España-Marruecos: geopolítica de la reconciliación

El Independiente - Apr 2, 2022

“España asume, y probablemente sea cierto, que Argelia mantendrá sus compromisos en materia de suministro energético. En parte porque Argel necesita mantener su reputación de fiabilidad. Otra cosa es que, cuando pueda escoger, Argelia opte por otros socios. La geografía, de lo más local a lo más global, está forzando al gobierno a mirar hacia el Sur y no sólo hacia el Este” Eduard Soler, investigador sénior de CIDOB.

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Eduard Soler i Lecha, investigador sénior de CIDOB, analiza las consecuencias geopolíticas del giro de España respecto al Sáhara Occidental en este artículo para El Independiente: “La geopolítica se caracteriza por situar la geografía como factor estructurante de las relaciones de poder y condicionante de las decisiones políticas. ¿Cómo influye la geografía en el proceso de reconciliación que debería culminar con la tan esperada visita de Pedro Sánchez a Marruecos? 

Las relaciones con Marruecos se articulan en clave de vecindad. Los 14 kilómetros del Estrecho de Gibraltar separan (o conectan, según se mire) la península ibérica con el norte de África. En el suroeste, Canarias se sitúa a menos de 100 km del continente africano. España y Marruecos comparten así un espacio marítimo cuya delimitación ha sido objeto de desencuentros. 

Las dos fachadas, la mediterránea y la atlántica, también son fundamentales en materia migratoria, un tema central en la relación hispano-marroquí y de alto voltaje para la política doméstica. Existe además una frontera terrestre en Ceuta y Melilla y no es una frontera cualquiera. Primero, porque las dos ciudades están enclavadas en el Norte de África y es por ello por lo que ambas sienten las consecuencias del buen o mal estado de la relación con Marruecos con mayor intensidad que cualquier otra ciudad española. No sorprende, por lo tanto, que los presidentes de ambas ciudades figuren entre los que mejor han acogido el anuncio de reconciliación. Y segundo, porque Marruecos considera que estas ciudades le pertenecen. En circunstancias distintas, Ceuta y Melilla podrían servir de nexo entre ambos países. Sin embargo, son uno de los principales rompecabezas de las relaciones bilaterales y en tanto que territorios de la UE, también para Bruselas. 

Si abrimos el foco geográfico, se constata que Marruecos no es el único vecino meridional de España. Argelia también lo es. La distancia a vuelo de pájaro entre Barcelona y Argel es de poco más de 500 km. La misma que hay entre la Plaza Catalunya y la Puerta del Sol. Alicante se encuentra a menos de 300 km de Orán. Y Formentera a escasos 200 km de la costa argelina. Argelia y España no sólo están unidas por el Mar Mediterráneo, también lo están por dos gasoductos: el Medgaz que conecta directamente con Almería y el Gaseoducto Magreb Europa, cerrado desde noviembre y que antes de llegar a la península atraviesa territorio marroquí. Así pues, una de las peculiaridades de la relación entre ambos países es la posición central que tiene la energía y concretamente el suministro de gas natural. 

Pues bien, la relación entre nuestros dos vecinos del sur es mala y está empeorando. Explicar los orígenes de esta hostilidad requeriría otro artículo. Baste señalar aquí que, meses después de la independencia de Argelia, estalló la guerra de las arenas entre ambos países, que Argelia es el principal valedor del Frente Polisario y que la frontera terrestre está cerrada desde 1994. Desde finales de 2020 la relación se ha deteriorado todavía más. En parte por la reactivación del conflicto en el Sáhara Occidental, pero también en clave estrictamente bilateral con la ruptura de relaciones diplomáticas en agosto de 2021 o el cierre del espacio aéreo argelino. 

El endurecimiento de la posición argelina respecto a Marruecos aumentó la receptividad de Rabat al deseo de reconciliación del gobierno español. Los términos utilizados por Mohamed VI en el discurso de la fiesta del trono del 20 de agosto de 2021, invitando a “inaugurar una fase inédita” en las relaciones con España, fueron una señal inequívoca. No obstante, la rivalidad entre magrebíes también aumenta los costes de la reconciliación hispano-marroquí. La llamada a consultas del embajador argelino tras conocerse el aval español al plan de autonomía para el Sáhara ha sido la primera demostración del enfado de la cúpula dirigente con la decisión tomada por el gobierno español. Habrá que estar atentos a los próximos pasos. 

Para entender el sobresalto de Argel debemos abrir el foco un poco más. En diciembre de 2020 Donald Trump no sólo reconoció la soberanía marroquí sobre el Sáhara, también dio la bienvenida al anuncio de que Marruecos establecería relaciones diplomáticas con Israel. No ha sido un mero gesto, sino que se ha traducido en viajes ministeriales y un significativo acuerdo de cooperación en temas de defensa y seguridad. 

De entre todos los países árabes, Argelia es uno de los más vehementes en la defensa a la causa palestina y en el rechazo a normalizar relaciones con Israel si antes no se resuelve el conflicto. Una de las frases más repetidas en Argel estos últimos meses es que ahora tienen a Israel al otro lado de la frontera y lo siente como una amenaza. Este es uno de esos temas en los que la elite y el conjunto de la sociedad parecen coincidir. 

El Frente Polisario también ha endurecido su posición, incluso antes del tuit de Donald Trump. En noviembre de 2020 rompió el alto el fuego vigente desde 1991. Lo hizo como reacción a lo que consideraba una política de hechos consumados por parte de Marruecos y también como respuesta a las fuertes presiones por parte de sus bases. La pandemia ya había agravado el sentimiento de abandono, pero el apoyo español al plan de autonomía puede encender más los ánimos en Tinduf. 

Una última apertura del foco nos lleva a valorar el impacto de la guerra en Ucrania. Sin la invasión rusa, es probable que la reconciliación se hubiera producido igualmente. Y Argel y el Polisario también se habrían sentido agraviados. No obstante, la invasión rusa de Ucrania y sus consecuencias económicas y sociales han acelerado el proceso y amplificado sus consecuencias. 

El gobierno español y sus socios europeos e internacionales no quiere tener tantos frentes abiertos a la vez. Además, hay preocupación por las consecuencias sociales en el Magreb y el resto de África por el aumento de los precios de los cereales. Todo esto ha revalorizado la cooperación marroquí en materia migratoria. Sin embargo, también han aumentado los costes de la reconciliación para las relaciones hispano-argelinas. 

España asume, y probablemente sea cierto, que Argelia mantendrá sus compromisos en materia de suministro energético. En parte porque Argel necesita mantener su reputación de fiabilidad. Otra cosa es que, cuando pueda escoger, Argelia opte por otros socios. La geografía, de lo más local a lo más global, está forzando al gobierno a mirar hacia el Sur y no sólo hacia el Este”.