Temas de campaña

Ahmed Shafiq, el último primer ministro del rais, y Mohammed Morsy, el líder de la Hermandad son los dos candidatos que han pasado la primera vuelta de las elecciones, falta por ver quién de los dos será en nuevo presidente de Egipto. Sea quien sea el vencedor, deberá hacer frente a múltiples retos económicos, políticos y sociales. Las campañas electorales, tanto de la primera como de la segunda vuelta, han puesto sobre la mesa temas controvertidos como es el peso de la cuestión religiosa, el sistema de estado, las relaciones civil-militares, la situación económica o la política exterior. En este duelo final por la jefatura de Estado, Shafiq y Morsy parten de puntos de vista muy divergentes en asuntos que serán clave en la configuración del nuevo Egipto.

La victoria en la primera vuelta de estos dos candidatos fue una gran sorpresa teniendo en cuenta que los que partían como principales favoritos en la carrera presidencial eran Abdel Moneim Abul Futuh y Amr Musa. Durante la campaña de la primera vuelta se organizó, por primera vez en la historia de Egipto, un debate televisado entre estos dos candidatos. Sin embargo ninguno de los dos pasó el corte electoral y quedaron en cuarta y quinta posición, respectivamente. Ahora, los egipcios tendrán que elegir entre el líder islamista de los Hermanos Musulmanes y un “aliado” del antiguo régimen. Su capacidad para movilizar al electorado, sus discursos basados en el miedo y la polarización del debate sobre cuestiones clave como la religión o las relaciones con el SCAF serán las que finalmente hagan inclinar la balanza electoral hacia un candidato u otro. Estos son los temas más relevantes de la campaña y la opinión de los dos aspirantes a la presidencia.

Religión y Estado

La agenda religiosa ha dominado la campaña presidencial tanto en la primera como en la segunda vuelta electoral. En este segundo turno, siendo uno de los candidatos el líder de los islamistas Hermanos Musulmanes, el papel de la religión ha adquirido, si cabe, un peso aún mayor. Ambos contendientes, por tanto, se han pronunciado firmemente sobre el grado y la forma en la que quieren que el Islam influya en la vida política del país. Tras la caída de Mubarak, la Constitución egipcia – que estipulaba en el artículo 2 que el Islam era la religión de Estado y que la Sharia era la principal fuente de legislación- quedó suspendida. Desde el 30 de marzo de 2011, el país se rige por una constitución provisional. La incertidumbre constitucional hace que la postura de los candidatos sobre este asunto sea aún más relevante, puesto que el nuevo Presidente tendrá, junto al Parlamento, el poder de definir hasta qué punto el Islam debe ser referencia para construir el nuevo Egipto, cuál va a ser el grado de implantación de la Sharia y cómo se va a integrar en la nueva configuración estatal a las minorías religiosas, especialmente a los cristianos coptos.

Postura de Mohammed Morsy

El candidato islamista, en declaraciones a Aswat Masriya, ha dejado clara su opinión sobre el papel del Islam en la vida política del país y considera que, como establece el artículo 2 de la Constitución, la Sharia debe ser “el marco general básico que ninguna ley debe cruzar”. Morsy está de acuerdo en que la Sharia siga siendo la fuente principal de legislación en Egipto. Según palabras de Morsy el estado islámico es por definición un estado moderno, un estado cívico porque cuenta con tres autoridades independientes- el parlamento, los jueces y el gobierno-, y es el que Islam hace que estas autoridades sean independientes. Asimismo, en una entrevista con Amr Laithi, el líder de la Hermandad aseguró que se respetará la libertad de creencias, un asunto que inquieta a los cristianos coptos del país. Sobre esta minoría religiosa, Morsy ha puntualizado “que forman parte fundamental del tejido social egipcio y tienen los mismos derechos y deberes”.

Postura de Ahmed Shafiq

Shafiq, por su parte, asegura que “la aplicación de la Sharia es un sólido principio constitucional y ningún presidente tiene la opción de no aplicarla”. En lo que se refiere a la protección de las minorías religiosas y al papel que van a desempeñar los valores religiosos en el futuro de Egipto, Shafiq ve la nación como valor supremo que debe estar por encima de las creencias religiosas: “Ortodoxos, católicos, salafistas o miembros de la Hermandad, ninguna voz está por encima de la nación. Este país es de todos y para todos”, aseguró en Egypt Today. “La mano de la nación debe ser firme porque es la que nos representa a todos” por encima de otros intereses, añadió en este mismo medio.

Relaciones civil-militares

El debate presidencia sobre las relaciones civil-militares está ligado al debate sobre el grado de ruptura con el antiguo régimen. Los principales temas de discusión son: el ritmo y la forma con que se transferirá el poder del Consejo Superior de las Fuerzas Armadas (SCAF) al nuevo Presidente; aclarar las responsabilidades en la represión del período transitorio; el mantenimiento de un imperio económico que podría representar entre el 25 y 40% del PIB y que ocupa a 400.000 militares profesionales y sus familias, alrededor de 2 millones de egipcios; el nivel de transparencia en materia de presupuestos de defensa y su relación con las instituciones públicas; el papel de las fuerzas armadas como posible garante de los principios de la república; y los límites para poder juzgar a civiles en tribunales militares.

Postura de Mohammed Morsy

El candidato presidencial Morsy, en declaraciones recogidas por Aswat Masriya, reforzó su postura a favor de la superioridad de la ley sobre cualquier cuerpo del estado, incluido el ejército. Añadió que el Parlamento ha de seguir de cerca los presupuestos del ejército aunque mantiene la necesidad de que ciertas partidas económicas de los cuerpos militares se mantengan en secreto.

Postura de Ahmed Shafiq

La postura de Ahmed Shafiq sobre el papel que van a tener las fuerzas militares en el nuevo régimen es la más controvertida por su pasado; ex general del Ejército y el último primer ministro de Mubarak durante la revolución egipcia. Shafiq tiene estrechos lazos con las fuerzas armadas, que ahora ostentan el poder. En sus declaraciones, niega que sea el candidato presidencial del Consejo e insiste en alejarse de las posturas del SCAF asegurando que su relación con los miembros del Consejo es de carácter amistoso pero no político. Confía en que el traspaso de poderes al nuevo presidente electo se realice de forma rápida, pacífica y sin trabas de ningún tipo.

Según Al-Ahram, a pocos días de las elecciones, Shafiq es visto por parte de los electores como una figura con la suficiente mano dura como para reestablecer la ley y el orden en el país en poco tiempo. El tema de la seguridad, ligado a su relación con los cuerpos de seguridad y a su experiencia militar previa, se ha convertido en un tema recurrente en su retórica de campaña. Según recoge Al-Ahram, en sus últimos discursos ya ha anunciado que si gana pondrá fin a las protestas continuadas y restablecerá el orden y la estabilidad nacional en 24 horas.

Sistema de Estado


Los ritmos de la transición egipcia y en particular el hecho que se celebren elecciones presidenciales en ausencia de una nueva constitución, hace que en esta campaña tenga un papel especial el debate entorno a qué competencias y responsabilidades se le va a otorgar al Presidente y al Parlamento. La postura de los dos candidatos presidenciales entorno a cómo se ha de estructurar el nuevo sistema político y cuál ha de ser el reparto de funciones y de poderes es muy distinta.

Postura de Mohammed Morsy

En declaraciones a Al-Arabiya, el candidato de los Hermanos Musulmanes ha mostrado su inclinación por calibrar la balanza a favor de un sistema mixto de reparto de poderes entre el parlamento y el presidente para evitar el monopolio del poder en manos de una sola persona.

Postura de Ahmed Shafiq

Por el contrario, el ex primer ministro Shafiq, ha declarado su escepticismo ante los partidos políticos, a los que ve muy debilitados como para ostentar el poder. Shafiq, por tanto, desconfía del parlamento como foco del poder y se posiciona por un sistema presidencialista fuerte durante al menos dos legislaturas, mientras madura un nuevo sistema político.

Desarrollo y crecimiento económico

Las protestas de 2011 tuvieron un fuerte transfondo social y económico, denunciando el aumento de las desigualdades en el país, el enriquecimiento desmesurado de una parcela muy pequeña de la sociedad, la pobreza aguda que afecta a una parte importante de la población y la precariedad en el empelo que frustra las expectativas de toda una generación. Por consiguiente, las cuestiones vinculadas a los problemas económicos y sociales que han afectado Egipto antes de la caída de Mubarak pero también la necesidad de reactivar la economía tras el periodo de confusión que ha afectado especialmente el sector turístico y las inversiones extranjeras, han estado bien presentes en la campaña.

Como recoge Al-Ahram, en la primera vuelta la mayoría de los candidatos presidenciales jugaba en el plano económico con las mismas bazas: la lucha contra la pobreza, la creación de empleo, el aumento de los salarios mínimos y la reestructuración del sistema de subsidios para beneficiar a aquellos con ingresos limitados. La diferencia entre Ahmed Shafiq y Mohammed Morsy radica en el modelo económico sobre el que trabajar para hacer efectivas estas promesas, como explica el análisis de Abdul Khalek sobre los proyectos económicos de los dos candidatos vencedores en la primera vuelta.

Postura de Mohammed Morsy

El plan económico del candidato islamista Morsy está enfocado a corregir las diferencias de ingresos entre los egipcios a través de cambios en las políticas impositivas, del aumento del gasto público y social mediante la intervención estatal en los impuestos y de una drástica disminución de los índices de inflación (pretende una reducción del 11% al 3%). Morsy pretende, entre otras medidas, implantar y desarrollar los instrumentos de inversión que establece la ley islámica (sukuk); mejorar el clima de inversión reduciendo los trámites burocráticos y reformando ciertas leyes, incluida la ley de impuestos; incentivar la inversión nacional y extranjera; crear una economía competitiva mediante el proyecto de Al-Nahda, que propone aunar los esfuerzos del gobierno, el sector privado y los trabajadores. Su objetivo es conseguir un crecimiento del 7% a corto plazo, reducir el empleo por debajo del 7% y limitar la inflación a la mitad.

Postura de Ahmed Shafiq

Por su parte, el ex primer ministro Shafiq aboga por políticas más liberales dirigidas hacia una menor intervención estatal en la economía, permitiendo que el mercado lleve las riendas de los ajustes económicos necesarios dejando amplio margen de maniobra a los inversores. Mediante una profunda reforma fiscal pretende aumentar el salario mínimo entre los trabajadores, además de duplicar los gastos en educación y en salud, según explicó en Egypt Today. Según recoge la página Zawya, entre las políticas económicas que contempla Shafiq está una reforma legislativa para atraer la inversión extranjera, con incentivos especiales para los inversores árabes, reforzando así los lazos económicos con los países del Golfo; crear zonas económicas especiales (como áreas industriales) para activar la creación de empleo; revisar los precios de las exportaciones de gas o reducir los subsidios energéticos para el sector industrial. Su intención es reducir el déficit público al 6% en los próximos cuatro años.

Política exterior

Egipto, ha desempeñado, tradicionalmente, un papel central en el mundo árabe, en Oriente Medio y también en la cuenca del Nilo. Desde 1979 su política exterior ha estado muy marcada por la paz con Israel en los acuerdos de Camp David y con Mubarak, la política exterior egipcia se alineó con la de los Estados Unidos. En esta campaña las relaciones con Israel, con Irán y con Arabia Saudí han tenido un peso importante. La hostilidad respecto a Israel, con declaraciones que califican a este país como enemigo, se combinan con referencias a la necesidad de mantener los compromisos internacionales. Por ello, la mayoría de candidatos apuestan por la revisión de las relaciones con este país a excepción de los dos candidatos que acudirán a la segunda vuelta de las presidenciales.

Postura de Mohammed Morsy

El candidato islamista Morsy, en la misma línea que Shafiq, declaró “nos comprometemos con todos los acuerdos que Egipto haya firmado con otros países, entre ellos el Acuerdo de Camp David”. Según Al-Arabiya, Morsy está muy contento con las buenas relaciones que tanto él como su partido tienen con Estados Unidos, principal inversor occidental en el país.

Más controvertidas son las relaciones con Arabia Saudí. Tras la victoria del Partido Justicia y Libertad en las elecciones parlamentarias, las relaciones con Arabia Saudí se han enfriado, en buena medida por el temor saudí de que los Hermanos Musulmanes se extienda por el reino Saudí o por los países del Golfo haciendo sombra al discurso político wahabí. Saudíes y egipcios se acusan, respectivamente, de interferir en sus asuntos internos.

Postura de Ahmed Shafiq

El ex primer ministro, Shafiq, en declaraciones a Aswat Masriya, se posicionó contrario a la revisión de los acuerdos de Camp David, de cara a su proyección internacional.

Además de los acuerdos de Camp David, sobre Israel apuntó en una entrevista concedida a Egypt Today que tienen demandas muy claras: Palestina. “Israel está privando de derechos a los palestinos y nosotros tenemos un papel que desempeñar en esto”. Para Shafiq la relación de cooperación y los acuerdos con Israel le permite a Egipto actuar como intermediario entre las dos partes para alcanzar una solución pacífica que les permita vivir en paz en la región.

Sobre la posibilidad de restablecer las relaciones con Irán, Shafiq opina que “va nuestro interés es no tener nuevos enemigos pero también va en nuestro interés no dejar que otros países se inmiscuyan en nuestros principios y creencias”. El candidato, cree que para valorar qué postura adoptar respecto a Irán primero hay que estudiar todos los factores y si “los beneficios se ajustan a nuestros intereses, no tengo ningún problema en reabrir las puertas y reestablecer las relaciones entre los dos países”.

Es importante también la postura de Shafiq respecto a la estrecha relación que ha mantenido Egipto con Estados Unidos. Ahmed Shafiq en una entrevista en Egypt Today ha sido muy claro asegurando que “la soberanía nacional egipcia es sagrada”. Para el ex primer ministro de Mubarak la relación con Washington debe ser equilibrada. A parte de la ayuda económica que recibe de EEU, “existe una larga y fructífera relación de cooperación en diferentes áreas entre los dos países que no puede cortarse de golpe”. Sin embargo, insistió en que la frontera de la relación viene marcada por la soberanía nacional, “esta es una línea que no se puede cruzar”.

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· El Egipto post Mubarak

· Sistema político

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