Sociedad más diversa, ¿sociedad menos solidaria?

Hablaremos de condiciones y formas de solidaridad, de límites y amenazas, y de la relación de solidaridad entre “propios” y “ajenos”, entre lo interno y lo externo. Repensaremos la solidaridad, contextualizando el concepto en nuevas realidades, interacciones e interdependencias. Paralelamente, proponemos un trabajo crítico a partir de experiencias, fenómenos e intereses para, entre todos, pensadores, planificadores y actores, producir bases de un nuevo horizonte de civismo solidario.

Duración: 2018-2019 (Abierto) Presupuesto: 36.391€
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Objetivos

En los últimos tiempos, es bastante normal escuchar discursos apocalípticos sobre la pérdida de cohesión social, convivialidad y solidaridad. En ocasiones, esto se vincula a fenómenos como la urbanización, la individualización o el capitalismo; en otras, se acusa a la globalización, la industrialización, la migración o las nuevas desigualdades dentro y entre los países. Las combinaciones entre estos elementos son infinitas y recurrentes. La expresión social de esta desmotivación hacia el futuro es el sentimiento de malestar radicado en la desconfianza y la rivalidad creciente entre individuos. En todos los casos se apunta a la mayor diversidad y pluralidad cultural de nuestras sociedades como la causa de esta pérdida, que corroe los valores y normas compartidos que algunos consideran la base de la solidaridad. Esta visión categórica “refuerza la dicotomía injusta entre solidaridad y diversidad” (Parekh, 2008).

Resulta difícil pensar la solidaridad sin evocar la perspectiva de principios morales abstractos, virtudes de comprensión y retóricas bienintencionadas  que hablan de diálogo, integración y convivencia para dar a entender que la sociedad es diversa: una diversidad  que no cuestiona ni la diferencia ni el conflicto en una sociedad sin encuentros ni coincidencias. Pero en un mundo globalizado, inmerso en una profunda transformación, la convivencia está dañada y la solidaridad se fragmenta en momentos, destellos de solidaridad puntuales y carentes de un contexto establecido que les dé orientación y sentido.

 

Es por ello que creemos que nuevas convivencias requieren de nuevas formas de solidaridad. El contexto ha cambiado: la movilidad geográfica y el impacto tecnológico hacen que  nuestra sociedad sea más diversa o diversa de otra manera. La ambigüedad de la globalización y las incertidumbres causadas por la revolución tecnológica favorecen la desconfianza hacia las instituciones, las convenciones y los valores sociales. La incertidumbre genera confusión acerca de nuestra identidad y nuestro encaje en el futuro.

¿De qué solidaridad hablamos en el siglo XXI? ¿En qué se basa? ¿En qué medida la solidaridad depende de desarrollos sociales, políticos y económicos? ¿La solidaridad divide o une? ¿Necesita la solidaridad un marco social para generar derechos? ¿Y qué pasa cuando se institucionaliza o se legaliza la solidaridad?

Para enfrentar los retos que se plantean hoy a la solidaridad, es indispensable tener en cuenta la interdependencia social mutua y un principio de colaboración entre individuos. La solidaridad no se implanta, sino que nace a partir de un  sentimiento de lealtad  por parte de los miembros de una sociedad en pos de un destino común.

Artículos de interés:

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Ulrich Beck

La imaginación cosmopolita
Gerard Delanty

Un mundo sin alrededores
Daniel Innerarity

Partners:

Obra Social “la Caixa” 

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