Brechas generacionales y levantamientos populares en el mundo árabe

Fecha de publicación:
02/2011
Autor:
Íñigo Macías, Investigador de CIDOB
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Íñigo Macías,
Investigador de CIDOB

23 de febrero de 2011 / Opinión CIDOB, n.º 105

Las revueltas sociales que comenzaron a principios de año en Túnez parecen extenderse a lo largo del mundo árabe y amenazan con impulsar cambios radicales en las hasta ahora férreas, desiguales e injustas formas de organización política, social y económica presentes en la región. Si bien el principal motivo que consigue aglutinar a la diversa sociedad civil que está liderando estas protestas es la existencia de un enemigo compartido, encarnado en un régimen autoritario y personalista, existe otro elemento común a todos ellos: la juventud de sus poblaciones.

Se estima que, actualmente, cerca del 60% de la población en la región tiene menos de 30 años y la edad media ronda los 25. La gran mayoría de estos jóvenes, los que hoy encabezan las movilizaciones de protesta, son fruto del boom demográfico que se produjo en Oriente Medio y el Norte de África entre mediados y finales de los ochenta. Cuando nació esta generación, fueron muchos los analistas que vieron en estas altas tasas de fertilidad una “bendición”, una oportunidad de futuro, pues este incremento de mano de obra supondría un bono demográfico que haría disminuir las tasas de dependencia y facilitaría el despegue económico. Para ello, era necesario capacitar a este futuro “ejército” de trabajadores y emprendedores dotándolos de una buena educación y habilidades. En términos generales, y como reflejan diferentes indicadores para la región, así fue. Mientras la tasa de analfabetismo entre los jóvenes de entre 15 y 24 años en 1980 era del 42,5%, en la actualidad apenas sobrepasa el 10%. Por su parte, el porcentaje de niños y jóvenes escolarizados ha experimentado un extraordinario incremento durante los últimos veinte años. Así, por ejemplo, los matriculados universitarios en Egipto y Túnez han alcanzado el 30 y 34%, respectivamente, frente al 8 y 14%, en 1990.

Sin embargo, muchos de estos optimistas olvidaron incidir en que, para hacer realidad esas predicciones, era necesario facilitar e impulsar nuevas oportunidades profesionales en torno a las cuáles desplegar todo ese potencial acumulado en centros educativos y universitarios. La realidad hoy, casi tres décadas después del nacimiento de estos jóvenes, se ha mostrado tozuda, y la falta de empleo y de oportunidades económicas abunda en toda la región. A pesar del crecimiento económico experimentado en la zona a lo largo de los últimos 20 años, superior al 4% anual en promedio, éste ha sido insuficiente para absorber la gran masa de jóvenes que, año tras año, han ido ingresando en el mercado laboral. Se estima que el desempleo entre los mayores de 15 y menores de 24 años en la región es superior al 25%, destacando los casos egipcio y tunecino (ambos por encima del 31%). La gran mayoría de parados son jóvenes de entre 20 y 29 años y en algunos países, como en Egipto o Marruecos, suponen más del 70% del total.

Esta falta de oportunidades laborales para los más jóvenes es fruto de una economía liderada y dirigida por una oligarquía gerontocrática, que promueve un marco regulatorio que dificulta el acceso y la apertura de nuevos negocios en muchos sectores de actividad. Para medrar en estas sociedades, las conexiones políticas son mucho más importantes que la meritocracia o la valía de las capacidades acumuladas a través de la educación y la formación profesional. Los altos niveles de corrupción que caracterizan a estos regímenes no han hecho más que aumentar la percepción de injusticia y hastío que aducen muchos de estos jóvenes para cambiar su pesada realidad. Las estimaciones referentes al nivel de desigualdad económica, medidas a partir del coeficiente de Gini, apenas han mostrado cambios a pesar del crecimiento económico experimentado. En algunos países de la zona, incluso, ha aumentado.

Pero la falta de oportunidades no es el único elemento que parece haber enfrentado a esta juventud contra los regímenes autoritarios y la gerontocracia que los sustenta. Estas generaciones han emergido y se han desarrollado a la par que las tecnologías de la información y comunicación. La emergencia de Internet y las nuevas formas de socialización y comunicación han jugado un papel crucial en ensanchar esa brecha generacional. Su propia naturaleza descentralizada ha dificultado enormemente el control de la información por parte de las estructuras de poder y por tanto, han permitido romper los muros que impedían a estos millones de jóvenes soñar e imaginar nuevas realidades y modos de organización social diferentes. La posibilidad de traspasar las fronteras propias y compartir inquietudes con jóvenes de otros países a lo largo de la región (como así lo han demostrado las importantes conexiones entre bloggers de Túnez y Egipto), han servido para dar mayor legitimidad y empuje a estas movilizaciones.

Aún es pronto para aventurarse a especular sobre el futuro y las consecuencias de las revueltas que se están sucediendo en el mundo árabe. Resulta difícil imaginar la forma que adoptarán los nuevos modelos de organización social, política y económica que surgirán de todas estas movilizaciones. Pero lo que sí parece cierto, es que dentro de la idiosincrasia de cada sociedad, estas nuevas generaciones jugarán un papel determinante en escribir las nuevas reglas de juego, lo que sin duda, supondrá una ruptura con un pasado caracterizado por una oligarquía incapaz de comprenderlas.

e-ISSN 2014-0843

Íñigo Macías,
Investigador de CIDOB

Iñigo Macías Aymar