Than Shwe

© UN Photo/Evan Schneider

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Actualización: 30 marzo 2016

Myanmar

Presidente de la junta militar (1992-2011) y primer ministro (1992-2003)

  • Mandato: 23 abril 1992 - 30 marzo 2011
  • Nacimiento: Kyaukse, región de Mandalay, 2 febrero 1933
  • Partido político: sin filiación
  • Profesión: Militar
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Biografía

Recibió estudios de secundaria y trabajó de funcionario del servicio postal antes de enrolarse en el Ejército birmano en 1953. Formado en la Escuela para Oficiales de Hmawbi, en 1958, cuando se cumplió la primera década de la descolonización de Birmania y los militares obligaron a renunciar al primer ministro civil U Nu, jefe de la Liga de la Libertad Popular Antifascista (AFPFL), el joven oficial fue destinado al Departamento de Guerra Psicológica, una unidad activa en las labores de contrainsurgencia del Ejército, que venía combatiendo prácticamente desde el día de la independencia con la guerrilla secesionista karén.

En 1960 Than fue ascendido a capitán de una compañía móvil del citado departamento y en 1963 le fueron encomendadas labores de instrucción. Esto último tuvo lugar al año siguiente (2 de marzo de 1962) de hacerse el general Ne Win con todo el poder a través de un golpe de Estado clásico, que liquidó la ya muy debilitada democracia parlamentaria birmana y dio lugar a una dictadura militar personalista y con el monopolio político del Partido del Programa Socialista de Birmania (BSPP, también conocido como Lanzin), el cual presentó un proyecto bastante singular, por no llamarlo exótico y oscuro, de socialismo nacionalista, militarista, autárquico y no alineado exteriormente. En los años siguientes, de la doctrina o las realizaciones del BSPP la población local y los observadores foráneos conocieron menos que sus expresiones despóticas: la violación despiadada de los Derechos Humanos y la voluntad de sus artífices de mantenerse en el poder indefinidamente, en este país a caballo entre las penínsulas indostánica e indochina, casi exclusivamente agrícola y profundamente subdesarrollado.

La carrera militar de Than progresó con buen pulso a lo largo de la dictadura del enigmático e implacable Ne Win, hasta formar parte de la selecta casta dirigente, que aunaba el mando castrense con el poder político, bajo la cada vez menos convincente consigna de la “vía birmana al socialismo”. El militar ascendió sucesivamente a teniente coronel en 1972, a coronel en 1980, a comandante de la Región Militar del Sudoeste en 1983, a general de brigada a la vez que era nombrado subjefe del Estado Mayor del Ejército y viceministro de Defensa en 1985, a general de división en 1986 y a teniente general en 1987. Dicho sea de paso, en noviembre de 1981 Ne Win se desprendió de la Presidencia del Estado y se retiró a un segundo plano, si bien continuó llevando las riendas del poder al frente del Comité Ejecutivo Central del BSPP, en el que Than recibió asiento.

Cuando en la primavera de 1988 estalló la gran protesta nacional pro democracia, pronto encabezada por la carismática Aung San Suu Kyi, hija del venerado prócer de la independencia asesinado meses antes de proclamarse ésta, Aung San, Than ocupaba una oficina política de alto nivel, la presidencia del Comité Regional del BSPP en Ayeyarwady, división territorial del sur que cubre el delta del Irawady, contigua a la capital Rangún y densamente poblada, luego escenario de las manifestaciones. A Than, considerando la alta posición que ocupaba ya entonces en el régimen, se le supone corresponsable de las dramáticas decisiones adoptadas por la cúpula de las Fuerzas Armadas, institución sobre la que había pivotado, bien desde el oficialismo, bien desde las filas de la oposición (a la que se habían pasado varios altos oficiales caídos en desgracia ante Ne Win), toda la vida política birmana desde la independencia.

Verdaderos detentadores del poder más allá de la fachada civil de los funcionarios del Gobierno, los generales, primero, intentaron aniquilar la protesta con una salvaje represión; cuando aquella no dio muestras de aminorar, dispusieron la renuncia de Ne Win al frente del BSPP (23 de julio) y consintieron (19 de agosto) el nombramiento de un presidente civil, Maung Maung, con lo que simularon rendirse ante la presión de la calle. Finalmente, el 18 de septiembre, abortaron las expectativas de democracia con un golpe de Estado que abolió el sistema de partido único y restauró la dictadura castrense con todo vigor a través de una junta denominada Consejo para la Restauración de la Ley y el Orden (SLORC), cuya presidencia (técnicamente, secretaría general) asumió el general Saw Maung, jefe del Estado Mayor, esto es, el directo superior de Than desde hacía tres años. Los análisis periodísticos abundaron en la suposición de que toda la maniobra tenía la traza de un autogolpe pergeñado por el omnipresente, que no conspicuo, Ne Win, quien seguiría manejando los hilos desde la sombra a través de sus generales de confianza.

Than figuró entre los 21 miembros del SLORC y en los cuatro años siguientes su posición interna en el nuevo régimen se reforzó hasta ser identificado como el número dos del mismo después de Saw Maung. En octubre de 1989 encabezó una delegación de altos oficiales birmanos que viajó a Beijing para abrir las puertas de los suministros de armamento chino y en 1990 se convirtió en vicesecretario general del SLORC y subcomandante en jefe de los Servicios de la Defensa (estructura ínter armas de las Fuerzas Armadas), a la vez que fue confirmado como viceministro de Defensa y subjefe del Estado Mayor del Ejército de Tierra. Aquel año tuvieron lugar las prometidas elecciones parlamentarias (27 de mayo), a las que pudo concurrir el partido de Aung San (bajo confinamiento desde julio de 1989), la Liga Nacional por la Democracia (NLD), con el resultado de que las ganó arrolladoramente aunque en vano, ya que los dictadores, desdiciéndose pura y simplemente de sus promesas, se negaron a transferir el poder a un Gobierno civil emanado de la Asamblea electa, la cual ni siquiera llegó a constituirse.

El 23 de abril de 1992 la Junta anunció inesperadamente la renuncia del general Saw de todas sus funciones debido a su mala salud (iba a fallecer el 24 de julio de 1997), y su sustitución por Than, quien, por lo tanto, asumió los máximos puestos del Estado, el Gobierno y la institución armada: presidente del SLORC, primer ministro, ministro de Defensa, jefe del Estado Mayor del Ejército y comandante en jefe de los Servicios de la Defensa. El relevo en la titularidad de los puestos cimeros de un régimen regido con criterios de cierta colegialidad en la toma de las decisiones por una camarilla de generales a cual más oscuro y elusivo, entrañó importantes novedades en un sentido que sugería liberalización y aperturismo. Así, el SLORC puso en libertad a un millar largo de presos políticos, levantó el toque de queda (11 de septiembre), derogó dos decretos relacionados con la ley marcial y reabrió las universidades (16 de febrero de 1993). También autorizó a Aung San, entonces flamante premio Nobel de la Paz, a recibir visitas del exterior en su residencia vigilada de Rangún (o Yangón)

El gesto más esperanzador propiciado por Than fue la inauguración, el 9 de enero de 1993, de una Convención Nacional, en un 80% nombrada directamente por el SLORC, con la misión de redactar una nueva Constitución, la cual debía sentar los principios políticos y legales de la Unión de Myanmar -que tal era el nuevo nombre del Estado en lugar de Unión de Birmania-, a saber, la unidad nacional, la soberanía internacional, el sistema de democracia pluripartidista y una importante reserva de participación de las Fuerzas Armadas en la conducción del Estado. Por la parte económica, el Gobierno de Than aprobó algunas medidas que apuntaban al deseo de abandonar las ruinosas prácticas aislacionistas, estatalistas y autárquicas, como la concesión de facilidades operativas a la banca privada tailandesa y la legalización de los pequeños comercios fronterizos.

Ahora bien, las expectativas de la oposición birmana y los países occidentales sobre un verdadero cambio de rumbo en la dictadura de Than y sus colegas generales no tardaron en ser decepcionadas. Las persecuciones y los abusos contra comunidades de las minorías karén, kachín, shan y mon, entre otras en este país mosaico de etnias, no experimentaron relajo alguno, y a ello se le sumo una ola represiva contra población musulmana establecida en el norte, que obligó a un cuarto de millón de adeptos a esta fe a tomar refugio en Bangladesh. Si acaso, descendió la intensidad de los combates contra las guerrillas separatistas basadas en dos de los grupos étnicos citados, la Unión Nacional Karén (KNU) y el Ejército por la Independencia Kachín (KIA), a causa del debilitamiento infligido por las tropas del Gobierno. En general, el panorama de los Derechos Humanos en el conjunto de país continuó en sus niveles deplorablemente bajos, suscitando la preocupación del Comité ad hoc y de la Asamblea General de la ONU. Además, los borradores constitucionales de la Convención Nacional prefiguraban un marco legal severamente restrictivo del Estado democrático de derecho, ya que, entre otros puntos, reservaba a los militares el 25% de los escaños del futuro Parlamento.

Personaje huidizo y hosco, de nula proyección personal en los medios de comunicación, el estadista más ermitaño de Extremo Oriente junto con los dirigentes comunistas de Laos y Corea del Norte, y básicamente un desconocido para la opinión pública occidental, hoy, con la debida perspectiva temporal, puede asegurarse que Than se embarcó entonces en una estrategia de afianzamiento de un régimen casi universalmente vituperado, pero sin la intención de ceder lo más mínimo en las demandas fundamentales, esto es, otorgar parcelas de poder a la oposición civil y poner fin a la represión de múltiples frentes. Destinando gestos a la galería de censores occidentales y explorando la mejora de las relaciones en la subregión asiática, el autócrata, seguramente, confiaba en ganar tiempo y en mitigar la sensación de cerco.

En el ámbito doméstico, el SLORC dio publicidad a los engañosos trabajos de la Convención Nacional y, sobre todo, aligeró las ataduras personales de Aung San, a sabiendas que todo lo que atañera a los derechos elementales de la Nobel de la Paz, era materia especialmente sensible para la comunidad internacional, la cual estaba rendida a la causas de la democracia y la resistencia no violenta que enarbolaba la tenaz líder opositora. En una iniciativa tan inesperada como elogiada, Than y el considerado tercer jerifalte nominal y eminencia gris del régimen, el teniente general Khin Nyunt, se reunieron con Aung San el 20 de septiembre de 1994 para mantener “una discusión amistosa”.

El 10 de julio del año siguiente, el SLORC le levanto a Aung San el arresto domiciliario y le permitió reemprender las actividades políticas, si bien con un régimen de movimientos severamente restringido, bajo la atenta vigilancia policial y viendo ignorados sus llamamientos a negociar. Ahora bien, tan pronto como Aung San dinamizó sus apariciones públicas y recuperó el liderazgo sobre la NLD, que en noviembre resolvió retirarse de los trabajos de la Convención Nacional, produciendo como resultado la suspensión indefinida de esta asamblea, el temor se apoderó de Than, quien en 1996 cortó por lo sano este intenso (y sumamente arriesgado para ella) regateo con la premio Nobel.

Así, en mayo, 250 miembros de la NLD fueron detenidos sin cargos, en junio se anunció el castigo con penas draconianas de prisión a quienes divulgaran textos alternativos o propuestas de enmiendas no autorizadas del proyecto de Constitución, y en septiembre una segunda ola de arrestos frustró la celebración del congreso de la NLD al tiempo que Aung San veía restituido su estatus semicarcelario. La actitud errática de Than quedó bien de manifiesto cuando el SLORC, primero, prohibió el congreso de la NLD que había sido pospuesto al 27 de mayo de 1997, y, después de aquella fecha, rectificó y consintió que la convocatoria se trasladara a exactamente doce meses después y con la condición de que el congreso se celebrara en la vivienda de Aung San, esto es, convenientemente limitado de aforo y vigilado a placer por las fuerzas de seguridad.

Por otro lado, el 15 de noviembre de 1997 el SLORC fue reemplazado por una nueva junta militar, el Consejo de Estado para la Paz y el Desarrollo (SPDC), nombre que evocaba una sustitución del acento represivo por la voluntad constructiva y de reconciliación. En realidad, se trato de un cambio cosmético, no viéndose por ninguna parte la diferencia de talante entre una y otra junta. Buena parte de los miembros del SLORC fueron renovados en el SPDC de 19 integrantes, y si bien no sucedió lo mismo con el Gabinete del Gobierno, el grueso de los puestos ministeriales siguieron en manos de generales, almirantes y coroneles.

Además, la cúspide de la jerarquía fue salvaguardada: Than como el número uno; el general Maung Aye como el número dos, en tanto que vicepresidente del SPDC, comandante en jefe del Ejército y subcomandante en jefe de los Servicios de la Defensa; el teniente general Khin Nyunt como el número tres, en calidad de secretario primero el SPDC y jefe tanto de los Servicios de Inteligencia del Ejército como de la Oficina de Estudios Estratégicos de la Defensa; y el teniente general Tin Oo como el número cuatro, al servir de secretario segundo del citado supremo órgano político-militar. Según diplomáticos y politólogos asiáticos interesados en desentrañar las relaciones de poder en la intimidad del régimen, Than, Maung y Khin constituían el auténtico triunvirato gobernante, que tomaba por si solo virtualmente todas las decisiones fundamentales. El cuanto al papel del octogenario Ne Win, era motivo de controversia, aunque la mayoría de los observadores le seguían atribuyendo un ascendiente de alcance impreciso, además de quedar de manifiesto su rol diplomático ante países como Indonesia.

Más convincente que la pretendida apertura interna resultó, con mucho, la segunda dinámica de Than, desarrollada paralelamente, de quebrar el ostracismo exterior de la Junta por el cauce de la diplomacia asiática y partiendo del único país que podía considerar aliado, China, con espectaculares resultados. La visita en febrero de 1993 del ministro de Exteriores chino, Qian Qichen, devolución de la prestada por Saw Maung en agosto de 1991, preludió la arribada a Rangún de un gran número de delegaciones gubernamentales y empresariales de este país para la adopción de contratos de inversión y comerciales, inclusive la adquisición de grandes remesas de material bélico para las Fuerzas Armadas birmanas. Este último negocio tuvo el efecto de inquietar sobremanera a India, quien a su vez, en mayo de 1994, envió una embajada militar con el objeto de explorar formas de cooperación en ese terreno. El 26 de diciembre de ese año el primer ministro chino, Li Peng, recibió una untuosa acogida en Rangún. Finalmente, el 7 de enero de 1996 Than en persona se desplazó a Beijing.

Pero los desenvolvimientos más notables tuvieron lugar con los países de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN), que aceptaron normalizar las relaciones bilaterales con Myanmar, dando lugar a una intensa actividad diplomática. Hito fundamental de este desarrollo fue la invitación cursada a Than para asistir, a la vez que los líderes de Laos y Camboya, a la V Cumbre de jefes de Estado y de Gobierno de la ASEAN, en Bangkok el 14 y el 15 de diciembre de 1995. Días después de adoptar Myanmar al Tratado de Bali de Amistad y Cooperación, instrumento de salvaguardia de la seguridad de los estados miembros, Than y los otros nueve mandatarios se reunieron en el lugar y la fecha acordados, suscribieron el Tratado sobre la Zona Libre de Armas Nucleares del Sudeste Asiático (SEANWFZ) y a él en particular se le comunicó la aceptación del estatus de observador, que presumiblemente iba a tener una duración de tres años, dentro de la estrategia de preadhesión del país indochino.

El siguiente peldaño del ingreso de Myanmar en la ASEAN se pisó en la reunión ministerial del 12 y 13 de julio de 1996 en Yakarta, con la obtención del estatus de observador. El 23 de julio siguiente el país fue admitido en el Foro Regional de la ASEAN (FRA), que brinda un espacio de cooperación política y de diálogo sobre temas de seguridad a los estados miembros y sus socios comerciales, coincidiendo con su tercera reunión ministerial, en Yakarta también. A rebufo de este ambiente propicio, el SPDC dejó claro que no se conformaba con el estatus de observador en la ASEAN: el 12 de agosto de 1996 el ministro de Exteriores, Ohn Gyaw, hizo entrega de la solicitud formal de membresía, la cual fue un hecho el 23 de julio de 1997. Las entradas en la ASEAN de Myanmar, Laos y Camboya, como poco antes el de Vietnam, obedecieron a criterios fundamentalmente políticos y de consideración estratégica, así que la cuestión de los Derechos Humanos terminó no siendo un requisito decisivo. A los países de Asia del sudeste les interesaba formar un bloque comercial que incluyera a la península de Indochina para frenar el detectado expansionismo político chino a la vez que contrarrestar al predominio económico japonés.

Pero había intereses más particulares. Por ejemplo, el presidente Suharto de Indonesia estimaba que el debate sobre la situación política en Myanmar podía desviar la atención sobre las cortapisas a las libertades de su propia dictadura, mientras que el primer ministro Mahathir bin Mohamad de Malasia hizo de la entrada de Myanmar en la ASEAN una suerte de caballo de batalla dentro de su particular porfía con Occidente en torno a la exigencia del respeto universal de los Derechos Humanos, que para él sólo podía ser laxa y relativa, en virtud del código de conducta de la organización, que habla de no interferir en los asuntos internos de los estados miembros.

El trato dado a Than y sus colegas por los líderes asiáticos contrastaba con la actitud de Occidente, que por aquellas mismas fechas intensificó las presiones para que se levantaran las interdicciones sobre Aung San, se dialogara con ella sobre democracia y reconciliación nacional, y se aplicaran drásticas mejoras en la espantosa situación de los Derechos Humanos, con una realidad diaria de torturas en las prisiones, ejecuciones extrajudiciales, explotación de mano de obra laboral, abusos específicos contra las mujeres, arrestos y encarcelamientos por motivos de discrepancia política, opresión sistemática de minorías étnicas y religiosas, y restricciones decisivas a los derechos de asociación y expresión.

El 28 de octubre de 1996 la Unión Europea (UE), con el Reino Unido a la cabeza, impuso a Myanmar un régimen de sanciones que incluía el embargo de armas, la suspensión de la ayuda no humanitaria y los programas al desarrollo, la reducción de los contactos políticos y la prohibición de viajar a los países comunitarios a los altos responsables del régimen. Luego, la entrada de Myanmar en la ASEAN repercutió gravemente en las relaciones entre la organización asiática y la UE. El 20 de mayo de 1997 Estados Unidos hizo oficial su paquete de sanciones, que centraba las prohibiciones en las inversiones y las ayudas financieras o al desarrollo.

Than asistió impávido al castigo occidental. Con la NLD bajo control y supeditada a la respuesta caprichosa del poder a sus rogativas de diálogo, la insurgencia de base étnica considerablemente disminuida al cabo de más de 20 altos el fuego desde 1989 con la pléyade de grupos armados, la mayor de estas guerrillas aún operativas, la KNU, al borde del colapso por la presión conjunta del Ejército y su controvertido aliado, el muy poderoso señor territorial del opio Khun Sa, y los indicadores macroeconómicos relativamente boyantes gracias al salto de las inversiones foráneas y las exportaciones (si bien en el segundo semestre de 1997 el impacto de la crisis asiática hizo crecer la inflación, arrastró a la moneda, el kyat, y agotó las reservas de divisas), el general estaba decidido a maximizar los dividendos políticos de su exitosa apuesta por la inserción regional, marco diplomático y comercial que le brindó, de hecho, un colchón solidario y un balón de oxígeno a todas luces holgados.

Desde 1997 se intensificaron los contactos entre Myanmar y sus vecinos sudorientales con las visitas a Rangún de Suharto (febrero), el primer ministro de Singapur Goh Chok Tong (marzo), Mahathir (marzo) y el presidente filipino Fidel Ramos (octubre). Diciembre de 1997 fue un mes fausto para Than, que asistió en Kuala Lumpur (del 14 al 16) a la cumbre anual de la ASEAN, contada como II Cumbre Informal de la organización, y a cuyo término se entrevistó con el secretario general de la ONU, Kofi Annan. Del 25 al 27 de abril de 1998 Than hizo otro desplazamiento a la zona, al sultanato de Brunei, entre el 25 y el 27 de septiembre de 2001 visitó Malasia, el 17 y el 18 de diciembre de 2002 estuvo en Bangladesh, y del 6 al 11 de enero de 2003 realizó en China su más prolongado viaje al extranjero. La nueva disposición de Than a salir al extranjero bien podía significar que se sentía más seguro de su posición.

A su vez, el desfile de mandatarios asiáticos por Rangún continuó con la fanfarria propagandística del régimen, preocupado en opacar el boicot a que le sometían los países occidentales. Sucesivamente, vinieron a departir con Than: el presidente indonesio Abdurrahman Wahid en noviembre de 1999; el primer ministro camboyano Hun Sen en febrero de 2000; el primer ministro vietnamita Pham Van Khai en mayo de 2000; el ministro de Exteriores indio Jaswant Singh en febrero de 2001; el presidente pakistaní Pervez Musharraf en mayo de 2001; la presidenta indonesia Megawati Sukarnoputri en agosto de 2001; el presidente chino Jiang Zemin en diciembre de 2001; y, de nuevo, Mahathir en agosto de 2002.

Than, que suele recibir a sus huéspedes con el uniforme de general y se reúne con sus anfitriones vestido de civil, escuchó más palabras gratas que quejas y exigencias de los líderes asiáticos; concretamente, Jiang se refirió a la “amistad fraternal” entre los dos países, mientras que Mahathir se explayó con el argumento de que “no es fácil tratar con la democracia” y que su adopción debía ser un proceso gradual, ya que una transición mal planteada podía “abocar a la anarquía”. En agosto de 2002 se presentó en Rangún también el ministro de Exteriores japonés, Yoriko Kawaguchi, quien equilibró su embajada fundamentalmente comercial con un encuentro con Aung San y el emplazamiento a los militares birmanos a que sostuvieran un diálogo productivo con la líder opositora.

La cooperación bilateral más problemática fue con la vecina Tailandia, precisamente el país de la ASEAN más escéptico con la membresía casi incondicional de Myanmar, la cual añadió nuevos capítulos a la añeja tradición de disputas sobre los problemas de seguridad transfronteriza, el trasiego de grupos armados, el tráfico de estupefacientes (vértice occidental del célebre triángulo de oro, Myanmar es el principal productor mundial de heroína, condición que se reforzó en 2000 después de que el régimen de los talibán en Afganistán destruyera la mayoría de las cosechas de adormidera de este país) y la situación de los miles de trabajadores birmanos asentados ilegalmente en Tailandia.

Pero incluso en este frente intermitentemente hostil Than obtuvo éxitos, ya que el asalto el 1 de octubre de 1999 de la embajada birmana en Bangkok por estudiantes birmanos exiliados encolerizó al Gobierno del primer ministro Chuan Leekpai, quien pasó a endurecer las condiciones del asilo de los activistas birmanos y se avino a colaborar con el Ejército de Rangún en la persecución de la guerrilla karén, privándola de sus santuarios en territorio tailandés. El 19 de junio de 2001 Than y el sucesor de Chuan, el empresario Thaksin Shinawatra, analizaron en la capital birmana posibles fórmulas de entendimiento como epílogo a una escalada de acusaciones sobre el apoyo militar de cada país a oposiciones guerrilleras del otro, el Ejército del Estado Shan (SSA) en el caso de Myanmar y el Ejército Unido del Estado Wa (UWSA) en el caso de Tailandia, siendo ésta última una poderosa narcoguerrilla que desde el alto el fuego de mayo de 1989 viene colaborando con la Junta en sus operaciones de limpieza étnica en las áreas shan además de haberse especializado en la distribución de anfetaminas en el mercado tailandés.

Las especulaciones sobre la sinceridad de Than y el SPDC cuando proclaman su voluntad de avanzar en la reconciliación nacional en Myanmar han debido tener en cuenta las tensiones internas en la cúpula dirigente, que dista de ser monolítica. Los rumores, pero también indagaciones periodísticas bien fundadas, remontan, al menos, a 1997 una pugna soterrada que tiene su fundamento en el enfrentamiento personal entre los generales Maung Aye y Khin Nyunt.

Maung está considerado un paladín de la línea dura, con planteamientos xenófobos, aislacionistas y militaristas, y en repetidas ocasiones se ha referido a la necesidad de “aniquilar” a Aung San. A Khin, en cambio, no obstante haber sido un puntal de la represión antidemocrática y de la restauración dictatorial en 1988, se le presenta como un oficial preocupado por las consecuencias del ostracismo internacional del régimen y proclive al diálogo con la oposición civil. A este general supuestamente más moderado se le atribuyen todas las decisiones movilistas de la Junta: la toma de contacto con Aung San, el sellado de la paz con las insurgencias étnicas, la apertura a la inversión extranjera, la apuesta por la ASEAN y el blindaje de las relaciones con China.

Maung y Khin se disputaron los favores de Ne Win y hasta 2002 trasladaron su rivalidad al terreno de la sucesión de Than al frente del SPDC y el Estado, mudanza que parecía inminente toda vez que en mayo de 2000 el dictador expresó a sus allegados que consideraba retirarse por motivos de salud. Sin embargo, a comienzos de 2003, a la luz de la intensificación de sus giras de inspección internas, su agenda internacional y sus actividades en la Asociación por la Solidaridad y el Desarrollo de la Unión (USDA), el frente de masas creado por la Junta para servirle de brazo civil, quedaban pocas dudas de que Than había desechado aquella idea. De hecho, el general ha dado a entender que aspira a quedarse en el poder indefinidamente; incluso, ha empezado a correr la especie de que alberga una ambición dinástica, ya que en algunas apariciones televisivas se deja ver con un nieto vestido con el uniforme de general en miniatura.

En los últimos tiempos, los informes sobre la existencia de una porfía entre camarilla con supuestas diferencias de por medio sobre la estrategia a adoptar con Aung San y la NLD se han nutrido de una serie de incidentes de alcance y gravedad imprecisos. Por de pronto, el 19 de febrero de 2001 se informó de la muerte del general Tin Oo, considerado de la línea dura, en un accidente de helicóptero; toda vez que el 6 de abril de 1997 había salido ileso de un atentado con bomba, en el que, no obstante, pereció una hija, cuya autoría y móviles no fueron esclarecidos, su deceso fue para muchos un asesinato encubierto perpetrado por una facción rival del Ejército.

A continuación, el 9 de noviembre de 2001 el SPDC se deshizo de su tercer secretario, el teniente general Win Myint, quien había reemplazado a Tin Oo como teórico número cuatro del régimen, a la vez que destituyó del Gobierno al viceprimer ministro y ministro de Asuntos Militares, teniente general Tin Hla, antes ministro de Hacienda. No se dieron explicaciones de estas descabalgaduras, si bien la prensa regional vinculó a ambos oficiales con negocios particulares en el sector privado. Al poco se desató una purga en la familia de Ne Win, cuya influencia sobre Than y los generales parecía haberse evaporado hasta el punto de volverse éstos contra él. El 7 de marzo de 2002, después de ser detenidos un yerno y tres nietos bajo la acusación de formar parte de una conspiración golpista en connivencia con militares disidentes, el anciano ex dictador fue puesto bajo arresto en su residencia de Rangún. Dos días después, la purga alcanzó al responsable de la Policía, al comandante en jefe de la Fuerza Aérea y al comandante de la región militar de las Tres Fronteras, todos mandos septuagenarios y asociados a la corrupción.

Los parientes de Ne Win fueron llevados a juicio por alta traición. El fiscal les imputó un plan para asesinar a los triunviros y el 26 de septiembre fueron sentenciados a morir en la horca, si bien la pena les fue conmutada por sendas cadenas perpetuas. Los observadores expresaron su escepticismo sobre los cargos de intento de golpe de Estado y magnicidio, y relacionaron esta represalia con la determinación de Than de aplastar la influencia turbadora de la hija de Ne Win, que había levantado un emporio económico particular. De paso, se habría enviado el mensaje a navegantes sobre que no iban a tolerarse los reinos de taifas políticos o económicos que amenazaran la hegemonía dictatorial del SPDC. Oportunamente, Ne Win, a los 91 años de edad, falleció mientas continuaba bajo arresto el 5 de diciembre de 2002. No hay base para suponer que su óbito no tuviera causas naturales.

Fueran las que fueran las pendencias libradas en el núcleo del régimen, el resultado ha sido la consolidación de Than en el poder y el triunfo de la línea intransigente, que, no cabe ninguna duda, ampara y ejecuta el jefe del Estado. Los resultados de tres años de contactos con Aung San y la NLD son reveladores de que, hoy por hoy, el dictador birmano se expresa con cinismo cuando asegura que los militares “no tienen la intención de negar la democracia al pueblo de Myanmar”. En octubre de 2000, con los buenos oficios del diplomático malasio Razali Ismail, enviado especial del secretario general de la ONU, el SPDC, representado por el general Khin, retomó la mesa de diálogo, directo y secreto, con Aung San sobre la base de la noción de reconciliación nacional y un esquema transicional de reparto de poder previo a la celebración de elecciones democráticas.

Una serie de gestos propiciatorios, la aceptación de la cooperación con las instancias de la ONU encargadas de los Derechos Humanos y los derechos de los trabajadores, y excarcelaciones dosificadas de cientos de presos políticos (en agosto de 2001 fueron liberados el presidente y el vicepresidente de la NLD, Aung Shwe y Tin Oo, respectivamente), dieron alas a un cauteloso optimismo en las partes involucradas y los países que condicionaban el levantamiento de las sanciones a resultados prácticos de estas conversaciones. La propia Aung San, en el último bienio sometida a todo tipo de presiones y acosos psicológicos para quebrar su espíritu, intentó infundir ánimos con declaraciones de signo constructivo y conciliador, sobre todo en lo relacionado con las sanciones internacionales a la Junta, cuya necesaria vigencia había sido eje fundamental de sus manifiestos.

El 6 de mayo de 2002 se produjo un resultado visible del diálogo secreto entre el SPDC y la NLD con el levantamiento de su último período de confinamiento, iniciado el 22 de septiembre de 2000, a Aung San, que recuperó así la libertad de acción de que había gozado entre 1995 y 1996. La medida fue acompañada por nuevas liberaciones de activistas de la NLD, si bien Amnistía Internacional recordó que un millar y medio de reclusos políticos continuaban languideciendo en las prisiones. La infatigable líder democrática demandó a la Junta conversaciones inmediatas sobre la definición de medida de confianza y poco después Razali Ismail emprendió el octavo viaje de su misión mediadora, con la intención de aprovechar el momento para propinar un ímpetu al incierto proceso. En octubre hizo su aparición en Rangún el ministro de Exteriores de Australia, Alexander Downer, en la primera visita de un alto responsable de gobierno occidental desde el viaje de la entonces embajadora de Estados Unidos ante la ONU, Madeleine Albright, en septiembre de 1995.

Pues bien, hasta el presente, ni las exhortaciones internas ni las presiones externas, a todas luces insuficientes, han hecho mella en Than y el SPDC. Transcurrido un año puramente inercial y dilatorio, el 30 de mayo de 2003 el fatalismo sobre el porvenir del diálogo político en Myanmar volvió a apoderarse de locales y foráneos con la imposición de la “custodia preventiva” a Aung San y 17 dirigentes del partido con el pretexto de haber suscitado, en el curso de una gira provincial, choques violentos entre partidarios de ella y el Gobierno en una ciudad al norte del país; lo que sucedió en realidad es que la comitiva de Aung San fue salvajemente atacada por una turbamulta de personas que, apenas puede dudarse, actuó por orden de la autoridad militar y asesinó a varios militantes demócratas. El enésimo cerrojazo de Than, objeto de un torrente de censuras internacionales, ha expuesto crudamente el dilema en el que se encuentran los generales birmanos, que le tienen pánico, no ya a hacer concesiones políticas a la NLD, sino simplemente a que Aung San congregue masas de seguidores entre la población civil, cuya adhesión masiva, si no prácticamente unánime, a la causa democrática que ella encarna los dictadores conocen sobradamente.

El empecinamiento del dictador en continuar con este juego de dar un paso hacia delante y dos hacia atrás, en resistir el día a día, que revela un afán de quitarse de encima la presión internacional pero nula voluntad de renunciar al poder omnímodo y los privilegios de la casta que usufructúa el poder a su gusto y conveniencia, se manifiesta cuando la economía birmana parece agotada por el descenso de los índices de crecimiento, la fluctuación a la baja de las inversiones foráneas, el agrandamiento de los déficits y la inflación, y la agónica situación del kyat, que en mayo de 2003 se cotizó a 1.200 unidades por dólar en el mercado negro mientras que el tipo de cambio oficial es del 6,9, todo ello sobre un mar de corrupción, incompetencia, depredaciones de recursos, expansión de los negocios ilícitos con patrocinio estatal y ruina del tejido social.

Si bien la implosión de la dictadura, por motivo de un segundo alzamiento popular, un golpe de Estado o el colapso económico, se antoja mera elucubración hoy por hoy, los analistas del caso birmano auguran tensiones crecientes en las Fuerzas Armadas, donde, estiman, un número significativo de oficiales estaría advirtiendo que todo el andamiaje del poder podría venirse abajo, y la supervivencia personal de sus sustentadores correr serio peligro, a menos que el régimen abra un boquete en el callejón sin salida en el que se ha metido y se avenga a fórmulas transaccionales con la oposición, para, al menos, asegurarse la milicia la inmunidad jurídica y la reserva constitucional de un rol político determinante en la futura Birmania gobernada por los civiles, mudanza que, más tarde o más temprano, se producirá.

(Cobertura informativa hasta 1/8/2003)