Olaf Scholz

© Unión Europea (2016)

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Actualización: 19 marzo 2018

Alemania

Vicecanciller federal y ministro de Finanzas (2018-)

  • Mandato: 14 marzo 2018 - En ejercicio
  • Nacimiento: Osnabrück, Baja Sajonia, 14 junio 1958
  • Partido político: Partido Socialdemócrata de Alemania (SPD)
  • Profesión: Abogado
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Presentación

De manera inesperada, Olaf Scholz, vicepresidente del SPD y hasta ahora primer alcalde de Hamburgo, y no Martin Schulz, ha pasado a ser la segunda figura del cuarto Gobierno de Angela Merkel, inaugurado el 14 de marzo de 2018, donde ocupa los puestos de vicecanciller federal y ministro de Finanzas. Hombre con enfoques social liberales y fama de cerebral, Scholz es uno de los dirigentes más pragmáticos o centristas del SPD, que es como decir abierto a la fórmula, desagradable para sus colegas del ala izquierda, de la gran coalición con la también desgastada CDU/CSU. Como ministro de Trabajo con el canciller Gerhard Schröder, fue un paladín de la Agenda 2010 de reformas; luego, como regidor de la ciudad-estado de Hamburgo, concertó tratos que permitieron la conservación de empleos en empresas en crisis.

Las elecciones de septiembre de 2017 al Bundestag depararon los peores resultados en la historia de la RFA a los socialdemócratas. Transcurridos dos meses desde el desastre electoral y ante el fracaso de la alternativa coalición Jamaica (democristianos, liberales y verdes), su presidente y cabeza de cartel, Schulz, accedió a negociar la tercera gran coalición, la segunda consecutiva, de la era Merkel, pese a que durante la campaña y en la resaca electoral subsiguiente Schulz había asegurado que el lugar de su grupo era ahora la oposición. Su plan-retractación, por el que abandonaría la jefatura orgánica del Partido pero sería su capitán en el nuevo Gobierno, fue duramente criticada de puertas adentro, incluso por el vicecanciller y ministro de Exteriores saliente, Sigmar Gabriel. Al final, la Asamblea del SPD dio luz verde a seguir siendo los socios imprescindibles de Merkel y con una cuota ministerial privilegiada, aunque con Scholz al timón.

El acuerdo de Gobierno suscrito por el SDP, la CDU y la CSU para los próximos cuatro años contempla incrementos en ciertas partidas sociales, pero estrictamente ajustados al criterio ortodoxo de que solo se puede gastar lo que se tiene. La sintonía entre Merkel y Scholz, dos conservadores fiscales, parece asegurada desde el momento en que el nuevo titular de Finanzas es posiblemente el socialdemócrata más modulado a las tesis rigurosas de su predecesor democristiano en el cargo, Wolfgang Schäuble, hoy presidente del Bundestag, cuyo famoso fetiche del "cero negro", es decir, los presupuestos equilibrados sin pizca de déficit, es ya un principio cardinal de la política económica germana. Por lo demás, Scholz es también, desde el 13 de febrero, presidente en funciones del SPD a raíz de la marcha de Schulz. Se espera que en abril un Congreso elija presidenta a la actual líder del grupo parlamentario, Andrea Nahles.


(Texto actualizado hasta marzo 2018)

Biografía

1. Hombre fuerte del SPD en Hamburgo
2. Partner de Merkel en el tercer Gobierno de gran coalición


1. Hombre fuerte del SPD en Hamburgo

Aunque nacido en Osnabrück, en la parte occidental de Baja Sajonia, Olaf Scholz se crió y educó en la gran urbe portuaria de Hamburgo. Allí tenían su hogar sus padres, un matrimonio de clase media que se ganaba la vida en el ramo del comercio textil. Fue en la Universidad de la ciudad hanseática donde obtuvo la graduación en Derecho que le facultó para ejercer de abogado laboralista. En 1985 empezó a trabajar como socio en un bufete de letrados, pero su compromiso militante, iniciado en la adolescencia, con el Partido Socialdemócrata (SPD) no tardó en absorber sus actividades.

Siguiendo la secuencia clásica de los futuros dirigentes del SPD, Scholz escribió el primer capítulo de su carrera política con los Jóvenes Socialistas (Jusos), la radical y contestataria ala juvenil del Partido, que no dudaba en abroncar las decisiones de la cúpula socialdemócrata a la mínima que se apartaran de la pureza izquierdista. A lo largo de la década de los ochenta, años de travesía en el desierto para el SPD, liderado por Willy Brandt y Hans-Jochen Vogel y situado en la oposición parlamentaria a los gobiernos del todopoderoso canciller democristiano Helmut Kohl, Scholz fue vicepresidente federal de los Jusos y de la Unión Internacional de Juventudes Socialistas. Paralelamente, se vinculó a los ambientes de los sindicatos y las cooperativas de consumidores.

En 1994 el abogado se convirtió en presidente del SPD en el distrito hamburgués de Altona y cuatro años después, en las elecciones federales (27 de septiembre de 1998) que, bajo la dirección de Gerhard Schröder, permitieron a los socialdemócratas regresar al Gobierno en coalición con Los Verdes de Joschka Fischer, se hizo con su primer mandato de diputado en el Bundestag. Su ascenso en el SPD de Hamburgo llegó a la cima en 2000 al hacerse con el liderazgo partidario estatal en reemplazo de Jörg Kuhbier. Sin embargo, el puesto más importante en la ciudad-estado, el de primer alcalde, lo ostentaba otra persona, Ortwin Runde.

El 30 de mayo de 2001 Scholz abandonó el Bundestag para ser ministro del Interior en el Gobierno Runde. El cargo regional le duró muy poco, pues el 31 de octubre del mismo año el SPD hamburgués, pese a volver a ganar las elecciones al Landtag, fue desalojado del poder por una polémica coalición conservadora formada por la CDU de Ole von Beust, los liberales del FDP y el partido populista Offensive. Este contratiempo abrió un paréntesis en la dedicación a la política local de Hamburgo por Scholz, que a cambio entró en la Presidencia del SPD federal y menos de un año después, el 20 de octubre de 2002, recibió la Secretaría General en sustitución de Franz Müntefering. En añadidura, retornó al Bundestag, como diputado por Hamburgo-Altona de nuevo, de resultas de las elecciones federales del 22 de septiembre, que permitieron a Schröder reeditar su Gabinete roji-verde.

Su paso por la alta política nacional en Berlín no le resultó grato a Scholz. Recibió muchas críticas por su defensa intransigente de las políticas del Gobierno federal en el marco de la Agenda 2010 de Schröder, en particular las leyes Hartz de reforma laboral, y en 2003, en un incidente aparte, fue tildado de "traidor a la prensa libre" por el periódico ecologista Die tageszeitung, luego de conceder al medio una entrevista para a renglón seguido exigir cambios en su contenido antes de su publicación.

El golpe de gracia a la continuidad de Scholz en la plana mayor del SPD lo dieron las elecciones del 29 de febrero de 2004 al Landtag de Hamburgo, saldadas con una derrota histórica de los socialdemócratas, la primera en casi medio siglo, a manos de la CDU, que por lo tanto siguió gobernando la ciudad y esta vez con mayoría absoluta. Aprovechando el anuncio anterior por Schröder de que quería dejar de presidir el Partido para concentrarse en las tareas del Gobierno, Scholz, considerado uno de sus más fieles lugartenientes, comunicó su doble renuncia a la presidencia del SPD de Hamburgo y a la Secretaría General del SPD nacional. El 21 de marzo siguiente, en un Congreso extraordinario, el SPD eligió como nuevo presidente a Müntefering y a Klaus Uwe Benneter nuevo secretario general.

Tras las elecciones federales de septiembre de 2005, que produjeron un virtual empate entre el SPD y el binomio CDU/CSU liderado por Angela Merkel, Scholz fue uno de los diputados socialdemócratas que más tesón pusieron en la forja de un Gobierno de gran coalición, el primero que conocía Alemania desde 1969, un escenario sumamente desagradable para muchos militantes del SPD, en particular los del ala izquierda. El primer Gobierno Merkel, con los socialdemócratas Müntefering de vicecanciller y Frank-Walter Steinmeier de ministro de Exteriores (en tanto que la Presidencia del Partido quedó en manos de Matthias Platzeck), echó a andar el 22 de noviembre de 2005, pero en él no recibió ningún puesto Scholz, que permaneció en el Bundestag, en el equipo conductor de su grupo parlamentario.

No fue hasta el 21 de noviembre de 2007 que Scholz se estrenó en las tareas del Gobierno Federal al suplir a Müntefering, quien se marchaba del Ejecutivo para cuidar a su esposa, enferma de cáncer, en la posición de ministro de Trabajo y Asuntos Sociales. Su gestión en este departamento se vio percutida a partir de 2008 por la Gran Recesión y sus secuelas, que en Alemania tuvieron un impacto menos dañino que en otros países de la UE gracias a las reformas estructurales acometidas por los gobiernos de Schröder y a la robustez de las finanzas federales.

El ministerio de Scholz tocó a su fin como resultado de las elecciones federales del 27 de septiembre de 2009. El SPD, llevando a Steinmeier de candidato a la Cancillería y con Müntefering, por segunda vez, en la Presidencia orgánica, sufrió un auténtico descalabro, cayendo a su nivel más bajo desde tiempos de la República de Weimar y dejando a Merkel vía libre para gobernar con los liberales de Guido Westerwelle.

La expiración de sus compromisos gubernamentales en Berlín el 27 de octubre de 2009 permitió a Scholz retomar el mando del SPD en Hamburgo, con el reto de descabalgar al alcalde von Beust en los comicios regionales que tocaban dos años después. Sin embargo, mantuvo un lugar destacado en la política federal como vicepresidente del grupo parlamentario en el Bundestag, supeditado al liderazgo de Steinmeier, y, desde el 13 de noviembre, como uno de los cuatro vicepresidentes del SPD, a la par que Klaus Wowereit, Hannelore Kraft y Manuela Schwesig. Los cuatro fueron elegidos por el Congreso del Partido en Dresde, que supuso las elecciones también de Sigmar Gabriel, ministro saliente del Medio Ambiente, para presidir la formación y de Andrea Nahles para la Secretaría General.

El liderazgo de Scholz en Hamburgo fue el revulsivo que el SPD estaba esperando para reconquistar la plaza perdida en 2011 tras 44 años consecutivos de gobierno estatal. En las votaciones al Landtag del 20 de febrero de 2011 los socialdemócratas se recuperaron hasta el 48% de los votos y los 62 escaños, el nivel sobresaliente disfrutado en los mejores años del alcalde Henning Voscherau (1988-1997), de manera que el 7 de marzo siguiente Scholz, una vez despedido del Bundestag, fue investido por el Landtag primer alcalde (Erster Bürgermeister) de la Ciudad Libre y Hanseática de Hamburgo. En esta legislatura Scholz gobernó Hamburgo sin socios, pero en las elecciones estatales del 15 de febrero de 2015 el SPD perdió cuatro escaños y por ende la mayoría absoluta. Justo dos meses después, Scholz ganó la investidura que le permitió servir un segundo ejercicio coaligado con Los Verdes de Katharina Fegebank.

Scholz, burgomaestre de la segunda megápolis más grande de Alemania, desde diciembre de 2013 de manera simultánea al segundo Gobierno Merkel de gran coalición (con Gabriel de vicecanciller y ministro de Economía, y Steinmeier de nuevo en Exteriores, y a cuyo nacimiento, como el de 2005, contribuyó en gran medida), se distinguió como un cuidadoso gestor de las capacidades fiscales de la ciudad-estado. Destinó importantes partidas del presupuesto municipal a las ayudas a las familias con hijos y a la adquisición de vivienda, pero vigilando en todo momento que no se generasen déficit y deuda. El alcalde mantenía unas buenas relaciones con el ministro federal de Finanzas de la CDU, Wolfgang Schäuble, al poderoso vigilante de la disciplina fiscal en Alemania y más allá. La sintonía en materia económica alumbró la redacción conjunta en 2014 de un documento de trabajo que proponía destinar los ingresos del llamado recargo de solidaridad ( Solidaritätszuschlag) en los impuestos sobre la renta y de sociedades a financiar el pago de los intereses de los bonos de deuda emitidos por los estados federados.

No faltaron, empero, las decepciones y las críticas. En 2015 Scholz se volcó en la candidatura de Hamburgo para acoger los Juegos Olímpicos de 2024, magna cita deportiva que también pretendían París, Roma, Budapest y Los Ángeles, y para que la ciudad alemana diseñó un presupuesto de 7.400 millones de euros. El envite tenía el respaldo de la mayoría de los partidos presentes en el Landtag (todos, salvo Die Linke). En cambio, muchos conciudadanos pensaban que Hamburgo no estaba en situación de tirar la casa por la ventana y que los beneficios de una empresa organizativa de esta magnitud no iban a compensar los esfuerzos y los gastos. Así que el 29 de noviembre de 2015, a través de un referéndum local, el 51,6% de los hamburgueses se pronunció en contra de la apuesta olímpica, que Scholz no tuvo más remedio que cancelar.

El referéndum sobre la candidatura para ser la sede las Olimpíadas de Verano no estuvo concebido como un plebiscito sobre la actuación del alcalde. Pero las demandas de dimisión sí le llovieron a Scholz a raíz de la XII Cumbre del G20, celebrada en Hamburgo el 7 y el 8 de julio de 2017. La cita de estadistas quedó ensombrecida por los violentos disturbios provocados por grupos anticapitalistas, que rompieron lunas, atacaron edificios y coches, y levantaron hogueras con mobiliario urbano, antes de ser sofocados por la Policía germana. Al alcalde se le echó en cara que hubiera infravalorado los riesgos para la seguridad en las calles de Hamburgo, devenidas estampas de un campo de batalla. La cercanía de la elecciones federales del otoño, que desviaron la atención del público, ayudó a mitigar el tremendo chaparrón de críticas sufrido por Scholz. El alcalde se deshizo en disculpas por los estragos infligidos a las propiedades públicas y privadas en el centro de la ciudad, y aseguró que si los violentos hubieran causado una víctima mortal, él habría dimitido de manera automática.


2. Partner de Merkel en el tercer Gobierno de gran coalición

El SPD se presentó a las elecciones federales del 24 de septiembre de 2017 bajo el liderazgo reforzado del ex presidente del Parlamento Europeo Martin Schulz, a la vez jefe del Partido y candidato a canciller (una concentración de funciones que no se veía desde tiempos de Schröder, en 2002), y enarbolando los estandartes de la "justicia social" y el "refuerzo de Europa". Sin embargo, el programa electoral del SPD, reacio a los contenidos radicales de izquierda, no se diferenciaba en gran medida del de la CDU/CSU, su socio mayor de la gran coalición. Una experiencia de gobierno, por cierto, que estaba causándoles mucho desgaste a los socialdemócratas, por lo que aspiraban a ponerle término.

Saltaba a la vista que en numerosos temas clave (déficit cero, impuesto sobre la renta, pensiones, inmigración, Islam, Europa, relaciones internacionales) los programas del SPD y la CSU/CSU, con más consensos tácitos de los que a sus líderes les gustaría reconocer, convergían en mayor o menor grado. Las únicas divergencias claras se referían al subsidio del paro, el impuesto sobre los capitales, los gastos de defensa y la legislación sobre el asilo, que los socialdemócratas querían, respectivamente, incrementar, reforzar, congelar y mantener "intacta".

Los sondeos vaticinaban un varapalo sin precedentes para el SPD y aún se quedaron cortos. Con el 20,5% de los sufragios y 153 escaños, los de Schulz, Gabriel y Scholz se desplomaron a la cota más pobre desde, nada menos, 1932 (el año de las elecciones que llevaron a Hitler y el Partido Nazi al poder), y su único consuelo fue que a la CDU/CSU le fue incluso peor, pues retrocedió casi nueve puntos de voto, claro que a descontar del sobresaliente 41,5% sacado en 2013. Los de Merkel pasaron así de los 311 a los 246 diputados, una escuálida mayoría simple. La campanada la dio el partido de la extrema derecha antiinmigración Alternativa para Alemania (AfD), encaramada de golpe y porrazo al tercer puesto en el Bundestag con 94 escaños.

Los líderes del SPD se tiraron los trastos a la cabeza nada más conocer el desastre electoral. Scholz, encarnación de ala más moderada, "pragmática", del SPD, fustigó sin medias tintas la estrategia electoral desarrollada por Schulz y apeló a realizar reformas profundas en el Partido. El vicepresidente, realista, no ocultaba su simpatía por una reedición de la gran coalición, pues la aritmética parlamentaria daba poco margen para fórmulas alternativas mínimamente viables. Sin embargo, Schulz reiteró que el único "papel nuevo" que los socialdemócratas podían jugar en la legislatura entrante estaba en la oposición. En cuanto a Merkel, el 18 de octubre empezó a negociar una complicada coalición jamaica con el FDP de Christian Lindner y Los Verdes de Katrin Göring-Eckardt; de materializarse, esta alianza de Gobierno, inédita a nivel federal, descansaría en una mayoría de 393 diputados, 38 por encima de la mayoría absoluta. La suma de CDU/CSU y SPD, en cambio, daba 399 escaños, 105 menos que hasta ahora pero de todas maneras una mayoría muy robusta.

Las discusiones de democristianos, socialcristianos, liberales y verdes, de manera nada sorprendente, terminaron naufragando en el plazo de un mes dadas las diferencias irreconciliables en varios capítulos sensibles, como la inmigración y la energía. Entonces, el presidente de la República, Steinmeier, instó a Schulz y al resto de líderes reticentes del SPD a que cambiaran de actitud y, por el bien de Alemania, para ahorrarle unas nuevas elecciones, consideraran negociar la repetición de la gran coalición con la CDU/CSU, que ya había dejado claro que bajo ningún concepto gobernaría en minoría. Desde la cúpula del SPD, Scholz presionó asimismo en esa dirección.

El 24 de noviembre Schulz, en un giro discursivo de 180 grados, comunicó que el SPD estaba dispuesto a arreglar el embrollo poselectoral con los democristianos, pero condicionó el arranque de unas discusiones oficiales al visto bueno del Parteitag o Asamblea del Partido. El 6 de diciembre el debate interno concluyó en una primera fase con la aprobación de las conversaciones preliminares con Merkel por la mayoría de los 600 asambleístas, aunque los Jusos siguieron oponiéndose con vehemencia. El 12 de enero de 2018 Schulz y Merkel anunciaron un principio de acuerdo que era la base para unas negociaciones formales en torno a un documento programático y el reparto de puestos en el próximo Ejecutivo. El 21 de enero otra conferencia extraordinaria de los socialdemócratas, no sin serias discrepancias y dudas, respaldó el acuerdo básico firmado y autorizó el comienzo de las negociaciones propiamente dichas en el plazo de cinco días. Scholz fue uno de los principales interlocutores en la mesa abierta con Merkel y con el líder de la CSU, el ministro-presidente de Baviera Horst Seehofer.

El 7 de febrero, por fin, la CDU, la CSU y el SPD anunciaron un acuerdo global de coalición. El plan de Gobierno, un documento de 177 páginas titulado Un nuevo comienzo para Europa, una nueva dinámica para Alemania y mayor cohesión para nuestro país, se trazaba la meta del pleno empleo, estipulaba la no subida de los impuestos salvo a las grandes empresas y las multinacionales, y se comprometía a aumentar el gasto público en la educación, la vivienda social y las ayudas a las familias con hijos, pero sin arriesgar la regla de los presupuestos federales equilibrados, mejor con superávit. Socialdemócratas, democristianos y socialcristianos acordaron asimismo poner un tope anual a la llegada de refugiados solicitantes de asilo (de entre 180.000 y 220.000 al año) e incorporando el derecho a la reagrupación familiar, aumentar el gasto en defensa (sin explicitar la proporción del 2% del PIB reclamada por la OTAN), contribuir más al presupuesto de la UE, trabajar en favor de la integración de la Eurozona y ejecutar nuevos programas para la protección del clima y la transición energética.

En cuanto a las respectivas cuotas de poder en el próximo Gobierno, el SPD se aseguró seis de los 15 ministerios. Entre ellos, además de la Vicecancillería Federal, dos de postín: Exteriores, que sería para Schulz, y Finanzas, para el que se perfilaba Scholz. Merkel recibió reproches desde su propia formación por ceder a los socialdemócratas estas dos carteras de peso, en particular la segunda, que se encontraba en manos de la CDU desde 2009: Schäuble, ahora presidente del Bundestag, la había llevado hasta el 24 de octubre y en estos momentos Peter Altmaier, el titular de Economía, fungía de ministro de Finanzas en funciones.

El acuerdo suscrito por Schulz, Merkel y Seehofer otorgaba al SPD una parte del Gobierno Federal desproporcionada en relación a su menguado peso parlamentario, pero este logro táctico no disipó, antes al contrario, el resentimiento concitado en las filas socialdemócratas por Schulz, pues había asegurado hasta la saciedad que no se repetiría la gran coalición y que él en particular no gobernaría con Merkel. El plan de Schulz era desprenderse de la Presidencia del Partido, con la expectativa de que la misma recayera en breve en Andrea Nahles, ministra de Trabajo y Asuntos Sociales en el tercer Gabinete Merkel y ahora jefa de bancada en el Bundestag, mientras él se erigía en el hombre fuerte del SPD en el Merkel IV como vicecanciller y ministro de Exteriores.

Varias personalidades del partido indicaron que sería preferible que Gabriel siguiera llevando ambas oficinas. El propio Gabriel se revolvió contra el plan de Schulz, acusándole de faltar a su palabra, dando a entender que este le había prometido que él seguiría al frente de la diplomacia germana. En marzo de 2017 Gabriel había cedido su puesto como presidente del Partido a Schulz y había renunciado también a contender contra Merkel en las elecciones de septiembre. Todo, a cambio de ser ministro de Exteriores en lugar de Steinmeier, presidente electo de la República. Ante este panorama, Schulz, el 9 de febrero de 2018, renunció a ser el próximo ministro de Exteriores y a ocupar cualquier otro puesto en el Gobierno en ciernes. Cuatro días después, tal como había adelantado, Schulz abandonó el liderazgo del SPD. Entonces, Scholz tomó la Presidencia orgánica en funciones, hasta que un Congreso, previsto para abril, eligiera al nuevo líder, presumiblemente Nahles.

El último examen previo a la constitución del cuarto Gobierno Merkel, tercero de gran coalición, la aprobación por las bases del SPD, unos 460.000 militantes, fue superado el 4 de marzo con un 66% de votos afirmativos efectuados por correo. El 13 de marzo Merkel, Seehofer y Scholz estamparon sus rúbricas al acuerdo de coalición y al día siguiente la canciller fue investida para un cuarto mandato por el Bundestag. En la misma jornada prestaron juramento los miembros del Gobierno. Finalmente, Scholz se quedó como el vicecanciller federal y ministro de Finanzas, mientras que la cartera de Exteriores fue para su colega Heiko Maas. En Hamburgo, la oficina del primer alcalde fue ocupada en funciones por la teniente de alcalde, Katharina Fegebank, a la espera de su asunción por el socialdemócrata Peter Tschentscher.

Olaf Scholz está casado desde 1998 con Britta Ernst, también política del SPD, con una carrera de cargos representativos en los estados de Hamburgo, Schleswig-Holstein y Brandeburgo, de cuyo Gobierno regional es ministra de Educación, Juventud y Deportes desde 2017. El matrimonio no ha tenido hijos. En 2017 Scholz publicó el ensayo Hoffnungsland: Eine neue deutsche Wirklichkeit, donde aboga por una "política pragmática que sopese cuidadosamente las oportunidades y los riesgos" de entraña la inmigración a gran escala, y por que Alemania siga siendo una "sociedad abierta, liberal y secular" para quienes vienen de fuera. El político ha sido miembro de los consejos directivos, juntas supervisoras y task forces de varios organismos públicos, corporaciones privadas, sindicatos y entes académicos, entre los que se citan el canal de televisión ZDF, el think tank Consejo Alemán de Relaciones Exteriores (DGAP) y la Policy Network de Londres.

(Cobertura informativa hasta 15/3/2018)

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