Iajuddin Ahmed

© UN Photo/Mark Garten

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Actualización: 19 abril 2016

Bangladesh

Presidente de la República (2002-2009)

  • Mandato: 6 septiembre 2002 - 12 febrero 2009
  • Nacimiento: Nayagaon, distrito de Munshiganj, división de Dhaka, 1 febrero 1931
  • Defunción: Bangkok, Tailandia, 10 diciembre 2012
  • Partido político: sin filiación
  • Profesión: Profesor de Agronomía
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Biografía

Miembro de una familia musulmana acomodada y nacido en la región entonces llamada Bengala Occidental, en la India Británica, tras completar su formación escolar en el Haraganga College del distrito de Munshiganj accedió a la Universidad de Dhaka, por la que obtuvo una maestría en Ciencia de la Tierra en 1954. Prosiguió los estudios en Estados Unidos, en la Universidad de Wisconsin, y enalteció su historial académico con dos títulos más, una licenciatura en Ciencias y el Doctorado en Filosofía, el último de los cuales recibió en 1962. Al año siguiente estaba de vuelta en su país, Pakistán, ejerciendo de auxiliar de docencia en el Departamento de Ciencia de la Tierra de la Universidad de Dhaka. En 1964 fue contratado como profesor asociado, y entre 1968 y 1969 estuvo al frente del departamento.

En 1973, un bienio después de la proclamación por el jeque nacionalista Mujibur Rahman de la República Popular de Bangladesh, que no consiguió el reconocimiento internacional sino al cabo de una terrible guerra secesionista contra el Ejército pakistaní (lucha desesperada en cuyo desenlace victorioso resultó decisiva la intervención militar de India), Ahmed se convirtió en catedrático de su especialidad agrónoma, y dos años más tarde empezó a servir como jefe administrativo del Salimullah Muslim Hall, uno de los complejos residenciales estudiantiles de la Universidad, cometido que prolongó hasta 1983, cuando partió a la Universidad de Cornell para dar clases en calidad de profesor visitante. Simultáneamente, de 1976 a 1979, volvió a presidir el Departamento de Ciencia de la Tierra. Contrajo matrimonio con una colega de la Universidad, la catedrática de Zoología Anwara Begum, con la que tuvo tres hijos.

Profesor universitario poco interesado en la política, Ahmed continuó con su carrera académica, siempre en la Universidad de Dhaka, y fue testigo silente del convulso desarrollo de la joven república asiática, regularmente sacudida por los magnicidios, los golpes de Estado militares, las declaraciones de la ley marcial y los procesos electorales viciados, en un sistema donde las luchas ideológicas eran siempre violentas y donde las dinastías políticas perpetuaban los sentimientos de rencor y revancha por las ofensas sufridas anteriormente.

En 1984 prolongó su estadía en el extranjero, impartiendo docencia de su especialidad en el Centro de Investigación Büntehof de Hannover, la Universidad Técnica de Berlín, la también alemana Universidad de Göttingen y la Universidad de Uppsala, en Suecia. En 1989 fue nombrado decano de la Facultad de Biología. A comienzos de 1991, el Gobierno civil interino que conducía el presidente en funciones Shahabuddin Ahmed desde la caída en diciembre de 1990 del último dictador castrense con pretensiones de legitimación en las urnas, el general Hossain Mohammad Ershad, le reclamó para el servicio del Estado como asesor técnico y responsable de hecho del Ministerio de Alimentación y Asuntos Culturales.

El primer contacto de Ahmed con la esfera gubernamental resultó efímero, hasta la asunción el 20 de marzo de 1991 del nuevo Gobierno presidido por la begumKhaleda Zia, jefa del Partido Nacionalista de Bangladesh (BJD, conservador), viuda del asesinado dictador Ziaur Rahman y ganadora de las elecciones democráticas del 27 de febrero anterior. Sin embargo, la nueva Administración le mantuvo en la plantilla del Estado como presidente de la Comisión de Servicios Públicos, un órgano semijudicial encargado de reclutar a los cuadros de la función pública. Ahmed fungió en la Comisión hasta 1993.

El emérito, a estas alturas autor de un centenar de trabajos y artículos, y de unas laureadas investigaciones que le habían permitido hallar un procedimiento para mejorar el rendimiento de las plantaciones arroceras en las áreas de costa mediante el suministro dosificado de nutrientes a los suelos con niveles de salinidad, tuvo una tercera misión de Estado en 1994, como miembro conferenciante de la delegación bangladeshí que participó en la apertura en Nueva York del 49º período ordinario de sesiones de la Asamblea General de la ONU.

En los ocho años siguientes sus actividades estuvieron nuevamente ceñidas a la universidad. En 1995 pasó a presidir la Comisión de Becas de su alma máter de Dhaka, puesto en el que se mantuvo hasta 1999. Llegado 2002, puso término a cuatro décadas de relación orgánica con la Universidad de Dhaka y se estrenó como vicerrector de la Universidad Estatal de Bangladesh (SUBD), una casa de estudios que, pese a su nombre, es de naturaleza privada. Entrado ya en su séptima década de vida, Ahmed habría proseguido seguramente su plácida vida académica de no haber dimitido el 21 de junio de 2002 el presidente de la República, A. Q. M. Badruddoza Chowdhury.

Elegido para el cargo en noviembre de 2001, Chowdhury se plegó con inusitada sumisión al llamado realizado por Khaleda Zia, primera ministra de nuevo (tras el período de Gobierno, entre 1996 y 2001, de la Liga Popular de Bangladesh –BAL- cuya líder, la jequesa Hasina Wajed, hija del asesinado Mujibur Rahman, era acerba adversaria suya), quien consideraba una intolerable falta de respeto y poco menos que un insulto a la memoria de su esposo la reciente negativa del jefe del Estado a rendir tributo ante la tumba de Ziaur Rahman en el vigésimo primer aniversario de su muerte en un fallido golpe de Estado. Que Chowdhury hubiera cancelado su pertenencia al BJD después de asumir la Presidencia y oficialmente fuera un independiente, no disuadió a Zia de su propósito de descabalgarle por una razón que, de puertas afuera, se antojaba nimia.

El presidente del Parlamento, Jamiruddin Sircar, asumió las funciones de la Presidencia de la República de manera interina, hasta que la Cámara invistiera al nuevo titular en un plazo de 90 días. En un momento en que el país atravesaba por uno de sus frecuentes picos de tensión política, con la BAL intentando hacer caer al Gobierno de su archirrival con espantadas parlamentarias, manifestaciones callejeras y huelgas generales (exactamente la misma estrategia desestabilizadora que el BJD había empleado contra Hasina cuando el poder estuvo en manos de ésta), y militantes de los dos partidos entregados al matonismo y el pistolerismo, la clase política de uno y otro lado pareció convenir en la necesidad de hacer sentar en este puesto básicamente decorativo pero que no podía permanecer vacante a una personalidad apolítica de la sociedad civil dispuesta a cumplir lo que se esperaba de ella, a saber: cumplir con los formalismos institucionales, representar al Estado y ofrecer una línea de continuidad y estabilidad suprapartidista.

El escogido por el partido gobernante fue Ahmed, que, sin duda, con abnegación patriótica, aceptó distanciarse de las aulas (aunque luego la SUBD elevó a su ilustre miembro al puesto de canciller o rector) y convertirse en el jefe del Estado con atribuciones sólo ceremoniales, habida cuenta del sistema de Gobierno estrictamente parlamentario. El 5 de septiembre de 2002, el Parlamento aprobó por aclamación su candidatura, que era la única después de declarar inelegibles la Comisión Electoral a dos posibles aspirantes, y al día siguiente Ahmed prestó juramento ante el presidente del Tribunal Supremo como el treceavo presidente de la República Popular, un elevado ordinal para un Estado con 30 años de existencia, recordatorio de su agitada trayectoria. Por lo demás, se trataba del primer presidente salido del mundo educativo: todos sus predecesores habían sido, bien políticos profesionales, bien generales del Ejército, bien magistrados jefes del Tribunal Supremo.

La BAL y otros partidos pequeños de la oposición acogieron con gelidez la postulación de Ahmed, cuya ceremonia de instalación no tuvieron reparos en boicotear, aunque tampoco presentaron candidatos alternativos. No obstante la irrelevancia a la que parecía estar condenado en los cinco años de mandato que tenía por delante, la jeque Hasina denunció que el nuevo presidente estaba lejos de ser una figura independiente y que estaba lo suficientemente próximo al BJD como para ser considerado un “hombre de partido”. Wajed fundó su imputación en que Ahmed venía desarrollando actividades en la JASAS, una organización que funcionaba como el frente cultural del BJD y que hacía apología de su particular concepción ideológica de la lucha por la independencia de Pakistán y de las dramáticas mudanzas políticas que entreveraron la joven república.

La huérfana de Mujibur Rahman contrapuso a Ahmed con Chowdhury, quien, según ella, había sido obligado a dimitir de manera muy poco honorable precisamente por su “neutralidad”, por no considerar como parte de sus obligaciones institucionales la asistencia a un acto de homenaje a Ziaur Rahman. Por su parte, el protagonista de la polémica se limitó a exhortar a los partidos a “olvidar todas sus diferencias y a trabajar de manera unitaria, así que podamos hacer lo mejor por Bangladesh, que es un país pequeño”. Un periódico nacional, el Daily Star comentó que, después de todo, el cargo de presidente de Bangladesh era un “trabajo duro”, ya que “el principal reto” de Ahmed iba a consistir en “mantener contento al partido en el poder a la vez que gana la confianza de la oposición”.

(Cobertura informativa hasta 1/10/2002)