Ciclo "¿Qué pasa en el mundo?" Solidaridades a revisión

DINÁMICAS INTERCULTURALES - 26/6/2013

El debate de la solidaridad puede acercarnos a una nueva gramática entre la teoría y la práctica para situar, reivindicar o producir solidaridad en un mundo globalizado. Éstas y otras cuestiones fueron analizadas por expertos en el ciclo organizado por CIDOB “¿Qué pasa en el mundo?” Solidaridades a revisión.

Descripción

El debate de la solidaridad puede acercarnos a una nueva gramática entre la teoría y la práctica para situar, reivindicar o producir solidaridad en un mundo globalizado. Éstas y otras cuestiones fueron analizadas por expertos en el ciclo organizado por CIDOB “¿Qué pasa en el mundo?” Solidaridades a revisión.

El pasado 13 de junio, se celebró una nueva edición del ciclo “¿Qué pasa en el mundo?” para entablar un diálogo entre Danilo Martucceli, profesor de sociología de la Universidad París-Descartes y Carles Campuzano, diputado en el Congreso de los Diputadosy presidente de la Fundación ACSAR. La sesión fue moderada por Yolanda Onghena, investigadora sénior de Dinámicas Interculturales de CIDOB.

La sesión giró entorno al concepto de la solidaridad. Los participantes abordaron cuestiones relativas al alcance de la solidaridad en el mundo globalizado, los puntos de encuentro entre las diversas redes, los actores que definen la solidaridad y los horizontes que podemos divisar para poder entenderla.

¿Es la solidaridad un valor individual o una práctica comunitaria?

Como punto de partida, Danilo Martucceli explicó la diferencia entre las dos tipologías de la solidaridad. La primera o “solidaridad-caliente” está centrada en la empatía y los principios de deber moral entre individuos. La segunda o “solidaridad-fría” se concretiza en políticas sociales y en principios de deber jurídicos. Por tanto, la solidaridad-caliente es personal y voluntaria; mientras que la solidaridad-fría es impersonal y obligatoria. Según Martucceli “la solidaridad empieza siendo intrafamiliar pero va creciendo en radios concéntricos hasta convertirse en anónima”. En la modernidad, una sociedad pasa de la solidaridad-caliente a la solidaridad-fría. El papel activo de las instituciones debe construir políticas públicas eficaces para pasar de una a la otra. Para el sociólogo, el individuo debe tomar consciencia de lo que debe al colectivo en un proceso que denominó como la “socialización de la existencia individual”. En resumen, Martucceli manifestó que en las sociedades modernas existe ambivalencia entre las dos tipologías de solidaridad. Por su parte, Carles Campuzano inició una reflexión basada en cómo producir la solidaridad, ligando ésta al concepto de Estado. “La solidaridad obligada en la dimensión fría tiene relación con el Estado del Bienestar” subrayó. El problema es que el debilitamiento del Estado del Bienestar en buena parte de Europa ha establecido la creencia de que si la solidaridad viene legitimada por el contrato social, entonces es débil. Sin embargo, destacó que “en esta crisis, si no hay un estallido más fuerte, es porque han emergido nuevas solidaridades y nuevos actores políticos” que han demostrado que la solidaridad es ante todo impersonal.

¿Pensar la solidaridad a la luz de las condiciones contemporáneas de movilidad y globalización?

En relación al contexto sociopolítico, Martucceli retomó la relación entre el Estado del Bienestar y el tipo de individuación que ha producido. En ese sentido, la movilidad geográfica ha sido muy importante para que se produzcan transferencias de ingresos. Martucceli explicó el caso particular que constituyen las remesas de trabajadores inmigrantes hacia sus respectivas familias, pero apuntó que “la importancia de éstas es inversamente proporcional a la talla y al peso del Estado del Bienestar”. Es decir, la solidaridad es mayor cuánto menor es la dimensión económica. Este hecho se explica, recuerda Martucceli, porque para los migrantes prima la solidaridad-caliente. En otro sentido, el sociólogo definió diversos aspectos para fomentar la solidaridad ya sea mediante el espectro emocional, los intereses comunes o un sentimiento común, que genere comprensión recíproca del mundo en el que se vive. “Cuando yo construyo lo común, se transita hacia la solidaridad-fría, que sólo es posible cuando yo construyo la solidaridad-caliente. Ésta sin la solidaridad-fría no puede instalarse en la duración temporal”. Para Campuzano, “el nivel de fluidez social ha funcionado de manera razonable” hasta el inicio de la crisis financiera en 2008, cuando el proceso de solidaridad también entró en crisis. La UE formalizaba la idea de que la solidaridad se unificaba geográficamente, pero con el impacto de la crisis esta idea se consumió.

¿Quién define la solidaridad? ¿Cuándo y para quién la solidaridad se vuelve un horizonte de interés?

Martucceli defiende que la solidaridad debe ser comprendida a través de políticas públicas, porque “el tipo de individuo que cada uno de nosotros somos, depende del tipo de Estado del Bienestar en el que vive”. A propósito de la influencia que tiene en nosotros el papel del Estado, Martucceli explicó las principales diferencias en la solidaridad que se practica en los países del norte y el sur geográfico. Cada uno de nosotros y toda la sociedad mezcla los dos modelos, pero el tipo de “imaginario colectivo es distinto según se privilegie el primero o el segundo”. Campuzano comentó que las instituciones políticas y económicas de un país, son las que marcan su éxito o su fracaso, porque las instituciones son el resultado de los procesos políticos. Según Campuzano, la recuperación de la movilización ciudadana necesita de un discurso más intenso y una apuesta por el Estado social europeo, porque “hasta ahora, el discurso del Estado social se ha hecho en una lógica de supermercado” concluyó.

¿Qué horizontes podemos vislumbrar para entenderla y reivindicarla en medio de una confusión de voces que la trivializan?

En la parte final de la sesión, Martucceli manifestó que la solidaridad exige un tipo particular de legitimidad, ya que “la solidaridad sólo existe cuando es legítima y cuando hay confianza”. Asimismo, recordó que hoy en la UE, nos enfrentamos precisamente a una crisis de legitimidad y confianza. La legitimidad está creando problemas como: el exceso de desigualdades; la arbitrariedad; la diferencia a causa de reivindicaciones minoritarias; la tendencia a romper el velo de la ignorancia; el desequilibrio generacional; el olvido del coste; la desobediencia civil y la reactivación del conflicto social. “La solidaridad en el cruce de ejes que la constituye es la mejor respuesta a estos desafíos y al mismo tiempo, paradójicamente, para poder existir requiere de la legitimidad que todos estos procesos debilitan”. En otro sentido, Campuzano mostró sus argumentos por los cuales se debe recuperar el modelo social europeo. No obstante, recordó que el modelo afronta una necesidad de adecuación y añadió que podría imponer una reforma que debilitaría el vínculo social. La llave para Campuzano pasa por la voluntad política, reforzar el espacio común europeo y utilizar un discurso acorde con la solidaridad.

En el debate posterior a la sesión, se trataron cuestiones como la posición del valor de la justicia en la solidaridad, los nuevos esquemas individuales y sociales en un mundo globalizado y el eterno debate entre la política y la economía.

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