Presentación del libro “Pensar la mezcla. Un relato intercultural” de Yolanda Onghena. Una mirada personal sobre la relación entre el “nosotros” y el “ellos”

DINÁMICAS INTERCULTURALES - 20/10/2014

«Es (la mezcla) un fluir continuo entre intenciones, razones y motivaciones; un continuo de victorias y derrotas, todas ella en interrelación continua. (…) todos somos mezcla y una cultura, para sobrevivir, necesita la mezcla, que es lo que le permite cuestionarse y recrearse continuamente». Esta es una de las reflexiones sobre la mezcla que Yolanda Onghena propone al lector a través de las páginas de su libro Pensar la mezcla. Un relato intercultural editado por Gedisa y cuya presentación acogió CIDOB el pasado 8 de octubre.

Descripción

«Es (la mezcla) un fluir continuo entre intenciones, razones y motivaciones; un continuo de victorias y derrotas, todas ella en interrelación continua. (…) todos somos mezcla y una cultura, para sobrevivir, necesita la mezcla, que es lo que le permite cuestionarse y recrearse continuamente». Esta es una de las reflexiones sobre la mezcla que Yolanda Onghena propone al lector a través de las páginas de su libro Pensar la mezcla. Un relato intercultural editado por Gedisa y cuya presentación acogió CIDOB el pasado 8 de octubre. 

Durante el acto de presentación, la autora conversó con Manuel Cruz, catedrático de Filosofía Contemporánea de la Universidad de Barcelona, y el escritor Pedro Zarraluki. El debate estuvo moderado por Carme Colomina, periodista del diario Ara e investigadora asociada de CIDOB, quien presentó Pensar la mezcla como un “libro pensado para el lector”. Un relato que sitúa el análisis sobre la cultura, sobre las diferencias, sobre las mezclas incómodas o las reconquistas identitarias en el mundo cotidiano. En sus poco más de doscientas páginas, Yolanda Onghena mezcla ideas, voces, expresiones artísticas –literatura, música, pintura–, y países –Marruecos, Bélgica, el Congo– con el objetivo de poner en contacto los conceptos y los discursos, con las percepciones y las emociones.

Para Pedro Zarraluki es un “libro abierto a todo tipo de lectores, un paseo por la mezcla desde un sentido más amplio que huye del pensamiento dicotómico y que ahonda en lo desconocido, en los miedos”.

Manuel Cruz afirmó que el mayor éxito de un libro es cuando se pone en conexión al lector con el autor, y en su opinión esto es lo que sucede durante la lectura de Pensar la mezcla. Cruz proclamó “que todo es mezcla”, o mejor dicho “¿qué no lo es?” y lanzó un par de preguntas al auditorio y a la propia autora: ¿Es la identidad absoluta algo deseable? ¿El imaginario colectivo produce identidad?  

Yolanda Onghena explicó que desde el planteamiento inicial del libro había querido explicar la mezcla “desde dentro”, mirando de qué manera se podía entrar en la dinámica de interacción de las personas que no fuera desde un sistema establecido, “sin ideología, sin visión política”. Por este motivo, apostó por el color y el arte como hilo conductor, “porque el arte no crea rechazo sino que es visto como algo que enriquece”.

La noción de cultura es otro de los conceptos que aborda el libro. Para la autora la cultura es un sistema inquieto no normativo en sí mismo, “es nuestra manera de ser en el mundo, de pertenecer”.

En relación a la identidad, Onghena puntualiza que sería más correcto hablar de identificación ya que este término implica una construcción, un proceso, algo que se rehace, se reinventa, que da sentido a nuestras experiencias fruto de la interacción entre personas. Mientras que la identidad estaría formada por los tópicos y los estereotipos (tópicos aplicados) que funcionan socialmente de forma preformativa.

¿Se puede hablar de identidad nacional en un mundo global donde las fronteras son permeables? La autora utiliza su condición de belga de origen flamenco que lleva residiendo más de 40 años en Barcelona y se define como “una turista de los dos” que potencia su identidad nacional –belga, flamenca –, o mejor sus “identidades múltiples”, en función del contexto en el que se encuentra. A raíz de la identidad nacional, se plantearon cuestiones como la construcción identitaria y la producción identitaria, ésta última más bien política y construida “para hacer creer a las personas que tuvieron un pasado en común (que refuerza la identidad nacional) y que tienen también un futuro en común”.

Sobre la identidad, Manuel Cruz la definió como el lugar “donde uno se siente en casa” frente al cosmopolitismo de los últimos tiempos sobre el que Cruz se manifestó escéptico: “¿qué significa ser ciudadano del mundo?

Finalmente, tanto la autora como sus dos conversadores, Pedro Zarraluki y Manuel Cruz, concluyeron que identidad y diferencia son dos caras de la misma moneda y que “ellos son la condición de la posibilidad de un nosotros”. Y para ilustrar esta idea y a modo de clausura de la presentación, Yolanda Onghena leyó el poema «Esperando los bárbaros» de Kavafis en el que la población de una ciudad portuaria espera la llegada de los bárbaros –primero con miedo ante las posibles consecuencias de su llegada; después con desolación por una llegada que no se produce– y cuyo verso final es el siguiente: “¿Y qué va a ser de nosotros ahora sin bárbaros? Esta gente, al fin y al cabo, era una solución.”

Yolanda Onghena es investigadora senior en dinámicas interculturales de CIDOB.

>> Reseña de libro en Quaderns de la Mediterrània 22,2015

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