Minorías rusas en la antigua URSS

Fecha de publicación:
01/2001
Autor:
Ángel Pérez González
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El fin del imperio soviético dejó al trasluz la importancia del problema nacional y los resultados contradictorios que generaron las diferentes fórmulas aplicadas desde 1922 para resolverlo. Dos características condicionaron el desarrollo de este problema en la Unión Soviética: la elección de un modelo territorial que diese protagonismo a los pueblos no rusos del imperio y la contradicción entre la base teórica, establecida por Lenin y Stalin para solventar el problema, y la práctica, que transcurrió por cauces tradicionales. La consecuencia fue una nueva estructura territorial, dotada de los elementos externos propios de un Estado, anulados por la superioridad del partido y una política de protección de minorías deliberadamente concebida para hacer inviables las nuevas entidades nacionales. La falta de un Estado adecuadamente institucionalizado originó, tras el desmoronamiento del Partido Comunista, la práctica desaparición de los vínculos centro-periferia, situación aprovechada por el nacionalismo, allí donde existía, para hacerse con el poder; y por las minorías obernantes, sin sentido fuera del marco creado por la URSS, para perpetuarse en él. El resultado no fue otro que la aparición de nuevos estados heterogéneos por su composición étnica, de fronteras imprecisas, carentes de los sistemas de equilibrio interétnico creados por la administración soviética y dispuestos a consolidar su independencia e identidad a costa de minorías como la rusa, discriminada a veces y excluida otras de la vida política y cultural. Un fenómeno que reduce las posibilidades de inserción internacional de los nuevos estados, lastra los incipientes sistemas democráticos y tensa las relaciones con Rusia.