Agenda Exterior: Sáhara Occidental

Política Exterior - 21/10/2021

Eduard Soler i Lecha, investigador sénior de CIDOB, analiza las implicaciones del conflicto saharaui para España y el resto de la Unión Europea en esta pieza para Política Exterior: “España ha sido testigo en primera fila de cómo la tensión en el Sáhara traspasa fronteras, llegando a condicionar su política interna con la utilización geopolítica de las migraciones (crisis de Ceuta) y el posible impacto de las tensiones gasísticas sobre una ya abultada factura de la luz.

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Eduard Soler i Lecha, investigador sénior de CIDOB, analiza las implicaciones del conflicto saharaui para España y el resto de la Unión Europea en esta pieza para Política Exterior: “España ha sido testigo en primera fila de cómo la tensión en el Sáhara traspasa fronteras, llegando a condicionar su política interna con la utilización geopolítica de las migraciones (crisis de Ceuta) y el posible impacto de las tensiones gasísticas sobre una ya abultada factura de la luz. 

El resto de los países europeos también comienza a darse cuenta de lo que hay en juego. Un factor que ha contribuido a poner el Sáhara en la agenda son las conexiones cada vez más visibles entre este conflicto y el árabo-israelí, y los costes de la desunión en el Magreb a la hora de afrontar las crisis de seguridad en el Sahel. Recientemente, también se ha vuelto a comprobar cómo el conflicto puede poner en jaque las relaciones entre Marruecos y la UE por la extensión de los acuerdos pesqueros y agrícolas. La crisis abierta entre Rabat y Berlín también ayuda a entender que esto es cosa de todos. En otras palabras, lo que pasa en el Sáhara no se queda en el Sáhara. 

Todo ello debería contribuir a que no solo España, sino el resto de actores internacionales con capacidad para influir en las posiciones de las partes en conflicto se lo tomen en serio y aumenten su coordinación. Se trata de un conflicto que preferirían haber olvidado, pero que está ahí. Lo del Sáhara es algo que creían manejable, que quizá el tiempo resolvería. Se equivocaron.

El nombramiento de De Mistura no resuelve nada por sí mismo, pero facilita una reactivación de la vía diplomática y, sobre todo, es una señal de que algo se está moviendo. Uno de los argumentos que el nuevo enviado puede usar a la hora de recabar apoyos para una solución negociada será, evidentemente, el riesgo de desestabilización de un conflicto cuyos impactos se dejarían sentir más allá del Sáhara. Pero De Mistura no debe usar solo la carta del miedo. Debe aludir también a la necesidad de hallar una solución justa, también para las personas que han sufrido sus consecuencias durante medio siglo. Además, debe enumerar a quien lo quiera oír todas las oportunidades que tanto el Magreb como sus vecinos europeos van a desaprovechar si prosigue la desunión y el conflicto.”