Las claves del referéndum escocés

Las claves del referéndum escocés

Fecha de publicación:
09/2014
Autor:
Marc Gafarot, investigador, CIDOB
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Marc Gafarot, investigador, CIDOB

17 de septiembre de 2014 / Opinión CIDOB, nº. 262

Después de trescientos años de unión política, el Reino Unido se enfrenta a la posibilidad de que una de sus partes fundacionales y más emblemáticas, Escocia, pueda decidir democráticamente si quiere seguir su camino en solitario como estado independiente. El debate ha tomado una dimensión inesperada los últimos años, no por la brecha cultural entre escoceses e ingleses, sino por el hecho de que Escocia, como comunidad política, vive un período de importante crecimiento; mientras que el unionismo político, por su parte, ha perdido atractivo entre los propios escoceses. El partido conservador pierde apoyos en todo el Reino Unido y el aumento de fuerzas euro-escépticas como el UKIP está sacudiendo el sistema de partidos británico. En las últimas elecciones europeas los tories se vieron superados por los euro-escépticos de Nigel Farage en Inglaterra, mientras que en Gales y Escocia los ganadores fueron los laboristas y los nacionalistas escoceses respectivamente.

Si bien esta constatación no implica que Escocia necesariamente tenga que votar a favor de la opción independentista en el referéndum del próximo 18 de septiembre, sí abre la puerta a que, incluso en el caso de un voto negativo, el Reino Unido se encamine hacia un profundo replanteamiento de las relaciones entre las diferentes partes integrantes que constituyen su territorio. Los tres principales partidos unionistas, conservadores, laboristas y liberales, -el UKIP se ha quedado al margen de las declaraciones conjuntas que han hecho los líderes de estas tres formaciones- ya se han comprometido a ofrecer un importante incremento competencial de la autonomía escocesa respecto a la tradicional hegemonía de Westminster (la vía conocida como Devo-Max -autogobierno de largo alcance-). Recordemos que fue precisamente el primer ministro escocés, Alex Salmond, y no el británico David Cameron, quien apostaba por una tercera respuesta en el referéndum que abría una tercera vía entre el status quo actual y la independencia. Salmond era de la opinión -y quién sabe si aún lo es-, que una estrategia gradualista llevaría a los escoceses, más temprano que tarde, hacia un nuevo referéndum con más posibilidades de victoria. Pero, finalmente, el 18 de septiembre, Escocia votará en un referéndum las opciones Sí o No. Estas son las claves de una votación que puede cambiar el curso de la historia.

- ¿Por qué ha ido aumentado el sentimiento independentista en Escocia?

En primer lugar, hay motivos históricos. Escocia e Inglaterra acuerdan unir ambas coronas a principios del siglo XVIII desde una soberanía original de cada uno de los dos territorios que ya hacía un siglo que compartían el mismo monarca. Por otra parte, Escocia vivió como una parte activa del Reino Unido el período de consolidación del imperio británico donde un buen número de escoceses tuvieron un rol de primer orden. Pero, ya a principios del siglo XX encontramos los primeros indicios de desencanto por parte de un sector de la sociedad escocesa que considera que desde Londres no se atienden sus intereses de país y que, contrariamente, se priorizan otros -los ingleses-. Durante el período de las dos guerras mundiales Escocia vive una situación muy diferente a la de Irlanda y no se muestra especialmente conflictiva, con contadas excepciones. A partir de finales de los años sesenta e inicios de los setenta, sin embargo, las cosas empiezan a cambiar rápidamente y crece el sentimiento autonomista entre los escoceses. La llegada al poder de la conservadora Margaret Thatcher profundiza este anhelo y provoca un cambio de percepción importante en una Escocia mayoritariamente laborista (primero entre los votantes y las bases del partido y, después, entre las élites hasta entonces enormemente refractarias a cualquier tipo de "devolution"). Los laboristas se comprometen a poner en marcha una cierta autonomía en el momento que retornen al poder. Pero el desencanto del electorado escocés con los gobiernos laboristas de Tony Blair y Gordon Brown (ambos nacidos en Escocia), y el ascenso al poder los conservadores -ahora con David Cameron- allanaron el camino del Scottish National Party hacia el gobierno de Escocia.

También hay motivaciones sociales. En Escocia, como en otras naciones europeas, el sentimiento nacional o patriótico siempre ha estado muy presente entre la ciudadanía con independencia de la ideología política de cada cual. Escocia e Inglaterra comparten muchos elementos en común, pero ha habido importantes desencuentros en políticas decididas en Westminster que levantaron una fuerte oposición entre los escoceses. Claros ejemplos van desde la guerra de Irak hasta la revisión del estado del bienestar que se ha acometido durante los últimos años de crisis económica, primero con los laboristas y ahora con un gobierno conservador y liberal. Para muchos escoceses (e ingleses del norte) la sociedad británica es hoy mucho más desigual y esto tiene consecuencias éticas que acaban derivando en percepciones y posicionamientos políticos. De hecho, el Scottish National Party se presenta como el defensor de unos valores de consenso sobre el estado del bienestar, hoy roto por los diferentes gobiernos británicos, y muy especialmente por el thatcherismo y su herencia. Esta creciente divisoria ideológica ha llevado a muchos escoceses a perder interés por las políticas de Westminster y a ver con buenos ojos aquellas que llegan desde Edimburgo.

- ¿Qué ha hecho posible que se realice este referéndum? .

En el año 2011 el Scottish National Party ganó claramente las elecciones escocesas con un programa donde figuraba el compromiso de que, en caso de ser la fuerza mayoritaria, convocaría un referéndum de autodeterminación. Al obtener una inesperada mayoría absoluta, los nacionalistas escoceses forzaron a Londres a llegar a un acuerdo para la convocatoria de un referéndum pactado. David Cameron no quiso negar a los escoceses la posibilidad de decidir su futuro y Alex Salmond no podía, ni deseaba, hacer algo que contraviniera la legalidad. El referéndum fue consensuado por ambas partes y autorizado por el gobierno británico.

En un principio, Salmond y su equipo buscaban una consulta con tres posibles respuestas pero la negativa de Cameron, que -como el resto de fuerzas británicas- presuponía que el Sí no tenía ninguna opción, forzó una pregunta con respuesta binaria.

- ¿Con qué argumentos se han presentado en campaña los partidarios del Sí y del NO?

La campaña del Better Together ha utilizado dos cartas para intentar convencer a los votantes escoceses que su futuro es más seguro si continúan dentro del Reino Unido. Por una parte ha ofrecido una mejora competencial significativa para el autogobierno de Escocia y al mismo tiempo se ha servido de los argumentos del miedo y de la incertidumbre que provocaría apostar por un proceso de independencia. Para los promotores del unionismo votar Sí equivale a dar un paso adelante hacia un camino desconocido, lleno de obstáculos y dificultades económicas, y un aislamiento de la comunidad internacional. A pesar de los muchos esfuerzos que se han dejado sentir por parte de personajes conocidos de la cultura, las ciencias y los deportes en el Reino Unido para enviar mensajes positivos en favor de los vínculos que unen a los escoceses con el resto de británicos, la movilización por el No ha sido percibida como una campaña basada en argumentos de carácter negativo y a menudo ha caído en un discurso excesivamente paternalista que ha sido criticado, incluso, por partidarios de este campo.

El bloque del Sí presenta la independencia como una clara oportunidad de crear un nuevo estado "más limpio, próspero y solidario". Una parte de los mensajes de campaña han tenido mucho que ver con los argumentos en favor de gestionar "los recursos" escoceses de manera más eficiente, y poner fin al control "londinense" sobre los asuntos propios. En relación a la continuidad de Escocia en la Unión Europea, el bloque soberanista defiende una visión pragmática inspirada en la idea de que el territorio escocés como parte integrante de la Unión continuaría formando parte después de la secesión o encontraría un fácil encaje de rápido retorno. Además, el gobierno escocés ha cuestionado las promesas de mayor autogobierno formuladas en las últimas semanas desde Downing Street, a medida que las encuestas de intención de voto se acercaban a un empate técnico. La campaña ha estado dominada por el debate sobre el mantenimiento de la libra esterlina, el gas y el petróleo, las bases militares, el futuro de las pensiones y la viabilidad de Escocia como estado independiente. En cambio, la lealtad a la corona británica ha quedado fuera de la discusión y la monarquía de Isabel II ha correspondido manteniendo una posición de neutralidad durante toda la campaña.

- ¿Qué consecuencias políticas puede acarrear el referéndum en la política británica?

Una hipotética independencia de Escocia podría tener un efecto político en el País de Gales, territorio también tradicionalmente laborista alejado del giro conservador de los últimos años y de la emergencia nacionalista inglesa y euro-escéptica que representa el UKIP. El nuevo escenario podría favorecer un aumento del nacionalismo galés. También habría que ver la evolución del laborismo en este nuevo e hipotético escenario. Los votantes laboristas en Escocia han tenido hasta ahora la fuerza política para decantar la balanza en favor de una u otra opción. Pero la convocatoria del referéndum escocés ha tensado las bases laboristas que, a ambos lados del muro de Adriano, se sienten desconcertadas y, en el caso particular escocés, una parte de este electorado ha optado por alinearse en favor del Sí.

Inglaterra, por su parte, podría verse tentada de iniciar un repliegue en sí misma con implicaciones dentro y fuera del Reino Unido. Una hipotética independencia de Escocia podría romper el partido de David Cameron, donde una parte de sus diputados podría optar por escuchar aún con mayor efusividad los cantos de sirena que constantemente llegan desde el partido de Farage y dejar más debilitado si cabe el frente de los partidarios de mantener el Reino Unido en la Unión Europea. Finalmente, el referéndum amenaza la carrera política de David Cameron, que por sus votantes y por una parte importante del país podría convertirse en el hombre que perdió Escocia. A medida que el Sí ha escalado posiciones en las encuestas, han ido aumentando también las voces que acusan al primer ministro británico de no haber calculado bien los riesgos del proceso.

- La trascendencia internacional y europea de este referéndum

La Unión Europea también mira hacia Escocia conteniendo la respiración. Las instituciones comunitarias han optado por mantener hasta hoy un perfil político bajo y limitarse a argumentaciones jurídicas sobre los procesos de adhesión que determinan los Tratados actuales. Sobre todo después de unas duras declaraciones del presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso, a la cadena BBC alertando de las dificultades para volver a entrar en la UE, que despertaron el rechazo de partidarios del Sí y del No. Además, la Comisión se ofreció a pronunciarse oficialmente sobre el impacto legal de una posible secesión de un territorio parte de un Estado miembro si un gobierno de la UE lo pedía formalmente a la institución, y hasta hoy ni el gobierno británico ni ningún otro han pedido oficialmente a Bruselas su opinión. Los nacionalistas escoceses se han apresurado a señalar desde el primer momento que eran favorables a mantener su territorio dentro de la UE y, con la boca más pequeña, de la OTAN -sin mísiles-; Londres, en cambio, ha puesto en cuestión esta continuidad. Habrá que ver si Escocia vota Sí cuál sería el nuevo posicionamiento de la Unión Europea. Bruselas es consciente de la trascendencia que el referéndum escocés puede tener en otros territorios de la Unión como Cataluña, que vive un proceso similar, pero con unos horizontes políticos menos claros y con muchos más interrogantes.