12 reflexiones acerca de los resultados de las elecciones europeas

1. ¿Quién ha ganado y quién ha perdido las elecciones?

Las campañas electorales en los 28 Estados Miembro se han centrado principalmente en cuestiones nacionales. De ahí la dificultad de interpretar en clave europea los resultados. Sin embargo, y a pesar de la desafección ciudadana hacia la política en general, la participación ha aumentado ligeramente al pasar del 43% en las elecciones de 2009 al 43.09% en las de 2014.

En términos absolutos el Partido Popular Europeo (PPE) de centro-derecha ha sido la fuerza más votada en estas elecciones al Parlamento Europeo con el 29,43% de los votos y 221 escaños; pero es también el que recibe un mayor castigo al perder 53 representantes; aun así, se sitúan por delante de los socialistas que obtuvieron 191, perdiendo 5 eurodiputados en comparación con los obtenidos en las elecciones de 2009 y se quedan con el 25,43% de los votos. El grupo de la Alianza de Liberales y Demócratas Europeos (ALDE) cae hasta la cuarta fuerza con 67 escaños, perdiendo 16 y siendo superados por el grupo de Conservadores y Reformistas Europeos (ECR) que se ha convertido en la tercera fuerza del PE con 68 eurodiputados ganando 11 y por delante de Los Verdes. Los ecologistas han perdido 7 escaños y han obtenido 50 eurodiputados. El grupo de la izquierda GUE/ NGL obtuvo 52, y suma 17 eurodiputados más y superando a Los Verdes como quinta fuerza. Finalmente, EFD pasa de los 31 europarlamentarios que tenía en 2009 a 48, ganando 17 representantes más. Hay que añadir los eurodiputados que no pertenecen a ningún grupo político, que ascienden a 43; y los 11 representantes que son nuevos en la eurocámara. Todo esto en estrecha relación con los siete grupos existentes en el Parlamento desde 2009. La constitución definitiva del hemiciclo está prevista para el 1 de julio y en la actualidad, en el Parlamento es están formando los grupos, por lo que no es seguro que la estructura final quede en los siete grupos actuales.

Los principales perjudicados han sido los partidos tradicionales que han dominado el Parlamento Europeo – y que dominarán – desde las primeras elecciones; especialmente el PPE, que ha perdido 53 escaños pero que siguen siendo la fuerza mayoritaria en la cámara, y ALDE, que ha perdido más de un tercio de sus representantes.

Los resultados son una mezcla difícil de analizar y carecen de una única lectura, ya que la dimensión local de la campaña tiene un papel fundamental. Por ejemplo; en Reino Unido, la inmigración ha sido un tema central en la campaña; como lo ha sido el tema de la seguridad y defensa en los países del este de Europa o la recuperación económica en Italia. De ahí que en la mayoría de los casos, los electores hayan utilizado el voto como instrumento de castigo en contra de los gobiernos. En el caso de España, el fenómeno no es tan claro, el votante parece haber castigado a la oposición.

Además, parece que el fenómeno de los euroescépticos haya ganado fuerza en el conjunto de la Unión. Aunque hay pequeño incremento a favor de fuerzas euro escépticas y de extrema derecha, la realidad está lejos del desastre proyectado por la prensa. Hay que añadir, además, la irrupción en el Parlamento de más de treinta partidos pequeños y/o nuevos.

Lo que está claro es que a pesar de los esfuerzos por convertir estas elecciones en las más europeas hasta el momento, a pesar de la dimensión europea prevista por los Spitzenkandidaten y el debate popular alimentado por la crisis del euro, los comicios han sido una vez más el resultado de la suma de 28 elecciones nacionales, lo que dificulta el surgimiento de un demos europeo.

2. Las fuerzas euroescépticas en perspectiva

La característica que tienen en común las fuerzas euroescépticas es la dificultad para clasificarlas.

A falta de ver el comportamiento de algún partido nuevo en el PE para tener una clasificación más exhausta, se puede determinar que las fuerzas euroescépticas suman 112 escaños. En el término euroescéptico se incluyen fuerzas de diverso color político en el amplio espectro de opciones políticas; las hay tanto anti-integración como contrarias a alguna política europea.

En total las fuerzas euroescépticas han conseguido 112 escaños, el 14,91% de los votos, y han doblado el resultado respecto los comicios celebrados en 2009. En el año 2004, en unas elecciones que estuvieron marcadas por la reciente ampliación hacia Europa del Este, las fuerzas euroescépticas irrumpieron en el PE con 93 escaños y 12,7% de los votos. Sí bien es cierto que en 2014 los resultados se parecen con los de 2004, nada tienen que ver con los de 2009 donde los euroescépticos tuvieron unos pobres resultados logrando solamente 56 escaños y el 7,6% de los votos. Sin embargo, podría decirse que aunque las elecciones europeas han traído algunas novedades, el éxito recae sobre el reconocimiento de la victoria de partidos de extrema derecha que habían venido operando de manera distinta durante años. La derecha radical se ha presentado como nueva en varias ocasiones desde 1979, pero lo cierto es que la nueva extrema derecha es un fenómeno antiguo en el hemiciclo que ganado o perdido fuerza a lo largo de la historia de las elecciones al Parlamento Europeo.

Donde las fuerzas euro escépticas han sacado mejores resultados es en: Francia donde el FN, partido de extrema derecha y euroescéptico, gana con el 24,95% de votos y 24 escaños de un total de 74; en Reino Unido, UKIP, partido euro escéptico, con el 26,77% de votos y 25 escaños de un total de 73 y en Dinamarca, el Partido del Pueblo Danés, también de extrema derecha, con el 26,60% de voto a favor y 4 escaños de un total de 13. En Italia el movimiento popular anti-establishment y euroescéptico Movimento Cinque Stelle (M5S) ha sido segunda fuerza con el 21.15% de los votos y 17 escaños de un total de 73; y en Grecia, el partido fascista Amanecer Dorado, obtuvo el 9,38% de los votos y consiguió dos escaños de un total de 21. En el caso de Alemania, el anti-euro pero unionista, Alternative für Deutschland ha conseguido también irrumpir en el parlamento con 7 representantes, al tiempo que por primera vez, un grupo de extrema derecha (NPD) ha obtenido un representante en el PE, también por Alemania.

Es difícil que puedan llegar a cooperar entre ellos debido a su naturaleza heterogénea, de hecho ya se ha hecho patente el desacuerdo entre Nigel Farage y Marine Le Pen a la hora de formar un grupo conjunto y está por ver si tienen los apoyos para formar dos grupos independientes uno del otro (uno de euroescépticos duros y otro de extrema derecha) porque para formar un grupo se necesita 25 parlamentarios de 7 países distintos. El Parlamento Europeo ha tenido un grupo euroescéptico desde 1994, y en 2004, como consecuencia de la ampliación hacia el este de Europa, entraron en el PE muchos diputados euroescépticos y formaron dos grupos parlamentarios; el grupo euroescéptico Independencia/Democracia que aguantó toda la legislatura 2004-2009 y que estaba liderado por Nigel Farage; y un grupo de extrema derecha que se creó en 2007 y se disolvió en menos de un año por el desacuerdo entre sus miembros. A pesar de su incapacidad de llevar a cabo el trabajo parlamentario, el peligro de los euroescépticos radica en su capacidad de contagio para influir en la agenda política de los Estados Miembros y que estos acaben siendo más reticentes al proyecto de integración europea. Además, a pesar de tener poco impacto, utilizan la eurocámara como altavoz.

3.¿Qué pasa ahora?

El artículo 17.7 del Tratado de Lisboa, que entró en vigor el 1 de diciembre de 2009, estipula que el Consejo deberá proponer un candidato a presidente de la Comisión acordado por la mayoría cualificada de sus miembros teniendo en cuenta el resultado de las elecciones. La elección del Consejo solo se dará por definitiva en el caso de que una mayoría absoluta del PE refrende la candidatura propuesta, pues como la declaración nº 11 relativa al artículo 17.6 y 17.7 recoge, ambas instituciones (PE y Consejo) son conjuntamente responsables del proceso de elección del Presidente de la Comisión.

Una vez electo, el Presidente presentará una la lista de candidatos al Parlamento para formar la Comisión, a propuesta de los Estados miembros. El Parlamento es el encargado de aprobar la Comisión, que es un órgano colegiado de 28 comisarios y aunque el PE no puede rechazar a los miembros individuales, a la práctica puede utilizar su poder político para aceptar o no a los miembros individuales propuestos por los Estados miembros rechazando o aprobando a toda la Comisión; como pasó por ejemplo con la primera Comisión Barroso y el rechazo del candidato a Comisario italiano Rocco Buttiglione y en el caso de la segunda Comisión, con la candidata búlgara Rumiana Jeleva.

La novedad respecto a los anteriores nombramientos a la Presidencia de la Comisión es que, esta vez, los partidos políticos decidieron nombrar sus candidatos a presidir la Comisión aprovechando la ambigua formulación del tratado y forzando de alguna manera al Consejo Europeo a elegir a uno de los Spitzenkandidaten. Sin embargo, el Consejo Europeo en general o alguno de los Estados Miembro en particular pueden no querer nombrar a uno de los seis por miedo a sentar un precedente, tal como quedó claro después de la reunión del Consejo Europeo tras las elecciones el día 27 de mayo de 2014 o como ha escenificado la reunión a cuatro (el primer ministro británico Cameron, la canciller alemana Merkel, el primer ministro de Suecia Reinfeldt y el primer ministro holandés Rutte) el 9 de junio de 2014 para tratar el nombramiento del Presidente de la Comisión. Esto que daría paso a una propuesta de candidatura alternativa por parte del Consejo y supondría un choque de legitimidad entre el Consejo Europeo y el Parlamento, al tiempo que un profundizaría el déficit democrático que padece la UE.

En ese sentido cabe decir que Jean Claude Juncker, cabeza de lista del PPE, ha ganado las elecciones y la única manera legal de bloquear su candidatura como Presidente de la Comisión es formando una minoría de bloqueo. El sistema de mayoría cualificada actual, que está basado en la ponderación del voto en relación a la densidad demográfica, se alcanza si esta se ajusta al 50% del conjunto de Estados (14 de 28) y representa al 62% de la población total (262 de 352); por lo que la minoría capaz de bloquear, se alcanzaría con 92 votos de 352, y la representación de más del 38% de la población total de la Unión.

El hecho de que haya miembros del Consejo Europeo que no están de acuerdo con el nombramiento de uno de los Spitzenkandidaten para presidir la Comisión, escenifica una luchar de poder en el seno de las instituciones europeas y plantea una posible crisis política interna. Este es el Parlamento Europeo con más competencias de la historia y puede salir fortalecido si uno de los candidatos de los grupos políticos que lo componen es elegido Presidente de la Comisión, especialmente si es uno europeísta. Por otro lado, hay estados miembros, sobretodo los que se enfrentan al fenómeno euroescéptico, que son reacios a profundizar en el proceso de integración europea y por tanto prefieren un Presidente de la Comisión con un perfil bajo.

A parte de la presidencia de la Comisión, está en juego el nombramiento del Presidente del Consejo y el puesto de Alto representante de la Unión para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad. Como tal, no existe ningún precepto legal que establezca que la Presidencia de la Comisión forme parte, con los otros dos puestos, de un package deal, pues se trata más bien de un pacto entre caballeros. Estos cargos han de ser nombrados de conformidad con criterios geográficos, cuota de poder entre grupos políticos y paridad, de tal manera que se garanticen nombramientos plurales. Todos estos cargos los eligen los Estados Miembros en el Consejo Europeo. En caso de que el Consejo ceda ante el Parlamento en el nombramiento del Presidente de la Comisión, es probable que el Consejo se imponga a la hora de decidir la configuración de la misma. En cualquier caso, la fecha límite para el nombramiento de todos los cargos es en octubre de 2014.

4. Alemania: más de lo mismo

Las elecciones europeas en Alemania ofrecen algunas pistas importantes del resultado general de estos comicios, sobretodo en comparación con otros países europeos. El partido pro-europeo de los socialdemócratas alemanes (SPD), cuyo cabeza de lista era Martin Schulz, candidato del grupo socialista a presidir la Comisión Europea, consiguió ganancias substanciales. El SPD ha pasado del mínimo histórico del 20,8% de los votos al 27,3% en estas elecciones. Sus socios de coalición, la conservadora CDU y su hermana bávara CSU retrocedieron un 0,7% y un 1,9% respectivamente. Hay que destacar que la CSU amortiguó su pérdida intentando pescar votos de la derecha populista con temas como los inmigrantes de los nuevos estados miembro de la UE como Rumania y Bulgaria y el supuesto fraude en las ayudas sociales.

La canciller Angela Merkel de la CDU fue un poco más sutil cuando dirigiéndose al mismo público unos días antes de las elecciones advirtió que la UE es una unión económica pero no social. Una de las razones para estas intervenciones ha sido el auge de los euroescépticos de Alternative für Deutschland (AfD), que han conseguido un 7% de los votos; un 2% más que durante las últimas elecciones al Bundestag, cuando no alcanzaron la barrera electoral del 5% para entrar en el parlamento nacional por un estrecho margen.

La AfD tiene solo un año de vida y empezó como un movimiento de protesta contra la gestión de la crisis del Euro asociada con los rescates financieros. Mientras que al principio flirteó con la idea de abandonar el euro y reintroducir el marco alemán, ahora defiende la salida del euro de los estados del sur para que puedan ganar competitividad devaluando la moneda. También extendió su agenda hacia posiciones conservadoras en cuestiones relativas a la familia y los inmigrantes; aunque reconoce la necesitad de inmigrantes cualificados, por lo que ha intentado deshacerse y frenar a los miembros más derechistas que había atraído. Aunque son escépticos con el euro, están a favor de pertenecer a la UE y de otros aspectos de la integración europea. Su retórica y programa son relativamente moderados comparados con otros partidos de derecha en Europa y han anunciado que no quieren cooperar con el Frente Nacional de Marine Le Pen en el Parlamento Europeo. Su intención es unirse al Grupo de los Conservadores y Reformistas, capitaneados por los tories británicos del primer ministro David Cameron.

Por tanto, los logros de AfD no se pueden comparar con el éxito de partidos de derecha en otros países de Europa, ni en términos de cantidad ni en términos de calidad. Es menos populista y anti-Europa que otros miembros del Partido Popular Europeo en el PE, que se etiquetan de conservadores, como sería el caso de Forza Italia de Berlusconi y el Fidesz de Viktor Orbán, quien no ha sido capaz de poner distancia con fuerzas anti-semitas y racistas en Hungría.

En cuanto a la oposición de la actual gestión de la eurocrisis, AfD se sitúa en la derecha del espectro político alemán; pero hay que destacar que la coalición gubernamental de la CDU/CSU con el SPD también se opone a otras medidas expansivas como los Eurobonos o los depósitos de garantías bancarias mutuos. Lo mismo que los Liberales (FDP), que no entraron en el parlamento nacional en 2013 y han sacado un resultado aún peor en las elecciones europeas. Su enfoque pasado del mensaje neoliberal y show político les continúa pasando factura. Con una pérdida del 7.6% comparado con el 2009, solo han logrado el 3,4% de los votos. Su crisis existencial se ha agravado hasta el punto que o se ataja o les puede llevar a la desaparición a largo plazo.

Los Verdes (10,7%) y la Izquierda (7,4%) están abiertos a una postura más flexible en la crisis de la eurozona, como la introducción de los eurobonos o incluso la nacionalización parcial de los bancos en el caso de la Izquierda. Pero el consenso actual en Alemania está en contra de estas medidas. Mientras, en Alemania, los partidos tradicionales han evitado la emergencia de un partido de extrema derecha. La postura de la élite política alemana quiere seguir como hasta ahora, no se debe esperar ningún gran cambio con medidas más audaces para resolver la actual eurocrisis.

Eckart Woertz

5. Unas elecciones europeas invisibles en Bélgica

El domingo 25 de mayo los ciudadanos y ciudadanas votaron en unas elecciones «europeas». En el caso de Bélgica -donde el voto es obligatorio-, estas elecciones coincidían además con elecciones regionales y federales. Si en la mayoría de países europeos se advertía de que habría lecturas nacionales (o locales) de las tendencias del voto, en el caso de Bélgica no era una posible lectura sino «la» lectura. Por un lado es interesante que, al coincidir las tres elecciones, se pueda realizar una comparación que permite ver que el reparto del voto europeo ha ido muy en paralelo con el voto federal y regional.

El partido ganador a nivel europeo ha sido Nieuw-VlaamseAlliantie (N-VA, Alianza Neo-Flamenca), un partido político flamenco de centro-derecha, con el 16,85 % (+10%); a nivel federal ha obtenido el 20% (+2,9%) y, en las regionales, un 31,88% (+18,82%).

En el caso de Bélgica, es normal que los resultados electorales preocupen pensando en el proceso de formación de Gobierno ya que, en la parte Valona del país el Partido Socialista (PS) ha ganado las elecciones regionales-, y en las últimas elecciones federales el país estuvo más de un año y medio sin Gobierno por propuestas de coaliciones imposibles. Sin embargo, ¿de dónde le han venido los votos a Bart de Wever, líder del N-VA? Algunos cronistas interpretan que ha seducido a los votantes equivocados porque el partido de la extrema derecha (Vlaams Belang) ha desaparecido prácticamente del panorama electoral, con solo un 3,68% de los votos (-4,08%). ¿Cuál será su respuesta a estos votantes después de los equilibrios postelectorales para formar gobierno?

Si bien la noche electoral fue una hipótesis continua de posibles alianzas, no hubo ninguna palabra sobre el peso de este resultado a nivel europeo en los principales medios del país. En cambio, sí hubo un comentario de alcance europeo, relacionado con la voluntad bien europea de Marine Le Pen de formar una coalición de extrema derecha en el Parlamento Europeo. Su grupo, sin embargo, no podría contar con un apoyo muy sólido del partido flamenco de extrema derecha, a pesar de que Le Pen había hecho campaña incluso en Amberes para seducir al electorado de VlaamsBelang.

Zapeando por las televisiones del país la noche electoral, no había ninguna cadena que debatiera los resultados a nivel europeo; la lectura se realizaba únicamente por países, y en el caso belga, desde una perspectiva federal y regional. ¿Cómo se puede hablar de algún sentimiento europeo compartido o por compartir si no existe un medio de comunicación europeo? ¿De dónde emergerá la confianza en el proyecto europeo si el avance de euroescépticos solo tiene una lectura en clave nacional?

Yolanda Onghena

6. El Frente Nacional capta el descontento de los grandes

En las elecciones europeas, los resultados finales han confirmado claramente la victoria del Frente Nacional (FN) que ha recogido el 24,85% de los votos emitidos, un récord histórico para el partido de la extrema derecha francesa. Al ganar en cinco de las ocho circunscripciones europeas, el partido de Marine Le Pen ha obtenido 24 escaños en el Parlamento Europeo.

Si bien la tasa de participación en Francia aumentó ligeramente en comparación con 2009 (+2%), lo cierto es que casi 6 de cada 10 franceses no fueron a las urnas. Sin embargo, estos resultados envían tres señales fuertes no sólo al Partido Socialista (PS), sino también a la oposición liderada por la Unión por un Movimiento Popular (UMP).

La UMP, ha quedado en segundo lugar con el 20,8% de los votos. Por lo tanto, el partido de la oposición, que pretendía consolidar su posición como la principal fuerza opositora, no ha cumplido su objetivo: en realidad este porcentaje contrasta con el 27,88% de los votos que la UMP cosechó en el 2009, debido principalmente a su alianza con el centro. Estos resultados, así como la campaña electoral, han puesto de relieve una serie de divisiones dentro del partido: Laurent Wauquiez, defiende volver a la Europa de los seis en su obra ‘Europa, hace falta cambiarlo todo’(Europe, il faut tout changer); Henri Guaino anunciando que no iba a votar por el candidato de la UMP Lamassoure en su circunscripción; o la aparición del caso Bygmalion, un caso de malversación de fondos apuntando directamente a Jean François Copé, quien dejará la dirección del partido el 15 de junio del 2014. A falta de una línea común y sólida, la UMP, que centró su campaña en las fronteras ("no" a la integración de Turquía, "no" a la admisión de Rumania y Bulgaria en el espacio Schengen) no ha sabido captar el descontento de los franceses.

Si existe un indicador definitivo que apunta a la impopularidad del gobierno de la izquierda, es el resultado del Partido Socialista que ha recopilado menos del 14% de los votos. El PS ha registrado el peor resultado de su historia, consecuencia directa de la desconfianza asociada con su ejercicio del poder. Este pobre resultado procede no solamente de la decepción creada por la "alternancia" de 2012, pero también y sobre todo de una situación socio-económica que está estancada – o se deteriora – progresivamente (con un desempleo gravitando alrededor del 10%, y un poder adquisitivo afectado por el doble efecto de la falta de crecimiento y el aumento de la presión fiscal). Además el PS hizo campaña en 2012 para una reorientación europea a favor del crecimiento, pero actualmente está aplicando las medidas de austeridad derivadas de la ratificación del "Pacto Europeo de Estabilidad y Crecimiento".

Por lo tanto, esta coyuntura, en la que el partido en el poder está percibido como el ejecutor de medidas de austeridad acordadas en Bruselas, mientras que el principal partido de la oposición –la UMP– apenas logra hablar con una sola voz, ha beneficiado en especial al Frente Nacional. Además de movilizar al electorado tradicional del Frente Nacional en torno a los temas clásicos del partido (no a la inmigración, no al dumping social, regreso a un estado fuerte no sujeto a Bruselas, etc.), Marine Le Pen ha hecho campaña intentando demostrar que el "declive" de Francia y su deterioro socio-económico son consecuencias de las decisiones tomadas en Bruselas, a las cuales estaría sometido el gobierno sin ningún poder de negociación.

Por otra parte, los mapas de los resultados mostraron que más allá de los bastiones tradicionales del FN, se observó un fuerte aumento de los votos en toda la parte este de Francia, que se aproxima al 30%, mientras que el centro y el sudoeste le otorgaron un promedio del 25%, en particular en las zonas rurales. Sus principales temas de campaña - la ruralidad, la desaparición de los servicios públicos en las ciudades pequeñas y la inseguridad -, podrían explicar este aumento. Por otra parte, su electorado, firmemente arraigado entre los trabajadores (29%), los artesanos, los comerciantes y los empresarios (25%) también muestra un gran avance en el grupo de 35-44 años (23%).

Por último, estos resultados ponen de relieve que los Ecologistas (8,9%) y el Frente de Izquierda (6,3%) siguen sin poder recoger el voto de las clases populares.

Moussa Bourekba

7. El europeismo se impone en Holanda

Desde 1970, se puede observar un descenso en la tasa de participación en las elecciones europeas: una participación del 61,9% en 1979 en la UE9 comparada con el 43,1% en 2014 en la UE28. La tasa de participación de los Países Bajos siempre ha estado por debajo del nivel de la UE. Este año, han votado el 37% de los holandeses mientras que en 1979 votó el 58,1%.

Holanda fue uno de los primeros en abrir los colegios electorales para las elecciones el 22 de mayo junto con el Reino Unido. Si miramos a los ganadores de estos comicios, los claros vencedores son los Democraten 66 (D66) (15,5%) y los Christen Democratisch Appel (CDA) (15,2%) al obtener más del 30% del total de los votos. Los dos partidos que les siguen son el euroescéptico Partij voor de Vrijheid (PVV) que obtuvo el 13,3% y la formación del primer ministro Mark Rutte, Volkspartij voor Vrijheid en Democratie (VVD) que sacó el 12%. Como resultado, el CDA aporta 5 escaños al Partido Popular Europeo; y el D66 y el PVV aportan 4 escaños cada uno. Los liberales de Rutte a ALDE y los de Geert Wilders, que en la anterior legislatura se sentaban en los no inscritos, negocian con el Frente Nacional francés la creación de un grupo parlamentario propio.

Comparado con los resultados de las elecciones de 2009, la participación se mantuvo con un 36,8%. Es interesante ver que D66 ha incrementado sus votos alrededor de un 4%, mientras que los partidos que le siguen han experimentado un descenso en los votos. En particular, CDA y PVV, que han bajado alrededor del 5 y 4% respectivamente. Mientras que estos cambios no han tenido un impacto en el número de escaños obtenidos, los resultados tienen un significado acerca de la actitud hacia la UE, la política nacional y las luchas de la extrema derecha.

Mientras Geert Wilders, el líder del PVV, afirmaba que la baja participación debería considerarse como un signo de aversión y desinterés hacia la UE, no es difícil clasificar esta declaración como débil ya que el PVV perdió un número significativo de votos comparado con las elecciones de 2009 cuando la participación fue la misma. Por otro lado, los resultados actuales se pueden interpretar como que los holandeses quieren más UE ya que la fuerte campaña pro-europea del D66 parece haber funcionado.

Además, los resultados de las elecciones europeas pueden tener un mensaje igual de importante en clave de política interna. Una reciente controversia de Geert Wilders acerca de los inmigrantes marroquíes hizo que tres de los cuatro actuales eurodiputados abandonaran la campaña. El descenso de los votos del PVV confirma que el peligroso discurso xenófobo de Wilders le ha costado caro en estas elecciones. Habrá que ver como el PVV lee los resultados

Özge Bilgili

8. En Italia gana Matteo Renzi

Con el 58% de los votos, las elecciones europeas en Italia registraron una de las participaciones más altas en Europa. La usual coincidencia con las elecciones locales tuvo un impacto en la movilización del electorado. Después de una campaña electoral muy centrada en política nacional, el Partido Democrático de Italia (PD) ganó con el 40.8% de los votos, seguido del Movimiento 5 Estrellas (M5S) con el 21,1%, Forza Italia (16,8%), la Lega Norte (6,2%), el Nuevo Centro Derecha (4,4%), y la lista Tsipras-Spinelli (4%).

Los resultados muestran una clara victoria electoral de los partidos tradicionales (75,9%) contra el anti-establishment M5S. El resultado del PD ha superado las expectativas incluso para el mismo Matteo Renzi. Desde una perspectiva de comunicación política, Renzi fue capaz de distanciarse de la larga lista de escándalos políticos o juicios en los que están envueltos algunos de sus eurodiputados o miembros de su partido (en particular el reciente escándalo de EXPO Milán). El PD se ha beneficiado del estado de la reestructuración de los partidos de centroderecha y de una fuerte presencia en los medios de comunicación. Igualmente, Renzi se ha aprovechado de una campaña política centrada en la prima de 80 euros en el salario mensual de 10 millones de italianos para el resto de su vida aprobada por decreto ley un mes antes de las elecciones. Esto se ha trasladado en una histórica victoria del PD, acercándose a los resultados de los demócrata cristianos en las elecciones generales de 1958. Esto también significa que el PD tendrá el número más grande de eurodiputados dentro del grupo socialista en el PE, con Renzi posiblemente ganando peso en la política europea.

A pesar de la condena por evasión fiscal, su expulsión del senado y una larga lista de escándalos políticos, Berlusconi recibió más de 4.5 millones de votos. Forza Italia 2.0 sigue siendo un actor decisivo, convirtiéndose en la tercera fuerza política en Italia y un aliado crucial en el gobierno de coalición del primer ministro Renzi. Los disidentes de Berlusconi del Nuevo Centro Derecha y Fratelli d’Italia tuvieron distinta suerte. Los primeros apenas pudieron superar la barrera electoral del 4%, perdiendo peso en el gobierno de coalición de Renzi. Los últimos solo recibieron el 3,7% de los votos. Otro partido que no lo consiguió fue el del ex Primer Ministro Mario Monti, Scelta Europea, que solo consiguió el 0,7% de los votos.

La Lega Norte obtuvo un resultado positivo, más allá de sus expectativas, recogiendo el 6,2% de los votos. La izquierda alternativa tuvo éxito en reorganizarse para las elecciones al PE con la lista Tsipras-Spinelli, que sobrepasó por lo justo la barrera electora y recibió más de un millón de votos.

El M5S tenía las expectativas muy altas de ganar las elecciones, y claramente reconocen haber perdido. Sin embargo, en un país donde el voto tradicionalmente ha sido muy poco volátil, el resultado del M5S es poco usual. ¿A qué se debe esto? Un movimiento de ciudadanos que tiene como objetivo poner fin a la partitocrácia clásica italiana (recortando un 50% el salario de los políticos y aboliendo las ayudas públicas a los partidos) se convierte en la segunda fuerza del país. Esto no es usual en el sistema político italiano. El siguiente movimiento es ver donde se posicionarán los de Beppe Grillo en el PE y cual será su política europea.

Luigi Carafa

9. Polonia: un voto apático pero pro europeo

El resultado de las elecciones al Parlamento Europeo en Polonia refleja la tendencia general del voto en Europa central y del este: el dominio de los partidos tradicionales, la ausencia de un euroescepticismo extendido y una participación más baja que en las elecciones nacionales.

El partido en el gobierno (en su segundo mandato) – Plataforma Cívica (PO por sus siglas en polaco)- ganó las elecciones con el 32,13% de los votos, obteniendo 19 de los 51 escaños que tiene Polonia en el Parlamento Europeo. El otro partido de la coalición de gobierno – el Partido Popular Polaco (PSL)- con el 6,8% de los votos ganó 4 escaños. El PO y el PSL obtienen una delegación de 23 eurodiputados que pertenecen al grupo del Partido Popular Europeo (EPP), el grupo que ha logrado más escaños en las elecciones europeas.

Plataforma Cívica pasó ligeramente por delante de Ley y Justicia (PiS, por sus siglas en Polaco, con un 31,78%), a pesar de que el principal partido de la oposición había ido por delante en las encuestas la mayor parte del año. Ley y Justicia estará presente con 19 eurodiputados y formará parte del Grupo de los Conservadores y Reformistas Europeos. La Alianza de Izquierda Democrática (SLD), el segundo gran partido de la oposición; junto con los Laboristas Unidos (UP) consiguieron el 9,44% de los votos y sentarán sus 5 eurodiputados con el Grupo de la Alianza Progresista de Socialistas y Demócratas.

Mientras que los resultados de los partidos tradicionales eran fáciles de predecir, la entrada en el Parlamento Europeo de los euroescépticos del Congreso de la Nueva Derecha (KNP) fue una sorpresa. El KNP puede reclamar una victoria al haber obtenido el 7,15% de los votos frente al 1,1% que recibió en las elecciones generales de 2011. El partido ganó el 28,5% de su apoyo entre los votantes de 18 a 25 años – más que ningún otro partido. Los 4 eurodiputados electos del KNP aún no han declarado ninguna alianza dentro del PE. Janusz Korwin-Mikke, el líder del partido, tiene una visión ultraliberal de la economía, está a favor de un capitalismo donde no haya derecho laboral y donde las fuerzas del mercado puedan operar sin barreras y es tan anti-UE como anti-democrático. Korwin-Mikke, de 72 años, ha participado en todas las elecciones – presidenciales y parlamentarias – en la Polonia post comunista; y excepto en un breve período de tiempo en el parlamento a principios de los noventa, siempre había acabado con menos del 3%.

Aunque Polonia permanece como uno de los países más optimistas respecto a la UE, la participación en las elecciones europeas sigue siendo muy baja: 23,82% en 2014; 24,53% en 2009 y 20,9% en 2004. La apatía de los votantes polacos refleja la tendencia general en la Europa central y del este, donde las elecciones europeas son de segundo orden y tienen una participación más baja que las elecciones nacionales. La media de 2014 en Europa central y del este fue del 28%, comparado con el 43% de toda Europa.

Agnieszka Nimark

10. ¿Terremoto político en el Reino Unido?

El Partido de la Independencia del Reino Unido (UKIP por sus siglas en inglés) y los laboristas son las formaciones que han obtenido mayores ganancias en el Reino Unido. UKIP ha sido el partido ganador de las elecciones con el 27,5% de los votos (del 16,5% de 2009) y 24 escaños (de los 13 que tenía). El UKIP tiene ahora un eurodiputado en cada región de Inglaterra, Gales y Escocia. Los votos a los laboristas han aumentado un 9,7%, consiguiendo un 25,4% y pasando de 7 a 20 escaños. Los Verdes ganaron un escaño y ahora tienen 3 eurodiputados. En cambio, los conservadores (que han perdido un 3,8% de los votos, consiguiendo el 23,9% y obteniendo 19 escaños, han perdido 7), y especialmente los Liberales Demócratas (que han perdido 6,7 puntos quedándose con el 6,6% de los votos y pasando de 10 a 1 escaño) son los partidos que más pérdidas han sufrido. La participación se ha mantenido –34,2% en 2014 contra 34,7% en 2009–. El Reino Unido tiene un sistema regional de listas electorales cerradas con regiones relativamente pequeñas. Ésta es la razón de las discrepancias en los números entre porcentajes y escaños.

Es la primera vez desde 1906 que un partido gana unas elecciones sin ser los conservadores o los laboristas; esta victoria del UKIP ha llevado a los medios británicos a utilizar la metáfora de terremoto político. Sin embargo, UKIP lo ha hecho solo un poco mejor de lo que predecían los sondeos, mientras que los supuestos excesos de la cadena británica BBC en la cobertura informativa del su campaña electoral ha sido motivo de queja después de las elecciones. El futuro del parido, pero, no está claro – en las elecciones generales de mayo de 2015, el sistema electoral First Past the Post les puede dejar sin ningún escaño aunque saquen más del 10% de los votos.

Aunque UKIP es populista y euroescéptico, al menos el liderazgo del partido no es tan xenófobo como otros partidos de la derecha radical europea, como el Partido por la Libertad (PVV) en los Países Bajos o el Frente Nacional (FN) en Francia. Esto explica porqué Nigel Farage, el carismático líder de UKIP, rechaza unirse a un grupo con el PVV o el FN en el Parlamento Europeo. UKIP consiguió buenos resultados en ciudades más pequeñas y áreas suburbanas. Ha recibido votos de los conservadores pero cada vez más, recibe también votos de los laboristas y de los liberales.

Los laboristas, que sufrieron una debacle en 2009 en el punto más alto de la impopularidad de Gordon Brown, de alguna manera se han recuperado; pero ser derrotados por el UKIP ha sido un duro golpe (aunque no inesperado). Tradicionalmente, el partido laborista ha sido tímidamente favorable a la UE, pero en los últimos años ha intentado no hablar de la UE, hasta el punto que durante una retransmisión televisiva en plena campaña de las elecciones al PE, literalmente, no mencionó a la UE o a Europa ni una sola vez. El experto en derecho constitucional Richard Corbett vuelve al PE como eurodiputado laborista. El líder de los laboristas, Ed Miliband, se tomó las elecciones al PE como una pre batalla de las elecciones generales de 2015, pero incluso así, el resultado no ha sido un éxito rotundo.

Los conservadores y los liberales, los dos partidos que forman el gobierno en Reino Unido, han sido castigados en las urnas. Los liberales han perdido más que los conservadores, más por su impopularidad a nivel nacional que por nada que tenga que ver con políticas europeas. Este resultado también significa que conocidas figuras en Bruselas como Andrew Duff o Graham Watson no ejercerán como eurodiputados otra vez.

Jon Worth

11. En España gana la fragmentación

La lectura más común de los resultados en España de las elecciones al Parlamento Europeo es que las dos principales fuerzas políticas, PP y PSOE, han sufrido un importante desgaste en beneficio de fuerzas minoritarias, algunas tradicionales como Izquierda Unida (IU), otras que tienen menos de diez años de existencia como Unión Progreso y Democracia (UPyD), Ciutadans o Equo-Compromís, y otras de muy reciente creación como Podemos, un partido fundado en marzo de 2014 y que ha conseguido cinco escaños. Las dos principales fuerzas políticas han sufrido un fuerte desgaste tras haber gobernado España en un contexto de durísima crisis económica y tras haber salido a la luz escándalos de corrupción que han erosionado la confianza de los españoles con la política y las instituciones.

España es uno de los pocos países en que el partido de gobierno ha sido el vencedor de las elecciones pero perderá peso en el seno del Partido Popular Europeo. Otra lectura alternativa de los resultados indica que los votantes españoles se han decantado por fuerzas de izquierda, e incluso de extrema izquierda. En otras palabras, el voto español ha girado hacia la izquierda pero de forma fragmentada. A diferencia de otros países europeos, el voto de protesta en España no se ha canalizado hacia formaciones euroescépticas de derechas sino hacia movimientos que han reclamado un giro de orientación en materia de política económica y de regeneración democrática.

En España ha habido tres campañas electorales distintas. La tradicional, canalizada en los medios de comunicación convencionales y que ha tenido como protagonista las dos fuerzas políticas mayoritarias que, en clave nacional y europea, se han cruzado críticas sobre sus respectivas políticas económicas y en las que también ha aparecido la cuestión de la corrupción. Otra campaña es la que se ha desarrollado en las redes sociales y en espacios de discusión menos convencionales, en las que las nuevas fuerzas políticas han tenido una mayor relevancia y en la que se ha discutido de forma mucho más intensa el rumbo que ha de tomar la construcción europea. Finalmente, la tercera campaña es la que se ha desarrollado en Cataluña, donde las fuerzas favorables a que se celebre una consulta para decidir la relación entre Cataluña y España llamaron a movilizar el electorado para lanzar una señal a Europa.

Los resultados en Cataluña son significativos. Primero porque se produjo un aumento de más de diez puntos de participación. Segundo, porque Esquerra Republicana de Cataluña, un partido de centro-izquierda claramente favorable a la independencia, ha superado por primera vez al partido de Convergència i Unió (CiU), que actualmente gobierna en Cataluña. Tercero, porque las fuerzas favorables a la celebración de una consulta para decidir el estatus político de Cataluña han tenido unos buenos resultados. Y, finalmente, porque en Cataluña se produce una fragmentación del voto incluso mayor que la que se produce en el resto de España.

En conclusión, tanto la campaña como los resultados en España han sido poco convencionales y aunque el Partido Popular se considera, en tanto que primera fuerza política, vencedor en estas elecciones, ha sido una victoria amarga e incompleta.

Eduard Soler i Lecha

12. Sorpasso electoral en Cataluña

Las elecciones europeas en Cataluña han supuesto un vuelco en la alternancia política que ha marcado estas casi cuatro décadas de democracia en España. Por primera vez, la formación independentista de centro-izquierda, Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), ha ganado unas elecciones, superando al partido en el gobierno, los nacionalistas liberales de Convergencia i Unió (CiU), y relegando al Partit Socialista de Catalunya (PSC) a la tercera posición, con una pérdida de 21 puntos respecto a las últimas europeas, siendo la fuerza que ha sufrido un descenso de votos más importante.

Este sorpasso electoral confirma que las fuerzas favorables a la celebración de una consulta para decidir el estatus político de Catalunya han conseguido unos buenos resultados. Aún más si tenemos en cuenta que dos formaciones no independentistas pero que apoyan el derecho a organizar una consulta también han cosechado un aumento considerable de votos, com es el caso de Iniciativa per Catalunya-Esquerra Unida i Alternativa (con un 10% más de votos) y la irrupción del movimiento de izquierdas Podemos, convertido -también en Cataluña- en la gran sorpresa de la noche electoral por la penetración conseguida a través de una campaña amplificada por las redes sociales.

El voto catalán, como el español, también ha dado el mismo giro a la izquierda pero incluso con una fragmentación mayor.

El proceso político que vive Cataluña acabó teniendo además un efecto movilizador y la participación electoral (que en 2009 fue históricamente baja, un 37%) aumentó en más de diez puntos, ya que durante la campaña los partidos favorables a la consulta llamaron a la participación del electorado para enviar una señal de compromiso democrático a la Unión Europea. La vinculación de estos comicios con el debate del futuro político de Cataluña también amortiguó el desgaste electoral que CiU, como formación de gobierno en un período de crisis económica y de recortes de gasto público, hubiera podido tener.

El sistema de circunscripción única que España prevé para las elecciones europeas minimiza los efectos de los resultados catalanes en cuanto a su presencia en la Eurocámara. Sin embargo, son totalmente transcendentes a la hora entender la correlación de fuerzas que deben lidiar en el desencuentro político entre Cataluña y España. Por eso no es un dato menor que el Partido Popular, formación de gobierno en España y ganadora -con una pérdida considerable de votos- de estos comicios europeos, sólo sea la quinta fuerza en Cataluña con menos del 10% de los votos.

Carme Colomina