Gurbanguly Berdymujammédov

© UN Photo/Evan Schneider

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Actualización: 27 octubre 2016

Turkmenistán

Presidente de la República (2006-)

  • Gurbanguly Myalikguliyevich Berdymujammédov
  • Mandato: 21 diciembre 2006 - En ejercicio
  • Nacimiento: Babarap, distrito de Gökdepe, provincia de Ahal, 29 junio 1957
  • Partido político: Partido Democrático de Turkmenistán (TDP)
  • Profesión: Médico estomatólogo y odontólogo
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Presentación

La muerte en diciembre de 2006 de Saparmurat Niyázov, dictador absoluto de Turkmenistán desde antes incluso de extinguirse la URSS y acceder este atrasado país centroasiático a la independencia nacional en 1991, elevó a la Presidencia de la República a un oscuro funcionario formado como médico y que desde 2001 venía fungiendo de viceprimer ministro. Las irregularidades constitucionales que acompañaron el precipitado nombramiento de Berdymujammédov y la subsiguiente parodia de elecciones presidenciales, en febrero de 2007, con las que el flamante estadista supuestamente se invistió de legitimidad democrática, no ponen el mejor preámbulo a la hipotética apertura de uno de los regímenes más monolíticos, represivos y cerrados del mundo, cuya única baza estratégica –pero de la que no se beneficia una población sumida en la miseria y la opresión- descansa en las inmensas reservas de gas, un quinto del total mundial, que atesora el árido país.

(Texto actualizado hasta mayo 2007)

Biografía

1. Una discreta trayectoria a la sombra de Türkmenbasy
2. Promoción al poder y confirmación de la dictadura


1. Una discreta trayectoria a la sombra de Türkmenbasy

En extremo sucinta es la biografía oficial del nuevo hombre fuerte de Turkmenistán, uno de los pocos países del mundo regidos por el sistema del partido único y cuya vasta riqueza en hidrocarburos, fundamentalmente gas natural pero también petróleo, no ha servido para dignificar las condiciones de vida de sus ciudadanos, devenidos súbditos de una férrea autocracia. Esta parquedad informativa no es del todo extraña a una personalidad gris y desdibujada, como las del resto de miembros del Gobierno y la administración estatales, que hasta el mismo momento de la sucesión forzada por el desenlace biológico estuvo completamente opacada por la figura totalitaria de Saparmurat Niyázov, primer y vitalicio presidente de la República.

Las telegráficas reseñas facilitadas por los servicios de noticias controlados por el Estado turkmeno informan que en 1979 Berdymujammédov se sacó el título de médico especializado en estomatología por el Instituto de Medicina de la entonces República Socialista Soviética Turkmena, y que al año siguiente comenzó a ejercer su profesión, se supone que en la capital, Ashgabat (o Ashjabad, forma latinizada de la denominación de la ciudad en el idioma ruso, de uso oficial en la etapa soviética). Tras el preceptivo curso de posgrado obtuvo el doctorado en Ciencias Médicas en Moscú.

En 1990, el año en que Niyázov, quien ya llevaba un lustro dirigiendo la república como primer secretario del Partido Comunista Turkmeno (TKP), entró en el Buró Político del PCUS y se convirtió sucesivamente en presidente del Soviet Supremo y en presidente republicano merced a unas elecciones directas de candidatura única, Berdymujammédov emprendió una carrera académica como investigador y profesor auxiliar en la cátedra de Odontología Preventiva del Instituto, posteriormente Universidad, de Medicina. Algunos despachos de prensa aseguran que Niyázov tomó a Berdymujammédov a su servicio como dentista particular.

Tras el acceso del país a la independencia con el nombre de República de Turkmenistán y con Niyázov férreamente instalado en el poder y manteniendo intacto el antiguo aparato del TKP -cosméticamente reconvertido en Partido Democrático de Turkmenistán (TDP)-, el galeno ascendió a decano de la Facultad de Estomatología de la Universidad y en 1995 fue nombrado director del Centro de Estomatología adjunto al Ministerio de Salud e Industria Farmacéutica. Este primer contacto con la política gubernamental preludió su designación, en diciembre de 1997, para el puesto de ministro de Salud e Industria Farmacéutica en el Gabinete que dirigía personalmente Niyázov. El rango ministerial llevó implícita la jefatura del Fondo Estatal para el Desarrollo Sanitario. Asimismo, ejerció las funciones de rector de su antigua universidad.

Por último, el 3 de abril de 2001, Niyázov le nombró viceprimer ministro para las áreas de Ciencia, Educación y Servicios de Salud, sin descargo del puesto ministerial que ya ostentaba. Aunque se trataba de un ascenso, no cabía hablar de encumbramiento, ya que había otros cinco viceprimeros ministros y además un vicejefe del Gobierno que primero fue el titular de Energía e Industria, Amangeldi Atáyev, y luego el responsable de Defensa, Rejepbai Arázov. Sin embargo, en septiembre de 2003, el presidente, en una de sus frecuentes destituciones de personal, removió a Arázov y la función de vicejefe del Gobierno quedó por el momento sin personalizar. Parece que fue ahora cuando Berdymujammédov se situó como el teórico número dos del Ejecutivo turkmeno, si bien toda especulación sobre favoritos y delfines sucesorios era un ejercicio estéril, ya que el autócrata ni siquiera consentía la obtención de un mínimo de notoriedad por cualquiera de sus vasallos.

Y es que para entonces, el dictador ya había ofrecido un impresionante número de muestras de despotismo. En 1992 se hizo reelegir en unas elecciones de única candidatura. En 1994 hizo aprobar en referéndum con un 99,9% de síes la prolongación de su presidencia hasta 2002. Y en diciembre de 1999 el Majlis o Parlamento, integrado únicamente por diputados del TDP o etiquetados como independientes, aprobó por unanimidad una enmienda constitucional que extendía su mandato por tiempo indefinido, convirtiéndole en un presidente vitalicio de hecho. Toda oposición estaba rigurosamente prohibida y perseguida, la libertad de expresión virtualmente no existía y los diversos escalafones de la Administración, el Ejército, las fuerzas de seguridad y la empresa estatal, así como los círculos académicos y religiosos, eran sometidos a frecuentes purgas. La paranoia de Niyázov se agudizó tras el confuso –para algunos observadores, ficticio- intento golpista de noviembre de 2002, cuando el vehículo que le transportaba al palacio presidencial en Ashgabat fue tiroteado por un grupo de desconocidos. El presidente se jactó de haber desbaratado un golpe de Estado tramado por líderes de la oposición democrática exiliados en Moscú y ordenó la detención y encarcelamiento de cientos de personas.

Al extremado personalismo del ejercicio del poder se le añadió un culto a la personalidad que alcanzó unas cotas de omnipresencia y extravagancia sólo comparables a las desplegadas por la dinastía comunista de Kim Il Sung y su hijo Kim Jong Il en Corea del Norte. Quien en 1993 tomó el título de Türkmenbasy, o Padre de los turkmenos, inundó el país con miles de retratos, estatuas y monumentos a mayor gloria del líder, construyó fastuosos pero innecesarios edificios en Ashgabat y desde 2001 se lanzó a emitir un torrente de decretos a cual más absurdo y totalitario, como la obligatoriedad, so pena de despido, para médicos y docentes de recitar fórmulas de alabanza y fidelidad a su persona, el despido de 15.000 médicos y enfermeras, y su sustitución por reclutas del Ejército carentes de instrucción, seguido del cierre de todos los hospitales excepto los de Ashgabat y las capitales provinciales (dos medidas irracionales que Berdymujammédov, en tanto que ministro responsable del área, se encargó de ejecutar), la supresión de las representaciones de ballet y ópera, y de las emisiones de música no turkmena con el fin de "proteger la cultura nacional", y la prohibición de los videojuegos y otros artículos electrónicos de ocio para preservar a los jóvenes de "la violencia" y "las influencias negativas". La nación atravesaba por una "edad de oro", y nada ni nadie podría ponerla en peligro.

En 2002, en el colmo de su delirio, Niyázov rebautizó con denominaciones nacionales los meses del año y los días de la semana, algunos de los cuales pasaron a llamarse por su propio sobrenombre (Türkmenbasy, que sustituyó a enero), el nombre de su madre (Gurbansoltan Edje, fallecida en el gran terremoto de 1948 y honrada como "heroína nacional", que reemplazó a abril) y los de una serie de adalides de la historia turkmena; el resto, adoptó sustantivos comunes como Bandera, Independencia y Neutralidad. También, reclasificó a los cinco millones de habitantes en función de períodos vitales de 12 años (por ejemplo, los pasos a la adolescencia y la ancianidad quedaban retrasados respectivamente hasta los 25 y los 85 años, mientras que los cincuentones estaban en la edad "profética" y los sexagenarios, como era su caso, en la de la "inspiración").

No contento con todo lo anterior, Niyázov impuso el conocimiento obligatorio por todos los turkmenos de su obra Ruhnama (Libro del Alma), un híbrido de autobiografía, manual de historia épica, poemario y guía moral al que otorgó, para escándalo de algunos imanes de mezquitas que no tuvieron otro remedio que exhibir la obra a los fieles, un nivel de autoridad espiritual sólo superado por el del Corán. Es necesario recordar aquí que la Constitución turkmena subraya, ya en sus primeras líneas, el carácter secular del Estado y consagra la libertad religiosa de una población que en un 90% practica el Islam, sunní en su gran mayoría.

El nacionalismo caudillista de Niyázov se manifestó ya en los primeros años de la independencia en la adopción del alfabeto latino en sustitución del cirílico, la promoción del idioma turkmeno, que pertenece a la familia lingüística túrquica, en detrimento del ruso y una progresiva marginación de las minorías étnicas rusa y uzbeka, que sufrieron intentos de asimilación y vieron atropellados sus derechos. En política exterior, el régimen niyazoviano, mezcla de kemalismo a la turca y de neoestalinismo soviético, abrazó unos principios de neutralidad y de equilibrio en la geopolítica regional que se tradujeron en unas relaciones fluctuantes y paradójicas con Rusia y en un repliegue diplomático bastante acusado. La tendencia al aislamiento, en realidad, no hacía más que reflejar la sospecha de todo lo extranjero y la obsesión del tirano en impedir cualquier contagio, no sólo del fundamentalismo islámico, sino también de toda veleidad liberal y democrática.

Así, Ashgabat se negó a participar en el desarrollo multilateral de la Comunidad de Estados Independientes (CEI), limitó la cooperación bilateral con Rusia en materia de seguridad a la vigilancia conjunta de las fronteras y, sobre todo, haciéndose cortejar por gobiernos y empresas de todo el mundo, sopesó cautelosamente las vías alternativas que se le ofrecían para exportar cientos de miles de millones de metros cúbicos de gas y petróleo a una amplia lista de potenciales clientes en Europa y Asia. El régimen necesitaba aumentar sus exportaciones gasíferas sólo para hacer frente al elevado endeudamiento que generaban los faraónicos gastos suntuarios del presidente, pero no quería depender exclusivamente de la red de ductos rusa, que era la única en servicio.

Mientras escondía a buen recaudo los informes encargados a las consultoras occidentales sobre el volumen preciso de las reservas de hidrocarburos (considerados un secreto de Estado, al igual que los balances económicos), Niyazov se interesó sucesivamente por: una vía irano-turca; una ruta que, atravesando Afganistán, llegara hasta Pakistán y el océano Índico, aunque esta opción presentaba el serio inconveniente de la guerra civil que azotaba el país vecino; una tubería bajo el mar Caspio que enlazaría con el sistema combinado del oleoducto Bakú-Tbilisi-Ceyhan y el gasoducto del Cáucaso Sur Bakú-Tbilisi-Erzerum (es decir, un gran corredor orientado a Europa y competidor directo de los sistemas que la compañía estatal rusa Gazprom administraba más al norte); la ampliación de la capacidad del gasoducto Korpedje-Kurtkui, empezado a construir con Irán en 1998; y, por último, la construcción de un gasoducto hasta China vía Uzbekistán y Kazajstán.

De este abanico de opciones, la vía irano-turca fue prontamente cancelada por las presiones estadounidenses, mientras que el Gasoducto Transcaspiano, que soslayaba completamente a Rusia, aunque abordado en 1999 con Azerbaidzhán, Georgia y Turquía, quedó suspendido de manera indefinida. Salieron a flote el Gasoducto Transafgano, cuya construcción fue acordada en diciembre de 2002 tras pasarse más de un lustro en el tintero (mientras estuvo en el poder en Kabul el régimen de los talibán), y el gasoducto del este a China, que recibió luz verde también en abril de 2006. Mientras las salidas alternativas se concretaban, el grueso de las exportaciones del gas turkmeno continuó realizándose, vía Kazajstán y con principal destino de venta en Ucrania, por el ducto de Gazprom al norte del mar Caspio, conocido como Asia Central-Centro (CAC), cuya capacidad de transporte efectiva era de 5.000 millones de metros cúbicos al año.

En abril de 2003 Niyázov y el presidente ruso Vladímir Putin firmaron un acuerdo de cooperación que incluía un contrato comercial por el que el primer país se comprometía a suministrar al segundo 2 billones de metros cúbicos de gas durante 25 años. Gazprom quería seguir manteniendo a toda cosa este monopolio del tránsito del hidrocarburo turkmeno en dirección al oeste, así que en diciembre de 2005 y de nuevo en septiembre de 2006 cedió ante las exigencias de Ashgabat de un drástico aumento de los precios de venta. En la cumbre presidencial de 2003 se acordó también la extinción de la doble nacionalidad ruso-turkmena; desde este momento, quienes poseyeran ese estatus pasaban a ser ciudadanos únicamente turkmenos. Este desafuero, que puso en peligro la seguridad de los numerosos exiliados turkmenos en Rusia pero que dejó también desprotegida a la minoría eslava en Turkmenistán, se enmarcó en el deseo del Kremlin de tener contento al régimen de Ashgabat.

Éste era el contexto político y económico, inextricablemente ligado a las vicisitudes del gas, en el que se inscribía la labor gubernamental de Berdymujammédov. Regresando a la persona, cabe hacer notar que las escuetas semblanzas oficiales excluyen toda referencia a los orígenes familiares de Berdymujammédov, omisión que da la sensación de ser deliberada. Los enigmas que rodean su vida privada no fueron aclarados por el interesado en una entrevista concedida al periodista ruso Mijaíl Perepleshin, editor de la revista Turkmenistán, inmediatamente después de ser proclamado vencedor de las elecciones presidenciales de febrero de 2007. Contestando a una batería de preguntas formuladas con tono untuoso –y, sin duda, prefijadas por entrevistador y entrevistado-, el dirigente turkmeno explicó que todavía era "demasiado pronto para escribir una biografía detallada" de él. "Mi biografía es en muchos aspectos la típica de las personas de mi generación", continuaba diciendo, para a continuación afirmar: "Gracias a Dios, mis importantes logros en la vida se deben a mis capacidades, persistencia y diligencia, más que al patrocinio de alguien o a conexiones familiares".

El interés internacional por el parentesco de Berdymujammédov resulta tanto más pertinente cuanto que algunos medios de comunicación moscovitas se han hecho eco de un rumor que circula clandestinamente en Turkmenistán, según el cual el presidente recién estrenado sería nada más y nada menos que un hijo ilegítimo del presidente fallecido, quien dejó una viuda, Muza Sokolova, de origen ruso-judío, y dos huérfanos, el varón de los cuales, Murad, de 39 años, pudo haber estado en la mente de su padre como sucesor. La idea de fundar una dinastía republicana en Turkmenistán, siguiendo por tanto los pasos de la transcaucásica Azerbaidzhán (donde en 2003 Heydar Alíev, otro antiguo apparatchik comunista, fue sucedido a su muerte por su hijo, Ilham Alíev), de haberle rondado a Niyázov, no habría llegado a cuajar debido al carácter inmaduro y disoluto de Murad. La hipótesis de la relación paternofilial entre Niyázov y Berdymujammédov se funda sobre todo en el cierto parecido físico de los dos hombres, pero tiene en contra su corta diferencia de edad, que es sólo de 17 años.

Berdymujammédov tenía sin duda en la mente este rumor cuando en la misma entrevista de la publicación Turkmenistán relató con insuperable vaguedad: "Mis padres siempre se las arreglaron para mantener una atmósfera hospitalaria en la familia. Se sentían felices ante cualquier oportunidad de comunicarse abiertamente con la gente, sus amistades y parientes. Siempre fueron activos en la resolución de los problemas y dificultades de otras personas".


2. Promoción al poder y confirmación de la dictadura

El 21 de diciembre de 2006 el Gobierno anunció el deceso de Niyázov, de un fulminante paro cardíaco, a la edad de 66 años. La noticia cogió por sorpresa a todo el mundo, ya que no se tenía constancia de que el presidente padeciera problemas de salud. En los meses previos Niyázov había realizado comparecencias y generado titulares informativos con la regularidad acostumbrada, como en enero, cuando dispuso la draconiana –o criminal- medida de la privación de la pensión a más de 100.000 jubilados -aduciendo que un error en el censo había hinchado la cifra de quienes tenían derecho a esta prestación-, o como a mediados de octubre, cuando anunció la excarcelación de 10.000 reos, la última de varias amnistías de pretendido alcance masivo. A finales de noviembre no había asistido a la cumbre de presidentes de la CEI, en Minsk, lo cual habría dado pie a sospechas sobre algún tipo de indisposición si no fuera porque el dictador turkmeno no tenía por costumbre participar en estas reuniones; en su lugar se presentó en la capital bielorrusa Berdymujammédov, que en los últimos tiempos ya aparecía presentado en las listas de oficiales del Ejecutivo como vicejefe del Gobierno.

Que Niyázov no hubiera dejado, al menos de cara al público, un sucesor más o menos oficioso pintó por unas horas un panorama de profunda incertidumbre. El occiso había personalizado hasta tal punto el régimen político que virtualmente nadie, ni gobiernos, ni analistas ni periodistas, se atrevía a hacer un pronóstico sobre la identidad y las intenciones del nuevo presidente turkmeno. No obstante, una de estas incógnitas se deshizo el mismo 21 de diciembre, si bien para añadir otro poso de inquietud, por el lado de la legalidad: el nuevo hombre fuerte del país era Berdymujammédov, quien apareció por la televisión para informar que el Gobierno tenía la situación "firmemente bajo control" y que el dignatario que, de acuerdo con la Constitución, debía haber tomado las funciones del jefe del Estado, el presidente del Parlamento Ovezgeldy Atáyev, había sido apartado del cargo tras abrírsele un proceso penal por unos presuntos delitos que no especificó. La presidencia de la República quedaba en manos de Berdymujammédov, en funciones e interinamente, por decisión del Consejo de Seguridad del Estado y el Consejo de Ministros, reunidos en sesión conjunta.

Mientras el país permanecía cerrado a cal y canto con el pretexto de la semana de duelo oficial decretada por el Gobierno, Berdymujammédov movió rápidamente sus fichas, no dejando lugar a dudas sobre quién era el nuevo jefe. El 22 de diciembre decretó la sustitución del estorbador Atáyev por la hasta ahora vicepresidenta del Legislativo, Akja Tajiyevna Nurberdiyeva, y convocó a la Jalk Maslajati o Asamblea Popular, compuesta por 2.500 representantes, con las misiones de decidir la fecha de las elecciones presidenciales que la Constitución preveía para este caso y habilitar a los candidatos. El flamante presidente en funciones aseguró que las elecciones se desarrollarían "sobre la base democrática establecida por el Gran Líder" fallecido. El 24 de diciembre Berdymujammédov ostentó una posición preeminente en el funeral y entierro de Niyázov, caracterizados por la pompa y las muestras de aflicción de la población asistente.

El día 26 la Asamblea aprobó las candidaturas de Berdymujammédov y de otras cinco personas, ninguna de las cuales parecía sustanciar otra postulación que la estrictamente necesaria para mantener la ficción de pluralismo y competición democrática. Los casi anónimos comparsas eran el viceministro de Energía, dos alcaldes urbanos, un vicegobernador provincial y un jefe de distrito: todos ellos eran miembros del partido único, cuyo liderazgo asumió asimismo a Berdymujammédov. La débil oposición en el exilio quedó excluida de proceso, y sus jefes ni siquiera fueron autorizados a poner pie en el país. La Carta Magna establecía que un presidente en funciones no podía optar a la titularidad por vía electoral, pero este impedimento fue removido previamente merced a un paquete de enmiendas constitucionales aprobado para la circunstancia. La candidatura de Berdymujammédov fue formalmente nominada por el presidente orgánico del TDP, Ondjik Musáyev.

El 11 de febrero de 2007 tuvieron lugar las elecciones presidenciales, primeras en 15 años, y consideradas por el conjunto de la prensa mundial un mero trámite para legitimar a Berdymujammédov en el poder. Ningún observador internacional fue autorizado a monitorizar un proceso cuyos resultados, tanto los porcentajes de voto idos a cada candidato como el índice de participación, estaban fijados de antemano. Así, con una concurrencia a las urnas del 98,6% del censo electoral, Berdymujammédov ganó con el 89,2% de los sufragios. El diminuto equipo de apoyo a las elecciones enviado por la OSCE descalificó el proceso, por boca de su cabeza, el portugués João Soares, por no ser "en absoluto ni limpio ni libre".

El 14 de febrero Berdymujammédov tomó posesión como presidente de la República con un mandato de cinco años. En su fórmula de juramento prometió "acatar estrictamente las leyes y la Constitución de Turkmenistán, garantizar los derechos de los ciudadanos y movilizar el esfuerzo del pueblo turkmeno para llevar más prosperidad al Estado turkmeno neutral e independiente", así como hacer lo mejor para "asegurar el triunfo permanente de la política de Saparmurat Türkmenbasy el Grande". En su discurso inaugural, habló vagamente de acometer reformas beneficiosas para la población y del suministro de los mercados mundiales de la energía con arreglo a acuerdos bilaterales. "En el futuro", afirmó con tono enigmático, "basaremos nuestras relaciones [exteriores] en el mutuo beneficio y en la igualdad de derechos".

Las suposiciones de que Berdymujammédov se disponía a acelerar el acercamiento a Rusia, ya emprendido en los últimos tiempos por Niyázov, en materia de cooperación energética fueron inmediatamente validadas por los hechos. Al día siguiente de tomar posesión, el mandatario turkmeno sostuvo en Ashgabat con el primer ministro ruso, Mijaíl Fradkov, una cordial reunión en la que los dos interlocutores destacaron el buen momento de las relaciones bilaterales y vislumbraron su mejora y consolidación. El mismo tono caracterizó la primera visita de Berdymujammédov a Moscú, el 23 y el 24 de abril, en la que fue recibido por Putin en el Kremlin. Casi simultáneamente, los días 24 y 25, la capital turkmena acogió una cumbre ministerial de los cinco países ribereños del mar Caspio en la que la delegación anfitriona abordó con un espíritu más constructivo los trabajos para la adopción de una convención que zanjara las disputas interestatales sobre el estatus –el de un lago o el de un mar- y el acceso nacional a los recursos de este piélago interior salino.

Berdymujammédov dio una sonora campanada el 12 de mayo al firmar con Putin y con el presidente kazajo, Nursultán Nazarbáyev, en la ciudad portuaria de Türkmenbasy (la antigua Krasnovodsk) un acuerdo para la construcción entre 2008 y 2012 de un segundo gasoducto, paralelo a la tubería del CAC y con una capacidad de transporte notablemente superior, que rodearía la costa septentrional del Caspio. Aunque el líder turkmeno puntualizó que este plan no significaba la "anulación" del proyecto del Gasoducto Transcaspiano, por el que seguían apostando, aunque infructuosamente, Estados Unidos y la Unión Europea, lo cierto fue que Putin y Gazprom pudieron alardear implícitamente de un gran éxito geopolítico –o mejor dicho, geoeconómico-, ya que de esta manera Rusia fortalecía espectacularmente sus posiciones de suministrador privilegiado de energía a buena parte del continente, un mercado que la Unión Europea quería diversificar a toda costa.

Si la política del gas está tomando un sesgo decididamente prorruso, lo que podría dar pie a una integración de Turkmenistán en las iniciativas multilaterales apadrinadas por Moscú, la política doméstica sigue básicamente inmóvil, aguardando a que Berdymujammédov se decida a convertirse en el Jrushchev turkmeno que emprenderá la desniyazovización de un país anclado en la obsolescencia y el oscurantismo. Ahora bien, aunque el andamiaje de la dictadura permanece intacto, el nuevo presidente ha tomado algunas decisiones fáciles que apuntan a una atenuación del imperio de arbitrariedad e irracionalidad levantado por su predecesor. Así, ha reducido el adoctrinamiento totalitario en los centros de enseñanza, ha autorizado la apertura en Ashgabat de cibercafés con acceso a Internet, ha abolido la prerrogativa del jefe del Estado de renombrar topónimos e instituciones a su capricho, y ha revertido (19 de marzo) una de las medidas más impopulares de Niyazov con la orden de restituir sus estipendios a 100.000 pensionistas.

(Cobertura informativa hasta 15/5/2007)