Salmán ibn Abdulaziz Al Saud

© US Department of Defense/Erin A. Kirk-Cuomo

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Actualización: 18 julio 2017

Arabia Saudí

Rey y primer ministro (2015-)

  • Salman ibn Abdulaziz Al Faysal Al Saud
  • Mandato: 23 enero 2015 - En ejercicio
  • Nacimiento: Riad (Riyadh), región de Riad, 31 diciembre 1935
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Presentación

La muerte el 23 de enero de 2015, tras una década de reinado, de Abdullah ibn Abdulaziz colocó en el trono de Arabia Saudí a su hermanastro Salmán, con 79 años 11 más joven que él. El cambio de soberano en Riad coincide con el recrudecimiento de la pugna que por el liderazgo regional y con un fuerte componente religioso vienen sosteniendo el ultraconservador reino del desierto, sunní, y la república islámica de Irán, shií, trasfondo al que se superpone la irrupción desestabilizadora del también sunní Estado Islámico, devenido, paradójicamente, enemigo común. En el plano económico, la sucesión acontece en pleno desplome del precio del petróleo por el exceso de oferta en el mercado de crudo, tendencia que Arabia Saudí se niega a revertir, produciendo menos, con la explicación de que desea acabar con la competencia comercial del petróleo no convencional o shale oil.

Uno de los 45 hijos varones tenidos por el rey fundador del Estado saudí en 1932, al igual que los otros cinco monarcas que se han sucedido en los últimos 62 años, Salmán ibn Abdulaziz Al Saud era ministro de Defensa desde 2011 y el príncipe heredero desde 2012, cuando ocupó el lugar de su hermano Nayif, quien a su vez había reemplazado el año anterior al también fallecido Sultán, cuya cartera ministerial tomó el menor de los tres. Este trío de príncipes lideraba a los llamados Siete Sudairís, grupo de hermanos biparentales con un historial de desencuentros con Abdullah, deudo fraterno de distinta madre, y que con la entronización de Salmán ha recobrado la jefatura dinástica de la Casa de Saud, encabezada hasta 2005 por el rey Fahd ibn Abdulaziz, el mayor de los Sudairi.

Rasgos destacados de este clan interno en la vasta familia real saudí, cuyo régimen, de dictadura descentralizada, da vida a un Estado patrimonial y absolutista, han sido el prooccidentalismo, el mantenimiento del pacto estratégico con Estados Unidos a pesar de las periódicas crisis de confianza con Washington y las flagrantes contradicciones que lo vienen envolviendo, y el celo religioso, que llevó a los Sudairi a promover la ideología salafista jihadista en el orbe musulmán y a poner muy mala cara frente a las demandas, internas y externas, de reforma política, actitud esta última bien patente tras la guerra del Golfo en 1991 y con motivo de la Primavera Árabe 20 años después. Sin embargo, Salmán, quien en la práctica ha llevado las riendas del Reino durante la postración terminal del enfermo Abdullah, trae un perfil algo más pragmático que los difuntos Sultán y Nayif, de príncipe Saud favorable a algunos cambios controlados en la sofocante rigidez social. La última expresión de este aperturismo a cuentagotas fue, en 2011, la concesión de derechos electorales (en los comicios municipales, únicos existentes en un país sin partidos ni Parlamento, y solo a partir de 2015) a las mujeres; hasta la fecha, la saudíes eran las únicas ciudadanas del planeta que por ley no podían votar ni ser votadas.

Ahora bien, la promesa inaugural del nuevo monarca de proseguir con las "políticas correctas" de sus predecesores no da margen para suponer que con Salmán amainarán la persecución sistemática de los brotes de disidencia política, el silenciamiento de las demandas de la minoría shií o los brutales castigos corporales y penas capitales (decapitaciones, lapidaciones, amputaciones, flagelaciones) que la doctrina hanbalí wahhabí, en su lectura fundamentalista del Corán y la Sunna, aplica para los delitos Hadd en el marco de la Sharía. Además, el Custodio de las Dos Mezquitas Santas, que es también primer ministro y goza del monopolio legislativo, ha ratificado personalmente al presidente Obama, de visita honradora en Riad, la vigencia de la relación especial con Estados Unidos en los ámbitos de la seguridad y la defensa, más cuando acucia la amenaza terrorista y subversiva del Estado Islámico.

Como ministro de Defensa, Salmán dispuso en 2014 la participación de la Real Fuerza Aérea Saudí en la campaña de bombardeos de la coalición internacional contra posiciones del EI en Siria, operación bélica que sigue en curso. Arabia Saudí, como antaño con los mujahidines afganos que dieron lugar a Al Qaeda (luego revuelta contra los Saud), ha espoleado a los grupos jihadistas que combaten en la guerra civil de Siria, pero ahora niega haber favorecido el ascenso del Estado Islámico, una escisión de Al Qaeda. Precisamente desde 2014, el autoproclamado califato del EI en Siria e Irak supone un desafío, de calados político y espiritual, a la autoridad de los Saud sobre los santos lugares del Islam. Otro frente de enorme preocupación, seguramente incluso mayor, para Salmán es la toma del poder en la vecina Yemen, a la sazón santuario de Al Qaeda en la península arábiga -su rama regional es atacada por drones de la CIA que despegan desde Arabia Saudí-, por los rebeldes hutíes de fe shií, tras la cual Riad ve la mano desestabilizadora de Teherán.

Al margen de la caótica situación a lo largo y ancho de la región MENA, trufada de contiendas civiles, violencias sectarias y procesos de descomposición estatal de los que no es ajena Arabia Saudí, la sucesión regia de Abdullah por Salmán, quien, para no ser una excepción familiar, también tiene un historial de achaques y hospitalizaciones, ha traído un principio de renovación generacional a la dinastía Saud, aliviando el problema geriátrico que las muertes seguidas de dos príncipes herederos entrados en años vinieron a agudizar. Sin incluir al propio Salmán, octogenario en ciernes, el rejuvenecimiento del liderazgo saudí ha sido por partida triple. Así, el nuevo príncipe heredero y primer viceprimer ministro es un hermanastro, Muqrin ibn Abdulaziz, que a sus 69 años es el más joven de la docena de hijos del patriarca ibn Saud que aún quedan vivos. Más relevante es el hecho de que el nuevo "vicepríncipe heredero", Muhammad ibn Nayif, ministro del Interior de 55 años, no es hijo sino nieto de ibn Saud, con lo que por primera vez se quiebra la línea de sucesión patrilineal de la primera generación de descendientes del fundador del Reino. Finalmente, el nuevo ministro de Defensa es uno de los hijos del rey, Muhammad ibn Salmán, quien cuenta solo con 29 años.

(Texto actualizado hasta enero 2015)

Biografía

1. Miembro del clan familiar Sudairi
2. Ministro de Defensa, heredero al trono y sucesión de su hermanastro Abdullah


1. Miembro del clan familiar Sudairi

El séptimo cabeza del Reino de Arabia Saudí, Salmán ibn Abdulaziz Al Saud, figura en las cronologías genealógicas comúnmente aceptadas como el vigesimoquinto hijo varón, de entre un total de 45, tenidos por el monarca fundador del Estado absolutista en 1932, Abdulaziz ibn Abdulrahmán Al Saud, también conocido como ibn Saud (1880-1953). Salmán vino al mundo tres años después de este acontecimiento político, fruto que fue de la fusión de los reinos arábigos, conquistados por sus mayores en una serie de campañas militares contra las dinastías rivales de los Al Rashid y los Al Hashim (hachemitas), del Nejd y el Hejaz.

La madre de Salmán fue Hassa bint Ahmad Al Sudairi (1900-1969), octava de las 22 esposas oficiales de Abdulaziz. Considerada una de las cónyuges favoritas, si no la que más, de ibn Saud, Hassa alumbró la rama más nutrida e influyente de su extensa progenie, formada por siete príncipes y seis princesas. Los hermanos biparentales establecieron en el seno de la vasta familia Saud un clan basado en la solidaridad de sangre y bastante cerrado en la defensa de los intereses dinásticos de sus miembros frente a las ambiciones de otros príncipes que eran hermanos solo por la vía paterna. Además, compartían un enfoque internacional fuertemente prooccidental y sobre todo proestadounidense. Los habitualmente llamados Siete Sudairis eran, en orden de edad, Fahd (nacido en 1921), Sultán (1928), Abdulrahmán (1931), Nayif (1934), Turki (1934), Salmán y Ahmad, el benjamín, nacido en 1942. El primogénito, Fahd, heredó el trono en 1982 a la muerte de su hermanastro Jalid. Antes que Jalid, otros dos hermanastros, Saud, hasta su fallecimiento en 1964, y Faysal, quien fue asesinado a manos de un sobrino en 1975, reinaron sucesivamente tras la muerte del patriarca en 1953.

El joven Salmán se crió en el Palacio Murabba de Riad, entonces la residencia regular de ibn Saud y hoy convertido en museo público, y como el resto de vástagos reales recibió una exclusiva educación áulica en la cercana Escuela de los Príncipes. Allí, sus maestros le inculcaron doctrina religiosa bajo el prisma rigorista del Wahhabismo (la secta fundamentalista y ultraortodoxa del Islam sunní que desde el siglo XVIII profesan y difunden los Saud) y asignaturas seculares, en especial las científicas. De esta época existen imágenes de un Salmán adolescente o en su tierna adultez, lampiño, posando para el fotógrafo con ademán relajado y vistiendo un elegante traje occidental.

Su primera función oficial le llegó a la edad de 19, en los primeros meses del reinado de su hermanastro Saud, quien era 33 años mayor. Con el título de emir, Salmán empezó sirviendo como vicegobernador provincial de Riad y un año después, en abril de 1955, ascendió a gobernador en sustitución de su hermano mayor Nayif. Las sucintas reseñas oficiales del hoy monarca subrayan el compromiso con las causas humanitarias de Salmán, quien desde esta época estuvo involucrado en la dirección de comités de auxilio a las víctimas de desastres naturales sucedidos en países árabes e islámicos, así como en otras partes del mundo.

A finales de 1960 el príncipe abandonó la gobernación de Riad, algunas fuentes precisan que como resultado de una dimisión, pero en febrero de 1963 el rey Saud le repuso en el mando de la segunda región más amplia del país, que junto con la capital del Reino comprende 404.000 km2 de territorio desértico. En esta ocasión, el príncipe tomó el relevo a un sobrino que sin embargo era un año mayor que él, Badr, hijo de Saud, quien quería dedicarse en exclusiva a los negocios privados. Por otro lado, el veinteañero Salmán ya estaba formando su propia familia, que siguiendo con la costumbre local iba a ser prolífica. El príncipe tomó tres esposas de noble cuna, las princesas Sultana bint Turki bint Ahmad Al Sudairi, quien era una prima carnal, Sarah bint Faysal bint Abu Al Subayai y Fahda bint Falah bint Sultan Al Hithalayn, las cuales le dieron en total 13 hijos.

Con Sultana, hija de un tío por parte de madre, Turki ibn Ahmad Al Sudairi, y fallecida en julio de 2011 a los 71 años, Salmán tuvo a los príncipes Fahd, Ahmad, Sultán, Abdulaziz y Faysal, y a la princesa Hussa. El mayor, Fahd, un príncipe multifacético dedicado a las más diversas actividades públicas y en el sector privado, murió en 2001 a la temprana edad de 46 años a causa de un fallo cardíaco. El siguiente hermano, Ahmad, empresario de la comunicación y como el anterior un apasionado de la cría y las carreras de caballos, sucumbió en idénticas circunstancias justo un año después con tan solo 43.

El tercero de los hijos de Sultana, Sultán, teniente coronel de la Real Fuerza Aérea Saudí, alcanzó celebridad internacional en 1985 al subir al espacio como miembro de la tripulación del trasbordador de la NASA Discovery; el príncipe Sultán ibn Salmán Al Saud se convirtió no solo en el primer astronauta miembro de una casa real, sino también en el primero árabe y musulmán. Posteriormente, colgó el uniforme para ponerse al frente de la nueva Comisión Suprema para el Turismo y las Antigüedades. Sus hermanos menores, Abdulaziz y Faysal, llegaron a ser viceministro de Petróleo y Recursos Naturales, y presidente del Grupo de Investigación y Marketing Saudí y gobernador de Medina, respectivamente.

Con su segunda esposa, Sarah, Salmán concibió al príncipe Saud y con la tercera, Fahda, a los príncipes Muhammad, Turki, Jalid, Nayif, Bandar y Rakan. Muhammad, nacido en 1985, empezó poniéndose al servicio directo de su padre, quien años después iba a escogerle para reemplazarle en el Ministerio de Defensa, como asesor especial en la gobernación de Riad, mientras que Turki, nacido en 1987, se decantó por los negocios empresariales.

Para Salmán, el nombramiento real de 1963 como gobernador de Riad fue el comienzo de casi medio siglo de servicio ininterrumpido en la administración territorial del Estado, tiempo en el cual la ciudad experimentó un formidable despegue urbanístico y demográfico, saltando de los 200.000 habitantes a los cerca de 6 millones con que cuenta en la actualidad, siendo tras El Cairo, Teherán y Bagdad la cuarta metrópoli de Oriente Medio. Entre tanto, en el trono de Arabia Saudí se fueron sucediendo Faysal, Jalid, Fahd y, desde 2005, aunque ya en la última década venía llevando las riendas del Gobierno a raíz de la apoplejía sufrida en noviembre de 1995 por el anterior, Abdullah, hermanastro nacido en 1924 e hijo de la décima esposa de ibn Saud, Fahda.

Durante la larga y nunca superada convalecencia de Fahd, un soberano progresivamente postrado e incapacitado para conducir el Reino, sus hermanos Salmán, Nayif y Sultán lideraron el clan Sudairi e intrigaron y maniobraron contra el príncipe heredero Abdullah, con los consiguientes picos de tensión en los entresijos de la familia real, para sostener los derechos sucesorios del mayor de los tres, quien era ministro de Defensa desde 1963, segundo viceprimer ministro y teórico segundo en la línea de sucesión desde 1982, supeditado a su hermanastro. De hecho, Sultán intentó lo más parecido a un golpe de Estado contra Abdullah a los pocos días de sufrir Fahd su accidente cerebral a finales de 1995, pero no pudo evitar que su hermanastro, quien comandaba la poderosa Guardia Nacional, asumiera las supremas funciones ejecutivas de manera interina. En cuanto a Nayif, considerado tanto o más conservador y antirreformista que Sultán, era el ministro del Interior desde 1975.

La pugna entre los Sudairi y Abdullah por la heredad del trono y las esferas del poder, tan intensa que los Saud, campeones del secretismo además de la intolerancia política y el reaccionarismo religioso, no consiguieron mantenerla soterrada de cara a la población y los medios internacionales, se desarrolló en paralelo a la convulsión que para el Reino supuso la desafección subversiva de Osama bin Laden, antiguo súbdito mujahidín en la guerra de Afganistán y durante años en la nómina de los servicios secretos saudíes. Salmán mismo había participado activamente en la recolección de fondos que, a la par que las campañas humanitarias y caritativas dirigidas a los necesitados del mundo musulmán, sirvieron para pertrechar a los voluntarios islamistas, muchos de ellos saudíes, que combatían a los soviéticos y al Gobierno comunista local en Afganistán. Bin Laden desató una "jihad" global contra Estados Unidos, pero antes de los ataques del 11 de septiembre de 2001 empezó a atacar con saña a su anterior patria encarnada en la casa de Saud, a la que no perdonaba que en 1990 hubiera permitido el desembarco de miles de soldados estadounidenses para las operaciones contra Irak.

Como gobernador de Riad, Salmán se vio involucrado en la lucha contra el desafío terrorista de Al Qaeda al convertirse su ciudad en reiterado objetivo de la organización de bin Laden, la cual estableció aquí una infraestructura clandestina que las fuerzas de seguridad saudíes intentaron desmantelar con operaciones puerta a puerta, muchas veces terminadas en sangrientos tiroteos en bocacalles y edificios de viviendas. Los peores ataques de Al Qaeda en Riad, perpetrados por suicidas y mediante coches bomba en noviembre de 1995, mayo de 2003 y noviembre de 2003, tuvieron como objetivos a residentes extranjeros y personal de Estados Unidos, y se saldaron con varias decenas de muertos. Esta ofensiva terrorista obligó al Gobierno saudí a reconocer la amenaza que entrañaba Al Qaeda en toda su dimensión. Tras el 11-S, los Sudairi, y aquí Salmán no fue la excepción, se negaron a reconocer el hecho de que 15 de los 19 autores materiales habían sido saudíes, y durante un tiempo se aferraron a la teoría de que tras aquella hecatombe había habido un "complot sionista".


2. Ministro de Defensa, heredero al trono y sucesión de su hermanastro Abdullah

En 2004, meses antes de morir, Fahd fue reemplazado por su hermano Salmán en la presidencia del Real Consejo de Familia, o Consejo de los Descendientes (Majlis al-Uthra), una junta restringida de altos príncipes, instituida por el monarca en 2000 como la expresión de la naturaleza colegiada y parental del régimen absolutista. Sus misiones eran vigilar la rectitud política de los dignatarios Saud y resolver en privado y por consenso los conflictos que pudieran surgir en una familia formada, solo en su rama principal, los Faysal, por miles de príncipes, jeques y emires. Según parece, las habilidades mediadoras y conciliadoras de Salmán en el Consejo de Familia merecieron el aprecio de su hermanastro, el rey Abdullah.

El 5 de noviembre de 2011, al poco de ordenar una redada de mendigos con la explicación de que había que limpiar las calles de Riad de pícaros y pedigüeños que abusaban de la piedad limosnera de los fieles, Salmán fue nombrado ministro de Defensa, viceprimer ministro segundo y miembro del Consejo de Seguridad Nacional, con lo que puso término a su larga gobernación en Riad, donde el puesto de emir pasó al príncipe Sattam ibn Abdulaziz, otro de sus hermanastros.

La alta promoción de Salmán se produjo de resultas del fallecimiento, el 22 de octubre anterior y en un hospital de Nueva York, de su hermano el príncipe heredero (desde 2005, cuando la entronización de Abdullah) Sultán, víctima de un cáncer de colon a los 85 años y que ya llevaba cierto tiempo medio incapacitado por la enfermedad. El nuevo príncipe heredero y primer viceprimer ministro pasó a ser Nayif, hasta ahora viceprimer ministro segundo, sin descargo de su condición de ministro del Interior. Salmán estaba muy ligado a Sultán y desde 2008 le había acompañado en sus convalecencias hospitalarias en Marruecos y Estados Unidos. Ahora, el príncipe se perfiló como el oficioso segundo en la línea de sucesión al trono.

Salmán pasó a dirigir la capacidad operativa de unas Fuerzas Armadas que llevaban al menos dos años realizando penetraciones de alcance limitado en el vecino Yemen para perseguir la insurgencia de los hutíes (clan sectario del shiísmo zaydí, pertrechado por Irán y rebelde al régimen republicano del presidente Ali Abdullah Saleh) y que hacía tan solo unos meses, en marzo de 2011, habían entrado en Bahrein para socorrer decisivamente al rey Hamad Al Khalifah en su respuesta represiva a la revuelta ciudadana -liderada a la sazón por los shiíes bahreiníes- en el contexto de la Primavera Árabe.

Integrado por tanto en el núcleo más interno de la toma de decisiones del Reino, junto con el rey Abdullah y el ministro de lnterior Nayif, Salmán se convirtió en coadjutor de la estrategia de vigilancia y contención intensivas, con recurso de medios militares de ser necesario, de la creciente influencia de Irán, el gran adversario regional, que estaba ganando posiciones sobre todo en Irak. Lo que más temían los Saud era que la República Islámica de Irán atizara un alzamiento revolucionario de la minoría shií ismailí del Reino, concentrada en la provincia sureña, haciendo frontera con Yemen, de Najrán. Una denuncia habitual de los shiíes saudíes era que los sunníes wahhabíes que monopolizaban el poder les trataban como a ciudadanos de segunda o de tercera.

Al mismo tiempo, el Gobierno de Riad, que encontró un buen pretexto pera endurecer el control policíaco de sus súbditos y la persecución de la débil disidencia interna, adoptó una actitud decididamente hostil a las revueltas democráticas que sacudieron la región, apostó sin embargo por la liquidación del régimen baazista de Bashar al-Assad en Siria, deploró la decisión de Washington de dejar caer al egipcio Mubarak y acogió con enorme disgusto la llegada democrática al poder en El Cairo de los Hermanos Musulmanes, partido islamista transnacional con el que los Saud mantenían unas pésimas relaciones desde la guerra del Golfo de 1991.

Los problemas de senectud, y los achaques de salud que esta traía consigo, consustanciales al sistema sucesorio de la dinastía Saud, el cual requería sentar en el trono a un hijo capacitado de Abdulaziz, es decir, a un miembro del linaje en segunda generación del fundador del Reino, y manteniendo al mismo tiempo un cierto orden de edad entre los sucesivos príncipes herederos (en su Ley Básica de 1992, Fahd había decretado que, comenzando con el heredero de Abdullah, el trono podría ser reservado al príncipe que el monarca de turno juzgara como el más apto para reinar, lo que incluía a los nietos de ibn Saud, pero esta posibilidad parecía pensada para ser aplicada más adelante), se pusieron nuevamente de relieve el 16 de junio de 2012, día en que el príncipe Nayif murió en Ginebra debido a un fallo cardíaco. Tenía 77 años.

Entonces, y así tuvo que haber sido también el año anterior cuando el óbito de Sultán, Abdullah debió haber convocado el Consejo de Lealtad, comisión principesca creada por él en 2007 con la misión de escoger mediante votación interna al nuevo príncipe heredero, prerrogativa que hasta entonces había sido exclusiva del rey. Sin embargo, no fue esto lo que sucedió. El 18 de junio Abdullah anunció que el nuevo príncipe heredero y primer viceprimer ministro era, con 76 años (12 menos que su hermanastro), Salmán, cuya designación simplemente fue acatada por el Consejo, y no votada por él. Medios y analistas indicaron que Salmán, quien continuó llevando la cartera de Defensa en tanto que la de Interior pasó al más joven de los Sudairi, Ahmad (septuagenario también y viceministro del departamento desde 1975), dadas sus credenciales de conservador y tradicionalista con acentos moderados y pragmáticos, proporcionaba una casi garantía de continuidad del reformismo político y social a cuenta gotas, muy cauteloso, administrado por Abdullah.

Al poco del cambio de príncipe heredero, en septiembre de 2011, el rey concedió a las mujeres el derecho de votar y ser votadas en las elecciones municipales, única ocasión en la que los saudíes podían ejercer el sufragio aunque sin competitividad (a falta de partidos y de un Parlamento, el Reino solo disponía de la Asamblea Consultiva o Majlis ash-Sura instituida por la Ley Básica de 1992, un órgano meramente asesor y desprovisto de cualquier capacidad legislativa, que seguía siendo exclusiva del monarca), novedad que empezaría a aplicarse en las votaciones de 2015. Más tarde, en enero de 2013, Abdullah decretó que las mujeres dispusiesen de 30 asientos en la Asamblea Consultiva de 150 miembros, todos nombrados a su albedrío por el monarca

Salmán fue facultado en agosto de 2012 por el Tribunal Real para "llevar los asuntos del Estado" durante la ausencia temporal de Abdullah, que acababa de partir al extranjero para un reposo vacacional. Camino de su novena década de vida, el estado de salud del rey era objeto de escrutinio, como también lo era el del propio príncipe heredero, quien no era ni mucho menos una excepción en toda esta secuencia familiar de achaques y enfermedades seniles en cadena. Ya en agosto de 2010 Salmán había tenido que someterse a una delicada intervención quirúrgica de columna en Estados Unidos. Además, se sabía que posteriormente sabía sufrido un ictus que al parecer le había dejado secuelas motrices en el brazo izquierdo. Algunos analistas incluso conjeturaban con que el príncipe heredero, que no dejaba un verano sin vacacionar en la ciudad mediterránea española de Marbella, donde poseía un palacio y tenía fondeado un barco, estaba en una fase temprana de demencia.

Lo cierto era que la descendencia filial masculina de ibn Saud iba menguando inexorablemente. De los 36 hijos que habían llegado a adultos, seis habían muerto entre 2005 y 2012: Fahd, Abdulmajid, Fawwaz, Sultán, Nayif y Hathloul. En 2013 lo hicieron otros tres, Musaid, Badr y Sattam, a quien Salmán entregara la gobernación de Riad en 2011. Además del rey y el príncipe heredero, al comenzar 2014 quedaban vivos 13 hijos de ibn Saud: los otros tres Sudairis, Abdulrahmán, Turki y Ahmad, más Bandar (nacido en 1923), Mishaal, Talal, Mutaib, Nawwaf, Abdulelah, Mamdouh, Mishail, Mashhur y el más joven, Muqrin, nacido en 1945. Abdullah y Salmán tenían sus ojos puestos en el príncipe Muqrin, desde 2005, cuando recogió el testigo a Nawwaf, al frente de la Mujabarat, la principal agencia de inteligencia del Reino. En febrero de 2013 Abdullah nombró a Muqrin viceprimer ministro segundo y en marzo de 2014 hizo expresa su condición de segundo en la línea sucesoria haciéndole "vicepríncipe heredero", título que hasta ahora no se había empleado de manera oficial.

El previsible deceso del rey Abdullah acaeció en Riad el 23 de enero de 2015, como el fatal desenlace de una infección neumónica contraída al terminar 2014. El sexto monarca de Arabia Saudí tenía 90 años. De manera automática, Salmán, a los 79, asumió el trono y los títulos y cargos anexos a la persona del soberano, principalmente los de Custodio de las Dos Mezquitas Santas (las de La Meca y Medina) y primer ministro. Una vez entronizado, Salmán se apresuró a nombrar a sus más estrechos colaboradores. Su hermanastro Muqrin, con 69 años, accedió a las condiciones de príncipe de la Corona y primer viceprimer ministro. El nuevo vicepríncipe heredero y viceprimer ministro segundo pasó a ser uno de los hijos del difunto Sudairí Nayif, Muhammad, de 55 años, quien era ministro del Interior desde noviembre de 2012, cuando sucedió a su tío Ahmad, el cual había ostentado el cargo unos pocos meses.

La promoción de Muhammad ibn Nayif, primer príncipe en la línea de sucesión que no era hijo sino nieto de ibn Saud, no fue el único salto generacional en la dirección del Reino: en el Ministerio de Defensa Salmán colocó a su vástago favorito, Muhammad. A sus 29 años, Muhammad ibn Salmán era un verdadero imberbe en un sistema caracterizado hasta ahora por la gerontocracia. Además, el hijo del monarca se hizo con otro alto puesto del régimen, este de naturaleza burocrática pero igualmente poderoso, el de secretario general del Tribunal Real, a cuyo frente Salmán despidió a Jalid al-Tuwaijri, alto dignatario no perteneciente a la familia Saud y muy ligado a la figura de Abdullah. Otro recambio destacado se produjo en la Presidencia General de Inteligencia, la Mujabarat, donde el príncipe Jalid ibn Bandar, uno de los nietos de ibn Saud, dejó paso a un notable no perteneciente a la casa real, Jalid ibn Alí al-Humaidan.

El nuevo rey, al menos por el momento, mantuvo en sus oficinas al resto de ministros principales: el veteranísimo Saud ibn Faysal, príncipe responsable de Exteriores desde 1975; el príncipe Mutaib ibn Abdullah, jefe desde 2010 de la Guardia Nacional y, como el anterior, sobrino suyo; Alí ibn Ibrahim al-Naimi, ministro de Petróleo y Recursos Minerales, en el cargo desde 1995; e Ibrahim ibn Abdulaziz al-Assaf, ministro de Finanzas desde 1996. En otros 10 puestos del Gabinete, sí hubo relevos.

(Cobertura informativa hasta 1/2/2015)

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