Félix Tshisekedi

© Twitter.com/@fatshi13

© Twitter.com/@fatshi13

Actualización: 22 enero 2019

República Democrática del Congo

Presidente electo de la República (2019)

  • Félix Antoine Tshilombo Tshisekedi
  • Mandato: 24 enero 2019 - En ejercicio
  • Nacimiento: Kinshasa, 13 junio 1963
  • Partido político: Unión por la Democracia y el Progreso Social (UDPS)
Descarga

Presentación

El 10 de enero de 2019, tras varios días de suspense y con mucha controversia, la Comisión Electoral de la República Democrática del Congo anunció que el ganador de las votaciones presidenciales disputadas el 30 de diciembre era Félix Tshisekedi, el candidato de la Unión por la Democracia y el Progreso Social (UDPS), en la oposición al régimen del mandatario saliente, Joseph Kabila.

El nuevo jefe de Estado africano es un hombre de 55 años cuya discreta trayectoria política se desarrolló a la sombra de su afamado padre, el tres veces primer ministro Étienne Tshisekedi, quien mantuviera una relación ambivalente con el anterior dictador del país, Mobutu Seseseko, y luego reafirmara su activismo opositor contra la dinastía republicana de los Kabila. Tshisekedi padre falleció en 2017 tras ver frustrada su tentativa presidencial en la elección de 2011 y las riendas de la UDPS, un partido de centro-izquierda vinculado a la Internacional Socialista, las heredó el hijo. Félix rehusó supeditarse a una gran plataforma unitaria de la oposición para maximizar las posibilidades de victoria sobre el candidato patrocinado por Kabila, un presidente autoritario y melindroso en materia democrática que constitucionalmente no podía optar al tercer mandato (su segundo ejercicio, de hecho, expiró legalmente a finales de 2016, así que las elecciones de 2018 se han celebrado con dos años de retraso), y lanzó una postulación personal que ha prevalecido.

Su triunfo, sin embargo, se ve empañado por las denuncias de fraude y la impugnación del principal adversario derrotado, Martin Fayulu, del bloque Lamuka, al que Tshisekedi, con el 38,5% de los votos según el escrutinio oficial, solo superó en poco más de tres puntos. Fayulu cree también que Tshisekedi y Kabila tienen un pacto secreto. Hecho llamativo, el candidato del Gobierno, Emmanuel Ramazani Shadary, ha encajado su derrota con jovialidad.

Quedan, pues, en las manos de este poco conocido responsable político los destinos de uno de los países más grandes del continente, por extensión y por peso demográfico, al que atesorar inmensas riquezas naturales, en particular grandes cantidades de minerales preciosos y estratégicos, de siempre codiciados por gobiernos extranjeros, multinacionales y guerrillas sin escrúpulos, no ha traído a sus empobrecidos ciudadanos más que sufrimientos y desgracias. Así ha sido desde que en 1960 el antiguo Congo belga adquiriera una independencia nominal que dejó intactas importantes servidumbres neocoloniales.

Los desafíos que afronta el flamante el líder congoleño son abrumadores y afectan a todos los terrenos, el político, el social, el económico y el de la seguridad. Por de pronto, su inauguración tiene trascendencia histórica porque supone la primera alternancia pacífica en la conducción del Estado: el primer presidente de la independencia, Joseph Kasavubu, cayó derrocado por Mobutu en el golpe militar de 1965; Mobutu, a su vez, fue puesto en fuga en 1997 por el caudillo guerrillero Laurent Kabila, quien terminó asesinado en oscuras circunstancias en 2001. Con su hijo y sucesor, Joseph Kabila, la torturada nación centroafricana consiguió poner fin a la llamada Segunda Guerra del Congo (1998-2003), un devastador conflicto bélico, intrincada mezcla de guerra civil y de contienda internacional por la intervención de múltiples ejércitos regulares africanos, que costó cinco millones de muertos y otros dos millones de desplazados y refugiados.

El cese formal de las hostilidades en la también conocida como Guerra Mundial Africana no supuso en absoluto la recuperación de la paz. Desde entonces, el país ha padecido una intermitencia de rebeliones armadas y luchas étnicas de menor alcance por su localización provincial, aunque igualmente calamitosas para la poblacion civil. Uno de estos conflictos, el de Kivu, donde operan bandas extremistas hutus y milicianos yihadistas (responsables del mortal ataque del 15 de noviembre contra los cascos azules de la MONUSCO en el curso de una ofensiva militar conjunta del Ejército en el área de Beni), sigue activo con altos niveles de violencia.

La inseguridad que aflige las provincias de Kivu Norte e Ituri se torna más dramática porque es precisamente ahí donde, desde agosto de 2018, viene golpeando el más reciente brote del virus de ébola en África, causante hasta el inicio de 2019 de 400 víctimas mortales. La República Democrática del Congo ni se acercó a cumplir los Objetivos de Desarrollo del Milenio en 2015 y las condiciones actuales no le permiten ser optimista con respecto a los Objetivos de Desarrollo Sostenible hasta 2030. La tríada letal de guerras-enfermedades-desnutrición no ha truncado, sin embargo, el crecimiento global explosivo de la población, que actualmente supera los 80 millones, lo que significa que el país ha duplicado sus habitantes en tan solo 25 años. En Congo-Kinshasa la esperanza de vida al nacer es de 58 años y su pirámide demográfica presenta una base extremadamente ancha: el 63% de los congoleños tiene menos de 25 años.

Por lo demás, Tshisekedi, quien no puede dejar de prometer a sus paisanos la recuperación de la seguridad en las zonas en conflicto, un crecimiento económico, sujeto a las oscilaciones en la cotización internacional de minerales, con impacto visible en el desarrollo humano y la lucha frontal contra la "gangrena" de la corrupción, deberá hacer honor a su discurso democrático desde el primer día de gobierno. Una prueba de fuego de su solvencia política le tocará al finalizar su mandato en 2023: entonces, en virtud de lo pactado con su aliado electoral Vital Kamerhe, de la Unión por la Nación Congoleña (UNC), quien accedió a sacrificar su propia aspiración presidencial a cambio de reservarle Tshisekedi el puesto de primer ministro, el presidente deberá renunciar a la reelección y ceder la candidatura del oficialismo al partido socio de gobierno.


(Texto actualizado hasta enero 2019)

Biografía

1. Opositor congoleño a la sombra del padre
2. Polémico ganador de unas elecciones en la picota


1. Opositor congoleño a la sombra del padre

Solo en el bienio previo a su proclamación, rodeada de polémica, en enero de 2019 como el quinto presidente de la República Democrática del Congo emergió al primer plano la figura de Félix Tshisekedi, heredero del capital político de su famoso padre, el veterano dirigente opositor y tres vices primer ministro Étienne Tshisekedi, fallecido en 2017. La biografía del nuevo estadista africano se reduce hasta aquel año a unas pocas pinceladas.

Alumbrado por su madre, Marthe Kasalu Jibikila, en 1963 en Kinshasa, entonces llamada todavía Léopoldville, su infancia y juventud transcurrieron en un entorno familiar acomodado. En aquella época el padre era un doctor en Derecho y funcionario académico muy bien conectado con las élites dirigentes de los primeros y turbulentos años de la independencia nacional, siendo así que trabajó sucesivamente para el primer ministro Patrice Lumumba, el líder secesionista de Kasai Albert Kalonji, el presidente Joseph Kasavubu y, desde el golpe de Estado de 1965, con el general y presidente, devenido dictador, Mobutu Seseseko, del que fue ministro. En 1982, sin embargo, Étienne rompió con Mobutu y su partido, el Movimiento Popular de la Revolución, para emprender una peligrosa trayectoria opositora al frente de su propia formación, de orientación socialdemócrata e ilegal para el régimen, la Unión por la Democracia y el Progreso Social (UDPS).

Félix, con 19 años, se integró en los cuadros de la UDPS y cuando las represalias de Mobutu cayeron sobre el progenitor él le siguió en la desventura. Así, padre e hijo compartieron una larga temporada de arresto domiciliario en la villa que la familia tenía en la provincia de Kasai Occidental, el terruño de Étienne, quien era natural de Kananga. En 1985 Mobutu le autorizó a él, a su madre y a sus hermanos abandonar el país, llamado entonces Zaire, y poner rumbo a Bruselas. Una vez allí, Félix retomó su interrumpida formación secundaria, que concluyó en 1986 en el Athénée Royal du Centre, un colegio de Braine-l'Alleud, localidad del Bravante Valón. Luego, según él, realizó una diplomatura en el bruselense Institut des Carrières Commerciales (ICC), donde estudió Marketing, Publicidad y Comunicación. Bastantes años después, añade, se formó en "Informática y Ofimática" en el Institut de Technologie Sociale en 2001, y en gestión financiera en el Institut Catholique des Hautes Études Commerciales (ICHEC, Brussels Management School) en 2013.

Una oscuridad casi completa envuelve las andanzas de Tshisekedi hijo durante más de dos décadas. Él solo apunta, en las redes sociales, que trabajó de "agente de servicio de correos" en la compañía Bpost, el principal operador postal de Bélgica. Algunos despachos periodísticos hacen escuetas referencias al desempeño de trabajos de poca monta, a su afición a los bares y clubs nocturnos de Bruselas, y a ciertas reyertas callejeras con familiares de Mobutu. Se supone que en esta época contrajo matrimonio con su actual esposa, Denise Tshilombo Nyakeru.

Entre tanto, el vasto país centroafricano, crónicamente subdesarrollado y vulnerable a los estallidos de violencia que tenían como trasfondo la prodigiosa riqueza minera de las provincias de Oriental, Kivu y Shaba/Katanga, tomó un nuevo vericueto político que otorgó bastante protagonismo a Étienne Tshisekedi. El líder de la UDPS jugó un importante papel en el programa de transición multipartidista que Mobutu, a regeñadientes, forzado por la nueva situación internacional al terminar la Guerra Fría e instado por Francia, puso en marcha en 1990, pero apañándoselas para postergar una y otra vez la convocatoria de elecciones democráticas. Oscilando entre el oposicionismo firme y la colaboración con las artimañas dilatorias del dictador, Tshisekedi accedió a ser el primer ministro del Congo en tres ocasiones, en 1991, 1992-1993 y 1997, ejercicios institucionales que tuvieron corta vida y que terminaron convenciéndole de la nula voluntad democrática del mariscal-presidente.

El tercer Gobierno de Tshisekedi solo duró una semana en abril de 1997. Para entonces, el régimen de Mobutu ya se tambaleaba por la arremetida guerrillera de la Alianza de Fuerzas Democráticas para la Liberación del Congo-Zaire (AFDL), potente rebelión armada acaudillada por el exiliado antimobutista Laurent Kabila y patrocinada sin disimulos por Uganda y Rwanda. En mayo de 1997 los combatientes de la AFDL entraron en Kinshasa sin hallar resistencia, Mobutu escapó y Kabila se autoproclamó presidente con un talante autocrático que hacía barruntar el nacimiento de otra dictadura.

Tshisekedi no tardó en mal encararse con el nuevo régimen autoritario de Kabila, que en febrero de 1998 le confinó en un exilio interno. El arresto domiciliario le sobrevino a Tshisekedi seis meses antes de sumergirse el país en una segunda y catastrófica guerra civil a raíz del nuevo alzamiento en la oriental Kivu de grupos armados de las etnias banyamulenge y tutsi, fuerzas rebeldes a las que esta vez seguían, en una invasión en toda regla, los ejércitos ugandés y rwandés. El asesinato de Kabila y la subida del hijo de este, Joseph, a la Presidencia en enero de 2001 no alteraron la postura antigubernamental de la familia Tshisekedi, como tampoco detuvieron, por el momento, una guerra devastadora en la que participaban multitud de contendientes tanto locales como extranjeros.

En junio de 2003 Tshisekedi padre rehusó la invitación que le hacía Joseph Kabila para integrarse en el Gobierno de Transición multipartito constituido en el marco de los acuerdos de paz firmados en Sudáfrica y que pusieron término a la Segunda Guerra del Congo con la retirada de las tropas de todos los países intervinientes en el conflicto bélico (Rwanda, Uganda y Burundi del lado de los rebeldes, y Zimbabwe, Angola y Namibia del lado del Gobierno). El boicot de la UDPS se extendió al referéndum de diciembre de 2005, que aprobó la nueva Constitución, y a las históricas elecciones generales de julio de 2006, que dieron a Kabila su primer mandato constitucional de cinco años, triunfo que el veterano opositor tachó de fraudulento.

En 2008 Félix Tshisekedi tuvo su primer titular por méritos políticos al ser nombrado secretario de Relaciones Exteriores de la UDPS. En las elecciones generales de noviembre de 2011, manchadas como las de 2006 por las denuncias de graves irregularidades, Étienne Tshisekedi accedió a contender con Kabila por la Presidencia. Su derrota entonces con el 32,3% de los votos, según los resultados oficiales, fue descreída por el líder opositor, que ordenó a los diputados electos de la UDPS no ocupar sus escaños en la Asamblea Nacional; uno de los pocos que le obedecieron fue su hijo Félix, quien había ganado un mandato legislativo en representación de Mbuji-Mayi, Kasai Oriental. En los años siguientes, el mayor de los Tshisekedi siguió forcejeando con Kabila, pero este activismo se vio importunado por sus problemas de salud, que le obligaron a someterse a un tratamiento médico continuado en Bélgica desde julio de 2014. Justo dos años después, en julio de 2016, el anciano convaleciente recibió el alta clínica y tomó el avión de regreso a Kinshasa, donde sus partidarios le brindaron una bienvenida triunfal.

En octubre de 2016 Félix se convirtió en vicesecretario general de la UDPS. La promoción paterno-filial permitió al menor de los Tshisekedi figurar en una mesa negociadora Gobierno-oposición que el último día de 2016, tras meses de protestas populares, sangrientamente reprimidas por la Policía con el resultado de decenas de muertos, ante la negativa de Kabila a convocar las elecciones que por ley correspondían y a abandonar la Presidencia una vez expirado (19 de diciembre) su segundo mandato presidencial de cinco años no prorrogable, acordó formar un Gabinete de concentración que integraría al kabilista Partido del Pueblo para la Reconstrucción y la Democracia (PPRD) y al Reagrupamiento de las Fuerzas Políticas y Sociales por el Cambio (RASSOP), la más destacada de las cuales era la UDPS. Otro de los puntos acordados era celebrar las retrasadas elecciones generales a finales de 2017.

En enero de 2017 Étienne retornó a Bruselas para tratarse la enfermedad que padecía, dejando en manos de su maduro hijo una interlocución con el régimen que podría situar a Félix, siempre que los partidos del RASSOP se pusieran de acuerdo, al frente del Gabiente de transición pactado en el llamado Acuerdo de San Silvestre. La incertidumbre política imperaba en Kinshasa el 1 de febrero de 2017 cuando desde Bruselas llegó la noticia de la muerte de Étienne Tshisekedi, a causa de una embolia pulmonar, a los 84 años de edad.


2. Polémico ganador de unas elecciones en la picota

Aupado al liderazgo de facto de la UDPS y de paso a la copresidencia del RASSOP -junto con Pierre Lumbi Okongo, del Movimiento Social por la Renovación-, Félix Tshisekedi, quien no pudo repatriar de Bélgica los restos de su padre por desacuerdos logísticos con el Gobierno -el cual, contrariando los deseos de la familia del difunto, quería participar en la organización de los funerales-, prosiguió los esfuerzos negociadores de la alianza opositora, pero el diálogo con el oficialismo acabó truncándose.

En abril de 2017, Kabila, practicando por enésima vez el juego, típico en todos los presidentes congoleños, del divide y vencerás, más si entre los adversarios opositores cundían la descoordinación y la cacofonía, nombró primer ministro del Gobierno de transición no a Tshisekedi, sino a Bruno Tshibala, un dirigente de la UDPS desvinculado de la disciplina de grupo. Tshisekedi denunció que este movimiento unilateral de Kabila suponía una violación del acuerdo de diciembre de 2016 y después tachó de "provocación" el anuncio por el Gobierno de que las elecciones generales, debido a diversos problemas de carácter técnico y a la grave situación de inseguridad en distintos puntos del país, sobre todo en Kivu Norte, escenario de una violenta insurrección de extremistas hutus, tampoco iban a poder celebrarse este año. En octubre de 2017 la Comisión Electoral Nacional Independiente (CENI) llegó a apuntar que hasta la primavera de 2019 podría no estar completado el proceso de registro de votantes.

El 31 de marzo de 2018 la UDPS eligió oficialmente a Tshisekedi presidente partidario y de paso proclamó su candidatura en unas elecciones presidenciales que finalmente iban a tener lugar el 23 de diciembre del año en curso. En agosto, mientras Kabila y su partido nominaban a Emmanuel Ramazani Shadary, viceprimer ministro y ministro del Interior en el Gobierno Tshibala, quien concurriría como aspirante "independiente" del progubernamental Frente Común por el Congo (FCC) no obstante tratarse de uno de los jerifaltes del PPRD (además, Shadary estaba acusado de participar en violaciones de los Derechos Humanos, por lo que era objeto de sanciones particulares de la UE), Tshisekedi procedió a inscribir su candidatura ante la CENI; el organismo realizó el registro, pero de entre la documentación presentada por el solicitante rechazó un Diplona en Comunicación y Marketing a nombre del ICC de Bruselas con la explicación de que se trataba de un título falso.

En noviembre, con el país ya metido en la vorágine preelectoral, Tshisekedi abrió una grieta irreparable en el RASSOP al rehusar sumarse al consenso de siete partidos sobre la candidatura presidencial unitaria del líder de Compromiso con la Ciudadanía y el Desarrollo (ECiDé), el ex ejecutivo petrolero Martin Fayulu. Entre los que respaldaban a Fayulu estaban dos pesos pesados de la oposición, Jean-Pierre Bemba y Moïse Katumbi, ambos vetados por la CENI. A cambio, Tshisekedi suscribió un acuerdo particular con Vital Kamerhe, ex presidente de la Asamblea Nacional y líder de la Unión por la Nación Congoleña (UNC).

Su entendimiento fue en estos términos: Kamerhe se plegaba a la candidatura presidencial de su colega de la UDPS a cambio de recibir, en caso de victoria, el puesto de primer ministro. Además, en las próximas elecciones presidenciales, que de acuerdo con la Constitución tendrían lugar en 2023, Tshisekedi renunciaría a presentarse a la reelección y cedería la candidatura a una persona de la UNC. Por lo tanto, en las urnas iban a medirse tres rivales con posibilidades: Shadary por el FCC, Fayulu por una coalición opositora que dio en llamarse Lamuka (Despierta, en el idioma lingala) y Tshisekedi por la coalición Ruta hacia el Cambio. Además de la Presidencia estaban en juego la Asamblea Nacional de 500 miembros y 715 concejalías provinciales,

Las votaciones, que la destrucción en un incendio de material electoral destinado a la capital obligó a posponer una semana, hasta el 30 de diciembre, se desarrollaron sin incidentes, pero la tensión empezó a crecer porque la CENI, alegando dificultades técnicas, retrasó unos días la publicación de los resultados provisionales. El 10 de enero de 2019 el organismo electoral publicó unos datos preliminares que otorgaban la victoria a Tshisekedi con el 38,57% de los votos. Fayulu había quedado segundo con el 34,88% y Shadary tercero con el 23,84%. La participación fue cifrada en el 47,56%. Tshisekedi se apresuró a anunciar que sería "el presidente de todos los congoleños", sin distingos de "organización, tribu o partido", pero Fayulu fue rápido también en pronunciarse, en su caso portando la denuncia de que los resultados electorales estaban "fabricados". "Esto es una estafa electoral inimaginable y es probable que cause un desorden generalizado en todo el territorio nacional", avisó el líder del bloque Lamuka.

Estaba previsto que la CENI publicara los resultados oficiales el 15 de enero y que la inauguración del sucesor de Kabila fuera tres días más tarde, pero la denuncia de Fayulu vino a trastocar este cronograma. El 12 de enero, animado por las valoraciones de la influyente Iglesia Católica, que había desplegado 40.000 monitores electorales, sobre que las cifras facilitadas por la CENI no reflejaban la realidad, con lo que la Conferencia Episcopal sugería implícitamente que el verdadero ganador había sido él, Fayulu presentó una impugnación ante el Tribunal Constitucional sobre la base de unos datos propios que le concedían la Presidencia con un respaldo abultadísimo, de hasta el 62% de los votos.

Además, Fayulu expresó su convicción de que Tshisekedi y Kabila habían pactado en secreto, extremo que fue desmentido por la UDPS y el Gobierno. Lo cierto era que Tshisekedi ya había tendido públicamente la mano a Kabila, al que consideraba "un socio del cambio político" en vez de "un adversario" y quien como ex presidente no solo podría quedarse en el país "sin nada que temer", sino que bien podía merecer "un homenaje por haber aceptado retirarse" e incluso, "habida cuenta de su experiencia", que se le confiaran unas "funciones diplomáticas especiales". También llamó la atención la actitud jovial de Shadary, quien aceptó su derrota sin rechistar y se congratuló porque los congoleños hubieran "escogido la democracia". Entre tanto, la CENI informó que los partidos del kabilista FCC habían cosechado una rotunda mayoría absoluta en la Asamblea.

El escepticismo por los resultados divulgados por la CENI prendió igualmente en los gobiernos francés, belga y británico, así como en la Comunidad de Desarrollo de África Austral (SADC), que el 13 de enero reclamó un recuento de votos y recomendó a los principales cabezas de facción que trabajaran juntos en un Gobierno de unidad.

(Cobertura informativa hasta 15/1/2019)

Más información

Presidencia de la República Democrática del Congo

Félix Tshisekedi en Facebook

Félix Tshisekedi en Twitter

Félix Tshisekedi en YouTube