Ranil Wickremasinghe

© Unión Europea (2016)

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Actualización: 29 octubre 2018

Sri Lanka

Primer ministro (2001-2004, 2015-2018)

  • Mandato: 9 enero 2015 - 26 octubre 2018
  • Nacimiento: Colombo, Western Province, 24 marzo 1949
  • Partido político: Partido Nacional Unido (EJP)
  • Profesión: Abogado
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Biografía

Perteneciente a una acaudalada familia de propietarios periodísticos relacionada con la fuerza política que empezó gobernando el país tras la independencia del Reino Unido en 1948, el conservador Partido Nacional Unido (EJP, UNP en su sigla en inglés), recibió la educación secundaria en el Royal College de Colombo, un centro que instruía a los vástagos de las clases altas cingalesas, de religión budista. Luego cursó la carrera de Derecho en la Universidad de la capital, donde estuvo activo en el Consejo de Estudiantes y en la asociación de alumnos de su facultad. Entonces, el país todavía se llamaba Ceylán y continuaba estrechamente ligado a la antigua metrópoli colonial, en el seno de la Commonwealth y rigiéndose por el modelo de la monarquía parlamentaria, con el rey de Inglaterra fungiendo de jefe nominal de Estado y representado por un gobernador general nombrado por el Gobierno de Londres.

En 1972, el año de la proclamación de la República Socialista Democrática de Sri Lanka y gobernando el socialista Partido de la Libertad (SLNP, SLFP en su sigla en inglés) de Sirimavo Bandaranaike, Wickremasinghe entró a trabajar como abogado de oficio en la Corte Suprema en Colombo. Casi al mismo tiempo, la nacionalización por el Gobierno izquierdista de Bandaranaike del emporio familiar Lake House, el más importante grupo de prensa del país, del que su padre, Edmond, era director gerente, parece que resultó determinante en la decisión del joven letrado con vocación de periodista de emprender una carrera política en las filas del EJP, entonces liderado por el ex primer ministro Dudley Senanayake, y después de su fallecimiento en 1973 por Junius Richard Jayewardene.

Wickremasinghe obtuvo su primer mandato de diputado de la entonces llamada Asamblea Nacional en las elecciones del 21 de julio de 1977, que devolvieron al EJP al Gobierno. Jayewardene, que a la sazón era su tío carnal, le nombró viceministro de Asuntos Exteriores, secundando a Abdul Cader Shahul Hameed, y en febrero del año siguiente, cuando Jayewardene fue elegido presidente de la República y Ranasinghe Premadasa se hizo cargo de la jefatura del Gabinete, fue promovido a ministro de Asuntos de la Juventud y Empleo, convirtiéndose, a punto de cumplir los 29 años, en el más joven miembro del Ejecutivo srilankés hasta la fecha. En 1980 añadió a sus funciones ministeriales la cartera de Educación.

Se mantuvo al frente de ambas oficinas hasta marzo de 1989, cuando Dingiri Banda Wijetunge sustituyó a Premadasa, que acababa de relevar a Jayewardene en las presidencias de la República y el partido. Wickremasinghe fue entonces transferido a la dirección del Ministerio de Industria, donde se responsabilizó del programa de liberalización y reconversión del sector secundario, sujeto desde la independencia a las políticas de planificación estatal, y de paso fue elegido líder del grupo de diputados nacionalistas del Parlamento. En 1990 agregó a su cartera gubernamental las competencias sobre Ciencia y Tecnología y en 1991 empezó a ejercer de portavoz del Gabinete.

El 1 de mayo de 1993, en el contexto de la mortífera guerra civil librada desde 1983 por el Ejército gubernamental, valedor de los intereses de la mayoría étnica cingalesa (el 74% de la población), y los Tigres de Liberación del Eelam Tamil (LTTE), potente organización guerrillero-terrorista que pretendía constituir un entidad política soberana para los tamiles (el 18% y de religión fundamentalmente hindú, si bien existe un número importante de musulmanes de lengua tamil) en las provincias donde ellos eran mayoritarios, la Northern y la Eastern, tuvo lugar el asesinato en Colombo del presidente Premadasa y otras 23 personas en un atentado suicida que fue perpetrado con toda probabilidad por los LTTE. Wijetunge se hizo urgentemente cargo de la Presidencia y el 7 de mayo, Wickremasinghe, su protegido, asumió la jefatura de un Gabinete de transición hasta la conclusión de la legislatura.

En su primer y breve ejercicio como primer ministro, un puesto que, en realidad, desde la promulgación en 1978 de una Constitución que otorgaba al presidente de la República lo esencial de los poderes del Ejecutivo, estaba mermado de estatura política y se encargaba básicamente de la gestión técnica de las decisiones del Gabinete, Wickremasinghe tuvo como misión principal organizar las elecciones legislativas del 16 de agosto de 1994, empresa no sencilla habida cuenta del asfixiante clima de violencia política, con el terrorismo tamil, uno de los más audaces y brutales del mundo, acechando a cualquier ministro, legislador o dirigente de virtualmente cualquier partido comprometido con el sistema democrático, ya fuera cingalés o tamil moderado, y con los extremistas cingaleses de extrema izquierda, antaño entusiastas también de la subversión armada, no ahorrando las expresiones de agresividad y sectarismo antitamil.

De que Wickremasinghe consiguió salvaguardar el orden democrático en la jornada electoral constituyó la mejor muestra el hecho de que la Alianza del Pueblo (BNP), encabezada por el SLNP, se adjudicara la victoria sobre el EJP y ganara el derecho a formar el Gobierno, poniendo fin a sus 17 años en la oposición. El partido del oficialismo obtuvo el 44% de los votos y 94 de los 225 escaños del Parlamento. Wickremasinghe se mantuvo en su despacho de primer ministro hasta que el 19 de agosto tomo posesión del mismo la cabeza de lista de la BNP, Chandrika Kumaratunga, colíder del SLNP e hija de la veterana Bandaranaike.

Las elecciones presidenciales de noviembre de 1994 trajeron nuevas desdichas al EJP, que prácticamente luchaba por su supervivencia como partido mayoritario. El 24 de octubre, su recién elegido líder y candidato presidencial, Gamini Dissanayake, pereció junto con otras 58 personas, entre ellas otros miembros de la plana mayor del partido, inclusive el secretario general Gamini Wijesekera y dos ex ministros, en un atentado suicida con bomba que reventó el acto de campaña en Colombo. La Policía adjudicó el brutal ataque a los LTTE, aunque la organización que comandaba Velupillai Prabhakaran, para muchos srilankeses un auténtico criminal de guerra responsable de ordenar atentados indiscriminados y masacres, negó su autoría. Nadie les creyó.

Cuatro días después, el grupo parlamentario del partido se reunió en sesión de urgencia y eligió por unanimidad a Wickremasinghe nuevo líder y a la viuda del finado, Srima Dissanayake, candidata presidencial. El 19 de noviembre Dissanayake fue batida contundentemente por Kumaratunga –quien entregó el puesto de primer ministro a su madre Sirimavo-, luego el EJP fue incapaz de capitalizar en las urnas la hipotética corriente de simpatía que el magnicidio de octubre pudo haber levantado a su favor. Wickremasinghe era entonces el único dirigente nacionalista que gozaba de una cierta respetabilidad en un partido diezmado en su cúpula por los ataques terroristas y vapuleado por el electorado debido a su incapacidad de parar la violencia, vigorizar la economía y moralizar las instituciones. De manera que no tuvo dificultad para convertirse en el octavo presidente del EJP desde su fundación en 1946 por Stephen Senanayake, así como el primero nacido después de la independencia.

Como jefe de la oposición al Gobierno de la BNP, Wickremasinghe tuvo ocasión de demostrar su capacidad para el compromiso. Así, en abril de 1997 venció su rechazo a las propuestas del Ejecutivo para acabar con la guerra civil y suscribió con Kumaratunga un acuerdo para desbloquear la validación legislativa de un programa de reformas institucionales que, entre otros ámbitos, debía dar satisfacción a las demandas tamiles en un marco de descentralización y autonomía provincial. A cambio de su apoyo parlamentario, el líder nacionalista vio satisfecha su exigencia de tramitar las medidas como una reforma constitucional, aunque luego la intransigencia belicista de los LTTE y la cercanía de las elecciones dejaron en suspenso todo el proceso. Hombre de aspecto bonancible y propenso a la sonrisa, en el ámbito del partido Wickremasinghe propició una renovación de imagen de cara a la opinión pública y, por ejemplo, nombró una comisión interna de disciplina con la misión de investigar y depurar a los militantes corruptos.

Wickremasinghe contendió con Kumaratunga en las presidenciales anticipadas del 21 de diciembre de 1999, pero el ex ministro, con el 42,7% de los votos, fue vencido con una diferencia de más de ocho puntos. En las legislativas del 10 de octubre de 2000 el EJP tampoco consiguió desplazar a la BNP y, antes bien, cayó al 40,2% de los sufragios y los 89 escaños. Claro que los cinco partidos del Gobierno sólo sumaron el 45,1% de las papeletas y 107 actas, para decepción de Kumaratunga, que esperaba alcanzar la mayoría de dos tercios (150) para sacar adelante la reforma constitucional sin depender del EJP y que había dado por hecha la obtención de la simple mayoría absoluta (113), requerida para formar gobierno en solitario.

Los observadores locales intentaron explicar la incapacidad de Wickremasinghe, tildado de líder blando y poco carismático, y su partido de sacar réditos electorales del desgaste del SLNP. Se adujo que el partido de la familia Bandaranaike había esquivado la derrota en las presidenciales de 1999 gracias al aparatoso atentado perpetrado por los LTTE contra Kumaratunga en vísperas de la cita con las urnas, que a punto estuvo de acabar con la vida de la jefa del Estado, como le sucedió a una veintena de personas que la rodeaba, y la dejó tuerta del ojo derecho, mientras que el desplome electoral en las legislativas de 2000 habría sido conjurado en parte debido al fallecimiento, instantes después de votar en su colegio, de la venerable Sirimavo Bandaranaike, verdadera protagonista de la historia nacional durante cuatro décadas, que en agosto había renunciado al puesto de primera ministra por su frágil salud.

Si estas conmociones influían en las preferencias de los electores, entonces debía explicarse por qué el EJP no se había beneficiado de una ola de solidaridad cuando la decapitación de su liderazgo en los magnicidios de 1993 y 1994. Es más, en la campaña de las presidenciales de 1999 el propio Wickremasinghe se libró de correr la experiencia traumática sufrida por su rival semanas después, o de algo peor: el 14 de noviembre una bomba estalló en el edificio de Eppawala, a 175 km al norte de Colombo, donde el aspirante nacionalista acababa de pronunciar un discurso electoral. Con todo, el atentado mató a una persona e hirió a otras 40.

Tras las votaciones de 2000 Wickremasinghe endureció su postura frente a Kumaratunga, a la que acusó de no apostar convincentemente por la pacificación del país y de aprovechar el permanente estado de guerra para imponer el autoritarismo. En una cierta inversión de las posturas respectivas de los años precedentes, el jefe opositor pasó a sustentar la necesidad de emprender con los LTTE conversaciones de paz sin dilación y sin condiciones previas, así que otorgó un apoyo sin reservas a la iniciativa de mediación partida del Gobierno de Noruega. Kumaratunga, por el contrario, que desde el intento de magnicidio de 1999 exhibía menos complacencia con los embates indiscriminados del terrorismo tamil, se proponía debilitar militar y económicamente a los rebeldes antes de sentarse a negociar, llegando a pactar con el partido marxista Frente de Liberación Popular (JVP), campeón del chovinismo cingalés y enemigo visceral de cualquier concesión a la minoría tamil, para asegurarse la mayoría en el Parlamento tras la defección del Congreso Musulmán de Sri Lanka (SLMC), hasta entonces socio del bloque gubernamental.

El debate sobre la estrategia más adecuada para aquietar la insurgencia y el terrorismo, y firmar la paz con los LTTE, junto con la situación de la economía, que sólo iba a crecer el 0,4% este año en buena parte debido a la caída de los ingresos por el turismo, centraron la campaña, regada de las habituales violencias sectarias que dejaron 61 muertos, de las elecciones parlamentarias del 5 de diciembre de 2001, adelantadas por Kumaratunga para zanjar el bloqueo legislativo. En esta ocasión prevaleció el ansia de paz de la población, hastiada de una violencia tamil cada vez más presente en las ciudades del centro y el sur cingaleses, la cual los gobiernos del SLNP parecían incapaces de frenar. El EJP, después de fracasar en cuatro envites electorales consecutivos, ganó los comicios con el 45,6% de los sufragios y 109 escaños, esto es, mayoría simple.

El primer ministro sucesor de Bandaranaike, Ratnasiri Wickremanayake, presentó la dimisión el 7 de diciembre y dos días después Wickremasinghe, reelegido diputado por Colombo con cuatro veces más de votos que el cabeza de la lista popular, Abdul Hameed Mohamad Fowzie (ministro del Gobierno y uno de los que resultaron heridos en el atentado de 1999 contra Kumaratunga), tomó posesión al frente de Gabinete, en el que Kumaratunga se desprendió de las dos carteras clave que, en virtud de su prerrogativa constitucional, dirigía personalmente desde 1994, Defensa y Finanzas.

Esta renuncia aumentó el peso político del primer ministro y, en teoría, prenunciaba una cohabitación más equilibrada que la acaecida brevemente y a la inversa durante unos meses en 1994, aunque la redistribución del poder político no era garantía de suavidad en las relaciones institucionales. Para sorpresa general, Wickremasinghe no tomó para sí el Ministerio de Defensa, siendo la primera vez desde que comenzó la guerra civil hacía 18 años que esta importantísima competencia no era adquirida por el presidente o el primer ministro. El Gobierno formado por Wickremasinghe era monocolor, si bien el EJP se aseguró una ajustada mayoría absoluta en el Parlamento merced al apoyo de los cinco diputados del SLMC.

En la campaña electoral Wickremasinghe había prometido que, de ganar, abriría con los LTTE, que todavía el 29 de octubre habían intentado asesinar al primer ministro Wickremanayake, un proceso de paz incondicional tan pronto como tomara posesión del Gobierno. Ahora que la mudanza política se había hecho realidad, los hechos, ciertamente, se aparejaron de manera positiva y con inusitada celeridad. El 19 de diciembre la guerrilla anunció un alto el fuego unilateral de un mes y dos días después el flamante primer ministro anunció la suspensión de todas las operaciones militares por la parte gubernamental entre el 24 de diciembre y el 21 de enero de 2002 como gesto de buena voluntad previo al comienzo de negociaciones políticas.

El señor de la guerra tamil, Prabhakaran, que sentía cómo la nueva intolerancia del Gobierno de Washington y el resto de aliados occidentales frente al terrorismo tras los atentados del 11 de septiembre de 2001 desequilibraba en Sri Lanka la balanza estratégica en contra suya, reafirmó su voluntad de alcanzar un arreglo con los auspicios del Gobierno de Oslo, pero exigió como prerrequisito el levantamiento del bloqueo al comercio y las comunicaciones en las zonas bajo su control. El Gobierno respondió al punto que estaba listo para cancelar el embargo sobre la mayor parte de las mercancías, empezando por los alimentos y las medicinas. En el momento del cese de las hostilidades, los LTTE controlaban la cuña septentrional de la provincia Northern, exceptuando la península de Jaffna y e incluyendo las ciudades de Kilinochchi –donde tenían montada su capital política-, Mullaittivu y Mankulam. También ejercían presión sobre Vavuniya, en el interior, y Trincomalee, en la costa oriental.

Mientras se concretaba la agenda de las negociaciones directas, a celebrar en algún punto del extranjero considerado neutral, las partes se avinieron a extender sus respectivas treguas más allá del 21 de enero de 2002. La profusión de declaraciones y movimientos desembocó el 22 de febrero en el anuncio conjunto de un alto el fuego formal e indefinido, enésimo jalón en el veloz proceso de distensión iniciado el mismo día de la jura de Wickremasinghe. El acuerdo de tregua del 22 de febrero proclamaba que el objetivo de las dos partes era negociar una solución global del conflicto. Gobierno y guerrilla se comprometían a crear un clima favorable, renunciando a hostilizar a la población civil y a hacer proselitismo con menoscabo de las ideas políticas o religiosas de las comunidades de paisanos.

Con su dinamismo posibilista y su talante optimista, el nuevo primer ministro de Sri Lanka estaba creando fuertes expectativas dentro y fuera del país en torno al próximo final de un conflicto sumamente atroz que había engullido 64.000 vidas, devastado ciudades enteras y consumido ingentes recursos económicos. Y es que las presiones para que los poderes de Colombo y Kilinochchi pasaran página a casi dos décadas de luchas, que en demasiadas ocasiones cobijaron auténticas campañas de limpieza étnica, eran muy grandes por parte de los proveedores extranjeros de fondos públicos, los inversores empresariales y los organismos multilaterales de crédito, amén de la sociedad civil en su conjunto.

El final de la guerra debería traer la rebaja de los gastos militares, que suponían el 4,2% del PIB, un dispendio superior a los presupuestos de la sanidad y la educación, el retorno de miles de tamiles cultivados de la diáspora internacional, el restablecimiento de las vías de comunicación terrestres y marítimas, el relanzamiento del comercio interior y la economía formal sujeta a tributación, y, muy importante, un auge del turismo, en un país de playas paradisíacas, densa foresta y exotismo cultural capaz de atraer a muchos clientes de hotel con alto poder adquisitivo.

Aunque el naufragio de cuatro intentos anteriores imponía una actitud de cautela, durante unos cuantos meses la esperanza prendió en el país. El 14 de marzo Wickremasinghe efectuó a la ciudad de Jaffna, reconquistada a los LTTE en 1995 y considerada por los tamiles su capital histórica, el primer desplazamiento de un primer ministro desde 1982. En un ambiente entusiasta, Wickremasinghe visitó los recintos venerados del budismo y aleccionó a los miembros del Ejército para que fueran disciplinados y no violaran el alto el fuego, "ni siquiera de manera accidental". Días después hubo unas elecciones municipales en las que el EJP obtuvo una victoria arrolladora y sin precedentes al hacerse con 217 de los 222 consejos locales que fueron renovados. Además, los comicios fueron considerados "pacíficos" para los estándares srilankeses (sólo se computaron cinco muertos). Exultante, Wickremasinghe afirmó que las votaciones habían sido un "referéndum de hecho" sobre el proceso de paz y que ahora contaba con un "mandato popular" para avanzar por esa vía.

En abril, la llamada Misión de Monitorización de Sri Lanka (SLMM), compuesta por observadores de Noruega, Suecia, Finlandia y Dinamarca, comenzó a supervisar el alto el fuego sobre el terreno, la carretera principal que une la península de Jaffna con el resto del país fue recuperada para el tráfico civil y los LTTE abrieron en Vavuniya, ciudad controlada por el Gobierno y asomada a la línea de demarcación militar, una oficina informativa desde la que podían realizar actividades políticas, siempre que se presentaran desarmados y despojados de sus típicos uniformes de camuflaje con estrías verdosas que pretenden evocar al tigre. El movimiento político-guerrillero anunció también que los casi 100.000 musulmanes de lengua tamil expulsados de la provincia Northern en la década de los noventa podían volver a sus hogares en las áreas bajo el control de aquel.

Marcado muy de cerca por Kumaratunga, que desconfiaba profundamente de Prabhakaran y su gente, Wickremasinghe multiplicó los gestos de buena voluntad, hasta conseguir hacer sentar a los LTTE en la mesa de negociaciones. Aunque empezó a conceder ruedas de prensa para presentarse como un hombre de paz e ir sustituyendo su imagen de militarista feroz por otra de político dialogante, Prabhakaran, en realidad, continuaba aferrado al maximalismo independentista, dejando claro que no desarmaría a sus combatientes hasta después de firmado el acuerdo de paz y mostrándose dispuesto a ceder únicamente en la concesión de un autogobierno a las comunidades musulmanas de lengua tamil que se quedaran en el hipotético Estado soberano tamil establecido a lo largo del perímetro oriental, septentrional y noroccidental de la isla. Esta posibilidad repugnaba al Gobierno de India, que jamás toleraría el nacimiento de un país sustentado en el nacionalismo tamil justo en frente de su propio estado de Tamil Nadu, así que Kumaratunga encontró en el primer ministro Atal Bihari Vajpayee el mejor aliado en su aproximación vigilante y recelosa al proceso de paz.

Satisfechas dos demandas clave de los LTTE, que se les permitiera usar una controvertida ruta de cabotaje a lo largo de la costa oriental, por la que su flotilla particular venía desarrollado un lucrativo tráfico de armas, drogas y maderas preciosas con el continente, y que el Estado dejara de considerarles una organización ilegal, proscripción impuesta en enero de 1998 como respuesta a su atentado con bomba contra el Templo del Diente en Kandy, principal santuario budista del país, que provocó enormes daños materiales y mató a 16 personas, la primera ronda de las negociaciones directas pudo celebrarse del 16 al 18 de septiembre en Tailandia, en la base que la Armada de este país tiene en Sattahip, al sur de Bangkok.

De este cara a cara preliminar las partes dijeron salir muy satisfechas, ya que habían corroborado sus respectivas voluntades de paz y sus intenciones de seguir respetando el alto el fuego, proceder con el retorno de los miles de refugiados y desplazados, y reconstruir servicios e infraestructuras públicas en las áreas más golpeadas por los combates. En la segunda ronda de contactos, del 31 de octubre al 3 de noviembre, se pusieron en marcha tres comités de evaluación, sobre asistencia humanitaria y labores de rehabilitación, sobre medidas de desmilitarización del conflicto y sobre asuntos políticos.

El mismo 31 de octubre, una corte de Colombo declaró culpable y condenó a 200 años de prisión a Prabhakaran por haber ordenado el atentado suicida con camión bomba que en enero de 1996 hizo saltar por los aires el edificio del Banco Central en la capital con el resultado de 91 muertos y 1.400 heridos. Curiosamente, ni Wickremasinghe ni el líder de los LTTE otorgaron mayor publicidad a una sentencia judicial que no podía ser compatible con el proceso político de paz. A finales de noviembre, Prabhakaran dio la campanada con el anuncio de que su movimiento ya no exigía el Estado tamil independiente, sino que se conformaría con una "amplia autonomía regional". Eso sí, los LTTE, puntualizó, no abjuraban del recurso a la violencia y si el Gobierno central no les brindaba un espacio para el "autogobierno" y la "autodeterminación", no tendrían otra alternativa que lanzar la secesión por las malas.

La sorpresiva declaración de Prabhakaran fue ligada por los observadores a las presiones del Departamento de Estado de Estados Unidos, que estaba exhortando a los LTTE, presentes en su lista de organizaciones terroristas extranjeras, a que renunciaran a la lucha armada, y a la inminencia de la tercera ronda de negociaciones, fijada para el 2 de diciembre en Oslo. En esta ocasión, las delegaciones consensuaron un documento que recogía el derecho a la "autodeterminación interna (de los tamiles del noroeste, el norte y el este) sobre la base de un modelo federal dentro de una Sri Lanka unida", una drástica revisión de la forma del Estado que iba a precisar de reformas constitucionales.

Hasta ahora, el clima había sido positivo, y ello se venía reflejando en la actividad económica y financiera, con potentes subidas en la Bolsa de Colombo y la animación del sector productivo, siendo así que el año terminó con una tasa de crecimiento del PIB del 3,7% y las predicciones para 2003 apuntaban a un 5%. Wickremasinghe no se cansaba de endulzar las perspectivas de futuro con declaraciones de buenas intenciones y expresiones de confianza, pero en diciembre los nubarrones empezaron a asomar sobre el Gobierno. Por un lado, a la presidenta de la República se la veía tentada de echar mano de su poder constitucional de tumbar al Gobierno por la vía de la disolución del Parlamento, ahora que, de acuerdo con la Carta Magna, ya había transcurrido un año desde el inicio de la legislatura y ella adquiría la facultad para decretar la mudanza. A Kumaratunga únicamente parecían refrenarla las divergencias existentes en su propio partido, donde algunos legisladores no querían enfrentarse a las elecciones anticipadas que inevitablemente tendrían que convocarse.

Wickremasinghe hizo saber que no le amilanaban las advertencias de su archirrival y se mostró dispuesto a cargar con el envite, tan confiado decía estar en el actual estado de gracia electoral de su formación. Sin embargo, esta reacción pública del primer ministro tenía mucho de bravata, ya que en septiembre anterior el Gobierno había intentado sacar adelante un paquete de enmiendas constitucionales para, justamente, suprimir el poder presidencial objeto de controversia. Los dirigentes nacionalistas albergaban una preocupación genuina, pero su chapucera iniciativa fue parada en seco por los magistrados de la Corte Suprema.

Al mismo tiempo, el socio parlamentario del EJP, el SLMC, se dividió en dos facciones, la una progubernamental y la otra opositora, dejando al Gobierno de minoría en situación precaria. Entonces, a Wickremasinghe salió a echarle un capote la Alianza Nacional Tamil (TNA), una coalición de partidos tamiles soberanistas encabezados por el Frente Unido de Liberación Tamil (TVP, o TULF, en su sigla en inglés), éste a su vez sustentado en el Partido del Gobierno Tamil de Sri Lanka o Partido Federal (ITAK), próximo a los LTTE. El TVP informó que sus 15 parlamentarios estaban listos para sostener al Gobierno en aras del proceso de paz, aunque Wickremasinghe habría preferido ahorrarse la imagen de un primer ministro dependiente de los nacionalistas tamiles.

Así las cosas, 2003 comenzó para el líder del EJP con serias incertidumbres de política institucional, pero, además, el proceso de paz empezó también a emborronarse. Las rondas negociadoras cuarta, quinta y sexta, celebradas respectivamente en enero en Tailandia, en febrero en Alemania y en marzo en Japón, no produjeron resultados sustanciales. A la vez, diversas ONG se hicieron eco de la preocupante persistencia de casos de asesinatos, desapariciones, raptos y otras vejaciones con un trasfondo claramente político y sectario.

Se hacía notar que muchas de las víctimas eran miembros de grupos políticos tamiles opuestos a los LTTE y en particular a su arrogada representatividad sobre el conjunto del pueblo tamil, por más que hasta la fecha siempre habían boicoteado los procesos electorales. La prensa cingalesa acusó a Prabhakaran de violar su promesa de respetar la pluralidad ideológica en las áreas bajo su control e influencia, y de desatar una campaña de terror contra los activistas tamiles no independentistas. Según este enfoque, los LTTE pretenderían asegurarse la hegemonía política en las provincias Northern y Eastern. Por su parte, la SLMM constató un buen número de violaciones de las condiciones del alto el fuego; por parte del Ejército, las violaciones consistían mayormente en hostigamientos, extorsiones y restricciones de movimientos a civiles, y por parte de los LTTE, en reclutamiento de niños para sus filas.

El 29 de abril estaba previsto que comenzara la séptima ronda de conversaciones, pero el día 21 los LTTE suspendieron su participación en las mismas aduciendo que el Gobierno no estaba siendo solvente en la aplicación de lo ya acordado y les estaba marginando en el reparto de los dividendos de la paz. Para sacar al proceso de su inquietante estancamiento, en junio Wickremasinghe ofreció a los rebeldes la creación de un Consejo Administrativo Provisional como la institución multipartita que se encargaría de gobernar las provincias Northern y Eastern, en cuyo seno los LTTE adquirirían un importante poder de decisión en lo referente a la canalización de fondos y la reconstrucción económica.

Los apelados no encontraron satisfactoria la propuesta gubernamental y el 31 de octubre, "en nombre del pueblo tamil", publicaron su propia propuesta de poder compartido, de fuerte cariz político y calificada por ellos de "histórica": la dotación a las provincias Northern y Eastern de una Autoridad Interina de Autogobierno (ISGA) con autonomía tributaria y financiera, inclusive la capacidad de pedir prestado al extranjero, hasta la celebración de elecciones regionales en un plazo de cinco años. La mayoría de los miembros de esta Autoridad serían tamiles hindúes, pero también tendrían representación las comunidades cingalesa y musulmana. Los LTTE no demandaban la retirada de las Fuerzas Armadas srilankesas, no mencionaban el desarme propio y sí solicitaban la puesta en marcha de instituciones judiciales específicas.

Wickremasinghe y sus ministros acogieron con cautela la contrapropuesta de los LTTE, de la que destacaron varios puntos que chocaban con el plan del Gobierno pero que no rechazaron de plano, cosa que sí hizo el principal partido de la oposición, escandalizado porque no se insistiera en el desarme y la desmovilización de los insurgentes antes de tomar en consideración sus ofertas políticas. El 4 de noviembre de 2003 el primer ministro estaba de visita oficial en Estados Unidos y continuaba valorando la respuesta oficial al plan de los LTTE cuando Kumaratunga decretó la suspensión del Parlamento, la destitución de los ministros del Interior, John Amaratunga, Defensa, Tilak Marapone, e Información, Imthiaz Bakeer Markar, y la asunción por ella misma de las tres carteras. Siguiendo las órdenes de su comandante suprema, el Ejército desplegó tropas en la capital. Al día siguiente, la presidenta declaró el estado de emergencia, si bien la excepcionalidad constitucional no llegó a ser promulgada y el 7 de noviembre fue retirada.

La drástica actuación de Kumaratunga cogió desprevenido a Wickremasinghe, que al parecer no había imaginado que ésa fuera a ser la consecuencia del pronunciamiento del SLNP hostil a la propuesta de la ISGA. La jefa del Estado no fue muy explícita y justificó su decisión con el objeto de "prevenir un mayor deterioro en la situación de la seguridad en el país", mientras que su entorno se apresuró a puntualizar que el proceso de paz no estaba cancelado. Desde Washington, Wickremasinghe tachó de "irresponsables" y "arbitrarios" los decretos presidenciales y acusó a Kumaratunga de "sumir al país en el caos y la anarquía", al tiempo que instaba "al pueblo ceylanés y las Fuerzas Armadas a mantener la calma y permanecer vigilantes frente a este premeditado intento de acabar con el proceso de paz en la isla".

Tras reunirse con el presidente George W. Bush, el primer ministro voló a Colombo el 7 de noviembre resuelto a plantarle cara a Kumaratunga, que ahora le acusó sin ambages de haber "descuidado deliberadamente" a las Fuerzas Armadas y, por ende, la seguridad nacional. Con todo, la presidenta le invitó a unirse a sus esfuerzos para formar un "Gobierno de reconstrucción y reconciliación nacionales". El primer ministro replicó que las prioridades ahora eran convocar un plenario del Parlamento y confirmar con gestos la supervivencia del proceso de paz. Sin embargo, en las negociaciones institucionales y partidistas que comenzaban la definición de quiénes debían ser los negociadores con los LTTE constituía la cuestión primordial, y hasta entonces los contactos directos entre el Estado y la guerrilla quedaban efectivamente congelados. A los intentos de solventar la grave crisis política no ayudaron las veladas amenazas de Prabhakaran de lanzarse a la secesión y de retomar las armas si la "pelea por el poder" en Colombo significaba la conversión de su plan de autogobierno interino en papel mojado.

Wickremasinghe desestimó una propuesta de Kumaratunga consistente en la retención por él de un papel principal en las negociaciones con los LTTE siempre que aceptara someterse al dictado de la Presidencia de la República en todo lo que atañera a la defensa y la seguridad del país. La imposibilidad de llegar a un acuerdo sobre un nuevo esquema de poder compartido y sobre un consenso básico de cara a las negociaciones con los LTTE empujó el 7 de febrero de 2004 a Kumaratunga a disolver el Parlamento y a convocar elecciones parlamentarias anticipadas para el 2 de abril, las terceras en 42 meses.

Antes y después de este desenlace que ya se antojaba cantado desde finales de año, Kumaratunga tomó dos controvertidas decisiones que terminaron de envenenar sus relaciones con Wickremasinghe: la revelación el 13 de enero de que en 2000 había realizado en secreto una segunda ceremonia de jura del cargo, lo que prolongaba su actual mandato sexenal hasta 2006, y la destitución en masa el 11 de febrero de 39 ministros y viceministros del ahora Gobierno en funciones, maniobra claramente dirigida a debilitar al EJP en la antesala de la campaña electoral.

Los sondeos eran adversos para el EJP, que acudía a las urnas en solitario, y los comicios vinieron a zanjar el agudo enfrentamiento entre Kumaratunga y Wickremasinghe. Al final, fue él quien cargó con todo el desgaste por la crisis institucional abierta en noviembre. Con el 37,8% de los sufragios y 82 escaños, el EJP fue batido por la Alianza por la Libertad del Pueblo Unido (UPFA), compuesta por el SLNP, sus cuatro aliados tradicionales y, novedad absoluta, el JVP. Wickremasinghe cesó en sus funciones el 6 de abril con la toma de posesión del primer ministro designado por el SLNP, Mahinda Rajapakse. Retornado a la función de líder de la oposición, Wickremasinghe instó al nuevo Gobierno a retomar las negociaciones con los LTTE y salvar el tambaleante proceso de paz sobre la base del documento de la ISGA.

(Cobertura informativa hasta 20/9/2004)