Gyude Bryant

© Comunidades Europeas (2006)

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Actualización: 4 enero 2018

Liberia

Presidente del Gobierno de Transición (2003-2006)

  • Charles Gyude Bryant
  • Mandato: 14 octubre 2003 - 16 enero 2006
  • Nacimiento: Monrovia, condado de Montserrado, 17 enero 1949
  • Defunción: Monrovia, condado de Montserrado, 16 abril 2014
  • Partido político: Partido de Acción de Liberia (LAP)
  • Profesión: Empresario
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Biografía

Perteneciente a uno de los grupos étnicos autóctonos de Liberia, los grebo, de los que tradicionalmente han salido muy pocos miembros de la élite dirigente al haber estado copados los altos cargos políticos y económicos por descendientes de los esclavos libertos que en 1847 salieron de Estados Unidos para fundar la primera república negra de África, recibió la educación secundaria en una escuela de Monrovia regida por la Iglesia Episcopaliana antes de matricularse en el Cuttington University College de Suacoco, en el condado de Bong, donde se diplomó en Economía en 1972.

Tan pronto como terminó sus estudios entró a trabajar de administrador jefe en una factoría pesquera perteneciente al Mesurado Group of Companies, el mayor conglomerado de empresas privadas del país. En 1973 fue reclutado por la Autoridad Portuaria Nacional y se hizo cargo de su departamento de planificación y desarrollo. Poco después contrajo matrimonio con una empleada de la aerolínea United Airlines que ejercía en Estados Unidos. En 1977 se instaló como hombre de negocios privado y fundó la Liberia Machinery and Supply Company (LIMASCO), firma dedicada a la distribución de equipamiento en los sectores naval y minero.

Bryant desarrolló esta actividad empresarial en la que fue la última década de vida del régimen corporativista y patrimonialista establecido en el siglo pasado por la casta de los américo-liberianos y que tenía en el ya centenario partido-Estado, el True Whig Party (TWP, fundado en 1878), su instrumento de hegemonía política. Casos como el suyo, el de un liberiano perteneciente a ese 95% de la población con ascendiente aborigen que se había hecho un hueco en la vida económica y social de la costa -única franja de desarrollo urbano, si bien precario, en un país sumido en el atraso y la miseria-, respondían a la apertura racial que el TWP había permitido en los últimos años de la dictadura patriarcal de William Tubman (1944-1971) y más acusadamente en la actual presidencia de William Tolbert, por lo demás un dirigente extraordinariamente corrupto.

El larguísimo monopolio político del TWP –el más prolongado del mundo- quedó destruido con el sangriento golpe de Estado del 12 de abril de 1980 perpetrado por soldados krahn, una de las etnias del interior selvático subyugadas por los costeros, que se dotaron de un líder en la persona del sargento mayor Samuel Doe. Cuando en julio de 1984 el nuevo hombre fuerte de país disolvió el Consejo de Redención Popular o junta militar y levantó las proscripciones que pesaban sobre los partidos políticos, Bryant se unió a otros hombres de negocios, políticos y figuras prominentes de la sociedad civil en la puesta en marcha del Partido de Acción de Liberia (LAP), que se situó en la oposición al nuevo Gobierno civil formado por Doe y basado en el Partido Democrático Nacional de Liberia (NDLP) fundado por los militares. El LAP fue uno de los pocos partidos opositores autorizados a competir con el NDLP en las elecciones generales del 15 de octubre de 1985, que, a la postre, merecieron la consideración de fraudulentas; la impresión general de observadores y periodistas fue que el líder del LAP, Jackson Doe (sin relación con el dictador), había sido el verdadero ganador.

Después de los comicios Doe persiguió con saña a los cuadros del LAP más politizados, saliendo Bryant indemne de la represión. A partir de 1989 el empresario, como otras muchas personalidades de la sociedad civil, asistieron impotentes al estallido de la guerra civil a raíz de la invasión desde Côte d'Ivoire de una tropa de exiliados encabezada por un antiguo colaborador de Doe, Charles Taylor, y al hundimiento del Estado liberiano que le siguió. El conflicto alcanzó cotas inusitadas de barbarie y confusión a lo largo de 1990 con la profusión de matanzas étnicas, la escisión de la guerrilla de Taylor, la captura y asesinato de Doe, y la sunción de Monrovia en un reino de arbitrariedad y de terror.

Durante seis años, los episodios bélicos librados por el Frente Nacional Patriótico de Liberia (NPFL) de Taylor, las tropas de interposición enviadas por la Comunidad Económica de Estados de África Occidental (CEDEAO) y las nuevas milicias que, acaudilladas por rapaces señores de la guerra ávidos de botín y de poder político, fueron incorporándose al pandemónium liberiano, se alternaron con las conferencias de paz y los intentos de asentar en Monrovia una autoridad central y un gobierno de coalición estables y reconocidos por todas las facciones enfrentadas.

Las reseñas biográficas de Bryant con barniz oficial que han sido divulgadas por las agencias de prensa pasan casi de puntillas sobre sus actividades en este ominoso período. Se informa que continuó viviendo en Liberia, ejerciendo su profesión empresarial y destacándose como un animador de la Iglesia Episcopaliana de Liberia, cuyo órgano de administración diocesano pasó a presidir en 1996. Esta militancia espiritual le permitió cultivar relaciones con influyentes ministros de las iglesias episcopaliana y anglicana en Estados Unidos y otros países de cultura anglosajona. En el terreno de la política de partidos, prácticamente engullida por la espiral de violencias sectarias y la dictadura de los señores de la guerra, consta su elección en 1992 como presidente del LAP, formación, por lo demás, reducida a la irrelevancia.

El nombre de Bryant no se destacó entre los representantes de la arrinconada sociedad civil liberiana que formularon propuestas de concordia y que a partir de 1994 tuvieron una cuota marginal de poder en los gobiernos nacionales de transición dominados por los cabecillas de las facciones militares. Los acuerdos multipartitos de Abuja de julio y agosto de 1996 trajeron por fin el cese de hostilidades y el arranque de un proceso de desmovilización, desarme y elección de instituciones nacionales que fue supervisado por la ONU y que dejó atrás una guerra civil causante de 150.000 a 200.000 muertos.

Antes de las históricas elecciones generales del 19 de julio de 1997, a las que Taylor, previa transformación del NPFL en el Partido Patriótico Nacional (NPP), se presentaba como el gran favorito merced a su aureola de líder fuerte que proyectaba sobre un electorado traumatizado carisma, intimidación (poco menos había amenazado con volver a las armas si las urnas no le daban la Presidencia) y esperanza, Bryant fue coartífice de una coalición de siete formaciones opositores, la Alianza de Partidos Políticos (APP), que llegó a las urnas reducida a sólo dos, el LAP y el Partido de la Unificación de Liberia (LUP) de Joseph Keller, tras sufrir las defecciones sucesivas del Partido Popular Liberiano (LPP) de Togba Nah Tipoteh, el Partido Popular Unido (UPP) del antiguo ministro de Exteriores Gabriel Bacchus Matthews, el Partido Nacional Democrático de Liberia (NDPL) de George Boley, el Partido de la Unidad (UP) de Joseph Kofa y el otrora todopoderoso TWP, ahora un grupúsculo insignificante bajo la jefatura de Rudolph Sherman.

El colapso de la APP comenzó cuando algunos de sus integrantes impugnaron como fraudulentas las elecciones primarias celebradas cuatro meses antes de las elecciones, que proclamaron candidato unitario al miembro del LAP Cletus Wortorson, un geólogo que había servido como ministro de Minas y Energía en la administración de Doe. El campo político civil llegó fragmentado a la prueba de las urnas y la APP cosechó un fracaso total: sólo colocó dos diputados en la Cámara de Representantes de 64 miembros mientras que Wortorson quedó con el 2,6% de los votos en un discretísimo cuarto puesto tras el antiguo señor de la guerra Alhaji Kromah, por el Partido de la Coalición Pan-Liberiana (ALCOP), Ellen Johnson-Sirleaf por el UP y, sin sorpresas, Taylor, que arrasó con la captura de tres cuartas partes de los sufragios.

El LAP reconoció al punto la victoria de Taylor y le ofreció colaboración, siendo una consecuencia de esta actitud cooperativa el nombramiento de Wortorson como asesor presidencial. En cuanto a Bryant, no volvió a ser citado en los despachos de prensa internacionales hasta un lustro más tarde, cuando el régimen de Taylor se encontraba acosado por la rebelión armada de los Liberianos Unidos por la Reconciliación y la Democracia (LURD), con epicentro en el condado de Lofa, y completamente desacreditado en el exterior por su incapacidad para asentar unas instituciones verdaderamente nacionales y para desligar los proyectos de recuperación económica de sus intereses dinerarios privados, por violar los Derechos Humanos y por haber azuzado la reciente guerra civil en la vecina Sierra Leona armando a la guerrilla del Frente Revolucionario Unido (RUF), de criminal reputación, contra el Gobierno legítimo y dando salida comercial a los diamantes expoliados por ella.

Bryant fue uno de los 270 delegados que en la segunda mitad de 2002 tomaron parte en las sesiones de la Conferencia Nacional Liberiana de Paz y Reconciliación, convocada por Taylor de acuerdo con lo aprobado en las conversaciones multipartitas de marzo en la capital nigeriana de Abuja, que contaron con los buenos oficios de la CEDEAO pero no con la presencia del LURD, cuyos jefes eran Sékou Damate Conneh, yerno de un hombre de confianza del presidente de Guinea, y Chayee Doe, hermano menor del difunto Samuel Doe. La Conferencia Nacional Liberiana celebró su primer plenario en el Centro de Conferencias de Virginia el 24 de agosto, pero sus deliberaciones tuvieron un efecto nulo en la ominosa marcha de los acontecimientos, que conducía inexorablemente a otra guerra civil. En diciembre siguiente Bryant fue elegido miembro seglar interino del Comité Ejecutivo del Cabildo de la Catedral de la Trinidad de Monrovia.

El agravamiento de la insurgencia del LURD, que amagaba repetidamente con invadir la capital, realzó un poco el papel de Bryant y otros dirigentes políticos de la oposición, ya que Taylor les inquirió sobre su disposición a cerrar filas con el oficialismo en un frente político que reforzara las posibilidades de derrotar a los rebeldes. Sin embargo, la imputación contra Taylor en junio de 2003 por el Tribunal Especial de Sierra Leona de un pliego de cargos por crímenes de guerra y contra la humanidad cometidos durante la guerra civil de ese país convirtió al presidente liberiano en un apestado político cuya remoción pactada se empezó a discutir ese mismo mes en las conversaciones multipartitas de Accra, Ghana, en las que estuvieron presentes el Ejecutivo liberiano, la guerrilla, los partidos políticos y la sociedad civil.

Bryant se distinguió en estas reuniones como un firme partidario de reemplazar a Taylor por un gobierno interino de amplia coalición como parte de un acuerdo global de paz al que debería llegarse después de entrar en vigor un alto el fuego verificado por una misión militar de la CEDEAO con soporte logístico y financiero de Estados Unidos. Taylor se resistió a acatar este plan que pasaba por su dimisión voluntaria, y el recrudecimiento de los combates en Monrovia, la multiplicación de las víctimas civiles y la inminencia de una catástrofe humanitaria determinaron fortísimas presiones de la comunidad internacional a las que el autócrata sólo fue receptivo cuando el Gobierno de Nigeria le ofreció un exilio seguro en su país con la promesa de que no sería entregado a Sierra Leona.

El 7 de agosto, tres días después de que llegara a Monrovia, ayudada por un dispositivo anfibio de la Armada estadounidense, la avanzadilla nigeriana de la fuerza de interposición aprobada por la CEDEAO, la ECOMIL (3.250 soldados que contaban con la autorización del Consejo de Seguridad de la ONU en tanto que el núcleo de una Fuerza Multinacional), Taylor, resignado, envió su carta de dimisión al Parlamento y ésta fue efectiva el día 11 con la asunción en su lugar del hasta entonces vicepresidente, Moses Blah. Acto seguido, Taylor y su familiar tomaron vuelo en dirección a Nigeria. El 14 de agosto desembarcaron en la capital 200 marines de Estados Unidos para apoyar a la ECOMIL y cuatro días después representantes del Gobierno, el LURD y el Movimiento por la Democracia en Liberia (MODEL), una escisión del anterior producida en el apogeo de la batalla de Monrovia en julio y liderada por Thomas Yaya Nimely, alcanzaron en Accra un acuerdo de paz que se presumía global y definitivo.

De Blah, considerado un responsable de bajo perfil político y además excesivamente ligado a Taylor, se esperaba que dirigiera el país con carácter interino hasta la designación en octubre de un presidente neutral, quien sería el encargado de pilotar el período de transición de dos años. Si todo iba bien, en octubre de 2005 se celebrarían elecciones generales y en enero de 2006 los nuevos mandatarios populares se harían cargo de las instituciones políticas del Estado.

En Accra, las delegaciones partidistas y de la sociedad civil propusieron como candidatos a la presidencia transitoria a Bryant, Johnson-Sirleaf por el UP y Sherman por el TWP de entre un elenco de once precandidatos. La ex aspirante presidencial, más prestigiosa que los otros dos, partía como clara favorita, pero el 21 de agosto, poniendo colofón a 78 días de tumultuosas negociaciones en la capital ghanesa, el llamado "colegio electoral" formado por el Ejecutivo liberiano, el LURD y el MODEL se decantó por Bryant. El resultado lo determinó el voto conjunto de las guerrillas, para las que Bryant, más eficaz como empresario y seglar episcopaliano que como dirigente de partido político, no suscitaba recelos.

La designación de Bryant fue saludada por una cascada de declaraciones que coincidieron en endosarle la condición de un constructor de consensos que no tenía enemigos en ningún bando y que bien podría ser capaz de traer la reconciliación entre los liberianos y de pilotar con éxito una etapa transitoria a buen seguro azarosa. También se destacó el hecho, infrecuente en una persona de su condición, de no haber estado nunca exiliado, lo que sugería un buen conocimiento de las sensibilidades y problemáticas del país. El propio Bryant exudó autoconfianza y optimismo al presentarse a sí mismo como una personalidad neutral y apaciguadora, que estaba lista para "cicatrizar las heridas, sosegar los temperamentos y poner término a las iras".

Hasta la toma de posesión del Gobierno Nacional de Transición (GNT) de 21 miembros más su presidente, prevista para el 14 de octubre, el país conoció nuevos chispazos bélicos por la reluctancia del LURD a mantenerse quieto en las líneas del frente a la espera de los efectivos de interposición de la ECOMIL. El 9 de septiembre esta guerrilla capturó Kakata, capital del condado de Margibi próxima a Monrovia, con el pretexto de la autodefensa frente a provocaciones de elementos tayloristas en las fuerzas del Gobierno. De todas maneras, en los días y semanas siguientes la ECOMIL fue desplegándose en el interior con más efectividad de la esperada y el torturado país empezó a gozar de la primera calma, siempre relativa y precaria, en casi dos años.

El 19 de septiembre el Consejo de Seguridad de la ONU aprobó la creación de la UNMIL, una ambiciosa operación de mantenimiento y consolidación de la paz. Su fuerza máxima era de hasta 15.000 cascos azules y 1.100 policías civiles suministrados mayormente por países africanos y asiáticos, y su mandato incluía virtualmente todas las misiones requeridas para sacar a flote a un país diezmado, humana y económicamente. Por de pronto, la UNMIL debía proporcionar seguridad, proteger las infraestructuras clave, supervisar el desarme y desmovilización de los combatientes, asistir en las labores humanitarias y coordinar la repatriación de los refugiados y desplazados. El 1 de octubre la UNMIL asumió el mando en Monrovia de la ECOMIL, cuyos efectivos simplemente se quitaron sus cascos de camuflaje y se pusieron las divisas azules de la ONU. Al día siguiente, Estados Unidos reembarcó a sus últimos soldados, que jugaron un papel secundario en comparación con los nigerianos.

Otro logro que alivió los imponderables a los que Bryant iba a tener que hacer frente se produjo el 6 de octubre, días después de una refriega en la capital entre soldados del Gobierno y una escolta armada de Conneh que se saldó con tres muertes, merced al pacto entre la administración de Blah y el LURD para hacer de Monrovia una zona libre de armas bajo custodia de la UNMIL.

Así las cosas, el 13 de octubre Bryant partió de Accra en un avión de la Fuerza Aérea de Ghana y aterrizó en Monrovia, donde una muchedumbre le tributó un recibimiento con vítores y pancartas donde podían leerse proclamas llenas de esperanza como "Paz es lo que necesitamos". Al día siguiente, bajo la protección de un gran dispositivo de seguridad montado por la UNMIL y escoltado por los presidentes de Ghana, John Kufuor, y Nigeria, Olusegun Obasanjo, los dos máximos artífices del desenlace negociado de la crisis liberiana, Bryant prestó juramento como presidente del GNT (que no como presidente de la República, oficina que iba a permanecer vacante en el período de transición) en una emotiva ceremonia que vino a ser el epítome de las expectativas generales de otra oportunidad para el renacer del devastado país africano. Incluso Taylor, desde su confortable –aunque estrechamente vigilado- exilio en un complejo residencial emplazado en la selva nigeriana, hizo llegar un mensaje de buenos deseos al flamante jefe del Estado.

En sus primeros discursos y declaraciones, Bryant repitió lo dicho tras su designación en agosto sobre que tenía por delante un cúmulo monumental de tareas, todas las cuales, obviamente, no iban a prosperar sin la vital asistencia de la UNMIL, las agencias de la ONU, la CEDEAO, los gobiernos occidentales y las ONG. Había que asegurar la ayuda humanitaria y devolver a sus hogares a las decenas de miles de refugiados en los países vecinos y al número mucho mayor de desplazados internos, cuyo grueso, nada menos que 450.000 personas, se apiñaba en Monrovia. También, restablecer los servicios esenciales de agua y electricidad, asegurar el abastecimiento de alimentos y reconstruir las facilidades sanitarias y educativas, amén de pagar los salarios adeudados a los funcionarios de una administración desarticulada y generar oportunidades laborales para ese 85% de hombres en edad de trabajar que se encontraba desempleado.

En el terreno puramente militar, había que desmovilizar y reinsertar en la sociedad a los miles de combatientes, y en particular a los numerosísimos adolescentes y niños que todos los bandos (la ONU estimaba que el 70% de los combatientes gubernamentales -unos 35.000-, del LURD -entre 7.000 y 10.000- y el MODEL -unos 4.000- tenía menos de 18 años) habían reclutado por la fuerza, bajo los efectos de drogas euforizantes o seduciéndoles con el acceso a armas automáticas, bebidas alcohólicas o un rancho regular. Su indisciplina y su arbitrariedad, demostradas en el campo de batalla, convertía a los niños-soldados en un peligro para la etapa de la reconstrucción posbélica. Eran, a la vez, tristes víctimas del drama liberiano, abocados a formas de vida autodestructivas si no se les reciclaba para la paz.

Por supuesto, todo esto no iba a ser posible sin un mínimo de imperio de la ley, pero Bryant fue más allá y descartó de plano la idea de perseguir a nadie por crímenes de guerra tal como se estaba haciendo en Sierra Leona, lo que de entrada excluía una eventual demanda de extradición de Taylor a Nigeria. Por su parte, el secretario general de la ONU, Kofi Annan, señaló que el conflicto armado en Liberia había dado lugar a los más serios abusos contra los Derechos Humanos y la ley humanitaria, incluyendo asesinatos, desapariciones, torturas, mutilaciones, violaciones de mujeres, arrestos arbitrarios, levas forzosas y, en general, agresiones sistemáticas contra la población civil.

Como respuesta a las exigencias de grupos promotores de los Derechos Humanos de que no se dejaran impunes las matanzas y las atrocidades sin cuento que los secuaces de Taylor, Doe y los demás señores de la guerra habían infligido a cientos de miles de compatriotas desde 1989, Bryant manifestó que "todos (los liberianos) estamos heridos", y que era "difícil combinar reconciliación y castigo".

Pasando por alto la elemental distinción entre venganza y justicia, Bryant ilustró su postura de la manera siguiente: "Si tú matas a mi madre, y yo te devuelvo el asesinato, eso no resucitará a mi madre. Pero si respaldas a este gobierno, animarás a la gente a dejar el pasado atrás". Un tribunal penal internacional o mixto para juzgar los crímenes de guerra en Liberia, continuaba Bryant, "traería más mal que bien", cuando lo que el país necesitaba para salir adelante era, más bien, "una amnistía general". Dejando asomar una filosofía religiosa bienpensante impregnada de caridad cristiana y de optimismo antropológico, y empleando una retórica ingenuista cara a un país donde florecen las iglesias protestantes, el mandatario apeló a "cambiar nuestra psicología", a "dejar a un lado nuestras amarguras" y a "asegurar nuestro futuro como buenos ciudadanos".

El 6 de noviembre Bryant, en presencia del presidente sierraleonés Ahmad Tejan Kabbah, pidió perdón a ese país por la cota de responsabilidad de Liberia en sus padecimientos durante la guerra civil de 1991-2000. Esta singular alocución se produjo días después de superarse la primera crisis política que amenazó al GNT, al acceder Bryant a la exigencia del LURD de reconsiderar su veto al nombramiento para los puestos de subjefe del Banco Central, jefe del Estado Mayor del nuevo Ejército nacional y director del departamento de aduanas de los candidatos propuestos por la guerrilla. Los nominados habían sido rechazados por el presidente con la explicación de que esas posiciones no estaban incluidas en la lista de puestos ejecutivos a repartir de las corporaciones y agencias públicas.

En cuanto al GNT, los Acuerdos de Accra establecían que el NPP y las dos guerrillas tenían derecho a cinco ministros cada uno, siendo las seis carteras restantes para personalidades de los partidos políticos y la sociedad civil. En el GNT tomaron asiento el líder del MODEL, Yaya Nimely, en Asuntos Exteriores, Luseni Kamara del LURD en Finanzas y Horatio Dan Morias del NPP en Interior. Otro taylorista notorio, Daniel Chea, se mantuvo al frente del Ministerio de Defensa. También inició sus sesiones la Asamblea Legislativa Nacional de Transición, de composición igualmente plural.

(Cobertura informativa hasta 1/12/2003)