CIDOB Report nº 10

Ciudades para la paz

Fecha de publicación:
07/2023
Autor:
Pol Bargués, investigador sénior, CIDOB
Descarga

A pesar de que las ciudades pueden ser sonescenarios de guerra y destrucción, también pueden convertirse en actores principales en la promoción de paz. Y ello es así porque las ciudades deben gestionar el día a día de los conflictos económicos, medioambientales y sociales; además, a través de la autogestión, son pioneras en proporcionar y administrar servicios públicos, movilidad, viviendas asequibles, proyectos de integración, ayudas sociales o la reducción de pobreza, así como buscar la mejora de la coexistencia intergeneracional y entre pueblos y culturas. Asimismo, las ciudades activan la diplomacia, operan en redes y movilizan recursos para dar respuestas también a crisis globales. 

Ciudades como Mariúpol o Bakhmut, en Ucrania, pasarán a la historia por haber sido escenarios de guerra y destrucción. Igual que lo fueron Alepo, en la guerra de Siria, o Moscú, Stalingrado y Berlín durante la Segunda Guerra Mundial. Son ciudades que se convirtieron en parajes fantasma, que fueron o han sido masacradas y reducidas a escombros, con supervivientes escondidos y soldados de infantería que avanzan palmo a palmo. Otras, como Sarajevo, Leningrado, Ceuta o Troya son recordadas por resistir largos y crueles asedios. No obstante, las ciudades también son escenarios de paz y esperanza. 

Addams y los ideales de una paz urbana

A principios del siglo xx, la filósofa estadounidense Jane Addams teorizó en su libro Newer ideals for peace (2007[1907]) sobre unos nuevos ideales de paz, mientras observaba el activismo y la cooperación ciudadana en los barrios más poblados y humildes de una ciudad cosmopolita como Chicago, que eran los que recibían más inmigrantes. Esta autora constató que la gente más desposeída combinaba la compasión y la empatía necesarias para desarrollar valores comunitarios y, simultáneamente, una sensibilidad cosmopolita para respetar y entender la singularidad de los recién llegados procedentes del otro lado del Atlántico. Al mismo tiempo, observaba cómo los migrantes se desprendían de muchos de sus hábitos adquiridos durante generaciones, y también se esforzaban para entenderse y asociarse en un nuevo mundo. Addams (2017[1912]) no solo contribuyó a idealizar sobre la paz, sino que participó en el devenir de la urbe. Cofundó la Hull House de Chicago, que integraba a los migrantes y a los más necesitados con innovadores técnicas educativas, artísticas y con programas de trabajo social; asimismo, luchó junto con el movimiento de las sufragistas en Estados Unidos y lideró las discusiones pacifistas durante la Primera Guerra Mundial.

Muy diferente a los ideales de una paz eterna, estática y abstracta, basada en un tratado entre soberanos, como la imaginaban los filósofos desde Immanuel Kant, Addams apreciaba en medio del bullicio de la ciudad una paz activa y dinámica, llena de compasión y bondad, nutrida por la movilización, la cooperación y la actividad de sus gentes. Esta filósofa creía que, por su «dinamismo» y sus «generosos experimentos», las ciudades eran «cunas de libertad» y «centros de radicalismo» en el que la gente acomoda sus intereses, acoge, intima, innova y logra superar el conflicto. «Esta gente diversa que se encuentra reunida en los barrios de inmigrantes de una ciudad cosmopolita adora la bondad en sí misma», observaba Addams (2007: 11). Y creía que su bondad no era tan solo valiosa para la gobernanza de la comunidad, sino que potencialmente sería una inspiración para todos: «Sus esperanzas y sueños son una profecía del futuro desarrollo del gobierno municipal, de la caridad y de la educación; y sus vidas cotidianas son una previsión del futuro de las relaciones internacionales»; son los «humildes heraldos de los nuevos ideales de paz» (ibídem: 12-13).   

Aunque Addams fue reconocida con el Premio Nobel de la Paz en 1931, sus contribuciones relacionando los ideales de la paz con el devenir de las urbes han pasado prácticamente desapercibidas. Probablemente esto ha sido así porque, para los estudios urbanos, la paz sea demasiado abstracta y general, y para los estudios de paz, las ciudades sean demasiado concretas y particulares. Es decir, los estudios urbanos se han centrado tradicionalmente en la planificación del desarrollo de las urbes y sus infraestructuras, a fin de lograr orden, bienestar y crecimiento; mientras que los estudios más críticos han puesto el foco en las consecuencias de la uniformidad y la racionalidad de la renovación urbana a gran escala, las cuales han ignorado el contexto y excluido y marginalizado a sus gentes. Así, la paz que se genera en las ciudades –en las ideas y la interacción y autoorganización de sus gentes para lograr una harmonía social e imaginar un nuevo futuro– ha sido históricamente poco relevante (para una excepción, además de Addams, véase Jacobs, 1961). De manera similar, los espacios urbanos han sido secundarios en los estudios de paz, acostumbrados a darle el protagonismo a los estados y a las negociaciones de paz conducidas por líderes políticos. Incluso en los casos en los que priman los procesos de paz «de abajo-arriba» (bottom-up), dando protagonismo a la sociedad civil, los espacios urbanos quedan lejos del foco de análisis. Es como si la guerra o la paz ocurrieran en las ciudades, pero no desde o debido a las ciudades.   

Las ciudades como artífices de una paz sostenible

Sin embargo, esta mirada ha cambiado en los últimos años. Lo que antes era mero decorado, ahora es el actor principal. Porque las ciudades deben gestionar el día a día de los conflictos económicos y sociales y, a través de la autogestión, son pioneras en servicios públicos, movilidad, viviendas asequibles, proyectos de integración, intercambios culturales, ayudas sociales o reducción de la pobreza. Además, las ciudades tienen capacidad de resiliencia y en ellas se logra la convivencia de gente muy diversa. Annika Björkdahl (2013), que ha estudiado la importancia de las ciudades para los procesos de construcción de la paz en zonas de conflicto, observa que ciudades como Belfast, Mostar, Nicosia o Sarajevo son ciudades que sufrieron episodios de violencia extrema, y que las divisiones etnonacionalistas que sufrieron continuaron con la aplicación de proyectos de paz nacional y modelos estado-céntricos de gobernanza, reproduciéndose la lógica de los muros y la segregación. Sin embargo, en estas urbes también han surgido prácticas concretas de paz; sus gentes han sabido reconciliarse con el pasado, volver a confiar, empatizar y a reencontrarse, compartir el vecindario y los espacios comunes, además de construir interdependencias para deshacer las divisiones más salvajes de la guerra. Para esta autora, los procesos de paz deberían potenciar las dinámicas urbanas para lograr mayor estabilidad nacional a fin de que la paz se arraigara a lo largo de generaciones.

Las ciudades no son solo microcosmos donde se consigue la gestión de los conflictos o que se organizan para adaptarse a los efectos de las crisis globales; también desarrollan proyectos emancipadores que se relacionan con la idea de una paz sostenible a nivel global, como lo indica la Nueva Agenda Urbana de Naciones Unidas de 2016 (Habitat III). Con una previsión de que el número de habitantes que viven en ciudades se duplicará de aquí a 2050, la agenda sirve de inspiración para la planificación, el diseño, la financiación, el desarrollo y la gobernanza de las ciudades a fin de lograr que puedan contribuir al desarrollo sostenible y la paz en sociedades plurales.

Para Marta Galceran-Vercher  (2023), la diplomacia municipalista y la movilización de recursos en las ciudades son herramientas fundamentales para dar respuesta a crisis o situaciones de emergencia, como lo demuestran las ayudas y la oleada de solidaridad hacia Ucrania. Más allá de las muestras simbólicas, las ciudades europeas han aportado recursos tangibles (donaciones materiales como generadores y transformadores eléctricos, camiones de bomberos o tranvías) e intangibles (como la transferencia de conocimiento y buenas prácticas; asimismo, han acogido centenares de miles de refugiados. Cada vez más se potencian plataformas y asociaciones internacionales como «Alcaldes por la paz» o la «Asociación Internacional de Ciudades Mensajeras de Paz» que utilizan el poder de la «diplomacia de las ciudades» para fomentar la paz, la seguridad y el desarrollo en zonas de conflicto (Musch et al., 2008). Estas muestras de solidaridad también existen entre los estados, pero como tienen más capacidad, recursos y competencias, estos pueden ser mucho más decisivos.  

Por último, cabe subrayar que, aunque también existen episodios infames de violencia y violación de derechos humanos perpetrados en ciudades y por gobiernos municipales y sus vecinos, no se debe menospreciar la capacidad de las ciudades para generar convivencia, como tampoco la solidaridad municipal en las relaciones internacionales, que tiene un potencial único. Al estar más alejadas de los centros de poder, las ciudades no siguen lógicas militares o centralizadoras y burocráticas, ni tienen fronteras que patrullar, ni una identidad o una seguridad nacional que proteger. Al contrario, las ciudades buscan soluciones alternativas, descentralizadas y pragmáticas, que integran y persiguen las satisfacciones cotidianas y mejoran la coexistencia entre generaciones, pueblos y culturas. Como están en constante crecimiento, desbordadas por retos y tendencias vanguardistas, rebosantes de vecinos y vecinas, migrantes y transeúntes, las ciudades innovan e inspiran. Como dijo Addams (2007[1907]), no hay progreso sin «dinamismo», viendo en el dinamismo de las ciudades los nuevos ideales para la paz y el progreso. 

Referencias bibliográficas

Addams, Jane. Newer Ideals of Peace. Chicago: University of Illinois Press, 2007[1907]. 

Addams, Jane. Twenty Years at Hull House: With Autobiographical Notes and Sixty-Three Illustrations. Pantianos Classics, 2017 [1912]. 

Björkdahl, Annika. “Urban Peacebuilding”. Peacebuilding, vol. 1, n.º 2 (2013), p. 207–221. 

Galceran-Vercher, Marta. “Multilateralismo urbano en tiempos de guerra: ¿de la solidaridad simbólica a la solidaridad pragmática?”. CIDOB Opinion, n.º 748 (2023). 

Jacobs, Jane. The Death and Life of Great American Cities. New York: Random House, 1961 

Musch, Arne; Van der Valk, Chris; Alexandra, Sizoo; Tajbakhsh, Kian. City Diplomacy: The Role of Local governments in Conflict Prevention, Peace-Building, Post-Conflict Reconstruction. La Haya: VNG International, 2008.

Todas las publicaciones expresan las opiniones de sus autores/as y no reflejan necesariamente los puntos de vista de CIDOB como institución.