgesetz) adoptada por el Gobierno Merkel en 2019, al estimar que pecaba de poco ambiciosa y trasladaba a las generaciones futuras, es decir, los niños y los jóvenes del presente, la carga de los efectos perniciosos del cambio climático.

En lugar de poner fin a la generación eléctrica de carbón en 2038, tal como habían acordado la CDU/CSU y el SPD en 2019, Los Verdes defendían cerrar las últimas centrales de hulla y lignito en 2030, es decir, ocho años después de desconectarse el último reactor nuclear. La formación opositora apostaba por una "transformación socioecológica de la economía" que pasara por una "reestructuración" de la industria en aras de la protección del planeta y la salud de las personas, junto con la preservación de la "competitividad" y los puestos de trabajo. Claro que "crear prosperidad respetuosa con el clima" no sería posible, reconocían, sin un "pacto" con las empresas, que tenían derecho a los adecuados incentivos y ayudas. Alemania debía seguir produciendo acero, argüía Habeck, pero dentro de los requisitos de la neutralidad carbónica.

2030 era el año fetiche para Los Verdes, que lo ponían también como fecha tope para registrar vehículos contaminantes, momento de declarar "superfluo" el uso del avión para el transporte doméstico (para penalizar los vuelos de corta distancia, querían aplicar un impuesto al queroseno), año en que habría de duplicarse el transporte público con un empuje millonario de los trenes, los tranvías y los autobuses eléctricos, y horizonte para una reducción del 70% al menos de las emisiones de gases de efecto invernadero. Esto último, frente al 65% previsto por la segunda Ley Federal de Protección del Clima, cuya primera versión estipulaba el 55% de reducciones para 2030.

La siguiente fecha clave era 2035, año en que debería completarse la transición a la generación eléctrica de fuentes renovables, esto es, las energías solar y eólica. A fin de acelerar la reducción de las emisiones de dióxido de carbono en paralelo a la "expansión masiva" de las renovables, los de Habeck y Baerbock, entre otras medidas penalizadoras, querían limitar a 130 km/h la velocidad de circulación en las autopistas y aumentar la tarifa de recargo por tonelada del gas a los 60 euros en 2023 -frente al actual esquema federal de alzas graduales a 25-55 euros de aquí hasta 2025-, con la consiguiente repercusión en el precio de los carburantes para transporte y calefacción. El manifiesto electoral proclamaba el deseo de alcanzar la descarbonización y la neutralidad climática de Alemania aproximadamente en 2041, cuatro años antes de lo contemplado por la Bundes-Klimaschutzgesetz cuya primera versión, luego criticada por el Tribunal Constitucional, se decantaba por el año 2050, en la línea del plan de actuación de la Unión Europea. Para Habeck, descarbonizar el país en solo 18 años era una tarea "hercúlea".

Los Verdes barajaban inversiones públicas anuales de 50.000 millones de euros. Una parte importante se gastaría en tejados solares (a instalar en todos los edificios posibles, obligatoriamente en las nuevas construcciones independientemente de su funcionalidad, de manera que se convirtieran en un "estándar"), aerogeneradores (reservando el 2% de la superficie terrestre a esa actividad), ferrocarriles, Internet de banda ancha y otra tecnología digital. Para financiar estos compromisos, propugnaban elevar los tipos máximos del impuesto sobre la rentas superiores a los 100.000 euros, recuperar el impuesto al patrimonio y endurecer los gravámenes a las ganancias de capital y los gigantes de Internet. En suma, más presión fiscal directa para quienes más ganaran. Otros puntos del programa verde eran elevar el salario mínimo a los 12 euros la hora, sustituir el Hartz IV adoptado por el Gobierno de Gerhard Schröder por otro subsidio de desempleo y aprobar una ley federal de calidad que garantizara "estándares mínimos" en la educación infantil. Para una mejor coordinación de todas estas medidas, Los Verdes deseban crear un Ministerio del Clima con poder de veto sobre toda norma susceptible de poner en riesgo el cumplimiento de los compromisos contraídos por Alemania en los Acuerdos de París.

En política exterior y de seguridad, Los Verdes, un partido nítidamente europeísta, recalcaban su rechazo de plano al polémico gasoducto Nord Stream 2, concebido para duplicar los suministros directos a Alemania de gas de Rusia -gobernada por un "régimen autoritario", advertían- a través del mar Báltico y soslayando por tanto la red terrestre de Ucrania. A diferencia de Die Linke, Los Verdes no impugnaban la existencia de la OTAN ni la pertenencia de Alemania a la misma, aunque reclamaban una "revisión" de la estrategia y los objetivos de la organización transatlántica. También, rechazaban que el 2% de PIB nacional se destinara al gasto de defensa, tal como requerían el cuartel general de Bruselas y Estados Unidos.

La nominación de Baerbock en abril tuvo un efecto fulminante en las encuestas, que de la noche a la mañana colocaron a Los Verdes, rozando el 30%, varios puntos por encima de la CDU/CSU y considerablemente distanciados de un SPD hundido a mínimos históricos. El súbito adelantamiento de los cristianodemócratas de Armin Laschet recordaba el momento fugaz vivido en junio de 2019, pero esta vez parecía tratarse de algo más sólido, el indicio de un cambio de tendencia. Lo verde estaba en boga, los jóvenes alemanes, preocupados por su futuro, instaban a las autoridades a pisar el acelerador en la protección del clima, y el estilo y la presencia de Baerbock conectaban bien con la corriente de simpatía hacia el movimiento.

Sin embargo, entre mayo y junio Baerbock sufrió una serie de traspiés personales relacionados con sus ingresos (declarados con retraso al Bundestag), su currículum profesional (inflado) y uno de sus libros (con pasajes posiblemente plagiados), lo que repercutió negativamente en la intención de voto del partido, que volvió a ponerse a remolque de la CDU/CSU con hasta 10 puntos de diferencia y más. Cuando Los Verdes llegaron a su Asamblea Federal de junio, el comentado efecto Baerbock ya se había disipado, así que en vísperas del cónclave berlinés se especuló con una posible renuncia de la diputada y su sustitución por Habeck a fin de detener la caída, pero eso no sucedió. Del colíder del partido se esperaba que jugara un papel difícil y seguramente incómodo: tenía que emplearse a fondo para empujar la campaña hacia arriba y darle credibilidad al programa de acción climática, pero a la vez debía procurar no hacerle sombra a Baerbock. Durante esta vicisitud, el tranquilo y afable Habeck hizo una exhibición de lealtad política y personal.

En agosto, coincidiendo con el fuerte e inesperado rebote del SPD, Los Verdes volvieron a descender en los sondeos y a últimos de mes los de Scholz, quien seguía siendo el vicecanciller federal y el ministro de Finanzas de Merkel, les sobrepasaron sin aparente vuelta atrás. La inundaciones catastróficas en Renania, que azuzaron el debate sobre las medidas que se estaban adoptando para luchar contra el cambio climático, no tuvieron ninguna incidencia en las recortadas perspectivas de Los Verdes, por lo que cabía preguntarse si la pérdida de intención de voto y el descenso hasta el tercer puesto en los sondeos, lo que no se veía desde el otoño de 2018, obedecía únicamente a los fallos personales de Baerbock, o bien ponía de relieve limitaciones estructurales en la formación opositora. Conscientes de que dar el salto hasta la primacía electoral ya no era posible, Habeck y sus correligionarios incidieron en presentarse como socios preferentes del SPD, si bien tampoco cerraban las puertas a una coalición con la CDU/CSU. De ambas fórmulas ya tenían sobrada experiencia en los gobiernos de los Länder.


RESPONSABILIDADES EN EL GOBIERNO SEMÁFORO DEL CANCILLER SCHOLZ
Cuando tras las votaciones del 26 de septiembre quedó claro que Los Verdes gobernarían en coalición mayoritaria con el SPD y el FDP, Habeck, electo en el Bundestag, intentó que al puesto de vicecanciller federal, para el que se postulaba, se le anejara el poderoso Ministerio de Finanzas, es decir, la misma condición tenida por Scholz desde 2018. Sin embargo, esta cartera fue exigida para sí por el líder liberal, Lindner, un ortodoxo fiscal, a cambio de compartir el poder con dos partidos orientados a la izquierda y dispuestos a expandir el gasto público. El Ministerio de Digital y Transportes, en el meollo de la transición energética, fue obtenido igualmente por el FDP. Finalmente, Habeck quedó perfilado como el próximo ministro de Economía y Protección del Clima, y acompañado desde el partido por Baerbock en Exteriores, Cem Özdemir en Alimentación y Agricultura, Anne Spiegel en Asuntos de Familia, Mayores, Mujeres y Juventud, y Steffi Lemke en Medio Ambiente, Conservación de la Naturaleza, Seguridad Nuclear y Protección del Consumidor.

En su documento programático publicado el 24 de noviembre de 2021, titulado Atrévete a seguir avanzando: Alianza por la Libertad, la Justicia y la Sostenibilidad, el SPÖ, Los Verdes y el FDP acordaron adelantar de 2038 a 2030 el cierre de las centrales térmicas de carbón y alcanzar la meta de la neutralidad climática en 2045, tal como estipula la ya aprobada ley Bundes-Klimaschutzgesetz. El horizonte "ideal" de 2030 es justamente la fecha planteada en su programa electoral por Los Verdes, que por el contrario asumen un retraso de cuatro años en la consecución de unas emisiones carbónicas netas iguales o inferiores a cero. De aquí a 2030, Alemania expandirá drásticamente la generación de energía de fuentes renovables, hasta el 80% en vez del 65%, mediante la instalación de 30 gigavatios de capacidad eólica marina (frente a los 7,8 actuales y con la previsión de llegar a los 70 en 2045) y otros 200 gigavatios de capacidad solar (frente a los 54 de ahora), y construirá centrales eléctricas de gas como tecnología puente, todo en el marco de una nueva "economía social-ecológica de mercado".

Como superministro de Economía y el Clima, Habeck vigilará que cada proyecto legislativo satisfazga los objetivos de la acción climática. Los Verdes han conseguido que las emisiones de CO2 se graven con un precio mínimo de 60 euros la tonelada. También, preservan en buena medida su pretensión de la instalación generalizada de cubiertas solares en los edificios de nueva construcción: las placas fotovoltaicas serán obligatorias en los inmuebles para uso comercial, y "normativas" en las viviendas particulares. En cambio, han tenido que renunciar al final de los motores de combustión interna de gasolina/gasóil y su reemplazo por motores eléctricos o de hidrógeno tan pronto como en 2030 (esta transición se culminará en Alemania en 2035, tal como decidió la UE), y a poner límites de velocidad en las autopistas. A últimos de diciembre, pocas semanas después de inaugurar su ministerio, Habeck, con tono pesimista, afirmó que no era probable que Alemania pudiera alcanzar sus objetivos de reducción de emisiones carbónicas en 2022 y 2023.

Un punto cardinal del manifiesto de Die Grünen, el abandono irreversible de la energía nuclear, a culminar en 2022, queda fuera de toda discusión. Esto implica que Alemania se aparta de la estrategia de Francia y de la reconceptualización de la Comisión Europea sobre considerar "verdes" de manera temporal, mientras se avanza hacia la meta de la descarbonización de la UE en 2050, las inversiones en los reactores atómicos, al igual que las realizadas en las centrales térmicas de gas. Para Habeck, la nuclear es una energía que implica una "tecnología de alto riesgo" ambiental y tampoco puede considerarse "sostenible".

Asimismo, el tripartito se ha puesto de acuerdo sobre: no subir los impuestos (verdadera línea roja para los liberales y por tanto una cesión de Los Verdes) y "garantizar las inversiones necesarias en el marco del freno constitucional de la deuda"; no recortar tampoco las pensiones ni retrasar la edad de jubilación; aumentar el salario mínimo a los 12 euros la hora (en línea con lo propugnado por Los Verdes); flexibilizar los requisitos para la obtención de la ciudadanía por los inmigrantes; bajar a los 16 años la edad para el derecho al voto; legalizar el consumo recreativo del cannabis; acometer la modernización del Bundeswehr, pero sin asumir el compromiso de gastar al menos el 2% del PIB en la defensa (otro punto de su programa salvaguardado por Habeck); y en la política exterior, buscar una mayor "soberanía estratégica" para la UE, impulsando reformas encaminadas a alcanzar "el desarrollo de un Estado europeo federal", e, implícitamente, plantear una postura más asertiva frente a China y Rusia.

Las bases de Los Verdes validaron el acuerdo de Gobierno el 6 de diciembre con un 86% de votos favorables, un volumen de apoyos inferior al recabado en las ejecutivas del SPD (98,8%) y el FDP (92,2%). 71.214 afiliados, el 57% de la militancia, efectuaron su voto en la consulta interna.

(Cobertura informativa hasta 5/1/2022)

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