Modelos abiertos y difusión práctica: la estrategia de China para dominar en IA

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Publication date: 11/2025
Author:
Javier Borràs, investigador, CIDOB
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La competición en inteligencia artificial entre Estados Unidos y China se ha planteado como una carrera en la que ganará quien tenga los modelos más punteros. Sin embargo, China está apostando por una estrategia distinta: crear modelos abiertos y aplicaciones prácticas de IA, para así conseguir más impacto económico inmediato y ganar influencia internacional.

En las conferencias, tertulias y pasillos de Silicon Valley, la palabra mágica que se repite en todos lados es AGI (Inteligencia Artificial General). Para las grandes compañías como OpenAI, DeepMind, Anthropic o xAI, llegar a desarrollar la AGI -una inteligencia que superaría a los humanos en capacidad de razonamiento y habilidades amplias- es la gran meta a la que aspirar y dedicar grandes esfuerzos y monumentales inversiones de capital. Desarrollar modelos de IA cada vez más avanzados y punteros se considera avanzar un paso más en esta dirección. Quien domine la AGI, se repite, tendrá una ventaja económica, militar y social inigualable. El mismo gobierno de Estados Unidos, tanto en la administración Biden como Trump, también consideran llegar a la AGI como el gran objetivo nacional en IA, que Estados Unidos debe lograr antes de que lo haga China. La carrera por la IA se suele comparar con el desarrollo de armas nucleares. De hecho, la administración estadounidense ha bautizado su actual plan de IA como el nuevo «Proyecto Manhattan».

Sin embargo, la promesa de la AGI está basada en una premisa cuestionable. Desde el punto de vista estadounidense, la potencia que invente las tecnologías más avanzadas -por ejemplo, quien desarrolle los modelos más punteros de IA- obtendrá automáticamente el mayor poder geopolítico. Autores como Jeffrey Ding, sin embargo, han estudiado que en las grandes transiciones geopolíticas vinculadas a tecnologías generales (General Purpose Technology, en inglés) como la máquina de vapor, la electricidad o Internet, la potencia que más poder geopolítico consiguió a través de ellas no fue la que las inventó, sino la que difundió y aplicó de manera práctica y amplia esta tecnología en su economía, consiguiendo mayor impacto en incrementos de crecimiento y productividad. En estos tipos de tecnología, los resultados económicos y posteriormente geopolíticos suelen verse a largo plazo, en más de diez o veinte años.

Al contrario que Estados Unidos, Beijing ve la competición por la IA más a través de esta idea de la difusión general y la creación de aplicaciones prácticas, que como una carrera por la AGI. Como ha apuntado la economista Keyu Jin, China ha apostado en las últimas décadas no tanto por la invención tecnológica puntera (del 0 al 1), sino por escalar y llevar de manera eficiente al mercado tecnologías ya existentes (del 1 al n). Una orientación que quiere seguir también en el campo de la inteligencia artificial: el gobierno chino sacó hace pocos meses el plan “AI+", que tiene como objetivo difundir e integrar la IA de manera aplicada en sectores como la manufactura, la gobernanza, la salud, el bienestar social o el consumo. En una sesión de estudio del Politburó del Partido Comunista de China sobre IA, Xi Jinping insistió en la «integración profunda» de la inteligencia artificial en la economía y en la sociedad, y en una «fuerte orientación hacia las aplicaciones». Pensadores chinos del ámbito tecnológico como Huang Ping también han insistido en priorizar la «resiliencia innovadora» por encima de las «innovaciones punteras». Aunque hay obstáculos que dificultan la difusión de la IA en la economía china -como los problemas económicos de los gobiernos locales, o el mal estado de los inversores privados chinos-, los esfuerzos van claramente en esta dirección.

Para fomentar esta difusión, China ha apostado por los «modelos abiertos» de inteligencia artificial, que tienen la ventaja de ser de uso libre, gratuito y con altos grados de flexibilidad. Actualmente, en el campo de los modelos abiertos de IA, las empresas chinas superan a las de Estados Unidos, con modelos como el famoso Deepseek o Qwen de Alibaba liderando los rankings. Estos modelos abiertos chinos son especialmente útiles para startups con recursos limitados, y ya se usan de manera amplia tanto en nuevas empresas de Estados Unidos como de Japón. Modelos como Qwen también destacan por su flexibilidad y eficiencia, al ofrecer diversos tamaños que pueden integrarse tanto en un drone diminuto, como en maquinaria industrial, como funcionar como modelos generativos al estilo de ChatGPT. Al contrario que la industria de los chips, que ha gozado de fuertes subvenciones del gobierno chino, estos modelos abiertos han salido de un tejido de empresas privadas y startups competitivas, nacidas de los ecosistemas tecnológicos de ciudades como Hangzhou, donde las autoridades locales han facilitado un ambiente de innovación y flexibilidad para el sector privado.

El propio gobierno chino, en repetidas ocasiones, ha presentado su modelo para el desarrollo de la IA como una alternativa a Estados Unidos, con el argumento  que la IA debe ser un «bien global internacional» que ayude al desarrollo del Sur Global, en contraste con la competición de suma cero defendida por Washington. Además de reducir su dependencia de modelos provenientes de Estados Unidos, la promoción china de modelos abiertos gratuitos y aplicaciones prácticas de IA es el mecanismo a través del cual Beijing busca influir en el desarrollo y la gobernanza de la inteligencia artificial a nivel mundial. Como han apuntado analistas chinos como Liu Shaoshan, la estrategia es que, si el mundo adopta modelos chinos por delante de los estadounidenses, Beijing será capaz de ser un líder en el establecimiento de estándares y valores alrededor de esta tecnología. El académico chino Di Dongsheng ha descrito esta estrategia mediante el concepto maoísta de «rodear las ciudades desde el campo» (农村包围城市) que, en este caso, implica extenderse en el Sur Global para después tomar los mercados occidentales. En el plano internacional, de nuevo, la difusión puede acabar importando más que la innovación puntera.

La adopción generalizada de modelos abiertos chinos puede contribuir a la integración de la IA en la economía mundial, con ganancias en productividad que economías como la europea fuertemente necesitan. A la vez, estos modelos acarrean preocupaciones en cuanto a la censura que tienen integrada respecto a temas sensibles en China -por ejemplo, si se usaran masivamente en el ámbito educativo o de toma de decisiones-, o la sospecha de que puedan tener puertas traseras -aunque la propia naturaleza de los modelos abiertos, que ofrecen más transparencia y control que los cerrados, mitiga esta problemática-. A largo plazo, el reto fundamental es que una difusión masiva de modelos abiertos chinos pondría a China como líder de esta tecnología, con la capacidad consiguiente de influencia en los estándares, desarrollo y valores que llevarían consigo. Las innovaciones tecnológicas no son neutrales, y el camino que siguen depende de decisiones políticas: el desarrollo del Internet abierto que damos por sentado se produjo así por influencia e interés económico y político de Estados Unidos. Una inteligencia artificial liderada a nivel mundial por Beijing sería, para bien o para mal, una IA «con características chinas», con sus consiguientes implicaciones geopolíticas.

Palabras clave: IA, Estados Unidos, China, modelos abiertos, AGI, Silicon Valley, tecnología, geopolítica, innovación

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  E-ISSN 2014-0843