El consenso Nazarbáyev y sus límites. Kazajstán: ¿un camino irreversible hacia la democracia?

Fecha de publicación:
05/2011
Autor:
Nicolás de Pedro, Investigador de CIDOB
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Notes internacionals CIDOB, núm. 31

Nicolás de Pedro, investigador de CIDOB

En las elecciones celebradas el 3 de abril, Nursultán Nazarbáyev ha sido reelegido como presidente de Kazajstán con un aplastante 95.5% de los votos. Como en ocasiones anteriores, los comicios no han sido reconocidos como libres o limpios por la misión de observación electoral de la OSCE (Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa). Sin embargo, las críticas, tanto dentro como fuera del país, han sido escasas. La oposición local es reducida y se circunscribe al activismo pro libertades civiles y a algunas elites económicas e intelectuales concentradas, fundamentalmente, en Almaty, la antigua capital. Por su parte, la comunidad internacional, con mayor o menor entusiasmo, ha respaldado la concesión de un nuevo mandato al presidente Nazarbáyev mediante estas elecciones anticipadas. El presidente kazajo sabe gestionar hábilmente sus relaciones exteriores y, de nuevo, la dimensión internacional ha jugado a favor de la consolidación de su régimen. Y ello en el contexto de las revueltas que sacuden el mundo árabe y que han puesto en cuestión la idoneidad de respaldar a regímenes autoritarios. No obstante, una revuelta similar es altamente improbable en el contexto actual de Kazajstán. El apoyo popular al presidente es genuino. La prosperidad económica y la estabilidad reinantes son el gran aval de Nazarbáyev ante su población y también, por extensión, frente a una comunidad internacional preocupada por las sombrías perspectivas para las aparentemente estables, pero previsiblemente conflictivas repúblicas centroasiáticas.

Con todo, la excesiva fortaleza presidencial, como en el resto del espacio ex soviético, lleva implícita la propia debilidad del sistema político local. La personalización y la concentración de poder en manos de Nazarbáyev conllevan una fragilidad institucional que genera incertidumbres e implica riesgos. Algunos de ellos podrían, incluso, truncar las perspectivas más ambiciosas para el futuro inmediato de Kazajstán. Perspectivas que el gobierno de Astaná alimenta internacionalmente por medio de onerosas campañas publicitarias y de relaciones públicas. En un artículo publicado en el Washington Post tres días antes de las elecciones, el presidente kazajo hacía un repaso de los logros del país bajo su mandato, las grandes expectativas que albergaba para un mayor desarrollo económico y social en la presente década y establecía como irreversible el camino hacia la democracia (our path to democracy) del país. A pesar de las certezas que quiere transmitir el presidente, se plantean muchos interrogantes: ¿Qué entiende Nazarbáyev por democracia? ¿Es sostenible el modelo político kazajo?

Crónica de unas elecciones anticipadas

El 23 de diciembre de 2010, un grupo de ciudadanos de Ust Kamenogorsk, ciudad minera del noroeste, propuso la celebración de un referendo para la ampliación del mandato presidencial hasta el 2020. La propuesta recibió el respaldo inicial de la Asamblea del Pueblo de Kazajstán y del partido presidencialista Nur Otan. En apenas dos semanas, los promotores de la iniciativa consiguieron reunir más de cinco millones de firmas en apoyo del referendo. Paralelamente, el Mazhilis, Cámara Baja local, impulsó la introducción de una enmienda constitucional que permitía la extensión del mandato presidencial. Aparentemente en desacuerdo con el propio Nazarbáyev, quien derivó la cuestión al Consejo Constitucional, el cual, a finales de enero, dictaminó en contra de un posible referendo. Ante esta situación, Nazarbáyev propuso la celebración de elecciones presidenciales anticipadas como una solución acorde con el marco constitucional y susceptible de dar respuesta a la demanda popular y del Parlamento.

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