Las regiones: nuevos actores políticos [Federación Rusa]

Fecha de publicación:
11/2002
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A pesar de la multiplicación de pronósticos sobre una desintegración de la Federación Rusa a la imagen de la extinta Unión Soviética, la evolución de las relaciones centro-periferia ha seguido una dinámica federalista muy peculiar, ciertamente, pero que apunta más a una reconstrucción de las relaciones de poder a favor de las regiones que a una desmembración del Estado federal. El fuerte presidencialismo del sistema ruso no ha impedido que, durante el período de Yeltsin, la correlación de fuerzas real y la intensidad del juego político relativicen en la práctica los poderes del presidente tanto frente al Legislativo (perfectamente capaz de paralizar la acción del Gobierno, en particular a la hora crítica de aprobar los presupuestos) como ante los 89 sujetos de la Federación, llamados genéricamente regiones. Ni el presidente federal, ni Ejecutivo central ni la Duma de Estado podían permitirse entonces dar un paso sin contar con los pesos pesados regionales. Y las regiones, incluidas las repúblicas más soberanistas, como Tatarstán, Bashkortostán o Saja-Yakutia, apoyadas en un marco jurídico poco claro, han jugado siempre con la necesidad del centro –sea el presidente sea la Duma- de conseguir su apoyo político y social, ensanchando así su poder real pero estrechando a la vez las relaciones federadas.