Lansana Conté

© UN Photo/Eskinder Debebe

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Actualización: 7 febrero 2016

Guinea

Presidente de la junta militar y de la República (1984-2008)

  • Mandato: 3 abril 1984 - 22 diciembre 2008
  • Nacimiento: Distrito de Moussayah Loumbaya, prefectura de Dubréka, región de Kindia, 30 noviembre 1934
  • Defunción: Conakry, 22 diciembre 2008
  • Partido político: Partido para la Unidad y el Progreso (PUP)
  • Profesión: Militar
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Presentación

Los 24 años de presidencia, más dictatorial que meramente autoritaria, del general Lansana Conté en Guinea cerraron un ciclo repetitivo en la historia de este país de África occidental: llegó al poder en 1984 a través de un golpe de Estado al poco de fallecer el presidente Sékou Touré y se separó del mismo en 2008 por muerte natural, un día antes de ser derribado su régimen por otro golpe castrense. Artífice de una poco convincente transición a la democracia pluralista a principios de los años noventa, Conté ganó tres reelecciones teñidas de fraude y en sus últimos años, no obstante su grave enfermedad, se aferró al poder y acentuó las violaciones de los Derechos Humanos. Liberal en economía, su gobierno corrupto y –como se reveló después- implicado en el narcotráfico fue incapaz de sacar al país del atraso y la pobreza, y dejó sin explotar el grueso de sus riquezas naturales. En política exterior, mantuvo una línea prooccidental y luchó denodadamente, con éxito relativo, por resguardar a Guinea de las guerras civiles de los países vecinos.

Biografía

1. Autor del golpe de 1984 tras la muerte de Sékou Touré
2. De la dictadura militar a un pluralismo autocrático
3. El contagio desestabilizador de los conflictos regionales
4. Cerrazón autoritaria y cuenta atrás para un deceso anunciado


1. Autor del golpe de 1984 tras la muerte de Sékou Touré

Perteneciente a la etnia susu, dominante en las áreas próximas a Conakry aunque minoritaria en el conjunto del país, y de religión musulmana, comenzó su educación en una escuela coránica local y en la escuela de primaria de Dubréka antes de ingresar en la Escuela Militar Preparatoria Técnica de Buigerville, en Costa de Marfil (entonces colonia francesa, al igual que Guinea), centro donde cursó la enseñanza secundaria. Posteriormente pasó al Colegio Militar de Saint-Louis, en Senegal. En junio de 1955 se enroló en el Ejército francés, con el que sirvió en Argelia, y en diciembre de 1958, recién conseguida la independencia de Francia y con los galones de sargento, retornó a su país para unirse al flamante Ejército guineano.

En 1962 dejó la Escuela para Oficiales del campamento Alpha Yaya Diallo, en Conakry, y fue transferido al centro de instrucción de Artillería del 2º Batallón, con base en Kindia. Ascendido a subteniente en 1963 y a teniente en 1965, en 1968 sirvió en el arsenal de Zérékoré y un año después regresó a su batallón en Kindia. En mayo de 1970 se unió al Estado Mayor General Interarmas en Conakry y en noviembre de ese año tomó parte en la defensa de la capital durante la invasión de mercenarios procedentes de la Guinea Portuguesa (futura Guinea Bissau), que en apariencia pretendían derrocar el régimen autocrático del presidente Ahmed Sékou Touré, artífice de la independencia nacional y adalid del socialismo africano. Por este servicio a la nación, el oficial fue condecorado y recibió el galón de capitán en febrero de 1971.

Como comandante, ya con el rango de coronel, de la V Región Militar con base en Boké, Conté prestó en 1973 asistencia a los guerrilleros independentistas de la citada colonia portuguesa que operaban en este lado de la frontera con la protección del Gobierno guineano. En 1974 asistió a un curso técnico en la URSS, en la capital bielorrusa de Minsk, y en mayo del año siguiente fue promovido a subjefe del Estado Mayor del Ejército de Tierra. En 1977 encabezó la delegación guineana en unas negociaciones que solventaron una disputa fronteriza con Guinea Bissau y en 1980 obtuvo el acta de diputado parlamentario en la lista del Partido Democrático de Guinea (PDG), dos funciones, más propias de civiles, que fueron reveladoras del grado de influencia que el militar estaba adquiriendo en el régimen de partido único de Sékou Touré. En 1980 realizó también la peregrinación a La Meca como miembro una comitiva oficial del PDG.

El 3 de abril de 1984, ocho días después de fallecer el dictador a la edad de 62 años en la clínica de Cleveland, Estados Unidos, donde había ingresado para operarse del corazón, Conté encabezó en Conakry un golpe de Estado incruento que derrocó al primer ministro y presidente interino, Louis Lansana Beavogui, el escogido por los colaboradores del autócrata desaparecido para dirigir el país hasta que se designara un sucesor. Conté, cuya acción fue acogida con júbilo por la población y por la enorme comunidad de exiliados en el extranjero (unas 200.000 personas), formó un Comité Militar de Recuperación Nacional (CMRN) de 25 miembros cuyas primeras disposiciones fueron proscribir el PDG y prohibir toda actividad política, disolver la Asamblea Nacional, suspender la Constitución y liberar a casi un millar de presos políticos.

El 5 de abril Conté se autoproclamó presidente de la Segunda República y constituyó un Gobierno presidido por su compañero de aventura golpista, el también coronel Diarra Traoré, en el cual se reservó los ministerios de Defensa, Seguridad, Planificación, Cooperación e Información. El 23 de mayo decretó que el país dejara de llamarse República Popular Revolucionaria de Guinea y recobrara el nombre que había tenido hasta 1979, el de República de Guinea. Aunque denunció al régimen depuesto como una "dictadura inhumana y sangrienta", Conté no desató una persecución general, como en un principio se temió, y el 15 de mayo indultó a una treintena de ministros, oficiales del Ejército y altos funcionarios leales a Sékou Touré que permanecían detenidos desde el día del golpe.

Aun y todo, hubo efectivamente, más allá de las cesuras institucionales, una ruptura con el orden anterior, pues Conté se había encaramado al poder rodeado de oficiales jóvenes que tenían en común su formación en la URSS y un pretendido sentido regeneracionista, en contraposición con la vieja guardia de militares fogueados en las guerras coloniales de Argelia e Indochina con el Ejército francés, en la que se había apoyado la férula de Sékou Touré. En realidad, en los meses posteriores a la usurpación del poder, el verdadero peligro para Conté vino desde sus propias filas con el estallido de graves disensiones en el CMRN. Ya el 18 de diciembre Conté intentó zanjar su enfrentamiento con Traoré destituyéndole como primer ministro (el puesto quedó abolido) y degradándole al cargo de ministro de Educación.

El 4 de julio de 1985, aprovechando que su jefe asistía a una cumbre de la Comunidad Económica de Estados del África Occidental (CEDEAO, cuya presidencia anual de turno aquel había heredado de Sékou Touré) en la capital de Togo, Lomé, Traoré perpetró un golpe de Estado en Conakry. Retornado a toda prisa, el presidente consiguió hacerse con el control de la situación, condenando la aventura golpista al fracaso. Traoré y el resto de conjurados, alrededor de un centenar, fueron arrestados y, el 8 de julio, sumariamente ejecutados. El presidente, que el mismo día 5 se hizo otorgar el rango de general de brigada (en abril de 1990 iba a alcanzar el de general de cuerpo de Ejército, el más elevado del escalafón guineano) para mejor imponer su autoridad sobre la milicia, atribuyó al alzamiento un trasfondo étnico, ya que Traoré, como Sékou Touré, era un malinké (mandinga).

En política exterior, Conté mantuvo la línea prooccidental moderada inaugurada por Sékou Touré en sus últimos años. En lo económico, se decantó por un modelo liberal, ajuste estructural inclusive, bastante alejado del socialismo cuasi marxista caro a la primera etapa del régimen del PDG, que recibió el beneplácito del FMI y que le abrió las puertas a la concesión de importantes ayudas financieras y a la condonación de una parte de la deuda externa.


2. De la dictadura militar a un pluralismo autocrático

En 1990, antes que la mayoría de los países de la región dominados por el gobierno militar o el partido único, Conté puso en marcha un cauteloso programa de transición a la democracia, en principio con una duración de cinco años, en el que no admitió interferencia alguna de la oposición civil, como demostró en la violenta supresión de los brotes contestatarios de septiembre de 1991. El 23 de diciembre de 1990 los guineanos aprobaron en referéndum con el 98,7% de síes la nueva Carta Magna, el 16 de enero de 1991 el CMRN fue sustituido por un Comité Transitorio de Recuperación Nacional (CTRN, igualmente presidido por Conté e integrado a partes iguales por civiles y militares) y el 3 de abril de 1992 fue promulgada una ley de partidos que consagró el pluralismo político. El oficialismo se dotó del Partido para la Unidad y el Progreso (PUP), puesto en marcha el 31 de marzo de 1992.

El 19 de diciembre de 1993, en un clima de violencia y confusión, y con el boicot propugnado por algunas formaciones políticas agrupadas en la coalición Cambio Democrático, tuvieron lugar las elecciones presidenciales, primeras de candidatura múltiple en la historia del país. Conté fue declarado ganador con el 51,7% de los votos, por delante de Alpha Condé, del Reagrupamiento del Pueblo Guineano (RPG), Mamadou Boye Ba, de la Unión para la Nueva República (UNR), Siradiou Diallo, del Partido de la Renovación y el Progreso (PRP), Facinet Touré, de la Unión Nacional para la Prosperidad de Guinea (UNPG), y otros tres candidatos. El RPG acusó de fraude al Gobierno después de que el Tribunal Supremo anulara los resultados en unas prefecturas de la región oriental de Kankan, donde Condé tenía su vivero electoral malinké, y casi todos los candidatos derrotados denunciaron que muchos de sus militantes no habían podido votar al no haber recibido la tarjeta electoral.

Impasible, Conté disolvió el CTRN y el 29 de enero de 1994 juró como presidente civil con un mandato constitucional de cinco años, en lo que seguía el ejemplo de otros dirigentes militares africanos que, como él y en sus respectivos países, habían llegado al poder por la vía golpista en los años ochenta, para una década más tarde convertirse en presidentes civiles con legitimidad constitucional merced a unos procesos pluralistas por ellos mismos diseñados. Eran los casos de Jerry Rawlings en Ghana, Maaouya Ould Taya en Mauritania y Blaise Compaoré en Burkina Faso; en los años siguientes, iban a continuar esta polémica tradición los golpistas Yahya Jammeh en Gambia, Ibrahim Baré Maïnassara en Níger, Umar al-Bashir en Sudán y Robert Guéi en Côte d'Ivoire.

El 11 de junio de 1995, con más de un año de retraso sobre el calendario inicial, tuvieron lugar las elecciones a la Asamblea Nacional, primeras legislativas multipartidistas desde la independencia, y el PUP se aseguró 71 de los 114 escaños en juego. La oposición rechazó los resultados como fraudulentos, denuncia que fue parcialmente corroborada por los observadores internacionales, los cuales admitieron la existencia de una serie de irregularidades, aunque no tan voluminosas como para afectar al equilibrio de fuerzas de la Asamblea electa. La oposición, prácticamente al completo, intentó hacerse oír agrupándose como Coordinadora de la Oposición Democrática (Codem), pero sus demandas de apertura de un diálogo nacional fueron ignoradas desde el poder.

El 3 de febrero de 1996 Conté consiguió capear in extremis una peligrosa asonada militar. Alrededor de 2.000 uniformados, la cuarta parte de los efectivos de las Fuerzas Armadas guineanas, se amotinaron en la víspera en demanda de mejores pagas y en protesta por sus precarias condiciones de vida; los revoltosos la emprendieron contra varios símbolos del poder en Conakry, empezando por el palacio presidencial, que sufrió grandes destrozos y donde el jefe del Estado quedó atrapado durante unas horas. Algunos oficiales de rango medio intentaron convertir el motín en una rebelión golpista, pero la soldadesca fue aplacada por Conté con la promesa de la aceptación de sus demandas, mientras que los verdaderos facciosos fueron reducidos o puestos en fuga por tropas leales.

Conté salió con bien del percance, instrumentando a su favor el caos generado por el pillaje de los amotinados y los errores de estrategia de los golpistas, aunque las refriegas costaron la vida a una treintena de civiles. Para distender el ambiente y a la vez enfrentar las dificultades económicas con un paquete de reformas, el presidente nombró el 9 julio de ese año a su primer jefe de Gobierno desde 1984, Sidya Touré, un independiente que alineó un Gabinete de tecnócratas.

Voluntarioso y eficiente, Touré elaboró un plan de desarrollo nacional con un marco temporal de 15 años destinado a explotar todo el potencial minero (hierro, oro, diamantes) e hidráulico que tenía este país de África occidental rico en recursos naturales, de los que sólo sacaba un rendimiento apreciable en el caso de la bauxita; con una producción anual de 18 millones de toneladas, Guinea era el segundo exportador mundial, tras Australia, de este mineral base del aluminio, pero poseía las mayores reservas mundiales, que en buena parte, también, se hallaban sin explotar. En enero de 1997 el Gobierno anunció asimismo un ajuste estructural centrado en el saneamiento financiero que satisfizo a los acreedores públicos internacionales, los cuales accedieron a reestructurar tramos de deuda y a reactivar líneas de crédito. Así, el FMI otorgó un préstamo trianual dentro del Servicio Reforzado de Ajuste Estructural (ESAF).

Las segundas elecciones presidenciales, las celebradas el 14 de diciembre de 1998, se desarrollaron como un calco de la edición de 1993. Precedidas y sucedidas por múltiples actos de intimidación a la prensa, de agresiones arbitrarias a la oposición y de opacidad informativa por parte del Gobierno, Conté ganó la reelección con el 56,1% de los votos. Las votaciones fueron agriamente denunciadas por Boye Ba y Condé -a la sazón detenido horas después de cerrarse las urnas-, que esta vez se intercambiaron los puestos segundo y tercero, y levemente criticadas por los observadores internacionales, que incluso constataron mejoras con respecto a 1993, como la creación de una autoridad electoral independiente. Por lo demás, los comicios volvieron a evidenciar la alineación del voto según criterios étnicos, ya que los susus (el 20% de la población) se movilizaron por Conté, los malinkés (el 30%) por Condé y los peuhls (el 40%) por Boye Ba.

A partir de este momento, Conté, enfermo de diabetes y con problemas vasculares y gástricos que iban agudizarse en los años siguientes, acentuó su autoritarismo y potenció los aspectos sectarios y endogámicos de su régimen. El 8 de marzo de 1999, pese a su buen hacer, cesó al primer ministro Touré, que mostraba una excesiva iniciativa propia, y lo sustituyó por un hombre del PUP, Lamine Sidimé, antiguo presidente del Tribunal Supremo. En septiembre de 2000 la principal figura de la oposición, Condé, fue sentenciado a cinco años de prisión como culpable de los cargos de conspirar contra la seguridad nacional, traficar ilegalmente con divisas extranjeras y reclutar mercenarios. El Gobierno francés y la Unión Europea carraspearon su malestar y en mayo de 2001 Conté indultó al líder del RPG, quien a cambio de su libertad se comprometió a no realizar actividades políticas y más tarde se exilió en Francia.

La credibilidad internacional del presidente guineano quedó irreparablemente malparada aquel mismo año con su iniciativa de someter a referéndum un proyecto de enmienda constitucional para suprimir la cláusula que restringía los mandatos presidenciales a dos y sustituirla por otra que elevara a siete años la duración de los mismos y encima no pusiera límites a su renovación. Ignorando los avisos de que su apetito por perpetuarse en el poder convertiría al sistema político guineano en una entelequia democrática y podría tener repercusiones muy negativas en la asistencia financiera internacional, Conté convocó su consulta y el 11 de noviembre de 2001 la ganó con unos irreales 98,4% de votos a favor y 87,2% de participación. La oposición, impotente más allá del boicot, puso el grito en el cielo, mientras que la UE enfatizó su "preocupación" por el curso de los acontecimientos en Guinea y el G-7 emitió una "severa advertencia".

La situación de inestabilidad en las fronteras con Liberia y Sierra Leona, así como la penuria de fondos, fueron aducidos por el Gobierno como justificaciones para la suspensión por dos años de las elecciones legislativas, que no tuvieron lugar hasta el 30 de junio de 2002. Boicoteados por el RPG y la Unión de Fuerzas Republicanas (UFR), el nuevo partido montado por el ex primer ministro Touré, y dejados de monitorizar por la UE como gesto de amonestación, los comicios fueron ganados cómodamente por el PUP, que aumentó su representación a los 85 diputados, a los que podían sumarse los cinco sacados por dos formaciones satélite, el Partido Democrático de Guinea-Reagrupamiento Democrático Africano (PDG-RDA) y la Alianza Nacional por el Progreso (ANP).

El siguiente jalón en la larga férula de Conté lo ponían las presidenciales del 21 de diciembre de 2003, a las que él optaba, aunque nadie se atrevía a asegurar que llegara a las mismas con vida, tan insistentes eran los rumores, avivados por la paulatina reducción de su agenda pública, sobre la extrema gravedad de las nunca suficientemente precisadas dolencias del jefe del Estado. Aunque esto no se sabría mejor hasta años después, el presidente empezó a viajar discretamente al extranjero, a clínicas de Marruecos, Cuba y Suiza, para recibir tratamiento médico.

Semanas antes de la cita con las urnas, el mandatario, en una rara comunicación a la nación, advirtió a ciertos oficiales del Ejército que no identificó que no debían ceder a la tentación de lanzarse a aventuras golpistas. Con este inusual mensaje, Conté salió al paso de otros rumores que apuntaban a la existencia en la milicia de facciones militares simpatizantes de la oposición y dispuestas a controlar la etapa política que abriría un hipotético fallecimiento del presidente, bien arbitrando un esquema de transición con los jerifaltes del PUP, bien haciéndose con el poder mediante el golpe puro y simple. Conté no había señalado a ningún sucesor, aunque el mecanismo constitucional confería esa función, con carácter provisional, al presidente de la Asamblea Nacional, Aboubacar Somparé.

La incertidumbre política se solapaba al creciente malestar social por los frecuentes cortes de agua y electricidad –precisamente en Guinea, uno de los países del continente más ricos en saltos de agua-, que estaban dando lugar a disturbios de barriada, y por el incumplimiento de las promesas de empezar a explotar las vastas reservas mineras, frustrando muchas expectativas de trabajo e inversión social.

En estas condiciones, la oposición en bloque, agrupada ahora en el Frente Republicano por la Alternancia Democrática (FRAD), se negó a presentar candidatos a unas elecciones que no le ofrecían ninguna garantía de limpieza democrática. En consecuencia, Conté ganó un mandato extra hasta el año 2011 con el 95,6% de los votos; su único contrincante, Mamadou Bhoye Barry, de la diminuta Unión por el Progreso Nacional (UPN), fue visto ampliamente como un mero comparsa reclutado por el régimen para ofrecer una imagen de competición a lo que en realidad era un plebiscito confirmatorio, lo cual no impidió que el derrotado se enfadara y denunciara haber sido víctima de un fraude. La UE se negó a enviar un equipo de observación, alegando que no se cumplían los mínimos criterios, como la independencia de la autoridad electoral y el pluralismo informativo: la única cadena de televisión del país y todas las emisoras de radio eran manejadas por el poder como sus órganos mediáticos particulares.


3. El factor desestabilizador de los conflictos regionales

Desde finales de los años noventa, la política regional del dirigente guineano, hasta entonces de muy escasa relevancia, estuvo absorbida por los violentísimos conflictos militares, guerrilleros y étnicos que destrozaron a tres países limítrofes, Liberia, Sierra Leona y Guinea Bissau, con las consiguientes perturbaciones, muy lesivas, para la seguridad territorial, las condiciones humanitarias y los flujos comerciales de Guinea. De hecho, al país le faltó poco para sumergirse en el sangriento caos que se desbordaba por su flanco sur, desde unos vecinos sumidos en la guerra civil

El 23 de octubre de 1997 Conté auspició en Conakry un acuerdo de paz entre los militares golpistas de Sierra Leona y la CEDEAO destinado a reponer al presidente civil derrocado y acogido a la hospitalidad de Conakry, Ahmad Tejan Kabbah; fracasada la vía negociada, las tropas de la CEDEAO hubieron de aplicar el acuerdo manu militari, hasta conseguir la toma de Freetown y el regreso triunfal el 10 de marzo de 1998 de Kabbah, al que Conté escoltó junto con otros presidentes de la organización. Asimismo, en junio de 1998 Conté envió, al igual que el Gobierno de Senegal, un contingente en ayuda del presidente de Guinea Bissau, João Bernardo Vieira, que hacía frente a su particular rebelión castrense. Este contingente estuvo desplegado hasta marzo de 1999, cuando le tomaron el relevo tropas de interposición de la CEDEAO.

En noviembre de 1998 Conté suscribió en Conakry con Kabbah y con el presidente liberiano, Charles Taylor, gran atizador de la inestabilidad en toda la región y que a su vez venía acusando a Conakry de brindar apoyo logístico a las incursiones de rebeldes armados liberianos desde territorio guineano, un acuerdo de amplio alcance destinado a reducir las tensiones políticas regionales y a reforzar la cooperación económica entre los tres países, que dentro de la CEDEAO componían un foro de consultas intergubernamental denominado Unión del Río Mano.

A partir de 2000, esta colaboración intergubernamental tripartita quedó en entredicho a raíz de las tropelías cometidas dentro de las fronteras meridionales guineanas por bandas de insurgentes provenientes de Liberia y Sierra Leona, teniendo Conté que movilizar al Ejército para contenerlas. En septiembre de ese año, violentos combates empezaron a enfrentar en la prefectura de Guéckédou, en la confluencia de las fronteras con Liberia y Sierra Leona, al Ejército regular guineano, apoyado por la facción liberiana anti-Taylor Liberianos Unidos por la Reconciliación y la Democracia (LURD), con el Reagrupamiento de Fuerzas Democraticas de Guinea (RFDG), nuevo y nebuloso movimiento rebelde que a su vez gozaba del patrocinio del Gobierno de Monrovia y de la guerrilla sierraleonesa enemiga de Kabbah, el Frente Revolucionario Unido (RUF) de Foday Sankoh, facción teleguiada por Taylor que por su parte, en añadidura, se dedicó a perpetrar atrocidades contra paisanos guineanos.

El Gobierno de Conté rechazó que el RFDG fuera una rebelión genuinamente guineana y lo presentó como una criatura del omnipresente Taylor. Conakry denunció también que el RFDG se movía a sus anchas mezclado entre el medio millón de refugiados de guerra liberianos y sierraleoneses; en consecuencia, pasó a considerarlos una masa humana hostil y desencadenó contra ellos una campaña de malos tratos y persecución. Muy enfadado, Conté acusó a Taylor, al RUF y al Gobierno de Burkina Faso de desestabilizar su país inoculándole el virus de la guerra, y exigió una intervención militar internacional contra el mandatario liberiano.

El 27 de diciembre, ante la gravedad de la situación, la CEDEAO decidió desplegar con carácter inmediato 1.700 soldados de interposición, nigerianos, malís, nigerinos y senegaleses, en las fronteras de los tres países. Al comenzar 2001, la situación en las áreas en conflicto del sur de Guinea podía calificarse de guerra abierta y de crisis humanitaria de vastas proporciones. Para empeorar las cosas, el Ejército guineano, en su campaña para liquidar al RFDG y de paso castigar al RUF, comenzó a bombardear aldeas de Sierra Leona, matando a muchos civiles indefensos, y llegó a realizar algunas pequeñas invasiones al otro lado de la frontera. Estos ataques, sin embargo, no pusieron en peligro la alianza Conté-Kabbah, blindada frente a los enemigos comunes: Taylor y Sankoh.

A finales de marzo de 2001, la negativa de Conté a reunirse con Taylor y firmar con él un marco de seguridad frustró el despliegue de la fuerza de interposición de la CEDEAO. "Nunca negociaré con un hombre que apoya a las personas que han matado de manera gratuita a nuestros parientes inocentes, incluidos mujeres y niños", aseguró el mandatario con ocasión del noveno aniversario de la fundación del PUP. Sin embargo, la diplomacia marroquí consiguió que Conté, Taylor y Kabbah se sentaran a negociar la solución de sus diferencias, reviviendo así el espíritu de la Unión del Río Mano. La reunión tripartita tuvo lugar en Rabat del 25 al 27 de febrero de 2002 con los auspicios del rey Mohammed VI y dio lugar a un compromiso para poner fin al estado de violencia en las fronteras comunes mediante unos protocolos de no agresión y seguridad.

Para entonces, los acontecimientos ya discurrían en un sentido favorable al presidente guineano: la guerra civil en Sierra Leona había terminado ya con la derrota del RUF, mientras que el RFDG había sido silenciado gracias a las ayudas de Estados Unidos y el LURD. Luego, en agosto de 2003, Conté contempló con satisfacción la caída y huida de Taylor ante la embestida del LURD contra Monrovia, lo que marcó el final también de la guerra civil en Liberia. En 2004 el guineano no vaciló en respaldar al Gobierno central de Côte d’Ivoire, el del presidente Laurent Gbagbo, en su lucha contra los rebeldes norteños.


4. Cerrazón autoritaria y cuenta atrás para un deceso anunciado

Las violencias transfronterizas en el sur entre 2000 y 2002 contribuyeron poderosamente a la decisión de Conté, enfermo crónico y puesto año tras año en la antesala de la muerte por opositores, observadores y periodistas, de aferrarse al poder a toda costa. Tras las muy denunciadas elecciones de 2003, Guinea quedó definitivamente atrapada en el marasmo, bajo el peso de un tenso compás de espera donde nada era susceptible de mejorar y casi todo de empeorar.

El 19 de enero de 2004 Conté, con visibles signos de debilidad física y en un ambiente más bien lúgubre por la ausencia de cualquier muestra de contento en las calles e incluso entre los cuadros del PUP, prestó juramento de su nuevo mandato, esta vez de siete años, y aprovechó el acontecimiento, televisado, para emitir un vehemente alegato contra la corrupción, una de las principales lacras del país y freno constante a las inversiones foráneas, ya que quien quisiera emprender un negocio aquí estaba obligado a pagar fuertes comisiones y sobornos a los funcionarios públicos. Los sobresaltos, a cual más desasosegante, iban a ser la tónica en los próximos meses y años.

El 23 de febrero de 2004 Lamine Sidimé fue reemplazado por el diplomático François Lonseny Fall, también del PUP, pero al cabo de dos meses, el 30 de abril, el nuevo primer ministro arrojaba la toalla con la queja de que el presidente y su entorno obstaculizaban sus intentos de levantar una economía seriamente golpeada por la interrupción de las ayudas de la UE, el FMI y el Banco Mundial. La duplicación de los precios del arroz, elemento básico de la dieta de los guineanos, y de los combustibles provocó en los meses de verano disturbios y saqueos en Conakry y otras ciudades. El puesto de primer ministro permaneció vacante hasta el 9 de diciembre; hasta entonces, Conté no se decidió a nombrar un titular. El escogido, Cellou Dalein Diallo, prometió acometer una nueva reforma liberalizadora de la economía para recobrar el favor de los organismos internacionales, que exigían buen gobierno y menos corrupción.

El 19 de enero de 2005 se difundió la noticia de que la comitiva presidencial había sido objeto de disparos cuando se dirigía por carretera hacia Conakry; en el aparente intento de magnicidio resultaron heridos dos escoltas presidenciales. Ese mismo día, Conté se dirigió a la nación por radio y televisión para explicar que había sobrevivido al atentado gracias a la providencia divina e imputar el mismo a "aquellos que no quieren ver el desarrollo de Guinea o aquellos que obedecen órdenes dadas desde el exterior". Más tarde, medios oficiales atribuyeron el ataque nada menos que al insidioso Taylor, a pesar de que el ex presidente liberiano se encontraba exiliado en Nigeria y bajo la vigilancia del Gobierno de ese país.

En julio siguiente, con la población agobiada por la espiral inflacionista, el regreso desde su exilio francés de Alpha Condé estimuló la actitud contestataria no tanto de los partidos opositores, cuya beligerancia era escasa, como de los sindicatos, los estudiantes y los grupos no gubernamentales, los cuales advirtieron que el país se dirigía en derechura al desastre. Los oponentes del presidente en la sociedad civil, sin embargo, no se atrevían a lanzar un embate frontal contra el poder porque temían a los militares, que podían desencadenar la represión indiscriminada y provocar un baño de sangre.

En marzo de 2006 Conté, dado por moribundo por enésima vez, estuvo varios días ingresado en un centro de Ginebra, Suiza. Oficialmente, se trataba de un mero chequeo médico. Su primera decisión tras regresar al país fue, el 5 de abril, destituir al primer ministro Diallo, que en la víspera había intentado realizar una drástica remodelación ministerial para potenciar su capacidad de maniobra en la ejecución de la reforma económica y la lucha contra la corrupción. De nuevo, el presidente se hizo cargo personalmente de la jefatura del Gobierno. En mayo y junio Conakry vivió unas jornadas de protestas populares y de huelga general provocadas por el encarecimiento sin control del arroz y la gasolina, y por la dramática desvalorización de los ya de por sí mezquinos salarios. Las fuerzas de seguridad salieron a reprimir sin contemplaciones y causaron una veintena de muertos, estudiantes en su mayoría, pero los sindicatos vieron satisfechas sus demandas de alzas salariales en el sector público y de rebaja de los precios de los productos básicos.

En agosto, la ONG Human Rights Watch condenó la reiterada violación de los Derechos Humanos en Guinea; en noviembre, Transparency International situó al africano entre los países más corruptos del mundo, sólo superado por Irak, Myanmar y Haití. También en agosto, el presidente volvió a marchar a Suiza para tratarse lo que para algunos medios no sería meramente una diabetes complicada, sino una leucemia. Las especulaciones sobre el estado de salud del dirigente recibieron un nuevo estímulo el 2 de octubre al no producirse el tradicional discurso del jefe del Estado con motivo del aniversario de la independencia nacional.

Para acallar los rumores, días después, Conté dio señales de vida concediendo al periódico local Guinée news una entrevista en la que reiteró su intención de agotar el mandato de siete años y transmitió su esperanza de "encontrar a alguien como yo, o más, de envergadura, patriota (…), que ame a Guinea y la proteja de sus enemigos". Mientras Conté comentaba sus cábalas sobre la persona más apta para sucederle, algunas informaciones críticas llamaron la atención sobre los polos de poder, al parecer rivales, que en la oligarquía dirigente, al socaire de la ausencias del país y la postración física, y quizá hasta mental, del presidente, estaban dibujándose en torno a dos de las esposas del polígamo y coránico Conté: Henriette, la cónyuge más antigua y procedente de la pequeña pero influyente comunidad cristiana católica, y Kadidiatou, musulmana y antigua Miss Guinea, quien conservaba el título de manera permanente porque su marido, a petición suya, había prohibido los concursos de belleza.

El profundo malestar social por el imparable deterioro de las condiciones de vida y el autismo letargoso de que hacía gala el poder, que sólo se movía para reprimir y silenciar, cristalizó en enero de 2007 en una potente huelga general y una campaña de multitudinarias manifestaciones populares que duró 18 días y que fue brutalmente violentada por la temida Guardia Presidencial, los boinas rojas, y otros cuerpos de seguridad, con el resultado de al menos 60 muertos.

La protesta, cuya exigencia principal era ya la renuncia de un presidente políticamente amortizado y físicamente a caballo entre la enfermedad y la senilidad, quedó suspendida el 27 de enero tras anunciar el mandatario una serie de medidas apaciguadoras: la transferencia de poderes ejecutivos a un primer ministro nombrado a tal efecto, la formación de un gobierno de consenso y la subvención de los precios del arroz y los combustibles. La crisis parecía conjurada, pero el nombramiento el 9 de febrero como primer ministro de Eugène Camara, un hombre estrechamente ligado al presidente, fue impugnado por los sindicatos, que hablaron de "provocación". Huelguistas y manifestantes reactivaron la protesta y el 12 de febrero Conté, en respuesta, decretó el estado de sitio con toque de queda por espacio de once días y ordenó al Ejército no reparar en medios para restablecer el orden para evitar "una guerra civil". Ese mismo día, las fuerzas de seguridad abatieron a otros 15 manifestantes en la capital.

Tras este espasmo de violencia, el autócrata reculó. El 23 de febrero la Asamblea Nacional, contrariando los deseos del presidente, no renovó el estado de excepción y dos días después Conté se avino a reemplazar a Camara por un primer ministro elegido de entre los candidatos propuestos por la oposición y los sindicatos; éstos, por su parte, aceptaron cancelar la huelga iniciada el 10 de enero. El 26 de febrero el presidente se decantó por Lansana Kouyaté, un independiente y diplomático de prestigio, antiguo secretario ejecutivo de la CEDEAO, quien el 1 de marzo tomó posesión del puesto y a finales de mes nombró un Gabinete en el que no continuó ninguno de los ministros del equipo anterior, aunque los partidos de la oposición tampoco fueron consultados sobre los nuevos titulares.

La calma recobrada, a la postre, resultó efímera. En mayo, un grupo de soldados se amotinó y realizó pillajes esgrimiendo las demandas del cobro de unas pagas atrasadas y la remoción de ciertos altos oficiales del Ejército y del recién nombrado ministro de Defensa, Arafan Camara, a lo que Conté accedió el 12 de mayo. Poco después, el presidente, en una entrevista a la Agencia France-Presse, reafirmó su autoridad ("yo soy el jefe, los demás son mis subordinados"), rechazó la posibilidad de una transición y negó que nombrara a Kouyaté como resultado de la presión de la calle. El alboroto militar dejó ocho muertos.

Al comenzar diciembre de 2007, Conté a punto estuvo de prender la mecha de otra ola contestataria decretando una reestructuración funcional en el Gobierno con el fin de aumentar las atribuciones de la Secretaría General de la Presidencia en detrimento del primer ministro. Se entabló entonces entre el jefe del Estado y Kouyaté un forcejeo por la potestad sobre los ministros que el 20 de mayo de 2008, luego de amenazar los sindicatos con convocar una segunda huelga general, el primero zanjó a su favor con la destitución del segundo y su relevo por Ahmed Tidiane Souaré. En su breve ejecutoria, Kouyaté había decepcionado a la oposición por sus rasgos personalistas, así que su defenestración no provocó una protesta civil ni de lejos comparable a la del año anterior, aunque sí irritó a la soldadesca, que confiaba en él para la satisfacción de sus reivindicaciones salariales y volvió a realizar una algarada. En estos disturbios hubo de lamentarse otro reguero de víctimas.

El prolongado ocaso del "campesino-soldado" de Guinea, como le retrataba la propaganda oficial, tocó a su fin el 22 de diciembre de 2008 con el esperado fallecimiento, a los 74 años de edad y aparentemente en Conakry. La noticia no fue comunicada a la nación, en un mensaje televisado, hasta las primeras horas del día siguiente, 23 de diciembre, mientras la mayoría de la población aún dormía. De ello se encargó el presidente de la Asamblea Nacional y teórico sucesor constitucional, Aboubacar Somparé, el cual, flanqueado por el primer ministro Souaré, el jefe del Estado Mayor del Ejército, general Diarra Camara, y otros altos responsables, leyó: "Tengo la penosa y difícil tarea de informarles, con profunda tristeza, de la muerte del general Lansana Conté, presidente de la República de Guinea, al cabo de una larga enfermedad".

Somparé anunció también un duelo nacional de 40 días, instó a la población a mantener la calma y al Ejército a asegurar las fronteras "en homenaje a la memoria del ilustre líder desaparecido", y demandó oficialmente al presidente del Tribunal Supremo que "constatara el vacío de poder" e "hiciera cumplir la Constitución", lo que significaba que las funciones de la jefatura del Estado, por vacancia del titular, debían recaer temporalmente en él, en tanto que presidente del Legislativo, con la misión de organizar elecciones presidenciales en el plazo de 60 días.

Seis horas después de este comunicado, irrumpió en escena un grupo de militares autodenominado Consejo Nacional para la Democracia y el Desarrollo (CNDD) anunciando la toma del poder. El golpe de Estado fue fulminante y no encontró la menor resistencia, ni en el régimen del PUP, ni en el alto mando militar supuestamente leal al orden establecido, ni entre la población que, al contrario, dio muestras de júbilo. En sus primeras disposiciones, la junta golpista suspendió la Constitución, disolvió el Gobierno y todas las instituciones republicanas, y prohibió las actividades políticas y sindicales. El oficial encargado de leer la proclama, el capitán Moussa Dadis Camara, fue presentado al día siguiente como presidente del CNDD y presidente de la República. Una jornada más tarde, el 25 de diciembre, el primer ministro y el Gobierno en pleno, tras implorar en vano a la comunidad internacional que impidiera la consumación de la usurpación castrense, se pusieron a disposición de los golpistas, quienes justificaron su acción como un "acto de civismo" destinado a "salvaguardar la unidad territorial" y prometieron convocar unas elecciones "creíbles y transparentes" en el plazo de dos años.

En estas extraordinarias circunstancias tuvieron lugar, el 26 de diciembre, los funerales de Estado de Conté, al que los miembros de la junta rindieron un elogioso tributo a pesar de proclamar su determinación de romper con el estado de incuria, corrupción y abuso de poder que su régimen personalista había impuesto en el país.

El féretro con los restos de Conté, envuelto en la bandera nacional y acompañado por coronas de flores, retratos oficiales con la dedicatoria Centinela de la paz y la gorra de general, fue expuesto en el Estadio Nacional, ante 20.000 personas y en medio de intensas medidas de seguridad. El sepelio incluyó un desfile militar y una ceremonia formal en el Palacio del Pueblo, sede de la Asamblea Nacional, a la que acudieron los presidentes de Liberia, Sierra Leona, Guinea Bissau y Côte d'Ivoire. Después de un oficio en la principal mezquita de Conakry, el cuerpo de Conté fue trasladado para su entierro en la población rural del Lansanya, a 120 km al noroeste de Conakry, frente a la mansión donde había residido en los últimos años de su vida.

En marzo de 2009, la campaña anticorrupción emprendida por la junta del capitán Camara, consolidada en el poder pese a las condenas internacionales, sacó a la luz, con confesiones televisadas de varios altos cargos del régimen depuesto y de familiares directos del estadista fallecido, cómo su hijo mayor, Ousmane, capitán del Ejército, y su cuñado, Saturin Bangoura, arrestados ambos al igual que otro hijo del difunto, Ansou, el alcance de la venalidad y criminalidad de Conté y su círculo íntimo.

Así, se supo que el antiguo clan dirigente, con la complicidad de muchos funcionarios civiles y miembros de las Fuerzas Armadas y los cuerpos de seguridad, había dirigido durante años y con total impunidad un descomunal, secreto y extremadamente lucrativo negocio de narcotráfico, que había convertido a Guinea en una de las principales plataformas de exportación, por vía aérea, de la cocaína producida en América Latina y destinada a los mercados europeos. Entre otras cosas, la estupefacta población guineana se enteró de que los aviones cargados de cocaína eran custodiados por la Guardia Presidencial cuando aterrizaban en Conakry, que los narcotraficantes sudamericanos gozaban de acceso a dependencias privadas de la familia Conté y que los alijos de droga eran reembarcados hacia países como España o Portugal ocultos en valijas diplomáticas. El cuñado de Conté confesó haber usado una suntuosa villa propiedad de su hermana Henriette como lugar de reunión con los narcotraficantes para cerrar negocios.

(Cobertura informativa hasta 1/4/2009)