Polarización y diálogo en las sociedades democráticas

Fecha de publicación:
09/2020
Autor:
Kristian Herbolzheimer, director, ICIP; Pol Morillas, director, CIDOB y Héctor Sánchez Margalef, investigador, CIDOB
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A lo largo de 2020, el CIDOB, Barcelona Centre for International Affairs, el Instituto Catalán Internacional para la Paz (ICIP), el Club de Roma y la Fundación Cultura de Paz, con el apoyo de la Fundación "la Caixa", han reflexionado sobre los procesos de polarización en que se encuentran inmersas las sociedades democráticas, y los mecanismos de diálogo para superarlos. Este CIDOB Briefing recoge las aportaciones de las sesiones internacionales del ciclo "Polarización y diálogo en sociedades democráticas", coordinadas por el CIDOB, y que han abordado la polarización y el diálogo en el Reino Unido, Italia, Estados Unidos, y a nivel global a raíz de la crisis del multilateralismo acentuada por la Covid-19.

CIDOB Briefings 25

La movilización política en torno a asuntos muy divisivos se ha traducido en una creciente polarización de nuestras sociedades, además de un cuestionamiento de los pilares fundamentales de nuestros sistemas políticos. Actualmente, proyectos ideológicos antagónicos generan una confrontación creciente en sociedades en las que surgen nuevas fracturas debido a las disparidades socioeconómicas, las migraciones, el rechazo a las instituciones políticas tradicionales o cuestiones relativas al encaje territorial. 

A menudo, estas dinámicas divisivas redundan en una simplificación excesiva de realidades cada vez más complejas, bajo la forma del populismo, y pueden derivar en procesos de involución que pongan en peligro los fundamentos de las democracias liberales. Cada vez más, el debate pausado y constructivo entre posiciones políticas antagónicas se convierte en la primera víctima en un clima de constante polarización. Crece la confrontación y se reduce la concertación. La calidad democrática de nuestras sociedades e instituciones se degrada y, con esta, lo hace la posibilidad de avanzar en diálogos constructivos que aborden con eficacia las preocupaciones actuales de la población. A pesar de que existen mecanismos e iniciativas de diálogo, incluso en las sociedades más polarizadas, a menudo resultan eclipsados por las dinámicas más polarizadoras. 

Para tratar sobre la polarización y el diálogo en el Reino Unido se contó con Míriam Juan-Torres, investigadora sénior en More in Common, y Brian Gormally, director del Committee on the Administration of Justice. 

A la hora de analizar la polarización, es necesario distinguir entre la polarización temática y la polarización afectiva. Esta diferencia, presente en todas las sociedades, es la que se da entre la polarización entorno a un tema en particular (el Brexit en el Reino Unido, por ejemplo) y la polarización entre grupos sociales, que se traduce en una creciente distancia “anímica” entre sus miembros. Esta última es la que tiene más potencial de dividir las sociedades. 

En los últimos tiempos, los dos temas más polarizadores en el Reino Unido han sido el Brexit y la inmigración. Ambos han enmascarado consensos sociales alrededor de cuestiones no tan divisivas, como la defensa de la sanidad pública o el género, mientras que han escondido fracturas generacionales (conflicto intergeneracional) o territoriales (entre Londres y el resto del país). Asimismo, el Brexit ha hecho aflorar debates territoriales que vinculan la autodeterminación de Escocia o Irlanda del Norte con la pertenencia a la UE. 

Por otra parte, uno de los mecanismos de diálogo presente en la sociedad británica son las iniciativas ciudadanas llamadas “citizens’ assemblies” (Véase el Anexo). La idea de base es que hay un porcentaje de la sociedad que no está polarizado (o que podría decidir, dada la oportunidad, no contribuir a la polarización) pero que es invisible porque los debates polarizados ocupan la atención mediática. Las “citizens’ assemblies” pretenden dar voz y visibilidad a aquellos ciudadanos que, sobre todo en el ámbito local, no desean contribuir a la polarización de su sociedad. 

Uno de los marcos que también ha permitido el diálogo y el debate político en Irlanda del Norte han sido las discusiones basadas en la igualdad y los derechos humanos, que han facilitado que todas las partes se sientan identificadas con mecanismos de despolarización. Por el contrario, las referencias a “nacionalismos vacíos”, es decir, basados en la promesa de futuros alternativos sin concreción, han desembocado en dinámicas menos constructivas. 

Para la sesión sobre Italia se contó con las intervenciones de Paola Lo Cascio, profesora de historia de la Universidad de Barcelona, y Eva Giovannini, periodista y escritora de Rai TV. 

El caso italiano ejemplifica la relación entre sociedades polarizadas y gobiernos institucionalmente débiles. Italia ha tenido 65 gobiernos en los últimos 73 años, lo que ha convertido en norma la fragilidad del ejecutivo. La caída de gobiernos se ha podido deber a diferentes causas circunstanciales (como, por ejemplo, el referéndum fallido de Matteo Renzi), pero una de las causas estructurales de la debilidad gubernamental en Italia ha radicado en las divisiones y luchas internas en los partidos políticos. En la mayoría de sociedades democráticas, los partidos políticos se han consolidado como uno de los actores principales del sistema y la vida pública. En cambio, en Italia han contribuido a la inestabilidad del sistema y la polarización de la sociedad. 

El Movimiento 5 Estrellas (M5E) ha acabado formando parte de dos gobiernos y ha tenido problemas para conjugar sus reivindicaciones antisistema con su papel de integrante del gobierno. En consecuencia, su debilidad institucional ha podido contribuir a polarizar la sociedad. Por otra parte, los movimientos que han decidido no integrarse en el sistema político también han complicado la articulación de alternativas políticas (como “las Sardinas”, véase Anexo). 

En una era postdemocrática (como escribe Colin Crouch), los cambios se producen a toda velocidad y el entusiasmo por el futuro puede transformarse rápidamente en nostalgia pesimista y convertirse en rabia. Este sentimiento es a menudo utilizado por populistas de todos los signos políticos, como Matteo Salvini, para generar polarización. Los mecanismos de diálogo deben otorgar prioridad a una óptica de futuro y construir un relato que permita superar los temas más polarizadores sobre la base de valores democráticos comunes. 

Asimismo, existe el peligro de que partidos políticos quieran apropiarse de movimientos como las Sardinas para instrumentalizarlos. Con personalidad y creando un espacio propio, las Sardinas y otros movimientos de base pueden encontrar la forma de relacionarse con el sistema político y fomentar así espacios de diálogo. 

La tercera sesión, dedicada a los Estados Unidos, coincidió con el punto álgido de la pandemia del Coronavirus, el asesinato de George Floyd y las dinámicas polarizadoras protagonizadas por Donald Trump. Para esta sesión se contó con Pau Solanilla, consultor sénior asociado a Ideograma, y Julia Roig, presidenta de Partners Global en Washington DC. 

En el caso de Estados Unidos, la presidencia de Donald Trump es un síntoma, no la causa, de una polarización que ha ido creciendo en los últimos 25 años. Durante este tiempo, la sociedad estadounidense y, sobre todo, la base política republicana, se han ido polarizando hasta desencadenar una reacción identitaria contra la globalización y la inmigración. Asimismo, esta polarización ha ido acompañada de una “guerra cultural” que tiene como objetivo eliminar al contrincante. En esta polarización y “guerra cultural” el lenguaje ha pasado a ser clave. El Tea Party de Sarah Palin percibía la moderación como una debilidad y la alt-right, en confluencia con sectores supremacistas, racistas y antifeministas, ha convertido la incorrección política en una estrategia política que el actual presidente ha aprovechado. 

Para superar la polarización, hay que entender que las personas tienen múltiples identidades y que estas no son fijas. La creación de identidades inclusivas en lugar de identidades divisivas es clave para fomentar el diálogo. También hay que tener en cuenta que, en las sociedades polarizadas, todo el mundo desempeña un papel, como describe Bart Brandsma (Understanding the Dynamics of Us versus Them, véase el Anexo): los instigadores (los que se benefician), aquellos que se dejan seducir o convencer y las mayorías silenciosas. Las personas que se dedican a construir puentes entre los extremos deben centrarse en el sector moderado (o las personas que podrían estar confundidas) y escuchar sus inquietudes. La juventud y los nuevos mecanismos regeneradores de la política pueden ser también mecanismos efectivos para la despolarización (véase el Anexo). 

La última sesión internacional del ciclo trató sobre la Covid-19 y sus efectos para la cooperación global. Para esta sesión se contó con Daniela Schwarzer, directora del think tankGerman Council on Foreign Relations (DGAP), y Janis A. Emmanouilidis, director de estudios del think tank European Policy Centre (EPC). Esta sesión analizó cómo las tendencias polarizadoras en que están inmersas las sociedades democráticas se han acelerado con los efectos de la pandemia. 

El repliegue de los Estados Unidos respecto a su papel de fundador del orden internacional liberal ha dificultado el entendimiento con Europa, al tiempo que ha contribuido a debilitar pilares fundamentales o a dificultar una posición conjunta respecto a China. En la esfera internacional, varios líderes políticos se sienten presionados por la gestión de la pandemia y refuerzan la imagen de liderazgo interior buscando cabezas de turco en el exterior, al tiempo que algunos líderes con tentaciones autoritarias aprovechan la situación para incrementar su control interno. 

La UE no gestionó de un modo adecuado el inicio de la crisis, con medidas de control en la exportación de medicamentos o material médico, el cierre de fronteras y la percepción de falta de solidaridad entre los Estados miembros. En el ámbito internacional, la crisis no se ha traducido en un aumento de la cooperación internacional. Aun así, la cooperación científica puede ser una consecuencia positiva de la crisis y la UE está en disposición de contribuir a la creación de un sistema de salud internacional que refuerce las dinámicas multilaterales y cooperativas. 

Sin embargo, es posible también que la UE quede atrapada en la rivalidad entre los Estados Unidos y China y se vea forzada a tomar partido, con independencia de quién gane las elecciones de noviembre en los Estados Unidos. En consecuencia, se pondrá a prueba la cohesión interna de la UE. La crisis puede fomentar también que la UE entre en una fase de introspección y que aumenten la polarización en las sociedades europeas, la fragmentación entre los Estados miembros y los mensajes autoritarios, nacionalistas y populistas. 

En cambio, la polarización entre los Estados Unidos y China ofrece al tiempo una oportunidad para incrementar el protagonismo de la UE en el mundo, pero también hace más evidente el reto de que la UE hable con una sola voz. El trasfondo lo protagonizan unas instituciones multilaterales bajo presión o, incluso, cuestionadas, como la Organización Mundial de la Salud, y unos procesos de cooperación internacional poco activos, como el G7 o el G20.

 Conclusiones

La polarización instrumentalizada políticamente ha sido, últimamente, una constante en las sociedades democráticas: durante el Brexit, con Salvini y Trump o entre aquellos que, en medio de la pandemia, fomentan los miedos ante un futuro incierto y aprovechan para debilitar la cooperación multilateral global. No obstante, el fenómeno no es nuevo, sino que se ha ido construyendo a lo largo de los últimos años. 

La polarización a escala nacional ha convivido también con la polarización a escala internacional. Numerosos estados y actores del sistema internacional ponen por delante los incentivos negativos para la cooperación global y toman decisiones unilaterales. Europa, por su parte, tiene un claro interés en mantener y reforzar los mecanismos de cooperación global multilateral, ya que crisis como la Covid-19 muestran la necesidad de contar con instituciones fuertes de alcance mundial. 

Uno de los principales riesgos de la polarización temática es que refuerza la polarización afectiva, que fomenta la construcción de una identidad basada en lo que nos diferencia de quien piensa de forma diferente. Este fenómeno es altamente emocional y se muestra sordo ante los argumentos racionales, de modo que dificulta la tarea mediadora de la política. 

Hay herramientas de diálogo que pueden revertir las dinámicas de polarización nacional e internacional, pero también la polarización afectiva: 

-        Cuando sectores importantes de la ciudadanía cuestionan las instituciones o las leyes vigentes, hay que encontrar un marco normativo o de valores que facilite el diálogo. En Irlanda del Norte este marco lo han constituido los derechos humanos y la igualdad. En los Estados Unidos hay un esfuerzo por articular una nueva narrativa que convoque y unifique una sociedad con múltiples identidades.

-        Para potenciar el diálogo es necesario entender la psicología de la población polarizada, emplear un lenguaje respetuoso, tener capacidad de autocrítica, crear múltiples espacios para llevarlo a cabo y reconocer a la otra parte como legítima.

-        Las dinámicas de polarización enmascaran la diversidad que existe en todas las sociedades. Cuántos más actores y posiciones estén representados en un diálogo, más aumentará su legitimidad y su capacidad de superar las tensiones.

-        Ante las dificultades para encauzar el diálogo, hay que crear nuevos espacios de participación o prestar atención a dinámicas políticas constructivas en otros niveles. En el Reino Unido e Irlanda se han impulsado asambleas o foros ciudadanos para tratar de temas que polarizan. En Italia, el movimiento de las Sardinas convoca sobre todo a la juventud, con una apuesta explícita por combatir el racismo. En los Estados Unidos, el diálogo social y político fructifica sobre todo en algunos municipios y Estados que valoran la concertación y reconciliación.

-        Tanto los casos italiano y estadounidense como las dinámicas globales actuales muestran que, cuanto más débiles sean las instituciones democráticas y los foros multilaterales, más aumentará la polarización y se reducirá el espacio de diálogo a escala internacional.

-        Por lo tanto, es fundamental reforzar y preservar las instituciones y las normas democráticas locales y nacionales y también las instituciones multilaterales internacionales. Si hoy no pueden dar respuesta a unas dinámicas sociales y políticas cambiantes, será necesario estudiar un proceso de reforma inclusivo y de consenso. 

Anexo 

Estas son algunas iniciativas para despolarizar las sociedades democráticas que se mencionan en el CIDOB Briefing n.º 24, además de otras que, aunque no se mencionen en el documento, le aportan valor añadido. 

Esta lista tiene carácter informativo y no es exhaustiva, ni mucho menos. 

Reino Unido 

Citizens’ assemblies

Dedicadas a temas concretos

-          Sobre asistencia social

-          Sobre cambio climático

-          Sobre el Brexit

-          Sobre el funcionamiento de la democracia en el Reino Unido

De carácter regional

-          En Irlanda del Norte, sobre cómo se pueden encarar temas polarizadores

-          En Gales, para debatir sobre la “Devolution”

-          En Escocia, como herramienta para integrar la ciudadanía en la toma de decisiones

Italia

-          6000 Sardine: un movimiento ciudadano que nace con la intención de promover una ciudadanía activa como práctica política y como antídoto contra el populismo.

Países Bajos

-          Inside Polarisation: una consultoría que enseña a los profesionales “de en medio” cómo explorar posiciones eficaces, reconocer sus (im)posibilidades y establecer una estrategia de (des)polarización. Uno de los consultores es el autor de Understanding the Dynamics of Us versus Them.

Estados Unidos

-          Better Angels: una sociedad que se dedica a preservar la historia de Estados Unidos apoyando toda clase de iniciativas que destaquen lo que une y ha unido a la sociedad estadounidense.

-          Better (Braver) Angels: una organización ciudadana que une a los estadounidenses azules y rojos en una alianza para despolarizar los Estados Unidos.

-          The Depolarization Project: un proyecto que nació de un curso en la Universidad de Stanford después de las elecciones de 2016, con el objetivo de ayudar a la gente a escuchar, aprender y dirigir. Investigan sobre las estrategias que funcionan, ofrecen cursos de formación a empresas, estudiantes y comunidades y alientan a los líderes a abrirse a la posibilidad de cambiar de opinión.

En la esfera internacional

-          The Commons Project: una organización sin ánimo de lucro que tiene el propósito de que todas las personas puedan beneficiarse de la tecnología y los datos y puedan mantener el control de la vida digital.

Palabras clave: polarización, diálogo, movilización política, Reino Unido, Brexit, Estados Unidos, Trump, Italia, Salvini, Sardinas, crisis  multilateralismo, covid-19, asambleas ciudadanas